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A 51 años del desembarco y más
Este 14 de junio se cumplen 51 años de que un grupo de dominicanos exiliados desembarcaran en los pueblos de Constanza, Maimón, y Estero Hondo para derrocar la dictadura de Trujillo.
La agrupación política 14 de junio llamado años más tarde 1j4, fue un movimiento dominicano clandestino de oposición a la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo con orientación izquierdista que llegó a cubrir casi todo el territorio nacional, con unos 6,000 comprometidos de todos los sectores sociales
Origen del nombre
El 14 de junio de 1959, tropas del Movimiento de Liberación Dominicana, un grupo de dominicanos exiliados que después de un periodo de tiempo reuniendo fondos, equipos y personas se encuentran en cuba para entrenarse en guerra de guerrillas apoyados por Fidel Castro, desembarcan en los pueblos de Constanza, Maimón, y Estero Hondo bajo la dirección del Comandante Enrique Jiménez Moya.
El esfuerzo para derrocar la tiranía fue derrotada desde el punto de vista militar por el ejército y la fuerza aérea de Trujillo, pero logró plantar la semilla de rebelión en el pueblo dominicano.
Este hecho fue la inspiración para el nombre de un grupo político organizado para la resistencia interna: El Movimiento 14 de Junio, llamado en la clandestinidad 1j4. Manolo Tavares Justo era el presidente del grupo. Un hombre llamado Pipe Faxa era su secretario general, y Leandro Guzmán era el tesorero. Poco tiempo después de la fallida invasión, el Movimiento de Liberación Dominicana organizó otras conspiraciones, las cuales continuaron en los años 60.
Partido Político
En 1960 se inician las conversaciones para establecer un movimiento que agrupara y consolidara todos los espacios antitrujillistas que existían. Y en efecto, en el último encuentro para tratar ese tema, realizado en Valverde Mao, se decidió fundar una "Organización Revolucionaria" de nombre Movimiento Revolucionario 14 de Junio, "en homenaje a los Héroes de la Gesta de Constanza, Maimón y Estero Hondo", de quienes adoptaron también el "Programa Mínimo".
Sin embargo, el primer intento de formar este movimiento fue sofocado muy pronto. En enero de 1960 los agentes del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), salieron a detener las acciones de esta agrupación, asesinando y torturando a sus integrantes.
La mayoría de estos jóvenes fue a parar a la "40", donde el dolor era la norma y la noche interminable. El mismo Manolo fue a parar a ese recinto hasta que fue trasladado a la Cárcel de Puerto Plata.
Trasladar a Manolo a Puerto Plata, tenía el objetivo de obligar a las Hermanas Mirabal, casadas dos con los presos, a viajar continuamente a aquella ciudad, y a utilizar la peligrosa carretera tramontana. Esto sirvió para que el régimen fraguara su más horrendo crimen.
Las tres hermanas fueron asesinadas mientras regresaban de Puerto Plata, en un lugar llamado "La Cumbre", donde hoy existe una escuela que lleva su nombre. Con este crimen la dictadura aceleraba su decadencia.
La cruel represión desatada contra los miembros del 14 de junio produjo un sentimiento de indignación generalizada en la población dominicana aumentando significativamente los niveles de descontento ya existentes contra el régimen.
El 8 de julio anuncia su salida a la luz pública y su organización como partido, el 30 de junio de 1960 se organiza la asamblea constitutiva con delegados de todo el país. Como miembros de la directiva estaban: Leandro Guzmán, José A. Fernandéz Caminero, Félix Germán, Luis Álvarez Pereyra, Ramón Isidoro Imbert R. (Moncho), Miguel Ángel Mitra y Vinicio Echavarria.
Otros miembros de la directiva eran: Ramiro Alfredo Manzano Bonilla, Rafael Alburquerque, Asela Morell Peréz, Manuel Baquero Ricart, Manuel Aurelio Tavárez Justo (Presidente) y Minerva Argentina Mirabal (única mujer del grupo a su inicio).
Las acciones del IJ4 en 1963
El Movimiento Revolucionario “14 de junio”, se convirtió en la tercera fuerza política de entonces y la principal organización anti-imperialista, a través de su líder, Manuel Aurelio Tavárez Justo se había alertado al presidente Juan Bosh sobre la posibilidad de un golpe de Estado en su contra apoyado por la Iglesia, la Burguesía, el Alto Mando Militar y la Embajada de Estados Unidos.
En una concentración en la puerta de El Conde en Santo Domingo, afirmó ¡¡ "Óiganlo señores de la reacción, si imposibilitan la lucha pacífica del pueblo, el "14 de junio" sabe muy bien donde están las escarpadas montañas de Quisqueya; y a ellas…a ellas iremos, siguiendo el ejemplo y para realizar la obra de los Héroes de junio de 1959, y en ellas mantendremos encendida la antorcha de la libertad, el espíritu de la Revolución….porque no nos quedará, entonces, otra alternativa, que la de Libertad o Muerte"!!
Tras el golpe de Estado, el 25 de septiembre de 1963, e instalado el gobierno de los golpistas presidido por Tavárez Espaillat, y más tarde por Donald Reíd Cabral, el Movimiento Revolucionario “14 de junio”, cónsono con la orientación de su líder, dio inicio, la noche del 28 de noviembre, a una insurrección, con seis (6) frentes guerrilleros, que tenía como propósito el retorno al orden institucional y la reposición de la Constitución del 63.
En el más importante de los frentes, ubicado en Las Manaclas, estaba Manolo Tavárez, quien a la vez era el Comandante General de la guerrilla.
Con una débil y pobre preparación física y militar, junto a un entorno político nacional dominado por la derecha y con una resistencia urbana-social escasa e inefectiva, el movimiento insurgente fue rápidamente diezmado, al extremo de que a 21 días de iniciado cuatro (4), de los seis (6) frentes, estaban desvertebrados con más de la mitad de los integrantes del principal frente guerrillero al borde del colapso o capturados. Veintinueve (29) combatientes hombres perdieron la vida.
La Guerrilla
En medio de protestas y huelgas contra el Triunvirato, el Movimiento 14 de junio encabezó una guerrilla en diferentes puntos del país demandado el restablecimiento de la constitucionalidad.
El objetivo era que cada grupo operase como una unidad operativa independiente con fines insurreccionales. Por eso no debían ser muy pequeños ni muy grandes, esto último por el peligro del espionaje.
Los frentes en que se organizaba la Guerrilla eran:
* El dirigido por Juan Odalí Cepeda Pérez, que incluía trabajadores de la Chocolatera Industrial. Este grupo estaba considerado muy sólido y tenía asignada tareas de sabotaje.
* El del Ingenio Monte Llano, cuyo responsable era Leonardo del Valle, químico en esa empresa. Del Valle es catalogado por sus compañeros como un sujeto de gran seriedad y fue ejecutado en "El Nueve", antro de torturas y asesinatos.
* El grupo de Sosúa, que tenía por coordinador al doctor Alejo Martínez, uno de los luchadores más firmes de la provincia. Se reunía donde Victoria Vda. Arzeno. Martínez fue asesinado en un incidente callejero durante la lucha contra los remanentes de la dictadura, a mediados de 1961.
* El grupo de Imbert o Bajabonico, dirigido por el doctor Virgilio Reyes.
* El de la zona baja de la ciudad, dirigido por Félix Lahoz, uno de los escasos integrantes del Frente Interno de los años cuarenta que se insertó en el 14 de junio.
* El colectivo de mujeres, bajo el control directo del comité y específicamente de Fernando Cueto. Tenían las damas por encomienda conseguir dinero, medicinas y confeccionar mochilas para la proyectada guerrilla. Se encontraban ahí, entre otras, Aída Arzeno, Ana Valverde Vda. Leroux, Argentina Capobianco, Italia Villalón, Elena Abréu, Carmen Jane Bogaert de Heinsen y Miriam Morales.
Más adelante, en la segunda mitad del año, se conformaron nuevos grupos, entre los que, aparentemente, sobresalieron tres, cuyas ubicaciones en parajes montañosos revelan la prioridad que se pasó a conceder a la guerrilla:
* El de Yásica, dirigido por Jesús María Álvarez (Boyoyo), que tenía la encomienda de conseguir los contactos que permitieran el levantamiento guerrillero, por lo que constaba de campesinos.
* El de Luperón, dirigido por un apellido Vargas, en que también había campesinos.
* El grupo de El Mamey, también uno de los más sólidos.
Participación 1965
Muerto su líder (Manolo), capturado y fusilado en Las Manaclas tras fracasar el foco guerrillero que dirigía en esa zona, presos y exiliados otros y otras, el “14 de junio” registraba una crítica situación interna que le hacía peligrar como organización de masa.
El “14 de junio”, aún con su crisis interna, tuvo una protagónica integración a la lucha en la llamada Guerra de abril de 1965 a partir del 25 de abril, cuando su Comité Central Provisional tomó la decisión de profundizar el movimiento armado en desarrollo.
Su influencia política era tal que aún así llegó a dirigir la mayor parte de los Comandos de resistencia a las tropas norteamericanas en Santo Domingo, forma de organización armada que se dio el pueblo para enfrentar a la contra-revolución criolla y extranjera.
Los catorcistas fueron parte activa, junto al pueblo, los militares constitucionalistas, el Partido Socialista Popular (PSP) y el Movimiento Popular Dominicano (MPD), de los principales acontecimientos militares ocurridos durante la Revolución de abril, ya fuera en la Batalla del Puente Duarte, en la Operación Limpieza de la Zona Norte de la Capital articulada por la contra-revolución, en los combates anti-yanquis del 15 y el 16 de junio o en el intento de asalto al Palacio Nacional donde morirían, entre otros extraordinarios combatientes, el Coronel Fernández Domínguez, el líder en ese momento del Movimiento Revolucionario “14 de junio” Juan Miguel Román, y otros dirigentes muy destacados como Euclides Morillo que también había participado en el alzamiento guerrillero del 1963, entre otros.
Finales
Terminada la Guerra de abril de 1965, se agudizó la crisis del “14 de junio”, donde se decía que su papel ya había llegado a su fin, esta crisis culminaría con su desintegración como organización política en 1968.
Lista de combatientes en el desembarco del 14 de junio del 1959
Lista de los participantes en la gesta de junio de 1959, elaborada por la Fundación de Héroes de Constanza, Maimón y Estero Hondo:
Aterrizaje en Constanza: Antonio Javier Achécar Kalaf, Augusto Juan Alfonseca Espaillat (Puro), Juan Antonio Almánzar Díaz, José Antonio Batista Cernuda (Chefito), Gaspar Antonio Rodríguez Bou (Napy), Carlos Luis Cabral Manzano, Félix de los Santos Peralta (Esperanza), Alejandro César Domenech Russo, Miguel Angel Feliú Arzeno (Miguelucho), Pedro Pablo Fernández Cruz, Freddy Guerra Aponte, Ing. Leandro Efraín Guzmán Abreu, Pedro Pablo Fernández Minaya, Rafael Henríquez Rodríguez (Chapú), Francisco Napoleón Hermón Machuca (Papito), Cmdte. Enrique Augusto Jiménez Moya, Leopoldo Jiménez Nouel, Héctor Mateo Calcagno (Mateíto), Dr. Rafael Mella, Rafael Moore Garrido (Fellín), José A. Patiño Martínez (Chepito), Rafael Tomás Perelló Díaz, Federico Augusto Pichardo Díaz, Juan Enrique Puig Subirá Miniño (Johnny), Héctor Enrique Ramírez Castillo (Henry), Cosme Augusto Rojas Pérez, José Andrés Rolán Pérez, Rafael Osvaldo Ross Thomen, Luis Conrado Ruiz (Peligro), Rinaldo Alfredo Sintjago Pou, José Antonio Spignolio Mena (Cuco),Alcibíades Antonio Tavares Pepín (Pigin), Alejandro Fidel Torres (Langue), Juan de Dios Ventura Simó, Víctor Eligio Mainardi Méndez, Rafael Parache.
Desembarco en Estero Hondo: Carlos Aponte Willard, Simplicio Belfod Santos, Pedro Antonio Casado Jiménez, José Antonio Campos Navarro (Tony), Máximo Emilio D'Oleo Gimbernard, Vicente Mario Gómez Monatán, Persio Oscar Grullón Castro, Alberto Herrera Moreno (Bertico), Manuel Lorenzo Carrasco, Andrés Lozano Guzmán, Dr. Felipe Maduro Sanabia, Víctor Manuel Mainardi Reyna (Sillín), Jaime Manuel Martínez Rodríguez, Antonio de Jesús Minaya Fernández, Héctor Bienvenido Olivier Romero (Papi), Alberto Perdomo, Manuel de Jesús Perozo Chicón (Masú), Elpidio Sanabia Valverde (Pillo), Dr. Octavio Augusto Mejía-Ricart Guzmán, Doctor Guillermo Augusto Sánchez Sanlley, Alfonso José Sintjago Flores, Francisco A. Ubiera, José Rafael Federico Valverde Cruz, Rafael Quezada Jiménez (Lulú), Dr. Aquiles Rodríguez (Quilito).
Desembarco en Maimón: Miguel Alies Messon, Doctor Miguel Alvarez Fadul, Miguel Jacobo Amarante Sevillano, Francisco José Aponte Williard, Diego Ávila Pillier, Ramón José Sebastián Asensio Valverde, Alejandro Báez y Báez, Enrique Belliard Sosa, Dr. Toribio Bencosme Rodríguez, José Fabio Bergés (Grillito), Pedro Julián Bonilla Aybar, Domingo Cabrera Martínez, Julio César Castillo Cruz, Fernando Cestero Martínez (Chichí), Rubén Cordero García, José Ramón Enrique Cordero Michel, Ramón Aníbar Castro Sánchez, Manuel Delgado López, Héctor Emilio de Giudice Herrera, Manuel José del Orbe, Augusto Eufemio Dohse Jorge (Buby), Silvio Augusto Domínguez López, Guillermo Eustaquio Ducoudray Mansfield, Julio Raúl Durán García, Gabriel Emilio Fernández Mármol (Pipí), Juan Figueroa Reyes, Bienvenido Fuertes Duarte, Ercilio García Bencosme (Cilo), Sergio Manuel Ildefonso Genao (Capori), Fernando Gody, Francisco José Grullón Martínez (Frank), Eugenio Grullón González, César Federico Laranquent, José Caonabo Lora Martínez, Juan José Mateo Adames, Conrado Martínez Hernández, Eduardo Salvador Martínez Saviñón, Miguel Meléndez, Dr. Antonio Moca Ricart (Tony), Fernando Ozuna, Herminio Ripoll, Moisés Rubén Agosto Concepción, Dr. José Horacio Rodríguez Vásquez.
Cubanos: Enrique Betancourt Carilli, Froilán Flores, Ramón López López (Nene), Frank López Rodríguez, Roberto P. Pichardo Caminada, Oscar Reyes Medina (Cohetico), Aldo Rodríguez Pérez, Antonio Sánchez Pérez, Ricardo Vasallo Alfonso, Oscar Luis Vega Acosta, Luis Cárdenas Betancourt.
Español: Francisco Álvarez.
Puertorriqueños: Luis Álvarez, Luis Ramón Reyes, Juan Reyes, Ramón Ruiz.
Venezolanos: José Altagracia Arias Quintero, Alejandro Arrechedera Rodríguez, Julio Camacho, Juan Cárdenas Soto, Edwin Erminy, Antonio Luis González Castellanos, José Isaac Molina González, Generoso Hernández, Nelsón Andrés Hernández González, Pedro José Linares Badillo, Luis Alfonso Medina Rosales, José Luis Rodríguez, Alfonso José Sintjago Flores, Luis Cárdenas Betancourt.
Norteamericanos: Larry Beevins, Charles White.
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miércoles, 30 de junio de 2010
jueves, 17 de junio de 2010
14 de Junio: una semilla de rebelión por la Patria
14 de Junio: una semilla de rebelión por la Patria
Hoy se conmemora la llegada de los expedicionarios
Escrito por: ADALBERTO DE LA ROSA (a.rosa@hoy.com.do)
Los expedicionarios que llegaron al país desde Cuba el 14 de junio de 1959 sentaron la base para la continuidad de la lucha contra la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, ajusticiado dos años después de la llegada de los héroes de Constanza, Maimón y Estero Hondo.
Era justo la mitad del año 1959 cuando un grupo de 198 dominicanos y extranjeros integrantes del Movimiento de Liberación Dominicana decidió liberar a la República Dominicana de la satrapía más férrea que encabezó durante 30 años Rafael Leónidas Trujillo Molina.
Comandados por Enrique Jiménez Moya, los hombres partieron de Cuba, donde muchos estaban en calidad de exiliados y se colocaron al frente de la invasión de Luperón, pero la mayoría de sus integrantes fueron muertos en combate, torturados y acribillados a partir de las 6:00 de la tarde del 14 de Junio de 1959, cuando el avión C-46 con 56 expedicionarios aterrizó en Constanza.
Otros grupos venían en dos embarcaciones, la Carmen Elsa y El Tinima, que desembarcarían por Maimón y Estero Hondo, Puerto Plata, pero fueron interceptados en el mar por los militares al servicio del régimen trujillista, por lo que muy pocos llegaron vivos a las playas.
De ese hecho sobrevivieron solo Mayobanex Vargas, Poncio Pou Saleta, Delio Gómez Ochoa y Medardo Germán. Éste último falleció luego y, también Pablito Mirabal, un joven cubano.
Actualmente, de esa que ha sido llamada “Raza Inmortal” viven solo Mayobanex Vargas, Poncio Pou Saleta y el comandante cubano Delio Gómez Ochoa.
1j4. En honor a la gesta del 59 nació el Movimiento 14 de Junio, que dio continuidad a la lucha de los expedicionarios y que tuvo como presidente a Manolo Tavárez Justo. Lo integraron Leandro Guzmán, que aún vive, además de las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, entre otros.
Ellas y su chofer y otros fueron asesinados durante la dictadura que finalmente desapareció con la muerte de Trujillo el 30 de mayo de 1961, cuando fue atacado a tiros en una vía pública.
El relevo
Iván Rodríguez, dirigente de izquerda, llama a los jóvenes a tomar la bandera de los expedicionarios y concretar su programa, que va más allá del derrocamiento de Trujillo.
Honrar
Para Ramón Almánzar, del Partido Nueva Alternativa, la mejor forma de honrar a esos héroes es luchar para que en el país se dedique más recursos a la educación, a la salud y a la comida.
Hoy se conmemora la llegada de los expedicionarios
Escrito por: ADALBERTO DE LA ROSA (a.rosa@hoy.com.do)
Los expedicionarios que llegaron al país desde Cuba el 14 de junio de 1959 sentaron la base para la continuidad de la lucha contra la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, ajusticiado dos años después de la llegada de los héroes de Constanza, Maimón y Estero Hondo.
Era justo la mitad del año 1959 cuando un grupo de 198 dominicanos y extranjeros integrantes del Movimiento de Liberación Dominicana decidió liberar a la República Dominicana de la satrapía más férrea que encabezó durante 30 años Rafael Leónidas Trujillo Molina.
Comandados por Enrique Jiménez Moya, los hombres partieron de Cuba, donde muchos estaban en calidad de exiliados y se colocaron al frente de la invasión de Luperón, pero la mayoría de sus integrantes fueron muertos en combate, torturados y acribillados a partir de las 6:00 de la tarde del 14 de Junio de 1959, cuando el avión C-46 con 56 expedicionarios aterrizó en Constanza.
Otros grupos venían en dos embarcaciones, la Carmen Elsa y El Tinima, que desembarcarían por Maimón y Estero Hondo, Puerto Plata, pero fueron interceptados en el mar por los militares al servicio del régimen trujillista, por lo que muy pocos llegaron vivos a las playas.
De ese hecho sobrevivieron solo Mayobanex Vargas, Poncio Pou Saleta, Delio Gómez Ochoa y Medardo Germán. Éste último falleció luego y, también Pablito Mirabal, un joven cubano.
Actualmente, de esa que ha sido llamada “Raza Inmortal” viven solo Mayobanex Vargas, Poncio Pou Saleta y el comandante cubano Delio Gómez Ochoa.
1j4. En honor a la gesta del 59 nació el Movimiento 14 de Junio, que dio continuidad a la lucha de los expedicionarios y que tuvo como presidente a Manolo Tavárez Justo. Lo integraron Leandro Guzmán, que aún vive, además de las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, entre otros.
Ellas y su chofer y otros fueron asesinados durante la dictadura que finalmente desapareció con la muerte de Trujillo el 30 de mayo de 1961, cuando fue atacado a tiros en una vía pública.
El relevo
Iván Rodríguez, dirigente de izquerda, llama a los jóvenes a tomar la bandera de los expedicionarios y concretar su programa, que va más allá del derrocamiento de Trujillo.
Honrar
Para Ramón Almánzar, del Partido Nueva Alternativa, la mejor forma de honrar a esos héroes es luchar para que en el país se dedique más recursos a la educación, a la salud y a la comida.
martes, 15 de junio de 2010
Nieta destaca el sacrificio de Jimenes Moya

http://www2.listindiario.com/la-republica/2010/6/13/146122/Nieta-destaca-el-sacrificio-de-Jimenes-Moya
HOMENAJE
Nieta destaca el sacrificio de Jimenes Moya
*
Gloria Jimenes, nieta de Enrique Jimenes Moya, ex comandante de la Expedición del 14 de Junio de 1959.
Adolfo Paniagua
Constanza, La Vega
La hija de Enrique Jimenes Moya, comandante del frente de 54 expedicionarios que el día 14 de junio de 1959 aterrizaron en Constanza con el fin de derrocar la dictadura de Trujillo, asistió a los actos conmemorativos del 51 aniversario del evento histórico que marcó el principio del fin de la tiranía que durante 31 años sometió al pueblo dominicano.
Gloria Jiménes, quien reside en Miami, manifestó a LISTIN DIARIO que la inmolación de su progenitor es el mejor referente del amor que él le tenía a su país. “Nosotras fuimos 4 hermanos, la mayor era yo, que tenía 9 años, y la más pequeña 2, y él aun así le entregó la vida a la República Dominicana”.
La dama, quien estaba acompañada por el presidente de la Fundación Héroes de Constanza Maimón y Estero Hondo, Porfirio Rodríguez, expresó que no puede haber nada más elocuente de su amor por esta tierra, que el hecho de sacrificar su propia vida en aras de la libertad y la justicia social.
De su parte, Rodríguez, quien es nieto del luchador antitrujillista Juancito Rodríguez, manifestó que en el país persiste una nostalgia trujillista, con gente que pretende distorsionar la historia, presentando una imagen angelical de Trujillo.
“Ciertamente en 30 años alguna cosa buena tuvo que haber hecho, pero el supuesto mito de que él le dio un gran impulso al desarrollo económico del país, se exagera”.
Dijo que en el continente americano hubo países con un más alto índice de desarrollo que República Dominicana.
lunes, 14 de junio de 2010
La sangre que germinó la libertad

http://www.elcaribe.com.do/site/index.php?option=com_content&view=article&id=247738:la-sangre-que-germino-la-libertad&catid=104:nacionales&Itemid=115
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La sangre que germinó la libertad
Por Tony Pina
14 de Jun 2010 12:00 AM
Era domingo, 14 de junio de 1959.
Ese mismo día, con 148 hombres a bordo, los yates Carmen Elsa y el Tínima, tras ser franqueados mar afuera por tres lanchas cubanas, extrañamente comenzaron a confrontar problemas mecánicos que imposibilitan su avance hacia la costa atlántica de la República Dominicana.
Los tres desembarcos -el aéreo y dos marítimos- tuvieron que cambiar sobre la marcha los planes tácticos originalmente aprobados antes de partir. Ambas circunstancias imprevistas, sin embargo, eran claras evidencias de la delación anticipada de la expedición.
Pero la decisión era de coraje y el momento de determinación, y no había ánimo, ni tampoco tiempo, para volver atrás.
Sobrevolando San Juan, el comandante Enrique Jiménez Moya instruyó al piloto venezolano Julio César Rodríguez para que dirigiera el avión al aeropuerto militar de Constanza, donde llegó poco antes de las seis treinta de la tarde.
En tanto, en alta mar, en dirección a las playas de Maimón y Estero Hondo, en Puerto Plata, el barco Carmen Elsa se separaba del Tínima por el desperfecto de éste en el timón y ponía su proa hacia las costas de Puerto Plata.
Se abría de ese modo el capítulo de uno de los proyectos más auténticos y genuinos que registra la historia de la libertad del pueblo dominicano, inspirado en el movimiento de liberación nacional que se incubó en el exilio y se fortaleció con el triunfo de la Revolución Cubana y la solidaridad internacional.
Ventura Simó, quien había desertado de la Aviación Militar Dominicana dos meses antes, conocía la rutina de la guarnición militar de Constanza y no vaciló en apoyar la idea de consenso de realizar el desembarco a través de ese punto. Apenas tomaron altura para sobrevolar la zona de la parte más occidental de la provincia de Azua, y luego cruzar San José de Ocoa y Rancho Arriba, el avión descendía minutos después en Constanza.
Desde la terraza del hotel Nueva Suiza, donde se domina el valle de Constanza, el mayor Rafael Chéstaro, comandante de la guarnición militar, vio descender la aeronave sin que por su mente pasara la magnitud del evento que acontecía.
Ya en tierra, desde un tablón, uno a uno fueron deslizándose los expedicionarios, hasta que la vibración de los dos motores del aparato echó al suelo el soporte, situación que les obligó a que la mayoría se lanzara estrepitosamente, provocando contusiones en piernas y tobillos en varios de ellos.
En esas circunstancias, numerosos equipos de comunicación portátil, armas y otros pertrechos militares no pudieron ser bajados del avión, que emprendió la ruta del regreso a Cuba.
Mientras, una primera ráfaga de ametralladora disparada por la guerrilla hizo retroceder el jeep de la Aviación Militar Dominicana que se dirigía a la pista a dar la bienvenida a los recién llegados, al suponer la oficialidad del destacamento que se trataba de un vuelo rutinario de la Base Aérea de San Isidro.
En medio de la confusión, la guerrilla se dividió en dos grupos, y los expedicionarios comenzaron a escalar las montañas, internándose por los parajes inmediatos de Tireo, El Río y Los Botados.
Un grupo, de 34 expedicionarios, quedó al mando de Jiménez Moya, mientras el otro era dirigido por el comandante cubano Delio Gómez Ochoa.
El sol se perdía en la confusión y la llegada de la noche. A partir de entonces la radio de comunicación no paró un instante de sonar en San Isidro. El jefe de Estado Mayor de la Aviación Militar Dominicana, Ramfis Trujillo, se encontraba en su casa de playa de Andrés Boca Chica (hoy Club Náutico de Santo Domingo), y el acontecimiento lo sacó de su juerga rutinaria: los tragos y las mujeres.
El tirano Rafael Leónidas Trujillo Molina reaccionó furioso. Sin perder un instante se trasladó a San Isidro, donde personalmente impartía instrucciones y esperó la llegada de Ramfis. Toda una maquinaria represiva fue organizada de inmediato para desplazarse esa misma noche hacia Constanza.
La dictadura planificó un bombardeo masivo para el día siguiente y concomitantemente desplazaba por tierra a sus tropas más distantes. Alrededor de seis mil efectivos, sin contar los centenares de miembros de la Legión Extranjera Anticomunista y de los “Cocuyos de la Montaña”, dirigidos por Petán Trujillo en Bonao, fueron movilizados.
Apenas despuntó el alba, bombas de hasta 500 kilos eran lanzadas por aviones Mustang P-51 y Curtis AT-6, en un ambiente que enloquecía el valle de Constanza.
Humildes bohíos con sus campesinos dentro o en plena faena agrícola volaron destrozados, aunque estas muertes nunca fueron divulgadas por la dictadura, como tampoco las de los militares que cayeron en la balacera de los guerrilleros durante el aterrizaje de la noche anterior.
Ramfis mismo lo admite en sus “Memorias de las Expediciones de Junio de 1959”, aún inéditas, cuando en la página 23 del libro refiere “que aquello fue un verdadero infierno de metralla y fuego”.
Y, más aún, agrega: “La aviación, a pesar de que bombardeó, no tuvo efectividad, ya que no se atacaba en un blanco definido sino un pequeño grupo que había sido avistado en las inmediaciones de donde se atacaba, pero sí fue muy efectiva sicológicamente”.
El efecto inmediato, después de las primeras escaramuzas, fue la fragmentación forzosa del grupo comandado por Jiménez Moya, que se dividió en dos, uno dirigido por el capitán cubano Ramón López, alias Nene, que marchó hacia las inmediaciones de Jarabacoa, y el otro, acorralado, no pudo avanzar siquiera tres kilómetros a la redonda.
El 16 de junio, después del combate del paraje La Guamita, el grupo de Jiménez Moya otra vez se dividió. El guerrillero José Batista alias Chefito se desprendió con nueve hombres y tomó dirección a Los Chicharrones, mientras al día siguiente caía prisionero Rafael Tomás Perelló, quien por trabársele el fusil Fal no tuvo otra opción que la de entregarse. Trasladado a San Isidro y a las cámaras de torturas del kilómetro 9 de la Carretera Mella, Perelló fue obligado a declarar detalles claves para los servicios de inteligencia de la dictadura en su labor de exterminio de la expedición.
Entre esos aspectos obtenidos por los torturadores figuró la confirmación del desembarco marítimo de Maimón y Estero Hondo que, efectivamente, se materializó el 19 y 20 de junio.
Ramfis, sin embargo, lo sabía desde el día anterior cuando leyó la documentación encontrada en la mochila de Jiménez Moya antes de éste ser abatido por los militares.
Con las torturas a Perelló, la dictadura obtuvo otra confirmación: la presencia en la guerrilla de Ventura Simó.
Ventura Simó fue hecho preso de la manera más ingenua, producto de su carácter de hombre sencillo: Se separó del grupo de Ramón López y, cansado y hambriento, con los pies hinchados, fue detenido por unos campesinos en el paraje La Cotorra, quienes lo entregaron a los militares.
Antes de torturarlo hasta matarlo, Ramfis hizo con él una comedia: lo presentó por la televisión y por ante el cuerpo diplomático acreditado en el país como un héroe y, en honor a la farsa montada, dispuso su ascenso a teniente coronel de la Aviación Militar Dominicana.
La tiranía hizo difundir la versión de que Ventura Simó era un infiltrado de la expedición y, en consecuencia, lo presentó como la figura clave en la delación de los aprestos del exilio dominicano.
Nada más falso. Ventura Simó, luego de desertar de la aviación trujillista en un avión Curtis que hizo aterrizar en Puerto Rico, se unió en cuerpo y alma a la causa de la liberación nacional, y prueba de su fervor lo constituye el hecho de que el piloto Rodríguez hizo el desembarco en Constanza, le pidió que regresara a Cuba, pero él prefirió alzarse en las montañas y morir combatiendo la dictadura.
Tras la teatralidad de la tiranía, jamás volvió a saberse de Ventura Simó, quien murió cruelmente torturado y después su cadáver lanzado al mar.
El 19 de junio caía en una emboscada, en el paraje El Río, el jefe de la expedición, Enrique Jiménez Moya.
El resto de su grupo fue apresado, unos fueron fusilados en el mismo aeropuerto de Constanza, y otros trasladados a San Isidro para ser torturados. Mientras los expedicionarios se debatían en las montañas entre la cacería y las detenciones, al amanecer del 20 de junio el yate Carmen Elsa entraba a la bahía de Maimón, siendo detectado por el guardacosta de la Marina de Guerra CG-101, que patrullaba la zona.
Los 96 ocupantes de la embarcación abrieron fuego a las ráfagas de fusilería y de cañones disparados desde el guarcacosta.
Tres marinos fueron abatidos y el timón de la embarcación militar resultó averiado, pero desde su cabina de mando se pidió ayuda por radio a la Aviación, y en menos de quince minutos aparecieron los aviones Vampiro y P-51 bombardeando la bahía.
El yate Carmen Elsa, finalmente, fue destruido, pero la mayoría de sus ocupantes logró desembarcar y alcanzar los predios de la finca ganadera La Catherine y el peñón denominado Las Dos Hermanas.
En combate desigual, durante tres días, las tropas del Ejército se enfrentaron a los guerrilleros, hiriendo de gravedad a varios, entre ellos a José Horacio Rodríguez, jefe del desembarco marítimo.
Los prisioneros de esas refriegas fueron llevados a la base aérea de Santiago y desde allí a San Isidro, mientras los que lograron sobrevivir alcanzaron los montes de Imbert, Altamira, El Cupey, Río Grande y El Mamey, pero la persecución, el hambre y el agotamiento físico los debilitó al extremo de quedar exhaustos y, finalmente, fueron apresados.
Un mes después del desembarco de Maimón se produjo la detención de un reducto de seis guerrilleros que quedó disperso en las inmediaciones, a quienes se les asesinó en los mismos lugares de captura.
El yate Tínima llegó el 20 de junio en la noche a la bahía de Estero Hondo con 47 de sus 48 expedicionarios, porque su comandante José Antonio Campos Navarro se ahogó al caer al mar cuando revisaba la popa del yate.
Contrario a lo que hizo publicar la dictadura, el yate no fue hundido por los bombardeos, según consta en un despacho dirigido a Washington por el embajador norteamericano Joseph Farland, quien asegura que el “yate fue sacado a flote y remolcado hasta el puerto de Santo Domingo, donde lo ví en perfectas condiciones”.
La persecución contra los revolucionarios desembarcados por Estero Hondo abarcó desde Dajabón hasta Santiago, en cuyos campos fueron fusilados inofensivos agricultores que se negaron a dar informaciones sobre el paradero de la guerrilla.
El frente de Estero Hondo, aunque no sufrió la crueldad de los bombardeos al momento del desembarco, como ocurrió en la bahía de Maimón, tuvo una gran desventaja: el terreno llano le permitió a las tropas cercarlos en medio de la sequía prevaleciente, lo que dificultó la adquisición de agua y el aprovisionamiento de comida.
Ni un conuco sembrado encontraron los expedicionarios entre Villa Elisa y Villa Vásquez.
En dos semanas, los expedicionarios diseminados por esa zona de la Línea Noroeste fueron detenidos y conducidos a los centros de torturas de San Isidro, La Cuarenta y el ubicado en el kilómetro 9 de la Carretera Mella.
Mientras eran eliminados los expedicionarios del desembarco marítimo, en las lomas de Constanza apenas combatía en retirada el grupo del comandante Delio Gómez Ochoa.
La subsistencia durante dos semanas de este grupo tuvo su justificación en que manejaba mejor el manual de la guerrilla.
La experiencia de Gómez Ochoa en la Sierra Maestra durante la guerrilla surtió efectos efímeros en los días inmediatos del alzamiento. La estrategia era mantenerse en contante movimiento por la noche y nunca detenerse en un lugar de manera fija.
Gómez Ochoa avanzaba en la oscuridad, a sabiendas de que los militares se replegaban a sus posiciones apenas se escondía el sol. El 17 de junio el grupo se encaminó hacia el lugar conocido como El Convento, donde causaron algunas bajas entre los militares, pero los guerrilleros fueron luego cercados, y al día siguiente los bombarderos de la Aviación diezmaron considerablemente el grupo.
Durante cinco días permanecieron los escasos expedicionarios en las inmediaciones de Los Naranjos, desde donde marchan, en busca de comida, al paraje El Botado. En este punto fueron detectados por calieses que simulaban ser labriegos. Cercados por las tropas, fueron atacados mientras desprendían algunos tubérculos en un conuco del lugar.
Delio Gómez Ochoa, tras ese combate, se dispersó con diez de sus hombres, quedando Johnny Puigsubirá únicamente con dos hombres, al igual que el cubano José Luis Calleja y Mayobanex Vargas.
El primero de julio, el hambre llevó a Gómez Ochoa a procurar comida en compañía de un campesino que lo engañó, pues resultó ser un agente encubierto del SIM, nativo de Constanza, quien lo llevó a una emboscada donde cayeron tres guerrilleros y otros dos resultaron detenidos y, posteriormente, fusilados en el aeropuerto de Constanza por órdenes del general Mélido Marte.
Dos días después, el reducto guerrillero de Mayobanex Vargas, también cansado y hambriento, se entregó en una finca al general Juan Tomás Díaz, comandante del Ejército en La Vega. Gómez Ochoa fue nuevamente emboscado, en una acción donde Rinaldo Sintjago Pou resultó herido y luego rematado.
Gonzalo Almonte cayó preso, al igual que Johnny Puigsubirá, a quien ejecutaron en el acto, mientras otros dos guerrilleros eran trasladados a la Base Aérea de San Isidro. El 10 de julio, a Poncio Pou y Medardo García Germán, tras negociar su rendición con un sacerdote, se les hizo prisioneros.
Al día siguiente sólo quedaban en las montañas Delio Gómez Ochoa, Frank López y Pablito Mirabal, de apenas 15 años.
Estos cubanos, bajo la persecución de los militares y el acoso de perros sabuesos, finalmente se rindieron. A Gómez Ochoa y Pablito Mirabal se le respetó la vida, pero Ramfis obligó a Frank López a buscar armas y municiones que durante el interrogatorio dijo haber dejado enterradas en las montañas y, cuando regresaba por el monte, fue fusilado.
Gómez Ochoa y Pablito Mirabal fueron presentados posteriormente a la prensa internacional en el hotel Nueva Suiza, en Constanza, por el interés de la dictadura trujillista de justificar el exterminio acusando a Fidel Castro de la responsabilidad de la invasión.
Era el fin de las heroicas expediciones de junio de 1959, cuya sangre generosa abonó por siempre la tierra dominicana para que dos años después germinara la semilla de la libertad.
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Tony Pina
Llegaron llenos de patriotismo enamorados de un puro ideal

HOY/WILSON MORFE
12 Junio 2010, 11:33 PM
REPORTAJE
Llegaron llenos de patriotismo
enamorados de un puro ideal
La raza inmortal. En febrero de 1959, exiliados dominicanos en Cuba comenzaron a foguearse militarmente bajo la supervisión de Camilo Cienfuegos para liberar al país de la tiranía de Trujillo mediante expediciones guerrilleras
Escrito por: Julio Escoto Santana
Los exiliados dominicanos, estimulados por el triunfo de la Revolución Cubana que tocó con golpes redoblados a las puertas de la América Morena y provocó un incendio de ilusiones que desencadenó torrentes de esperanzas en las juventudes del Continente Americano, obtuvieron el decidido apoyo de los internacionalistas solidarios con nuestra causa.
Comenzaron a movilizarse en febrero de 1959 y se fueron concentrando en la hermana isla de Cuba para recibir en la Hacienda Mil Cumbres, Pinar del Río, y en otros lugares de esa provincia -La Cieneguilla y Punta Arenas- un entrenamiento militar bajo la supervisión del comandante Camilo Cienfuegos para poder integrarse al Ejercito de Liberación en formación, con el deliberado propósito de reeditar en la República Dominicana una hazaña militar, similar a la que se había llevado a cabo en la Patria de Martí, la que, de tener éxito, liberaría a nuestro pueblo de la ignominia que estaba viviendo desde el año 1930.
Al fin… en el atardecer del domingo 14 de junio de 1959, diez años después de haberse producido el 19 de junio de 1949 el frustrado desembarco de la expedición armada por las playas del poblado de Luperón, Puerto Plata, bajo el mando de Horacio Julio Ornes Coiscou, sorpresivamente, y procedente de Cuba, descendió desde del cielo sobre el aeródromo militar de Constanza un viejo avión C-46 de carga con motores Curtis, camuflado con las insignias y colores con que se identificaban las aeronaves de la Aviación Militar Dominicana (AMD), piloteado por el venezolano Julio César Rodríguez, asistido del copiloto cubano Orestes Acosta, y como Ingeniero de Vuelo o indicador de ruta, el capitán Juan de Dios Ventura Simó, quien el 30 de abril de ese año había desertado de la Aviación Militar Dominicana asilándose en Puerto Rico.
Este aeroplano transportaba en su vientre cincuenta y cuatro “ángeles rebeldes” en su mayoría jóvenes de clase media alta que integraban una tropa ebria de ilusiones redentoras, muchos de ellos profesionales que renunciaron a las comodidades y hasta a un futuro promisorio en el extranjero; y bajo las órdenes del Comandante Insurgente Enrique Jiménez Moya, asistido por Delio Gómez Ochoa, capitán del Ejército Rebelde Cubano y héroe de Sierra Maestra, “llegaron llenos de patriotismo” con la decisión de derrocar la tiranía de 29 años de Rafael Trujillo Molina y “armados de ilusión, coraje y dignidad” empuñando con entusiasmo y gran valor unos veteranos fusiles que no conocían el miedo, y estremecieron montañas, sacudieron llanuras, y se jugaron la vida para liberar a la Patria sojuzgada, oprimida y humillada por tres décadas de crímenes, de complicidades y silencios; y “se comportaron con la gallardía de los héroes sin dobleces, como lo hacen los grandes soldados en manos del enemigo”.
Y en la madrugada del 20 del mismo mes y año, por la costa norte del país, las embarcaciones Carmen Elsa, con 96 expedicionarios, y la Tinina con 48, que hacían un total de 144 argonautas de la libertad, bajo el comando de José Horacio Rodríguez Vásquez hacían pie en las arenas de las playas de Maimón y Estero Hondo, y en ambos frentes, repletos de patriotismo, lucharon con estoicísmo para reconquistar la dignidad y la libertad de un pueblo sometido durante 29 años a la voluntad omnímoda del tirano Trujillo.
De ahí que esas actitudes osadas deban servir de ejemplo para convocar la valentía de las futuras generaciones, a fin de que ellas imiten las acciones realizadas por esos hombres atrevidos que el 14 y el 20 de junio de 1959 arribaron por nuestras montañas y mares dispuestos a morir, porque entendían que “su inmolación por la Patria en el altar de la dignidad nacional” serviría de estímulo para que otros continuaran la lucha que habían iniciado; de acicate a los cientos de hombres y mujeres que aquí teníamos las ilusiones mustias y las esperanzas marchitas; y que ese gesto insuflaría enormes dosis de ánimo y optimismo a quienes parecía que habíamos optado por una vergonzosa pasividad, y que soportábamos -en un silencio casi cómplice- los desafueros que venía cometiendo el viejo y decrépito tirano que intentaba eternizarse en el poder, el que al final de su tercer decenio de estar usurpándolo había perdido el rumbo, la sensatez, la prudencia y seguía ahogando en sangre cualquier manifestación de disidencia o algún reclamo de justicia.
Tales acciones insurgentes, ejecutadas con más coraje que pertrechos, contribuyeron a que se multiplicara la Resistencia Interna, agitaron los enojos acumulados en nuestra juventud, que sintió el fracaso de esas expediciones como el hundimiento de sus ideales; y produjeron una sacudida volcánica en las conciencias adormiladas de muchos paisanos que durante el período 1930-1959 estuvieron viviendo en un oscurantismo político que les impedía reconocer que la peor cobardía es saber lo que es justo y no hacerlo, y que las cosas se vuelven difíciles porque no nos atrevemos a realizarlas; por lo que esas heroicidades nos hicieron pensar en la apremiante necesidad que teníamos de rebelarnos contra ese monumento de injusticia social y política, porque sólo así es que se podría lograr que nuevamente se volvieran a tocar en la República Dominicana los acallados redoblantes que avisan el combate y que, por nueva vez, sonara el aquietado clarín para anunciar la aurora de la libertad.
La valentía de ese grupo, sus animosas proezas y sacrificios, despertaron la conciencia embotada de la Nación; sacaron de la inercia de la indecisión y la vacilación a muchos ciudadanos que, de manera indiferente, en ese momento ocupaban un espacio en nuestro ordenamiento social; se llevaron de encuentro enfoques y planteamientos ya obsoletos; coadyuvaron a que se produjera un cambio drástico en la actitud de complicidad que importantes sectores sociales mantenían con el régimen despótico, como fue el caso de los militares progresistas que conspiraron contra el tirano, y el de ciertos prelados de la Iglesia Católica que, al fin, se decidieron a combatir desde sus púlpitos los desmanes del dictador, lo que también coadyuvó a derrotar la maquinaria trujillista; y confirmó, asimismo, que el “heroísmo es una ocupación peligrosa que a menudo conduce a un fin prematuro”.
Los exiliados dominicanos
No obstante saber los aguerridos expedicionarios que el camino de la sublevación que habían escogido para demoler el deportismo estaba lleno de pedregones y de extensas y altas vallas; que se enfrentarían a una poderosa y superior maquinaria militar bien equipada y con una superioridad numérica, nunca titubearon para enrolarse en el Ejercito de Liberación, porque estaban conscientes de que la razón histórica estaba de su lado, ya que combatían por una causa justa; y a pesar de que dichas expediciones armadas no tuvieron éxito porque en ese momento no existía una concienciación política ni una red organizada de la Resistencia Interna que le sirviera de soporte, ni lograron el necesario apoyo del campesinado; sin embargo, esas jornadas redentoras e históricamente trascendentales demostraron determinación, valor y patriotismo; y fueron la chispa que encendió la llama de la libertad, que dos años más tarde arrasó con la tiranía de Trujillo.
De esa gesta heroica sobrevivieron sólo el Comandante Delio Gómez Ochoa, Pablito Mirabal, Poncio Pou Saleta, Mayobanex Vargas, Alfredo Almonte Pacheco y Francisco Medardo Germán.
Hoy, mañana y siempre: ¡Loor a los valientes hombres de la Raza Inmortal!
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