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martes, 6 de enero de 2015

“Ví la sangre de Lora Fernández...”, dice testigo batalla del hotel Matum

PORTADA2 “Ví la sangre de Lora Fernández...”, dice testigo batalla del hotel Matum ALFONSO TORRES HISTORIA19 DIC 2013, 2:01 PM ARTÍCULO
9 SANTIAGO (R. Dominicana).-“Una mañana soleada parecida a la de hoy suenan unos disparos en las paredes, yo salté de la cama en dirección al closet y divisé por un hoyo que había para instalar un aire acondicionado unos soldados que desde el monumento corrían disparando hacia el hotel”, cuenta el británico Willian Wall, quien sin proponérselo se convirtió en testigo de primera línea de la batalla del hotel Matún entre constitucionalistas encabezados por el coronel Francisco Alberto Caamaño y militares fieles a las tropas golpistas y norteamericanas. Wall ofreció su testimonio de lo acontecido el domingo 19 de diciembre de 1965, hace 48 años, en el hotel Matum de Santiago, adonde Caamaño junto con sus compañeros había ido a desayunar luego de participar en una misa y una ofrenda floral en honor de Rafael Fernández Domínguez, héroe de la revolución. Según cuenta Wall, quien para entonces se encontraba en el país al frente del Royal Bank of Canada, esa mañana el hotel estaba repleto de niños y mujeres porque en la explanada frontal se exhibía un circo americano. “Yo había amanecido en el hotel porque me invitaron unos amigos a una fiesta en el Club Recreo para acompañar a una muchacha que luego se convirtió en mi esposa”. Cuando Wall salió de la habitación, con la primera persona que se encontró fue con Héctor Aristy, quien lo puso al tanto de lo que sucedía, y luego con Montes Arache. “A ambas personas las conocí en la Zona Colonial de la capital cuando los constitucionalistas la tomaron bajo control, yo tenía salvoconducto para entrar y allí conocí a Caamaño y muchos de sus compañeros en el edificio Copello”. Los militares querían matar a Caamaño ese día pero no pudieron por la intervención de la Iglesia católica y representantes de la embajada de los Estados Unidos. Poco a poco y ayudado por fotografías de la época, Wall va tejiendo un relato que parece hacer vivir a los presentes como si se tratara de la actualidad. Imágenes de edificios y personajes recrean las escenas de un país que ya se encontraba apaciguado. Caamaño había entregado la presidencia en septiembre y ya se había firmado la paz. Pero, de acuerdo con las palabras de Wall, quien tenía importantes conexiones en el mundo político y económico dominicano por representar tal vez el más importante banco extranjero en el país en ese momento, los militares querían matar a Caamaño ese día pero no pudieron por la intervención de la Iglesia católica y representantes de la embajada de los Estados Unidos. Sin embargo, la lucha fue encarnizada, relata, eran 17 hombres constitucionalistas y más de 200 del lado contrario, el balance resultó con varios heridos y tres muertos, entre ellos el comandante Manuel Lora Fernández, a quien los “entreguistas” no le perdonaban haber planificado y dirigido el asalto a la Fortaleza Ozama, hecho simbólico de la gallardía de los dominicanos y que generó un nuevo equilibro durante la guerra de abril de 1965. “Yo vi la sangre de Lora Fernández, vi mucha gente nerviosa, niños y mujeres llorando, pánico y un puñado de hombres dispuestos a defenderse”, expresó Wall al público compuesto por familiares y amigos que todos los años para esta fecha se reúnen a conmemorar el acontecimiento histórico. “Vi a Caamaño con un teléfono en la mano preocupado porque no se podía comunicar, también vi a Montes Arache preparar las armas y disparar contra sus atacantes”, expresa el ciudadano británico casi a la misma hora del mismo día cuando se cumplen 48 años del enfrentamiento. Manifiesta que después del miedo y el espanto lo que le quedó de aquel día fue la rabia, rabia porque el hotel estaba lleno de personas inocentes y “sé que si los militares atacaban con la aviación y los tanques de guerra aquello sería una masacre”. Antes del testimonio de Wall, frente al hotel Matum las fundaciones Caamaño y Lora Fernández, hicieron un homenaje a los héroes del abril donde resaltaron su valentía y arrojo al enfrentar el ejército más preparado del planeta en ese momento. También celebraron una misa en la parroquia La Altagracia, el mismo lugar donde Caamaño aquel 19 de diciembre había participado en una ceremonia religiosa en conmemoración de su compañero Fernández Domínguez. Durante el acto también hablaron Claudio Caamaño, encargado de inteligencia militar del lado constitucionalista, y Minerva López, representante de las fundaciones.

viernes, 2 de diciembre de 2011

"Soldado del pueblo y militar de la libertad" al Panteón Nacional


http://www.eljaya.com/201111-1/28-soldado.php

"Soldado del pueblo y militar de la libertad" al Panteón Nacional

A propósito de la iniciativa que busca llevar los restos del coronel Rafael Fernández Domínguez al Panteón Nacional, Acento.com.do se honra en ofrecer a sus lectores el siguiente artículo del ingeniero Nemen Hazim Bassa:
coronel Rafael Tomás Fernández Domíngucoronel Rafael Tomás Fernández Domínguez

Coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez

Lunes 28.11.2011
Puerto Rico.-Decíamos, el 31 de mayo de 2008, en el artículo publicado titulado "El día de La Libertad", lo siguiente:

"Víctor Grimaldi y Hamlet Hermann se han caracterizado por realizar valiosas investigaciones científicas acerca de nuestra historia reciente. Coincidimos totalmente con ambos en que el día que debe ser declarado como el Día de La Libertad es el 24 de abril del 1965, 'por ser el verdadero símbolo de la libertad individual y nacional del pueblo dominicano' y 'por conmemorar la rebelión constitucionalista y la guerra patria de 1965', tal y como expresaran, en el orden establecido, participando por separado en actividades relacionadas con el 30 de mayo, día al que se le quiere recordar, por el magnicidio, como el precursor de la libertad del pueblo dominicano.

"… El 24 de abril de 1965… (es el, nh) acontecimiento más importante protagonizado por el pueblo dominicano en el Siglo XX, en una jornada popular y militar mediatizada por la usurpación del suelo patrio por las Fuerzas Armadas norteamericanas durante los años 1965 y 1966" - Víctor Grimaldi.

Además, señalábamos que el pueblo dominicano se había encumbrado -en la defensa de la soberanía y la integridad de la patria- "a la cima de la dignidad, del valor y del coraje", en un corto tramo de su historia que lo engrandece, tanto por lo magnánimo de la gesta como por acontecimientos previos que desembocarían en la misma, que facilitarían a un "soldado del pueblo" el espacio para alcanzar la estatura de 'Padre de la Patria' en una sociedad que afanosamente buscaba su madurez institucional dentro del marco que el ejercicio político otorga al capitalismo (aun, en una sociedad de desarrollo tardío).

Este soldado, a más de una década de lo que le deparaba la Historia, y mientras hacía de centinela "en el patio de la Academia", recibió la visita de su padre quien, "presuroso", fue a abrazarlo, recibiendo en cambio las palabras que proyectarían a Rafael Tomás Fernández Domínguez como un comprometido con la institución y con la patria:"Respetuosamente señor, las reglas me impiden dirigirle la palabra".

La respuesta dada a un coronel de prestigio e influencia en las esferas del poder dictatorial -y además, su progenitor- sería una sin precedentes en la historia de los institutos castrenses, que marcaría para siempre al hombre que había nacido bajo las luces de Duarte, Sánchez... Luperón:"... Todos tenemos nuestro destino marcado, y si el mío es morir por mi patria, es el destino más maravilloso que hombre alguno pueda tener... tengo el privilegio de haber aprendido a amar a mi pueblo de esta forma que solo yo sé... ".

En 1960 apresó a un marine estadounidense que orinaba en el Baluarte de El Conde, donde descansaban entonces los restos de los Padres de la Patria, JUan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella, porque no podía permitir semejante falta de respeto a los símbolos patrios

La expedición de junio de 1959, con la finalidad de derrocar la tiranía, encontró al "soldado del pueblo" convertido en teniente, a cargo de un pelotón que buscaba el lugar estratégico para enfrentar a los expedicionarios, desempeño que le habría permitido apreciar el coraje y la dignidad de esa juventud comprometida, que define como una en la que sus "hombres tienen un valor que raya en la temeridad y nos avergüenza su arrojo y su pericia en todas sus acciones".

Esta experiencia -que abría paso a la duda- tiene que haber planteado serias contradicciones en la mente de Rafael Fernández Domíguez a la hora de evaluar sus obligaciones y las "características" del régimen al que servía. La pregunta: "¿Vas a ver esa mierda?" -que hace a un compañero-, en alusión a la ejecución de los prisioneros, es una muestra del dolor que lo agobiaba y, por consiguiente, del grado de conciencia que iba adquiriendo. Este episodio influiría decisivamente en un hecho que se daría seis años después y que culminaría con su muerte.

No permitió el irrespeto a los símbolos patrios

La figura del "soldado del pueblo" -de dignidad, honestidad y decoro- encuentra sustancia para que se acreciente su patriotismo cuando, siendo capitán, en 1960, y frente al abominable acto que acontecía en el "Baluarte del Conde, lugar donde estaban los restos de Duarte, Sánchez y Mella" -un marino norteamericano se orinaba sobre el monumento-, detenía el vehículo en que transitaba y hacía presos al marino que ejecutó la acción y a dos más que lo acompañaban, indignado porque "no se podía permitir que un soldado extranjero viniera a irrespetar nuestros monumentos".

Este acontecimiento, sin magnitud relevante pero con extraordinario significado, engrandecía su compromiso con la soberanía de la patria, lo que, junto a otras virtudes que florecían en su transparente y ejemplar vida, lo elevaban al nivel supremo que alcanzan los hombres cuando la Historia le tiene reservado el gran momento para la prueba definitiva.

Muerto Trujillo, pasó a ostentar el rango de mayor de la Aviación Militar Dominicana y, además, le fue ofrecida una alta posición en el servicio de inteligencia, que rechazaría -primero, porque se contraponía con su formación honesta, digna y solidaria y, segundo, por la degradación a la que tendría que someterse de tener que fungir como confidente y criminal-, ante Ramfis, hijo del dictador, asumiendo un elevado riesgo que comprometía su vida y la de su familia, pero que coadyuvaba en su formación integral que día a día lo aproximaba a la figura cimera que alcanzan los predestinados: la de prócer.

Su papel durante el gobierno provisional

El "soldado del pueblo" "no sospechaba que muy pronto pondría a prueba su liderazgo". El gobierno de Joaquín Balaguer enfrentaba constantes protestas y una huelga que buscaba su renuncia, que culminó el primero de enero de 1962 con la formación de un Consejo de Estado presidido por él (otros cinco miembros lo componían).

Los hechos que suscitaron los violentos cambios dieron inicio el 16 de enero cuando una patrulla del ejército disparó contra la multitud que acompañaba a los dirigentes de la Unión Cívica Nacional, ocasionando varios muertos y heridos y la reactivación de las protestas que pedían las renuncias de Balaguer y de Pedro Rafael Rodríguez Echavarría -secretario de las Fuerzas Armadas-, quien apresó y mantuvo en cautiverio (en el Club de Oficiales de la base aérea de San Isidro) a tres miembros del Consejo de Estado, e instaló una junta Cívico-Militar que apenas duraría horas.

El Dr. Balaguer buscó asilo en la Nunciatura Apostólica y el país tuvo que soportar de nuevo otra violación al orden constitucional, que daría inicio a los acontecimientos que la Historia le tenía reservada a Rafael Tomás Fernández Domínguez, cuando el 18 de enero hizo preso al secretario de las Fuerzas Armadas por haber incurrido en "franca violación a las disposiciones constitucionales", actitud valiente y decidida que lo pondría en consonancia con el compromiso que las Fuerzas Armadas deben exhibir: honestidad, respeto a la institucionalidad, integridad, defensa de la soberanía, dignidad y garantías para que el pueblo ejerza sus derechos y cumpla con sus deberes.

Muy pronto el país celebraría elecciones, de las que saldría airoso Juan Bosch, el más ilustre de los dominicanos del siglo XX quien, dos meses antes de los comicios, había establecido contacto por primera vez con el ahora "soldado del pueblo y militar de la libertad".

Su honestidad impresionó a Juan Bosch

Producto de este primer encuentro surge el testimonio mediante el cual Bosch lo describe como "el dominicano que más me había impresionado después de mi vuelta al país. Me impresionó su integridad, su firmeza, que se veía a simple vista como si aquel joven militar llevara por dentro un manantial de luz".

No se equivocaba el autor de "Trujillo: causas de una tiranía sin ejemplo": el comportamiento asumido por Rafael Fernández Domínguez, siendo teniente coronel y director de la Academia Militar Batalla de las Carreras -ante un hecho que se había convertido en "costumbre" con la llegada de un nuevo director-, no había sido, ni es, el usual en una sociedad en la que los militares han sido los eternos amos y señores.

El encargado de mesa del comedor de los cadetes había dejado en la cocina de su casa "arroz, habichuelas, azúcar, aceite y otros alimentos" que, al ser encontrados por el "teniente coronel", arrancaron de su interior la ira con la que reaccionan los hombres honestos cuando se encuentran ante tan serviles e indecorosas acciones.

La integridad de Rafael Fernández Domínguez lo llevó, instintivamente, a rechazar un presente cuyo valor real provenía de los dineros del pueblo. Además de regresarlo, "el teniente responsable de llevar los alimentos fue sancionado con diez días de arresto... ".

En un país acostumbrado a regirse por las malas acciones -fuentes históricas de las riquezas de los militares y los funcionarios-, una conducta permanente como la exhibida por el "soldado del pueblo y militar de la libertad" genera conflictos de intereses muy marcados... muy enconados. La moralidad, la rectitud y el compromiso nunca han sido los atributos de la clase oligárquica dominante.

Juan Bosch desde el gobierno, y Fernández Domínguez desde las Fuerzas Armadas, en un momento estelar de la vida dominicana, marcharon al mismo paso en carreras paralelas: ambos en busca de un país de leyes e instituciones y, a la vez, combatidos por las mismas fuerzas que doblegan y saquean al pueblo.

Contra los conspiradores

Los planes de golpe de Estado a Juan Bosch marchaban al mismo nivel que los de los oficiales superiores para sacar de circulación al "coronel", quien sería enviado, junto a Héctor Lachapelle Díaz, a visitar "las academias militares de Brasil, Argentina, Chile y Venezuela", con el único objetivo de trabajar libremente en el rompimiento del orden constitucional que los dominicanos se habían arrogado en un proceso de selección "que hace de la democracia el sistema idóneo de gobierno".

En alocución al país, tres días después de una reunión con la plana mayor de San Isidro, y ante los insistentes rumores de golpe de Estado por la no persecución de los comunistas -"cierto sector político", como le llamaban los gorilas- le informaba Juan Bosch a los dominicanos las palabras con las que se había dirigido a los golpistas: "Nosotros no hemos vuelto a nuestro país a perseguir. Nosotros somos afirmativos, no negativos. Pero en última instancia, si las Fuerzas Armadas persisten en eso, búsquense otro que gobierne, porque yo no estoy dispuesto a encabezar una dictadura total o parcial en la República Dominicana". La información sobre la conspiración le había sido suministrada al presidente por Rafael Fernández Domínguez, en una visita que cursara a su casa y que hacía de la misma un hecho sin precedentes: mientras los golpistas se empeñaban en subvertir el orden constitucional, el coronel Fernández Domínguez -junto a un grupo de oficiales comprometidos- se mantuvo al lado de la institucionalidad, preparando planes para contrarrestar cualquier acción, aun a cambio de su vida y de la de sus compañeros, oficiales "decididos y de principios claros".

El golpe de estado se consumó el 25 de septiembre de 1963, apenas tres días después del coronel Rafael Fernández Domínguez haber retornado al país, junto a Héctor Lachapelle Díaz y otros oficiales comprometidos con el movimiento. El mismo no fue un producto exclusivo de San Isidro: Kennedy y la CIA fueron protagonistas de primer orden al patrocinar una guerrilla, en suelo dominicano, contra el gobierno haitiano, sin que lo supiera el jefe del Estado dominicano.

Al Bosch exigir una investigación a la Organización de Estados Americanos -el 23 de septiembre-, comprometía de manera contundente la imagen de los Estados Unidos, los que, "de haber ordenado la ejecución de una violación tan escandalosa de las normas que gobiernan las relaciones entre los Estados y sus jefes", se verían envueltos en un escándalo del que "iba a salir muy mal parado el prestigio de John F. Kennedy". Para salvarlo, se derrocaría el legítimo gobierno que el país se había dado por voluntad mayoritaria del pueblo dominicano, hecho que conduciría a eventos de igual o mayor trascendencia.

El día 24 en la noche Juan Bosch habló con el coronel Fernández Domínguez y le informó lo que estaba sucediendo. Le pedía, mientras se dirigía al Palacio Nacional, que movilizara los oficiales en los que él confiaba, "que no iba a ir a ningún otro sitio, que no me asilaría en ninguna embajada, que en el Palacio Nacional estaría, vivo o muerto, esperando que él actuara".

Pero todo ocurrió con demasiada prisa. A las dos de la madrugada estaba consumado el golpe, para el que se habían conjugado ciertas coincidencias:

1.- El regreso al país, tres días antes, del coronel Fernández Domínguez, quien había sido "enviado a conocer nuevas técnicas militares" en algunos países de América del Sur (mientras estuviese fuera, la oligarquía criolla y la CIA podían tomarse su tiempo en la planificación del crimen que se cometería contra la nación; con su presencia, se aceleraba el mismo);

2.- La invasión abierta a Haití, desde territorio dominicano, por parte de León Cantave y los guerrilleros que lo acompañaban, quienes venían operando en territorio dominicano desde finales de mayo de 1963 sin el consentimiento de Juan Bosch, presidente de la República y Comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.

3.- La foto del exgeneral haitiano que el periódico El Caribe hizo pública -primera que aludía sus incursiones-, tomada cuando descendía de un avión militar dominicano, que sirvió al profesor Bosch para hacer la siguiente deducción: "cuando vi a aquel hombre tan bien vestido, con dos maletines en la mano, me di cuenta inmediatamente de que él había partido hacia Haití desde territorio dominicano... En ese momento me di cuenta de que se me había estado engañando... ".

4.-El cable o la llamada telefónica del ministro Héctor García Godoy al embajador dominicano ante la OEA, el 24 en la noche, que "fue lo que determinó el golpe de Estado... ". La Embajada americana en el país, que intercepta todas las comunicaciones, conoció por esta vía el contenido de la conversación, y optó por implementar el plan que venía elaborando con los gorilas dominicanos.

Muy poco tiempo llevaba en el país el coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez; por tanto, cuanto más rápido se violentara la Constitución, menos oportunidad había para planificar y organizar acción alguna con los pocos militares confiables y, de esta forma, poder impedir la materialización del golpe de Estado.

"Señor presidente: estamos listos para asaltar el Palacio Nacional. Somos doce oficiales nada más, pero cumpliremos con nuestro deber. Pedimos, sin embargo, que se le informe al Partido Revolucionario Dominicano a fin de que desate una huelga general". Estas palabras -en el contexto real- indican, con mucha claridad, que la premura no había permitido incrementar el número de contactos; aun así, el coronel Fernández Domínguez se ofreció, con otros doce héroes, a defender la constitucionalidad, en un gesto que lo elevaría por encima de los hombres comunes.

Por eso envió al presidente Bosch esas hermosas palabras que la Historia tendrá que preservar para siempre, que les fueron entregadas por la esposa del ministro Silvestre Alba de Moya en las primeras horas de la mañana del 25 de septiembre... pero ya el presidente estaba preso.

Antes de su partida a Madrid -el 9 de octubre de 1963- como agregado militar de la Embajada dominicana, el "soldado del pueblo y militar de la libertad" había establecido contacto con José Rafael Molina Ureña y, por su vía, con el profesor Juan Bosch, quien, desde Puerto Rico, le sugiere el acercamiento con otros militares jóvenes. En España involucra al cura Marcial Silva (para neutralizar el calificativo de comunista) y al ingeniero Caonabo Javier Castillo (líder ideológico del Partido Revolucionario Social Cristiano).

Convence a Cucho Fernández quien, en viaje de tres días que hiciera el coronel a Santo Domingo -en diciembre de 1964, antes de trasladarse a Chile, donde había sido transferido-, había fungido de enlace para la reunión cumbre con el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, de la que saldría fielmente comprometido con el movimiento constitucionalista. Además, mantiene un constante cruce de cartas con el profesor Bosch, a quien visita con anterioridad al viaje a Santo Domingo y a su retorno a Puerto Rico, en escala de varios días, antes de su salida para Chile.

En el exilio con la meta de regresar a defender la patria

Durante 19 meses -tiempo no prefijado, y sí alcanzado por los tropiezos que se presentaron en fechas anteriores para el inicio de la gesta-, Juan Bosch y el coronel Fernández Domínguez estuvieron planificando el retorno a la Constitución de 1963, tanto en Santo Domingo como en San Juan (Puerto Rico), Santiago (Chile), Caracas (Venezuela) y Madrid (España). Reuniones, contactos, búsqueda de adhesión y recursos, logística, propaganda, y un sinnúmero de otras actividades -la mayoría bajo sacrificios inimaginables y dentro de niveles insospechables de riesgo-, definieron el liderazgo de cada uno: Bosch como jefe Político, y "el soldado del pueblo y militar de la libertad" como jefe Militar, categoría que alcanzaría el coronel Miguel Ángel Hernando Ramírez -recomendado a Juan Bosch como ministro de la Fuerzas Armadas en diciembre de 1962 por el más grande defensor de la institucionalidad que ha conocido la República Dominicana- y luego Francisco Alberto Caamaño Deñó, al encontrar "El día de La Libertad" a Fernández Domínguez en Chile.

Sobre el coronel Caamaño, Fernández Domínguez le había comunicado a Juan Bosch, en diciembre de 1964, que "tenía dos condiciones que él podía garantizar: su lealtad a cualquiera causa a la que se uniera y un valor que no reconocía límites".

Estas, con el tiempo, se convertirían en palabras proféticas: la Revolución de Abril de 1965 y la guerrilla que encabezó en febrero de 1973 -al mando de un reducido grupo de heroicos combatientes- con la finalidad de revertir el estado de cosas por las que atravesaba el pueblo dominicano, le hacen merecedor de los más grandes reconocimientos que la Historia depara a los grandes hombres, y que los pueblos, en agradecimiento a jornadas y compromisos tan extraordinarios, deben honrar con los más altos honores.

El 26 de abril llega a Puerto Rico el coronel Rafael Fernández Domínguez, y no es hasta el 13 de mayo que logra pisar la tierra por la que ofrendaría su vida -la misma que debe reconocerle como uno de sus grandes próceres-, "usando las armas del enemigo", explicación que recibe de Juan Bosch al enterarse que podrá viajar a la República Dominicana en un avión de las mismas fuerzas interventoras que pisoteaban el país.

Su muerte

Después de casi toda una vida de institucionalidad, responsabilidad, constancia, compromiso, patriotismo, planificación y liderazgo, el "soldado del pueblo y militar de la libertad" tenía que agotar una faceta que, a su entender, era necesaria ante el ejemplo y sacrificio ofrecido por sus compañeros: entrar en acción como habían hecho todos, cuando la Historia no le exigía tal requisito para recibirle como un gigante.

En su empeño, organizó una de las acciones más riesgosas y controvertidas que enfrentaría el movimiento constitucionalista: la toma del símbolo del poder político -el Palacio Nacional-, decisión que compartió con Juan Miguel Román, principal dirigente del 14 de Junio, agrupación que había tomado su nombre de la expedición de 1959, aquella que "abría paso a la duda" y por la que el teniente coronel Rafael Fernández Domínguez se había expresado con admiración al señalar que esos "hombres tienen un valor que raya en la temeridad y nos avergüenza su arrojo y su pericia en todas sus acciones"(Habíamos dicho que los sentimientos que lo embargaron mientras combatía a los expedicionarios influirían decisivamente en el hecho que culminaría con su muerte).

Juan Miguel Román, líder del Movimiento Revolucionario 14 de Junio, compañero entrañable de Manuel Aurelio Tavárez Justo -con quien combatió en el alzamiento guerrillero del 1963 al frente del comando Gregorio Luperón-, estableció una amistad muy cercana con el coronel Fernández Domínguez en los días previos al acontecimiento que acabó con sus vidas y las de otros gloriosos combatientes: haitianos, el italiano Ilio Capocci -entrenador de los hombres ranas-, Euclides Morillo -también miembro del 14 de Junio y guerrillero del alzamiento del 1963-, y otros.

Una vida íntegra de compromiso con su pueblo

La vida del coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez ha sido íntegra, transparente, impecable... ha sido una sin manchas en todas las facetas de su vida. La descripción de sus epopeyas está descrita en este ensayo; lo que no puede contener el mismo son las palabras de agradecimiento y reconocimiento a su grandeza... no las encontramos. Ningún dominicano ha dado tanto de sí para lograr la institucionalidad de las Fuerzas Armadas -el monstruo de mil cabezas que ha destrozado históricamente el desarrollo natural de la sociedad dominicana- como lo ha hecho "el soldado del pueblo y el militar de la libertad". La gesta de abril de 1965 es su obra, como también lo es el retorno al orden constitucional que propició y ejecutó el 18 de enero de 1962. Dispuesto estuvo siempre... comprometido también. Vivió por, y para su patria.

La lucha del pueblo dominicano, de los militares constitucionalistas, de dirigentes políticos, de médicos, de ingenieros, de abogados, en fin, la lucha de toda la nación contra las tropas invasoras yanquis, que mancillaron el honor y la soberanía, es la más grandiosa obra que nos legó "el soldado del pueblo y el militar de la libertad", obra que hizo posible que el pueblo dominicano se creciera hasta "la cima de la dignidad, del valor y del coraje": el coronel Rafael Fernández Domínguez fue el artífice que unió todas las piezas que se requerían para combatir al ejército más poderoso del mundo y lograr la reivindicación del honor y la soberanía.

Duarte, Sánchez, Mella y Luperón, nuestros baluartes supremos, fueron de carne y hueso, no dioses. La distancia hace que los veamos inalcanzables, que los veamos como seres superiores, y las gestas que se nos presentan en vida, con héroes y villanos, son las mismas que el tiempo ha engrandecido; no esperemos que nuestros grandes hombres -aquellos con los que, por gracia divina, hemos podido coincidir en el tiempo-, escapen de nuestras manos.

Ahora, y con el convencido conocimiento de la grandeza que adorna al coronel Rafael Fernández Domínguez, reconozcamos sus excepcionales virtudes y hagamos de él un prócer; ¡llevemos sus restos inmortales al Panteón Nacional!

domingo, 22 de mayo de 2011

19 DE MAYO: Día del Soldado Democrático




REPORTAJE
21 Mayo 2011, 10:59 PM
19 DE MAYO:
Día del Soldado Democrático
Honor. Fue instituido mediante Ley 54-08, en recordación al coronel constitucionalista y héroe de la guerra de abril del 1965 Rafael Tomás Fernández Domínguez, muerto en un enfrentamiento con el invasor en el asalto al Palacio

Escrito por: HOMERO DOMÍNGUEZ FERNÁNDEZ
El Congreso Nacional instituyó el 19 de mayo como el Día del Soldado Democrático, establecido en la Ley No.154-08, en recordación al coronel constitucionalista y héroe de la guerra de abril del 1965 Rafael Tomás Fernández Domínguez.

Desde que ingresó a las filas del Ejército Nacional y en toda su vida militar, el coronel Fernández Domínguez se destacó por ser un fiel creyente en la educación militar para lograr la profesionalidad y la institucionalidad dentro de las Fuerzas Armadas, haciéndolo de manera recta, ejemplar y digna, como lo testimonian todos los que estuvieron cerca de él.

Sus creencias en los principios e ideales más nobles le generaron ser actor principal de una serie de hechos cuyas circunstancias influyeron en que tomara decisiones transcendentales, unas que evitaron mayores daños al país y otras que le llevaron a entregar su vida persiguiendo su visión correcta y legal de las cosas.

Fernández Domínguez fungió como director de la Academia Militar de las Fuerzas Armadas Batalla de las Carreras, posición que escogió por considerarla dignificante, desprendiéndose de la oportunidad de ocupar otras de mayor jerarquía.

Este héroe debe ser considerado como un ser humano que con su pensamiento y ejecutorias demostró ser una persona adelantada a su tiempo. Su ideario ha servido de referencia para el actual proceso de reformas y modernización que se desarrolla a lo interno de la Fuerzas Armadas, que se percibe como una continuación a sus prédicas y principios, por lo que es de justicia que las presentes generaciones de militares reivindiquen a sus precursores reconociéndolos por su amor a la patria.

El desaparecido oficial dominicano por las razones precedentemente expuestas y por otras que fueron consideradas, obtuvo el reconocimiento del Pueblo dominicano que a través de sus representantes en el Congreso fue declarado Héroe Nacional, mediante la Ley 58-99 promulgada por el Poder Ejecutivo el día 11 de junio de 1999.

Es un homenaje a la conducta y ejemplo de Fernández Domínguez en procura del respeto a la Constitución de la República, a la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas y a la voluntad popular expresada democráticamente en las urnas en el año 1962, así como al comportamiento de otros militares que han creído en la democracia dominicana. Todos ellos representan un ejemplo perenne para las actuales y futuras generaciones.

Derrocado el presidente Bosch el 25 de septiembre, entre otros, por políticos frustrados y jefes militares ambiciosos que no acogieron al deber que les imponía la Constitución, brotó de las filas militares un histórico movimiento de defensa a la autoridad legítima que los golpistas desconocían. Diecinueve meses después, exactamente el 24 de abril de 1965, militares y civiles Constitucionalistas iniciaron uno de los hechos principales de nuestra historia republicana, derrocando al Gobierno de facto del Triunvirato y enfrentando fuerzas militares de Estados Unidos de América, en un ejemplo que en el mundo podría ser emulado, mas no igualado, donde el pueblo dominicano fue el actor principal, con sus mujeres y hombres luchando hombro con hombro contra los golpistas y contra los interventores.

Este oficial dio muestras que constan en la historia dominicana de apego a la institucionalidad, a la profesionalidad del militar y a la paz; y con los paradigmas de transparencia y honestidad que han constituido parte esencial de la visión de Patria que originó la República Dominicana.

Al celebrarse por tercera vez el Día del Soldado Democrático, a dos años de promulgarse la Ley No.154-08, la Cámara de Diputados se propuso realizar acciones de información, reflexión y divulgación sobre el soldado del pueblo y militar de la libertad que murió el 19 de mayo de 1965, durante un encuentro con tropas norteamericanas, mientras dirigía un asalto al Palacio Nacional, por lo que la historia dominicana resalta el insigne oficial.

Un soldado democrático es aquel que como el coronel Fernández Domínguez fue:

• Defensor de los principios de lealtad y patriotismo.

• Apegado a la institucionalidad de las Fuerzas Armadas.

• Respetuoso de las autoridades legítimamente constituidas.

• Propulsor de la subordinación de los estamentos militares al régimen democrático.

• Ejemplo de seriedad y honestidad.

Los caídos el 19 de mayo de 1965 tenían la firme decisión de alcanzar su objetivo o morir. Los principios que mueven a mujeres y hombres cuando el país lo demanda los unió y la abnegación no tuvo límites. Esgrimieron los articulados de la Constitución liberal de 1963 y sus conquistas sociales, citando entre aquellos principios que “Cada familia dominicana deberá poseer una vivienda propia”. “Se reconoce el derecho de todos los dominicanos a la educación”. “El Estado debe velar por la conservación y protección del individuo y de la sociedad”. Y como última norma en el artículo 93 se lee: “La injerencia de los extranjeros en los asuntos políticos del país es lesiva a la soberanía del Estado. Así mismo, los dominicanos que invocaren gobiernos o fuerzas militares extrañas para la solución de las disputas internas serán declarados violadores de la soberanía nacional y les serán aplicables las penas que la ley establezca”. Es por estos y otros artículos contenidos en la Constitución de 1963 que el pueblo se lanzó a las calles el 24 de abril de 1965 para luchar junto a los militares y policías constitucionalistas.

El pueblo se unió a estos hombres cuando la Patria hizo un llamado a sus hijos y estos guiaron sus pasos por la senda nacional, seguros de que llegarían airosos al final del camino o en cambio alcanzarían la inmortalidad.

El devenir histórico de la República Dominicana ha contado con hombres y mujeres que han sido estandartes de honradez, patriotismo y sacrificio por los mejores intereses del país.

Fernández Domínguez fue un militar con una firme convicción democrática, siendo el inspirador del movimiento militar que buscó restablecer la constitucionalidad perdida en 1963.

Este honorable militar constitucionalista se destacó desde el inicio de su carrera por una vida ejemplar de respeto a la institucionalidad de las Fuerzas Armadas y a su creencia de que sus miembros deben responder a principios claros, definidos y subordinados al respeto del régimen democrático y a las autoridades legítimamente constituidas.

Las acciones y obras de Domínguez y demás jóvenes oficiales y soldados que sacrificaron sus vidas por el retorno a la constitucionalidad y la vida democrática, constituyen una demostración de genuino amor por la libertad del pueblo y ejemplo perenne a las actuales y futuras generaciones de dominicanos y dominicanas que creen en un mejor futuro para todos.

El Estado Dominicano está en el deber de honrar y exaltar los méritos de sus héroes y con ello elevar el sentimiento patriótico y defensa de los mejores intereses y soberanía de la nación.

martes, 18 de mayo de 2010

La ruta patriótica de mañana 19 de Mayo por Raúl Pérez Peña (Bacho)

PANCARTA
ili
columnapancarta@yahoo.com

Hablar del coronel Rafael Fernández Domínguez en momentos en que manchas que no son de petróleo cubren el uniforme militar adquiere una dimensión que obliga a pensar.

Hablar de Juan Miguel y de Euclides Morillo como símbolos del 1J4 cuando el país colapsa por la corrupción imparable hace resistir con optimismo la mugre morada.

Mañana miércoles 19 de mayo es el 45 aniversario de la muerte en combate del coronel Fernández, Juan Miguel Román, Ecluides Morillo, Ilio Capozi, Ramón Tavárez y José Jiménez, mártires del asalto al Palacio Nacional durante la guerra de Abril de 1965.

Hay una ruta del homenaje que comienza en la mañana en el busto de Rafael en el malecón, entre Pina y Estrelleta, auspiciada por la Fundación Fernández Domínguez.

La Ruta sigue a las 5:00 PM en la calle 30 de marzo esquina Abreu, escenario de la caída. La Fundación Testimonio, Inc. hará una ofrenda floral a los héroes que entregaron sus vidas para sacar al país del fango que desde antes nos acogota.

Culminando la ruta en Nueva York, se ha convocado a un acto cultural, con la presentación del documental “Fernández Domínguez, soldado del pueblo y militar de la libertad”. Será mañana miércoles 19 de mayo a las 7:00 PM en el Centro Comunal Tamboril 2005 de Amsterdam Ave. & calle 159, 3er. piso.

Evocar con respeto a estos héroes a partir de su sacrificio, es sumar motivaciones de lucha a las reservas morales del pueblo dominicano.

Cierto que los invalores con nombres y apellidos siguen subiendo su escalera de riquezas, ahora con más poder y radio para la impunidad.

Pero hay señales que dejan atrás cualquier sentimiento pesimista, aunque por momentos surja la necesidad o la conclusión sobre la importancia de que debemos comenzar de nuevo.

Invocar que los procesos históricos evolucionan lentamente no entraña atribuir un marcado retroceso al balance de la situación que hoy vive el pueblo dominicano.

Tampoco la algarabía que exhiba y alimente el cacareo oficialista debe entenderse como expresión de lo “irreversible” de las coordenadas de su crucigrama en el mapa político y moral en este país.

Las elecciones del domingo con una abstención sin precedentes constituyen el presagio de nuevos escenarios en el presente histórico dominicano.

Se impone entonces auscultar los mensajes que emanan de una lectura profunda del acontecer nacional.

viernes, 14 de mayo de 2010

Documental: Coronel Rafael Fernandez Dominguez

Comite de Homenaje A Los Heroes y Heroinas de La Patria
Presenta Documental:
Coronel Rafael Fernandez Dominguez
!! Soldado del Pueblo y Militar de la Libertad!!
El 19 de Mayo de 1965 es la fecha que ningun dominicano debe de olvidar. Ese dia en pleno desarrollo de la Revolucion Constitucionalista cientos de combatientes se dirigieron fusil en mano hacia el Palacio Nacional con la finalidad de tomarlo e instaurar alli al Presidente de la Republica Dominicana En Arma Coronel Francisco Alberto Caamaño. Al frente de la multitud iba el Coronel Rafael Tomas Fernandez Dominguez acompañado de tres combatientes que mucho antes de caer en combate ya se habia casado con la gloria. Ellos fueron:Dr. Juan Miguel Roman, Elio Capoci y el Ing. Euclides Morillo.
En Su Honor
Voces Telefonicas desde la R.D. Arlette Fernandez y Fidelio Despradel
Te invitamos a estar presente este Miercoles 19 de Mayo a las 7:00 PM en el Centro Comunal Tamboril
2005 de Amsterdam Ave y Calle 159 3er piso.

Conversatorio sobre el libro “Trujillo, mi padre en mis memorias”

Invitación

Buenos tardes:
El Archivo General de la Nación tiene a bien invitarle al conversatorio sobre el libro “Trujillo, mi padre en mis memorias”, de Angelita Trujillo, con la participación de los historiadores Bernardo Vega, Euclides Gutiérrez Félix, Mario Bonetti y Roberto Cassá, a celebrarse el jueves 20 de mayo 2010, a las 7:00 PM, en nuestra sede, calle Modesto Díaz # 2, Zona Universitaria, Santo Domingo Distrito Nacional.

Agradecemos sobre manera su asistencia a esta importante actividad

Saludos cordiales,


Osvaldo Soriano
Enc. de Comunicaciones
809-362-1111 Ext. 231
relacionespublicas@agn.gov.do
comunicacionesagn@hotmail.es

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La Corrupción que antecedió a la Revolución de 1965,


http://www.hoy.com.do/areito/2010/4/24/322967/HistoriaLa-Corrupcion-que-antecedio-a-la-Revolucion-de-1965



:



Donald Reid, a la izquierda, y Ramón Cáceres Troncoso, al centro, reunidos con periodistas en el Palacio nacional.
24 Abril 2010, 6:38
Historia

La Corrupción que antecedió a la Revolución de 1965
Escrito por: JESÚS DE LA ROSA

Fue un período interminable, con dificultades de toda suerte, el que les tocó vivir a los dominicanos a raíz del golpe militar que depuso al presidente Juan Bosch, la madrugada del 25 de septiembre de 1963. Una vez consumado el hecho, los coroneles y generales golpistas procedieron a convocar a los dirigentes de los partidos políticos de extrema derecha para proponerles la integración de un gobierno de facto llamado el Triunvirato e integrado por tres miembros: Emilio de los Santos, Manuel Enrique Tavares Espaillat, y Ramón Tapia Espinal.

En noviembre de 1963, los militantes más aguerridos del Partido 14 de Junio (1J4) se levantaron en armas contra los impostores uniformados. La rebelión fue aplastada en cuestión de días por las bien entrenadas tropas anti guerrillas de San Isidro. Manuel Aurelio Tavárez Justo, líder del 1J4, fue fusilado junto a otros de sus camaradas después de rendirse, acogiéndose a unas garantías de respetarle la vida que le fue ofertada por el gobierno.

En protesta por esas ejecuciones, el triunviro Emilio de los Santos renunció, siendo sustituido por Donald Reid Cabral. Días después, también renunció Ramón Tapia Espinal por desavenencias con un altyo jefe militar, siendo nombrado en su lugar Ramón Cáceres Troncoso. Finalmente dimitió el triunviro Manuel Enrique Tavares, y ya no fue nombrado ningún sustituto. Sin embargo, a esa congregación de dos continuó llamándosele ¨ El Triunvirato ¨

Después del golpe septembrino y la derrota de los guerrilleros catorcistas un desaliento soterrado, silencioso se apoderó de la población y un gran número de militantes de la izquierda revolucionaria optaron por inmovilizarse.

La falta de previsión y pericia en el manejo de asuntos de Estado de parte de los “triunviros”tuvo mucho que ver con la crisis económica que afectó al país meses después del derrocamiento del Gobierno del presidente Bosch. Los precios del azúcar se derrumbaron en los mercados internacionales.

El café redujo su contribución al PBI del 13 al 11 por ciento. Una prolongada sequía redujo a niveles considerables la producción agrícola. Se acrecentaron los niveles de importación, llegando a finales de 1963, a un valor que sobrepasaba los 150 millones, el 7% más que el año anterior.

El Gobierno de facto centralizó la economía, lo que motivó un aumento espectacular y costosísimo del aparato burocrático. Aviones de la Fuerza Aérea y naves de la Marina de Guerra eran utilizadas en labores de contrabando de todo tipo de mercancías. Cantinas surtidas con mercancías introducidas en el país sin pagar los impuestos de ley funcionaban en los recintos militares a título de compañías por acciones. Escaseaban las divisas con que se atendían las demandas de compras de repuestos y maquinarias para las industrias. Cientos de empleados y trabajadores eran despedidos.

Las movilizaciones, las huelgas y los paros se sucedían unos tras otros.

Fue en ese ambiente de corrupción, de ilegalidades y de reiteradas violaciones a los derechos de gentes y a las normas de convivencia civilizada que emergió el grupo de militares de carrera liderados por un joven oficial de ideales democráticos y constitucionalistas de nombre Rafael Tomás Fernández Domínguez. Esos nobles soldados de la patria, orientados a la distancia por el depuesto presidente Bosch, dieron al traste con el gobierno de facto, y, a no ser por la grosera intervención militar de los Estados Unidos, en cuestión de días hubiesen restablecido el orden constitucional.

A principios de la primavera de 1965, el coronel constitucionalista Miguel Hernando Ramírez entendió que ya había llegado la hora de deshacerse de una vez y para siempre del Triunvirato. Fijó para el martes 27 de abril de 1965 el inicio de un levantamiento militar contra el gobierno de facto. La asonada habría de comenzar en el Campamento 16 de Agosto, sede de la Cuarta Brigada del Ejército Nacional, a las cinco horas de la madrugada de ese día.

El sábado 24 de abril de 1965 parecía un día como otro cualquiera de los vividos en esos años. Los periódicos ¨ El Listín Diario ¨ y ¨ El Caribe ¨ publicaron en sus primeras planas y en grandes titulares la noticia de que el Consejo Universitario de la UASD responsabilizaba al gobierno de facto del Triunvirato del posible fracaso de la reforma universitaria. También esos dos grandes matutinos de la época se hacían eco de noticias que aludían a unos incendios forestales causados por la sequía que estaba azotando el país. Ese día en el Campamento Militar 16 de Agosto ocurrió un hecho inesperado: el entonces Jefe de Estado Mayor del Ejército Nacional, general de brigadas Marcos Rivera Cuesta, dándole cumplimiento a una orden del gobierno de facto, ordenó el arresto de un grupo de oficiales acusados de conspirar para derrocar al desgobierno de entonces. La reacción de los demás oficiales comprometidos con la sublevación no se hizo esperar.

Por orden expresa del coronel Miguel Hernando Ramírez, el capitán Mario Peña Tavera, al mando de unos cuantos soldados, arrestó a toda la plana mayor del Ejército, incluyendo al general Rivera Cuesta. Minutos después, la voz del José Francisco Peña Gómez tronaba en el programa radial Tribuna Democrática que se trasmitía todos los días a las 1.30 de la tarde por la emisora Radio Comercial para transmitir la noticia del inicio de una revuelta militar para deponer el gobierno de facto del Triunvirato.

El espectáculo de esa tarde del 24 abril era impresionante. Camiones transportando militares sublevados y guaguas del trasporte público abarrotadas de gentes recorrían las principales arterias de la ciudad de Santo Domingo vitoreando la Constitución del 63 y demandando la vuelta al poder sin elecciones del depuesto presidente Juan Bosch. Aquel optimismo desenfrenado se volvió contagioso. Todos esperaban su pronto regreso al país. Antes de caer la tarde, se escenificaron por los alrededores de la televisora estatal los primeros combates entre tropas sublevadas y leales al gobierno de facto. A las 7 de la noche de ese día, Donald Reid, en nombre del gobierno , anunció por una cadena de radio y televisión que el país se encontraba en calma, y que las Fuerzas Armadas seguían leales al Triunvirato por lo que, en interés de evitar innecesarios derramamientos de sangres intimaba a los militares sublevados a deponer su actitud antes de las 5 horas de la mañana. A pesar de ese llamado, cerca de la medianoche del 24 de abril, los militares constitucionalistas volvieron a la acción. Tropas comandadas por el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó asaltaron la Intendencia del Ejército Nacional, a tiempos que otras agrupaciones de militares insurrectos ocupaban los barrios de la zona norte y del centro de la ciudad de Santo Domingo.

La madrugada del 25 de abril de 1965, el triunviro Donald Reid tuvo un amargo despertar. El jefe de la Fuerza Aérea, general de brigadas Juan de los Santos Céspedes, le llamó por teléfono para comunicarle que no estaba dispuesto a bombardear cuarteles militares. Otras llamadas telefónicas le revelaban el nerviosismo reinante en los altos mandos militares de San Isidro. Los políticos comprometidos con el golpe de estado septembrino o se encontraban oculto o ya habían buscado refugio en embajadas extranjeras. Los locales de los partidos políticos de derecha estaban siendo saqueados por turbas armadas que recorrían las calles de Santo Domingo. Alrededor de las 10 de la mañana, unidades blindadas y tropas de infantería penetraron en el Palacio Nacional, en momentos en que los triunviros abandonaban sin rumbo conocido la sede del gobierno. ¡El Triunvirato había sido derrocado!

A las dos de la tarde del 25 de abril de 1965, el doctor Rafael Molina Ureña, en su condición de presidente de la restituida Cámara de Diputados, tomó posesión como Presidente Provisional de la República , en tanto regresara del exilio el depuesto presidente Juan Bosch. Ahí debió terminar todo. Pero, no fue así. Los estrategas militares constitucionalistas no habían previsto que su sublevación iba a convertirse en una guerra civil primero y en una guerra patriótica después. Sus planes contemplaban un rápido alzamiento seguido de la vuelta al poder sin elecciones del depuesto presidente Juan Bosch. No contaban con que una intervención militar de los Estados Unidos llegara a producirse.