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viernes, 4 de abril de 2014

Recuerdos de las cárceles trujillistas.

OPINIÓN La tortura en la epoca Trujillista Recuerdos de las cárceles trujillistas 28 DE MARZO DEL 2014 Giannella Perdomo Pérez VER ACENTO SOCIAL Share on email Share on print 11 Comentarios 5 SABER MÁS ACERCA DEL AUTOR GIANNELLA PERDOMO PÉREZ Escritora ---- Sobre mí Laboré 17 años en la Corporación Dominicana de Electricidad y 8 años en la UASD. Escribo quizás por genética o porque mis excelentes profesores ayudaron a desarrollar esta habilidad. Escribo como un hobbie, además de considerar la importancia en dilucidar temas que puedan beneficiar a la sociedad de nuestro país. No pertenezco a ningún grupo político y creo en Dios. Actualmente disfruto de la tercera edad y el retiro aplicado por mis años de trabajo en instituciones del Estado. Durante años, a partir del apresamiento de mi padre, Eugenio Perdomo Ramírez, acaecido el 25 de enero del año 1960, en la ciudad de Santiago de los Caballeros, hemos conservado historias y legajos que en la actualidad deben divulgarse, a fin de conocer episodios de nuestro reciente pasado histórico. En tal sentido, con relatos de quienes compartieron prisión con él, es preciso emprender un vuelo hacia el pasado y situarnos en aquellas horrendas cárceles y no menos dantescos centros de torturas trujillistas. Cárcel de ¨La Victoria, moría la tarde del domingo 31 de enero o del lunes 1ro. de febrero del 1960; los allí prisioneros, integrantes del develado Movimiento Clandestino 14 de Junio, se disponían a cenar. Un militar interrumpe y reclama la presencia de Eugenio Perdomo Ramírez, quien se levanta y es conducido al área de torturas de la aterradora prisión “La 40”. Leandro Guzmán, testigo presencial de los hechos, entre las páginas 126-132, de su libro “De espigas y de fuegos”, de quien con gran respeto reproduzco, nos acerca a la escena: “Se nos ¨invitaba¨, según dijera Candito Torres, a un "ajusticiamiento revolucionario”. (Candito Torres, segundo jefe del Servicio de Inteligencia Militar-SIM). “En la sala de torturas a donde nos llevaron estaba Eugenio Perdomo sentado en la silla eléctrica, atado de piernas y brazos…. El periodista no quería cumplir la encomienda de accionar un lazo con un pedazo de madera que aprisionaba el cuello del detenido… Le llamábamos ¨tortol¨ y, efectivamente, hacía las veces de un torniquete asfixiante. “Perdomo, aunque atado, se debatía en busca de aire… El periodista apretaba y apretaba más el ¨tortol¨, al conjuro de las exhortaciones perversas de los torturadores…” (Johnny Abbes García, Jefe del SIM y Candito Torres). “Perdomo cayó, al fin, en los estertores de la agonía, hasta que sus pulmones y su corazón se paralizaron. “Me obligaron a recoger el cadáver de Perdomo para llevarlo hasta el baúl de un carro de dos puertas, Chevrolet… Mis fuerzas no alcanzaban para mover el cadáver de Perdomo. Intervino un esbirro llamado Flicho Palma…. Pensé que mi vida concluiría pronto: había sido testigo de una ejecución y eso equivalía, normalmente durante el trujillato, a una sentencia de muerte. “… Abbes García le ordenó a un subalterno que al día siguiente llevaran al Periodista a su oficina en la avenida México, para entregarle una pistola y asignarle una serie de ¨misiones¨ que debería cumplir”. Ante esta propuesta respondió: “que estaba dispuesto a aceptar lo que él ordenara". El periodista en cuestión respondía al nombre de Rigoberto Belliard, amigo de Eugenio, con quien compartía mesa familiar en varias ocasiones. Belliard, acusado por Leandro Guzmán ante los tribunales de Santiago de los Caballeros, juzgado y condenado a varios años de prisión, puesto en libertad misteriosamente, viajó a los Estados unidos, donde encontró su muerte por razones que desconozco. Leandro concluye: "Estar en La 40 equivalía a vivir dentro de la propia muerte. Raros eran los días en que allí no se mataba, se mutilaba o se pervertía a alguien. Unas horas después del estrangulamiento de Perdomo, asesinaron a Angel Russo, un hombre decente, un militante que tenía antecedentes antitrujillistas de larga data... Los esbirros me obligaron después a ponerme la ropa de Russo. Más aun,… fui forzado, en medio de gritos y amenazas, a tomarme su ración: un chocolate de agua y un pan". Los cadáveres retirados de ¨La 40¨, algunos descuartizados, posteriormente eran depositados en las incineradoras utilizadas para la quema de basuras, ubicadas en las cercanías de la cárcel o en el área occidental del puente Juan Pablo Duarte, para su cremación y/o lanzados al mar, hoy autopista "Las Américas", como alimento de los tiburones que merodeaban la zona. Eugenio Perdomo Ramírez y Leandro Guzmán, fueron vecinos por varios meses, en Santiago de los Caballeros, razón por la que se conocían muy bien. Visité al Ing. Leandro Guzmán, en sus oficinas en Santo Domingo, el 11 de abril del 2011, ¡encuentro de minutos imborrables! Cargado de emoción, comentó las vivencias descritas en su libro, además de ricas estampas familiares, según recordó: "En algunas ocasiones, a ustedes les invité a nuestra casa -se refería a mi hermana menor Elia Celeste y el primito Tony- para comer conmigo y con María Teresa. ¡Y justamente a Leandro, como desgracia de vida, le obligan a presenciar la muerte de mi papá, su compañero político y vecino en ¨Los Pepines" de Santiago! En su oportunidad, Federico Andrés Lora Pérez, comentaba: “Giannella, sobre tu padre te diré que nos reunieron una tarde al anochecer en la cuarenta y Eugenio, que conocía a Vitico González, se nos acercó porque el grupo de Santiago estábamos esposados juntos y comenzamos a hablar y nos dijo que casi no oía por los golpes que le habían dado en la cabeza y el oído, lo cual era muy común en la cuarenta pegarle por los dos oídos”. Adolfo Alejandro Franco Brito, quien intercambió con Perdomo unas cuantas palabras la posible noche de su ejecución, con recuerdos imborrables de horrendas vivencias, transcurridos 51 años, " regresa" a las celdas y refiere: ¨Nos obligaban a escribir nuestra declaración, a continuación de la que debíamos hacer oralmente. Estas declaraciones se hacían luego de haber sido sometidos a las acostumbradas sesiones de bárbaras y a veces sangrientas torturas: golpes, extracción de uñas, descargas eléctricas utilizando el ¨bastón¨, aplicadas en la zona genital, entre otras". José Israel Cuello Hernández, más explícito, escribía: “Tu papá no dejó ropa ni libros, ni cartas ni maleta y mucho menos colchoneta porque de nada de ello disponíamos en las condiciones de las cárceles de aquella época. “Al llegar a La 40, lo primero que se hacía era el despojo de toda vestimenta, absolutamente de toda. Al único que alguna vez vi con alguna permisividad en el vestuario fue a Cayeyo Grisanti, precisamente en la celda de La Victoria desde donde fue retornado a La 40 tu padre junto al seminarista Papilín Peña González para ser asesinados. Tenía Cayeyo un soporte para contener el brote de una hernia inguinal como toda vestimenta; un pedazo de cinturón que no cubría nada, por supuesto. “Yo a tu papá no le vi en La 40, porque probablemente llegó allí antes que yo, que fui detenido el 21 de enero en la madrugada, poco después de las seis de la mañana y pienso que él llego dos o tres días antes e interrogado entonces. “Fuimos sí trasladados todos a La Victoria la noche tenebrosa del 30 al 31 de enero de 1960, después de que se produjera el asesinato de la mayoría de "los panfleteros" a algunos de los cuales dejamos vivos en el patio de aquel recinto cuando éramos empujados al hacinamiento dentro de las "perreras" de la policía, esposados de dos en dos. “Al llegar a La Victoria nos llevaron a las zonas de sus "solitarias", mucho más amplias que las de La 40, pero mucho más sucias y repugnantes que aquellas por su tiempo de uso. Mientras las de la casa de torturas tenían un pequeño baño en cada uno, relativamente nuevo, las de La Victoria carecían de tal exquisitez, lo que obligaba a los prisioneros a hacer las necesidades fisiológicas en una lata vacía de aceite de maní que no se diferenciaba en nada de otra destinada al agua "potable” para beber y a una tercera contentiva de un menjurje que en la mañana y noche consistía en harina de trigo hervida y sin condimentos y a mediodía de un sopón donde era frecuente un condimento aterrador en la penumbra de aquel recinto: los ojos de las vacas. “En primera instancia nos colocaron en grupos de seis a ocho en cada celda, muy holgados, pero esa misma noche nos consolidaron en paquetes de treinta o más, de manera que en muchos casos hubo que alternarse para dormir acostados. “En esa celda de consolidados conocí, entre otros, a don Eugenio, cuando procedimos a identificarnos dentro de la más absoluta y tenebrosa oscuridad, y no sólo por el nombre sino por las ocupaciones así como por los vínculos familiares. “No fue esa misma noche que se los llevaron, a Papilín y a él, decía, porque la primera dosis de latas que recibimos merecieron la bendición de Papilín, que era seminarista, y no podía ser esa noche primera porque fue muy hondo en su espesura que se produjo el traslado. Cuando llegaron las latas, una con agua, otra con la harina y la tercera evidentemente empleada antes en heces fecales, todo el mundo las miró con cierta indiferencia. ¡Nadie las tocó! hasta que Papilín tomó la de harina, la bendijo diciendo que: “esa era la comida y que no debíamos debilitarnos”, tomando de inmediato un trago de aquello sin ocultar la repugnancia. “En esa celda estaban los que luego constituyeron en gran medida el primer grupo de prisioneros llevados al Palacio de Justicia para la farsa de un juicio en que se nos condenó a todos a 30 años de prisión y a 600 mil pesos de multa pagaderos a peso por día. “Unas horas después, tu papá y Papilín fueron sacados juntos de la celda y llevados, es de suponer, a La 40, donde no tengo idea de si alguien les vio y presumiblemente allí murieron". En el intercambio de recuerdos, José continúa relatando: "El de Freddy se complementa con el mío en el detalle referente a los dos días que estuvimos juntos, que yo no pude precisar antes pero que, al leer el suyo, pude recordar. O sea, no fueron devueltos a La 40 la misma noche de la llegada, y la fecha de Freddy es también más precisa, fue del 29 al 30 el traslado tenebroso. Los detalles de Leandro sobre su muerte son espeluznantes y la pieza utilizada para la ejecución aparece en los catálogos universales de la infamia como "el garrote vil" muy empleado en la Guerra Civil española". Freddy Bonnelly, revolviendo sus vivencias, nos facilita datos de igual valor, al comentar: " Comparto casi todo lo dicho tanto por Leandro como por José, excepto con la fecha. Como te dije, donde por primera y única vez que vi a Eugenio fue cuando nos llevaron desde "La 40" a "La Victoria" el día 29 de enero, en la media noche, amaneciendo el 30; lo que no puedo precisar es si transcurrieron uno o dos días, es por eso que digo que pudo ser el 31 de enero o el 1ro. de febrero del 1960. “Ya en la ¨La Victoria¨, nos introdujeron a la solitaria de más o menos 6 pies de ancho por algunos 12 de largo. Nos metieron a 18 totalmente desnudos, en algunas otras celdas metieron hasta 22. Como no podíamos acostarnos todos, ya que el espacio no daba, Eugenio y yo nos quedamos parados hablando casi toda la noche, en espera de que algunos se despertaran y nos dieran el espacio. Hablamos mucho pero no puedo recordar lo que dijimos. Si sé que me dijo que era de Santiago y que tenía familia. Lo que no puedo precisar es si fueron uno o dos días, por eso digo que pudo ser el 31 de enero o el 1ro. de febrero del 1960, porque vinieron a buscar a Eugenio, en la tardecita, para llevarlo a La 40, antes de la hora de cenar en la referida área. Al poco tiempo, cuando nos dieron visita, Leandro me contó cómo sucedió.” “Entre los que ocupábamos esa celda—sigue contándome Freddy Bonnelly-- estaban Cayeyo Grisanti, Luis Ramón Peña González, (a) Papilín, mi hermano Carlos Sully, José Cuello, Feliz Germán, Manolito Baquero, Villamán Olsen, Sully Martínez Bonnelly, Moncho Imbert, Alfredo Bergés, René Del Risco Bermúdez, Paquitín Noriega, yo y seis más cuyos nombres no recuerdo. No recuerdo que a Papilín se lo llevaran ese día. Él fue quien inició rezar el rosario y a lo que yo recuerde, se lo llevaron varios días después de esto y lo trajeron de nuevo a la celda. Él nos dijo que querían obligarlo a declarar que Mons. Pepén estaba involucrado pero que no lo hizo. Según recuerdo fué el 30 o 31 como a las 6 de la tarde que lo vinieron a buscar. ¡No volvimos a verles!” Sin mayor trascendencia en precisar las fechas, a finales de enero o principios de febrero del 1960, lo que sí importa registrar es que Eugenio Perdomo Ramírez y el seminarista Luis Ramón Peña González, (a) Papilín, de manera vil y cobarde fueron salvajemente “ajusticiados” en la abominable cárcel “La 40”. Estas notas testimoniales, motivan para dar a conocer las experiencias que muchas familias, -y sin mejores opciones-, debimos asimilar durante la ¨Era Gloriosa¨ del ¨Padre de la Patria Nueva", justo en este nuevo enero, cuando en aquel fatídico del 1960, la Patria se vistió de luto y dolor por la pérdida de muchos de sus hijos que trataron de reconquistar las libertades heredadas de Don Juan Pablo Duarte y su grupo Trinitario; y tantos otros que conforman la Raza Inmortal, sin olvidar a los hombres y mujeres que integraron el Movimiento Clandestino 14 de Junio, muchos de los cuales jamás regresaron a sus hogares y a la fecha se desconoce el destino final de sus cadáveres. ¡Que no se pierda nunca nuestra memoria histórica! ¡Loor a los Panfleteros de Santiago y a los Mártires que lucharon por una mejor nación!

jueves, 14 de junio de 2012

Rinden homenaje a héroes del 14 de Junio


Leandro Guzmán: Trujillo fue un depravado que hasta violó a una menor en una Iglesia

Espero las dos entrevistas este 30 de mayo, con motivo del 51 aniversario del tiranicidio.

28 de mayo del 2012
Leandro Guzmán: Trujillo fue un depravado que hasta violó a una menor en una Iglesia Leandro Guzmán Gisely Montilla /Acento.com.do

SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Leandro Guzmán, sobreviviente de la dictadura de Trujillo, y Ramfis Domínguez Trujillo, nieto del dictador, estarán este miércoles 30 de mayo, por separado, hablando sobre la dictadura más larga que ha sufrido la República Dominicana.
Mientras Ramfis Trujillo defiende la obra de la dictadura, encarnada por su abuelo, Leandro Guzmán, esposo de María Teresa Mirabal, denuncia que desde muy joven Trujillo fue un abusador, que hasta llegó a violar una menor de edad en una iglesia.

martes, 29 de mayo de 2012

Leandro Guzmán: Trujillo fue un depravado que hasta violó a una menor en una Iglesia


Leandro Guzmán: Trujillo fue un depravado que hasta violó a una menor en una Iglesia

Espero las dos entrevistas este 30 de mayo, con motivo del 51 aniversario del tiranicidio.

28 de mayo del 2012
Leandro Guzmán: Trujillo fue un depravado que hasta violó a una menor en una Iglesia Leandro Guzmán Gisely Montilla /Acento.com.do

SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Leandro Guzmán, sobreviviente de la dictadura de Trujillo, y Ramfis Domínguez Trujillo, nieto del dictador, estarán este miércoles 30 de mayo, por separado, hablando sobre la dictadura más larga que ha sufrido la República Dominicana.
Mientras Ramfis Trujillo defiende la obra de la dictadura, encarnada por su abuelo, Leandro Guzmán, esposo de María Teresa Mirabal, denuncia que desde muy joven Trujillo fue un abusador, que hasta llegó a violar una menor de edad en una iglesia.

domingo, 4 de julio de 2010

Las hermanas mirabal :Trujillo arma la trama para el asesinato


http://www.ahora.com.do/Edicion1281/DEPORTADA/tema1.html
Las hermanas mirabal
Trujillo arma la trama para el asesinato

(



Por Etzel Báez

El tirano Rafael Leonidas Trujillo Molina ordena matar a las luchadoras opositoras Minerva Mirabal de Tavárez y a su hermana María Teresa Mirabal de Guzmán, en octubre del 1960. El 25 de noviembre del 1960 son asesinadas por esbirros de la tiranía, junto a su hermana Patria Mirabal de González y Rufino de la Cruz Disla, luego de una visita que hicieran a los esposos de las condenadas, José Alejandro Guzmán Rodríguez y Manuel Aurelio Tavárez Justo, presos políticos y líderes de un movimiento antitrujillista conocido como 14 de Junio.

FORTALEZA DE SALCEDO

Noviembre del 1960

En el interior de una celda Manolo Tavárez Justo y Leandro Guzmán están presos. La puerta es abierta violentamente por varios militares dirigidos por un oficial.

Oficial:

–Prepárense que se van de aquí.

Manolo:

–¿Cómo que nos vamos de aquí? ¿Para dónde?

Oficial:

–Cállese la boca y no pregunte.

Acto seguido los prisioneros son esposados, sacados de la fortaleza militar y entregados a agentes del Servicio de Inteligencia Militar –SIM– de la tiranía, quienes los introducen a un carro de los denominados “cepillo” (VW) y al salir por una de las calles de Salcedo se topan con Jaime Enrique, sobrino de Manolo y Leandro, quien al verlos intenta hablar con ellos pero el vehículo no se detiene y el muchacho de 12 años corre hacia la casa donde su mama Dedé Mirabal a quien le relata el fugaz encuentro con sus tíos.

OJO DE AGUA. CASA DE LAS MIRABAL

Jaime Enrique:

–Sí, sí, tío Manolo y a tío Leandro, que se los llevaban en un carro.

Dedé:

–Minerva, ven acá rápido.

Minerva:

–Dime Dedé, qué fue…

Dedé:

–Jaime Enrique, cuéntale a tu tía lo que viste.

El niño relata la historia. Minerva se pone en acción, llama a María Teresa y las tres se presentan ante el despacho del comandante de la fortaleza de Salcedo.

Oficial:

–No hay que preocuparse por nada, señoras, sus maridos fueron trasladados a la fortaleza San Felipe de Puerto Plata, un traslado rutinario…

María Teresa:

–¿Y por qué para allá, tan lejos de sus familias?

Oficial:

–Eso es una orden de arriba.

EN LA CARRETERA HACIA PUERTO PLATA

El “cepillo” transita con Manolo, Leandro y tres agentes del SIM. Los presos van en el asiento trasero junto a uno de los esbirros, cuando se origina una conversación debido a la incomodidad que le producen los grilletes a Leandro, quien está esposado con las manos atrás.

Agente del SIM:

–¿Qué le pasa?

Leandro:

–Es que estas esposas me están rompiendo las muñecas…

Agente del SIM:

–¡Ah! Echate pa’lante.

Chofer del SIM:

–Mira, déjate de estar de pendejo. Qué tiene tú que ver, coño, si le tá jodiendo la muñeca, coño, que se joda.

Aún asi el agente continua acomodando a Leandro.

CASA DE LAS MIRABAL

Minerva:

–No, no, no… tenemos que ir ahora mismo para allá. Dedé, quédate con los muchachos y le dices a mamá lo que está pasando.

Dedé:

–Vayan con cuidado, ¡que esa carretera es muy peligrosa!

FORTALEZA DE SAN FELIPE

El comandante de la Fortaleza de San Felipe recibe al capitán del Ejército, Víctor Alicinio Peña Rivera, jefe del SIM en la región Norte.

Capitán Peña Rivera:

–¡Coronel Saladín! ¿Dónde están los pendejos esos…?

Coronel Saladín:

–Están por ahí, ya se los mandé a buscar, capitán. Mire, aquí hay que partirles el pescuezo a to’eso conspiradores comunistas, sobre todo a la engreída esa, la Minerva Mirabal…

Capitán Peña Rivera:

–Coronel Saladín, hay que ser discreto. El jefe no quiere que esta vaina se sepa mucho…

En ese momento entran Manolo y Leandro con las manos esposadas atrás.

Coronel Saladín:

–¡Ah, capitán, aquí están los comunistas!

Capitán Peña Rivera:

–¿Ustedes saben por qué están aquí? Ustedes están aquí porque tenemos informes de que se va a producir un desembarco de armas, por aquí, por esta área. Yuyo D’Alessandro se puso a hablar por Radio Swan y sabemos con lujo de detalles que ellos vendrán por aquí; así que ustedes dos están aquí para tenerlos a todos juntos cuando los atrapemos.

Coronel Saladín:

–Mire, capitán, déjese de hablarles así a estos muchachitos. ¡Coño! Pero que dos buenos pendejos. Y estos son los carajitos que quieren tumbar al generalísimo Trujillo. Ustedes no son más que una partía de vagabundos. Conspiradores comunistas. Al Diablo van ustedes a tumbar. Sólo a un comemierda se le ocurre conspirar contra el Benefactor de la Patria. ¡Malagradecidos!

Capitán Peña Rivera:

–¡Eso es lo que ustedes se ganan muchachones! Coronel, nos mantendremos en comunicación. Ah, y dígale a las esposas de esta gente que pueden visitarlos sólo los viernes en la tarde.

El capitán Alicinio Peña Rivera se retira de la Fortaleza San Felipe. El coronel Saladín envía a Manolo y a Leandro a las celdas.

Coronel Saladín:

–Raso, llévese a estos pendejos, encuérenlos y métanlos en la última, en la de allá atrás.

Ese mismo día, horas después de retirarse el jefe del SIM, capitán Alicinio Peña Rivera, llegan Minerva y María Teresa a la Fortaleza San Felipe de Puerto Plata y se entrevistan con el coronel Saladín, quien les concede un encuentro fugaz con sus maridos presos.

sábado, 12 de junio de 2010

Le secaban los golpes de la espalda con agua de sal

http://www2.listindiario.com/la-republica/2010/6/10/145610/Le-secaban-los-golpes-de-la-espalda-con-agua-de-sal


MOVIMIENTO DE RESISTENCIA INTERNA
Le secaban los golpes de la espalda con agua de sal
LEANDRO GUZMÁN, FUNDADOR DEL MOVIMIENTO 14 DE JUNIO, SUFRIÓ CRUELES TORTURAS EN LAS CÁRCELES, PERO EL GOLPE DEMOLEDOR FUE EL ASESINATO DE SU ESPOSA MARÍA TERESA MIRABAL







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Entrevista. Leandro Guzmán fue entrevistado por el director de LISTÍN DIARIO, Miguel Franjul, y los periodistas Wendy Santana y Fernando Quiroz.
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Fernando Quiroz
fernando.quiroz@listindiario.com
Santo Domingo

“Yo estaba destruido; pues cuando ya estaba en un proceso de mejoría, me tiraban agua de sal para que se me secara la paliza de la espalda. Aquello era terrible, me mantuvieron desnudo, esposado”, dijo Leandro Guzmán al describir las torturas que sufrió tras ser delatado el Movimiento 14 de Junio.

Cuidado, era el comentario entre los presos, pues había una puerta que cuando era abierta era para matar. “Si oíamos los gritos después de las 5:30 de la tarde era porque había ejecución”, recordó.

Leandro y Manolo Tavárez Justo, esposos de María Teresa y Minerva Mirabal, respectivamente, sufrieron largos meses de prisión y torturas tras descubrirse que organizaron el Movimiento 14 de Junio como organización de resistencia interna que combatiría a la tiranía.
“Ahí, entonces, le digo a Manolo, no hay Bandera, están trayendo a los De la Maza, alguien grande cayó”.”
Leandro Guzmán, luchador antitrujillista.

Pedro González, el esposo de Patria, la otra hermana Mirabal, también fue apresado y torturado. Era mantenido en La Victoria. Leandro y María Teresa habían contraido matrimonio el 14 de febrero de 1957.

Leandro, quien es ingeniero civil, tenía el propósito de estudiar el tema de petróleo en Colorado, Estados Unidos, pero le fue negada la visa, porque el régimen consideró que se casó con una reconocida antritrujillista.

Leandro fue apresado el 17 de enero de 1960. Tres carros Volskwagen, repletos de agentes del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), se presentaron a su casa, cuando él estaba en bata de dormir. A partir de ahí comenzó su historia de horror.

Presos
Manolo y Leandro no entendían por qué los cambiaban constantemente de prisión.

De La Victoria a La 40, luego a Salcedo, y en breves horas, a la fortaleza San Felipe de Puerto Plata. Presos en Puerto Plata, recibieron tres visitas de sus esposas durante su prisión.

Eran visitas muy limitadas, de media hora. Desde la segunda visita ya se comentaba la posibilidad de que asesinaran a las tres hermanas.

Minerva, quien era más avanzaba políticamente, al oír lo que se comentaba decía que era imposible que en la situación que atravesaba al régimen, cometieran esa acción.

Pero a raíz de la versión de que Trujillo dijo en Villa Tapia, en la casa del hacendado Rafael Quezada, que su gobierno sólo tenía dos problemas, la Iglesia y las hermanas Mirabal, Manolo advirtió lo peor y dispuso que alquilaran una casa en Puerto Plata, y que trasladaran lo indispensable. Manolo tenía un liderazgo muy grande, natural. “Yo lo conocí en el año 1949 cuando vinimos a estudiar y pertenecía a la Juventud Democrática”, refi ere Leandro sobre su compañero de luchas.

En la cárcel de Puerto Plata Manolo y Leandro dedicaban mucho tiempo a la lectura de libros que les llevaban sus esposas. Entre las obras leídas fi guran “Los siete juicios más grandes de la Historia” y “Tambores del destino”, que habla de la independencia haitiana.

Mala noticia
Fueron trasladados a la cárcel La 40 donde un capitán apellido Del Villar les llevó un periódico, y mientras se lo tiraba al frente, les expresaba: “Ustedes son presos y no tienen derecho, pero vamos a hacer una excepción”.

Un “calié” que quería ver sus reacciones, les preguntó qué pasó, pero ellos no le contestaron.

“Vino después Del Villar a buscar el periódico y nos preguntó ¿Se enteraron? Y nosotros callados”. Y con palabras soeces les dijo que era una lección para que vieran que no se podía conspirar contra el jefe.

Ellos no daban crédito al periódico, pues creían que se trataba de una trama más del tirano. Se enteraron realmente de que sus esposas habían sido asesinadas a principio de junio, más de seis meses después del horrendo crimen.

Ajusticiamiento
Por encima de la solitaria, Leandro podía ver el izamiento de la Bandera Nacional y se guiaba para saber cuando eran las 8:00 de la mañana. Ese día no vio nada, al otro día pasó igual, y entonces comienzan a llevar los hermanos De La Maza a la prisión. “Ahí, entonces, le digo a Manolo no hay Bandera, están trayendo a los De La Maza, -Antonio de la Maza, asesinado, fue uno de los ajusticiadores- alguien grande cayó”, recordó Leandro Guzmán.

A Ernesto De La Maza cuando lo fueron a buscar para llevárselo a la Fuerza Área, lo llevaban cargado porque le habían dado tantos golpes que no podía levantarse y no se podía mover, jadeante, lo llevaron cargado.

El coronel Luis José León Estévez, entonces esposo de Angelita Trujillo, hija del tirano, iba todos los días a las 6:00 de la mañana a la cárcel La 40 a recoger la información de las torturas, de lo que habían dicho la noche anterior y, además, llevaba las instrucciones del “Jefe”.

Las noches estaban asociadas al terror en las cárceles que eran centros de torturas.

AL REGRESAR A CASA Y NO ENCONTRAR ESPOSA
DOLOR
SINTIÓ EL MUNDO LE CAYÓ ENCIMA
Tras su puesta en libertad, Leandro recuerda que llegó cerca de las 10:00 de la noche a casa de la madre de María Teresa. Describe aquello como una de las cosas más terribles, llegar a una casa y no encontrar a la compañera. “Nos abrazamos con mamá Chea y yo sentí como que el mundo se me cayó arriba”.

“Entonces llegaron los vecinos y todos los del entorno, te estoy hablando después de las 10:00 de la noche. Entonces ahí llegaba mucha gente que venía como a darnos apoyo a nosotros, pero no era más que la tristeza sumada a más tristeza, y yo te voy a ser sincero, no solamente por la soledad, la soledad me lleva a mí a una incertidumbre, con lo que pasó, uno dice ¿Y valió la pena?”.

Con María Teresa, Leandro procreó a Jacqueline. Leandro luego se casó con Yolanda, la viuda de Juan de Dios Ventura Simó, piloto que desertó de la aviación trujillista y que se enroló en la expedición del 14 de junio que vino desde Cuba a combatir la tiranía.

Narra cómo conoció a María Teresa Mirabal


http://www2.listindiario.com/la-republica/2010/6/10/145612/Narra-como-conocio-a-Maria-Teresa-Mirabal

Narra cómo conoció a María Teresa Mirabal

“Nosotros nos conocimos en Conuco -Salcedo-, era una niña de 13 años. Yo estaba de vacaciones, nos encontramos en casa de Patria, ya tenía edad de inquietudes, yo tenía 15 años, eso duró 9 años”, respondió Leandro a la pregunta de cómo conoció a María Teresa.

Sus padres, buscando un varón tuvieron tres hijas. Minerva le llevaba 8 años a María Teresa. Las muchachas, como recuerda a las hermanas Mirabal, cumplían prisión domiciliaria.

Para salir tenían que pedirle permiso al síndico, y un día pidieron permiso para ir a Salcedo a hacer una compra.

Nosotros nos conocimos en Conuco –Salcedo–, era una niña de 13 años, yo estaba de vacaciones.”
Leandro Guzmán.

Fueron a una tienda de una señora muy conocida en San Francisco de Macorís, y ahí se encontraron con un joven de Santiago de apellido Pichardo.

Entonces, María Teresa lo saludó y le preguntó qué le pasaba a la juventud que estaba tan apagada. Pichardo fue apresado, y a Leandro le advirtieron los agentes del SIM que su esposa seguía “molestando”.



Expedición y 1J4 estaban desconectados en acción

http://www2.listindiario.com/la-republica/2010/6/10/145611/Expedicion-y-1J4-estaban-desconectados-en-accion


PLAN EN MARCHA PARA DERROCAR AL TIRANO
Expedición y 1J4 estaban desconectados en acción
MINERVA MIRABAL, ESPOSA DE MANOLO, FUE QUIEN SE INSPIRÓ Y PUSO NOMBRE AL MOVIMIENTO


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Dirigentes. Fundadores del primer comité central del Movimiento 14 de Junio, encabezado por Manolo Tavárez Justo, presidente; Leandro Guzmán, tesorero. Solo dos mujeres pertenecieron a la dirigencia, Minerva Mirabal y Dulce María Tejada Gómez.

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Fernando Quiroz
fernando.quiroz@listindiario.com
Santo Domingo

Cuando ya los fusiles habían dejado de disparar y exterminar en las costas y las montañas a casi todos los expedicionarios de junio de 1959, en la clandestinidad se formaban hombres y mujeres que mantenían la idea de derrocar a Trujillo.

Por más que intentaron, nunca hubo contactos entre los expedicionarios del 14 de Junio con los dirigentes del movimiento del mismo nombre que lideraba Manolo Tavárez Justo.

“En lo absoluto, por más que nosotros tratamos, no hubo manera de eso”, dijo Leandro Guzmán, quien estuvo casado con María Teresa Mirabal, una de las tres hermanas asesinadas por la tiranía de Rafael Leonidas Trujillo.
“En el exilio había una pluralidad, había gente de derecha, de izquierda, socialista, y todos dijimos vamos a tumbar a Trujillo”.”
Leandro Guzmán, Fundador del Movimiento 14 de Junio.

Leandro, amigo de Manolo, quien a su vez estaba casado con Minerva Mirabal, fungió como tesorero del primer comité central del 1J4.

Las únicas informaciones que tenían provenían de las transmisiones de Radio Rumbo, desde Venezuela, que hablaban de otra inminente expedición contra Trujillo.

Pese a que no habían hecho los contactos con los dominicanos del exilio que integraban el Movimiento de Liberación Dominicana (MLD), Manolo instruyó fortalecer la lucha conspirativa en todo el país.

Lo más grave era que ese movimiento de resistencia interna no había recibido armas, y aun así seguía organizándose.

Asumieron el Programa Mínimo de Liberación Nacional que trajeron los expedicionarios de 1959. “Totalmente desconectado, pero nosotros sí comenzamos a trabajar intensamente en el ámbito nacional cuando conocimos la certeza de la llegada de la expedición”, refi ere Guzmán.

De todos modos sabían que en junio se iba a producir un acontecimiento importante. “Entonces, ahí, es que a partir de ese mes viene la expedición, el holocausto y los fusilamientos”, dijo Leandro.

Meses antes, hubo un encuentro- comida en la casa de Guido D’ Alessandro (Yuyo) en el que participaron, además de él, Manolo, Minerva y María Teresa. Allí Minerva, al referirse a los dictadores, califi có de una vergu¨enza que en la República Dominicana no existiera un movimiento organizado para combatir la tiranía.

“Cuando llega diciembre, nunca se me olvida que en la galería de Mamá Chea –Mercedes Reyes, madre de las hermanas Mirabal–, Manolo llegó y dijo: Nosotros estamos organizados ya a nivel nacional, hay que hacer una asamblea para que los líderes provinciales se conozcan”.

Leandro considera que el origen del 14 de Junio era Minerva y el desarrollo mismo del movimiento se debía en gran parte también a ella.

El 6 de enero del año 1959 es que comienza, con la idea de Minerva, a conformarse la resistencia interna. De las más de mil personas organizadas en el movimiento fueron arrestadas 312 durante esa época.

EMBLEMÁTICA REUNIÓN DE MAO
En Santiago había un comité provincial al igual que en contadas provincias, pero ya cuando el 9 de enero de 1960 realizan la reunión en Mao, en la finca de Carlos Conrado Bogaert (Charly), estaban organizados en el ámbito nacional. Es en esa reunión donde Minerva Mirabal propone el nombre de 14 de Junio para el Movimiento.

Previamente, realizaron una reunión en la casa de Patria Mirabal para que los líderes provinciales se conocieran.

Para no llamar la atención aparentaron realizar un acto social, e incluso, Abel Fernández, el padre de Aura Celeste Fernández, llevó su guitarra y cantaba.


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