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domingo, 18 de julio de 2010

Mensaje de Fredy Cabreja sobre "La Conjura de los Sargentos"

de Fredy Cabreja

fecha 17 de julio de 2010 11:52




Estimados verdaderos Dominicanos,

El presente es para saludarlos y a la vez reforzar parte de la historia dominicana,aunque en un pasado tragico , oscuro y fatal para la sociedad dominicana.

En este aspecto,debo recordarle a quienes escriben sobre la tetrica "Era de Trujillo",en este caso en la conjura de los "Sargentos",

Tambien participaron oficiales de mediana jerarquia como lo fue el capitan piloto Miguel A. Cabreja(Miguelito)-desaparecido- en el 1959,al igual que el sargento deportista Fausto Castillo Cabreja,esto no lo lei en ningun libro ni me lo contaron,lo vi cuando fueron a buscar a la hermana de Fausto, Estela Castillo Cabreja y su esposo de apellido Abud(de Constanza),cuando vivian en la Jacinto de la Concha # 66(al lado de mi casa. Presumo que a ellos tambien los desaparecieron (Estela y esposo). Pero yo no podia comentar nada porque eran mis parientes,so pena de tambien "desaparecer" porque yo estaba " vahiado" por mis apellidos Rodriguez Cabreja.Es tan asi que cuando llegue preso a la "40",finales de Diciembre de 1960,lo primero que me presentaron fue una foto de "Juancito" Rodriguez y me preguntaron si yo conocia a esa persona,dije no,pero insistian y me amenazaban porque equivocadamente creian yo habia estado en Moca(cuna de Juancito) a principios de Diciembre de ese ano,creo eso me salvo la vida porque si habia estado en la Vega en esa Fecha ayudando a los campesinos de Bayacanes que estaban al lado de mosenor Panal,quien era atacado por turbas Trujillistas.

Debo aclarar que nunca perteneci a ningun partido,simplemente fui dirigente de un pequeno grupo de jovenes estudiantes antitrujillista de los que se formaron en "la capital",el nuestro se llamo Movimiento Nacional Antitrujillista Organizado "MANO",en que la mano izquierda era nuestro simbolo y clave secreta,fundado a finales del 1959: por mi;Bethoven Escoto(desaparecido),Andres Vitini Pepen,Nelson Escoto(desaparecido),Pedro Pina Perez,Nelson Betance,Nelson Peralta,Jose Eugenio Perdomo(desaparecido),Luis Rafael Gomez de Alvarado(Auditivo),Jose Perdomo etc.,fuimos responsables del envio por correo de las "cartas amenazadoras" a los esbirros trujillistas y "las cartas alentadoras" al humillado pueblo dominicano,pasadas a "maquina" y copiada a "mimeografo" por Andres Vitini,quien era ya "mecanografo y taquigrafo".

Gracias,

Mario Rodriguez Cabreja
(Fredy)

viernes, 16 de julio de 2010

El Legado Político de un Héroe de Junio


http://www.hoy.com.do/areito/2010/7/10/333369/LIBROSEl-Legado-Politico-de-un-Heroe-de-Junio

Portada del libro sobre la Fundación Mejìa Ricart-Guzmán Boom.
10 Julio 2010, 8:10 PM
LIBROS
El Legado Político de un Héroe de Junio
Escrito por: TIRSO MEJÍA-RICART

La segunda edición del libro "Pro-Patria", presentada el pasado 14 de junio, contiene textos, que completan la recopilación de los escritos políticos de mi hermano Octavio, dejando para una próxima oportunidad los demás.

Octavio Mejía-Ricart Guzmán nació en la ciudad de Santo Domingo, el 27 de septiembre del 1931, hijo mayor del segundo matrimonio de Gustavo Mejía-Ricart, abogado, literato e historiador, con Ernestina Guzmán Boom, doctora en Derecho y licenciado en Filosofía y Letras; feminista y filántropa.

Tuvo siete hermanos: Gustavo Adolfo, Judith y Penélope, nacidos en Cuba, durante el exilio de mi padre con motivo de la Intervención Militar Norteamericana del 1916-1924, el primero de ellos vivió en Santo Domingo por varios años, regresó a Cuba para estudiar en la Universidad de La Habana, donde se hizo líder pacifista en un periodo caracterizado por el pandillerismo estudiantil, donde ocupaba la presidencia de la Asociación de Estudiantes de Ciencias Sociales. Fungió allí como reclutador de voluntarios y agente de inteligencia para la frustrada expedición antitrujillista de Cayo Confites de 1947. En 1949 hizo expulsar un grupo de pandilleros que utilizaba para fines delictivos la cafetería del Balneario universitario en Marianao, Cuba, y estos lo asesinaron en pleno balneario, el que todavía tiene su nombre, así como su busto y una tarja conmemorativa. Sus otros hermanos fueron Marcio, Magda, Abigail y el que esto escribe, de conocida participación en la vida pública dominicana.

Octavio se destacó desde pequeño por su vivaz inteligencia, como lector incansable, de espíritu rebelde y curiosidad intelectual polifacética, con verdadera pasión por la verdad y la justicia, que pronto lo llevó a reñir con otros estudiantes, discutir con maestros y desafiar la represión de las autoridades trujillistas.

Estudió y terminó paralelamente las carreras de Medicina y de Filosofia y Letras. Trabajó también como practicante de medicina en el Hospital Padre Hillini, como Monitor de Disección Anatómica en la Universidad de Santo Domingo; y aun sacaba tiempo para practicar el baloncesto y el tenis, además de estudiar piano.

Terminó sus estudios en 1954, pero contrariamente a lo que se hacía entonces como ahora, tomó muy en serio la elaboración de su tesis de grado en Medicina e hizo su tesis: "Teoría Metabó1ica del Sexo", a partir de la investigación que hizo de numerosos casos de pseudo hermafroditismo en la comunidad de "Las Salinas", Barahona, y de estudios estadísticos de la población masculina y femenina en relación con sus regímenes alimenticios, en los que salió a relucir una relación de la falta de proteínas con el predominio de varones en las mismas, por la mayor capacidad de los espermatozoides con cromosomas "Y" de subsistir más en condiciones carenciales, que definen el sexo masculino, de subsistir más que los de cromosomas "X", que definen el sexo femenino, lo cual explica el mayor porcentaje de vivos varones en zonas con escasa alimentación.

Esas investigaciones fueron continuadas por otros científicos dominicanos como Teófilo Gautier y Aquiles Guerrero, que condujeron posteriormente a identificar sustancias capaces de reducir la hiperplasia prostática.

Los trabajos de esa tesis fueron publicados en el Anuario de la Universidad de Santo Domingo y en una edición especial, los que merecieron elogios del mundo científico, entre los que se contó los del ilustre sabio español Gregorio Marafión.

En febrero del 1955, Octavio partió a Colonia y Düsseldorf en Alemania, y más tarde estuvo sucesivamente en Estocolmo, Suecia y en Londres Inglaterra, completando sus estudios clínicos y de cirugía toráxica, hasta principios del 1959, cuando comenzó a trabajar en el Hospital New Rochelle, del estado de Nueva York, pero desde allí reclutó algunos compañeros y lo abandonó todo para venir a combatir con las armas en la mano a la tiranía trujillista.

A pesar de mis esfuerzos no ha aparecido el diario de compaña de Octavio, que cayó en poder del Ejército Regular tras su captura. Fue entregado temporalmente a la Fiscalía del Distrito Nacional mientras duró la mascarada de juicio que se siguió a los sobrevivientes de la expedición, en cuya ocasión su padre Gustavo Adolfo tuvo la oportunidad de verlo brevemente en manos del Fiscal de entonces, el licenciado Víctor Garrido hijo, porque éste hubiera podido completar la narración de su vía Crucis.

En cuanto a la muerte de Octavio, solo se conocen los relatos aparecidos en la prensa y de algunos protagonistas después de caído el régimen de Trujillo, según los cuales éste participó en un encuentro el día 20 con los efectivos militares regulares no lejos del sitio del desembarco de la expedición en Estero Hondo, en el cual el Mayor Anselmo Pilarte resultó herido, quien quedó momentáneamente abandonado, lo que permitió a Octavio curarlo como médico y dejarlo en condiciones de recibir mayores atenciones. El 22 en la noche penetró en una casa campesina, donde le dieron de comer, pero fue denunciado, apresado por una patrulla militar y herido en el hombro por un lugareño con un machete, en presencia militar, allí fue trasladado a la fortaleza de Mao, donde fue curado por instrucciones de su comandante de entonces, mayor Bompensiere; y desde allí luego a Santiago, desde donde fue despachado en el baúl de un automóvil a la Base Aérea de San Isidro, según informa el autor Juan Delancer en su obra sobre el tema (1997).

En San Isidro, Octavio fue conducido con los demás prisioneros a la prisión.

Allí Ramfis Trujillo se le acercó y pretendió desconsiderarlo en ese estado, y Octavio le escupió en la cara. Entonces, según refiere el ex -cadete Eugenio Guerrero Pou, en su testimonio (1996), Ramfis ordenó que lo introdujeran en su vehículo, donde fueron a parar los que nunca más aparecieron, probablemente lanzados al mar, como sucedió con al héroe y mártir Capitán Juan de Dios Ventura Simó y otros.

Al momento de escribir los documentos políticos que dejó Octavio antes de partir a encontrarse con la gloria, tenía apenas 27 años, habiendo permanecido para entonces más de cuatro años fuera del país, mayormente en Europa, contando con escasos textos y documentos disponibles. Si se tiene en cuenta que su actividad principal para entonces era un intenso entrenamiento en cirugía toráxica, en diferentes idiomas extranjeros: alemán, inglés y francés; asombra la agudeza de las observaciones sobre la realidad dominicana y de la tiranía que nos oprimía entonces, así como sus propuestas para la organización de la sociedad postrujillista.

Lo que más llama la atención de la lectura de estos y otros documentos, de Octavio, es su profundo amor a la tierra que lo vio nacer, clara comprensión de la realidad dominicana de entonces y la disposición de sacrificio que asume con su próxima participación en el proyecto de liberación que abrazaría hasta sus últimas consecuencias. Al asignar a la educación y a las élites cultas un papel fundamental en la transformación democrática y moral de ésta, al margen de los intereses y los vicios ancestrales de la oligarquía dominicana, traduce sin embargo cierto ingenuo idealismo, que ignora el profundo egoísmo con que la mayoría de ese sector ha participado tradicionalmente en la política nacional.

Las mujeres en el Movimiento Clandestino 14 de Junio por Tomasina A. Cabral Mejia

Las mujeres en el Movimiento Clandestino 14 de Junio
Las mujeres en el

Movimiento Clandestino 14 de Junio1
Tomasina A. Cabral Mejía2

Agradezco esta oportunidad que se me ha ofrecido para
testimoniar mis vivencias dentro del Movimiento Antitrujillista
14 de Junio, develado en el año 1960.
Para ello he debido retornar al infierno vivido en aquella
fecha.
Antes de realizar mi exposición, quiero situarme en el
contexto social y familiar donde crecí y me formé como
ciudadana consciente y digna, para quien el amor a su Patria
desde la tierna edad de nueve años me hizo escribir estos versos
que siempre he honrado.

“Bandera Dominicana
Siempre libre tu serás,
En la Patria y dondequiera
Orgullosa te erguirás.
Cuando flotas en el aire
Se me ensancha el corazón
Y cuando rememoro fechas
Hay lágrimas de emoción”.

1. Conferencia pronunciada la noche del 28 de junio del 2007 en el salón
de actos de la Academia Dominicana de la Historia.
2. Ingeniera-Arquitecta, compañera de Minerva Mirabal y fundadora del
Movimiento Revolucionario 14 de Junio que guardó prisión y soportó
torturas en “La Cuarenta” por su vertical conducta revolucionaria.

Salcedo fue mi patria chica. Allí nací y realicé mis estudios
primarios y secundarios, exceptuado el cuarto teórico estudiado
en San Francisco de Macorís.
Desde los nueve años compartí la angustia familiar de no
saber qué día mi hermano mayor Tobías Emilio, por haber sido
miembro de la Juventud Democrática, y por tanto sindicado
como opositor al régimen de terror que nos oprimía, podía
sernos entregado cadáver, o sencillamente desaparecer para
siempre. Siendo un estudiante destacado en la carrera de
Derecho le fue negada la inscripción en el curso siguiente,
logrando graduarse finalmente para marchar al otro día de su
graduación a la hermana República de Cuba y, luego, a los
Estados Unidos, sin que lo pudiéramos ver durante doce largos
años, ya que siempre le fue denegado el pasaporte a nuestro
padre las veces que lo solicitó.
Ver a mis padres asistiendo a los actos que se celebraban
en los locales del único Partido existente en el país, el Partido
Dominicano, tener que escribir en la escuela trabajos de
composición relativos al tirano, me repugnaba, pero toda la
familia era vigilada, aunque sólo después de mi prisión fui
invitada a esos actos a los cuales lógicamente no asistí.
La rebelión aumentaba cada día en mi pecho, y me asqueaba
la sumisión de la mayoría del pueblo, fuera por miedo o por
ignorancia.
En 1953 inicié mis estudios de Ingeniería-Arquitectura
en la Universidad de Santo Domingo donde cultivé múltiples
amistades, que luego serían integrantes (conocidos o no por los
servicios represivos de la dictadura) de mi célula conspirativa
del 14 de Junio.
Llegó el año 1958, y mi graduación profesional. Vientos
de Libertad comenzaban a soplar en América. Como en un

Las mujeres en el Movimiento Clandestino 14 de Junio
dominó caían las dictaduras: Rojas Pinilla en Colombia, Juan
Domingo Perón en Argentina, Pérez Jiménez en Venezuela, y
el 1° de Enero cayó Batista, y entraron a La Habana triunfantes
los revolucionarios de la Sierra Maestra, encabezados por Fidel
Castro. Sentí que había llegado nuestro turno para echar abajo la
oprobiosa dictadura que por 30 años nos mantenía esclavizados.
Sabía que podíamos contar con la ayuda de los gobiernos
democráticos que sucedieron a las dictaduras decapitadas.
La inquietud general de la juventud aumentaba cada día.
Sintonizaba las estaciones de radio de Cuba y Venezuela desde
donde los exiliados dominicanos mantenían programas de
denuncia contra la dictadura de Trujillo, la más sanguinaria
y larga de nuestra historia republicana. Quería luchar, pero
carecía de medios para hacerlo. En todo el país se repetía lo
mismo. El mismo anhelo nos alentaba e identificaba.
14 y 20 de junio fechas gloriosas en los anales de nuestra
historia. Arribaron por Constanza, Maimón y Estero Hondo
a la Patria, llenos de valor y arrojo 198 expedicionarios,
dominicanos en su mayoría, acompañados por hermanos de
ideales, venezolanos, cubanos, puertorriqueños, norteamericanos,
españoles y un guatemalteco, que hicieron suya nuestra
causa. Aunque todos sabían que la empresa que emprendían
era sumamente arriesgada, en ningún momento dudaron en
ofrendar sus vidas por la causa sagrada de la libertad de un
pueblo esclavizado por tanto tiempo.
Se colaron las noticias aunque la radio oficial no ofrecía
ningún tipo de información. Se comentaban los desembarcos
de Maimón y Estero Hondo, y se observaba un movimiento
inusitado de tropas hacia la costa norte del país y Constanza.
Comenzaron a conocerse detalles de la extremada
crueldad con que son tratados nuestros héroes y mártires. La

imposibilidad de prestarles ayuda y colaboración me consumía
de rabia e impotencia y tenía que soportar con el corazón
sangrante las manifestaciones de regocijo de los colaboradores
de la tiranía, quienes se gloriaban de su total exterminio.
A medida que iba conociendo las identidades de los
expedicionarios mi ira y dolor crecían. Todos eran valiosos,
muchos con preparación profesional superior, promesas
para el futuro del país, con ideas definidas que sintetizaron
en un Programa Mínimo de Gobierno a aplicar después de
descabezada la dictadura. Todos eran valientes, todos eran
decididos, a todos los unía la determinación de cambiar
la situación de servidumbre del país que languidecía bajo
un sistema opresivo e inmisericorde. ¡Cuántas vidas útiles
tronchadas! ¡Cuántos ideales rotos! Pero tanta sangre joven y
valiosa derramada fructificó, moviendo las conciencias de los
aletargados, y fortaleciendo en la generación no comprometida,
la decisión de organizarnos a fin de constituir una oposición
efectiva como frente interno, capaz de requerir y recibir ayuda
desde el exterior.
En cada pueblo, en cada rincón del país, comenzaron a
crearse núcleos familiares, amistosos y religiosos de personas
dispuestas a la lucha. De modo que puedo considerar que
la génesis del Movimiento 14 de Junio se encuentra en las
expediciones armadas ocurridas los días 14 y 20 de junio de
1959. Ellas fueron el detonante y la chispa inspiradora de
toda la juventud inflamada de entusiasmo por la triunfante
revolución cubana.
Después de esas fechas, recibí la visita de Luís Álvarez
Pereyra y Dulce Tejada Gómez, del grupo de San Francisco
de Macorís, a quienes me unían lazos familiares y afectivos,
quienes me propusieron establecer correspondencia con

Las mujeres en el Movimiento Clandestino 14 de Junio
mi hermano Tobías Emilio contentiva de mensajes que se
leerían mediante una plantilla superpuesta, cuyo original yo
conservaría, y su duplicado le sería enviado vía Jamaica a
Nueva York, donde en ese momento desarrollaba actividades
políticas desde el Frente Unido Dominicano. También me
comprometí con ellos a procurar la multiplicación de las
bombas de niples rudimentarias que el grupo de San Francisco
estaba produciendo con fines tácticos.
Dos modelos me fueron entregados días más tarde
por Leandro Guzmán, y a mi vez pasé una a mi querido
compañero Rubén Díaz Moreno, quien junto a Rafael Báez
Pérez constituían mi célula conspirativa, (lo que no fue
óbice para proceder a la identificación para el Movimiento
de múltiples compañeros de trabajo y amistades que nunca
fueron mencionados). El segundo modelo le fue entregado
por Leandro a Rafael Francisco Bonnelly Batlle. Todos los
mensajes transmitidos trataban de solicitud de armas para la
lucha, y en el último se señalaba un sitio de recepción.
Los días transcurrían, cada vez se hablaba más libremente
de la conspiración, y en el ínterin las labores de unificación
y consolidación se llevaban a cabo en reuniones donde
participaban los representantes de los grupos de las diferentes
regiones del país. Por fin, en reunión celebrada el 10 de enero de
1960 en la finca de Charles Bogaert en la Provincia de Valverde,
Mao, a la cual asistieron en representación de los grupos
regionales, Manolo Tavares, Minerva Mirabal, Niño Álvarez,
Dulce Tejada, Luís Gómez Pérez, Leandro Guzmán, Cayeyo
Grisanty, Julio Escoto Santana, Pipe Faxas, Ramón Rodríguez,
Germán Silverio Mesón, Efraín Dotel Recio y Carlos Bogaert,
se conformó el Comité Central del movimiento, se adoptó
como nombre Movimiento 14 de Junio a instancias de Minerva

Mirabal y se acogió como Programa Mínimo de Gobierno el
sustentado por nuestros héroes y mártires de junio del 59.
Por mi hermana Eunice, venida desde San Francisco de
Macorís, me enteré de la detención por el SIM de Niño Álvarez
y Miguel Antonio Tejada. Era el 19 de enero de 1960. Residía
entonces en Santo Domingo en la casa de los suegros de mi
hermano Milton, en la 30 de Marzo, justo frente a las oficinas
del SIM. Al anochecer nos sentamos en el porche, y empezaron
a pasarnos por el frente los característicos caliés. Nos retiramos
a dormir, pero a la 1:00 de la madrugada, sentimos atronadores
golpes en la puerta, y cuando el dueño de la casa les abrió,
entraron como perros feroces a mi habitación tirando todo al
suelo, preguntándome donde estaban las bombas, pretendiendo
llevarme en las ropas de dormir que vestía, a lo que me opuse
tajantemente, poniéndome un pantalón y una blusa. Fueron
dos los vehículos que me buscaron.
El automóvil Mercedes Benz de Emil Scott, harto conocido
por mí puesto que lo veía salir del parqueo del SIM todos
los días, y uno de los Volkswagen, bautizados por la gente
como cepillos, usados por ellos para atemorizar con el sonido
de sus motores a la ciudadanía. En el interior de uno de los
carros se encontraba Leandro Guzmán desfigurado por los
golpes y torturas a que había sido sometido. No sabía hacia
dónde me conducían, pero sí sabía en las manos de quienes
me encontraba.
En el trayecto escuchaba las conversaciones que
mantenían con su base y con los demás carritos que esa noche
desplegaban una frenética actividad de detención de miembros
del Movimiento. Se referían a nosotros como paquetes. Al
llegar a La 40 fui recibida por Cándido Faustino Pérez, quien
anotó mis generales de ley, y Tunty Sánchez, quién me dio un

Las mujeres en el Movimiento Clandestino 14 de Junio
halón de cabellos, a la vez que me amenazaba con que todos
los subhombres presentes en la sala de tortura adonde fui
conducida, si no hablaba procederían a violarme. El espectáculo
dantesco de decenas de hombres desnudos y flagelados fue el
preámbulo de la sala de tortura donde se encontraban los
criminales Johnny Abbes, Tunty Sánchez, César Báez, Tavito
Balcárcel, Luís José de León Estévez, César Villeta, Clodoveo
Ortiz y muchos más cuyos nombres no recuerdo.
También observé todos los instrumentos de tortura utilizados
por ellos, incluida la tristemente célebre silla eléctrica. Todavía
sin haber sido golpeados, puedo recordar a los doctores Manuel
Tejada Florentino, José Fernández Caminero, Rafael Francisco
Bonnelly, Gilberto Sánchez Fuster, y otros que la memoria
negativa que he puesto en práctica, ahora mismo no registra.
Fui invitada a despojarme de mi ropa, cosa que me negué
a hacer, procediendo entonces el coronel Candito Torres
a desgarrármela, para rebajarme en mi dignidad, para con
evidente placer aplicarme la picana eléctrica en los senos y el
vientre. Hicieron cínicos comentarios sobre mi figura. Tavito
Balcárcel me vació una pluma de fuente sobre el cuerpo,
salpicando a César Báez, quién protestó airadamente. La
rabia y la indignación que sentía eran tan grandes, que si me
hubieran matado no me hubiera importado. Esos sentimientos
me proporcionaban una calma sólo explicable porque me
convertían en insensible. Me sentí superior a esas bestias que
se ensañaban en seres indefensos, cuyo único delito era tratar
de romper las cadenas de la esclavitud al que ese régimen de
oprobio al que servían tenía sometido al país.
Una lágrima no salió de mis ojos. Los vi con el desprecio
que merecían, y mis compañeros que desde el corral de golpeo
presenciaban la escena, se sintieron más fuertes y capaces de

soportar el martirio. Comenzó el interrogatorio invitándome
a mencionar los integrantes de mi célula. Ya habían sido
traídos a mi presencia Niño Álvarez, Miguel Tejada y Rubén
Díaz Moreno. Nos miramos, porque yo quería saber qué tanto
conocían ellos además de lo de las bombas; me di cuenta que
nada de la correspondencia. Por mí nadie fue encarcelado.
Cuando se dieron cuenta de que no conseguirían nada más, me
vestí con lo que quedaba de mi ropa, y fui conducida al Palacio
de Justicia de Ciudad Nueva a su Departamento de Policía. El
policía que me recibió tenía en sus manos un espejito redondo
con la imagen de una virgencita de La Altagracia por detrás. Se
lo pedí, y como él ignoraba las causas de mi detención me lo
dio. Saqué la imagen, y la coloqué debajo de la plantilla de mi
zapato. También me dió un periódico que me sirvió de colchón
y frazada. Pude escuchar, avanzada la mañana del 20 de enero,
el interrogatorio que se le practicaba a Félix Bernardino (parece
en ese momento caído en desgracia con Trujillo), respecto al
asesinato de varios peones de su finca en El Seybo.
Llegó la noche, y con ella la incertidumbre de si volverían
a buscarme ya que todos los movimientos de prisioneros se
realizaban en la madrugada. Pasó el día 21, y en la madrugada
del día 22 llevaron a la celda donde me encontraba a María
Teresa Mirabal y a Miriam Morales, del grupo de Puerto Plata
ésta última. A la siguiente madrugada las tres fuimos llevadas a
la casita de La 40 donde ya tenían a Minerva Mirabal y a Asela
Morel. Cuando Minerva nos vio, lloró, y luego nos confesó
que hedíamos y estábamos sucias. No nos habíamos decidido
a bañarnos en el baño sin puerta de la cárcel.
Trajeron a Dulce Tejada. Le permitieron traer su cartera,
lo que fue una bendición, pues un pañuelito que portaba sirvió
de toalla sanitaria a quién lo necesitó. Carecíamos de todo en

Las mujeres en el Movimiento Clandestino 14 de Junio
absoluto, pero manteníamos alta la moral. Luego trajeron a
Fé Ortega, y con ella fuimos siete. Todas fueron interrogadas,
pero no torturadas físicamente, sin embargo, psicológicamente
lo éramos continuamente.
Recuerdo una noche en que Clodoveo Ortiz entró a la
habitación donde nos mantenían, con un puñal en la mano.
Nos preguntó si queríamos algo, y las demás pidieron algunas
cosas de aseo. Al yo mantenerme en silencio me dijo: “¿Y la
blanquita no quiere nada? Yo contesté: Si fuera tan amable y
me devolvieran mi cadena que me quitaron, se lo agradecería
y ¡Sorpresa! me la trajo de vuelta. Aún la guardo como
reliquia”.
Una madrugada, no recuerdo cual, me fueron a buscar,
me esposaron como de costumbre, y me llevaron al penal de
La Victoria, donde me encerraron en una solitaria de hombres
de dimensiones mínimas, con una sola ventana cerrada, por
lo que la oscuridad reinante era total. Cuando mis ojos se
acostumbraron a la penumbra ya amanecida, pude ver manchas
de sangre en las paredes, algunos nombres, y decidí, para
no perder la noción del tiempo, hacer una rayita en la pared
por cada día transcurrido. Me pusieron las dos latas clásicas:
Una para la comida que nunca comí y la otra para defecar y
orinar.
La misma madrugada de mi llegada percibí conversaciones
de otros prisioneros en solitaria. Ellos, los que yo escuché,
resultaron ser Segundo Imbert y Papito Sánchez, y decían:
Trajeron a solitaria una mujer. Trataremos de pasarle algo de
comer y con Perozo, a quién tenían limpiando el pasillo, así
lo hicieron. Como no probaba lo que me llevaban de comer,
el coronel Frías me hizo llevar a su despacho, y me dijo: “A
usted la puse ahí cumpliendo órdenes, porque yo sólo hago

lo que me ordenan. Si me dicen que los mande al otro mundo
también lo hago”. Me regaló un chocolate, y ordenó que me
pusieran en una solitaria de mujeres, y que una de las menos
malas de las prisioneras me proporcionara un poquito de jabón
y desodorante. La primera visión que tuve cuando penetré al
patio de recreo de las prisioneras, que antecedía al cuerpo de
celdas, fue el de una reclusa semidesnuda debajo de la llave
de agua. En la celda quedé sola…
Me fueron a fotografiar, y el día 2 de febrero en compañía
de Rubén Díaz Moreno, José Fernández Caminero, Huáscar
Castillo, Rafael Francisco Bonnelly, César Batista, Papy Viñas,
Josué Erickson y un grupo más de compañeros, nos llevaron
al Palacio de Justicia, para ser juzgados. Guardias fuertemente
armados nos custodiaban. El juzgado resultó pequeño para la
gente que acudió tan pronto se fueron enterando de nuestra
presencia allí. Algunos parientes lloraban al comprobar nuestra
condición. Eran evidentes los maltratos sufridos. La visión de
un compañero con la espalda llena de gusanos y los verdugones
en las partes visibles de los cuerpos, daban una idea lejana de
los vejámenes a que éramos sometidos.
La comedia del juicio comenzó. Presidía el tribunal el
Juez Sosa Agramonte; el Fiscal era Víctor Garrido; el abogado
defensor Leo Nanita; y la parte civil representando al Estado
la desempeñaba Ramón Pina Acevedo. Victor Garrido me
preguntó que cómo nos trataban, e irónicamente le contesté
que bien. Nos dijo que trataría les permitieran a los familiares
y personas presentes pasarnos algunos alimentos. Ese buen
deseo no se pudo materializar, porque el público indignado,
prácticamente se les fue encima a los guardias, tratando
de acercarse a nosotros. Fuimos condenados a 30 años de
trabajos públicos y al pago de RD$600,000.00 de multa. Nos

Las mujeres en el Movimiento Clandestino 14 de Junio
retornaron rápidamente al autobús sin permitirnos recibir lo que
las personas presentes querían entregarnos. Recuerdo haberle
puntualizado al Juez, cuando me preguntó si yo ratificaba lo
dicho en instrucción, que no había sido en esa instancia donde
había ocurrido, si no en el SIM. Me recalcó que en instrucción;
y yo le repetí que en el SIM de nuevo, y ya no insistió más.
Cuando nos cantaron la sentencia, el único comentario que en
voz alta hice fue ¡Que optimista!
Retornamos al penal de La Victoria, y al atravesar el patio
de hombres donde se encontraban Cristóbal Gómez Yangúela,
Joaquín Santana, Alcides Camilo, entre otros, éste me preguntó:
“¿Cómo les fue? Y yo le contesté. Fenómeno. Porque por
primera vez había visto reaccionar indignada y sin miedo la
representación del pueblo que se encontraba presente en el
sainete de juicio”.
Ya juzgada me abrían la puerta de rejas y podía salir al
pasillo. Esa madrugada fueron traídas desde La 40 a mi celda
las 6 compañeras que allí habían quedado. Al amanecer las
llevaron a una celda similar, situada en el pasillo paralelo al
mío. Podía ir adonde ellas a conversar.
Como ya estaba juzgada se suponía que mis familiares
podrían visitarme, por lo que María Teresa Mirabal me
encareció hiciera saber a su familia que deseaba le tomaran
una foto a Jacqueline, su hija, quién cumpliría su primer
año el 7 de febrero, para ella guardar un recuerdo de ese
día. Afortunadamente, y sin ningún preámbulo, aparecieron
los esbirros del SIM, y nos ordenaron recoger nuestras
pertenencias, para conducirnos a nuestras casas maternas.
Al llegar dije a mis padres: “Me sentía mucho más humana,
ya que nunca había sabido lo que era pasar hambre y frío, y
ya lo había experimentado. También les comenté, que creía

haber escuchado todas las malas palabras existentes en el
mundo”.
Por fin, nuestra Madre Iglesia, durante tanto tiempo
colaboradora y silente ante los atropellos a la ciudadanía, habló
mediante una Carta Pastoral memorable y determinante para
nuestra excarcelación.
La indignación general comenzaba a sentirse, y el
régimen era seriamente cuestionado aun por los hijos de sus
colaboradores, quienes eran nuestros compañeros de prisión,
enfrentando además serias dificultades económicas, comenzó
a liberar grupos de compañeros, entregándolos a sus padres,
algunos de los cuales lamentaron públicamente la conducta
de sus hijos.
Por eso siempre he mantenido que el peor crimen de
la dictadura fue rebajar en su dignidad a todo un pueblo y
postrarlo a sus pies.
Semanas después de nuestra primera liberación, acompañada
de Doña Fefa Yangüela y de la esposa y suegra de Niño Álvarez,
visité los compañeros que se encontraban en La Victoria,
llevándoles rosarios de regalo.
En las dos esquinas de mi casa en Salcedo, desde las 6:00
a.m., se apostaban dos caliés, quienes controlaban todos los
movimientos de personas, y presumiblemente rendían informes
diarios.
Ser desafecto al régimen era igual que padecer una
enfermedad contagiosa. Amigos de toda la vida evadían
saludar, cosa que les facilitábamos, dándoles discretamente la
espalda. También recibíamos la solidaridad de muchas personas
valiosas como Don Ángel Liz, reconocido opositor a Trujillo,
a quién encontré en casa cuando nos soltaron la primera vez.

Las mujeres en el Movimiento Clandestino 14 de Junio
El 18 de mayo, encontrándome en la casa de Don Enrique
y Doña Fefa Yangüela, en San Francisco de Macorís, fui
requerida por miembros del SIM, quienes me condujeron al
Destacamento de la Policía, para hacerme unas preguntas.
Me di cuenta enseguida que estaba detenida de nuevo, como
ocurriría cada vez que les viniera en ganas, ya que pesaba sobre
mí una condena de 30 años.
Las comunicaciones que establecieron por sus radios
me permitieron saber que ya a Minerva Mirabal la traían
de camino. Las dudas para también traer a María Teresa
obedecían a que ella se encontraba aquejada de fiebre muy alta
a consecuencia de una bronquitis. Los que traían a Minerva, que
ya se encontraban en Tenares, recibieron órdenes de volver a
recogerla en las condiciones que fueran. Llegó envuelta en una
frazada, y con el pelo recogido en un moño despeinado. Diez
días necesitamos Minerva y yo para desenredar ese pelo tan
largo. Nos reunieron a las tres en el asiento trasero de un cepillo,
y emprendimos el camino hacia Santo Domingo. Se mostraron
muy amables y en Bonao nos preguntaron si queríamos comprar
algo. Como nos dejaron nuestras carteras aprovechamos para
encargarles que adquirieran para nosotras lo de primera
necesidad. Al llegar a La 40 se repitió la obsequiosidad, y
entonces nos compraron leche en polvo, jugos y galletitas,
que ya al undécimo día de prisión cuando fuimos llevadas a
La Victoria estaban agotadas.
Entre tanta maldad, allí también la bondad estuvo
presente. Uno de los guardianes nocturnos nos regaló unas
mentas, requiriéndonos la devolución de las envolturas, y
al preguntarnos nuestros nombres, y oír el de Minerva dijo:
“Tengo una hija llamada así, que ojala no tenga nunca que
sufrir lo que ustedes están pasando”.

Mientras estábamos en esa casita de La 40, recibíamos
las visitas de Minervino, Darío Trujillo, etc. Nos negábamos
a comer la comida que nos servían. Un día parece que para
quebrar nuestra resistencia a sus sugerencias de agradecer al
monstruo las desconsideraciones de las que éramos objeto, nos
separaron y colocaron a cada una en una habitación diferente.
En la que a mi me pusieron, estaban todos los elementos del
consultorio del Doctor José Fernández Caminero, desde cuadros
y libros, hasta recetarios. Nos aseguramos un libro, que en la
frazada de María Teresa llevamos escondido a La Victoria y
que fue destruido por él más tarde, para no comprometernos.
Tan pronto arribamos a nuestro nuevo destino, los
compañeros reunieron y nos hicieron llegar leche evaporada,
galletas, chocolate, etc. Por lo menos unas diez libras habíamos
rebajado. Nos encerraron en una solitaria de mujeres totalmente
vacía, ordenando el capitán Montás cerrar la única ventana que
poseía. Cometí la imprudencia de tomar una leche evaporada
pura, después de tantos días sin comer, lo que me provocó
vómitos toda la noche. Las muchachas se cansaron de llamar
al llavero pero nadie acudió. A la mañana siguiente manifestamos
al sargento mayor Martínez nuestra inconformidad, y no había
pasado una hora, cuando todos los oficiales del penal, incluyendo
al coronel, se apersonaron a la celda. El coronel preguntó por
qué la ventana estaba cerrada y le contestamos que el capitán
Montás la mandó a cerrar, ya que le molestaba que cantáramos.
(Desde la primera prisión lo hacíamos diariamente). Ordenó
nos trajeran camas y abrieran la ventana. Cuando se marcharon,
nos abrazamos, regocijándonos de haber ganado esa ronda. El
médico examinó a María Teresa, y le aplicó unas gotas para la
otitis consecuencia de la bronquitis.

Las mujeres en el Movimiento Clandestino 14 de Junio
Comenzaron los muchachos a llamarnos mariposas.
Siempre que se referían a nosotras nos identificaban así. Hasta
los centinelas cuando portaban mensajes para nosotras nos
llamaban de ese modo.Todos los días rezábamos y cantábamos
las mañanitas para que los alojados en el Pabellón A las oyeran
y se sintieran acompañados y confortados. Cantábamos algo
muy ajustado a la situación de entonces, El Ratoncito Miguel,
todo nuestro repertorio de canciones de nuestros tiempos,
así como los himnos a los Padres de la Patria, y por supuesto
nuestro Himno Nacional, riéndonos siempre de lo desafinada
que era María Teresa. Acechábamos a los muchachos a la hora
en que los sacaban a tomar el sol y tratábamos de que ellos
nos vieran también. Establecimos correspondencia con ellos,
Minerva con Manolo, María Teresa con Leandro, y a mí que
era soltera, me escribía Moncho Imbert. Todo eso logrado
con sobornos, y siempre con la recomendación de destruir los
papelitos luego de leídos, requerimiento que no cumplimos, y
que nos costó después tremendo castigo.
Minerva y María Teresa fueron llevadas a juicio, y luego
a apelación, quedando sobre ellas pendiente una condena de
5 años, RD$200,000.00 pesos de multa y la confiscación de
todos sus bienes. Comenzamos a recibir visitas de nuestros
familiares, viajando juntos, mis padres y Patria Mirabal,
quienes mediante papelitos disimulados dentro de las cosas
que nos llevaban, nos informaban de las denuncias y noticias
que desde Venezuela y Cuba se transmitían.
Un día fue llamada Minerva a las oficinas del coronel, y
cuando regresó, se puso a llorar. Le preguntamos que pasaba,
y nos informó que:

“el coronel le había propuesto que escribiéramos una carta
a Trujillo, manifestándole nuestro arrepentimiento por nuestra
conducta, para que él en su benevolencia nos libertara”.
Ella nos dijo:
“que se sentía responsable por nosotras, por el hecho de
ser mucho más jóvenes”. María Teresa y yo le contestamos,
que se sintiera relevada de esa responsabilidad, ya que nuestra
decisión era no hacerlo, aunque ella decidiera otra cosa. Quedó
tranquila.
Organizamos nuestros inacabables días de encierro con
lecturas y comentarios. Siendo Minerva la más culta de nosotras,
era quien aportaba el mayor material. Hablábamos de lo que se
haría en nuestro país posdictadura, en lo social, en lo político,
en lo económico y lo internacional. También hablábamos
de nuestras familias, de nuestros problemas personales,
identificándonos tanto en el dolor de nuestra situación, que
llegamos a sentirnos como verdaderas hermanas.
El 24 de junio de 1960 se produjo en Caracas, Venezuela,
un atentado contra la vida del Presidente Constitucional de ese
hermano país, Rómulo Betancourt, amigo tradicional de los
dominicanos libres. Se comprobó la culpabilidad de Trujillo. La
repulsa internacional provocó la sesión del Solio presidencial al
hermano del tirano, Héctor, en un vano intento de simulación;
luego pasó a Joaquín Balaguer. Cundió el desánimo entre sus
seguidores, y se agudizaron los coletazos de la fiera que ya se
sentía herida.
Los días transcurrían llenos de incertidumbre, pero
manteniendo la esperanza de cambio. Se multiplicaban las
denuncias de los grupos dominicanos en el exterior.

Las mujeres en el Movimiento Clandestino 14 de Junio
Viendo que no nos quebrantaban en nuestras posiciones,
decidieron separarnos y colocarnos con las presas comunes,
quienes representaban todo lo que la sociedad confina con
fines de rehabilitar. A las tres nos tocaron como compañeras,
infanticidas, homicidas, lesbianas, ladronas y prostitutas, que se
gloriaban de ser tan malas, que a las 48 horas de permanencia
en un pueblo tenían que marcharse. Justo es decir, que aparte de
tenernos miedo y cuidar lo que hablaban en nuestra presencia,
siempre nos trataron con un gran respeto.
Para el “resquicio” o revista que se efectuaba todos los
sábados, nos alineamos junto a ellas y vimos cómo los oficiales,
al terminar la inspección, en lugar de volver a pasar frente a
nosotras, le dieron la vuelta al patio. En una ocasión uno de
ellos nos manifestó que no querían vernos allí. Bromeábamos
con los guardias de confianza que nos visitaban, diciéndoles
que éramos joyas preciosas, a quienes no se atrevían a mover ni
un centímetro, sin la indicación del SIM. Ellos mismos sentían
temor de esos asesinos desalmados. Recuerdo mi expresión
de indignación manifestada al enterarme de la muerte de mi
primer sobrino. Dije: “¡Hasta en la barriga los mata! A lo que
el guardia de confianza comentó, “que esas mujeres parece
olvidaban que estaban presas. Mi hermana embarazada ya,
presenció mi primer apresamiento”.
Los papelitos conservados por nosotras los escondíamos
en los ruedos de los vestidos, en los bolsillos de lo puesto, en
sitios que considerábamos seguros, pero no contábamos con
que nos vinieran a buscar sorpresivamente, como ocurrió. Nos
llevaron a La 40 de nuevo, pero allí, ¡oh sorpresa! encontramos
camas con mosquiteros, lo que nos movió a preguntarnos qué
estaría pasando en el mundo que provocaba esos cambios
tan drásticos. Luego nos enteramos, estaba supuesta a venir

una comisión de la OEA que investigaría la situación de los
prisioneros ante el reclamo internacional. Olvidaba comentar
que mosquitos como los de La 40 y ratones como los de La
Victoria pocas veces había visto.
Pocos días después, sin que ocurriera ninguna novedad,
fuimos retornadas a La Victoria, encontrándonos con la
desagradable nueva de que nuestras pertenencias habían sido
en parte robadas y descubiertos nuestros adorados papelitos.
Nos castigaron separándonos, poniéndonos en celdas
contiguas, lo que nos permitía conversar. Minerva solicitó al
coronel Nivar Ledesma yeso para modelar un busto mío que
hoy se encuentra en el Museo de Conuco. Él le preguntó, que
si para fabricar bombas, pero de todos modos lo permitió. Nos
volvieron a juntar y el busto se materializó. Hacíamos planes
para el incierto futuro.
Los seguidores del régimen comenzaron a sentir que se
tambaleaba y los guardias empezaron a ser más amables y
a preguntarnos si los teníamos en la lista de los que serían
castigados cuando cayera el régimen. Pasó julio. Liberaron un
grupo de presos, y nos enteramos del asilamiento de algunos,
entre ellos Luís Gómez Pérez, uno de nuestros miembros más
valiosos, quien mantuvo ante las torturas un valor espartano.
Comenzamos a planificar nuestras acciones posteriores
a la excarcelación. Con su tradicional optimismo, Minerva y
María Teresa proyectaban la venta de los bienes que todavía
quedaban en su poder. Sus máquinas de coser, sus neveras, etc.
Yo escuchaba, y en un momento les pregunté:
“¿Ustedes no han pensado en las manos que estamos? ¿Qué
ellos nos pueden hacer lo que les de la gana, en el momento
que les de la gana?”.

Las mujeres en el Movimiento Clandestino 14 de Junio
María Teresa, con los ojos tan lindos que tenía me
contestó:
“¡Ay Sina! Por primera vez, tú me has hecho pensar en la
muerte, pues yo soy tan jóven que nunca había pensado en
morirme”.
A lo que yo les dije:
“Tan pronto nos suelten, si es que lo hacen, me asilaré en
una Embajada, pues no esperaré con los brazos cruzados, a
que me vayan a buscar una tercera vez”.
Ellas se pusieron pensativas, y concluyeron, que a ellas les
resultaba imposible hacerlo, si no soltaban a sus maridos, ya que
los condenarían a una muerte segura. Estábamos conscientes
de que si la excarcelación no ocurría, tanto la nuestra como la
de ellos, para el 16 de agosto, fecha tradicional para conceder
los indultos, ello no ocurriría.
El día 9 de agosto en la mañana recibimos la orden de
recoger nuestras pertenencias para llevarnos a nuestras casas.
Tan pronto llegué a Salcedo, a través de mi amiga del alma,
la única que me visitó en La Victoria, Altagracia Gil, hice
contacto con el grupo del cual formaban parte Yolanda Bloise
de Brito, René Sánchez Cordoba y Rubén Echevarría. Por
otra parte, Salvador Sturla contactó al Primer Secretario de la
Embajada de México, para que me recibieran en calidad de
asilada política.
Ya realizados los contactos, comuniqué a mis padres mi
decisión. La noche anterior a realizar mi asilamiento, les
aseguré que no correría ningún peligro, pues serían dos los
vehículos que participarían, y los compañeros estarían armados.
Auque no era cierto, la versión los tranquilizó. Estaba decidida
y prefería que me mataran en el jardín de la Embajada, como


ya había sucedido a otros, antes que permanecer indefensa,
sujeta a los caprichos de una fiera agonizante. Nunca olvidaré
el sollozo de mi padre en su abrazo de despedida, sin saber
cuándo volveríamos a vernos, si era que el asilamiento resultaba
exitoso.
A las 6:00 a. m., se iniciaba la vigilancia de mi casa, lo
que hacía necesario salir de madrugada. Así lo combiné con el
chofer que viajaba a Santo Domingo, miembro no conocido del
movimiento, quien de inmediato accedió a cambiar la hora de
salida. Mi mamá viajó conmigo. Quedó donde unos parientes
y a Polo, que así se llamaba el chofer para no comprometerlo,
acordamos dijera, me dejó en la Iglesia del Carmen. En realidad
me desmonté en la residencia de Yolanda Bloise, donde ya
me esperaban los compañeros mencionados anteriormente.
Me informaron que el asilamiento, por razones de seguridad,
debería realizarse en la Embajada Argentina, donde ya otros
compañeros lo habían hecho. Leí una página de la Biblia que
Yolanda me señaló y de inmediato me fui con ellos.
Me señalaron la casa en la Pedro Henríquez Ureña, y me
dejaron a una cuadra de distancia de la puerta de la verja,
que era baja. Nos intranquilizó un cepillo en vía contraria,
lo que provocó que yo entrara al jardín de la casa vecina
equivocadamente y que ellos casi chocaran el carro en que
regresaban del supermercado la Embajadora y su hija. Al
darme cuenta de mi equivocación, ya estaba dispuesta a saltar
el seto vivo que separaba ambas residencias, pero al ver al
cepillo seguir su camino salí a la acera y toqué normalmente
a la puerta de la Embajada. Pregunté por el Embajador o por
su esposa. No estaban y me pidieron esperara, al momentito,
muy sonriente y amable, pero algo nerviosa, porque unos locos
habían estado a punto de chocarlas, hizo su aparición Doña

Las mujeres en el Movimiento Clandestino 14 de Junio
Elsa de Escobar Cello. Yo esperaba sentada en el vestíbulo
fumando un cigarrillo, vicio al que me introdujo María Teresa
en La Victoria, y que fue motivo de muchas bromas.
Al manifestarle el motivo de mi presencia, se comunicó
de inmediato con su Cancillería, y rápidamente estuvo con
nosotras el primer Secretario de la Embajada, el señor Sierra.
Me procuraron un ejemplar del libro Complot Develado,
escrito en La 40 por Rafael (Fefé) Valera Benítez, donde los
anteriores asilados habían subrayado las fotos de las personas
que a juicio de ellos corrían mayor peligro de muerte. Entre
ellas estaba yo.
A la sazón ya era inminente la celebración de la Quinta
Conferencia de Cancilleres en Costa Rica, donde se juzgaría la
paternidad de Trujillo, en el frustrado atentado contra la vida del
Presidente Constitucional de Venezuela Rómulo Betancourt.
Ante la inminencia de las sanciones diplomáticas y económicas
al régimen, el Embajador Don Enrique Escobar Cello me llamó
aparte y me explicó, que si la ruptura de relaciones diplomáticas
se producía antes de nuestra salida hacia su país, nosotros
quedaríamos desprotegidos, ya que únicamente ellos y su
personal conservarían la inmunidad. Me preguntó si contaba
con alguien que me escondiera en el caso de que a ellos los
conminaran a salir, y yo le contesté que no, haciéndole notar
que había otras cosas peores que la muerte, a lo que él me
aseguró que nunca me abandonaría. Mi agradecimiento a tan
responsable diplomático y a toda su familia será eterno.
Los embajadores y su hija me acogieron como a un
miembro más de su familia. Podía salir al patio a jugar con su
perrita, después de retirado el servicio doméstico. Un día en
que departíamos en la sala, voces alteradas de personas nos
hicieron tirarnos al piso. Era el grupo de los Valera Benítez,

Hugo Toyos y su esposa Queyita Santos, en busca de protección
diplomática. Luego llegó José Frank Tapia, después de sufrir
un vía crucis de irresponsabilidad, luego Evangelina Leroux.
Vehículos de la Embajada argentina nos escoltaron hasta la
Cancillería, en busca de nuestros pasaportes. Allí fuimos
contemplados por los empleados como extraterrestres.
El día 26 de agosto, escoltados también por vehículos de
la legación diplomática, nos dirigimos al aeropuerto de Punta
Caucedo, yo bajo la vigilancia permanente del Señor Sierra,
Primer Secretario de la Embajada, con instrucciones del
Embajador de no tomar ni agua en el aeropuerto y no separarse
bajo ningún concepto de mi hasta que no estuviera en mi asiento
en el avión. Viajamos por la línea aérea Varig, de la cual en ese
momento era funcionario Papy Rodríguez Villeta, quién me
imagino sufrió un mundo viéndonos escapar del tirano. Fue
un viaje muy largo, pues hicimos escalas en Trinidad, Belem,
Sao Paulo, Río de Janeiro y Montevideo, donde dormimos para
reiniciar el viaje a la mañana siguiente.
Durante el vuelo la tripulación nos ofreció un brindis de
champagne en celebración de nuestra libertad. Arribamos
a la bella ciudad de Buenos Aires, siendo recibidos por los
compañeros que allí se encontraban y algunos periodistas. Nos
alojaron en un refugio de indigentes en el barrio de Burzaco.
Luego, las mujeres fuimos llevadas a un hogar de niños ciegos.
Nosotras, que llevábamos en el alma la tristeza de la separación
de nuestros familiares y nuestra Patria, nos sentimos más tristes
todavía, con los ojos sin luz de todos esos niños tan dulces,
condenados a una vida sin imágenes ni colores. Me sentía vieja
a pesar de mi juventud, y me parecía que el mundo se había
detenido, hasta cuando la primavera, que recién comenzaba,
vistió de verde todos los árboles, y así como la savia circuló

Las mujeres en el Movimiento Clandestino 14 de Junio
por sus venas, así también lo hizo mi sangre, confiriéndome
nuevos bríos para la lucha diferente que recién comenzaba.
Pocos días después, vino hasta el Asilo Alba de Cabral
y nos invitó a Evangelina y a mi a hospedarnos en su casa.
Allí convivimos con Manuel, Chinchina, Peggy y Alejandro,
entonces un travieso niño de dos años. Mi agradecimiento
hacia ellos será eterno en mi corazón. De inmediato solicité la
visa de residencia norteamericana, a fin de reunirme con mis
hermanos, objetivo que logré en diciembre de 1960. Debo hacer
notar, que en Argentina, en aquellos momentos, poco era lo
que se sabía sobre la situación dominicana, y a excepción de
las noticias procedentes de nuestros compatriotas en el exilio,
era escasa o inexistente la información.
Una mañana al levantarse Manuel, salió con el periódico
en las manos, y me comentó:
“Sina, organizaciones dominicanas en el exterior dicen
que no fue un accidente que cobró las vidas de las hermanas
Mirabal, si no que fue un asesinato”.
Le arrebaté el periódico de las manos, diciéndole:
“¿Tú sabes de quienes me estás hablando, de mis
hermanas?”.
Leí entre lágrimas la reseña y ese día fue de verdadero duelo
para todos nosotros, especialmente para mí. Lo que yo siempre
temí se había consumado inmisericordemente, sacrificando
junto a ellas al valiente Rufino de la Cruz, quien muy bien
sabía a lo que se exponía transportándolas.
Cuando entre sollozos le comenté a Doña Elsa lo sucedido,
me consoló diciéndome que esos dolorosos precios son el saldo
de la lucha, y que de yo haber permanecido en mi país, hubiera
corrido la misma suerte.

El día anterior al viaje a los Estados Unidos de América,
fui llamada a la Policía argentina para proporcionarme escolta,
ya que habían recibido denuncias de un posible intento de
asesinato. Les manifesté viajaría al día siguiente, no saldría
de la casa más que hacia el aeropuerto, acompañada por
algunos de los muchachos, por lo que consideraba innecesaria
la medida.
Fue un largo viaje, del Hemisferio Sur, al Hemisferio
Norte. Dejé Buenos Aires en un tórrido verano, y llegué a
los Estados Unidos en pleno invierno. Un nutrido grupo de
compañeros y miembros de organizaciones antitrujillistas me
dieron la bienvenida, pero sobre todo mi hermano mayor, a
quien le costaba reconocer en la mujer que tenía ante si a la
niña que dejó de ver por 12 años. Todavía guardo fotos de la
llegada a Nueva York envuelta en la bandera de mis amores,
la Dominicana.
En Nueva York reanudé mis actividades políticas, viajando
en distintas oportunidades a Puerto Rico, Curazao y Guadalupe.
El momento más dramático para mí fue el encuentro en
Washington con Manolo y Leandro en noviembre de 1961.
Faltaban ellas para siempre, y esa certeza laceraba el alma.
Estando en Puerto Rico, caminando por la avenida Ponce
de León, alcancé a ver al Dr. Sorrentino, exiliado por muchos
años allí, que me gritó:
“Sina. Mataron a Trujillo. Lo acaba de decir Pierre
Sallinger desde París, donde acompañaba al presidente
Kennedy”.
Me pareció increíble, pero en ese momento Ramón Cáceres
y Papy Viñas aparecieron y me cargaron. Se generó una
algarabía de dominicanos y puertorriqueños, y comenzamos

Las mujeres en el Movimiento Clandestino 14 de Junio
a desfilar por las calles, portando banderas dominicanas que
por arte de magia aparecieron, haciendo sonar las bocinas de
todos los automóviles que se unían a nuestra caravana. Nos
llegaron los detalles del ajusticiamiento del tirano, así como
de la cacería desarrollada contra los autores e implicados. Fue
otro episodio de la historia dominicana donde el valor y el
arrojo de un grupo de valientes hicieron desaparecer la hiena
sanguinaria que durante 31 años martirizó nuestro país. En la
casa de don Leo Cuello y Doña Conina Mainardi me encontraba
junto a Doña Gracita Díaz, cuando un periodista venezolano le
mostró la foto donde ella reconoció a su hermano Juan Tomás
y a Antonio de la Maza, muertos frente a la Ferretería Read.
Regresé al terruño el 18 de enero 1962. Nunca antes me
pareció el cielo más azul, el mar más bello, y el verde de los
árboles más alegre, que cuando mi avión se acercaba a tierra. Le
decía a la niña que viajaba a mi lado: “Mira que bella nuestra
bandera. Que preciosos nuestros campos, que azules el cielo
y el mar”. Sentía que cantaban una canción de libertad.
Existía impedimento de entrada para mí, pero mis familiares
y grupos del 14 de Junio, de la Federación de Mujeres
Dominicanas, de la Federación de Estudiantes, estuvieron allí
para recibirme, y de cualquier manera permitirme la entrada
a nuestro país. Me sacaron por una puerta lateral, y nos
fuimos directamente a la sede del Movimiento 14 de Junio,
donde se me recibió oficialmente. Me integré a las labores del
Movimiento. Y cuando se constituyó en partido político fui
miembro de su Comité Central.
Nuestra Agrupación y luego nuestro Partido, contaba con
la simpatía de la mayoría del pueblo dominicano. Nuestra
inmadurez política nos hizo subestimar factores geopolíticos
que conducirían a la inmolación de lo más granado de nuestra


dirigencia tratando de repetir, en condiciones y escenarios
diferentes, la exitosa y admirada por nosotros experiencia
cubana.
Se celebran elecciones libres por primera vez el 20 de
diciembre de 1962 y el Partido 14 de Junio no participó. Resultó
electo el demócrata Juan Bosh, quién asumió el poder el 27 de
Febrero de 1963, en el aniversario de nuestra independencia.
Se promulgó la Constitución del 1963, a juicio de los juristas
la mejor que hemos tenido, y se inició el gobierno más pulcro
de los tiempos modernos. Los sectores más conservadores
miraban con recelo los cambios que se pretendían, así como
las actividades que desarrollaba el 14 de Junio. Nos tildaban
de comunistas, etiqueta preferida por Trujillo para denigrar
a sus opositores. El gobierno recibió presiones para que nos
reprimiera, y se negó a hacerlo. Comenzaron las conspiraciones
a fraguarse y el 25 de septiembre, siete meses después de
instalado el nuevo gobierno, ocurrió el infortunado golpe de
Estado que motiva la insurrección del 14 de Junio en defensa
de la Constitucionalidad.
Prestar este testimonio, ha significado revivir todo el
horror de aquellos días aciagos en que el terror imperaba en
nuestro país. Lo he hecho como un compromiso y un deber
hacia mi pueblo, para que las actuales generaciones, y las que
les sucedan, no permitan NUNCA JAMÁS la entronización
de otra dictadura. Debemos defender con uñas y dientes los
logros, pocos o muchos, que hemos conseguido, respetando
y practicando los principios, que los fundadores de la
Patria mantuvieron como estandarte, a lo largo de toda su
existencia.

¡Loor a todos los que ofrendaron la vida por la Libertad!

¡Viva la República Dominicana!

LA REVOLUCIÓN DE ABRIL: El Ayer para el Hoy y el Mañana

LA REVOLUCIÓN DE ABRIL:

El Ayer para el Hoy y el Mañana

José Antinoe Fiallo Billini


Debemos hacer un esfuerzo por pensar de manera profunda, pero creativa, por qué se produjo y cuál es la significación histórico-política de la Revolución de Abril de 1965, con la intención de que ello sirva al presente y al futuro, es decir, un pasado que puede estar en el hoy y el mañana de los que ahora y en el tiempo por venir vivimos y viviremos en la sociedad dominicana.


Una Crisis Histórica

Una primera cuestión que debemos esforzarnos y preocuparnos por despejar es el significado de la crisis del régimen de Trujillo desde finales de la década de los cincuenta. ¿Qué implicó el que la Tiranía de Trujillo hiciera una crisis que llevó al ajusticiamiento de su cabeza política?

Probablemente hay, entre otros, dos componentes a resaltar: la reactivación y emergencia de la oposición radical-democrática, expresado esto en la organización clandestina 14 de Junio, por un lado, y por el otro, el inicio de divisiones o fracturas del grupo dominante o hegemónico, lo que se manifestó en las diferencias de Trujillo con el Imperialismo Norteamericano y en el llamado complot del 30 de Mayo que culminó con la muerte de la cabeza de la Tiranía y que fue organizado por trujillistas disidentes con apoyo norteamericano.

¿Qué nos dice, en primer lugar, esto como proceso?

Bueno, pues que estaba en curso, paso a paso una crisis de hegemonía, es decir de las capacidades de ascendencia del grupo dirigente sobre el conjunto de la sociedad, incluyendo la habilidad de dar coherencia a la dominación y opresión. Por otro lado, la emergencia de una contra/hegemonía como componente de esa crisis, lo que quiere decir que comenzaron a surgir factores intencionales de desarticulación y debilitamiento de las capacidades de ascendencia, control y opresión de las mayorías nacionales y populares.



Pongámosnos Claros Sobre Eso que se Llama
la Sociedad Civil

La contra hegemonía es una respuesta desde unos lugares, espacios, territorios; es una intención, unos proyectos, unas prácticas, unas acciones, unas mediaciones, unas organizaciones, unos imaginarios (lo que la gente o agrupamientos sociales cree que pasó, cree que pasa y cree que pasará) no desde el Estado o el gobierno (la sociedad política) sino desde fuera de ellos, alrededor de ellos, pero interactuando con ellos y ella.

Desde 1961, surgieron sindicatos obreros, organizaciones campesinas, agrupamientos estudiantiles y profesionales, clubes barriales, partidos e instituciones políticas, organizaciones de mujeres, nuevas expresiones y formas religiosas oficiales y no formales, en suma, intenciones, proyectos, prácticas, acciones, mediaciones e imaginarios de las clases medias urbanas y de las clases populares nacionales desde sus territorios, espacios y luchas.

Eso fue posible al sumarse la intención y la lucha con la crisis de hegemonía que fue debilitando la sociedad política y fortaleciendo la emergencia de la sociedad civil como lugar natural de la contra/hegemonía de lo popular y nacional y de debilitamiento, por el conflicto, del Estado, del gobierno, de la política tradicional hegemónica en su conjunto.

Varios gobiernos se sucedieron (Balaguer, Consejo de Estado, Bosch y los Triunviratos) y cada gobierno significó un paso de debilitamiento de la dominación y la hegemonía. Balaguer y el Consejo de Estado fueron continuidad y conflicto y fractura crítica de la burocracia trujillista y la nueva burguesía emergente; Bosch, populista que acentuó la crisis con un intento de democratización limitada que afectaba la nueva burguesía pro/norteamericana pretendiendo ciertas reformas desde arriba y sin movilización social; los Triunviratos como muros de contención de la emergencia de la sociedad civil, armas de una facción burguesa contra otras y por lo tanto de profundización de la crisis de la sociedad política.


Rodeados y en Crisis Adentro

La emergencia y desarrollo de la sociedad civil, con predominio de lo popular, populista y democrático-radical, con un desarrollo conflictivo, a veces precario por la inexperiencia en el arte político de la contra hegemonía, comenzó a trabar y dificultar la acción estatal, gubernamental de la sociedad política en el sentido impositivo, autoritario, de la clase burguesa y la burocracia heredera del trujillismo.



Los órganos de seguridad o inteligencia fueron desmantelados parcialmente, reestructurados precariamente bajo protectorado yanki, luego se fueron dividiendo en compartimientos o grupos y terminaron neutralizándose entre ellos (los ojos y oídos, con visión parcial o casi taponados). En el caso del ejército, una parte del cuerpo de oficiales medios, apropiados de un saber sobre la política armada más adecuado a una práctica populista y democrática, cuestionaron y reflexionaron la práctica militar concebida como garante de la sociedad política (Estado y gobierno) autoritaria, alejada de la vida social cotidiana que alimenta la sociedad civil.

Sostenían una especie de proyecto en ciernes de reforma político-militar donde se concebía la corporación militar en un proceso de cierta ruptura con la separación del cuerpo social y con funciones más civiles en relación al conjunto del Estado, gobierno o sociedad política.


Una Causa de Fondo de la
Revolución de Abril

Mientras la sociedad civil se desarrollaba y en su dinámica cercaba a un Estado o sociedad política que no podía recomponerse, reestructurarse de manera democrática con cierta permanencia, elementos estatales de esa misma sociedad política se desplazaban para articular alianzas con elementos o componentes de la sociedad civil, con mediaciones de la sociedad civil o desde la sociedad civil.

Se perdía la hegemonía desde el Estado cuando militares democratizadores abrían un canal intraestatal a la contra/hegemonía, se ganaba contra hegemonía cuando ésta establecía un canal de comunicación con elementos o factores de desequilibrio de la contra hegemonía. La contra/hegemonía, es decir, la capacidad de ascendencia de lo democrático y popular que es la sociedad civil, debilita la sociedad política con su acción la división de esta, y se fortalece con su expansión alrededor del Estado y en el Estado con algunos factores o componentes de su crisis (es decir del Estado) que se incorporan a la dinámica que ella, como expresión clasista, de sujetos y de nación, desarrolla a lo largo de ese período.

Si bien es cierto que el proceso es complejo, y que, podría parecer que los grandes sujetos de la Revolución de Abril son los militares constitucionalistas y el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), ello no es tan simple y sencillo, y podríamos decir que tampoco es cierto como afirmación absoluta.

Emerge, se desarrolla y expande la sociedad civil, surgen organizaciones políticas como el PRD que se plantea reformar desde arriba, es decir, un grupo ilustrado encabezado por un “jefe” que conduce a la democratización, sea pactando con Balaguer en 1962 (ganar una elección no es gobernar obedeciendo al pueblo) o con un golpe de Estado en abril de 1965.

En esa lógica los militares constitucionalistas serán un componente para apoyar la reforma política como resultado electoral conducido por un “jefe” carismático (Bosch) o los ejecutores de un golpe para restaurar un gobierno electoralmente escogido y derrocado.

Pero la dialéctica sociopolítica y sociocultural es mucho más compleja, y por lo tanto le complicó la realidad a los esquemas o proyectos de democratizar y reformar desde arriba.

No es casual que a pesar de que se produce el 24 de abril de 1965 primero como alzamiento militar con apoyo civil, pero fundamentalmente como alzamiento militar, entre el 25 y 26 de abril se produce una especie de crisis en la expresión político-operativa de la contra/hegemonía, cuando el PRD y una parte de las fuerzas militares alzadas no pueden empujar a fondo el proceso insurreccional.

El PRD como partido populista tradicional concebía la política como un ejercicio de líderes carismáticos y Estado o gobierno (sociedad política) en cierta medida, aunque tenía raíces en la sociedad civil y hacía oposición a partir de componentes de la sociedad civil, la capacidad de actuar en desenlaces estaba referida al referente del orden y el control de la sociedad política en armonía con la hegemonía en la sociedad civil.

En el caso de los militares constitucionalistas estaba la doctrina y el saber convencional militar, asociado al equilibrio interior de la política y la política armada, sin que necesariamente otro saber y otra política armada tuviera que contemplarse en el desenlace de confrontaciones.

¿Cuándo la Revolución de Abril, avanza, se profundiza, se despliega? Lo hace cuando de una u otra manera, elementos, tanto de la vieja sociedad política en crisis como de la sociedad civil emergente, confluyen en puntos de acercamiento más asociados a lo democrático, a lo civil, a lo no convencional, a la emergencia o eclosión de fuerzas masivas donde convergen intenciones y espontaneidades, donde lo armado se redistribuye y no se especializa y donde lo político democrático se hace evidente y asumido por lo militar: el militar se reconoce como político y el político civil se arma, se hace militar, un reencuentro total de la naturaleza de los y las ciudadanos y ciudadanas.

No pretendemos mitificar, sabemos limitaciones y limitantes. Pretendemos decir que cuando el poder, las capacidades de hacer, decidir, controlar, planear, se produce en asociaciones y articulaciones más horizontales (lo que no es perfección) se potencian y activan los procesos, y ello permitió al 27 de abril de 1965 redesplegar la revolución de abril y ello explica la intervención norteamericana o yanki del 28 de abril de 1965.

Probablemente si ese punto de encuentro de la crisis de hegemonía en sus componentes más íntimos y sensibles (lo militar) y el despliegue de la contra hegemonía y la estrategia insurreccional del Movimiento Catorce de Junio (1J4) y otras fuerzas de izquierda se hubiera producido más tempranamente el curso de la historia pudiera haber sido otro. Transformar el alzamiento militar en una insurrección masiva desde la sociedad civil, donde lo militar alzado que escindió la sociedad política y lo insurreccional civil desde la sociedad civil convergieran, podría haber sido una expresión democratizadora radical para esa época, y de hecho, como proceso comenzó aunque no culminó.

Ello no sucedió así, pero es una lección y un referente. Fueron los comandos constitucionalistas, con militares, religiosos, civiles, mujeres, haitianos, homosexuales, obreros, campesinos, moradores/as de los barrios, jóvenes, los que dieron una dimensión democrática y popular, un sostén de sociedad civil “constitucionalista” con más poder que los órganos convencionales de la “constitucionalidad” y que se abrió un cierto espacio a pesar de esquemas convencionales de ciertos sectores de izquierda referidos a la conducción o dirección política y a la estrategia armada en la diversidad.


Alguna Experiencia

Los procesos son complejos. Ellos abren caminos y esos caminos se recomponen frecuentemente. Las relaciones entre las sociedades política y civil son relaciones de conflicto cuando la sociedad civil se articula mínimamente como territorio de contra/hegemonía que a su vez debilita las hegemonías en las transiciones políticas. Las transiciones no son lineales, tienen diversidades de rutas, pero hay una cierta relación en la estrategia de fortalecer la sociedad civil comprendida como espacio de intereses clasistas y políticos no opresoras y la estrategia de desequilibrar y buscar resquicios e intersecciones en la sociedad política, que es espacio hegemónico-dominador que debe debilitarse.

Debemos construir intenciones de intervención sociopolíticas concebidas como estrategias de reactivación y expansión de la sociedad civil, vale decir, de capacidades de ascendencia política y moral sobre conjuntos sociales y a partir de intereses de mayorías populares, y colocar esa reactivación y expansión en un punto de encuentro con el proceso político de la cotidianidad dominicana.

Acercar una parte de la sociedad política a los territorios, espacios e imaginarios de la sociedad civil para preparar un “momento más horizontal” de articulación de todos y todas las ciudadanos y ciudadanas en igualdad de ejercicios y de dotación de medios de sobrevivencia y salvaguarda de ellos y ellas y de la nación.



Nota: este texto fue publicado originalmente en el periodico CARIBE SOY en su numero Marzo-Abril de 1997 en sus paginas 4 y 5 en Santo Domingo, Republica Dominicana.

El deporte a los pies del ‘Jefe’


http://www3.listindiario.net/la-republica/2010/5/30/144052/El-deporte-a-los-pies-del-Jefe

TORNEOS A NOMBRE DEL DICTADOR
El deporte a los pies del ‘Jefe’
LAS DISCIPLINAS DEPORTIVAS FUERON UTILIZADAS TAMBIÉN PARA HALAGAR AL DICTADOR


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Pleitesía. Trujillo apoyó el béisbol entre todos los deportes. Durante la dictadura se jugó el mejor campeonato de todos: el de 1937.
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Cuqui Córdova
Santo Domingo

Cuando analizamos la vida del dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina y lo relacionamos con el deporte, es diferente a cuando estudiamos todas las horrendas actuaciones de ese señor de San Cristóbal, y los males que produjo al pueblo dominicano en tantos años de tiranía.

El llamado “Jefe” no era amante del deporte en general, lo que a él le fascinaba eran los caballos y por ende el hipismo y el polo, ambos relacionados con los animales solípedos. Desde bien joven se acostumbró a montar y cabalgar por los predios del sur de la isla.

Con el tiempo y ya siendo un militar, Trujillo continuó arriba de esas bestias, pero en las otras actividades del deporte, nunca se le vio ocupado en esos menesteres. Nunca quiso poner sus manos en baloncesto, volibol, atletismo, tenis, boxeo, lucha, y demás disciplinas.

Pero así como era de sanguinario en su vida corriente, siempre ayudó al béisbol porque sabía que el pueblo disfrutaba de esos acontecimientos y como tenía una inteligencia natural, lo apoyaba, a manera de tener contentos a sus congéneres. En ese sentido, en el país se celebraron los campeonatos profesionales de béisbol de 1936 y 1937, este último el de mayor calidad de todos los que se han efectuado en República Dominicana.

Trujillo no hizo oposición a la realización de esos certámenes, al contrario, dio órdenes de que se pusieran en marcha. Para ese entonces tenía unos buenos consejeros deportivos.

En toda la vida del stadium Quisqueya, el dictador sólo lo visitó dos veces, en su inauguración (23.10.1955) y al día siguiente que su hermano Petán Trujillo golpeara levemente la cara del infielder Andre Rodgers, del Escogido, el cual es oriundo de las Bahamas. En aquella ocasión, Rafael L. Trujillo presenció el partido completo, algo que nunca había sucedido, porque él quería ver quién se iba a atrever otra vez a dar una galleta a un jugador extranjero.

República Dominicana estaba supuesta a asistir a los Juegos Centroamericanos y del Caribe del año 1938 en Panamá, el número cuarto, pero a Trujillo le manifestaron que los atletas nuestros eran unos “morenitos” que no iban hacer un trabajo digno, y por esa razón canceló su asistencia y debutamos en esos clásicos en 1946, cuando fueron efectuados en esa oportunidad, en Colombia. Era tal la adulación al “Jefe”, lo cual le complacía, que la mayoría de los torneos llevaban su nombre o el de la familia. Miren el ejemplo en la parte superior.

El incidente de la galleta de Petán Trujillo, ocurrió la noche del viernes 13 de febrero de 1959, en el entonces parque Trujillo, que luego, después de la decapitación de la tiranía, fue cambiado al nombre de Quisqueya. Se dice que esa noche de la desagradable situación, el menor de los hijos de Trujillo, Rhadamés, trató de sacar un tanque de guerra de San Isidro para marchar sobre la propiedad de Petán, La Voz Dominicana, pero le hicieron desistir de la locura.

Son muchas las cosas que pudiéramos escribir al respecto del deporte en la Era de Trujillo, pero en esta oportunidad no hay tiempo ni espacio para continuar, por lo que terminaremos señalando que con todos los defectos que poseía el hombre de San Cristóbal, a él le era de placer realizar las cosas en grande, ahí está la Feria de la Paz y la Confraternidad del Mundo Libre; las construcciones de los estadios de béisbol de Santo Domingo, Santiago y San Pedro de Macorís, los hipódromos, y cuando una delegación dominicana viajaba al exterior (Series Mundiales Amateurs, Juegos Centroamericanos, Panamericanos, y otros más), siempre iban con todos sus atuendos, uniformes y trajes de vestir.

Estamos diciendo la verdad, lo bueno y lo malo hay que expresarlo, más en el caso nuestro que estuvimos presos en la Base Naval de Sans Souci (1952) y nuestro padre en la Fortaleza Ozama (1936), este mismo era primo hermano de Ángel Morales Córdova, uno de los hombres que más combatió a Trujillo. Hasta aquí llegamos por hoy, gracias por hacernos caso.

(+)
CAMPEONATOS POR TEMPORADA
“Era de Trujillo” 1951
“Pro Elección” Gral. Héctor B. Trujillo” 1952
“Leonidas Radhamés” 1953
“Benefactor” 1954
“Padre de la Patria Nueva” 1955-1956
“Reelección Presidente Trujillo” 1956-1957
“Leonidas Rhadames” 1957-1958
“Era de Trujillo” 1958-1959
“24 de octubre” 1959-1960

LA CONJURA DE LOS SARGENTOS.

http://www.neibard.com/alexcon.asp

LA CONJURA DE LOS SARGENTOS:
EL CASO RAIMUNDO CUEVAS SENA Y DALMIRO ONEIL ADAMES MOQUETE
Por: Alex Ferreras


En agosto de 1959, como se sabe, se formó un movimiento militar subversivo para eliminar físicamente al tirano Trujillo. Es el único de esa magnitud que se conozca en la historia de la aviación militar en la R. D. Según registra en su diario personal y privado, el Sr. César Saillant, antiguo secretario particular del Gral. Ramfis Trujillo (en ese entonces, jefe de la Aviación Militar Dominicana), los protagonistas del complot fueron alistados, en su mayoría sargentos y asimilados del área de mantenimiento de esa institución. Tales declaraciones inéditas las ofreció el reputado historiador Lic. Bernardo Vega en el desaparecido programa de documentales históricos Somos así y así somos,en la década de los ’90. La fuente que sirvió al Sr. Saillant para sus aseveraciones fue un delator asimilado de nombre Alejandro Vásquez Franco, ascendido poco después a oficial por sus servicios, y que luego huyó del país tan pronto ajustician al tirano. A juzgar por los asertos del secretario, es obvio que, contrario a como han pretendido ciertos investigadores sobre la trama, también tomaron parte en ella soldados de menor rango, o sea, que el número de conjurados no se restringió única y exclusivamente a sargentos, y dentro de estos, de manera selectiva, a algunos, por razones que distan del rigor de la verdad histórica en torno al acontecimiento. De ahí el porqué aparezcan ex cabos del área del mantenimiento dando testimonios en el documental sobre su participación en la misma. Ciertamente, la Conjura de los Sargentos empezó a ser ideada en los cursos de entrenamiento que los suboficiales dominicanos tomaron por más de seis meses en la Base Aérea de Bluefield en Panamá, para derrocar el régimen de Trujillo.

Los planes subversivos concretos del Complot de los Sargentos consistían fundamentalmente en introducir trozos de metales y otras sustancias en los tanques de gasolina y en las turbinas de los aviones de la Base Aérea de San Isidro para inhabilitar su poderío aéreo. El sabotaje se extendería por igual a la explosión del edificio que alojaba el Club para Oficiales de la Fuerza Aérea, donde se celebraría un cumpleaños de la Sra. Angelita Trujillo, y en el cual se daría cita toda la familia del tirano. Los conjurados trazaron un programa político de diez puntos, a ser implementados inmediatamente muerto Trujillo, que fueron resumidos por el sargento mayor Ramón Soriano Mena, en tres puntos: 1) Ninguno de los involucrados debe aceptar cargos de ninguna índole; 2) No transigir hasta no tener un gobierno civilmente constituido; y 3) No permitir que se nos juzgue ni como héroes ni como mártires, sino como ciudadanos comunes que se han arriesgado a liberar un país.

Algunos de los suboficiales tuvieron en su haber experiencia de estudios técnicos, además de los cursos de entrenamiento en Bluefield, en la Base Aérea de Capfield, Illinois, EE. UU. El tiempo que transcurrieron en el extranjero fue suficiente para que valoraran la gran diferencia que existe entre lo que fue vivir bajo un régimen de fuerzas y otro de derecho. El movimiento vendría a ser el cuarto en línea de una serie de desencadenantes que tuvieron como objetivo fundamental el derrocamiento de la tiranía trujillista, y tendrían como antecedentes, las expediciones de Cayo Confites, en 1947, la de Luperón, en 1949, seguidas por la de Constanza, Maimón y Estero Hondo, en junio de 1959; y dos meses más tarde, esto es, en agosto de 1959, por la citada trama de la base de San Isidro, para luego terminar con éxito en el ajusticiamiento del tirano en mayo de 1961.

Como se ha señalado, la decisión fundamental de los alistados y asimilados conjurados era rebelarse en contra del estado de cosas en aquellos entonces, salvo excepciones en que, como fue el caso particular del sargento mayor Raimundo Cuevas Sena, de Jaragua, se enroló por igual en el movimiento por haber sido injustamente degradado en su carrera militar, entre otras razones de orden menor. Un error en el aterrizaje, mientras tomaba prácticas de vuelo en la Base Aérea de San Isidro--, por una causa que no tuvo esa vez otro origen, sino estrictamente clasista --, le costó su carrera de cadete; y no menos, por los esbirros del régimen haber desaparecido un primo suyo, Leocadio Ferreras Méndez – a – Leó, poco después de ingresar a la institución mejor preparada que tenía las FF. AA en aquella época. Igualmente, por motivos de índole clasista, así como de orden personal, su participación en la conjura será obviada, justo medio siglo más tarde, en una investigación dada a conocer recientemente, en otro programa televisivo de temática parecida al de Somos así y así somos.

Somos así. . ., conducido por la periodista Margarita Cornelio, trasmitido por el desaparecido canal Rahintel, también dio a conocer los testimonios vivos de una parte de los actores de La Conjura de los Sargentos mediante entrevistas directas. Entre los sobrevivientes cabe mencionar al sargento mayor Soriano Mena, el ex cabo Guillermo Hernández Espaillat (encargado de un pequeño cuartel en la Base Aérea de San Isidro) y los técnicos de radio, sargento mayor Cuevas Sena y el ex cabo Herminio Grullón. De la veracidad histórica del documental dio fe el historiador Vega, apoyado en las informaciones de algunas páginas fotocopiadas que consiguiera del diario personal y privado del Sr. Saillant, exiliado en los EE. UU. tan pronto desaparece Trujillo. Dichas páginas fueron escritas entre finales de 1961 e inicios de 1962, lo que indica que el otrora secretario de Ramfis Trujillo, según puntualiza el Lic. Vega, aún guardaba bien frescos en su memoria el hecho que relatara. El programa de la Sra. Cornelio, diferente a otro actual, con características similares, tenía secciones que, como “Notas al margen” y dentro de ella, la sub sección “Lo que usted debe recordar en ‘Notas al margen’ ”, situaban el valor histórico, político, social y cultural de los documentales. Es decir, se les dio tratatamiento desde otras perspectivas, fuera del material que se narraba en bruto, lo que les imprimía un tono didáctico a los mismos.

Vale destacar en el documental sobre el Movimiento de los Sargentos, el martirologio que atravesara el capitán Juan de Dios Ventura Simó, ampliamente narrado por su viuda, y con niveles de dramatismo, por Cuevas Sena, cuando el oficial piloto cayó en poder del tirano, por haberse rebelado contra este; y en igual medida, ponemos en el justo balance de la historia, la muerte del valiente sargento mayor y héroe trágico de Duvergé, Dalmiro Oneil Adames Moquete – el primero del grupo en ser inmolado. Este militar de honor era un antitrujillista declarado, que no le importó en absoluto medir las consecuencias de sus actos frente a la tiranía: “Estos malditos ladrones tiene uno que verlos hasta en la hora de acostarse”, protestó al estrellar con ímpetu en el piso un día los cuadros del tirano Trujillo, de Héctor B. Trujillo (Negro) y de Ramfis, conforme lo relatan Cuevas Sena, y los ex cabos Hernández Espaillat y Grullón en el documental. Momentos después Adames Moquete increpa a aquél, con la comprometedora expresión, “Mira, Guillermo, tú sabes más que yo, y eres antitrujillista más que yo, que estos [los Trujillo] son unos bandidos y asesinos; y yo sé que tú no quieres complicarte la vida”; dominado por el coraje, remata sus declaraciones con la sentencia, “Y a mí, ¿q-u-é-m-e-i-m-p-o-r-t-a-l-a-v-i-da?”. Pocos años antes, esto es, en el 1955 (lo cual indica su coherencia y determinación en su postura contra el régimen) Adames Moquete le reclama a su compañero de armas, Cuevas Sena, en tanto leía un periódico en la cabeza del Puente Duarte: “Raimundo, ¿para qué tú compras ese Caribe? ¿Tú no ves que ahí dice todos los días lo mismo?: una misa de Trujillo, y unos cuantos de sus adulones. ¿Entonces, para qué comprarlo, para qué uno gastar sus dos o tres pesos que gana en eso?”. En parejas declaraciones del héroe trágico de Duvergé, se esboza con ribetes que rayan en lo épico, la vida de uno de los soldados más íntegros y valientes en toda la historia militar dominicana. Fue un hombre de armas con un alto sentido de la dignidad humana, de la estirpe de Antonio Duvergé, del Gral. Rodríguez Reyes y de los grandes héroes militares de nuestra historia reciente. Adames Moquete, y su sentido del honor, a toda prueba, al igual que el de Rodríguez Reyes, llevaba lo mismo que este alto oficial, el elemento democrático por dentro, en agudo contraste con el grueso de los militaresde la denominada Era de Trujillo, una maquinaria de terror solo programada para la represión, la tortura y la muerte, como era el caso de los demás regímenes de fuerza en América Latina y el resto del mundo, en una época salpicada de tiranos y dictadores.

Ahora bien, pensamos que de nada vale, justo en este punto del tiempo, el arte marcadamente tendencioso en cierto periodista de mantener reservas sobre la participación del sargento mayor Cuevas Sena en la conjura, además, un ex guerrillero de su estatura, antiguo exiliado y combatiente distinguido del Movimiento 1J4 en las lomas de Polo en Barahona, en respaldo al levantamiento de Manolo Tavárez Justo en Las Manaclas. Resulta que la historia acontece, no como uno desearía que haya sucedido, sino como ella es, salvo que no queramos, desde una óptica aristotélica, hacer poesía en lugar suyo. Por oscuras razones, que no deben ser sino del dominio de las mezquindades humanas, la trayectoria vertical y revolucionaria de un sujeto histórico no puede ser despachada así por así por meras veleidades de los hombres, al apelar a argumentos ad hominem para subestimar su obra, que no merecen, por tanto, ni siquiera discutirse aquí, para no contaminar el espíritu de la investigación.

No se puede perder de vista una verdad tan elemental como la de que a la persona se le ataca en sus ideas, no en sus prejuicios y pasiones como individuo; y más noble sería si fuera en vida. La condición humana del sargento mayor Cuevas Sena, es decir, su carácter y sus sentimientos, así como el estatus de humanidad del resto de los hombres y las mujeres, no entran en liza, cuando de cuestionar sus ideas se trata. A qué vale que ustedsea fundamentalista en sus creencias, o comunista, o ex cívico, nostálgico empedernido de la Era, o mujeriego, o gay, o que le sude las manos, o que se seque el sudor de la cara de determinada manera, o que deguste un buen caviar con champaña en un restaurante cinco estrellas, o en el extremo opuesto, comer pan de fruta en la esquina de una calle cualquiera, y demás. Era el derecho de Cuevas Sena expresarse tal cual era-- tanto como el de los que se precian regirse por una moral victoriana en sus estilos y supuestos buenos modales --, siempre y cuando no haya afectado ni a segundos ni a terceros. En todo rigor, lo que cuenta es el intelecto, el debate franco y abierto de lasideas de la persona a quien se critica de una manera seria, no lo que entendamos son sus sentimientos o defectos humanos. Y más si se tiene intereses históricos.

La humildad y nobleza de espíritu del ex sargento mayor Cuevas Sena, de sobrenombre Amor Belén, aún no están escritas. Hasta hace poco muchos de sus propios parientes se dieron cuenta, por primera vez, de las más importantes de sus hazañas en la historia reciente del país, a casi diez años de su muerte. Mueve a lástima que uno de sus más destacados detractores en la provincia Baoruco no pueda exhibir iguales prendas en los escenarios del mundo. Sus convicciones, sus principios y sus ideales de justicia social, como revolucionario al fin, llevan a Cuevas Sena confundirse con las gentes humildes y sencillas de los pueblos, hasta el punto, que hizo suyos sus gustos y valores. Y no solo se dio semejante condición de humildad y sencillez de forma natural en Cuevas Sena, sino que el haber nacido en el sector de Las Madres, el más deprimido de Jaragua, de una familia muy pobre, fue su carta de presentación en el mundo de los hombres.

Si se decide, en cambio, recurrir a razones que caen en el terreno de lo personal, para intentar opacar los méritos de un hombre, el detractor enseña, en el acto, su refajo, y un tanto más abajo, desnuda su pie de barro. Sería oficio de tontos, y más de mezquinos, pretender pasar por alto el valor que tuviera para todo el país la obra de un hombre de la reciedumbre moral de Cuevas Sena en diferentes acontecimientos históricos. Dejamos abierto el debate sobre su participación o no en La Conjura de los Sargentos solo sobre la base del rigor histórico y de las ideas que defendió, sin nunca claudicar, hasta los últimos minutos de su vida.

Por otro lado, queremos dar testimonio de la valentía de los otros sargentos mayores de la provincia Baoruco que participaron en la conjura contra Trujillo, conscientes de la magnitud del peligro que implicó la trama en que se involucraron: Ángel Miro Santana, Juan Bautista Méndez, Rafael Román Vargas, Rafael y Amable Reyes (estos dos últimos de Tamayo). Por haber actuado a la altura de su tiempo, y por la gravedad del compromiso contraído, nuestro más grande homenaje en estas páginas; en especial, loor a su memoria, por haber sacrificado en tan significativa gesta para el país, su propia vida, en una de las proezas de mayor riesgo de nuestra historia.

En resumen, si bien la Expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo (el precedente inmediato de la Conjura de los Sargentos) fue militarmente derrotada al igual que esta más adelante por las fuerzas del régimen, en términos históricos y morales marcó el final de una de las épocas de terror más espantosas que haya conocido la historia política latinoamericana. Sacudió hasta los estratos más profundos la conciencia dormida de todo un país, embrutecido por la más poderosa maquinaria de terror y de muerte que hayan vivido sus habitantes. De ahí, sin embargo, la más grande de las victorias que se pueda lograr sobre la faz de la tierra: la moral. De modo que el Sur una vez más atendió con sus soldados al llamado de la patria (con el mismo honor y coraje que ha demostrado a lo largo de la historia nacional), en uno de los momentos más aciagos de su existencia, el de la tiranía de Trujillo. Rendimos en este estudio sentido tributo a la memoria de nuestros héroes caídos.

Por: Tony Rodriguez






La foto muestra al Neibero Rafael Vargas, en el centro, los demás son; a la derecha el sargento Jáquez Bencosme, y a la izquierda el sargento Guzmán; ellos participaron en la “conspiración de los sargentos”; complot preparado para asesinar al tirano Rafael Leonidas Trujillo en el año 1959, también participó otro Neibero; el sargento Angelmiro Santana.- Hoy Neiba rinde tributo a estos dos héroes, designando dos calles con sus nombres.- El complot fue descubierto, y todos los participantes desaparecieron luego de la muerte del tirano, se cree que fueron lanzados al mar por orden de Ramfis Trujillo, quien se indignó por el hecho de que estos sargentos eran conocido como “las niñas lindas de las fuerzas armadas dominicanas”, siempre ayudados por él (Ramfis Trujillo)...La trama tenía como objetivo hacer estallar los motores del avión en que viajaría Trujillo.-Todos estos sargentos eran pilotos y técnicos preparados por Ramfis, en Panamá, en una base militar Norte Americana.....

Rafael Vargas era hermano de Ney Candé, Chito Eugenia, Ramoncito, Nanelo, entre otros; y tío de Carmen Tilita; Ruddy Balina, Romeo Román y muchos más.......

¡La raza inmortal del 14 de junio!



¡La raza inmortal del 14 de junio!
Viernes, 19 de Junio de 2009 17:06
Tony Raful




José Antonio Batista Cornuda
¿Por qué los seres humanos ofrendan sus vidas a
cambio de ideales, de principios de justicia, de sueños
de redención? ¿Qué extraño mecanismo acciona
sobre las decisiones de luchar por sociedades
donde no haya miseria, dolor y crímenes? ¿Qué motivación
tan grande debe haber para que se abandonen
los placeres de la existencia, posiciones, logros,
y se decida a correr todos los riesgos con el objetivo
de liberar su Patria del cruel tirano que la oprime?
El 14 y 20 de junio de 1959, nuestro país fue estremecido
por los desembarcos aéreos y marítimos de
Constanza, Maimón y Estero Hondo. Trujillo ahogó
en sangre aquella resistencia valiente que se inmoló
por la libertad. Pero se trató de una victoria pírrica,
basada en la superioridad de las tropas militares de la
dictadura, ya que al poco tiempo, surgió como consecuencia
de ese sacrificio y en homenaje a los valientes
caídos, el Movimiento Clandestino 14 de junio, la única
conspiración contra Trujillo, que tuvo alcance nacional,
donde lo más granado de la juventud dominicana
cerró filas para enfrentar la dictadura.
El Movimiento 14 de junio al ser develado fue sometido
a una cruel represión, lo que obligó a la Iglesia
Católica a producir la ruptura con el trujillismo,
a través de la Pastoral del 25 de enero de 1960, leída
en todas las parroquias del país, una semana después.
Trujillo reaccionó desatando una campaña feroz
de descrédito y persecución contra los prelados.
El asesinato de las hermanas Mirabal como secuela
monstruosa del ensañamiento contra el Movimiento
14 de junio, provocó una indignación popular e
influyó en los tiranicidas del 30 de mayo de 1961. No
deja de asombrar y conmover el gesto de los expedicionarios
del 14 de junio, su vocación patriótica, su
desprendimiento, su voluntad democrática basada
en el “Programa Mínimo” que garantizaba conquistas
sociales y las libertades públicas Cuando un
agente de Trujillo infiltrado entre los héroes de
junio, saboteó una de las lanchas, la Carmen Elsa,
manteniéndola a la deriva en el mar e impidiendo
que se concretara el factor sorpresa, que era básico
para garantizar la victoria, los cubanos de las Fragatas
José Martí y Máximo Gómez, que la habían
socorrido en alta mar y la repararon en la isla de la
Gran Enagua, les dijeron que ya Trujillo los estaba
esperando, estaba al tanto de todo y debían desistir,
señalando los expedicionarios, que irían de toda
manera a Santo Domingo, ya que el dictador estaba
aniquilando a los que habían llegado por Constanza,
y ellos no podían renunciar a la solidaridad y al
combate por la libertad.
La influencia del I4 de Junio es determinante en
el desenlace de la lucha final contra la tiranía, su sacrificio
fue un aldabonazo en la conciencia nacional,
un despertar, un testimonio del valor y la decisión
de echar abajo la poderosa dictadura que parecía invencible.
Muchos de los guerrilleros fueron apresados
con vida, siendo sometidos éstos a las más crueles
torturas y al asesinato masivo, sin que ninguno
de los mártires pidiera clemencia, manteniendo la
dignidad y el sentido del decoro, así como la idea
de que era inevitable el surgimiento de la libertad.
América toda vivía la epopeya de la Sierra Maestra
y el triunfo del comandante Fidel Castro, desatándose
un fervor libertario que insuflaba esperanza
en un destino trascendente para los pueblos. El hijo
mayor del tirano, dirigió personalmente las ejecuciones
pretendiendo afianzar el terror cuando las
condiciones históricas habían empezado a cambiar
y se advertía que el modelo social y económico trujillista
estaba agotado y nuevas fuerzas sociales pugnaban
por un sistema diferente de amplias reformas
y transformaciones. El miedo y el control despótico
de la conducta y vida social de los ciudadanos se habían
convertido en obstáculos para el desarrollo humano,
el tirano no respetaba ningún valor, ningún
postulado ético, y todo era avasallado por su fuerza
totalitaria.
La justicia que debió hacerse a raíz de la muerte
del tirano fue pospuesta por la falta de voluntad política,
las complicidades, la mediatización del proceso,
impidiendo que los dominicanos sentáramos las bases
del saneamiento moral de nuestra sociedad, se
perdió la oportunidad de crear una conciencia firme
en la administración de castigos, que disuadiera, por
la fuerza del ejemplo, la repetición de arbitrariedades
y la comisión de crímenes. Todavía hoy los dominicanos
requerimos de ese ejemplo moral que penalice el
crimen, como sucedió en Argentina y en Chile, donde
los asesinos, fueron enjuiciados y condenados, bajo la
consigna de “Nunca más”, enviando señales claras de
que tal y como dijera Juan Pablo Duarte, el crimen no
prescribe ni queda jamás impune.
La gesta del 14 de junio de 1959, adquiere proyecciones
fundacionales en la visión de la libertad,
constituye un punto de referencia histórica, para
dejar atrás el terror de Estado y la negación de los
derechos y libertades.
El Movimiento Clandestino 14 de junio fue la continuación
histórica de Constanza, Maimón y Estero
Hondo, bajo un sentido de pureza y decoro, por la
materialización de los objetivos de libertad y transformaciones
sociales. La Agrupación Política 14 de Junio,
encarnó esas ideas de lucha y resistencia en una etapa
legal y pública, donde rápidamente ganaron espacio
sus proclamas y el contenido viril de sus propuestas
revolucionarias. Rendir homenaje a los mártires de la
raza inmortal del 14 de junio de 1959, es rendir tributo
también a sus continuadores, Manolo Tavárez Justo y
quienes junto a él, lucharon y murieron por una Patria
libre y por una sociedad justa. Eran seres especiales,
escogidos, llamados a desempeñar papeles estelares
en la consecución de nobles ideales.