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miércoles, 11 de mayo de 2011

“No más Trujillos en RD”, dicen luchadores

La República 11 Mayo 2011, 1:01 AM


COLOQUIO SOBRE LA RESISTENCIA
“No más Trujillos en RD”, dicen luchadores
TOMASINA FUE HUMILLADA POR ESBIRROS

Patriotismo. Delio Gómez Ochoa se dirige a los presentes en el conversatorio sobre la resistencia antitrujillista celebrado ayer como parte de las actividades de la Feria Internacional del Libro.
Néstor Medrano
nestor.medrano@listindiario.com
Santo Domingo

El comandante cubano Delio Gómez Ochoa, sobreviviente de la expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo, del 14 de junio de 1959, y una de las fundadoras del Movimiento 14 de Junio, Tomasina Cabral, proclamaron anoche que el pueblo dominicano debe impedir a toda costa, que ocurra otra dictadura como la de Rafael Leonidas Trujillo. Ambos tuvieron una amplia participación en un coloquio sobre la resistencia antitrujillista.

Gómez Ochoa planteó que la expedición del 14 de junio de 1959 fue el detonante para desvertebrar en gran medida a la dictadura de Trujillo, en la que murieron muchos dominicanos y otros internacionalistas que como él, estaban comprometidos con la causa de la República Dominicana. Del mismo modo, fue enfático al decir que esa gesta patriótica marcó un hito en Latinoamérica.

Las Mariposas
Mientras que Tomasina Cabral, quien compartió prisión con Minerva y María Teresa Mirabal, reveló que el 10 de junio de 1960, reunidos en la finca de Charles Bogaert, en la provincia de Valverde, Mao, se conformó el Comité Central del Movimiento 14 de Junio, cuyo nombre fue sugerido por Minerva Mirabal. En esa reunión, además de Minerva, estuvieron presentes Manuel Aurelio Tavárez Justo (Manolo), Niño Álvarez, Dulce Tejada, Luis Gómez Pérez, Leandro Guzmán, Cayeyo Grisanty, Julio Escoto Santana, Pipe Faxas, Ramón Rodríguez.

Sina, como la llamaban las mariposas (las hermanas Mirabal, sus amigos y sus familiares), habló de las penurias y del espectácuolo deprimente que tuvo que vivir cuando por sus actividades antitrujillistas, fue apresada:

“El espectáculo dantesco de decenas de hombres desnudos y flagelados, fue el preámbulo de la sala de torturas donde se encontraban los criminales Johnny Abbes, Tunty Sánchez, César Báez. Tavito Barcácel, Luis José León Estévez, César Villeta. También observé muchos instrumentos de tortura incluida la tristemente célebre silla eléctrica”, dijo.

Rememoró: “Fui invitada a despojarme de mi ropa, cosa que me negué a hacer, procediendo entonces el coronel Candito Torres a desgarrármela, para rebajarme en mi dignidad, para con evidente placer aplicarme la picana eléctrica en los senos y el vientre. Hicieron cínicos comentarios sobre mi figura. Me vaciaron una pluma de fuente sobre el cuerpo, salpicando a César Báez. La rabia y la indignación que sentía eran tan grandes, que si me hubieran matado no habría importado. Esos sentimien tos me proporcionaban una calma solo explicable porque me hacían insensible.”

Realizan coloquio sobre la resistencia antitrujillista en Feria del Libro

http://diariolibre.com.do/noticias_det.php?id=290107

11 Mayo 2011, 12:24 PM
Realizan coloquio sobre la resistencia antitrujillista en Feria del Libro
Al panel asistieron José Rafael Lantigua, ministro de Cultura y el embajador de Cuba, Juan Astiasarán.

SANTO DOMINGO.- Como parte de la programación de la XIV Feria Internacional del Libro fue realizado el coloquio "Resistencia antitrujillista, efectos de la Lucha", en el bar Juan Lockward del Teatro Nacional Eduardo Brito, con la participación de Delio Gómez Ochoa, comandante de la expedición de junio de 1959 y otras figuras de la oposición a la dictadura.

Al panel asistieron José Rafael Lantigua, ministro de Cultura y el embajador de Cuba, Juan Astiasarán. Otros expositores fueron Tomasina Cabral, Porfirio Rodríguez, hijo de José Horacio Rodríguez, comandante de la expedición de Maimón de 1959 y Carmen Imbert Brugal, cuyo padre lo asesinaron en la Cárcel de la Victoria. Moderó Raúl Pérez Peña.

Gómez Ochoa destacó que la expedición de junio de 1959 marcó a la sociedad dominicana y la conciencia nacional, y que el país, a partir de entonces, fue escenario del estallido de rebeldía contra Rafael Leónidas Trujillo.

Enfatizó que, en la década de 1950, una de las más sangrientas del trujillato, se amnistiaron presos políticos, no obstante eso, continuaron los crímenes y desapariciones de dirigentes, tanto en el país como en naciones amigas que acogían a los exiliados.

Calificó a Trujillo de genocida y dijo que el sentimiento en su contra caló en Cuba, donde fueron acogidos exiliados como Juan Bosch y otros disidentes, y que los lazos de los dos pueblos van más allá de la cercanía geográfica y caribeña.

La expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo no contó con base social amplia, pero en el país creció un sentimiento antitrujillista, de que había llegado la hora de enfrentar y acabar con ese régimen.

De su lado, Tomasina Cabral habló de la oposición llevada a cabo contra la tiranía desde sus inicios, sus vivencias en la formación de distintas células del Movimiento 14 de Junio y el Papel Jugado por Manolo Tavárez Justo, Minerva y María Teresa Mirabal con las cuales compartió celda en distintas cárceles.

Narró los detalles de sus peripecias por las cárceles de La Victoria y La 40, los vejámenes de los interrogatorios, su condena a 30 a años de trabajos públicos y su posterior excarcelación, para ser nuevamente apresada por los servicios de inteligencia del régimen de terror.



De Diario Libre

jueves, 12 de agosto de 2010

Fe Ortega va a su última trinchera envuelta en los colores de la Patria





LA SÉPTIMA HEROÍNA
Fe Ortega va a su última trinchera envuelta en los colores de la Patria
FUE DESPEDIDA EN SALCEDO POR DIRIGENTES DEL 14 DE JUNIO, FAMILIARES Y EL PUEBLO


*“ Los jóvenes deben seguir el ejemplo de Fe para que no permitan otra dictadura”, dijo Sina Cabral.
*

Jhonatan Liriano
Jhonatan.liriano@listindiario.com
Salcedo

Aquella brisa fuerte que de pronto entró a la iglesia apenas distrajo la atención de algunos dolientes. Las miradas se repartían entre el féretro y el altar, mientras los oídos escuchaban atentos la lectura: “A los ojos de los hombres, ellos fueron castigados, pero su esperanza estaba colmada de inmortalidad.

Por una leve corrección, recibirán grandes beneficios, porque Dios los puso a prueba y los encontró dignos de él. Los probó como oro en el crisol, los aceptó como un holocausto. Por eso brillarán cuando Dios los visite, y se extenderán como chispas por los rastrojos”.

Los versículos bíblicos elegidos para la misa hacían clara referencia a Fe Violeta Ortega, la mujer tierna, aguerrida e inteligente que hizo de su pueblo su familia, y de la justicia una bandera.

El cuerpo sin vida fue cubierto con los colores de la Patria, como corresponde a los héroes y heroínas nacionales.

Sina Cabral, Dedé Mirabal, Anulfo Reyes, Francisco Aníbal González, Rafael Martínez Espaillat, y otros militantes del 14 de Junio hicieron la guardia de honor.

Se trasladaron desde diferentes puntos del país para despedir el cuerpo de Ortega, y para resaltar las virtudes que la hicieron “una mujer inmensa”.

El obispo Antonio Camilo González recordó la entereza espiritual que ella mantuvo cuando padeció las peores torturas y humillaciones de la dictadura de Trujillo en la cárcel de La Cuarenta.

Mientras los guardias la desnudaban y la golpean en los senos y otras partes del cuerpo, repetía las oraciones que salían por los altavoces de una iglesia cercana, cuenta monseñor, quien fue alumno de la heroína, en los tiempos en que Fe era maestra, dentista, practicante religiosa y conjurada de la libertad.

El mensaje de Camilo, como el de los familiares, apenas tocó la pena del fallecimiento y se concentró en el recuerdo de una cristiana que era revolucionaria, “madre ejemplar”, “dentista de los pobres”, y “columna de dignidad”.

En el pueblo
“Le diremos a las nuevas generaciones… que hubo una mujer en Salcedo que levantó la bandera de la sencillez, que levantó la bandera de la democracia a favor del pueblo...

Hoy comienza la vida de doña Fe, porque contaremos su historia a nuestra gente y al mundo”, dijo un ciudadano que participó de todo el velatorio y el entierro de Fe Ortega.

Su voz, conmovida pero fuerte, se levantó justo antes de que el féretro entrara en una tumba del cementerio municipal y humedeció la mirada de los ya dolidos.

Sina Cabral, del grupo de las siete heroínas antitrujillistas, y los dirigentes del 14 de Junio, parados frente al nicho mientras la brisa acariciaba su cara, cantaron el himno que los honra.

“Llegaron llenos de patriotismo/ enamorados de un puro ideal/ Y con su sangre noble encendieron/ la llama augusta de la libertad/ Su sacrificio que Dios bendijo/la Patria entera, glorificará”.

Todos los presentes hicieron un coro que también formaba parte del homenaje.

Nuestro Alzheimer histórico

TRIBUNA ABIERTA]
Nuestro Alzheimer histórico



María Elena Muñoz

De repente sentí que nos desnudaban a todos. Que compartíamos con ella la vergüenza retrospectiva de estar desnudos.

Ella frente a sus verdugos, también de sus compañeros de sueños y tormentos, en el infierno terrenal de La 40. Nosotros frente al mundo, porque nos colocaron delante un espejo que nos devolvía la imagen desvestida de nuestra indiferencia. Porque “Hay una mujer que está sola”, Aída. Pero no es sólo de la soledad que tú cantaste, Aída.

Esa también, al parecer, la conoció, porque se percibe leyendo entre líneas, su biografía recién desempolvada. Además, porque siendo una soledad tan común, tan intrínseca de la condición de mujer, en especial cuando ésta piensa, cuando ésta actúa, cuando imprime su sello personal, a la gran epopeya de la vida.

Como fue justamente la de esta mujer. Entonces no se trata solamente de la soledad que llega con el abandono del ser o de los seres amados.

Tampoco es aquella a la que se refieren otros poetas, como la de la soledad de dos en compañía. O la que se siente entre multitudes. Hablo de la universal, de aquella que resume la sumatoria total de todas las soledades. Quizá la que más se le asemeja es aquella de los 100 años, que sin pedirle permiso a nadie se instaló en nuestro hemisferio, resucitando un día despojada de pudores por los meridianos del sur, a ver si alguien se la llevara, aunque fuera “el Cóndor cuando pasa”.

Pero el ave en la esplendidez emblemática de su plumaje, pasó de largo. Lo supo Duarte cuando transitando solo por la misma trayectoria andina de sus vuelos, lo vio de lejos, incluso, más allá de la tierra pródiga de sus sueños.

De esa soledad que sintió el Patricio, como retribución al desafío de su ideal emancipador, será la misma que después cubrirá como un manto a sus continuadores.

Recordemos, por ejemplo a un Luperón, en su soledad antillana, en una isla de las menores, que no por ser pequeña, dejaba de irradiar esa explosión de luz, con que el sol tropical las envuelve a todas, las chiquitas y las grandes, como la nuestra, pero que el héroe de Capotillo no veía, empañados sus ojos por la gris nostalgia del destierro.

Fue la misma soledad que también moverá las manecillas del BigBen, para despertar al Caamaño que rumiaba la lejanía del exilio, en el imponente, pero siempre brumoso y frío Londres imperial. Porque se trata de la soledad más terrible y dolorosa que pueda imaginarse, la que toca la pérdida de la memoria histórica de los pueblos.

La prueba más convincente de estos criterios, la tenemos en la ocurrencia de una extrañísima paradoja: el intento de una publicación de un libro de Angelita Trujillo en nuestro país sobre su padre, en la cual, en un ejercicio perverso de nuestro acontecer, trata, de acuerdo a la crítica política, de reinvertir la historia, haciendo de las víctimas, victimarios, y viceversa.

Para demostrar la falsedad de esta truculencia editorial y como forma de contrarrestar los efectos negativos que la misma tendría en la sensibilidad nacional, sectores de la actividad mediática han tenido la iniciativa ñcomo la realizada por este periódico donde escribo estas líneasñ de lanzarse a una valiosa tarea, que vista desde la perspectiva patriótica, contribuye al rescate de la citada memoria histórica.

Con la misma se ha tratado de ir desempolvando los archivos del olvido, donde yacían engavetadas, las personalidades sobrevivientes más representativas del martirologio democrático dominicano; entre las que se encuentran las cinco heroínas que junto al trío de las hermanas Mirabal, configuran este horizonte épico de nuestro país.

De las mariposas de Salcedo no nos ocupamos aquí, porque el impacto de aquel triple asesinato a causa de sus luchas democráticas, ha pasado a ser parte de nuestra cotidianidad.

A la ingeniera Sina Cabral, la doctora Asela Morel, Miriam Morales, Dulce Tejada y Fe Ortega, las generaciones actuales no las conocían, sus estrellas no resplandecen como debieran en el marco de la cultura histórica, donde la ponderación, la exaltación de nuestros valores nacionales, brillan por su ausencia, especialmente los ligados al acontecer moderno y contemporáneo. Eso lo sabemos, forma parte de nuestras preocupaciones académicas; pero no se trata sólo de eso.

Lo que nos ha estremecido, lo que nos ha golpeado sin piedad, es haber contemplado una imagen que como se dice, vale más que todas las palabras.

Ha sido para nosotros, la más desolada, la más devastada, de más abandono, que lente fotográfico alguno haya podido captar en el anecdotario de la marginalidad socio-política nacional. Fue la que nos trajo recientemente un reportaje de la prensa escrita local (ver Listín Diario, 17/6/2010) sobre Fe Ortega, una de las cuatro heroínas citadas, en un asilo de ancianos, en el municipio de Pontón, La Vega.

Terrible experiencia
Imagen que necesariamente nos debe convocar a la reflexión más profunda y a las interrogantes obligadas: las terribles experiencias vividas por la señora Ortega, tanto en el plano personal como político, podría explicar su alzheimer. Pero a nosotros, ¿Qué fue lo que nos pasó para que el alzheimer colectivo nacional haya llegado a este punto?. ¿Hasta cuándo vamos a evadir las responsabilidades que como personas, como ciudadanos, como pueblo, como Estado, tenemos frente a los que nos dejaron, con su enorme entrega y sacrificio, el legado inestimable de la libertad? Creemos que la respuesta a la primera pregunta está ligada al desarrollo histórico de nuestro país a partir de los años 30 de la pasada centuria del XX, hasta finales de la misma, donde el modelo más feroz de dominación dictatorial pasó del trujillismo clásico al neotrujillismo balaguerista, con pocos matices de diferenciación, especialmente en lo que atañe a la inversión de los valores nacionales, de esos que quiso reproducir la hija del tirano en el libro, arriba citado.

Para ganarse el apoyo incondicional de Washington, ambos regímenes despóticos, llamaron a sus adversarios “comunistas”, con lo que los equiparaba a los enemigos del Tío Sam, involucrado como estaba éste, en los intríngulis de la guerra fría; táctica que justificaba todas las represiones. Fue así como la temporada de caza más larga, de más de medio siglo y la más feroz de los últimos tiempos, en el marco en la cual cayeron asesinados millares de integrantes de nuestra juventud, se fue haciendo tan común, tan frecuente, tan de cada día, que pasó a formar parte de nuestra cotidianidad; lo que nos fue insensibilizando, y por tanto desvaneciendo el espíritu de rechazo y de valoración justiciera de estos hechos. Y lo que fue peor, abonando la dejadez y la indiferencia, en este contexto, hasta la muerte inevitable de la conciencia colectiva.

En ese ámbito de indolencia general, salvo las excepciones de lugar, la titánica y solitaria labor de las distintas fundaciones patrióticas, aparecía como la única antorcha de luz a que aferrarse para mantener vivo y reluciente el recuerdo y la vigencia de nuestros mártires y sus luchas emancipadoras.

Sin embargo, desde finales de la pasada centuria hemos podido apreciar con inmensa alegría, la aparición en el ámbito oficial de ciertas iniciativas que contribuyen a estimular y fortalecer el trabajo de aquellas entidades patrióticas, como han sido entre otras, la creación de la Comisión Permanente de Efemérides Patrias, la del Museo Memorial de la Resistencia, así como otros espacios de recordación y conmemoración de las fechas de nuestros hitos históricos y sus protagonistas, como son los monumentos, efigies, tarjas, etc, que indudablemente tienden a mantener viva la memoria histórica de nuestro pueblo.

Sectores sensibles
Coyuntura de apoyo oficial, junto a la que se está dando en el ámbito mediático, que debemos aprovechar los sectores sensibles de la sociedad civil para contribuir con este propósito, ahora que todavía resuenan en nuestros oídos las modulaciones presidenciales del himno del 1j4, que fue cantado en el marco de la inauguración en Constanza, del Monumento a los hombres de la raza inmortal, con ocasión del 50 aniversario de la conmemoración de la expedición de junio de 1959.

Todo esto, más la efervescencia de rechazo que causó el libro de la hija del tirano contrariando sus expectativas, nos debe llevar a la implementación de mecanismos de acción para ir simultáneamente poniendo en marcha el tren de la justicia como ha sucedido por ejemplo en Argentina y España, para indemnizar al país de las décadas de impunidad de que gozan los promotores y colaboradores con los regímenes tiránicos que subyugaron la libertad, con sus nefastas consecuencias; como también para ir creando los grupos de trabajo, que vayan al rescate militante de nuestra memoria histórica, comenzando por el de la odontóloga Fe Ortega, del estado de indefensión y de olvido en que se encuentra, no sólo porque es la forma más positiva de sosegar los remordimientos de conciencia que nos creó el testimonio visual, la trágica visión de su último martirio vivencial, sino porque contribuye a derribar el santuario donde se le rinde culto a esa inversión de valores en nuestra sociedad; la herencia más valiosa que le podemos dejar a las actuales y futuras generaciones.

viernes, 16 de julio de 2010

Las mujeres en el Movimiento Clandestino 14 de Junio por Tomasina A. Cabral Mejia

Las mujeres en el Movimiento Clandestino 14 de Junio
Las mujeres en el

Movimiento Clandestino 14 de Junio1
Tomasina A. Cabral Mejía2

Agradezco esta oportunidad que se me ha ofrecido para
testimoniar mis vivencias dentro del Movimiento Antitrujillista
14 de Junio, develado en el año 1960.
Para ello he debido retornar al infierno vivido en aquella
fecha.
Antes de realizar mi exposición, quiero situarme en el
contexto social y familiar donde crecí y me formé como
ciudadana consciente y digna, para quien el amor a su Patria
desde la tierna edad de nueve años me hizo escribir estos versos
que siempre he honrado.

“Bandera Dominicana
Siempre libre tu serás,
En la Patria y dondequiera
Orgullosa te erguirás.
Cuando flotas en el aire
Se me ensancha el corazón
Y cuando rememoro fechas
Hay lágrimas de emoción”.

1. Conferencia pronunciada la noche del 28 de junio del 2007 en el salón
de actos de la Academia Dominicana de la Historia.
2. Ingeniera-Arquitecta, compañera de Minerva Mirabal y fundadora del
Movimiento Revolucionario 14 de Junio que guardó prisión y soportó
torturas en “La Cuarenta” por su vertical conducta revolucionaria.

Salcedo fue mi patria chica. Allí nací y realicé mis estudios
primarios y secundarios, exceptuado el cuarto teórico estudiado
en San Francisco de Macorís.
Desde los nueve años compartí la angustia familiar de no
saber qué día mi hermano mayor Tobías Emilio, por haber sido
miembro de la Juventud Democrática, y por tanto sindicado
como opositor al régimen de terror que nos oprimía, podía
sernos entregado cadáver, o sencillamente desaparecer para
siempre. Siendo un estudiante destacado en la carrera de
Derecho le fue negada la inscripción en el curso siguiente,
logrando graduarse finalmente para marchar al otro día de su
graduación a la hermana República de Cuba y, luego, a los
Estados Unidos, sin que lo pudiéramos ver durante doce largos
años, ya que siempre le fue denegado el pasaporte a nuestro
padre las veces que lo solicitó.
Ver a mis padres asistiendo a los actos que se celebraban
en los locales del único Partido existente en el país, el Partido
Dominicano, tener que escribir en la escuela trabajos de
composición relativos al tirano, me repugnaba, pero toda la
familia era vigilada, aunque sólo después de mi prisión fui
invitada a esos actos a los cuales lógicamente no asistí.
La rebelión aumentaba cada día en mi pecho, y me asqueaba
la sumisión de la mayoría del pueblo, fuera por miedo o por
ignorancia.
En 1953 inicié mis estudios de Ingeniería-Arquitectura
en la Universidad de Santo Domingo donde cultivé múltiples
amistades, que luego serían integrantes (conocidos o no por los
servicios represivos de la dictadura) de mi célula conspirativa
del 14 de Junio.
Llegó el año 1958, y mi graduación profesional. Vientos
de Libertad comenzaban a soplar en América. Como en un

Las mujeres en el Movimiento Clandestino 14 de Junio
dominó caían las dictaduras: Rojas Pinilla en Colombia, Juan
Domingo Perón en Argentina, Pérez Jiménez en Venezuela, y
el 1° de Enero cayó Batista, y entraron a La Habana triunfantes
los revolucionarios de la Sierra Maestra, encabezados por Fidel
Castro. Sentí que había llegado nuestro turno para echar abajo la
oprobiosa dictadura que por 30 años nos mantenía esclavizados.
Sabía que podíamos contar con la ayuda de los gobiernos
democráticos que sucedieron a las dictaduras decapitadas.
La inquietud general de la juventud aumentaba cada día.
Sintonizaba las estaciones de radio de Cuba y Venezuela desde
donde los exiliados dominicanos mantenían programas de
denuncia contra la dictadura de Trujillo, la más sanguinaria
y larga de nuestra historia republicana. Quería luchar, pero
carecía de medios para hacerlo. En todo el país se repetía lo
mismo. El mismo anhelo nos alentaba e identificaba.
14 y 20 de junio fechas gloriosas en los anales de nuestra
historia. Arribaron por Constanza, Maimón y Estero Hondo
a la Patria, llenos de valor y arrojo 198 expedicionarios,
dominicanos en su mayoría, acompañados por hermanos de
ideales, venezolanos, cubanos, puertorriqueños, norteamericanos,
españoles y un guatemalteco, que hicieron suya nuestra
causa. Aunque todos sabían que la empresa que emprendían
era sumamente arriesgada, en ningún momento dudaron en
ofrendar sus vidas por la causa sagrada de la libertad de un
pueblo esclavizado por tanto tiempo.
Se colaron las noticias aunque la radio oficial no ofrecía
ningún tipo de información. Se comentaban los desembarcos
de Maimón y Estero Hondo, y se observaba un movimiento
inusitado de tropas hacia la costa norte del país y Constanza.
Comenzaron a conocerse detalles de la extremada
crueldad con que son tratados nuestros héroes y mártires. La

imposibilidad de prestarles ayuda y colaboración me consumía
de rabia e impotencia y tenía que soportar con el corazón
sangrante las manifestaciones de regocijo de los colaboradores
de la tiranía, quienes se gloriaban de su total exterminio.
A medida que iba conociendo las identidades de los
expedicionarios mi ira y dolor crecían. Todos eran valiosos,
muchos con preparación profesional superior, promesas
para el futuro del país, con ideas definidas que sintetizaron
en un Programa Mínimo de Gobierno a aplicar después de
descabezada la dictadura. Todos eran valientes, todos eran
decididos, a todos los unía la determinación de cambiar
la situación de servidumbre del país que languidecía bajo
un sistema opresivo e inmisericorde. ¡Cuántas vidas útiles
tronchadas! ¡Cuántos ideales rotos! Pero tanta sangre joven y
valiosa derramada fructificó, moviendo las conciencias de los
aletargados, y fortaleciendo en la generación no comprometida,
la decisión de organizarnos a fin de constituir una oposición
efectiva como frente interno, capaz de requerir y recibir ayuda
desde el exterior.
En cada pueblo, en cada rincón del país, comenzaron a
crearse núcleos familiares, amistosos y religiosos de personas
dispuestas a la lucha. De modo que puedo considerar que
la génesis del Movimiento 14 de Junio se encuentra en las
expediciones armadas ocurridas los días 14 y 20 de junio de
1959. Ellas fueron el detonante y la chispa inspiradora de
toda la juventud inflamada de entusiasmo por la triunfante
revolución cubana.
Después de esas fechas, recibí la visita de Luís Álvarez
Pereyra y Dulce Tejada Gómez, del grupo de San Francisco
de Macorís, a quienes me unían lazos familiares y afectivos,
quienes me propusieron establecer correspondencia con

Las mujeres en el Movimiento Clandestino 14 de Junio
mi hermano Tobías Emilio contentiva de mensajes que se
leerían mediante una plantilla superpuesta, cuyo original yo
conservaría, y su duplicado le sería enviado vía Jamaica a
Nueva York, donde en ese momento desarrollaba actividades
políticas desde el Frente Unido Dominicano. También me
comprometí con ellos a procurar la multiplicación de las
bombas de niples rudimentarias que el grupo de San Francisco
estaba produciendo con fines tácticos.
Dos modelos me fueron entregados días más tarde
por Leandro Guzmán, y a mi vez pasé una a mi querido
compañero Rubén Díaz Moreno, quien junto a Rafael Báez
Pérez constituían mi célula conspirativa, (lo que no fue
óbice para proceder a la identificación para el Movimiento
de múltiples compañeros de trabajo y amistades que nunca
fueron mencionados). El segundo modelo le fue entregado
por Leandro a Rafael Francisco Bonnelly Batlle. Todos los
mensajes transmitidos trataban de solicitud de armas para la
lucha, y en el último se señalaba un sitio de recepción.
Los días transcurrían, cada vez se hablaba más libremente
de la conspiración, y en el ínterin las labores de unificación
y consolidación se llevaban a cabo en reuniones donde
participaban los representantes de los grupos de las diferentes
regiones del país. Por fin, en reunión celebrada el 10 de enero de
1960 en la finca de Charles Bogaert en la Provincia de Valverde,
Mao, a la cual asistieron en representación de los grupos
regionales, Manolo Tavares, Minerva Mirabal, Niño Álvarez,
Dulce Tejada, Luís Gómez Pérez, Leandro Guzmán, Cayeyo
Grisanty, Julio Escoto Santana, Pipe Faxas, Ramón Rodríguez,
Germán Silverio Mesón, Efraín Dotel Recio y Carlos Bogaert,
se conformó el Comité Central del movimiento, se adoptó
como nombre Movimiento 14 de Junio a instancias de Minerva

Mirabal y se acogió como Programa Mínimo de Gobierno el
sustentado por nuestros héroes y mártires de junio del 59.
Por mi hermana Eunice, venida desde San Francisco de
Macorís, me enteré de la detención por el SIM de Niño Álvarez
y Miguel Antonio Tejada. Era el 19 de enero de 1960. Residía
entonces en Santo Domingo en la casa de los suegros de mi
hermano Milton, en la 30 de Marzo, justo frente a las oficinas
del SIM. Al anochecer nos sentamos en el porche, y empezaron
a pasarnos por el frente los característicos caliés. Nos retiramos
a dormir, pero a la 1:00 de la madrugada, sentimos atronadores
golpes en la puerta, y cuando el dueño de la casa les abrió,
entraron como perros feroces a mi habitación tirando todo al
suelo, preguntándome donde estaban las bombas, pretendiendo
llevarme en las ropas de dormir que vestía, a lo que me opuse
tajantemente, poniéndome un pantalón y una blusa. Fueron
dos los vehículos que me buscaron.
El automóvil Mercedes Benz de Emil Scott, harto conocido
por mí puesto que lo veía salir del parqueo del SIM todos
los días, y uno de los Volkswagen, bautizados por la gente
como cepillos, usados por ellos para atemorizar con el sonido
de sus motores a la ciudadanía. En el interior de uno de los
carros se encontraba Leandro Guzmán desfigurado por los
golpes y torturas a que había sido sometido. No sabía hacia
dónde me conducían, pero sí sabía en las manos de quienes
me encontraba.
En el trayecto escuchaba las conversaciones que
mantenían con su base y con los demás carritos que esa noche
desplegaban una frenética actividad de detención de miembros
del Movimiento. Se referían a nosotros como paquetes. Al
llegar a La 40 fui recibida por Cándido Faustino Pérez, quien
anotó mis generales de ley, y Tunty Sánchez, quién me dio un

Las mujeres en el Movimiento Clandestino 14 de Junio
halón de cabellos, a la vez que me amenazaba con que todos
los subhombres presentes en la sala de tortura adonde fui
conducida, si no hablaba procederían a violarme. El espectáculo
dantesco de decenas de hombres desnudos y flagelados fue el
preámbulo de la sala de tortura donde se encontraban los
criminales Johnny Abbes, Tunty Sánchez, César Báez, Tavito
Balcárcel, Luís José de León Estévez, César Villeta, Clodoveo
Ortiz y muchos más cuyos nombres no recuerdo.
También observé todos los instrumentos de tortura utilizados
por ellos, incluida la tristemente célebre silla eléctrica. Todavía
sin haber sido golpeados, puedo recordar a los doctores Manuel
Tejada Florentino, José Fernández Caminero, Rafael Francisco
Bonnelly, Gilberto Sánchez Fuster, y otros que la memoria
negativa que he puesto en práctica, ahora mismo no registra.
Fui invitada a despojarme de mi ropa, cosa que me negué
a hacer, procediendo entonces el coronel Candito Torres
a desgarrármela, para rebajarme en mi dignidad, para con
evidente placer aplicarme la picana eléctrica en los senos y el
vientre. Hicieron cínicos comentarios sobre mi figura. Tavito
Balcárcel me vació una pluma de fuente sobre el cuerpo,
salpicando a César Báez, quién protestó airadamente. La
rabia y la indignación que sentía eran tan grandes, que si me
hubieran matado no me hubiera importado. Esos sentimientos
me proporcionaban una calma sólo explicable porque me
convertían en insensible. Me sentí superior a esas bestias que
se ensañaban en seres indefensos, cuyo único delito era tratar
de romper las cadenas de la esclavitud al que ese régimen de
oprobio al que servían tenía sometido al país.
Una lágrima no salió de mis ojos. Los vi con el desprecio
que merecían, y mis compañeros que desde el corral de golpeo
presenciaban la escena, se sintieron más fuertes y capaces de

soportar el martirio. Comenzó el interrogatorio invitándome
a mencionar los integrantes de mi célula. Ya habían sido
traídos a mi presencia Niño Álvarez, Miguel Tejada y Rubén
Díaz Moreno. Nos miramos, porque yo quería saber qué tanto
conocían ellos además de lo de las bombas; me di cuenta que
nada de la correspondencia. Por mí nadie fue encarcelado.
Cuando se dieron cuenta de que no conseguirían nada más, me
vestí con lo que quedaba de mi ropa, y fui conducida al Palacio
de Justicia de Ciudad Nueva a su Departamento de Policía. El
policía que me recibió tenía en sus manos un espejito redondo
con la imagen de una virgencita de La Altagracia por detrás. Se
lo pedí, y como él ignoraba las causas de mi detención me lo
dio. Saqué la imagen, y la coloqué debajo de la plantilla de mi
zapato. También me dió un periódico que me sirvió de colchón
y frazada. Pude escuchar, avanzada la mañana del 20 de enero,
el interrogatorio que se le practicaba a Félix Bernardino (parece
en ese momento caído en desgracia con Trujillo), respecto al
asesinato de varios peones de su finca en El Seybo.
Llegó la noche, y con ella la incertidumbre de si volverían
a buscarme ya que todos los movimientos de prisioneros se
realizaban en la madrugada. Pasó el día 21, y en la madrugada
del día 22 llevaron a la celda donde me encontraba a María
Teresa Mirabal y a Miriam Morales, del grupo de Puerto Plata
ésta última. A la siguiente madrugada las tres fuimos llevadas a
la casita de La 40 donde ya tenían a Minerva Mirabal y a Asela
Morel. Cuando Minerva nos vio, lloró, y luego nos confesó
que hedíamos y estábamos sucias. No nos habíamos decidido
a bañarnos en el baño sin puerta de la cárcel.
Trajeron a Dulce Tejada. Le permitieron traer su cartera,
lo que fue una bendición, pues un pañuelito que portaba sirvió
de toalla sanitaria a quién lo necesitó. Carecíamos de todo en

Las mujeres en el Movimiento Clandestino 14 de Junio
absoluto, pero manteníamos alta la moral. Luego trajeron a
Fé Ortega, y con ella fuimos siete. Todas fueron interrogadas,
pero no torturadas físicamente, sin embargo, psicológicamente
lo éramos continuamente.
Recuerdo una noche en que Clodoveo Ortiz entró a la
habitación donde nos mantenían, con un puñal en la mano.
Nos preguntó si queríamos algo, y las demás pidieron algunas
cosas de aseo. Al yo mantenerme en silencio me dijo: “¿Y la
blanquita no quiere nada? Yo contesté: Si fuera tan amable y
me devolvieran mi cadena que me quitaron, se lo agradecería
y ¡Sorpresa! me la trajo de vuelta. Aún la guardo como
reliquia”.
Una madrugada, no recuerdo cual, me fueron a buscar,
me esposaron como de costumbre, y me llevaron al penal de
La Victoria, donde me encerraron en una solitaria de hombres
de dimensiones mínimas, con una sola ventana cerrada, por
lo que la oscuridad reinante era total. Cuando mis ojos se
acostumbraron a la penumbra ya amanecida, pude ver manchas
de sangre en las paredes, algunos nombres, y decidí, para
no perder la noción del tiempo, hacer una rayita en la pared
por cada día transcurrido. Me pusieron las dos latas clásicas:
Una para la comida que nunca comí y la otra para defecar y
orinar.
La misma madrugada de mi llegada percibí conversaciones
de otros prisioneros en solitaria. Ellos, los que yo escuché,
resultaron ser Segundo Imbert y Papito Sánchez, y decían:
Trajeron a solitaria una mujer. Trataremos de pasarle algo de
comer y con Perozo, a quién tenían limpiando el pasillo, así
lo hicieron. Como no probaba lo que me llevaban de comer,
el coronel Frías me hizo llevar a su despacho, y me dijo: “A
usted la puse ahí cumpliendo órdenes, porque yo sólo hago

lo que me ordenan. Si me dicen que los mande al otro mundo
también lo hago”. Me regaló un chocolate, y ordenó que me
pusieran en una solitaria de mujeres, y que una de las menos
malas de las prisioneras me proporcionara un poquito de jabón
y desodorante. La primera visión que tuve cuando penetré al
patio de recreo de las prisioneras, que antecedía al cuerpo de
celdas, fue el de una reclusa semidesnuda debajo de la llave
de agua. En la celda quedé sola…
Me fueron a fotografiar, y el día 2 de febrero en compañía
de Rubén Díaz Moreno, José Fernández Caminero, Huáscar
Castillo, Rafael Francisco Bonnelly, César Batista, Papy Viñas,
Josué Erickson y un grupo más de compañeros, nos llevaron
al Palacio de Justicia, para ser juzgados. Guardias fuertemente
armados nos custodiaban. El juzgado resultó pequeño para la
gente que acudió tan pronto se fueron enterando de nuestra
presencia allí. Algunos parientes lloraban al comprobar nuestra
condición. Eran evidentes los maltratos sufridos. La visión de
un compañero con la espalda llena de gusanos y los verdugones
en las partes visibles de los cuerpos, daban una idea lejana de
los vejámenes a que éramos sometidos.
La comedia del juicio comenzó. Presidía el tribunal el
Juez Sosa Agramonte; el Fiscal era Víctor Garrido; el abogado
defensor Leo Nanita; y la parte civil representando al Estado
la desempeñaba Ramón Pina Acevedo. Victor Garrido me
preguntó que cómo nos trataban, e irónicamente le contesté
que bien. Nos dijo que trataría les permitieran a los familiares
y personas presentes pasarnos algunos alimentos. Ese buen
deseo no se pudo materializar, porque el público indignado,
prácticamente se les fue encima a los guardias, tratando
de acercarse a nosotros. Fuimos condenados a 30 años de
trabajos públicos y al pago de RD$600,000.00 de multa. Nos

Las mujeres en el Movimiento Clandestino 14 de Junio
retornaron rápidamente al autobús sin permitirnos recibir lo que
las personas presentes querían entregarnos. Recuerdo haberle
puntualizado al Juez, cuando me preguntó si yo ratificaba lo
dicho en instrucción, que no había sido en esa instancia donde
había ocurrido, si no en el SIM. Me recalcó que en instrucción;
y yo le repetí que en el SIM de nuevo, y ya no insistió más.
Cuando nos cantaron la sentencia, el único comentario que en
voz alta hice fue ¡Que optimista!
Retornamos al penal de La Victoria, y al atravesar el patio
de hombres donde se encontraban Cristóbal Gómez Yangúela,
Joaquín Santana, Alcides Camilo, entre otros, éste me preguntó:
“¿Cómo les fue? Y yo le contesté. Fenómeno. Porque por
primera vez había visto reaccionar indignada y sin miedo la
representación del pueblo que se encontraba presente en el
sainete de juicio”.
Ya juzgada me abrían la puerta de rejas y podía salir al
pasillo. Esa madrugada fueron traídas desde La 40 a mi celda
las 6 compañeras que allí habían quedado. Al amanecer las
llevaron a una celda similar, situada en el pasillo paralelo al
mío. Podía ir adonde ellas a conversar.
Como ya estaba juzgada se suponía que mis familiares
podrían visitarme, por lo que María Teresa Mirabal me
encareció hiciera saber a su familia que deseaba le tomaran
una foto a Jacqueline, su hija, quién cumpliría su primer
año el 7 de febrero, para ella guardar un recuerdo de ese
día. Afortunadamente, y sin ningún preámbulo, aparecieron
los esbirros del SIM, y nos ordenaron recoger nuestras
pertenencias, para conducirnos a nuestras casas maternas.
Al llegar dije a mis padres: “Me sentía mucho más humana,
ya que nunca había sabido lo que era pasar hambre y frío, y
ya lo había experimentado. También les comenté, que creía

haber escuchado todas las malas palabras existentes en el
mundo”.
Por fin, nuestra Madre Iglesia, durante tanto tiempo
colaboradora y silente ante los atropellos a la ciudadanía, habló
mediante una Carta Pastoral memorable y determinante para
nuestra excarcelación.
La indignación general comenzaba a sentirse, y el
régimen era seriamente cuestionado aun por los hijos de sus
colaboradores, quienes eran nuestros compañeros de prisión,
enfrentando además serias dificultades económicas, comenzó
a liberar grupos de compañeros, entregándolos a sus padres,
algunos de los cuales lamentaron públicamente la conducta
de sus hijos.
Por eso siempre he mantenido que el peor crimen de
la dictadura fue rebajar en su dignidad a todo un pueblo y
postrarlo a sus pies.
Semanas después de nuestra primera liberación, acompañada
de Doña Fefa Yangüela y de la esposa y suegra de Niño Álvarez,
visité los compañeros que se encontraban en La Victoria,
llevándoles rosarios de regalo.
En las dos esquinas de mi casa en Salcedo, desde las 6:00
a.m., se apostaban dos caliés, quienes controlaban todos los
movimientos de personas, y presumiblemente rendían informes
diarios.
Ser desafecto al régimen era igual que padecer una
enfermedad contagiosa. Amigos de toda la vida evadían
saludar, cosa que les facilitábamos, dándoles discretamente la
espalda. También recibíamos la solidaridad de muchas personas
valiosas como Don Ángel Liz, reconocido opositor a Trujillo,
a quién encontré en casa cuando nos soltaron la primera vez.

Las mujeres en el Movimiento Clandestino 14 de Junio
El 18 de mayo, encontrándome en la casa de Don Enrique
y Doña Fefa Yangüela, en San Francisco de Macorís, fui
requerida por miembros del SIM, quienes me condujeron al
Destacamento de la Policía, para hacerme unas preguntas.
Me di cuenta enseguida que estaba detenida de nuevo, como
ocurriría cada vez que les viniera en ganas, ya que pesaba sobre
mí una condena de 30 años.
Las comunicaciones que establecieron por sus radios
me permitieron saber que ya a Minerva Mirabal la traían
de camino. Las dudas para también traer a María Teresa
obedecían a que ella se encontraba aquejada de fiebre muy alta
a consecuencia de una bronquitis. Los que traían a Minerva, que
ya se encontraban en Tenares, recibieron órdenes de volver a
recogerla en las condiciones que fueran. Llegó envuelta en una
frazada, y con el pelo recogido en un moño despeinado. Diez
días necesitamos Minerva y yo para desenredar ese pelo tan
largo. Nos reunieron a las tres en el asiento trasero de un cepillo,
y emprendimos el camino hacia Santo Domingo. Se mostraron
muy amables y en Bonao nos preguntaron si queríamos comprar
algo. Como nos dejaron nuestras carteras aprovechamos para
encargarles que adquirieran para nosotras lo de primera
necesidad. Al llegar a La 40 se repitió la obsequiosidad, y
entonces nos compraron leche en polvo, jugos y galletitas,
que ya al undécimo día de prisión cuando fuimos llevadas a
La Victoria estaban agotadas.
Entre tanta maldad, allí también la bondad estuvo
presente. Uno de los guardianes nocturnos nos regaló unas
mentas, requiriéndonos la devolución de las envolturas, y
al preguntarnos nuestros nombres, y oír el de Minerva dijo:
“Tengo una hija llamada así, que ojala no tenga nunca que
sufrir lo que ustedes están pasando”.

Mientras estábamos en esa casita de La 40, recibíamos
las visitas de Minervino, Darío Trujillo, etc. Nos negábamos
a comer la comida que nos servían. Un día parece que para
quebrar nuestra resistencia a sus sugerencias de agradecer al
monstruo las desconsideraciones de las que éramos objeto, nos
separaron y colocaron a cada una en una habitación diferente.
En la que a mi me pusieron, estaban todos los elementos del
consultorio del Doctor José Fernández Caminero, desde cuadros
y libros, hasta recetarios. Nos aseguramos un libro, que en la
frazada de María Teresa llevamos escondido a La Victoria y
que fue destruido por él más tarde, para no comprometernos.
Tan pronto arribamos a nuestro nuevo destino, los
compañeros reunieron y nos hicieron llegar leche evaporada,
galletas, chocolate, etc. Por lo menos unas diez libras habíamos
rebajado. Nos encerraron en una solitaria de mujeres totalmente
vacía, ordenando el capitán Montás cerrar la única ventana que
poseía. Cometí la imprudencia de tomar una leche evaporada
pura, después de tantos días sin comer, lo que me provocó
vómitos toda la noche. Las muchachas se cansaron de llamar
al llavero pero nadie acudió. A la mañana siguiente manifestamos
al sargento mayor Martínez nuestra inconformidad, y no había
pasado una hora, cuando todos los oficiales del penal, incluyendo
al coronel, se apersonaron a la celda. El coronel preguntó por
qué la ventana estaba cerrada y le contestamos que el capitán
Montás la mandó a cerrar, ya que le molestaba que cantáramos.
(Desde la primera prisión lo hacíamos diariamente). Ordenó
nos trajeran camas y abrieran la ventana. Cuando se marcharon,
nos abrazamos, regocijándonos de haber ganado esa ronda. El
médico examinó a María Teresa, y le aplicó unas gotas para la
otitis consecuencia de la bronquitis.

Las mujeres en el Movimiento Clandestino 14 de Junio
Comenzaron los muchachos a llamarnos mariposas.
Siempre que se referían a nosotras nos identificaban así. Hasta
los centinelas cuando portaban mensajes para nosotras nos
llamaban de ese modo.Todos los días rezábamos y cantábamos
las mañanitas para que los alojados en el Pabellón A las oyeran
y se sintieran acompañados y confortados. Cantábamos algo
muy ajustado a la situación de entonces, El Ratoncito Miguel,
todo nuestro repertorio de canciones de nuestros tiempos,
así como los himnos a los Padres de la Patria, y por supuesto
nuestro Himno Nacional, riéndonos siempre de lo desafinada
que era María Teresa. Acechábamos a los muchachos a la hora
en que los sacaban a tomar el sol y tratábamos de que ellos
nos vieran también. Establecimos correspondencia con ellos,
Minerva con Manolo, María Teresa con Leandro, y a mí que
era soltera, me escribía Moncho Imbert. Todo eso logrado
con sobornos, y siempre con la recomendación de destruir los
papelitos luego de leídos, requerimiento que no cumplimos, y
que nos costó después tremendo castigo.
Minerva y María Teresa fueron llevadas a juicio, y luego
a apelación, quedando sobre ellas pendiente una condena de
5 años, RD$200,000.00 pesos de multa y la confiscación de
todos sus bienes. Comenzamos a recibir visitas de nuestros
familiares, viajando juntos, mis padres y Patria Mirabal,
quienes mediante papelitos disimulados dentro de las cosas
que nos llevaban, nos informaban de las denuncias y noticias
que desde Venezuela y Cuba se transmitían.
Un día fue llamada Minerva a las oficinas del coronel, y
cuando regresó, se puso a llorar. Le preguntamos que pasaba,
y nos informó que:

“el coronel le había propuesto que escribiéramos una carta
a Trujillo, manifestándole nuestro arrepentimiento por nuestra
conducta, para que él en su benevolencia nos libertara”.
Ella nos dijo:
“que se sentía responsable por nosotras, por el hecho de
ser mucho más jóvenes”. María Teresa y yo le contestamos,
que se sintiera relevada de esa responsabilidad, ya que nuestra
decisión era no hacerlo, aunque ella decidiera otra cosa. Quedó
tranquila.
Organizamos nuestros inacabables días de encierro con
lecturas y comentarios. Siendo Minerva la más culta de nosotras,
era quien aportaba el mayor material. Hablábamos de lo que se
haría en nuestro país posdictadura, en lo social, en lo político,
en lo económico y lo internacional. También hablábamos
de nuestras familias, de nuestros problemas personales,
identificándonos tanto en el dolor de nuestra situación, que
llegamos a sentirnos como verdaderas hermanas.
El 24 de junio de 1960 se produjo en Caracas, Venezuela,
un atentado contra la vida del Presidente Constitucional de ese
hermano país, Rómulo Betancourt, amigo tradicional de los
dominicanos libres. Se comprobó la culpabilidad de Trujillo. La
repulsa internacional provocó la sesión del Solio presidencial al
hermano del tirano, Héctor, en un vano intento de simulación;
luego pasó a Joaquín Balaguer. Cundió el desánimo entre sus
seguidores, y se agudizaron los coletazos de la fiera que ya se
sentía herida.
Los días transcurrían llenos de incertidumbre, pero
manteniendo la esperanza de cambio. Se multiplicaban las
denuncias de los grupos dominicanos en el exterior.

Las mujeres en el Movimiento Clandestino 14 de Junio
Viendo que no nos quebrantaban en nuestras posiciones,
decidieron separarnos y colocarnos con las presas comunes,
quienes representaban todo lo que la sociedad confina con
fines de rehabilitar. A las tres nos tocaron como compañeras,
infanticidas, homicidas, lesbianas, ladronas y prostitutas, que se
gloriaban de ser tan malas, que a las 48 horas de permanencia
en un pueblo tenían que marcharse. Justo es decir, que aparte de
tenernos miedo y cuidar lo que hablaban en nuestra presencia,
siempre nos trataron con un gran respeto.
Para el “resquicio” o revista que se efectuaba todos los
sábados, nos alineamos junto a ellas y vimos cómo los oficiales,
al terminar la inspección, en lugar de volver a pasar frente a
nosotras, le dieron la vuelta al patio. En una ocasión uno de
ellos nos manifestó que no querían vernos allí. Bromeábamos
con los guardias de confianza que nos visitaban, diciéndoles
que éramos joyas preciosas, a quienes no se atrevían a mover ni
un centímetro, sin la indicación del SIM. Ellos mismos sentían
temor de esos asesinos desalmados. Recuerdo mi expresión
de indignación manifestada al enterarme de la muerte de mi
primer sobrino. Dije: “¡Hasta en la barriga los mata! A lo que
el guardia de confianza comentó, “que esas mujeres parece
olvidaban que estaban presas. Mi hermana embarazada ya,
presenció mi primer apresamiento”.
Los papelitos conservados por nosotras los escondíamos
en los ruedos de los vestidos, en los bolsillos de lo puesto, en
sitios que considerábamos seguros, pero no contábamos con
que nos vinieran a buscar sorpresivamente, como ocurrió. Nos
llevaron a La 40 de nuevo, pero allí, ¡oh sorpresa! encontramos
camas con mosquiteros, lo que nos movió a preguntarnos qué
estaría pasando en el mundo que provocaba esos cambios
tan drásticos. Luego nos enteramos, estaba supuesta a venir

una comisión de la OEA que investigaría la situación de los
prisioneros ante el reclamo internacional. Olvidaba comentar
que mosquitos como los de La 40 y ratones como los de La
Victoria pocas veces había visto.
Pocos días después, sin que ocurriera ninguna novedad,
fuimos retornadas a La Victoria, encontrándonos con la
desagradable nueva de que nuestras pertenencias habían sido
en parte robadas y descubiertos nuestros adorados papelitos.
Nos castigaron separándonos, poniéndonos en celdas
contiguas, lo que nos permitía conversar. Minerva solicitó al
coronel Nivar Ledesma yeso para modelar un busto mío que
hoy se encuentra en el Museo de Conuco. Él le preguntó, que
si para fabricar bombas, pero de todos modos lo permitió. Nos
volvieron a juntar y el busto se materializó. Hacíamos planes
para el incierto futuro.
Los seguidores del régimen comenzaron a sentir que se
tambaleaba y los guardias empezaron a ser más amables y
a preguntarnos si los teníamos en la lista de los que serían
castigados cuando cayera el régimen. Pasó julio. Liberaron un
grupo de presos, y nos enteramos del asilamiento de algunos,
entre ellos Luís Gómez Pérez, uno de nuestros miembros más
valiosos, quien mantuvo ante las torturas un valor espartano.
Comenzamos a planificar nuestras acciones posteriores
a la excarcelación. Con su tradicional optimismo, Minerva y
María Teresa proyectaban la venta de los bienes que todavía
quedaban en su poder. Sus máquinas de coser, sus neveras, etc.
Yo escuchaba, y en un momento les pregunté:
“¿Ustedes no han pensado en las manos que estamos? ¿Qué
ellos nos pueden hacer lo que les de la gana, en el momento
que les de la gana?”.

Las mujeres en el Movimiento Clandestino 14 de Junio
María Teresa, con los ojos tan lindos que tenía me
contestó:
“¡Ay Sina! Por primera vez, tú me has hecho pensar en la
muerte, pues yo soy tan jóven que nunca había pensado en
morirme”.
A lo que yo les dije:
“Tan pronto nos suelten, si es que lo hacen, me asilaré en
una Embajada, pues no esperaré con los brazos cruzados, a
que me vayan a buscar una tercera vez”.
Ellas se pusieron pensativas, y concluyeron, que a ellas les
resultaba imposible hacerlo, si no soltaban a sus maridos, ya que
los condenarían a una muerte segura. Estábamos conscientes
de que si la excarcelación no ocurría, tanto la nuestra como la
de ellos, para el 16 de agosto, fecha tradicional para conceder
los indultos, ello no ocurriría.
El día 9 de agosto en la mañana recibimos la orden de
recoger nuestras pertenencias para llevarnos a nuestras casas.
Tan pronto llegué a Salcedo, a través de mi amiga del alma,
la única que me visitó en La Victoria, Altagracia Gil, hice
contacto con el grupo del cual formaban parte Yolanda Bloise
de Brito, René Sánchez Cordoba y Rubén Echevarría. Por
otra parte, Salvador Sturla contactó al Primer Secretario de la
Embajada de México, para que me recibieran en calidad de
asilada política.
Ya realizados los contactos, comuniqué a mis padres mi
decisión. La noche anterior a realizar mi asilamiento, les
aseguré que no correría ningún peligro, pues serían dos los
vehículos que participarían, y los compañeros estarían armados.
Auque no era cierto, la versión los tranquilizó. Estaba decidida
y prefería que me mataran en el jardín de la Embajada, como


ya había sucedido a otros, antes que permanecer indefensa,
sujeta a los caprichos de una fiera agonizante. Nunca olvidaré
el sollozo de mi padre en su abrazo de despedida, sin saber
cuándo volveríamos a vernos, si era que el asilamiento resultaba
exitoso.
A las 6:00 a. m., se iniciaba la vigilancia de mi casa, lo
que hacía necesario salir de madrugada. Así lo combiné con el
chofer que viajaba a Santo Domingo, miembro no conocido del
movimiento, quien de inmediato accedió a cambiar la hora de
salida. Mi mamá viajó conmigo. Quedó donde unos parientes
y a Polo, que así se llamaba el chofer para no comprometerlo,
acordamos dijera, me dejó en la Iglesia del Carmen. En realidad
me desmonté en la residencia de Yolanda Bloise, donde ya
me esperaban los compañeros mencionados anteriormente.
Me informaron que el asilamiento, por razones de seguridad,
debería realizarse en la Embajada Argentina, donde ya otros
compañeros lo habían hecho. Leí una página de la Biblia que
Yolanda me señaló y de inmediato me fui con ellos.
Me señalaron la casa en la Pedro Henríquez Ureña, y me
dejaron a una cuadra de distancia de la puerta de la verja,
que era baja. Nos intranquilizó un cepillo en vía contraria,
lo que provocó que yo entrara al jardín de la casa vecina
equivocadamente y que ellos casi chocaran el carro en que
regresaban del supermercado la Embajadora y su hija. Al
darme cuenta de mi equivocación, ya estaba dispuesta a saltar
el seto vivo que separaba ambas residencias, pero al ver al
cepillo seguir su camino salí a la acera y toqué normalmente
a la puerta de la Embajada. Pregunté por el Embajador o por
su esposa. No estaban y me pidieron esperara, al momentito,
muy sonriente y amable, pero algo nerviosa, porque unos locos
habían estado a punto de chocarlas, hizo su aparición Doña

Las mujeres en el Movimiento Clandestino 14 de Junio
Elsa de Escobar Cello. Yo esperaba sentada en el vestíbulo
fumando un cigarrillo, vicio al que me introdujo María Teresa
en La Victoria, y que fue motivo de muchas bromas.
Al manifestarle el motivo de mi presencia, se comunicó
de inmediato con su Cancillería, y rápidamente estuvo con
nosotras el primer Secretario de la Embajada, el señor Sierra.
Me procuraron un ejemplar del libro Complot Develado,
escrito en La 40 por Rafael (Fefé) Valera Benítez, donde los
anteriores asilados habían subrayado las fotos de las personas
que a juicio de ellos corrían mayor peligro de muerte. Entre
ellas estaba yo.
A la sazón ya era inminente la celebración de la Quinta
Conferencia de Cancilleres en Costa Rica, donde se juzgaría la
paternidad de Trujillo, en el frustrado atentado contra la vida del
Presidente Constitucional de Venezuela Rómulo Betancourt.
Ante la inminencia de las sanciones diplomáticas y económicas
al régimen, el Embajador Don Enrique Escobar Cello me llamó
aparte y me explicó, que si la ruptura de relaciones diplomáticas
se producía antes de nuestra salida hacia su país, nosotros
quedaríamos desprotegidos, ya que únicamente ellos y su
personal conservarían la inmunidad. Me preguntó si contaba
con alguien que me escondiera en el caso de que a ellos los
conminaran a salir, y yo le contesté que no, haciéndole notar
que había otras cosas peores que la muerte, a lo que él me
aseguró que nunca me abandonaría. Mi agradecimiento a tan
responsable diplomático y a toda su familia será eterno.
Los embajadores y su hija me acogieron como a un
miembro más de su familia. Podía salir al patio a jugar con su
perrita, después de retirado el servicio doméstico. Un día en
que departíamos en la sala, voces alteradas de personas nos
hicieron tirarnos al piso. Era el grupo de los Valera Benítez,

Hugo Toyos y su esposa Queyita Santos, en busca de protección
diplomática. Luego llegó José Frank Tapia, después de sufrir
un vía crucis de irresponsabilidad, luego Evangelina Leroux.
Vehículos de la Embajada argentina nos escoltaron hasta la
Cancillería, en busca de nuestros pasaportes. Allí fuimos
contemplados por los empleados como extraterrestres.
El día 26 de agosto, escoltados también por vehículos de
la legación diplomática, nos dirigimos al aeropuerto de Punta
Caucedo, yo bajo la vigilancia permanente del Señor Sierra,
Primer Secretario de la Embajada, con instrucciones del
Embajador de no tomar ni agua en el aeropuerto y no separarse
bajo ningún concepto de mi hasta que no estuviera en mi asiento
en el avión. Viajamos por la línea aérea Varig, de la cual en ese
momento era funcionario Papy Rodríguez Villeta, quién me
imagino sufrió un mundo viéndonos escapar del tirano. Fue
un viaje muy largo, pues hicimos escalas en Trinidad, Belem,
Sao Paulo, Río de Janeiro y Montevideo, donde dormimos para
reiniciar el viaje a la mañana siguiente.
Durante el vuelo la tripulación nos ofreció un brindis de
champagne en celebración de nuestra libertad. Arribamos
a la bella ciudad de Buenos Aires, siendo recibidos por los
compañeros que allí se encontraban y algunos periodistas. Nos
alojaron en un refugio de indigentes en el barrio de Burzaco.
Luego, las mujeres fuimos llevadas a un hogar de niños ciegos.
Nosotras, que llevábamos en el alma la tristeza de la separación
de nuestros familiares y nuestra Patria, nos sentimos más tristes
todavía, con los ojos sin luz de todos esos niños tan dulces,
condenados a una vida sin imágenes ni colores. Me sentía vieja
a pesar de mi juventud, y me parecía que el mundo se había
detenido, hasta cuando la primavera, que recién comenzaba,
vistió de verde todos los árboles, y así como la savia circuló

Las mujeres en el Movimiento Clandestino 14 de Junio
por sus venas, así también lo hizo mi sangre, confiriéndome
nuevos bríos para la lucha diferente que recién comenzaba.
Pocos días después, vino hasta el Asilo Alba de Cabral
y nos invitó a Evangelina y a mi a hospedarnos en su casa.
Allí convivimos con Manuel, Chinchina, Peggy y Alejandro,
entonces un travieso niño de dos años. Mi agradecimiento
hacia ellos será eterno en mi corazón. De inmediato solicité la
visa de residencia norteamericana, a fin de reunirme con mis
hermanos, objetivo que logré en diciembre de 1960. Debo hacer
notar, que en Argentina, en aquellos momentos, poco era lo
que se sabía sobre la situación dominicana, y a excepción de
las noticias procedentes de nuestros compatriotas en el exilio,
era escasa o inexistente la información.
Una mañana al levantarse Manuel, salió con el periódico
en las manos, y me comentó:
“Sina, organizaciones dominicanas en el exterior dicen
que no fue un accidente que cobró las vidas de las hermanas
Mirabal, si no que fue un asesinato”.
Le arrebaté el periódico de las manos, diciéndole:
“¿Tú sabes de quienes me estás hablando, de mis
hermanas?”.
Leí entre lágrimas la reseña y ese día fue de verdadero duelo
para todos nosotros, especialmente para mí. Lo que yo siempre
temí se había consumado inmisericordemente, sacrificando
junto a ellas al valiente Rufino de la Cruz, quien muy bien
sabía a lo que se exponía transportándolas.
Cuando entre sollozos le comenté a Doña Elsa lo sucedido,
me consoló diciéndome que esos dolorosos precios son el saldo
de la lucha, y que de yo haber permanecido en mi país, hubiera
corrido la misma suerte.

El día anterior al viaje a los Estados Unidos de América,
fui llamada a la Policía argentina para proporcionarme escolta,
ya que habían recibido denuncias de un posible intento de
asesinato. Les manifesté viajaría al día siguiente, no saldría
de la casa más que hacia el aeropuerto, acompañada por
algunos de los muchachos, por lo que consideraba innecesaria
la medida.
Fue un largo viaje, del Hemisferio Sur, al Hemisferio
Norte. Dejé Buenos Aires en un tórrido verano, y llegué a
los Estados Unidos en pleno invierno. Un nutrido grupo de
compañeros y miembros de organizaciones antitrujillistas me
dieron la bienvenida, pero sobre todo mi hermano mayor, a
quien le costaba reconocer en la mujer que tenía ante si a la
niña que dejó de ver por 12 años. Todavía guardo fotos de la
llegada a Nueva York envuelta en la bandera de mis amores,
la Dominicana.
En Nueva York reanudé mis actividades políticas, viajando
en distintas oportunidades a Puerto Rico, Curazao y Guadalupe.
El momento más dramático para mí fue el encuentro en
Washington con Manolo y Leandro en noviembre de 1961.
Faltaban ellas para siempre, y esa certeza laceraba el alma.
Estando en Puerto Rico, caminando por la avenida Ponce
de León, alcancé a ver al Dr. Sorrentino, exiliado por muchos
años allí, que me gritó:
“Sina. Mataron a Trujillo. Lo acaba de decir Pierre
Sallinger desde París, donde acompañaba al presidente
Kennedy”.
Me pareció increíble, pero en ese momento Ramón Cáceres
y Papy Viñas aparecieron y me cargaron. Se generó una
algarabía de dominicanos y puertorriqueños, y comenzamos

Las mujeres en el Movimiento Clandestino 14 de Junio
a desfilar por las calles, portando banderas dominicanas que
por arte de magia aparecieron, haciendo sonar las bocinas de
todos los automóviles que se unían a nuestra caravana. Nos
llegaron los detalles del ajusticiamiento del tirano, así como
de la cacería desarrollada contra los autores e implicados. Fue
otro episodio de la historia dominicana donde el valor y el
arrojo de un grupo de valientes hicieron desaparecer la hiena
sanguinaria que durante 31 años martirizó nuestro país. En la
casa de don Leo Cuello y Doña Conina Mainardi me encontraba
junto a Doña Gracita Díaz, cuando un periodista venezolano le
mostró la foto donde ella reconoció a su hermano Juan Tomás
y a Antonio de la Maza, muertos frente a la Ferretería Read.
Regresé al terruño el 18 de enero 1962. Nunca antes me
pareció el cielo más azul, el mar más bello, y el verde de los
árboles más alegre, que cuando mi avión se acercaba a tierra. Le
decía a la niña que viajaba a mi lado: “Mira que bella nuestra
bandera. Que preciosos nuestros campos, que azules el cielo
y el mar”. Sentía que cantaban una canción de libertad.
Existía impedimento de entrada para mí, pero mis familiares
y grupos del 14 de Junio, de la Federación de Mujeres
Dominicanas, de la Federación de Estudiantes, estuvieron allí
para recibirme, y de cualquier manera permitirme la entrada
a nuestro país. Me sacaron por una puerta lateral, y nos
fuimos directamente a la sede del Movimiento 14 de Junio,
donde se me recibió oficialmente. Me integré a las labores del
Movimiento. Y cuando se constituyó en partido político fui
miembro de su Comité Central.
Nuestra Agrupación y luego nuestro Partido, contaba con
la simpatía de la mayoría del pueblo dominicano. Nuestra
inmadurez política nos hizo subestimar factores geopolíticos
que conducirían a la inmolación de lo más granado de nuestra


dirigencia tratando de repetir, en condiciones y escenarios
diferentes, la exitosa y admirada por nosotros experiencia
cubana.
Se celebran elecciones libres por primera vez el 20 de
diciembre de 1962 y el Partido 14 de Junio no participó. Resultó
electo el demócrata Juan Bosh, quién asumió el poder el 27 de
Febrero de 1963, en el aniversario de nuestra independencia.
Se promulgó la Constitución del 1963, a juicio de los juristas
la mejor que hemos tenido, y se inició el gobierno más pulcro
de los tiempos modernos. Los sectores más conservadores
miraban con recelo los cambios que se pretendían, así como
las actividades que desarrollaba el 14 de Junio. Nos tildaban
de comunistas, etiqueta preferida por Trujillo para denigrar
a sus opositores. El gobierno recibió presiones para que nos
reprimiera, y se negó a hacerlo. Comenzaron las conspiraciones
a fraguarse y el 25 de septiembre, siete meses después de
instalado el nuevo gobierno, ocurrió el infortunado golpe de
Estado que motiva la insurrección del 14 de Junio en defensa
de la Constitucionalidad.
Prestar este testimonio, ha significado revivir todo el
horror de aquellos días aciagos en que el terror imperaba en
nuestro país. Lo he hecho como un compromiso y un deber
hacia mi pueblo, para que las actuales generaciones, y las que
les sucedan, no permitan NUNCA JAMÁS la entronización
de otra dictadura. Debemos defender con uñas y dientes los
logros, pocos o muchos, que hemos conseguido, respetando
y practicando los principios, que los fundadores de la
Patria mantuvieron como estandarte, a lo largo de toda su
existencia.

¡Loor a todos los que ofrendaron la vida por la Libertad!

¡Viva la República Dominicana!

miércoles, 12 de mayo de 2010

"Sina Cabral puso el dedo en la llaga" y Pancarta por Raul Perez Peña

FUNDACIÓN TESTIMONIO
"Sina Cabral puso el dedo en la llaga"

DICE QUE JAMÁS SE BORRARÁ LA IMAGEN DE LA TORTURA Y DE LOS ASESINATOS POLÍTICOS DE TRUJILLO ∙
Raúl Pérez Peña explica en su comunicado de prensa que endosa las palabras de Sina Cabral en todo su contexto.

Santo Domingo

Las declaraciones de Sina Cabral “ponen el dedo en la llaga en un oportuno momento”, a juicio de la Fundación Testimonio Incorporada.

La organización patriótica dice que comparte plenamente el contenido del testimonio ofrecido por esta profesional de la ingeniería, quien fuera prisionera del trujillato en su etapa más represiva.“

Sina habla con la dignidad que le caracterizó al desafiar el terror trujillista y enrolarse bajo los graves peligros de la clandestinidad al Movimiento Revolucionario 14 de Junio”, expresa la nota de la Fundación Testimonio, firmada por su presidente Raúl Pérez Peña.

“Reafirmanos el respaldo a todo lo que contribuya a orientar a la juventud sobre la Era de Trujillo”.

”Raúl Pérez Peña, presidente de la Fundación Testimonio.

Al mérito de Sina se suma el de su hermano Tobías Cabral, profesional del Derecho, quien también fue integrante del 14 de Junio.

“Es muy elegante de parte de Sina Cabral reivindicar en sus declaraciones la valentía de otras mujeres que también formaron parte de la resistencia antitrujillista, como las hermanas Mirabal, Fe Ortega, Dulce Tejada, Miriam Morales y Asela Morel”,agrega.

“Endosamos las palabras de Sina Cabral al calificar a Angelita Trujillo como una ‘reina de pacotilla’, cuyo libro ya hemos descrito como un libelo”, dice Pérez Peña.

La nota firmada por Raúl Pérez Peña agrega que lo dicho por Sina Cabral “cae como anillo al dedo para desmentir la sarta de falsedades escritas por el señor Luis José Domínguez, esposo de Angelita Trujillo, quien, al igual que la hija del tirano se atrevió a faltarle el respeto a Minerva Mirabal, Asela Morel y a otros integrantes del Movimiento 14 de Junio”.

Por ironías de la vida, las declaraciones de Sina Cabral coinciden con el suicidio de Luis José León Estévez, primer esposo de Angelita Trujillo, precisó.

“Para glorificar y mentir sobre Trujillo se pueden publicar toneladas de libros, pero jamás se borrará la imagen de la tortura y del asesinato político, inherentes a la imagen del tirano” precisa la Fundación.
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PANCARTA

Las viles señales del ‘rockash’ politiquer
Raúl Pérez Peña (Bacho)
columnapancarta@yahoo.com

Faltando días para las elecciones, el peor ciego es quien no ve la degradación politiquera que estrangula el país emitiendo señales que obligan a una revisión del presente histórico- político y sus perspectivas.

Los comicios del 16 de mayo hacia el Congreso y los municipios traerán los resultados previstos teniendo en cuenta la petrificación (rockash) de un poder reforzado con el acuerdo entre Leonel Fernández y Miguel Vargas.

La confabulación de las cúpulas politiqueras del PLDPRD cuestiona la calificación de “frágil democracia” atribuida al actual sistema político.

Montada en el dominio de las coordenadas estatales, legislativas, judiciales y municipales, la yunta PLD-PRD con su cola PRSC alienta el auge de los tráficos en variadas expresiones.

Bastaría ver lo que inevitablemente trasciende vía los medios de comunicación, pese a las burlas descaradas para negar o minimizar el destape de los sucesivos escándalos en la administración pública, así como el progreso del narcotráfico: el más tangible, verídico y cuantioso de los progresos que vive el país.

Tienen al país de mojiganga exhibiendo un cinismo vulgar en el disfrute de la impunidad y en la consagración de la mentira, incluyendo espectáculos antológicos como el montaje de la Policía al presentar a dos jóvenes supuestamente rehabilitados o rescatados de la delincuencia, quienes en realidad eran dos agentes policiales haciendo teatro en una burla de mal gusto.

Pese a la policía, admitió que fue atrapada en la mentira, ese recurso es propio de su cotidianidad, de su estilo y de su irrespeto a la ciudadanía.

Lo mismo sucede con los voceros de los legisladores y los funcionarios a los máximos niveles.Lo irreversible de la degradación en la conducción del país alerta a los dominicanos que deben asumir la situación con la gravedad que entraña, el futuro se perfila más ominoso que el presente desastroso que describe la gente sencilla o de abajo y la ciudadanía no secuestrada por la avalancha mediática.

Afortunadamente hay copiosas reservas morales en un pueblo dominicano que se ha liberado de pesadillas similares.

Las lecciones de estas elecciones y de la petrificación o “rockash” del poder ameritan reflexiones profundas, si se pretende avanzar por la conquista de la dignidad, la justicia social y la plena soberanía para el pueblo dominicano.

lunes, 10 de mayo de 2010

Sina Cabral dice Angelita era reina, pero de pacotilla


La República 10 Mayo 2010, 1:06 AM


RESPUESTA A LA HIJA DEL DICTADOR
Sina Cabral dice Angelita era reina, pero de pacotilla

PARADOJA. SOBRE LA GENTILEZA Y DULZURA QUE LA AUTORA DEL LIBRO ASEGURA QUE TENÍA SU PADRE CON LAS MUJERES, LA HEROÍNA EXPRESA QUE TODO ESO ERA MENTIRA, PORQUE ORDENABA HUMILLARLAS




En la entrevista. La ingeniera Tomasina Cabral, quien fue subsecretaria de Obras Públcias en 1978, recibió en su residencia al equipo de LISTÍN DIARIO, encabezado por su director Miguel Franjul. A la izquierda fugura la periodista Wendy Santana.

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“No le di ni una sola lágrima a la tiranía

”Wendy Santana
wendy.santana@listindiario.com
Santo Domingo

Tomasina Cabral frunce el ceño, aprieta los labios y emite una mirada de repugnancia cuando le preguntamos su opinión sobre el libro de Angelita Trujillo: “Trujillo, mi padre… en mis memorias” y contesta que ese libro no merece crédito alguno y que no se le puede creer nada porque ella no sabe lo que dice.

“Lo único que hizo Angelita Trujillo fue vivir una vida de mieles, de fi estas; hasta reina la hicieron; ¡reina de pacotilla!, tenía hasta capa de armiño y corona. Ella nunca estuvo cerca del quehacer político de su padre y por eso no tiene calidad moral para hablar”.

Para Tomasina Cabral, heroína sobreviviente del régimen trujillista, lo que dice Angelita en su libro de Minerva Mirabal, de que se entrevistó varias veces con Ramfi s Trujillo y le pidió que liberara a su esposo Manolo Tavárez, es totalmente falso.

“Mi hermana estaba embarazada y me fue a ver... y el niño murió en el parto. Hasta en el vientre lo matan”.”
Tomasina Cabral Mejía, víctima de la dictadura trujillista“Yo le diría que Minerva era muy digna y que no se iba a rebajar a pedirle favores a Ramfi s, primero se muere. Ella era muy firme y sabía lo que estaba haciendo.

Ella fue la que le puso el nombre al movimiento 14 de Junio”.

Y respecto a la afirmación de la hija del déspota de que su padre no mataba mujeres, ni las maltrataba, sino que las trataba con dulzura, Sina Cabral se ríe para no llorar de desprecio porque sabe más que nadie ¡qué tan dulce! era Trujillo y sus secuaces con las mujeres.

Sólo Angelita Trujillo podía saber cuán dulce era su padre porque todo el resto no, y principalmente nosotras, las que fuimos presas políticas: Minerva y Teresa Mirabal, Asela Morel, Fe Ortega, Mirian Morales, Dulce Tejada y yo sí que sabemos el trato distinguido que Trujillo ordenaba darle a las mujeres.

“Yo recuerdo que estando en La Victoria el coronel Horacio Frías me dijo que me había puesto en una solitaria porque se lo habían ordenado y que el día que le dijeran que me desapareciera de este mundo lo iba a hacer… porque matar a la gente no era nada, era parte de su cotidianidad”.

“Mira muchacha, a nosotras las mujeres nos trataban igual que a los hombres. No nos dieron golpes, no, pero hubiese sido mejor que nos dieran un trompón, porque la humillación que pasamos fue peor. Tú sabes lo que es trancarte en una solitaria de un metro de ancho por dos metros de largo, con la ventana cerrada y con dos latas, una para defecar y otra para la comida”.

“Yo sí que sé de la dulzura que habla Angelita que ahora quiere venir a ayudar a que su papá quede bien con la sociedad. A la pobre María Teresa, la segunda vez que la detuvieron tenía una bronquitis aguda y un guardia no la llevó a la cárcel porque estaba enferma y su superior le ordenó que la trajera como fuera. Ella, la pobrecita, estaba temblando de la fiebre y llegó a la cárcel envuelta en una sábana. Angelita no se enteró de nada de eso”.

Las siete mujeres que conocieron la cárcel de torturas de La 40, considerada la más irrespetuosa de los derechos humanos, eran fuertes, asegura Sina Cabral, “pero las más resistentes éramos Minerva, María Teresa y yo”, que nunca flaqueamos y aguantamos lo que había que aguantar”. La primera mujer llevada a La 40 y torturada con una picana eléctrica en sus senos y humillada delante de sus compañeros de estudios, nos cuenta que cuando los guardias vieron que no podían con ellas entonces las separaron y las pusieron en las celdas comunes con mujeres “de la mala vida”, aunque éstas las respetaban porque acercarse a nosotros era una especie de “condena de muerte”.

Hasta los guardias de turno nos huían. Nos pasaban por el frente y para retornar mejor daban la vuelta porque no nos querían ver. Ellos estaban locos que nos sacaran de la cárcel porque se sentían presionados. Veían nuestras miradas y actitudes y sabían que no la pasarían muy bien cuando organismos internacionales como la Organización de Estados Americanos (OEA) descubriera cómo nos estaban tratando.

Nosotras, María Teresa, Minerva Mirabal y yo duramos tres meses presas en La Victoria, la segunda vez; vimos una amabilidad terrible cuando Trujillo le cedió el poder a su hermano Negro; ellos nos preguntaron ¿Ustedes nos tienen en su lista?.

Ellos sentían que desde que Trujillo no estaba gobernando la caída estaba cerca. Sentían que se desmoronaba su régimen.

“Trujillo no tenía compasión de nadie. Recuerdo que a Waskar Castillo, hijo de uno de los jefes del SIM, le dieron muchos golpes y cuando su papá lo vio solo bajo la cabeza y quién sabe qué pensaría”.

A las Mirabal las mataron porque confiaban en que los guardias no se atreverían a hacer algo así y desobedecieron los consejos de sus esposos de que no fueran a verlos a la cárcel de Puerto Plata.

“Y mamá Chea, la madre de ellas, esa si sufrió. Cuando retorné del exilio la fui a ver y me dijo: ay mi hija, al menos tú regresaste y mis muchachas nunca retornarán.

Y me dijo Dedé que ese fue el día en que más lloró. MI MENSAJE A LA JUVENTUD DOMINICANA La jóvenes deben saber lo que es una dictadura, aquí he oído que hace falta el orden que existía, pero el orden con el terror no… Yo prefiero la democracia con todas sus imperfecciones.

Consideré que debía prestar un testimonio a mi pueblo para que no se permita la instauración de una dictadura nunca, que se sepa qué es una dictadura, cómo actúa, cómo envilece una dictadura a todo el país.

Porque en el momento en que muchos padres renegaban de las actuaciones de sus hijos, eso era una pérdida de la dignidad. ¿Cómo un padre va a rechazar una actitud digna de su hijo?, Eso es inadmisible.

Yo he logrado sola recuperarme, sin psicólogos.

Pasé un día llorando en Nueva York y me dije: no puedes vivir todo el tiempo con eso, y me dije: tienes que vivir el presente.

Hay nueva fundación que pretende defender la tiranía de Trujillo...

Para mí lo peor que pudo suceder fue que no se impusieran sanciones a los criminales del régimen de Trujillo. Su aparato quedó; él desapareció, pero los militares comprometidos con su régimen no recibieron ningún tipo de castigo y ellos estaban esperando esos castigos.

“No le di ni una sola lágrima a la tiranía” por TOMASINA CABRAL MEJÍA


07:22 (hace 2 horas)

La República 10 Mayo 2010, 1:08 AM 0 Comentarios




TOMASINA CABRAL MEJÍA
“No le di ni una sola lágrima a la tiranía”
ESTA HEROÍNA FUE LA PRIMERA PRESA POLÍTICA QUE ESTUVO EN LA CÁRCEL DE LA 40, DONDE LA DESNUDARON Y LE APLICARON LA PICANA ELÉCTRICA




En el exilio. Tan pronto la liberaron de la cárcel, el 9 de agosto de 1960 Sina Cabral se asiló en la embajada de Argentina, desde donde se enteró, tres meses después, que habían matado a las Mirabal.

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Sina Cabral dice Angelita era reina, pero de pacotilla

Wendy Santana
Wendy.santana@listindiario.com
Santo Domingo


Con el poco aliento que les quedaba tras una tanda de torturas en la cárcel de La 40, los hombres del movimiento 14 de Junio bajaron la cabeza para no ver a aquella mujer tan valiente y forjadora de ideales patrióticos con su dignidad en el suelo.
A la ingeniera Tomasina (Sina) Cabral, que había caído en las redadas del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) de Trujillo a la una de la madrugada del 20 de enero de 1960, la estaban interrogando totalmente desnuda en la sala de tortura, frente a sus compañeros de ideales.
Era un tenebroso cuarto en el que el mueble principal lo constituía una silla eléctrica y los accesorios eran una picana eléctrica, un garrote, unos cuchillos para sacar uñas y un látigo de alambres.
““Es imposible borrar... pero trato de no pensar. Uno se va alejando de esas cosas tan horrendas y espinosas que ha tenido en la vida”.”
Tomasina Cabral Mejía, víctima de la tiranía trujillista
Cándido Faustino Pérez anotó sus generales de ley y Tunty Sánchez le dio de inmediato un “jalón” de cabello, amenazándola con que todos los militares la iban a violar si no hablaba. En seguida el coronel Candito Torres, que creó fama de cruel torturador, le pidió que se quitara la ropa y al negarse procedió a desgarrarla.
“Él gozaba haciendo eso. ¡Era una bestia! quería rebajarme en mi dignidad para con evidente placer aplicarme la picana eléctrica en los senos y luego en el vientre; era un corrientazo y también quemaba la piel. Hicieron cínicos comentarios sobre mi figura. Tavito Balcácer me vació una pluma de fuente sobre mi cuerpo salpicando a César Báez, quien protestó.
La rabia y la indignación que sentía eran tan grandes que si me hubieran matado no me habría importado”.
Doña Sina Cabral, a sus 74 años no repara en contar su historia porque ya se siente liberada, aunque con el compromiso de decir a las nuevas generaciones cuán peligrosa y despiadada es una dictadura.
Al recibir al equipo de LISTÍN DIARIO, encabezado por su director Miguel Franjul, rompe el silencio, abre su corazón y nos deja entrar en su sufrimiento que aún no ha podido borrar.
Continuando con el relato, Sina refi rió que los hombres torturados, que habían sido sus compañeros en la universidad, no quisieron avergonzarla en un gesto de respeto y por eso bajaron la cabeza, mientras los “verdugos” le pedían que hablara, que dijera los nombres de otros conjurados y dónde escondían las bombas que tenían contra el régimen.
Pero ella no se doblegó, nohabló ni delató a nadie, para fastidio de los militares, entre los que se encontraba Johnny Abbes, Luis José León Estévez, César Villeta, Clodoveo Ortiz, entre otros que ya no recuerda. Esa fue su única satisfacción tras haber sentido la humillación de desnudar sus pechos y de ser despojada de toda su ropa íntima.
Sina Cabral soportó estoicamente la prueba. Y otras más, igualmente duras y crueles, en sus dos etapas de prisión en La 40 y La Victoria con dos de las Hermanas Mirabal: Minerva y María Teresa, y sus otras compañeras del movimiento revolucionario descubierto ya en sus andanzas conspirativas contra la dictadura: Dulce Tejada, Fe Ortega, Mirian Morales y Asela Morel.
“Una lágrima no salió de mis ojos. Los vi con el desprecio que se merecían, y mis compañeros que desde el corral de golpes estaban en la escena se sintieron más fuertes y capaces de soportar el martirio, incluyendo al que me delató porque la resistencia humana tiene un límite y a él lo habían golpeado severamente”, recuerda la dama.
Entre los hombres torturados que señala la heroína estaban Manuel TejadaFlorentino, José Fernández Caminero, Rafael Francisco Bonnelly, Gilberto Sánchez Fuster y Leandro Guzmán.
“A mí me agarran porque yo era fundadora del movimiento 14 de junio y me había comprometido con mis compañeros a establecer una correspondencia con mi hermano Tobías Emilio Cabral, que era de la Juventud Democrática y había viajado a Cuba un día después de su graduación, el 29 de octubre de 1960. Yo había conversado con Luis Álvarez Pereyra y Dulce Tejada, que eran del grupo de San Francisco de Macorís y nos unían lazos amistosos y hasta familiares.
Pues así lo hice. Esa correspondencia se hacía a través de una plantilla perforada, una carta común, pero con la plantilla se veía el mensaje que casi siempre era pidiendo algo y lo último que pedíamos era un sitio de recepción.
También recibí dos modelos de bombas que no mataban a nadie, sólo eran para hacer ruido, para decirle al gobierno dictatorial que no estábamos de acuerdo.
Era táctico, una señal de oposición, porque en ese tiempo sólo tenían armas las gentes de Trujillo”.
El movimiento
Según explica Sina, el movimiento se comenzó a trabajar antes, con la primera invasión de Constanza, Maimón y Estero Hondo, y Minerva Mirabal le puso el nombre. Se reunieron con Dulce Tejada, la esposa de Niño Álvarez y participaron otros y hubo una fi ltración.
El movimiento era policlasista, compuesto por profesionales, hijos de funcionarios del régimen, sastres, fotógrafos... “Había una fi nalidad única: eliminar el tirano. Pero nosotros adoptamos el programa que trajeron los expedicionarios. Era un programa mínimo donde se contemplaban reformas para cuando se desmontara la dictadura: cómo se iba a trabajar la política económica, la política exterior y social, ese era nuestro Norte, y lo ha seguido siendo”.
Sina Cabral también comenta que precisamente al movimiento se le llamaba La Trinitaria, porque fue inspirado en los ideales liberales del patricio Juan Pablo Duarte, precursor de la Independencia Nacional. “Pero ellos (los seguidores de Trujillo) fueron tan tontos que presumían que el movimiento sólo tenía a dos o tres personas, derivadas de dos células.
Realmente no teníamos armas para luchar, sólo personas y nuestras vidas”.