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El LISTÍN ante el golpe de Estado al profesor Bosch
Sábado 26 de Septiembre del 2009, actualizado 1:58 AM
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| El LISTÍN ante el golpe de Estado al profesor Bosch |
viernes, 1 de julio de 2011
¡Cuidado, comunistas, que con Trujillo no hay negocio bueno!

http://www.listindiario.com/la-republica/2011/7/1/194178/Cuidado-comunistas-que-con-Trujillo-no-hay-negocio-bueno
EL LEGADO DE UN LÍDER
¡Cuidado, comunistas, que con Trujillo no hay negocio bueno!
JUAN BOSCH CITA PORQUÉ EL DICTADOR PERMITIÓ UN PARTIDO COMUNISTA EN EL PAÍS
Visionario. Juan Bosch advertíaque existía un peligro para los comunistas del país.
Fernando Quiroz
fernando.quiroz@listindiario.com
Santo Domingo
Conocer a sus enemigos en el país y poder aniquilarlos, enviar al mundo la señal de que República Dominicana era un país democrático y detener la denuncia internacional en contra de su régimen, fueron los tres propósitos principales que llevaron al dictador Rafael Leonidas Trujillo a permitir la creación de un partido comunista.
Así lo planteaba Juan Bosch en numerosos artículos publicados por la prensa cubana durante su exilio en los años cuarenta.
“¡Cuidado comunistas!”, “Así es Trujillo, comunistas”, “Trujillo en la picota americana”, son parte de los trabajos compilados por el historiador Luis Céspedes Espinosa, para la Fundación Global Democracia y Desarrollo (Funglode), que lidera el presidente Leonel Fernández.
Bosch respondía el contenido de un folleto de la tiranía que le atribuía a él y otros compañeros que habían estado en un congreso en México, ser “ácratas, comunistas y anarquistas”. También les llamó apátridas y traidores a la Patria.
Eran de esas publicaciones, decía Bosch, de las tantas utilizadas por la dictadura para desacreditar, mediante calumnias, a los que la combatían en el destierro.
Bosch, desde su exilio en Cuba, alertó a los comunistas de América a que se cuidaran del dictador dominicano porque con él no había negocio bueno.
Trujillo, decía, carece de esa elemental dignidad que hace que todo hombre se respete a sí mismo o respete, porque no tiene la inteligencia necesaria para hallar soluciones que no sean violentas.
Además, porque debido a su ignorancia y a la mala calidad de su naturaleza íntima no ha llegado a comprender que el crimen no puede ser norma de relación entre gobernantes y gobernados.
En los años cuarenta hablaban de la desaparición del trujillato y celebraban en La Habana opositores a Trujillo procedentes de Puerto Rico, Venezuela, México y los Estados Unidos.
Diálogo
Citó Bosch en su artículo, que el secretario de Interior y Policía, ñque lo era de lo Exterior, pero que pasó de afuera a adentro con esa taumatúrgica facilidad con que los dictadores lo resuelven todoñ llamó a un abogado y le espetó el siguiente discurso:
-El presidente Trujillo (el jefe, dicen allá) me ha ordenado hablar con usted. Él tiene interés en que usted le sirva en un asunto delicado.
-Usted dirá ñindicó cortésmente el abogado.
-Se trata de que el presidente desea que en el país haya un partido comunista, él mismo me ha dicho que usted es el hombre idóneo para encabezarlo.
-¿Yo, señor? ñpreguntó casi a punto de morir de asombro el abogado.
-Sí, usted. El ‘jefe’ quiere que usted aparezca como director. El partido constará de pocos miembros, amigos de confianza y sacará un periódico que el presidente pagará. Desde luego, nada de propaganda comunista ni de asuntos de huelga o salarios altosÖ ¡Ni de juego! Pero podrá decir lo que quieran de StalinÖ y del ‘jefe’, claro. Además, podrá elogiar al ejército rojo.
Bosch relata que el abogado se quedó sin resuello pues no entendía ni papa de comunismo, que lo sentía mucho, queÖ Total, no aceptó. Entonces fue hecho preso.
“No doblarse a una gestión de Trujillo equivale a rebelarse, y los rebeldes están mejor en prisión o en el cementerio”.
Aunque dijo que ni los comunistas ni los que no lo eran comprendían la nueva jugada de Trujillo, él observaba tres propósitos.
El primero era hacer creer al mundo que en Santo Domingo había un régimen tan democrático y liberal que incluso aceptaba y proclamaba la existencia de un partido comunista.
Consideró que Trujillo ignoraba que eso no era ya ningún título de democracia, pues hasta algunos gobiernos semidictatoriales habían dejado de perseguir a los comunistas desde que se convencieron que no eran los lanzabombas que se pensaba en un tiempo.
Situaba en el segundo fin, detener la propaganda que se le hacía en el exterior. “Ignorante, como es, Trujillo cree que cuantos le atacan son comunistas. ñAl tolerar aquí un partido rojo ñse ha dichoñ, los restos de América no me harán más acusaciones, e incluso, me defenderán de esos desgraciados desterrados que andan por ahí calumniándome miserablemente.
El tercer objetivo era conocer a sus enemigos. Sospechaba el tirano, que si se dejaba funcionar a un partido comunista en el país, todos sus enemigos se agruparían alrededor de esa organización.
“Para él, los que no son trujillistas son agentes de Stalin y fervorosos de Lenin. Así, agrupándolos puede descabezarlos juntos con un solo golpe”.
Entonces, Bosch advertía que existía un peligro. Podía ocurrir, que por no conocer los métodos de Trujillo, algunos comunistas de América calcularan que en esa disposición el tirano, aunque sea interesada, había una oportunidad aprovechable.
“¡Cuidado, comunistas, que con Trujillo no hay negocio bueno!”, gritó.
Espionaje en el extranjero
Se quejaba Bosch en octubre de 1946, que el servicio de espionaje y propaganda que Trujillo sostenía en el extranjero había hecho circular por correo aéreo por islas del Caribe, desde Puerto Rico hasta Cuba, documentos apócrifos para dar la impresión de que la oposición a su régimen estaba carcomida por la discordia y que los líderes estaban movidos exclusivamente por el ideal burocrático. “El Comité Pro Liberación Dominicana tiene pruebas escritas de que los exiliados Juan Bosch, Juan Isidro Jimenes Grullón, Manuel Alexis Liz, Mauricio Báez, Carlos Daniel, Ángel Miolán, Julio César Martínez, Chito Henríquez, Enriquillo Henríquez, Enrique Cutubanamá Henríquez y Pipí Hernández, han entrado en vergonzoso trato con el tirano de la República Dominicana”, indicaba uno de los documentos que Bosch dijo fue redactado burdamente por la tiranía de Trujillo.
Al grupo, que fue llamado traidor, se le atribuía haberle puesto en manos una considerable suma de dinero por el espía trujillista número 7 que había llegado a La Habana. “En las postrimerías de Elie Lescot en Haití, Juan Bosch personalmente recibió de aquel tirano inmundo la suma de $25,000.00 en billetes de banco norteamericano, dinero ese que Bosch dilapidó en viajes inútiles e inversiones de negocios particulares en su propio beneficio”, decía el documento, del que Bosch respondió que el régimen trujillista manejaba espurias armas de descrédito y confusión.
Asesino
Decía que Trujillo era el único dictador latinoamericano que no tenía respeto por sus promesas.
“Norma suya es amnistiar a los presos políticos o invitar a los desterrados para que retornen al país con garantías de toda clase; y también lo es asesinar fríamente a unos y a otros tan pronto los tiene a su alcance”, agregó.
A su juicio, el tirano entendía que quitando del medio a quien él consideraba le mortificaba resolvía el problema.
Que en su ignorancia no se daba cuenta, añadió, de que los regímenes de sangre no pueden perdurar como normas de relación social, porque las sociedades hacen lo que les enseñan y aquellas que ven el crimen establecido como ley, acaban cometiéndolo.
Trujillo en la picota americana
Otra de las reseñas de Bosch se refería a que el Congreso Federal de Venezuela había puesto a Trujillo en la picota de América, denunciando la naturaleza nazifascista de su régimen.
Se comentaba que el país donde más se odiaba a Trujillo, desde luego, era República Dominicana, pero que donde más se le atacaba era Venezuela.
“No hay día de Dios en que la prensa caraqueña no fustigue al dictador de Santo Domingo”, comentó.
MALTRATO A ESPAÑOLES
Juan Bosch registró entre sus escritos que en un congreso nacional de la Casa de la Cultura celebrado en agosto de 1944, se tomaron acuerdos de gran importancia en relación a la persecución y maltrato que el trujillismo estaba dando a la emigración española en República Dominicana. Al encuentro en La Habana asistió el propio Bosch, en su condición de secretario general de la Unión Democrática Antinazista Dominicana, y Ángel Miolán, secretario de prensa y propaganda. Se solidarizaron, porque dominicanos luchaban contra la dictadura de Trujillo, y españoles combatían a Francisco Franco. Coordinaron campañas de publicidad para denunciar los atropellos de Trujillo en la región.
En la última semana de octubre de 1944 celebraron el Congreso de Unidad Democrática Antitrujillista en el que tenían como agenda el derrocamiento de la dictadura de Trujillo por considerar que oprimía al pueblo dominicano, además, el establecimiento de un gobierno democrático provisional. La convocatoria la firmaban Romano Pérez Cabral, presidente de la Unión Democrática Antinazista Dominicana, y Bosch, secretario general.
domingo, 16 de enero de 2011
Una Orgía de sangre en la tierra de Trujillo

http://identidadsanjuanera.blogspot.com/2011/01/una-orgia-de-sangre-en-la-tierra-de.html
Una Orgía de sangre en la tierra de Trujillo
Con cariño para Angela Méndez hija de Prin Ramírez
El asesinato de Nizao y la matanza de El Número. – El tétrico relato de un superviviente. – Un general trujillista, jefe de forajidos del régimen –Cómo ha sido posible describir la maquinaria de terror de la tiranía. – Escenas dantescas de crueldad inaudita.
Por: Juan Bosch
Desde su lecho de hospital en una ciudad de provincias, un joven malherido y quemado, con el alma espantada por el terror pero el corazón templado por la lealtad, iluminó con un relato dantesco la tenebrosa cueva del trujillismo. Ese joven, chofer de camión, logró sobrevivir al abominable crimen de Nizao y a la matanza de El Número, perpretados el primero de junio de este año por el jefe de la aviación dominicana a instancias de su amo y señor, el dictador Rafael L. Trujillo. Asesinado inmediatamente después de haber hecho su macabra historia, Juan Rosario, de 21 años, murió con el triste privilegio de haber sido el único hombre que en veinte años de horrendos crímenes testimonió letra a letra su experiencia. Por primera vez a lo largo del trujillato, una persona supervivía el tiempo necesario para denunciar los métodos con que la maquinaria de terror del tirano ha estado exterminando a los dominicanos y paralizando de miedo a su desamparado pueblo.
El Tigre Ronda en la Sombra:
En la tarde del primero de junio, Juan Rosario atendía a la carga del camión que manejaba, el “ International” placa Núm. 9754, propiedad de Porfirio Ramírez Alcántara, “ su patrón”, según decía. Con cierta prevención, el chofer vió pasar por allí, varias veces, a Augusto María Ferrando, excapitán del Ejército, y recordó que tres días antes ese mismo Ferrando había suplicado a Ramírez Alcántara que lo condujera en su camión, pues se había quedado a pie en el entronque de dos carreteras.
Porfirio Ramírez Alcántara era comerciante, con establecimientos puestos en San Juan de la Maguana, en el sur del país, y en la Capital; desde su almacén de la Capital iba a salir al anochecer de ese día hacia San Juan, con doscientos quintales de harina, un chofer de reemplazo y tres peones; de manera que irían seis hombres en total, a menos que el tal Ferrando pidiera que lo llevaran de nuevo, en cuyo caso serían siete. Pero Ferrando desapareció a poco. En lugar suyo un hombre y una mujer de pueblo suplicaron al dueño que los dejara ir con él. Así, cuando el camión inició su partida, eran ocho los que salían hacía el sur, en un viaje llamado a terminar en la muerte. Ferrando no iba; Ferrando estaba allí cumpliendo su papel de “ chequeador”, como lo había cumplido tres días antes, cuando pidió un puesto en el vehículo con el encargado expreso de conocer desde adentro los movimientos del dueño. Ferrando era la mirada del tigre, que rondaba en las sombras.
Cuatro y medio kilómetros después de haber dejado la ciudad, el “ International” placa Núm. 9754 se detuvo en el puesto de guardia conocido por El Escuadrón. Allí como en todos los puestos similares a lo largo de las carreteras del país, el propietario dió los nombres de las personas que viajaban con él, él número de cédula de identidad de cada uno, marca, placa, capacidad y carga. Ya iba a reanudar viaje, cuando el sargento le pidió que llevara a ocho soldados que debían llegar esa noche a Nizao, un río que cruza entre las ciudades de San Cristóbal y Baní. Los soldados no portaban armas largas, cosa de tomarse en cuenta.
Juan Rosario la tomó, como tomó nota también de la salida de un
“comando”, que se adelantó dos o tres minutos al camión y partió en las sombras de la noche en dirección Sur. En la oscuridad, el
“comando” no se había dejado ver antes. El chofer llamó la atención del patrón. Los dos ignoraban que, tanto como Ferrando, ese vehículo era el tigre que rondaba en la noche.
“ El Patrón Luchaba como un León”
En la entrada del puente de Nizao el “International” se detuvo porque había que comprar el boleto para el cruce, y Ramírez Alcántara recordó a los soldados que debían bajarse, puesto que habían llegado a su destino. “No es aquí; es en la entrada del poblado”, respondió uno por todos. Allí era la criminal cita. Al frenar para dejar en tierra a los ocho soldados, vieron de pronto el “comando” en las sombras
-¡ Muchachos, pie a tierra que estos bandidos nos han puesto una emboscada! - gritó Porfirio Ramírez.
En medio de la noche había distinguido uniformes de oficiales que portaban palos, y los había visto caminar sobre él con el paso aterrador de los felinos. Allí estaban Federico Fiallo, general de brigada y jefe de la aviación; los capitanes Alcántara y Almanzar, del Ejército, y con ellos el excapitán Augusto María Ferrando, el cobarde de “chequeador”. Acercándose a Ramírez Alcántara, el general Fiallo preguntó”
-“¿ Me conoces?”
Ciego de cólera, y seguro de que su hora final había llegado, Porfirio Ramírez, un hombrón de más de doscientas libras, de casi seis pies, valiente hasta la temeridad, respondió:
-¿Cómo no te voy a conocer, asesino?- y agregó de inmediato:
-¿ Es así que matan ustedes a hombres machos?
Federico Fiallo, ejecutor de mil crímenes, no esperaba semejante reacción. Tal vez por eso no atacó antes. Con la rapidez de la centella, Porfirio Ramírez saltó sobre él y le pegó en la quijada; y cuando el orondo general de brigada rodaba por tierra, mientras los soldados encañonaban a choferes, peones y acompañantes, avanzaron los oficiales con los palos en alto. Uno de ellos se lanzó sobre Ramírez. Pero Ramírez le arrebató el tronco y de un solo golpe lo dejó muerto. Dos oficiales más cayeron, abatidos por el brazo vigoroso de aquel hombre que defendía su vida con la fiereza de un héroe.
-El patrón luchaba como un león, doctor – relataba al doctor Víctor Manuel Ramírez hermano de la víctima, horas después, el chofer Juan Rosario.
Porque era un león lo asesinaron. Desde tierra, magullado, humillado por el puño de Porfirio Ramírez, el general Fiallo ordenó que le dispararan. A los tiros cayó el bravo. Con la vehemencia de los saqueadores, antes aún de pensar en recoger los cadáveres de los oficiales muertos a palos de Ramírez, Fiallo y sus soldados se lanzaron a registrar los bolsillos de Ramírez, de donde extrajeron poco más de dos mil dólares; después arrastraron el cuerpo hasta un bosquecillo cercano.
La matanza de los Testigos:
Muerto Porfirio Ramírez Alcántara, cuyo imperdonable delito era ser hermano del general Miguel Angel Ramírez, -el hombre que dirigió en Costa Rica la batalla de San Isidro del General y batió allí a las fuerzas combinadas de la guardia nacional nicaragüense y del partido comunista centroamericano-, quedaban vivos siete testigos de la macabra acción dirigida por el jefe de la aviación trujillista: dos choferes, tres peones, un hombre y una mujer del pueblo.
“ Entonces—contaban en el umbral de la muerte Juan Rosario al atribulado hermano de Ramírez Alcántara - - Fiallo dió órdenes al jefe de los soldados que nosotros mismos habíamos transportados, para que se pusiera a manejar el camión y nos llevara al lugar que ellos sabían”
Ese lugar era El Número, vertiginosa curva en la ladera de las montañas, a cincuenta y cuatro kilómetros del sitio donde quedaba el cadáver de Porfirio Ramírez. Allí había otro “comando”, y, armados de palos, numerosos soldados y oficiales, entre los cuales el chofer Juan Rosario reconoció al capitán Almonte Mayer, al teniente Almánzar, al sargento de la policía nacional Alejandro Méndez, llamado a ser la última víctima del siniestro complot, y a un policía nombrado Horacio. A las Conminatorias voces de los asesinos, los aterrorizados del camión descendieron. Pero no se entregaron sin luchar. “Nos mataban a palos como si fuéramos fieras malas, doctor”, contaba Rosario. Y relató que él vió a la mujer pedir misericordia de rodillas, y caer después con el cráneo destrozado a resultas de un terrible garrotazo; que vió a uno de los peones saltar enloquecido al abismo, tras haber recibido un feroz golpe en la frente.
Tendido allí, como muerto entre los cadáveres, Juan Rosario advirtió que los tomaban uno a uno, los metían en el camión, descargaban el tanque auxiliar de gasolina que llevaban en todos sus viajes, regaban la gasolina sobre los cuerpos y en todo el vehículo, le pegaban fuego y luego empujaban el International hacia el derriscadero. El camión fue cayendo, envueltos en llamas; pero los troncos y los grandes pedruscos lo pararon cuando apenas llevaban veinticinco metros barranco abajo. Vivo y consciente, el chofer Juan Rosario sentía el fuego quemándole las carnes; y no lanzaban un quejido porque sabía que si los monstruos que desde el filo del abismo esperaban que todo quedara consumido por las llamas le oían, iban a rematarlo a tiros. Aunque era parte del complot no disparar, para que no se oyeran las detonaciones, lo harían en última instancia, como lo hicieron en Nizao cuando comprendieron que sólo a fuerza de balas podían liquidar al
“patron”. Así, Juan Rosario prefirió el fuego. Y cuando oyó a los criminales alejarse, se arrastró como pudo, abandonó el humeante montón de hierros y cadáveres y se lanzó a cortar monte, camino de la salvación.
Ese muchacho de 21 años, hombre de pueblo, que tenía en el pecho un corazón de roca, aprovechaba el fúnebre privilegio de superviviente de los millares de crímenes con que Trujillo ha aterrado al país. Antes de ser rematado en el hospital de Baní pocas horas después, su voz apasionada de indignación y de hombría iba a alumbrar la cueva siniestra del trujillato. Por esa voz iba a conocerse pieza a pieza el engranaje de asesinatos y despojos que ha puesto a funcionar la tiranía.
Los Conjurados de la Dignidad:
En la mañana del dos de junio, el doctor Víctor Manuel Ramírez Alcántara, médico que ejercía en San Juan de la Maguana, recibió una llamada telefónica. Un amigo le avisaba que el Cónsul de Suecia, en viaje desde la Capital, acababa de informarle que en la curva de El Número había un camión, el cual ardía con sus ocupantes todavía en la mañana; según el Cónsul, gente del lugar afirmaba que el camión era propiedad de un señor Ramírez de San Juan. El doctor Ramírez Alcántara no había colgado aún el teléfono cuando ya estaba pensando salir hacia El Número. Cuando llegó allí el “International” ardiendo veinticinco metros abajo, en los abismos. Quiso lanzarse en pos de los cadáveres, siquiera; pero tres soldados, un fiscal y un juez se lo impidieron. La indignación cundía entre los campesinos que presenciaban la escena. Uno de ellos se acercó al médico.
-Dicen que en Baní hay un herido. Vaya a verlo, porque a su hermano lo asesinaron éstos -dijo señalando hacia los soldados.
Una hora después, el doctor Ramírez Alcántara estaba en el hospital de Baní, la ciudad donde el buen destino de Cuba quiso que naciera su libertador. Valiéndose de toda suerte de argucias, se acercó al herido. Era Juan Rosario, malamente golpeado en la cabeza, quemado y pálido de angustia.
-¡Doctor, anoche mataron al patrón! -dijo el muchacho.
Y tratando que no le oyeran las enfermeras, hizo el tremendo relato del espantoso crimen de Nizao. No olvidó un detalle. El sabía que estaba condenado a muerte, y no precisamente por sus heridas, pues el doctor Ramírez Alcántara calculó que podía curar en cuarenta días, sino porque la bárbara cuadrilla que Trujillo mandó a la masacre volvería por él. El grave error tenía que ser subsanado cuanto antes. Lo fue. Dos horas después, Juan Rosario sería ultimado en la misma cama donde hizo la trágica denuncia.
Y con ella, el médico volvió a Nizao en busca del cadáver de su hermano. No estaba, aunque se veían por allí charcos de sangre. Un viejo campesino le contó que en la alta noche había oído tiros y que un nieto suyo había visto al amanecer el cuerpo de un hombre. Estando allí oyó referir que en las cercanías de Baní enterraban un hombre. Corrió allá; pero el muerto no era su hermano, sino el peón que al golpe del madero con que se le asesinaba había saltado al fondo del abismo, en un grotesco y terrible salto mortal.
Por donde se moviera, el médico hallaba gente de pueblo acumulando detalles. Había en medio del terror una conjura, la de la dignidad; y anónimamente todo el que podía se enrolaba en ella. Nadie quería que por cobardía suya quedara en las sobras la triste hazaña del tirano. El último en formar fila entre los conjurados de la dignidad fue el sargento Alejandro Méndez. Llegó a la consulta del doctor Ramírez y contó su tortura: él había participado en el crimen, aunque no a conciencia. Estando en su puesto en San Juan, a prima noche del jueves día primero, había recibido órdenes de hacerse acompañar de un policía y trasladarse en un “ comando” al lugar que se le indicara. El “comando” pasó a recogerlo; iban montándolo el Capitán Almonte Mayer, el teniente José de las Cruz Almánzar y varios números. Ya en El Número, se detuvieron a esperar, hasta que asomó por la curva el camión que poco antes había sido el instrumento de trabajo de Porfirio Ramírez.
-Su hermano no estaba en él, doctor; lo habían matado en Nizao, según dijeron después los soldados que venían en el camión. Nos dieron orden de asesinar a los peones, a los choferes, a una pobre mujer... A usted van a matarlo también. Cambie de aposento, porque lo vigilan.
En la cueva del Monstruo:
En Santo Domingo es tradicional que entre los Ramírez de San Juan el valor se da silvestre; y el médico Víctor Manuel y su hermana Genoveva viuda de Iriarte no iban a ser excepción en la familia. Con toda entereza se dieron a denunciar el crimen de esquina en esquina. Conocían al dedillo cada paso de los asesinos; habían tenido la amarga fortuna de descubrir los hilo del complot. Colérico, Trujillo ordenó que se les llamara a la Capital. El Procurador General de la Nación – equivalente al Ministro de Justicia en otros países -los hizo llevar a su despacho para pedirles cuenta. Ellos estaban haciendo rodar el rumor de que el Gobierno había asesinado a su hermano, y eso tenía una grave pena según ellos no ignorarían. El doctor Víctor Manuel Ramírez y su hermana Genoveva supieron responder:
-Nosotros no acusamos a nadie; simplemente relatamos los pormenores, tal como nos fueron comunicados por una de las víctimas antes de morir.
El productor General no esperaba esa respuesta; ni podía sospechar que puestos en procura de datos, los hermanos del muerto principal en aquella sangrienta orgía del trujillato sabían más cosas de las que convenían al régimen. Por ejemplo, que el martes treinta de mayo el general Fiallo y el ex capitán Ferrando habían llegado a San Juan en avión, habían hablado más de dos horas con el jefe de la guarnición, y habían preparado los detalles del crimen; sabían los nombres de todos los oficiales que tomaron parte de la triste acción y la forma en que actuó cada uno. Además, a la hora de su entrevista con el Procurador General, no había aparecido el cadáver de Porfirio Ramírez y un cadáver no puede perderse misteriosamente sin que haya complicidad de las autoridades.
Cogido en la trampa de su legalismo, el funcionario no tuvo más remedio que iniciar un proceso y desde luego, avisar a Trujillo. La próxima llamada que recibió el doctor Ramírez Alcántara, partió del Palacio presidencial. Allí le tocó ver de frente al monstruo. Allí oyó a Trujillo hacer protestas de inocencia, asegurar que el general Fiallo había obrado sin órdenes suyas, afirmar que la justicia de su régimen caería
Angela Mendez
Jose Enrique, se que eran muchos los revolucionarios de los años 50, porque los recuerdo a casi todos, porque vivi en carne propia esa epoca, pues mi padre al que no conoci era Porfirio Ernesto Ramirez Alcantara ( Prin) el comerciante que desaparecieron en el Número entre Azua y BANI,el nombre de mi hermano (hijo de Prin) es Angel Bienvenido Ramirez Mendez, se quedó sin nombrar a mi tio Quirico Mendez el cual participó activamente en contra de regimen, fue preso torturado en la 40, luego en la Victoria. gracias mil por ese trabajo tan lindo que estas haciendo........
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Damocles Méndez Rosado La familia Ramirez,como lo señala Angela Mèndez, aportò con el sacriificio de sus familiares el precio de la libertad del pueblo dominicano.El asesinato de Prim Ramirez no tiene ejemplo en la regiòn.Esa familia de los Ramirez,de la rama de doña Miminye,de la calle Mella,militò en la resistencia antitrujillista,Fueron a la 40 y torturados,es el caso de Quirico,de Babi...Quirico fue de los primeros que organizò el 1J4 en San Juan,en la calle Colon y luego en la Trinitaria y recibió a Manolo en el Hotel Maguana.
Tambien Angela: una dama de los Ramirez Méndez se casó con un veterano antitrujillista ,me parece que con Josue o con Florisel Erickson.Quirico y Babi están en el libro titulado COMPLOT DEVELADO, con las fotos de ambos,tambien esta parte de los Rami↓ez esta ligada a otros heroes y martires de gestas gloriosas como es el caso de José Horacio Rodriguez , comandante de la expediciòn del 59.y tambien se vinculan a la linea de Manolo Tavarez mediante la unión de un hijo de Josè Horacio Rodriguez con una hija de Manolo.Es decir hay un vinculo entre luchadores antitrujillistas,Juancito Rodriguez,Josè Horacion Rodriguez.Miguel Angel Ramirez,su hija y los nietos de Manolo son los nietos de Josè Horacio.Ademas recordar la muerte de UNITO Ramirez por los esbirros trujillista.
Publicado por Portal Identidad sanjuanera en domingo, enero 09, 2011
domingo, 26 de septiembre de 2010
El último día del presidente Bosch
Este trabajo sobre el presidente Juan Bosch está basado en el libro “El golpe de estado”, del autor.
APORTE
25 Septiembre 2010, 6:52 PM
El último día del presidente Bosch
Escrito por: MIGUEL GUERRERO
Fabio Herrera Cabral, de 55 años, viceministro de la Presidencia, aprovechaba el feriado de Las Mercedes para compartir en su casa con unos amigos periodistas, cuando recibió una llamada de Bosch, que a esa hora, las cuatro de la tarde, se encontraba en su despacho, trabajando como un día normal. El mandatario quería que Herrera enviara en su nombre un telegrama al presidente de México, solicitando el envío de técnicos petroleros al país. Este era uno de los acuerdos alcanzados durante el reciente viaje del Presidente dominicano a la nación azteca.
El viceministro no volvió a tener contacto con Bosch hasta las 10:30 de la noche, cuando recibió otra llamada, ésta del coronel Calderón, reclamando su presencia inmediata en el Palacio. Herrera residía cerca de la Presidencia, por lo que llegó en minutos.
Bosch estaba rompiendo unos papeles y tenía algo escrito de puño y letra sobre su escritorio, cuando Herrera hizo entrada en su despacho. Bosch le preguntó si podía ayudarle haciendo un decreto. El viceministro le respondió que si era necesario podía hacer llamar al Consultor Jurídico.
- ¡No, hazlo tú!--, le ordenó.
Se trataba de una disposición destituyendo a un oficial de la Fuerza Aérea, cuyo espacio para el nombre debía quedar vacío. Herrera fue a la Consultoría Jurídica, tomó papel de cabecilla del Presidente y en su oficina, él mismo, mecanografió la medida. Cuando llevó el papel ante Bosch éste le dio el nombre del coronel Elías Wessin y Wessin para que llenara el espacio en blanco.
Bosch inició una conversación para saber si él había asistido esa noche a la recepción en honor al vicealmirante Ferrall, a lo que respondió negativamente. En esa fiesta, dijo Bosch, se había estado conspirando.
Herrera quiso aprovechar la oportunidad para analizar con el Presidente los efectos del decreto. A su juicio era un error. Bosch quería saber ¿por qué lo era? Herrera sugirió un traslado, porque la destitución de esa manera podía malquistarle con los mandos de las Fuerzas Armadas.
- De modo que el poder presidencial tiene sus limitaciones.
- Sí, señor Presidente, especialmente si es alguien como usted, respetuoso de las leyes.
- Entonces, no debo seguir siendo Presidente si tengo esas limitaciones.
Acto seguido, se inclinó sobre el papel que estaba escrito de su puño y letra y estampó su firma. Era su renuncia, que comenzó a leer a Herrera, en momentos en que entraba el coronel Calderón, quien se quedó de una pieza, de pie, escuchando, después de lo cual salió para regresar al instante acompañado del general Viñas Román. Bosch volvió a leer el escrito de una sola página y Herrera musitó a Viñas que “esto no puede permitirse”. El ministro le susurró: “Tú sabes que este hombre es muy terco”.
Los momentos siguientes fueron decisivos para la suerte del régimen inaugurado hacía siete meses, el 27 de Febrero de 1963. Al despacho del Presidente fueron llegando ministros y colaboradores. Cerca de la medianoche estaban ya los jefes militares que él había citado. Los civiles fueron invitados a abandonar el salón y Bosch se encerró con Viñas y los jefes de Estado Mayor del Ejército y la Marina. Otros altos oficiales esperaban ansiosos en el otro extremo del edificio.
El general Miguel Atila Luna Pérez, jefe de la Fuerza Aérea, estuvo gran parte del día en una pequeña finca de su propiedad en Manoguayabo, donde, a través de una llamada por radio, fue enterado de que tenía lugar una importante conferencia del mandatario con los demás jefes militares. Luna dio inicial credibilidad a las versiones de que estaba teniendo lugar una confabulación contra su cuerpo, con el apoyo de las otras ramas, para destituirle. Fue inmediatamente a la base aérea y estableció comunicación con Viñas Román, quien le confirmó que tenía lugar, en esos momentos, una reunión de jefes de Estado Mayor con el Presidente.
- ¿Entonces yo no soy más el jefe de Estado Mayor de la Fuerza Aérea?
- Sí lo eres-, se apresuró a contestarle Viñas.
- ¿Y entonces?
- ¡Ven de inmediato a la reunión!
Luna le dijo que en esas condiciones no iría y el ministro insistió diciéndole que Bosch estaba decidido a sacar a Wessin de las Fuerzas Armadas. El jefe de la Fuerza Aérea, que estaba molesto por la cancelación en julio del mayor Rolando Haché y del capellán Marcial Silva, respondió que no aceptaba esa imposición. El problema era delicado, comentó Viñas, ya que el Presidente estaba dispuesto a renunciar si no lograba destituir al comandante del CEFA. Luna le dijo:
- Renunciar no, ¡preso!
Y entonces decidió enviar, en su lugar, a dos altos oficiales, los coroneles Antonio Alvarez Albizu y Guarién Cabrera, para mantenerse al tanto de la marcha de los acontecimientos. Entretanto, los jefes militares continuaban tratando de disuadir a Bosch de su renuncia. Molesto, el Presidente los echó del despacho con estas palabras:
- ¡Si no puedo destituir a un coronel de la Fuerza Aérea, lo mejor es que me vaya!
Sin saber cómo proceder, los generales se retiraron a discutir la situación y buscar medios para hacer entrar en razón al mandatario. Una veintena de oficiales de alta graduación esperaban allí impacientes.
El capitán Juan Oscar Contín (Johnny), comandante de la Compañía de Infantería del Batallón Blindado adscrito al CEFA, procedía a cambiarse de ropas en su residencia del barrio de oficiales de San Isidro, cuando escuchó el encendido de los motores de los tanques. Volviéndose hacía Rocío, su esposa, comentó con un profundo tono de preocupación:
- Creo que esta noche pasará algo grande. Contín, el mismo oficial que unos meses atrás había rebatido a Bosch la conveniencia de vender los armamentos blindados, se vistió a toda prisa con traje de faena y se presentó , a pesar de que era su día de asueto, a su comando. Pasaría todo el resto de la noche en compañía de otros oficiales bajo el mando del teniente coronel Gildardo Aquiles Pichardo Gautreaux, escuchando los informes por radio de la Policía, dando cuenta del arresto, ya en la madrugada, de ministros y dirigentes del PRD.
Los jefes militares hicieron un intento por convencer a Bosch de que desistiera de su idea de renunciar a la presidencia. Después de parlamentar largo rato en el despacho de Viñas, ordenaron al coronel Calderón volver donde el mandatario a fin de que depusiera su actitud y se buscara una fórmula para salvar la situación. Bosch estaba empecinado en renunciar y cuando el viceministro Herrera le dijo que sólo podía hacerlo ante la Asamblea Nacional, reunión conjunta de las dos cámaras legislativas, Bosch le urgió a que se convocara al Congreso. Fue el inicio de una serie de llamadas que tenían por objetivo conseguir de inmediato la reunión de los senadores y diputados en las primeras horas de ese día. Ya era de madrugada y al despacho presidencial seguían llegando ministros y colaboradores.
En el ínterin, el jefe del Ejército, general Hungría Morel, llamó al coronel Tapia Cessé, que había quedado de servicio en el campamento 27 de Febrero, para darle un reporte de la situación. El oficial debía tomar las previsiones como subjefe de Estado Mayor, en caso de una crisis. Tapia Cessé le hizo un comentario a su superior acerca de la conveniencia de que se hiciera desistir a Bosch.
- ¡Vamos a ver qué se hace!--, fue su lacónica respuesta.
Los coroneles Alvarez Albizu y Guarién Cabrera, enviados al Palacio Nacional por el general Luna, llegaron al despacho del Presidente cuando los jefes militares hacían un nuevo intento para que Bosch desistiera de su renuncia. Tenían instrucciones de ofrecer telefónicamente un panorama de la situación a su jefe de Estado Mayor. Los dos coroneles informaron al general Luna que habían notado cierta indecisión en la postura de Bosch, y aquel les recordó que debían advertirles a los generales que si no se decidían a hacer preso al Presidente “la aviación bombardearía de inmediato el Palacio”.
Finalmente, los militares comunicaron alrededor de las dos de la madrugada a Bosch que ya no era el Presidente.
El general Hungría Morel telefoneó nuevamente al coronel Tapia Cessé para instruirle que comunicara a todas las dependencias del Ejército que Bosch había “renunciado” y que las Fuerzas armadas se habían hecho cargo de la situación “hasta que amaneciera”.
La noticia se difundió rápidamente por el comando a cargo de la seguridad del Palacio Nacional. El capitán Lachapelle Suero y el teniente Piantini estaban todavía bajo el almendro viendo llegar oficiales y civiles, cuando una unidad de cinco tanques procedente de San Isidro, al mando de la cual se hallaba el mayor Grampolver Medina, entró al recinto. El teniente Almánzar formaba parte de la dotación.
Les llegó la noticia de que el coronel Fernández Domínguez creía que había llegado la hora de actuar. Piantini, consciente de que no poseía mando alguno, entró a su cuarto y se puso a llorar.
Aproximadamente a las tres de la madrugada del 25 de septiembre, se presentó a las puertas del Palacio Nacional el Oficial Mayor de la casa presidencial, Darío Brea, un funcionario muy competente que gozaba del aprecio personal del jefe del Estado.
Fabio Herrera había mandado a buscarle para que mecanografiara la carta de renuncia que Bosch escribiera de su puño y letra horas antes, para ser presentada más tarde al Congreso.
Después de superar algunas dificultades con los soldados de seguridad, Brea logró establecer desde la puerta comunicación con Herrera. El viceministro llamó de inmediato al despacho de Viñas Román para que se le permitiera la entrada. El general le respondió: Vamos don Fabio, ya no se puede. No hay gobierno.
viernes, 4 de junio de 2010
lunes, 3 de mayo de 2010
La anomia de la política dominicana. Silvio Herasme Peña
La anomia de la política dominicana
Silvio Herasme Peña - 5/2/2010
Durante años el doctor Juan Isidro Jimenes Grullón insistía en que la sociedad dominicana padecía de una especie de anomia, y en otras ocasiones los males del país lo señalaba como “arritmia historica”.
Los juicios del doctor Jimenes Grullón han quedado un poco en el olvido porque su apoyo al golpe de Estado que derrocó el gobierno constitucional de Juan Bosch en septiembre de 1963.
Lo divorció del sentimiento de las masas del país.
Pero recordando un poco a aquel coloso de la política dominicana que se dejó enceguecer por su pasión anti-bosch como para no ver los verdaderos males de la sociedad, debe ser recordado en sus aportes a la historiografía dominicana a pesar de sus resabios sobre la figura gloriosa de Juan Pablo Duarte.
Y traigo estos viejos recuerdos a la actualidad por lo que estoy leyendo de algunos articulistas y politólogos criollos que no parecen entender todavía la matriz del recorrer ideológico, táctico y politico de la sociedad dominicana y se le quiere atribuir a esos hechos una ideología que nunca tuvieron.
La conspiración de 1960, matriz del 1j4, fue una compleja unión de elementos anti-trujillista en donde no estaba singularmente señalada la ideología del movimiento, por la sencilla razón de que había entre ellos personajes variopintos que ostentaban creencias muy diferentes. Desde católicos ortodoxos hasta marxista pro-Mao y pro-URSS.
Por ejemplo, alguien puede decir que Minerva Tavárez Justo era socialista? o que el Movimiento Revolucionario 14 de Junio de 1960 buscaba una revolución socialista (otra Cuba) en República Dominicana? Luego del derribamiento del gobierno de Bosch cada quien tomó el camino que cosideró más a tono con sus sentimientos y el 1j4 se radicalizó en la figura de Manolo Tavárez Justo, quien en una entrevista en el 1962 se definió solamente como “un nacionalista”. No habló de marxismo.
La consigna de la guerrilla del 14 de Junio de 1963 fue para reponer el gobierno constitucional derrocado el 25 de septiembre anterior.
No se habló de socialismo.
En la revolución de Abril de 1965 no se enarboló la ideología de izquierda, sino el “retorno a la constitucionalidad sin elecciones”.
Quien dijo que el moviminto de abril era comunista fue el gobierno de Lyndon B. Johnson para justificar su intervención militar.
Entonces, si vemos claro que todas las consignas de los movimientos políticos al final de Trujillo y posterior a la tiranía, han enarbolado como consignas el “orden constitucional”.
Y nadie puede refutar que desde el 1965 se ha observado en la forma, y en el fondo, el principio de elecciones cada cuatro años.
Entonces: quién quiere robarle la memoria histórica a quién? La sola excepción de la guerrilla de Caamaño de 1973 podría calificarse como un esfuerzo de izquierda en toda su extensión, pero nunca se formó en el país un movimiento político que continuara los principios de Caamaño por lo que su sacrificio se quedó solo en un esfuerzo glorioso de aportar lo mejor de su vida a la nación.
Ahora lo que vemos es que Claudio es coronel, aunque retirado.
Me temo que ahí reside la anomia de la política dominicana que decía Juan Isidro Jimenes Grullón.
Es decir nuestra enfermedad que responde “a un conjunto de situaciones que derivan de las normas sociales o de su degradación”.
Nadie -al menos que yo conozcaha hecho el esfuerzo intelectual de intentar sugerir qué habría pasado en el país si el golpe a Bosch no se da o si se frustraba. Sabiendo que Bosch no se iba a reelegir…¿quién o qué vendría atrás?.
Es cierto que es necio hablar de lo que pudo haber sido y no fue, pero es bueno idealizar lo que habría ocurrido si la voluntad del pueblo se hubiese cristalizado. Pensar, por ejemplo, ¿adónde íbamos?.
Y de esa frustración fue que vino la lucha; fue que vino la resistencia al gobierno autocrata y conservador de Joaquín Balaguer y por lo que muchos pagaron con su vida, con el exilio o con la cárcel.
Esa experiencia horrible y dolorosa galvanizó nuestro espíritu y se le dio el frente a los males que se abatían sobre el país. Es por eso -quiérase que no- que hoy sí vivimos un gobierno constitucional –con sus altas y sus bajas- pero existe el contexto en que todos podemos coincidir o disentir.
Y eso, creo yo, es el resultado de una lucha que comenzó durante el trujillismo y terminó en el gobierno de don Antonio Guzmán, forjador sin duda, de un proceso político que se ha estado perfeccionando, si bien aún queden muchas aristas por limar.
La anomia no nos debe acabar por siempre. Creo que ese es el reto de hoy.
lunes, 22 de febrero de 2010
Carta de Juan Bosh sobre tema Haití-Dominicana
Enviado por ei en Febrero 21, 2010 – 5:16 am
La Habana, 14 de junio de 1943.
Mis queridos Emilio Rodríguez Demorizi, Héctor Incháustegui y Ramón Marrero Aristy:
Ustedes se van mañana, creo, y antes de que vuelvan al país quiero escribirles unas líneas que acaso sean las últimas que produzca sobre el caso dominicano como dominicano. No digo que algún día no vuelva al tema, pero lo haré ya a tanta distancia mental y psicológica de mi patria nativa como pudiera hacerlo un señor de Alaska. En primer lugar, gracias por la leve compañía con que me han regalado hoy; la agradezco como hombre preocupado por el comercio de las ideas, jamás porque ella me haya producido esa indescriptible emoción que se siente cuando en voz, en el tono, en las palabras de un amigo que ha dejado de verse por mucho tiempo se advierten los recuerdos de un sitio en que uno fue feliz. Acaso para mi dicha, nunca fui feliz en la República Dominicana, ni como ser humano ni como escritor ni como ciudadano; en cambio sufrí enormemente en todas esas condiciones.
Hoy también he sufrido…Pues de mi reunión con Uds. he sacado una conclusión dolorosa, y es ésta: la tragedia de mi país ha calado mucho más allá de donde era posible concebir: La dictadura ha llegado a conformar una base ideológica que ya parece natural en el aire dominicano y que costará enormemente vencer; si es que puede vencerse alguna vez. No me refiero a hechos concretos relacionados con determinada persona; no hablo de que los dominicanos se sientan más o menos identificados con Trujillo, que defiendan o ataquen su régimen, que mantengan tal o cual idea sobre el suceso limitado de la situación política actual en Santo Domingo; no, mis amigos queridos: hablo de una transformación de la mentalidad nacional que es en realidad incompatible con aquellos principios de convivencia humana en los cuales los hombres y los pueblos han creído con firme fe durante las épocas mejores del mundo, por los que los guías del género humano han padecido y muerto, han sufrido y se han sacrificado. Me refiero a la actitud mental y moral de Uds. – y por tanto de la mejor parte de mi pueblo – frente a un caso que a todos nos toca: el haitiano.
Antes de seguir desearía recordar a Uds. que hay una obra mía, diseminada por todo nuestro ámbito, que ha sido escrita, forjada al solo estimulo de mi amor por el pueblo dominicano. Me refiero a mis cuentos. Ni el deseo de ganar dinero ni el de obtener con ellos un renombre que me permitiera ganar algún día una posición política o económica ni propósito bastardo alguno dio origen a esos cuentos. Uds. son escritores y saben que cuando uno empieza a escribir, cuando lo hace como nosotros, sincera, lealmente, no lleva otro fin que el de expresar una inquietud interior angustiosa y agobiadora. Así, ahí está mi obra para defenderme si alguien dice actualmente o en el porvenir que soy un mal dominicano. Hablo, pues, con derecho a reclamar que se me oiga como al menos malo de los hijos de mi tierra.
Los he oído a Uds. expresarse, especialmente a Emilio y Marrero, casi con odio hacia los haitianos, y me he preguntado cómo es posible amar al propio pueblo y despreciar al ajeno; cómo es posible querer a los hijos de uno al tiempo que se odia a los hijos del vecino, así, sólo porque son hijos de otros. Creo que Uds. no han meditado sobre el derecho de un ser humano, sea haitiano o chino, a vivir con aquel mínimo de bienestar indispensable para que la vida no sea una carga insoportable; que Uds. consideran a los haitianos punto menos que animales, porque a los cerdos, a las vacas, a los perros no les negarían Uds. el derecho de vivir…
Pero creo también – y espero no equivocarme – que Uds. sufren una confusión; que Uds. han dejado que el juicio les haya sido desviado por aquéllos que en Haití y en la República Dominicana utilizan a ambos pueblos para sus ventajas personales. Porque eso es lo que ocurre, amigos míos. Si me permiten he de explicárselo: El pueblo dominicano y el pueblo haitiano han vivido desde el Descubrimiento hasta hoy – o desde que se formaron hasta la fecha – igualmente sometidos en términos generales. Para el caso no importa que Santo Domingo tenga una masa menos pobre y menos ignorante. No hay diferencia fundamental entre el estado de miseria e ignorancia de un haitiano y el de un dominicano, si ambos se miden, no por lo que han adquirido en bienes y conocimientos, sino por lo que les falta adquirir todavía para llamarse con justo título, seres humanos satisfechos y orgullosos de serlo. El pueblo haitiano es un poco más pobre, y debido a esa circunstancia, luchando con el hambre, que es algo más serio de lo que puede imaginarse quien no la haya padecido en sí, en sus hijos y en sus antepasados, procura burlar la vigilancia dominicana y cruza la frontera; si el caso fuera al revés, sería el dominicano el que emigraría ilegalmente a Haití. El haitiano es, pues, más digno de compasión que el dominicano; en orden de su miseria merece más que luchemos por él, que tratemos de sacarlo de su condición de bestia. Ninguno de Uds. sería capaz de pegar con el pie a quien llegara a sus puertas en busca de abrigo o de pan: y si no lo hacen como hombres, no pueden hacerlo como ciudadanos.
Ahora bien, así como el estado de ambos pueblos se relaciona, porque los dos padecen, así también se relacionan aquéllos que en Santo Domingo igual que en Haití explotan al pueblo, acumulan millones, privan a los demás del derecho de hablar para que no denuncien sus tropelías, del derecho de asociarse políticamente, para que no combatan sus privilegios, del derecho de ser dignos para que no echen por el suelo sus monumentos de indignidad. No hay diferencia fundamental entre los dominicanos y los haitianos de la masa; No hay diferencia fundamental entre los dominicanos y los haitianos de la clase dominante.
Pero así como en los hombres del pueblo en ambos países hay un interés común – el de lograr sus libertades para tener acceso al bienestar que todo hijo de mujer merece y necesita -, en las clases dominantes de Haití y Santo Domingo hay choques de intereses, porque ambas quieren para sí la mayor riqueza. Los pueblos están igualmente sometidos; las clases dominantes son competidoras. Trujillo y todo lo que él representa como minoría explotadora desean la riqueza de la isla para sí; Lescot y todo lo que él representa como minoría explotadora, también. Entonces, uno y otro – unos y otros, mejor dicho – utilizan a sus pueblos respectivos para que les sirvan de tropa de choque: esta tropa que batalle para que el vencedor acreciente su poder. Engañan ambos a los pueblos con el espejismo de un nacionalismo intransigente que no es amor a la propia tierra sino odio a la extraña, y sobre todo, apetencia del poder total. Y si los más puros y los mejores entre aquéllos que por ser intelectuales, personas que han aprendido a distinguir la verdad en el fango de la mentira se dejan embaucar y acaban enamorándose de esa mentira, acabaremos olvidando que el deber de los más altos por más cultos no es ponerse al servicio consciente o inconsciente de una minoría explotadora, rapaz y sin escrúpulos, sino al servicio del hombre del pueblo, sea haitiano, boliviano o dominicano.
Cuando los diplomáticos haitianos hacen aquí o allá una labor que Uds. estiman perjudicial para la República Dominicana, ¿saben lo que están haciendo ellos, aunque crean de buena fe que están procediendo como patriotas? Pues están simplemente sirviendo a los intereses de esa minoría que ahora está presidida por Lescot como ayer lo estaba por Vincent. Y cuando los intelectuales escriben – como lo ha hecho Marrero, de total motu proprio según él dijo olvidando que no hay ya lugar para el libre albedrío en el mundo – artículos contrarios a Haití están sirviendo inconscientemente – pero sirviendo – a los que explotan al pueblo dominicano y lo tratan como enemigo militarmente conquistado. No, amigos míos… Salgan de su ofuscación. Nuestro deber como dominicanos que formamos parte de la humanidad es defender al pueblo haitiano de sus explotadores, con igual ardor que al pueblo dominicano de los suyos. No hay que confundir a Trujillo con la República Dominicana ni a Lescot con Haití. Uds. mismos lo afirman, cuando dicen que Lescot subió al poder ayudado por Trujillo y ahora lo combate. También Trujillo llevó al poder a Lescot y ahora lo ataca. Es que ambos tienen intereses opuestos, como opuestos son los de cada uno de los de sus pueblos respectivos y los del género humano.
Nuestro deber es, ahora, luchar por la libertad de nuestro pueblo y luchar por la libertad del pueblo haitiano. Cuando de aquél y de este lado de la frontera, los hombres tengan casa, libros, medicinas, ropa, alimentos en abundancia; cuando seamos todos, haitianos y dominicanos, ricos y cultos y sanos, no habrá pugnas entre los hijos de Duarte y de Toussaint, porque ni estos irán a buscar, acosados por el hambre, tierras dominicanas en qué cosechar un mísero plátano necesario a su sustento, ni aquéllos tendrán que volver los ojos a un país de origen, idioma y cultura diferentes, a menos que lo hagan con ánimo de aumentar sus conocimientos de la tierra y los hombres que la viven.
Ese sentimiento de indignación viril que los anima ahora con respeto a Haití, volvámoslo contra el que esclaviza y explota a los dominicanos; contra el que, con la presión de su poder casi total, cambia los sentimientos de todos los dominicanos, los mejores sentimientos nuestros, forzándonos a abandonar el don de la amistad, el de la discreción, el de la correcta valoración de todo lo que alienta en el mundo. Y después, convoquemos en son de hermanos a los haitianos y ayudémosles a ser ellos libres también de sus explotadores; a que, lo mismo que nosotros, puedan levantar una patria próspera, culta, feliz, en la que sus mejores virtudes, sus mejores tradiciones florezcan con la misma espontaneidad que todos deseamos para las nuestras. Hay que saber distinguir quién es el verdadero enemigo y no olvidar que el derecho a vivir es universal para individuos y pueblos. Yo sé que Uds. saben esto, que Uds., como yo, aspiran a una patria mejor, a una patria que pueda codearse con las más avanzadas del globo. Y no la lograremos por otro camino que por el del respeto a todos los derechos, que si están hoy violados en Santo Domingo no deben ofuscarnos hasta llevarnos a desear que sean violados por nosotros en lugares distintos.
Yo creo en Uds. Por eso he sufrido. Creo en Uds. hasta el hecho de no dolerme que Marrero mostrara a Emilio el papelito que le escribí con ánimo de beneficiarlo y sin ánimo de molestar ni por acción ni por omisión a Emilio. En todos creo, a todos los quiero y en su claro juicio tengo fe. Por eso me han hecho sufrir esta tarde.
Pero el porvenir ha de vernos un día abrazados, en medio de un mundo libre de opresores y de prejuicios, un mundo en que quepan los haitianos y los dominicanos, y en el que todos los que tenemos el deber de ser mejores estaremos luchando juntos contra la miseria y la ignorancia de todos los hombres de la tierra. Mándenme como hermano y ténganme por tal.
Juan Bosch.
(En: Para la historia, dos cartas, Santiago, República Dominicana. Editorial el Diario, 1943, pp. 3-8)
-Juan Emilio Bosch y Gaviño (La Vega, 30 de junio de 1909 – Santo Domingo 1 de noviembre de 2001). Ensayista, cuentista, novelista y político dominicano. Fue el primer Presidente Constitucional de la República Dominicana elegido democráticamente luego de la muerte del dictador Rafael Trujillo en 1961. Fundó el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) en 1939 y el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) en 1973.
-FUENTE: cubadebate
sábado, 26 de septiembre de 2009
Hace 46 años fue derrocado Bosch y eliminado el ensayo de democracia
SANTO DOMINGO, DN.- Este viernes, 25 de septiembre, se cumplen 46 años del derrocamiento del presidente Juan Bosch.
Bosch, un intelectual que se había marchado al exilio y vivió en Venezuela y Cuba, impulsó reformas políticas y económicas, auspiciando la aprobación de una Constitución liberal.
dolos a comprar equipos costosos para ganar comisiones ocultas; la libertad de participación para todas las ideologías y partidos (incluso los comunistas), el intento de reforma agraria, más las leyes laborales con tendencia a proteger los derechos de los obreros, terminaron por dar la excusa que necesitaban los conspiradores.De inmediato se desató una fuerte represión contra los políticos y ciudadanos en general de mentalidad liberal.
El LISTÍN ante el golpe de Estado al profesor Bosch
| Sábado 26 de Septiembre del 2009, actualizado 1:58 AM |
| El LISTÍN ante el golpe de Estado al profesor Bosch |
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