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martes, 6 de enero de 2015

“Ví la sangre de Lora Fernández...”, dice testigo batalla del hotel Matum

PORTADA2 “Ví la sangre de Lora Fernández...”, dice testigo batalla del hotel Matum ALFONSO TORRES HISTORIA19 DIC 2013, 2:01 PM ARTÍCULO
9 SANTIAGO (R. Dominicana).-“Una mañana soleada parecida a la de hoy suenan unos disparos en las paredes, yo salté de la cama en dirección al closet y divisé por un hoyo que había para instalar un aire acondicionado unos soldados que desde el monumento corrían disparando hacia el hotel”, cuenta el británico Willian Wall, quien sin proponérselo se convirtió en testigo de primera línea de la batalla del hotel Matún entre constitucionalistas encabezados por el coronel Francisco Alberto Caamaño y militares fieles a las tropas golpistas y norteamericanas. Wall ofreció su testimonio de lo acontecido el domingo 19 de diciembre de 1965, hace 48 años, en el hotel Matum de Santiago, adonde Caamaño junto con sus compañeros había ido a desayunar luego de participar en una misa y una ofrenda floral en honor de Rafael Fernández Domínguez, héroe de la revolución. Según cuenta Wall, quien para entonces se encontraba en el país al frente del Royal Bank of Canada, esa mañana el hotel estaba repleto de niños y mujeres porque en la explanada frontal se exhibía un circo americano. “Yo había amanecido en el hotel porque me invitaron unos amigos a una fiesta en el Club Recreo para acompañar a una muchacha que luego se convirtió en mi esposa”. Cuando Wall salió de la habitación, con la primera persona que se encontró fue con Héctor Aristy, quien lo puso al tanto de lo que sucedía, y luego con Montes Arache. “A ambas personas las conocí en la Zona Colonial de la capital cuando los constitucionalistas la tomaron bajo control, yo tenía salvoconducto para entrar y allí conocí a Caamaño y muchos de sus compañeros en el edificio Copello”. Los militares querían matar a Caamaño ese día pero no pudieron por la intervención de la Iglesia católica y representantes de la embajada de los Estados Unidos. Poco a poco y ayudado por fotografías de la época, Wall va tejiendo un relato que parece hacer vivir a los presentes como si se tratara de la actualidad. Imágenes de edificios y personajes recrean las escenas de un país que ya se encontraba apaciguado. Caamaño había entregado la presidencia en septiembre y ya se había firmado la paz. Pero, de acuerdo con las palabras de Wall, quien tenía importantes conexiones en el mundo político y económico dominicano por representar tal vez el más importante banco extranjero en el país en ese momento, los militares querían matar a Caamaño ese día pero no pudieron por la intervención de la Iglesia católica y representantes de la embajada de los Estados Unidos. Sin embargo, la lucha fue encarnizada, relata, eran 17 hombres constitucionalistas y más de 200 del lado contrario, el balance resultó con varios heridos y tres muertos, entre ellos el comandante Manuel Lora Fernández, a quien los “entreguistas” no le perdonaban haber planificado y dirigido el asalto a la Fortaleza Ozama, hecho simbólico de la gallardía de los dominicanos y que generó un nuevo equilibro durante la guerra de abril de 1965. “Yo vi la sangre de Lora Fernández, vi mucha gente nerviosa, niños y mujeres llorando, pánico y un puñado de hombres dispuestos a defenderse”, expresó Wall al público compuesto por familiares y amigos que todos los años para esta fecha se reúnen a conmemorar el acontecimiento histórico. “Vi a Caamaño con un teléfono en la mano preocupado porque no se podía comunicar, también vi a Montes Arache preparar las armas y disparar contra sus atacantes”, expresa el ciudadano británico casi a la misma hora del mismo día cuando se cumplen 48 años del enfrentamiento. Manifiesta que después del miedo y el espanto lo que le quedó de aquel día fue la rabia, rabia porque el hotel estaba lleno de personas inocentes y “sé que si los militares atacaban con la aviación y los tanques de guerra aquello sería una masacre”. Antes del testimonio de Wall, frente al hotel Matum las fundaciones Caamaño y Lora Fernández, hicieron un homenaje a los héroes del abril donde resaltaron su valentía y arrojo al enfrentar el ejército más preparado del planeta en ese momento. También celebraron una misa en la parroquia La Altagracia, el mismo lugar donde Caamaño aquel 19 de diciembre había participado en una ceremonia religiosa en conmemoración de su compañero Fernández Domínguez. Durante el acto también hablaron Claudio Caamaño, encargado de inteligencia militar del lado constitucionalista, y Minerva López, representante de las fundaciones.

Manuel Aurelio Tavares Justo

Manuel Aurelio Tavares Justo Escrito por Angela Peña. Es representación de dignidad, decoro, firmeza, pureza, lucha. Se comprometió con la libertad del pueblo dominicano siendo apenas un estudiante de secundaria guiado por las orientaciones antitrujillistas del reconocido soldado contra la dictadura, Cocuyo Mieses. La entrega y el sacrificio caracterizaron los escasos treinta y tres años de vida que dedicó sin condiciones a combatir por la justicia, la igualdad social, los derechos comunes, hasta caer asesinado por tropas del Ejército en la histórica guerrilla que encabezó en las montañas de la Patria. Manuel Aurelio Tavárez Justo casi no tuvo tiempo para otra actividad que no fueran estudio, trabajo y acción política, a pesar de los entusiastas paseos a Parolí, en su natal Montecristi, donde hacía enormes montañas de sal junto a sus amigos Lisandro Macarrulla, Antonio Rodríguez, Ignacio Rodríguez Chappini, Jaime Ricardo Socías o Euclides Gutiérrez quienes también le acompañaban en el club Ramfis o en el del Comercio. Amó con pasión y ternura a su amada Minerva, la heroína que asesinó Trujillo. Esperó con vanidad de padre el nacimiento de sus hijos Minerva Josefina (Minú) y Manuel Aurelio, compartiendo caricias y amor con el discurso vibrante, la proclama encendida, la dureza de la cárcel. Nacido el dos de enero de 1931, fue sacado del pueblo después de hacer la primaria en la escuela Rosa Smester y enviado a La Normal de Varones de Santo Domingo, donde continuó manifestando inquietudes antitrujillistas junto a Leo Nanita, Juan B. Mejía, Luis Espínola, que había despertado en su conciencia rebelde Domingo Peña Castillo (La Cuca), amigo de deportes, natación, poesía y voleibol en la Legión Azul, pero también de sentimientos de independencia. El padre del mártir, Manuel Francisco Tavárez Ramos, había sido antiyanqui en 1916 y antitrujillista desde siempre. Los abuelos por parte de su madre, Josefa Auristela Justo, pelearon con Desiderio contra Trujillo: Rafael Justo estuvo en las luchas de Montecristi y su mellizo, Manuel, murió en combate contra el incipiente sátrapa. “Nosotros crecimos con el conocimiento de que Trujillo era un monstruo. Mi papá nunca permitió que se colocara la placa que decía ‘En esta casa Trujillo es el Jefe”, confiesa doña Ángela Antonia, la hermana predilecta de Manolo, la que le siguió en edad y en su estancia en la capital, ella estudiante del colegio Santo Domingo que compartía con él la casa de la tía Isabelita, en el Malecón veintisiete, e iban al cine Olimpia, a los Helados Imperiales o a la Zona Colonial desde cuyos balcones las familias los suponían mellizos. La dama, novia, esposa, viuda de Jaime Ricardo Socías, el amigo de infancia de su aguerrido hermano, caído también en el alzamiento, acompaña a Elsa Justo, la prima querida de los dos, en el relato familiar y público de la vida del fundador del Movimiento Revolucionario 14 de Junio. El doctor Arnulfo Reyes, sobreviviente de la guerrilla, exalta el valor y el liderazgo del inmortal Manolo. El otro hermano vivo de Tavárez Justo es Eduardo José, ausente del país para la entrevista. Los demás eran Emma Celeste María, Edda Auristela Tavárez Justo, Carmen Tavárez Mayer y Sofía Tavárez. Gesto de sensibilidad Un derrame cerebral de don Manuel obligó al hijo mayor a retirarse a Montecristi y ocuparse de los negocios familiares. Ya se había graduado de abogado, en 1954, cuando tuvo su primera manifestación de sensibilidad humana: aumentó el sueldo de todos los trabajadores de la finca de arroz, “al extremo de discutir con mi padre por las condiciones en que vivían los campesinos”, cuenta doña Ángela. En unas vacaciones del trabajo se trasladó a Jarabacoa y durante una fogata conoció a Minerva Mirabal “que estaba prácticamente aislada en casa de unos tíos, ya políticamente señalada. Comienzan a hablar de política, él se interesa por la situación de ella y ahí nace el romance”, refiere la hermana. Doña Elsa acota: “El encuentro con Minerva refuerza sus sentimientos antitrujillistas, creo que desde que la conoció la idealizó inmediatamente, fue una atracción mutua, Minerva vio en él al hombre que había diseñado en su mente”. Contrajeron matrimonio en 1955. El trece de enero, el líder fue apresado en Montecristi y ya no volvió a ser libre hasta meses después de ajusticiado Trujillo. Fue traído al Servicio de Inteligencia Militar, llevado a La 40, a la prisión de Salcedo, a La Victoria, siempre junto a Leandro Guzmán y Pedro González, esposos de las hermanas María Teresa y Patria. Luego de meses de torturas inenarrables que lo dejaron inconsciente durante tres días, permitieron que la familia lo visitara una vez a la semana. En la cárcel vivió el tremendo dolor del crimen contra su esposa y las dos hermanas que los esbirros trujillistas le recordaban a diario cuando le pasaban junto a un trozo de yuca seca el periódico con la noticia disfrazada del espeluznante homicidio. La cárcel fortaleció su temperamento y solidificó su liderazgo. “El trabajo que había hecho en la clandestinidad lo llevó a una posición de mando, mantuvo una posición vertical en sus principios, en ningún momento se dejó avasallar, le dieron golpes, punzonzazos, choques eléctricos y no denunció a nadie”, manifiesta doña Elsa. La familia, empero, le había dado por muerto y llorado: nunca más supieron de él, después del asesinato de la esposa. Fue en 1961, cuando la OEA lo sacó de La 40, que se enteraron de la sobrevivencia y celebraron su libertad. El 14 de Junio “El seis de enero de 1959 se hizo la primera reunión de inquietud para formar el 14 de junio, en la casa de los D'Alessandro, en la Doctor Delgado”, narra doña Elsa. Presentes estaban Yuyo D'Alessandro, sobrino de Manolo, Leandro Guzmán, Minerva y su esposo. Después de otro encuentro en Conuco fueron a la finca de Charles Bogaert, en Mao, donde Tavarez Justo fue elegido presidente, Rafael Enrique Faxas Canto, secretario general, Leandro Guzmán tesorero y como vocales Luis Gómez, Cayeyo Grisanty, Luis Álvarez, Antonio Rodríguez, Charles Bogaert y “Germán el Guardia”. Lo que en principio fue un movimiento clandestino en lucha por derribar la tiranía se convirtió después en poderoso partido “con el programa más avanzado. Ahí Manolo se consolida como líder de masas, teníamos el programa de Liberación Nacional de los expedicionarios de junio de 1959, estábamos en contra de los remanentes del trujillato, abiertamente con la revolución cubana y dentro de la militancia se hablaba de la lucha armada, de impulsar una reforma agraria verdaderamente democrática. Era el partido más avanzado dentro de la lucha democrática y participativa”, explica el doctor Arnulfo Reyes. La vida de Manolo, entonces, está reflejada en los conmovedores discursos que pronunció en las calles y plazas del país, rodeado de multitudes que deliraban con su presencia. “Millares de gargantas juveniles se ahogaban por la emoción, saltaban, ya no tenían gritos para expresarse, movían sus manos y avanzaban sobre la tribuna, querían sostener a Manolo Tavárez con sus propias manos, cargarlo, mostrarlo orgullosos”, escribe Tony Raful describiendo el comportamiento de Manolo en el mitin que pronunció antes de la sublevación. “¡...Óiganlo bien, señores de la reacción, óiganlo enemigos del pueblo, enemigos del progreso: si imposibilitan la lucha pacífica del pueblo, el 14 de Junio sabe muy bien donde están las escarpadas montañas de Quisqueya y a ellas iremos, y en ellas mantendremos encendida la antorcha de la libertad, de la justicia, el espíritu de la revolución, porque no nos quedará entonces otra alternativa que la libertad o muerte”. El veintiocho de noviembre de 1963 se inició la guerrilla. Manolo fue asesinado el veintiuno de diciembre, pese a haber negociado su entrega. El cadáver presentaba herida de bayoneta en el costado izquierdo, una bala en la mano derecha con orificio de entrada y salida. “La bala de la mano fue consecuencia de que en el momento de fusilarlo levantó la palma y profirió insultos a sus asesinos”. A finales de los años 70 se designó con el nombre de Manolo Tavárez Justo una calle de la Urbanización Real.

domingo, 4 de enero de 2015

!!! SEGUIREMOS TU EJEMPLO !!!

SEGUIREMOS TU EJEMPLO

Los 51 Años del Asesinato de Manolo Tavárez Justo

Los 51 Años del Asesinato de Manolo Tavárez Justo I Publicado el Lunes, 22 Diciembre 2014 11:58 Escrito por Antonio María. 22-12-2014 - La llama de la libertad de la nación dominicana no se apaga desde que fue encendida el 14 de Junio de 1959, en Constanza, Maimón y Estero Hondo por los jóvenes de la Raza Inmortal, de los cuales formaron parte 11 mártires francomacorisanos. El doctor Manuel Aurelio Tavárez Justo (Manolo) al alzarse a las escarpadas montañas de Quisqueya el 28 de Noviembre del año 1963 a través de 6 frentes guerrilleros, reivindicó la bandera de lucha de los jóvenes de la Raza Inmortal y su Proyecto Liberador. Manolo y sus compañeros del Movimiento Revolucionario 14 de Junio (El 1J4), fracasó en su intento liberador el 21 de Diciembre de 1963, cuando tras la garantía de sus vidas por parte del Gobierno de facto del Triunvirato, el grupo decidió entregarse a los militares en las Lomas de Las Manaclas, de San José de las Matas, quienes cobardemente procedieron a eliminarlos. Al haberse cumplido ayer 51 años de la caída de Manolo y los jóvenes del 1J4, cabe destacar que en el presente histórico se registra una represión moral e institucional, que coloca al país en peores condiciones que las imperantes previo al ascenso al poder del profesor Juan Bosch el 27 de Febrero de 1963. La máxima responsabilidad recae en los tres partidos mayoritarios que han sido gobierno en los últimos años, auspiciadores y dueños de una corrupción rampante cuyo dineral alcanzaría para lucirnos ante el mundo con niveles excepcionales en materia de economía, educación, salud y alimentación. Las semillas libertarias que sembró Manolo en las Lomas de las Manaclas, están ahí y éstas pueden germinar a los pies de nuestra juventud de manera libre y desafiante. ¡Que los ideales de Manolo y los jóvenes del 1J4 nunca mueran, mucho menos en esta época, donde reina la corrupción y el transfuguismo ¡¡¡

Franklin Dominguez tan creativo a los 83 años como cuando era joven.

Franklin Domínguez tan creativo a los 83 años como cuando era joven Por ÁNGELA PEÑA a.pena[@]hoy.com.do 03 enero, 2015 2:00 am
"¿Quién iba a pensar que el padre perverso era Trujillo?". Cuando el régimen de Trujillo asesinó a las Mirabal, Franklin Domínguez escribió un melodrama “que quien lo leía lloraba”. Circuló clandestinamente y fueron coautores Andrés Avelino, Abel Rodríguez del Orbe y Luis Eduardo Escobar. “…Tres cadáveres, tres ataúdes…”, rezaba, invitando al pueblo a dejar vacíos los bares, cines y otros centros de diversión y a sacarle cinco copias y distribuirlas. “Cayó mucha gente presa”, afirma Franklin, que tuvo que exiliarse en Puerto Rico. Conoció a Minerva cuando estudiaba derecho, se hicieron amigos, la visitaba. “Era una mujer impresionante, parecía una diosa, escuchaba más que hablaba, era preciosa, elegantísima, hermosa, muchos estábamos enamorados de ella”, confiesa. Rodríguez del Orbe y Avelino le acompañaban a verla en la pensión donde vivía. Franklin sintió animadversión hacia la dictadura desde que cursó la secundaria en la que maestros antitrujillistas “nos infiltraban ideas clandestinas contra Trujillo”. Cuenta que cuando había desfiles y otros actos en honor al tirano, Ángel Mieses les decía: “la asistencia es voluntaria pero el que no vaya tiene cero en conducta”. No obstante, fue en la universidad donde Domínguez puso en práctica su oposición escribiendo y entregando panfletos con símbolos y consignas antitrujillistas como: “¡Abajo Trujillo!”. Nunca fue descubierto ni apresado pese a que entre sus amigos había notables desafectos como Pipe Faxas, Luis Gómez Pieterz, Luis Gómez Pérez, los hermanos Mejía Ricart y los ya citados. Entre él y Rodríguez del Orbe, relata, había una amistad entrañable, “ellos conspiraban pero no me envolvían a mí, sin embargo, yo estaba en lo mío a mi manera”. Un día, estando en la azotea de Bellas Artes junto a Niní Germán y Pepito Guerra vio al sátrapa cruzar por el malecón y exclamó: “¡Qué fácil sería matarlo desde aquí!”. Sus acompañantes eran reconocidos enemigos del Gobierno y fueron torturados en La 40. Mientras golpeaban a Guerra le gritaban: “¡Toma espigas maduras!”. Espigas maduras fue el título que le puso Franklin a una obra que escribió contra Trujillo que se exhibió con éxito en todo el país. Se trataba de “un padre tiránico con sus hijos, los tenía sojuzgados y ellos se consideraban ya desarrollados para la libertad. ¡Tenemos que acabar con el viejo!”, manifestaban. Debía someterla primero a la Comisión de Espectáculos Públicos que esperó un mes para preguntarle cómo era posible que los hijos quisieran matar a su padre, sugiriéndole buscarle otra salida. La carta la firmaba monseñor Eduardo Ross. Se declaró no apta para menores y le modificaron una línea que decía: “30 años soportándote” por “Tantos años soportándote”. Fue presentada en Bellas Artes y después la pidieron con frenesí desde los pueblos. Armando Hoepelman era el padre y los hijos eran Ina Moreaux, Miguel Alfonseca, José Sanabia, Iván García, Guerra y otros. “La gente salía callada, se corrió la voz de que atacaba a Trujillo porque aquello era una agitación completa: ‘Si nos unimos podemos acabar con él”, expresaba. Yaqui Núñez, que aún no era famoso, se acercó a Franklin en San Francisco de Macorís y le comentó: “La juventud de Macorís ha captado el mensaje”. “En las dictaduras a veces se puede decir las verdades y no pasa nada. ¿Quién iba a pensar que el padre perverso era Trujillo?”. Sin embargo, a los pocos días lo recibieron en Borinquen, perseguido, Octavio Amiama, Tirso y Marcio Mejía Ricart. De ahí viajó a Nueva York donde lo sorprendió el tiranicidio. La silla. Franklin nació en Santiago el cinco de junio de 1931, hijo de Nemesio Domínguez Rojas, dinámico vendedor de seguros, y de Sofía Hernández Peña. Estudió en la escuela Paraguay hasta sexto curso pues la familia se trasladó a la capital en 1940. Sus hermanos son numerosos: Gonzalo, Pablo Neri, Persio, Gladys, Doris, Mercedes, Roberto, de padre y madre, y Sócrates, Hilda y Máximo, de padre. “Mamá los crio a todos”. Hay bohemios, músicos, bailadores de tango, humoristas, maestros, concertistas, tenores, actores cómicos, farmacéuticos… Algunos fallecieron. Franklin es el más versátil y creativo. Desde niño organizaba veladas, recitaba, bailaba. Vino al mundo con el tango: Si los pastos conversaran/ esas pampas me dirían… “Nací con música”, declara. Con el tiempo escribió “Bailemos ese tango”, que dedicó a Monina Solá. En Santiago tuvo sus primeras novias. Antes de ingresar a la universidad, donde se graduó licenciado en filosofía en 1952 y doctor en derecho en 1955 pasó por la escuela República de Argentina, el colegio La Salle y la Normal Presidente Trujillo. La política y el teatro han estado unidos en su productiva vida. En la mayoría de sus trabajos está prácticamente reflejada la historia dominicana desde el trujillato, y esta armonía destella en su charla. “De ahí surgió tal sátira”, expresa reiteradamente este actor y escritor en cuyas Obras Completas hay registradas más de 80 producciones. Tiene otras inéditas. Descubrió su capacidad al ver una velada en el teatro Olimpia, en 1939. “Pero yo puedo hacer eso”, dijo. Desde entonces no se ha detenido su quehacer que comparte con el amor por sus hijos Francisco Domínguez Hernández, Franklin Ricardo y Francisca Libertad Almánzar, su nieto Engels, cuatro biznietos y su novia Hellen Sharon White, ex miss Wisconsin. Imposible citar sus numerosas creaciones, muchas premiadas, pero es obligado mencionar La Silla, primera película dominicana de largo metraje, traducida al inglés y el francés, aclamada por un pueblo que celebraba la libertad después del ajusticiamiento. Iba a ser un monólogo titulado: “¿Quiénes son mis jueces?”, que comenzó a ensayar Camilo Carrau en Nueva York. Carrau, técnico cinematográfico, reunió amigos camarógrafos, sonidistas, cinematógrafos y “le cambiamos el nombre por La Silla, una especie de conciencia que acusaba, denunciaba”. Franklin escribió y dirigió esa cinta cuyos recursos eran una silla, que conserva, un retrato de Trujillo, algunos dibujos y el talento inigualable de Carrau. Rebozó los cines y teatros con ese asiento que bailaba, giraba, reía, lloraba. Graciela Villanueva de Carrau y Clark Johnson y Phil Meise, norteamericanos, están asociados al filme. Lamentablemente, de él no hay copia ni original. “Estuvo bien en mis manos”, comunica, pero pasó a Cinemateca y posiblemente esté en Funglode “en mal estado. José Rafael Lantigua se comprometió a repararla, pero nunca he recibido respuesta”. Franklin, un liceísta que no ejerce y un católico no práctico, es un bienhechor criticado por “andar ayudando a todo el mundo”. Conduce su vehículo, nada, no fuma y solo toma “tragos sociales”. No va a misa pero reza todas las noches por las familias y la paz. Atribuye sus fuerzas y su memoria espléndida a que “me mantengo con la conciencia tranquila y no hago daño a nadie”.