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martes, 16 de diciembre de 2014

Los gavilleros del Este y el conflicto de la narratividad Areíto sábado 13 de diciembre, 2014 Por MIGUEL ÁNGEL FORNERÍN 13 diciembre, 2014 2:00 am Sé el primero en comentar gavilleros Los textos que hemos leído sobre la historia de los gavilleros del Este, y en especial el libro “El impacto de la intervención norteamericana” de Bruce J. Calder, nos hacen pensar en la existencia de un conflicto de narratividad. Es decir, que las formas en que se construyen los diversos relatos sobre el acontecimiento resultan ser problemáticas. En consecuencia, es preciso elaborar una serie de preguntas en las que se traben la filosofía de la historia, como indagación del pasado, y la teoría del relato, como explicación de las acciones humanas. A mi manera de ver, las distintas crónicas sobre el movimiento gavillero entran en conflicto porque se centran en una valoración de los hechos como aquello que acaece moralmente y no como acontecimientos de rupturas entre el sistema de la vida, o mundo vivido, como prácticas, y sólo recuperado por los sujetos como discurso. Las relaciones de poder se han enmascarado en la moral de los gavilleros o en los atropellos de las fuerzas de intervención de tal manera que, al narrar los hechos, se ha puesto en un segundo plano la explicación de las causas que dan origen al conflicto. El primer postulado con el que tenemos que luchar es el de la existencia del gavillerismo antes de la intervención americana que trabajan Calder y, de manera frontal, González Canalda. Si existieron luchas civiles en los campos dominicanos y grupos de forajidos es necesario explicarlas dentro de un marco socio-cultural y político. Pero es el último el que, en mayor medida, ha dominado el relato histórico. Pedro San Miguel en “La guerra silenciosa: las luchas sociales en la ruralía dominicana” (1880-1960), publicado en 2012, ha construido un relato que plantea el movimiento como una consecuencia del proceso de modernización que entra en el país con el gobierno de Ulises Heureaux. Mientras que ya Moya Pons y Bosch habían planteado la teoría de la diferencia de la formación económica por regiones en el siglo XIX, lo que me lleva a pensar en la figuración de las ínsulas interiores. Bosch y González Canalda también han mostrado la ausencia entonces de un Estado centralizador. Pero lo cierto es que el proceso de modernización que se podría iniciar con la Restauración de la República y, más específicamente, en la Revolución de 1873, marcó el final de dominio hatero que se inicia con Sánchez Ramírez y continúa con Pedro Santana. La narración histórica nos lleva a pensar en la existencia de la formación económica del hato ganadero, que mantuvo cierta unidad durante el desarrollo de la colonia francesa de Saint-Domingue y que acaparó la resistencia al intento unificador haitiano, como grupo que comandaba el esteño Pedro Santana. La presencia de los lanceros del Este en batallas como la de La Limonade (1691) y en el mismo 27 de febrero de 1844, serían un puntal narrativo para explicar la vida tranquila y bucólica del Este y su participación en las acciones políticas del siglo XIX. No olvidar que fue una tierra en la que se concentraron grupos políticos que actuarían de forma muy determinante en contra de la dominación haitiana. Esto porque muchos habían llegado huyendo a la Revolución que se dio a fines del XVIII y el principio del XIX y no fueron mediadores durante el apogeo de la colonia francesa. El campo dominicano vivió procesos de vida muy novedosos a partir de la implementación de técnicas de producción, transporte y comunicación. Para conocer este asunto es necesario leer a H. Hoetink, (“El pasado dominicano”, 1986) citado por Pedro San Miguel. Pero este es un periodo muy largo hasta llevar a los gavilleros. El problema del relato estriba en que las tropas norteamericanas difundieron una propaganda moralizante sobre los luchadores. Y, como plantea Calder, no pudieron entender hasta el final que los que les hacían oposición eran luchadores por la libertad. Aspecto que las demás narrativas han olvidado y se han concentrado en la existencia de grupos de forajidos o han tomado como más pertinentes los relatos de las fuerzas policiales o los de la marina norteamericana. Entonces han quedado en segundo plano los relatos de los actores y cuando se ha hablado de ellos muchas veces se les ha enjuiciado desde la óptica moralizante. No se escribe la historia desde la moral, porque la moral es un discurso. La historia, desde Tucídides, es la explicación de las acciones humanas. Que estas se encuentren en un rango ético, es otra cosa. A veces nuestros historiadores se olvidan que la historia es mucho más que un relato, que el relato del pasado debe estar basado en huellas, pero que las pistas pasan por el dominio de las ideologías, que actúan como una sombra o como una falsa conciencia, como establecía Marx. Entonces tenemos las reformulaciones de los relatos del otro. Y a causa de ello me queda la impresión de que últimamente se está reformulando la narrativa de los interventores estadounidenses. En el Este ocurrió un cambio significativo que nos puede llevar a explicar el acontecimiento con el uso de elementos económicos y sociales, también de prácticas históricas que muestran las relaciones de poder en la región. Por ejemplo propongo ver la situación del acaparamiento de la tierra por las centrales azucareras, en especial por Central Romana (Humberto García Muñiz, “Sugar and Power in the Caribbean”, 2010); por otra, el cambio en las prácticas de las mediaciones políticas del Concho Primo, el despojo de las tierras comuneras, como prácticas (ejemplo del Tribunal de Tierras, el sistema Torrens y el nuevo ordenamiento legal que posibilitó el despojo y el desalojo). Otros extremos que deben quedar claros son: el aumento de la producción azucarera, la inmigración cocola y, finalmente, el cambio poblacional que resultó en una mudanza en la alimentación en la región. Debe estudiarse, además, la alimentación porque el desbalance poblacional la aumentó de manera considerable. En el marco social, la intervención cambió las formas de relaciones productivas; alteró la vida comercial con las tiendas de raya (que muy bien narra Marrero Aristy en “Over”); perturbó la relación entre los productores mayores, los ingenios alemanes, españoles, puertorriqueños y los domínico-italianos, que vivieron una competencia con otra forma de producir, como la establecida por las corporaciones norteamericanas y sus bancos de inversión. Todo esto hizo que durante el periodo de “La danza de los millones” el Este fuera la belleza de la ciudad de San Pedro de Macorís y el “desalojo” de campesinos que habían vivido cierta apacibilidad durante cuatrocientos años en un proceso productivo precapitalista. Los relatos orales no aportan muchos datos sobre atropellos o sobre despojo de las tierras y es necesario recuperarlos en un marco epistémico para contrastarlos con la narrativa historiográfica. Para ver la violencia con que las tropas intimaron a los gavilleros, el libro de Calder es una fuente importante, pero también lo es el libro “Hato Mayor del Rey”, de Manuel Antonio Sosa Jiménez (1993). En este último, por ejemplo, el despojo de las tierras es un relato oral que nos da una microhistoria que, de alguna manera, nos ayudará a responder los porqués de la resistencia. El tema tiene muchas aristas que deberían ser abordadas desde distintas disciplinas.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Detención de los Panfleteros de Santiago

Detención de los Panfleteros de Santiago http://acento.com.do/2014/opinion/8204528-detencion-de-los-panfleteros-de-santiago/ Por Darío Nicodemo. 13 de diciembre de 2014 - 12:09 am - 1 Comentario
Darío Nicodemo Autor / acento.com.do En nuestras investigaciones sobre el tema de los Panfleteros de Santiago, hemos encontrado datos de cómo y cuándo fueron apresados miembros de “Unión de Grupos Revolucionarios Independientes (UGRI)”, movimiento de jóvenes revolucionarios de Santiago, fundado por Wenceslao Marcial Guillén Gómez (Wen). Estos jóvenes después de haber distribuido el volante fueron detenidos por los miembros del Servicio de Inteligencia Militar (SIM). Los volantes fueron repartidos en Santiago, Gurabo, Tamboril, Esperanza y Mao. Consultar nuestro artículo: “A casi 54 años de…Trujillo es un mierda”, publicado en Acento.com.do el 8 de noviembre del 2013. Víctor Alicinio Peña Rivera, jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) en la Región Norte acostumbraba a asistir a los partidos de beisbol que se celebraban en el Estadio Radhamés de Santiago. La noche del miércoles 13 de enero del 1960, cuando el equipo “Escogido” derrotó al de las “Águilas Cibaeñas”, seis carreras a cero, Peña Rivera no asistió al partido de beisbol porque debía atender una misión de inteligencia, según él narra en su libro: “Historia Oculta de un Dictador, Trujillo”. Expresa Peña Rivera: “…El agente de la policía que me acompañaba estaba vestido de civil. Esa mañana este me había asegurado haber hecho arreglos para encontrarse esa noche en el estadio con una persona que conocía el empleado de una farmacia de barrio, que tenía conexiones con personas que se dedicaban a pintar consignas en las paredes”. Argumenta: “El agente me recomendó quedarme fuera de Estadio mientras él se adelantaba a hacer el contacto”. Prosigue diciendo Peña Rivera: “Ya comenzaba a impacientarme cuando reapareció el agente acompañado de un jovencito de unos 18 años de edad. Montaron en mi automóvil y partimos a toda velocidad hacia la Fortaleza San Luis”. Precisa: “Allí comencé a interrogarlo, enfatizando que él no estaba detenido, y que apreciaríamos toda la información que pudiera suministrarnos. La lista de complicados que produjo paso de quince”. Destaca que: “Toda la maquinaria militar, policial y de inteligencia fue puesta a mi disposición para producir el arresto relámpago de aquellos sospechosos. Nadie debía escapar a la redada…”. Víctor Alicinio Peña Rivera dice. que: “… el Coronel Johnny Abbes García recibió la noticia de los arrestos con gran excitación, como si la tuviera esperando. -Envíemelos inmediatamente a La Cuarenta- me ordenó. Tenía que enviarlos a lo que indudablemente era algo si como la antesala de la muerte”. De estas revelaciones ofrecida por el jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM)en a zona norte, más lo escrito por él en la página 259 del citado libro: “… Han llenado de letreros y pasquines la mayoría de las calles…” se infiere que dentro de los primeros detenidos debían haber miembros del Movimiento 14 de Junio, fundado el 10 de enero del 1960 y de los Panfleteros de Santiago. En el libro: “Los Panfleteros de Santiago” de Institute for Latino Studies y The Common Roots de New Jersey USA, 2009, aparece escrito que la detención del grupo de Panfleteros de Santiago, se originó por la indiscreción de uno de los que distribuyeron los panfletos. Los panfleteros Wenceslao Marcial Guillén Gómez (Wen), líder y fundador de UGRI, y Manuel Armando Bueno Pérez fueron detenidos la noche del viernes 15 de enero del 1960. Ambos fueron requeridos en sus propias viviendas que apenas se distanciaban menos de una calle. Francisco Benedicto (Frank), no precisa la fecha exacta de su detención. Si recuerda que la noche de su apresamiento y traslado a la cárcel de La 40, se celebró un partido de beisbol, de la serie semifinal entre “Estrellas Orientales” y “Águilas Cibaeñas”. La detención de Frank Benedicto, debió producirse el viernes 15 de enero del 1960, cuando las “Estrellas Orientales” vencieron a “Águilas Cibaeñas”, nueve a cero, o el sábado 16 de enero, que las Estrellas Orientales volvieron a ganar a las Águilas Cibaeñas 6 carreras por 4. Carlos Mejía Blanco publicó en su muro de Facebook, una lista con los nombres de adultos y jóvenes del barrio Pueblo Nuevo de Santiago que fueron detenidos a raíz del descubrimiento de los Panfleteros de Santiago. “… El primer preso fue el joven Herminio Espinal (a) Polanco, un 6 de diciembre del 1959; fue liberado a los 3 días y luego reapresado el 12 enero del 1960. A Herminio lo agarraron una segunda vez ese mismo día y en la fortaleza San Luis…”. José Rafael Colón (Fellito) de 28 años de edad para la época, nos informó que su detención se había producido el 20 de enero del 1960 y que al día siguiente había sido llevado a Ciudad Trujillo. También informó que la detención de los hermanos Simón y Chichí Díaz Hernández fue el 17 de enero del mismo año. También ha revelado, en una entrevista que le practicó el 5 de febrero del 2014, que la delación del grupo de los Panfleteros de Santiago, vino de la declaraciones dada por un joven que había sido detenido en la Fortaleza San Luis. Así fueron apresando, los agentes del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) dirigido por Ernesto Scott y Johnny Abbes García, alemán el primero y descendiente de padre alemán el segundo, a cada uno de los miembros de la Unión de Grupos Revolucionarios Independientes (UGRI). En pocos días estuvieron los panfleteros detenidos en los centros de torturas del régimen despótico de Rafael Leónidas Trujillo Molina, con la excepción de Teófilo Luis Santos Prud-Homme (El Negrito), quien fuera el último en llegar, según escribió Manuel Armando Bueno en “Cárcel y Guerra”. De acuerdo a nuestras investigaciones podemos señalar que de los apresados y torturados del grupo de los Panfleteros de Santiago, 11 miembros salvaron sus vidas, de las cárceles de La 40, El 9 y el Palacio de la Policía Nacional de Ciudad Trujillo. Los sobrevivientes fueron: Enrique Almánzar Núñez, Domingo Antonio Cepeda Cruz, Miguel Mauricio Estrella Luna, José Rafael Colón (Fellito), Francisco Germán Benedicto Rodríguez, Pedro Francisco Sánchez Buldier, Manuel Armando Bueno Pérez, Ramón Antonio Gómez, Ramón Fernández (Vargas Vila), Emenegildo Enrique Pérez Simó (Quiquito) y Manuel Antonio Arias Villamán (El Gordito), quien fue apresado posteriormente y desaparecido.

Sobre diez artículos de LUIS GÓMEZ 2 de 2

Sobre diez artículos de LUIS GÓMEZ 2 de 2 Por FIDELIO DESPRADEL Share on email EmailShare on print Imprimir
Luis Gómez. La otra parte que me interesaba comentar, es lo relativo a los planes guerrilleros del 14 de Junio, presentes desde la reunión clandestina constitutiva de Mao (enero 1960), siguiendo el ejemplo de la Raza Inmortal (junio 1959), y la marcha de los acontecimientos posteriores en el país, y en América Latina. ¡Fíjense! Luis Gómez era el “segundo hombre” dentro del ala revolucionaria del 14 de Junio, solo superado por Manolo. Fue la persona elegida por Manolo (entre el 16 y 17 de agosto de 1961) para entregarle una carta al Comandante Fidel Castro y seleccionar y encabezar el primer grupo del 14 de Junio que recibiría entrenamiento político-militar en Cuba. Septiembre, octubre, noviembre, diciembre de 1961, y enero, y quizás febrero de 1962, le tomó a Luis y al grupo que finalmente pudo integrar, viajar a Cuba, recibir entrenamiento y estar listos para regresar. En febrero de 1962, todavía Luis estaba inmerso en estos esfuerzos, ya que, incluso el regreso de aquel contingente, era un problema sumamente difícil, en medio del cerco de hierro que los norteamericanos fueron tendiendo alrededor de la “isla rebelada”. Luis le dice a la periodista en una de sus entrevistas que “al retorno del grupo entrenado en Cuba se produjo la primera reunión conjunta, en momentos en que la denominada infraestructura tenía avanzado un trabajo para la estructuración de siete frentes” (sexta entrevista). ¿Saben lo que pasó en aquella reunión? Lo recuerdo como si fuera ayer. El grupo había venido regresando, poco a poco, en la medida que Luis le conseguía pasaporte y una vía segura. Hipólito Rodríguez (Polo), uno de los más brillantes de los miembros del 1J4 que se entrenaba en Cuba, regresó en el primer grupo. Lo que recuerdo es que ya para finales de febrero y principios de marzo, los hombres de confianza de Manolo, por instrucciones expresas de él, veníamos trabajando en base a siete regiones estratégicas, cada uno a cargo de complementar los trabajos organizativos y políticos en cada región respectiva. Esa visión, que en principio todos fuimos asumiendo, parece que surgió en medio de conversaciones de Polo con Manolo, sobre las experiencias en Cuba y las visiones sobre la lucha guerrillera que allí surgieron. Manolo y los demás, en una primera aproximación (sin haber escuchado otra) estábamos tomados por la visión de que el 14 de Junio era una organización revolucionaria muy distinta al 26 de Julio, en Cuba, y al grueso de las organizaciones de la misma tendencia en el resto de los países de América Latina. El 14 de Junio y Manolo reunía multitudes dondequiera que organizaba un acto político; su periódico, el 1J4 circulaba en una cantidad de 40,000 ejemplares, dos veces por semana, en 1961-62; y a sólo tres meses de aquella reunión histórica de marzo 1962, en una ciudad que apenas tenía 200 o 300 mil habitantes, el 14 de Junio reunió una multitud de 40 o 50 mil personas, para conmemorar el aniversario de la expedición de Junio de 1959. Y a esa gigantesca manifestación siguieron otras, una de ellas en Santiago, el 25 de noviembre de 1962. El 14 de Junio tenía centenares de dirigentes en todo el país, y desarrollaba una actividad política y organizativa pública, en todo el territorio nacional. Es así que Manolo fue tomado por la idea de que ese 14 de Junio no podía concebir el eventual movimiento guerrillero a que estaba abocado, como la acción, en su etapa primera, de un pequeño grupo de guerreros, bien entrenados, incluso sin la participación del propio Manolo, que era la concepción con la que Luis regresó al país, contraria a la posición de Hipólito Rodríguez (Polo), el otro hombre destacado, junto con Pipe Faxas, en el grupo que se entrenaba en Cuba. “La primera reunión conjunta (de acuerdo al relato de Luis, F.D.) en un momento en que ya la denominada infraestructura tenía avanzado un trabajo para la estructuración de siete frentes guerrilleros, en lugar de uno”, de que habla Luis en una de sus entrevistas, se realizó a mediados o finales del mes de marzo de 1962, en un refugio secreto, donde el 14 de Junio había instalado una escuela político-militar, en un lugar apartado en el kilómetro 12 de la vieja carretera Sánchez (hoy prolongación Independencia). Su afirmación de que “ya la denominada infraestructura tenía avanzado un trabajo para la estructuración de siete frentes guerrilleros” no obedece a la verdad: primero, porque recién empezábamos a trabajar; segundo, porque Luis sabe que apenas fue a finales del mes de enero cuando se superó la crisis desatada por el golpe del general Rodríguez Echavarría, el asilamiento de Balaguer y la instalación del Consejo de Estado, situación que obligó al 14 de Junio a involucrarse intensamente; y tercero, porque para Manolo y todos los que lo acompañábamos en aquel entonces era fundamental el concurso del contingente que había venido de Cuba en esos planes guerrilleros. Aquella reunión histórica, en la cual, de acuerdo a mis recuerdos, estaban, entre otros, Manolo, Juan Miguel, Fidelio, Polo, Roberto Duvergé, Hugo Toyos, Germán Arias (Chanchano), José Daniel Ariza, y algunos que no logro recordar, empezó con un cuestionamiento por parte de Luis acerca de la propuesta de “las siete regiones estratégicas”, concepción que no se correspondía con lo que habían discutido y acordado en Cuba, pregunta que desató una reacción vehemente, de Hipólito Rodríguez (Polo), que ya arrastraba esa contradicción con Luis, desde los días de entrenamiento en Cuba. Polo se exaltó. Defendió de pie su concepción; es posible que haya empleado palabras descompuestas contra quienes postulaban posiciones contrarias, en especial, Luis. ¡Ese era su temperamento y su personalidad! En un momento de la discusión, fui al baño a descargar la vejiga. Cuando regresé, ya Luis no estaba en el salón. Al preguntar por él, me dijeron que había salido discretamente. Corrí y me acerqué, imprudentemente, al borde del camino, y pude observar que Luis caminaba, solitario, hacia la carretera Sánchez. Pedí las llaves de uno de los carros, y salí presuroso a recogerlo e indagar su anómala conducta. Cuando me acerqué, y le inquirí sobre su comportamiento, me contestó diciéndome que se retiraba. Discutí con él, y finalmente abrí la puerta para llevarlo a donde él quisiera. Se negó y me dijo que quería caminar hasta la capital. No valió mi insistencia. ¡Nunca más volvimos a ver a Luis! Sin anuncio alguno, sin conversar con ninguno de nosotros, Luis se alejó del 14 de Junio, dentro del cual era el “segundo hombre”, y terminó en el PSP, casándose con su novia, Bernarda Jorge, y viajando a la Unión Soviética el 7 de septiembre de 1963, regresando al país “a finales del año 1964” (tercera y décima entrevista). O sea, Luis, el segundo hombre del 14 de Junio, respetado incondicionalmente por todos nosotros; con mucho mayor edad y experiencia de todos los que allí nos encontrábamos (a excepción de Manolo), responsable del grupo que se entrenó en Cuba y portador de la carta personal de Manolo a Fidel, intempestivamente se retiró de la reunión, sin defender sus ideas y sin tratar de persuadir de las mismas, no solo a Manolo, que de seguro lo hubiera escuchado detenidamente, sino a Chanchano, Fidelio, Juan Miguel y otros, que le habíamos demostrado, con creces, reconocimiento a su liderazgo y a su condición de segundo dirigente del 14 de Junio. ¿Hubiera podido concertarse una posición intermedia (quizás la más correcta) reconociendo los argumentos sustentados por el propio Manolo y Polo? ¿Habríamos innovado la visión acerca de los inicios del movimiento guerrillero, en organizaciones sólidamente implantadas como lo era el 14 de Junio? ¿No es acaso impropio de revolucionarios, cuando se defienden ideas, caminos y concepciones en las cuales uno cree, y mucho más si se trata de un alto dirigente, reconocido como tal por los demás, retirarse, sin siquiera aportar sus argumentos? Le he dicho a mi amigo Luis, en reiteradas ocasiones, que el día que él se retiró del 14 de Junio, silencioso y sin defender sus ideas, siendo el segundo hombre dentro de la organización, este cometió un grave error como dirigente, y se perdió una gran oportunidad para discutir los planes militares y buscar un consenso, que enriqueciera la experiencia de lucha en América Latina, en un aspecto tan importante como lo es la línea militar para la lucha por el poder, en esos años de grandes confrontaciones.

¡”A luchar soldados valientes, que empezó la revolución…”!

¡”A luchar soldados valientes, que empezó la revolución…”! ARTÍCULO SIGUIENTE » Areíto sábado 13 de diciembre, 2014 Por ÁNGELA PEÑA a.pena[@]hoy.com.do
soldados "Cuando terminó la guerra Iván García y yo lloramos”. Posiblemente es el que mejor conoció el comportamiento pusilánime de algunas figuras de la guerra de abril que sobresalieron como héroes y estuvieron ocultas mientras duró la contienda. Otros fueron prepotentes formulando necios reclamos amparados en rangos y funciones. La mayoría, sin embargo, demostró valentía y arriesgó con ardor su vida por la causa. Pero Franklin Domínguez Hernández se inclina por dejarlos con sus glorias porque después algunos exhibieron su patriotismo y siguieron firmes en sus principios revolucionarios. Prefiere contar el suplicio que en ocasiones representó para él haber sido director de la emisora oficial pues el Presidente le daba instrucciones que no todos querían acatar. “Que no se difunda nada sin tu firma”, “Que no entre nadie sin tu autorización” pero algunos se molestaban ante estas exigencias pese a que el inquieto director de Información y Prensa de ese convulso periodo hacía lo imposible por cumplir con tantas obligaciones inherentes a su cargo y además, ser obediente a los mandatos de Caamaño. Uno de los más asiduos colaboradores de la estación era José Francisco Peña Gómez, a quien Juan Bosch llamaba para dictarle las alocuciones que él repetía. Protestó por la disposición del coronel pero luego se sometió a ella al igual que otros sobresalientes actores de ese proceso. “Yo escribía también Una charla con el pueblo, un programa en el que hacíamos entrevistas a los soldados norteamericanos presos, recibíamos denuncias de la gente del pueblo, orientábamos e informábamos”, cuenta. Fue él quien en los primeros días de la rebelión recibió los cables anunciando que venía el ejército norteamericano. “Se lo informé a Caamaño y nos preparamos porque ya comenzaríamos a pelear”, manifiesta. “El empeño nuestro era mantener viva la emisora, avisamos cuando venían las tropas entrando por el norte” pero una ocasión de riesgo fue cuando se dañaron los equipos y Franklin tuvo que acudir a la antena de HIZ para transmitir. “De repente fuimos atacados”. La narración es extensa, dramática, la sobrevivencia fue milagrosa. Con “Un día más, dominicanos” anunciado por Luis Acosta Tejeda, la voz de la revolución, se despertaba un país que esperaba tener noticias de las posiciones del líder máximo de esa gloriosa batalla, el coronel Caamaño. “La consigna era que no se callara nunca la emisora y llegamos a transmitir hasta desde una cocina. Dormíamos al lado y nos sacudíamos las balas”, significa. Recuerda a la perfección el día que les rodearon la improvisada caseta donde hacían su trabajo Ercilio Veloz, Plinio Vargas Matos y él. “Estábamos expresando nuestra repulsa a Julio Postigo, y los evangélicos nos enviaban cartas protestando; su hijo estaba del lado nuestro y se sentía abochornado por su papá. En ese momento el CEFA nos cercó y solo se oía: ¡Están tirando! Ercilio y Plinio se metieron entre los transmisores y yo me pegué a la pared. Me quité, salí y cuando estaba afuera se desplomó el muro, Emilio y Plinio rompieron dos ventanas con los puños, nos tiramos, y no habíamos salido cuando el edificio de las antenas salió volando, no quedó block sobre block”. Cuando Franklin se presentó en el edificio Copello Caamaño le observó: “Te ibas a dejar matar”. El hecho ocurrió el 14 de mayo. Una bomba en el Copello. En la emisora Franklin trató de que el protagonista principal fuera el pueblo y no Caamaño que tampoco pedía ni ansiaba ese protagonismo, aclara. “Traté de armonizar y en cada programa exaltaba mucho al pueblo, el pueblo, el pueblo”. Pero también le preocupaba la imagen del coronel de abril. Advirtió en uno de sus discursos que hablaba muy rápido “y yo, como actor y director de teatro le aconsejé que debía ir más despacio. Le dije: le voy a marcar el próximo, y solo tuve que hacerlo la primera vez porque después él sabía. Era muy inteligente”. Franklin tiene en la mente detalles como que a los periodistas y locutores les pagaban diez pesos y que en los primeros días de la contienda no ponían música porque “la idea era que estábamos de duelo. Pero un día se me apareció alguien con un himno, sin música y recordé el de Aníbal de Peña y lo tiré. La gente se enardeció, desapareció la frialdad y a una voz se escuchaba: “¡A luchar soldados valientes, que empezó la revolución…! Civiles y militares constitucionalistas eran una presencia constante en la estación pero los fijos, expresa, eran Héctor Lachapelle y Lora Fernández. Declara que el Caamaño que conoció “era un hombre de trato afable, respetuoso, receptivo, me demostró mucha confianza. Me informaba asuntos confidenciales para que yo pudiera programar la emisión del día”. Agrega: “Recuerdo esa transformación que sufrió de haber sido casco negro a ser un auténtico patriota; su ira cuando llevaron el cadáver de Fernández Domínguez; las respuestas formidables que tenía para los periodistas, era muy equilibrado, admirado, respetado”. Tiene el lamento de “cuando entraron los americanos y les mataron los hijos al abogado Toño Jiménez” y la grata reminiscencia que fue “esa bella confraternidad, ese afán de entrega del pueblo dominicano donde se encuentran los verdaderos héroes anónimos. Barrían, limpiaban, colaban café… Hubo gente que se entregó de lleno, se identificó plenamente. Este pueblo se enfrentó a una fuerza tan poderosa como los norteamericanos y en los comandos no solo había tensión ni expectativa bélica: hacían veladas”. Confiesa que cuando terminó la guerra Iván García y él lloraron porque ese espíritu y ese valor fueron hermosos”. En medio de la tristeza por la despedida de aquella gesta heroica Franklin narra que “el Copello era un peligro permanente en el que casi siempre había que andar en cuatro patas” y refiere lo ocurrido el día que corrió el rumor de que iban a poner una bomba en el edificio y Héctor Aristy, ministro del gobierno caamañista, se le acercó: “Franklin, dé instrucciones precisas para que nadie entre aquí si no es autorizado por usted, salvo Caamaño”. Pero sonriendo agrega que al primero que los celosos guardias se llevaron preso fue al propio ministro Aristy porque intentó entrar sin la debida licencia que solo podía otorgar Franklin.

El Barrio Bajo Abbes

CONVERSANDO CON EL TIEMPO|13 DIC 2014, 12:00 AM|POR JOSÉ DEL CASTILLO El Barrio Bajo Abbes
Johnny Abbes y Lupita. “Tengo a bien dirigirme, muy respetuosamente, a Su Excelencia, el Generalísimo Doctor Rafael Leonidas Trujillo Molina, Benefactor de la Patria y Padre de la Patria Nueva, para informarle que después de cumplidas todas las formalidades legales, el Tribunal Criminal, presidido por el Dr. Joaquín Rodríguez Urtarte, condenó a la pena de 30 (treinta) años de trabajos públicos, a los nombrados Ildefonso Güemez (A) Foncito, Francisco José Pratt Pierret (A) Frank, Víctor Augusto Núñez Keppis, Rafael Leonidas Martínez Espaillat (A) El Chino, Roberto Carlo Gómez, Luis Manuel Soriano Tatis, José del Carmen Vidal Soto (A) Anguito, Melquíades Cabral Jiménez, Braulio Montán, Ramón Rafael Casado Soler (A) Mumú, Máximo Kermes Draiby (A) El Pinto, y Julio Evelio de los Santos Aguasvivas, sujetos que integran una sociedad subversiva-terrorista y antigubernamental que los mismos denominaron ‘La Nueva Trinitaria’, que venía operando dentro del radio urbano de esta Ciudad Trujillo, distinguiéndose en la comisión de actos de sabotajes, preparación y distribución de propaganda de carácter subversivo, así como realizando incendios en edificios públicos tales como: Oficina de la Cámara de Cuentas, Oficina de Suministros del Gobierno, Secretaría de Estado de Obras Públicas, Palacio de Justicia en los terrenos de la Feria de la Paz y como epílogo de sus nefastas actividades, tentativa de incendio del Depósito de Aduanas de la zona de la Feria de la Paz, el pasado domingo 8 del cursante, aproximadamente a la 5 de la tarde, donde precisamente, se ocuparon de uno de los malhechores dos potecitos de cristal conteniendo gasolina y que figuraron en el proceso.” El memorándum del Secretario de Estado de Justicia y Cultos, Lic. Mario Abreu Penzo, continuaba informando que “dicho sujeto fue apresado por el Celador de Aduanas allí destacado, Secundino Vargas Burdier, respondiendo al nombre de Rafael Leonidas Martínez Espaillat (A) El Chino, quien una vez sometido al interrogatorio correspondiente se declaró culpable de los crímenes anteriormente indicados, delatando los planes y programas de acción terrorista llevados a la práctica por los integrantes de la mencionada asociación anti-dominicanista ‘La Nueva Trinitaria’, orientando al mismo tiempo el camino que llevó a la autoridad investigadora para la determinación de los demás integrantes de esa banda de malhechores, en franca violación de los artículos 434 de nuestro Código Penal, Ley 1443, publicada en la Gaceta Oficial No.6641, del 16 de junio de 1947, violando además los artículos 87 y 89 del Código Penal vigente, estableciéndose además, como demostraron las pruebas del proceso, que sustentaban la aspiración de provocar un cambio en la forma de Gobierno establecida por nuestra Constitución Política. “Para la mejor ilustración de Su Excelencia, me permito, muy respetuosamente, remitirle una copia de la providencia calificativa, y del dispositivo de la sentencia que acaba de pronunciarse en este caso”. Fechada la comunicación al “Ilustre Jefe” el 14 de noviembre de 1959, en Ciudad Trujillo, Distrito Nacional, bajo la Era de Trujillo. La providencia calificativa evacuada por el Juez de Instrucción de la Segunda Circunscripción del DN, consignaba “el auto declinatorio del Juez Presidente del Tribunal de Menores, en virtud del cual envía a los procesados Roberto Carlo Gómez y Julio Evelio de los Santos Aguasvivas (a) Velín, por considerar que los mencionados más arriba, habían obrado con discernimiento y en perfecto uso de sus facultades mentales y volitivas”. Ambos tenían 17 años de edad y fueron juzgados como adultos, junto a los demás imputados. La referida Ley 1443, “prohíbe las agrupaciones comunistas, anarquistas y otras contrarias a la Constitución”. Conforme la providencia, “a los acusados les fue encontrada una gran cantidad de folletos o boletas de propaganda subversiva con el título de ‘Pronunciamiento de La Nueva Trinitaria’”. Indicándose “que el acusado Ildefonso Güemez Naut (a) Foncito, confesó que estos folletos eran preparados e impresos en el mimeógrafo del Colegio San Juan Bosco, por el seminarista Máximo Báez Draiby a espalda de los directores de dicho plantel”. En la audiencia, el fiscal actuante lamentó que no existiera la pena de muerte en nuestro Código, para pedirla en el caso de estos criminales. A raíz de este episodio, el teniente coronel John W. Abbes García, jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), se dirigió mediante oficio 09761 del 18 de noviembre del 59 al Secretario de Estado de la Presidencia, recomendando un ascenso al celador de Aduanas, “llegada la ocasión propicia y oportuna”, en consonancia “con las normas de estímulo administrativo, que a diario nos traza con su ejemplar acción Gubernativa el insigne Padre de la Patria Nueva”. Debajo de la fachada de legalidad se ocultaba la práctica siniestra del régimen, elevada al máximo exponencial por la mente maquiavélicamente enfebrecida de Abbes García. Un mofletudo antiguo cronista deportivo y dirigente del Comité Olímpico y la Comisión Hípica, aparentemente inocuo, arrimado a Nene Trujillo, hermano menor del dictador. Habitué de las animadas tertulias en El Conde celebradas en la farmacia del Lic. Humberto Gómez Olivier, Director de Deportes. Metamorfoseado a jefe de inteligencia y represión, de altos quilates internacionales, cerebro de operaciones magnicidas contra el coronel Castillo Armas en Guatemala y el presidente Betancourt en Venezuela. Propulsor de la potente Radio Caribe que ripiaba verbalmente a los antagonistas de Trujillo en la región, a los obispos “virados” a raíz de la Pastoral del 60 y coqueteaba con los países del bloque soviético, cuyas relaciones comerciales y diplomáticas buscó en medio de la cuarentena hemisférica implantada por la OEA. La huída de Batista y el triunfo de Fidel le sorprendieron en La Habana, orquestando suministros de armas dominicanas a la dictadura en desbandada. Capturados por el SIM los primeros 9 integrantes del grupo de los “incendiarios” la noche del 8 de noviembre del 59, faltando los 3 restantes que serían apresados en la Frontera intentando cruzarla, se produjo en La 40 el siguiente diálogo entre Abbes y otros jerarcas, tras el interrogatorio con golpes y pase por silla eléctrica incluidos. Johnny: “Bueno, nosotros no vamos a averiguar mucho con esta gente. Aunque faltan tres, vamos a proceder inmediatamente. Sáquenlos al patio. Yo tengo la orden del Jefe de proceder.” Ante lo cual Cholo Villeta cuestionó: “¿Y vamos a hacerlo sin estar el Jefe debidamente enterado?” Recibiendo por respuesta: “Sí, yo tengo órdenes precisas del Jefe de actuar tan pronto los agarráramos.” Replicando Cholo: “Pero el Jefe no sabía que son unos muchachos”. Un tercer interlocutor, quien permanecía sentado observando la escena, se incorporó para intervenir en este diálogo crucial: “¿Y Ud. se atreve a proceder sin que el Jefe esté enterado?” Entonces Abbes convino, dirigiéndose a Villeta: “Vaya Ud. mismo a informarle al Jefe”. Se trataba del general Fernando Sánchez hijo, conocido familiarmente como Tunti, criado en el barrio en casa de sus padres el general Fernando Sánchez y la respetada diva lírica Julieta Otero, jefe de estado mayor de la Aviación Militar y brazo derecho de Ramfis. Acompañado por el coronel Gilberto Sánchez Rubirosa, Pirulo, un asiduo entusiasta en estos actos extractivos de confesiones y de finiquito de los expedientes opositores. La suerte estuvo ese día del lado de los muchachos, algunos de los cuales ya no lo eran tanto superando los 20, con Casado Soler actuando como arcángel, por encima de los 40. Informado Trujillo por Villeta mientras realizaba su caminata nocturna en el Malecón, al enterarse de que no se trataba de una banda terrorista internacional sino de un grupo de adolescentes de la Francia y San Juan Bosco, ordenó terminante a Cholo: “Dígale a Johnny que cuidado si me mata a esos muchachos, que lo mato yo a él” -tal le contó el coronel Tomás Flores, presente en la caminata, al padre de Víctor Núñez Keppis, su vecino de la Martín Puche. Situados en el paredón del patio de La 40, a la espera de la decisión del Jefe, los complotados se enteraron por boca del sargento Reyes, alias Manota, quien recibía un especialismo por cada expediente “resuelto”. Paseándose ante la fila de los esposados, el célebre personaje exclamó: “Coño, qué lecheros son, qué lecheros. Yo esperaba unos cuartos con esta vaina. ¡Oh, dice el Jefe que ustedes sirven!”. Un temerario Núñez Keppis, quien se la llevó al vuelo, le espetó: “¿Se equivocó?” Mientras Manota se retiraba refunfuñando: “!Oh!, y ustedes me van a joder a mí”. Tras una semana en el infierno, los 12 –catequizados por la prédica salesiana de Enrique Mellano que enfatizaba valores patrios y principios morales solidarios, amén del sentido compromisario de la orden con la juventud obrera- serían trasladados al purgatorio de La Victoria. Allí, el jefe del presidio coronel Horacio Frías, dueño del edificio situado en la Puche con Cachimán, al lado de Núñez Keppis, recibió al contingente, ubicándolo junto al grupo de los “bomberos”, entre ellos Pichi Mella Peña –mi querido vecino de La Trinitaria-, Tony Barreiro y mi primo José Manuel Pacheco Morales, el entrañable Pilón. El coronel Frías reconvino a su antiguo vecino: “Vitico, carajo, te metiste en camisa de once varas. Si no me dicen nada, no hay problema. Pero si me dicen, zuap, te jodiste” –señalaba al tiempo que pasaba su alargado índice por el cuello. Así fueron, hace ya 55 años, las Navidades de 1959 para mis amigos del barrio, que sería ocupado por efectivos del SIM auscultándolo todo, hasta el pensamiento. Yo cumpliría 12 años, con Estrada Malleta en la acera de mi casa. Mientras, en las calles de Ciudad Trujillo, la vida proseguía “su agitado curso”, como remachaba Rodriguito al cierre del esperado Suceso de Hoy de su radiofónico Informador Policíaco. Un despertador inescapable de la acostumbrada siesta meridiana.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Barrio de Rebeldía Incendiaria

CONVERSANDO CON EL TIEMPO| 06 DIC 2014, 12:00 AM|POR DIARIO LIBRE Barrio de Rebeldía Incendiaria Escrito por: Jose del Castillo
Casa Vapor. Fernandito Aznar, mi compañero de barrio, vivía junto a su hermana Montserrat en la avenida Francia 10, en la planta baja de un edificio de cuatro apartamentos. Su padre madrugaba para ir en bicicleta al mercado de La Antena y adquirir frutas y víveres para un quiosco que suplía al vecindario. A las 7:30 debía estar en su taller de carpintería y ebanistería. Este catalán nacido en Gerona llegado al país en 1940 como emigrado de la guerra civil española, tras pasar por un campo de refugiados en Francia, retornaba a su hogar al mediodía para regresar a las 2 en su trabajo. En el camino llevaba al hijo a Bellas Artes, pedaleando bajo la quemante canícula, para que recibiera clases de pintura del maestro Prats Ventós, refugiado catalán. Ocupando el otro apartamento del primer nivel, vivía Gonzalo Güemez, un incansable vasco nacido en Bilbao que operaba en igual ramo industrial, socio de Aznar en el taller, como Pascual Palacios. Tenía una camioneta y era de poco hablar. Negoció frutos y maderas desde San Juan en dos camiones y tuvo un percance con un La Salle de Trujillo al servicio de Ramfis. Cogió cárcel y debió vender sus vehículos para reponerle uno nuevo. Padre de los Güemez Naut, Ildefonso (Fonsito), Gonzalito y Sara Aurora, procreados con la profesora Fior Naut –fundadora de la primera Escuela de Economía Doméstica de San Juan de la Maguana y repostera. El inquieto Fonsito fue la cabeza articuladora del osado grupo de 11 jóvenes Nueva Trinitaria: Víctor Núñez Keppis, Frank Pratt Pierret, José Vidal Soto (Anguito), Rafael Martínez Espaillat (Chino), Roberto Carlos, Melquíades Cabral Jiménez, Julio Santos Aguasvivas (Evelín), Braulio Montán, Luis Manuel Soriano Tatis, Máximo Báez Draiby, asesorados por el profesor Casado Soler. Que retó a una cuadra del Palacio al bestial aparato de terror de Trujillo dirigido por Abbes García. Descubierto hace 55 años, el 8 de noviembre, tras meses de acciones temerarias que mantuvieron en vilo a los servicios de inteligencia. Apresados sus miembros y llevados a La 40. Recluidos en La Victoria por 9 meses. El sector donde se fraguó esta hazaña tenía ciertas características especiales. Era el hábitat de señeros arquitectos e ingenieros del régimen, como Henry Gazón, residente en su Casa Vapor, constructor de obras públicas y del Monumento a la Paz de Trujillo en Santiago, y del famoso Castillo del Cerro que le hizo caer en desgracia. Guido D’Alessandro levantó el Palacio Nacional y otras obras,formó familia con Carmen Tavares, hija de Isabel Mayer, gobernadora y senadora, desde cuya residencia montecristeña se dice salió la orden de Trujillo para iniciar el Corte del 37. Sus hijos fueron como mis hermanos: Aldo, asesinado en 1960 en La 40, Alfredo, Carmen Edda, Leonardo, Niní, Armando y el entrañable Yuyo, concuñado de Ramfis. Asqueado ante la vesania criminal de Ramfis durante los fusilamientos de junio del 59, decidió junto a su tío Manolo Tavares y Minerva, Leandro Guzmán y Ma. Teresa, en un encuentro en su hogar en la Delgado en enero del 60, formar una agrupación clandestina para derrocar a Trujillo. Develado pronto el complot, fue buscado por todos los confines. Salvó escapando en un crucero turístico que tocó puerto aquí. Frente, residía en una agradable mansión Alma Mclaughlin Simó, paciente novia por décadas y luego esposa del presidente Héctor B. Trujillo. Al lado suyo, sus padres, a la cabeza el coronel Charles Mclaughlin, responsable de la Compañía Dominicana de Aviación (CDA), en la que laborarían como pilotos Wimpy –implicado como agente americano en el complot para liquidar a Trujillo-, Gerald Murphy, asesinado por su rol en el traslado de Galíndez en 1956. Como Octavio De la Maza, en una operación de limpieza. Haciendo esquina con la Cachimán, vivía apacible el coronel retirado Luis Beras Fernández, padre de Horacito, quien pasaba la mayor parte del tiempo en su galería. A una cuadra de Alma, habitaba la familia Cambiaso, con Juan Bautista (Molusco) ocupando un alto rango en la jefatura militar. Frente a su casa, el odontólogo José Enrique Aybar, fundador en 1937 de la Guardia Universitaria, catedrático y alto funcionario de la Universidad, donde fue vicerrector y rector, presidente de la Junta Central Directiva del “glorioso” Partido Dominicano. Llamado el Goebbels criollo. Perdió la vida en su casa durante la ocupación americana del 65, de manos de un marine en un confuso incidente. A una residencia de por medio, se hallaba la del general Fernando Sánchez, quien ocupó en los 30 la jefatura del EN, casado con la gran diva Julieta Otero, padre del general Tunti Sánchez, jefe de estado mayor del EN y la AMD, brazo derecho de Ramfis. Hermano del dramaturgo, poeta y productor de TV Freddy Miller Otero, desaparecido al final del régimen. En la esquina San Juan Bosco con Martín Puche la casa de dos plantas del coronel Tomás Flores, hermano del compositor Pedro Flores, oficial de los marines que quedó en el país y mantuvo con orgullo su uniforme con pantalones abombados, botas altas lustrosas, camisa kaki, corbata y sombrero alón de fieltro. Muy querido, patriarca de familia de primerísima calidad profesional y humana. Al lado, familiares del general Fausto Caamaño, figura militar del régimen. A seguidas, Eliseo de Peña Durán, subdirector de la división de televisión de La Voz Dominicana, esposo de Esthervina Tactuk y padre de Macky, Katia y Mirna. La laboriosa familia Mangual. Cerca, Manolín Goico Castro, padre de Píndaro y sus hermanas, director de la Cédula, presidente de la Asociación de Abogados, intelectual frecuente en la tribuna del Trujilloniano y el Partido Dominicano. Como el Dr. José Ángel Saviñón, quien vivía en la Francia, alto funcionario aquí y en el exterior. En los 30 y 40 –tal Marrero e Incháustegui Cabral- tuvo inquietudes socialistas. Otra figura lo era el Lic. Ernesto Suncar Méndez, catedrático de Derecho Constitucional. En la Cachimán, los Alix. La querida Cufeta –descendiente de Billini-, sus hermanas e hijos, con Toñito al frente. La familia Oviedo Landestoy –con el amable don Ernesto como gobernador de Azua-, José Ernesto, Carlos y Aurorina, los hijos de Bethania. Don Pepito Pimentel y Anacaona, almacenero padre de Josefina, nuestra pasada ministro de Educación y Pipito. La familia Bonilla, los Pérez, los Cruz. Ya en la San Francisco, don Luis Tirado y sus hijos Luisito, Gustavo y César. Los Carlo, con nuestro conspirador Robert, sus hermanos Lillian, diva lírica, Tito, piloto de la AMD, en Barahaona cuando el complot fue develado. Nuestro Fernando Casado y su madre. Vivía en la Francia don Pupo Cordero, dueño de la HIG, padre de Mac y Jesús. Los Schotborgh Nadal y Fillo Nadal. La familia Catrain Bonilla, cuyo padre funcionario del IDSS, con Francisco, Pedro y Alfonso. Mariano Defilló, de la Cervecería, su esposa Celeste Ricart y sus hijos Marianito y Damaris. La familia Ortega Peguero. Los Rímoli. Tongo Sánchez, profesor de Filosofía, mantenía una peña con Carlos Sánchez y Sánchez, Cundo Amiama, José Aníbal Sánchez Fernández y Mieses Burgos. El compositor Pancho García y sus hijos Rafelito y Chan. La familia Pumarol, con Moncho y Felipe, casa que luego ocupó Guillo Pérez. Los Saneaux. Familias Martínez Espaillat y Vidal Soto, con hijos implicados en la trama. Los Simó, tíos de Alma. Casado Soler. Encima de Güemez Naut, al lado de Casado, enfrente de Chino Martínez y a dos casas de Anguito Vidal, el mayor Candito Torres Tejeda, jefe de operaciones y subdirector del SIM, quien dirigió el plan para asesinar a las Mirabal, visitado por Cholo Villeta, con hermana en la cuadra. En la Martín Puche iniciaba la Reid & Pellerano de Donald Reid Cabral y los hermanos Pellerano, vinculado el primero al complot que liquidó a Trujillo. Al lado, Lic. Pircilio Pimentel y doña Lola, y sus hijos Bienvenido, Teresa, Marina y Margarita. Los del Castillo Pichardo. La familia Leites Campos, con Abelardito y Berto, sobrinos del cineasta Rafael Campos y del expedicionario de junio Campos Navarro. Más allá, doña Tata Román Fernández, hermana del general Pupo Román Fernández, secretario de las FFAA, asiduo visitante, y las hermanas Gómez Román. Encima, el hogar de Elías Arbaje –administrador de El Caribe-, su señora e hijos Junior y Alicia. José Aníbal Cruz, el hombre de las inyecciones, y Venecia García, con José Anibita, Charina, Venecín, Mayra, Yoyó. Los Stamer, parientes de los Lockward de Puerto Plata. La familia Núñez Keppis, el padre antiguo oficial de la Policía Municipal de Horacio Vásquez y la madre Caridad, Víctor el complotado y su hermano. En la esquina los Olmos, con doña Mercedita, educadora que levantó un familión de calidad. Un barrio así, pegado al Palacio y con la residencia de Alma en su corazón, debía ser ocupado teatralmente por efectivos del SIM, al estilo nazi, como en el sector judío de Varsovia. La intentona conspirativa se fraguó en el edificio donde residía el jefe de operaciones de la inteligencia del régimen. En un barrio habitado por guardias de jerarquía, altos cargos civiles, a un paso del cuartel general del siniestro servicio de espionaje y represión. Con el Laboratorio de Química y el mimeógrafo del Colegio Don Bosco, tan dotado, como toda la orden salesiana, por el dictador y dador. Con un seminarista casi cura, Báez Draiby, multicopiando panfletos que corregía el profesor Casado Soler en las narices de Candito. El castigo por esta “afrenta” implicó a don Gonzalo Güemez -ajeno a los ajetreos conspirativos de su hijo-, quien fue deportado a España. En 1961 Fonsito fue a estudiar a Madrid, donde residió hasta 1968 y cursó tres carreras: Ciencias Políticas en la Complutense, Diplomacia en la Escuela Diplomática, y Sociología en el Instituto Social León XIII de la Pontificia Universidad de Salamanca. Con estos saberes como herramienta ha sido un destacado ejecutivo y profesor universitario en la UASD, así como funcionario de la Cancillería. Todos en el barrio caímos bajo sospecha…

Sobre diez artículos de Luis Gómez

Sobre diez artículos de Luis Gómez Areíto sábado 6 de noviembre, 2014 Por FIDELIO DESPRADEL 06_12_2014 Areito 6 dic Areíto5 Luis Gómez, con quien he mantenido una relación de respeto desde noviembre de 1961, cuando por fin nos conocimos, en ocasión de un viaje clandestino que realicé a Caracas, concedió diez entrevistas al periódico Hoy realizadas por la magnífica reportera Ángela Peña, donde trata algunos temas que me veo obligado a comentar. Muchos de los episodios que trata en sus diez entrevistas son objeto de amplio análisis en el primero de tres tomos de mis Memorias, que se publicarán en breve, pero hay algunos aspectos que es necesario que los comente en este espacio, cedido gentilmente por la dirección de HOY. ADVERTISEMENT Luis hace un recuento de su vida como político revolucionario, lo cual es legítimo y encomiable, pero incursiona en algunos aspectos que requieren clarificación: Salta a la vista que Luis omite una referencia (aunque fuera breve) sobre el 14 de Junio y la dirección elegida en la Asamblea del 29 de julio de 1961. Aquella Asamblea se realizó a contrapelo y con la oposición de la Unión Cívica Nacional (UCN), cuyos planes (que eran los planes de la oligarquía dominicana y del gobierno norteamericano) eran los de capitalizar la lucha contra Trujillo, transformándose luego en un gran partido, y con ese prestigio, ganar las elecciones que tenían programadas para diciembre de 1962, dominando así el ejecutivo, el congreso y los delegados a la constituyente. La Asamblea se celebró, a pesar de que los “cívicos” desplegaron grandes esfuerzos para convencer a los responsables del 14 de Junio de no convertirse en partido político. En dicha Asamblea, algunos de los presentes propusieron que solo se postularan nombres de catorcistas que estuvieran en el país, a sabiendas que, con ello, impedían que Luis Gómez y Pipe Faxas, revolucionarios identificados con Manolo, fueran elegidos en esa dirección. La Asamblea se realizó y la directiva del 14 de Junio quedó integrada por los doctores Fernández Caminero, Asela Morel y Tabaré Álvarez Pereyra; por Manolito Baquero, Rafael Albuquerque Zayas Bazán, Moncho Imbert y Miguel Lama Mitre. Y además, por Manolo Tavárez, Leandro Guzmán, Vinicio Echavarría, Félix Germán, Alfredo Manzano, Josué Erikson y Miguel Vásquez Fernández. Los siete primeros, que estaban identificados con la UCN y sus planes, nunca pisaron el local del 14 de Junio que no fuera para llevar recados o propuestas de UCN a la dirección del 14 de Junio y para persuadir a Manolo para que aceptara una de las vicepresidencias de la UCN. Manolo contaba, entonces, tan sólo con seis miembros leales, y Luis sabe que de estos, Félix Germán fue el mentor y cabeza del llamado “Partido 14 de Junio” (noviembre-diciembre 1962), y que Alfredo Manzano fue expulsado por graves faltas disciplinarias. Manolo, que poseía una alta capacidad de dirección, sabía que con una dirección tan enclenque, con la mitad de sus miembros identificados con los objetivos de la oligarquía dominicana, del gobierno norteamericano y la UCN, era imposible concebir y ejecutar el compromiso político que su generación de revolucionarios había asumido (siguiendo el ejemplo de la Raza Inmortal). Actuando en consecuencia, desde el mes de octubre-noviembre de 1961, Manolo fue cooptando a Juan Miguel Román, Roberto Duvergé, Máximo Bernal, Emilio Cordero, Fidelio Despradel, Tomasina Cabral, Papi Viñas y Baby Mejía, a unos designándolos miembros de aquel enclenque comité, y a otros en lo que Luis denomina “infraestructura”, que se empezó a estructurar desde finales del año 1961 con la participación de Leandro y Vinicio Echavarría (que habían sido elegidos en la Asamblea de julio), y con la mayoría de los hombres que Manolo había ido cooptando. En su amplia exposición, a través de diez entrevistas, Luis se empeña en atribuirle a Fidelio Despradel la idea y formación de la infraestructura, y lo que constituye una evidente manipulación, en dos de esas entrevistas, Luis le atribuye a la infraestructura “sustituir la capacidad política del 14 de Junio y neutralizar a una buena parte de los dirigentes principales (…) era (la infraestructura, F.D.) una institución dentro del 14 de Junio que frustró lo que era la actividad política cotidiana.”(sexta entrevista) Pero ¿a qué dirección se refiere Luis cuando habla de sustituir “la capacidad política de la agrupación y neutralizar una parte de sus principales dirigentes”? Porque resulta que la llamada dirección era la elegida en la Asamblea del 31 de julio, y esa era una dirección que nunca operó como tal, y que siete de sus integrantes (la mitad) nunca asumieron su rol como tales dirigentes. Pero si Luis a los que se refiere era a aquel grupo de revolucionarios que Manolo, con su autoridad, cooptó y colocó en posiciones de responsabilidad, entonces, sencillamente, es un contrasentido hablar de “neutralizar a una buena parte de los dirigentes principales”. Hay un elemento común entre el conjunto de hombres y mujeres que nos han adversado a mí, a Juan Miguel Román, Roberto Duvergé, Hipólito Rodríguez, Sóstenes Peña Jáquez, Baby Mejía, Homero Hernández y al conjunto de esa porción del ala revolucionaria del 14 de Junio, y ese elemento es que terminan presentando a Manolo, que era un gigante, como un ingenuo y como una persona de personalidad débil, ajeno a “los manejos” de “los malos”; como una persona manipulable, sin carácter, capaz de dejarse “empujar” a la epopeya guerrillera y otras aventuras, como la llamada “infraestructura” de Fidelio. Por otra parte, su afirmación de que ello “frustró la actividad cotidiana” de la organización, es un desliz de Luis. La actividad política cotidiana del 14 de Junio siempre fue abrumadora; abarcaba todo el país y tenía a Manolo y a quienes lo acompañábamos, como sus activistas principales, trabajando de “sol a sol”, todos los días, incluyendo los domingos, en actividades públicas y transparentes. Parece que Luis leyó superficialmente la parte del informe de Manolo a la Asamblea del 8 y 9 de diciembre, cuando este se autocriticaba por la reducción del trabajo político, y no se percató Luis, porque leyó esos párrafos con ideas preconcebidas, que Manolo se refería a los últimos meses del año 1962, cuando tuvimos que adoptar un conjunto de actitudes defensivas, para contrarrestar la feroz persecución del Consejo de Estado, y cuando disminuyó la combatividad y circulación de nuestro periódico 1J4, precisamente, porque uno de los mentores del llamado “Partido 14 de Junio” lo era Félix Germán, director del periódico, quien desde mediados del año 1962 se fue apartando de la línea revolucionaria del partido.

El sentir y el sentido de la acción anticorrupción

PANCARTA El sentir y el sentido de la acción anticorrupción
Raúl Pérez Peña (Bacho) lasmanaclas@gmail.com Faltan precisiones, pero la corrupción administrativa aturde al más tranquilo cuando se citan cifras inverosímiles al intentar la aproximación al monto del escarnio con los recursos públicos. Todavía la corrupción estaba en pañales el día que Leonel Fernández la cuantificó en 30 mil millones anualmente. Imagínese, si la mente le alcanza, la multiplicación en estos tiempos en que sigue el control gubernamental en las mismas manos. Alguien dijo que ese monto presente alcanzaba para hacer otro país. Aunque nadie ha refutado ese estimado, lo cierto es que la corrupción es escandalosa y que se siente, se siente... En varios artículos he dicho que RD anda peor que en 1961 y años siguientes, luego de que a Trujillo de dieron su merecido. La corrupción entronizada tras el golpe de Estado que derrocó a Juan Bosch en 1963 era muy inferior a la presente en cuanto al descaro de sus protagonistas. Sin embargo, aquella se tornó irresistible y explosiva ya en 1964, con el desenlace que registró la historia abrileña. Tras cinco décadas se dirá que el país se mueve todavía. Pero es temerario prevenir el futuro, pese a la creciente fábrica de millonarios, faltando 30 años para el vaticinado 2044, cifrado “culminante” del régimen morado. No obstante, en esta cotidianidad dramática la corrupción se siente, se siente. Por las distintas latitudes sienten fuertes vientos de corrupción. Por esos vientos de corrupción, el real futuro del país es de “pronóstico reservado”. Esto explica el sentido, la indignación y la pertinencia de la acción anticorrupción. Más allá de tal o cual corrupto “de marca”. Más allá de las millonadas no explicadas por la OTAN morada, con su impunidad avasallante, algo huele mal y no precisamente en Dinamarca, ni en Duquesa. Basta con evocar a Pedro Mir para recrear este país “oriundo de la noche”. Este país “No alcanza para quedar dormido. Es un país pequeño y agredido. Sencillamente triste, triste y torvo, triste y acre. Ya lo dije: sencillamente triste y oprimido”. Las fortunas mal habidas, sus plataformas y la ostentación a pleno sol del día constituyen una violencia sistematizada por un poder impune, aunque se sucedan sus titulares. Entonces, la acción anticorrupción radica en un pueblo que “no alcanza para quedar dormido”.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

La Nueva Trinitaria en La 40.

CONVERSANDO CON EL TIEMPO|29 NOV 2014, 12:00 AM|1| POR JOSÉ DEL CASTILLO La audacia de los nuevos trinitarios
La Nueva Trinitaria en La 40. “Derrocar por todos los medios a su alcance el régimen de opresión y sangre establecido en la República Dominicana por Rafael Leónidas Trujillo desde el año 1930”. Así iniciaba el programa del Movimiento de Liberación Dominicana (MLD) que organizó desde Cuba las expediciones libertarias del 14 y 20 de junio del 59, que desembarcaron 198 combatientes. De los cuales apenas sobrevivieron seis, diezmados sus contingentes por la metralla y el napalm de una fuerza contraria supernumeraria, las bestiales torturas en La 40 y el 9, los fusilamientos in situ o en el CEFA, en una suerte de Circo Romano montado por Ramfis para disfrute de su ego enfermizo y el de sus conmilitones: “Los fusilo para dar un ejemplo a las Fuerzas Armadas, pero primero los hago torturar para dar un ejemplo a mis amigos de lo que les espera si algún día me traicionan”. Todo comenzó con la entrada triunfal de Fidel Castro a La Habana el 8 de enero del 59, tras la huida vergonzosa el 31 de diciembre del dictador Fulgencio Batista con destino a Ciudad Trujillo. Un año antes en Venezuela el general Pérez Jiménez había sido derrocado refugiándose en nuestro país, asumiendo una junta presidida por el contralmirante Wolfgang Larrazábal, con raíces dominicanas. Inicio de una sucesión de eslabones solidarios impulsados por la Unión Patriótica Dominicana de Venezuela –envío de un avión con armamento a Oriente en apoyo a los “barbudos” a cargo de Enrique Jiménez Moya, compromiso durante su visita a Caracas de Castro y Betancourt para apoyar al exilio dominicano- que culminaría con la formación del MLD y el Ejército de Liberación Dominicana comandado por Jiménez Moya, con grado de capitán alcanzado al incorporarse al Ejército Rebelde. El sacrificio de los hombres de la “Raza Inmortal” abonó el camino de la libertad, al marcar el inicio del fin al régimen de Trujillo, sembrando la semilla de la rebeldía. Así lo entendieron los muchachos de mi barrio Ildefonso Güemez Naut (Fonsito)y Víctor Núñez Keppis, estudiantes entre los 17 y 18 años, cuando se vieron las caras tras culminar las operaciones de contrainsurgencia en la primera quincena de julio. Cuando la ciudad era un solo hervidero de sórdidos rumores que daban cuenta de las atrocidades cometidas contra los “barbudos” o “invasores” en San Isidro, como se les identificaba en los medios oficiales. Antes que Don Paco Escribano escenificara en el teatro Julia su obra “Cero Invasión”, haciendo él de campesina represiva. “Bueno, ¿y ahora qué? Nosotros, ¿qué vamos a hacer?”. Esa fue la pregunta espoleta de la granada reflexiva que los amigos se hicieron. La idea, formar un grupo de activistas que ayudara a derrocar la tiranía, articulado en células de 3 miembros al estilo La Trinitaria, inspirado en el ejemplo patricio de amor a la libertad de Duarte, Sánchez y Mella, estimulado por la hazaña de Fidel, recogiendo el ejemplo de los expedicionarios de junio. Aparte del barrio (comprendido por la San Juan Bosco, Francia, Dr. Delgado y 30 de Marzo, con el corazón en la Martín Puche), el Colegio Don Bosco sería un referente unificador. Florencio Gómez –seminarista salesiano que estudiaba en Cuba- había regresado al país en esos días y fue fuente de experiencias sobre métodos de organización y de lucha en esa isla. Una conversación entre Güemez, Núñez Keppis y el seminarista, sostenida en el Malecón frente al Jaragua, definió un curso de acción. El próximo paso fue reclutar al estudiante de Medicina Frank Pratt Pierret, compañero de bachillerato de Güemez de sensibilidad antitrujillista y asiduo del barrio, hijo del mayor retirado del Ejército Leovigildo Pratt Guzmán y de la puertoplateña Mercedes Pierret Villanueva –hermana de Florencia, ambas ligadas de por vida a la educación musical-, quien residía junto a su familia (José Goudy, Milagros y Bernardo) en la Gaspar Hernández próximo a la Barra Payán, redondeando la primera célula de La Nueva Trinitaria. Un vecino de Güemez en la Francia, el profesor Ramón Rafael Casado Soler –ligado al Colegio Muñoz Rivera y quien operaba en su hogar una escuela de superación personal durante las vacaciones escolares a la que yo asistía-, fue el cuarto a bordo. Consultado para que corrigiera el primer panfleto elaborado por la célula opositora, quedó así comprometido. Frisaba los 41 y doblaba el promedio de edad de los “nuevos trinitarios”, que se moverían entre los 16 y 21 años, predominando los teen. Con temor y reclamando precaución, el señero civilista forjador de conciencias libres que fue Caneiro, quien vivía con su dulce madre, aceptó el reto patriótico. Doblemente riesgoso, ya que al lado de su casa, en la segunda planta del apartamento que ocupaba la familia Güemez Naut –formada por un laborioso republicano español empresario de la ebanistería y una reconocida educadora sureña- residía el mayor Candito Torres Tejada, jefe de operaciones del temible Servicio de Inteligencia Militar (SIM). En la cárcel compuso El Regalo Mejor ( Celebro tu cumpleaños ) en obsequio a uno de los jóvenes complotados cumpleañero. Un quinto contactado fue Manuel Soriano Tatis (el Gordo), estudiante del Colegio Don Bosco de 18 años, quien residía en la Dr. Delgado con San Juan Bosco en casa de su tía Ramona Paniagua. A seguidas, mi profesor de inglés en dicho colegio, el salesiano cubano Nelson Carrillo, quien dirigía el cántico colectivo en las misas diarias en la iglesia. El carismático Carrillo, alegando “soy sacerdote y no puedo meterme en actividad política”, derivó hacia el seminarista casi cura Máximo Báez Draiby, quien asistía al padre Vicente en las clases de Química con las prácticas de laboratorio. Con acceso franco a materiales claves en los planes de los conjurados y al mimeógrafo utilizado para reproducir los panfletos. Pelirrojo a quien llamábamos “Caco de locrio”, ya en solitaria en La Victoria, recibió una madrugada la infausta noticia del asesinato de su padre, el Lic. Báez Kelmer, de boca del tenebroso Johnny Abbes, acompañado de Candito Torres y Clodoveo Ortiz. “¿Cuál es Báez?” –preguntó mientras sacaban de sus celdas a los muchachos. Al identificarse, le espetó: “Ya ustedes no vuelven a quemar más. A tu papá nos lo tiramos esta noche”. Aparte los panfletos, el tipo de acción adoptado que los singularizó –ganándoles el sobrenombre de “incendiarios”, como “bomberos” a los miembros de otro grupo develado que colocaba bombas- fue el de provocar incendios nocturnos en días feriados en oficinas gubernamentales, a fin de impactar políticamente sin ocasionar pérdidas humanas. Así se sucedieron fuegos exitosos durante varios meses que desesperaron a los servicios de seguridad. “Jefe, se trata de una célula terrorista internacional altamente entrenada infiltrada en el país”, habría justificado Abbes su inoperancia. Lo cierto es que resultaron “muchachos” –como diría Trujillo cuando Cholo Villeta le reportó en medio de su paseo nocturno por el Malecón la captura de los “incendiarios”. “Oigan esto señores, qué mierda de seguridad yo tengo. Párese ahí y dígalo duro. Un grupo de muchachos de la Francia, la Puche…, más guapos que todos estos mierdas. Dígale a Johnny que ¡cuidado si mata un muchacho de esos!”. La presencia del coronel Flores, fundador del barrio, quizá pudo ayudar. Los temerarios habían pegado fuego en la Cámara de Cuentas (ubicada entre el Malecón y la Avenida Independencia cerca del futuro Hotel San Gerónimo), la Dirección General de Suministros del Estado (donde funciona Bienes Nacionales), la Secretaría de Obras Públicas (blanco alternativo al desistir del intento en el local del DN del Partido Dominicano en la San Martín, hoy Color Visión), y la Secretaría de Estado de Justicia, en la Feria. Un quinto objetivo se frustró la noche del 8 de noviembre de 1959, cuando cuatro miembros del grupo se propusieron pegar fuego a los depósitos de Aduanas en la Feria, por los lados de la actual O&M. La detención esa noche de Rafael Martínez Espaillat (Chino, nieto de Dilia del Castillo, prima de mi padre) inició la captura en cadena de los 12 miembros de la red. Núñez Keppis, Frank Pratt, Melquíades Cabral Jiménez, Casado Soler, Julio Evelio Santos Aguasvivas (Evelín), Soriano Tatis, Báez Draiby y Braulio Montán, fueron recogidos por los cepillos del SIM (VW escarabajos) y trasladados al centro de interrogatorios y tortura de La 40. Los últimos serían Ildefonso Güemez, Roberto Carlo Gómez y José del Carmen Vidal Soto (Anguito), apresados el 10 de noviembre en Elías Piña tratando de cruzar la frontera, por campesinos con machete que los entregaron a la fortaleza. En La 40, con las rutinarias golpizas y el pase por la silla eléctrica, serían interrogados por Johnny Abbes, Tunti Sánchez, Sánchez Rubirosa, Candito Torres, Cholo Villeta, Clodoveo Ortiz, Flicho Palma, Lavandier, Del Villar, el Sargento Reyes (alias Manota), con la asistencia del escribiente legal, Lic. Faustino Pérez. Tras una semana en este centro de suplicios fueron trasladados a la cárcel de La Victoria. Sentenciados a 30 años de prisión e indemnización de RD$1 millón por daños, los integrantes de La Nueva Trinitaria, pioneros en la resistencia antitrujillista inmediatamente posterior a las expediciones de junio del 59, serían indultados el 14 de julio de 1960. Como parte de la política del régimen, ante reclamos de la Iglesia Católica, cuya famosa Carta Pastoral conmovió a la nación (“no podemos permanecer insensibles ante la honda pena que aflige a buen número de hogares dominicanos...a los sufrimientos que afligen ahora a los corazones de tantos padres de familia, de tantos hijos, de tantas madres y de tantas esposas”). Y bajo presiones de la OEA, interesada en la situación de los derechos humanos. Desde enero del 60, cuando fue develado el movimiento clandestino 14 de Junio, las cárceles se habían llenado de jóvenes. De unos valientes que pagaron caro por adelantado el precio de nuestra libertad.