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sábado, 13 de diciembre de 2014

Detención de los Panfleteros de Santiago

Detención de los Panfleteros de Santiago http://acento.com.do/2014/opinion/8204528-detencion-de-los-panfleteros-de-santiago/ Por Darío Nicodemo. 13 de diciembre de 2014 - 12:09 am - 1 Comentario
Darío Nicodemo Autor / acento.com.do En nuestras investigaciones sobre el tema de los Panfleteros de Santiago, hemos encontrado datos de cómo y cuándo fueron apresados miembros de “Unión de Grupos Revolucionarios Independientes (UGRI)”, movimiento de jóvenes revolucionarios de Santiago, fundado por Wenceslao Marcial Guillén Gómez (Wen). Estos jóvenes después de haber distribuido el volante fueron detenidos por los miembros del Servicio de Inteligencia Militar (SIM). Los volantes fueron repartidos en Santiago, Gurabo, Tamboril, Esperanza y Mao. Consultar nuestro artículo: “A casi 54 años de…Trujillo es un mierda”, publicado en Acento.com.do el 8 de noviembre del 2013. Víctor Alicinio Peña Rivera, jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) en la Región Norte acostumbraba a asistir a los partidos de beisbol que se celebraban en el Estadio Radhamés de Santiago. La noche del miércoles 13 de enero del 1960, cuando el equipo “Escogido” derrotó al de las “Águilas Cibaeñas”, seis carreras a cero, Peña Rivera no asistió al partido de beisbol porque debía atender una misión de inteligencia, según él narra en su libro: “Historia Oculta de un Dictador, Trujillo”. Expresa Peña Rivera: “…El agente de la policía que me acompañaba estaba vestido de civil. Esa mañana este me había asegurado haber hecho arreglos para encontrarse esa noche en el estadio con una persona que conocía el empleado de una farmacia de barrio, que tenía conexiones con personas que se dedicaban a pintar consignas en las paredes”. Argumenta: “El agente me recomendó quedarme fuera de Estadio mientras él se adelantaba a hacer el contacto”. Prosigue diciendo Peña Rivera: “Ya comenzaba a impacientarme cuando reapareció el agente acompañado de un jovencito de unos 18 años de edad. Montaron en mi automóvil y partimos a toda velocidad hacia la Fortaleza San Luis”. Precisa: “Allí comencé a interrogarlo, enfatizando que él no estaba detenido, y que apreciaríamos toda la información que pudiera suministrarnos. La lista de complicados que produjo paso de quince”. Destaca que: “Toda la maquinaria militar, policial y de inteligencia fue puesta a mi disposición para producir el arresto relámpago de aquellos sospechosos. Nadie debía escapar a la redada…”. Víctor Alicinio Peña Rivera dice. que: “… el Coronel Johnny Abbes García recibió la noticia de los arrestos con gran excitación, como si la tuviera esperando. -Envíemelos inmediatamente a La Cuarenta- me ordenó. Tenía que enviarlos a lo que indudablemente era algo si como la antesala de la muerte”. De estas revelaciones ofrecida por el jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM)en a zona norte, más lo escrito por él en la página 259 del citado libro: “… Han llenado de letreros y pasquines la mayoría de las calles…” se infiere que dentro de los primeros detenidos debían haber miembros del Movimiento 14 de Junio, fundado el 10 de enero del 1960 y de los Panfleteros de Santiago. En el libro: “Los Panfleteros de Santiago” de Institute for Latino Studies y The Common Roots de New Jersey USA, 2009, aparece escrito que la detención del grupo de Panfleteros de Santiago, se originó por la indiscreción de uno de los que distribuyeron los panfletos. Los panfleteros Wenceslao Marcial Guillén Gómez (Wen), líder y fundador de UGRI, y Manuel Armando Bueno Pérez fueron detenidos la noche del viernes 15 de enero del 1960. Ambos fueron requeridos en sus propias viviendas que apenas se distanciaban menos de una calle. Francisco Benedicto (Frank), no precisa la fecha exacta de su detención. Si recuerda que la noche de su apresamiento y traslado a la cárcel de La 40, se celebró un partido de beisbol, de la serie semifinal entre “Estrellas Orientales” y “Águilas Cibaeñas”. La detención de Frank Benedicto, debió producirse el viernes 15 de enero del 1960, cuando las “Estrellas Orientales” vencieron a “Águilas Cibaeñas”, nueve a cero, o el sábado 16 de enero, que las Estrellas Orientales volvieron a ganar a las Águilas Cibaeñas 6 carreras por 4. Carlos Mejía Blanco publicó en su muro de Facebook, una lista con los nombres de adultos y jóvenes del barrio Pueblo Nuevo de Santiago que fueron detenidos a raíz del descubrimiento de los Panfleteros de Santiago. “… El primer preso fue el joven Herminio Espinal (a) Polanco, un 6 de diciembre del 1959; fue liberado a los 3 días y luego reapresado el 12 enero del 1960. A Herminio lo agarraron una segunda vez ese mismo día y en la fortaleza San Luis…”. José Rafael Colón (Fellito) de 28 años de edad para la época, nos informó que su detención se había producido el 20 de enero del 1960 y que al día siguiente había sido llevado a Ciudad Trujillo. También informó que la detención de los hermanos Simón y Chichí Díaz Hernández fue el 17 de enero del mismo año. También ha revelado, en una entrevista que le practicó el 5 de febrero del 2014, que la delación del grupo de los Panfleteros de Santiago, vino de la declaraciones dada por un joven que había sido detenido en la Fortaleza San Luis. Así fueron apresando, los agentes del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) dirigido por Ernesto Scott y Johnny Abbes García, alemán el primero y descendiente de padre alemán el segundo, a cada uno de los miembros de la Unión de Grupos Revolucionarios Independientes (UGRI). En pocos días estuvieron los panfleteros detenidos en los centros de torturas del régimen despótico de Rafael Leónidas Trujillo Molina, con la excepción de Teófilo Luis Santos Prud-Homme (El Negrito), quien fuera el último en llegar, según escribió Manuel Armando Bueno en “Cárcel y Guerra”. De acuerdo a nuestras investigaciones podemos señalar que de los apresados y torturados del grupo de los Panfleteros de Santiago, 11 miembros salvaron sus vidas, de las cárceles de La 40, El 9 y el Palacio de la Policía Nacional de Ciudad Trujillo. Los sobrevivientes fueron: Enrique Almánzar Núñez, Domingo Antonio Cepeda Cruz, Miguel Mauricio Estrella Luna, José Rafael Colón (Fellito), Francisco Germán Benedicto Rodríguez, Pedro Francisco Sánchez Buldier, Manuel Armando Bueno Pérez, Ramón Antonio Gómez, Ramón Fernández (Vargas Vila), Emenegildo Enrique Pérez Simó (Quiquito) y Manuel Antonio Arias Villamán (El Gordito), quien fue apresado posteriormente y desaparecido.

Sobre diez artículos de LUIS GÓMEZ 2 de 2

Sobre diez artículos de LUIS GÓMEZ 2 de 2 Por FIDELIO DESPRADEL Share on email EmailShare on print Imprimir
Luis Gómez. La otra parte que me interesaba comentar, es lo relativo a los planes guerrilleros del 14 de Junio, presentes desde la reunión clandestina constitutiva de Mao (enero 1960), siguiendo el ejemplo de la Raza Inmortal (junio 1959), y la marcha de los acontecimientos posteriores en el país, y en América Latina. ¡Fíjense! Luis Gómez era el “segundo hombre” dentro del ala revolucionaria del 14 de Junio, solo superado por Manolo. Fue la persona elegida por Manolo (entre el 16 y 17 de agosto de 1961) para entregarle una carta al Comandante Fidel Castro y seleccionar y encabezar el primer grupo del 14 de Junio que recibiría entrenamiento político-militar en Cuba. Septiembre, octubre, noviembre, diciembre de 1961, y enero, y quizás febrero de 1962, le tomó a Luis y al grupo que finalmente pudo integrar, viajar a Cuba, recibir entrenamiento y estar listos para regresar. En febrero de 1962, todavía Luis estaba inmerso en estos esfuerzos, ya que, incluso el regreso de aquel contingente, era un problema sumamente difícil, en medio del cerco de hierro que los norteamericanos fueron tendiendo alrededor de la “isla rebelada”. Luis le dice a la periodista en una de sus entrevistas que “al retorno del grupo entrenado en Cuba se produjo la primera reunión conjunta, en momentos en que la denominada infraestructura tenía avanzado un trabajo para la estructuración de siete frentes” (sexta entrevista). ¿Saben lo que pasó en aquella reunión? Lo recuerdo como si fuera ayer. El grupo había venido regresando, poco a poco, en la medida que Luis le conseguía pasaporte y una vía segura. Hipólito Rodríguez (Polo), uno de los más brillantes de los miembros del 1J4 que se entrenaba en Cuba, regresó en el primer grupo. Lo que recuerdo es que ya para finales de febrero y principios de marzo, los hombres de confianza de Manolo, por instrucciones expresas de él, veníamos trabajando en base a siete regiones estratégicas, cada uno a cargo de complementar los trabajos organizativos y políticos en cada región respectiva. Esa visión, que en principio todos fuimos asumiendo, parece que surgió en medio de conversaciones de Polo con Manolo, sobre las experiencias en Cuba y las visiones sobre la lucha guerrillera que allí surgieron. Manolo y los demás, en una primera aproximación (sin haber escuchado otra) estábamos tomados por la visión de que el 14 de Junio era una organización revolucionaria muy distinta al 26 de Julio, en Cuba, y al grueso de las organizaciones de la misma tendencia en el resto de los países de América Latina. El 14 de Junio y Manolo reunía multitudes dondequiera que organizaba un acto político; su periódico, el 1J4 circulaba en una cantidad de 40,000 ejemplares, dos veces por semana, en 1961-62; y a sólo tres meses de aquella reunión histórica de marzo 1962, en una ciudad que apenas tenía 200 o 300 mil habitantes, el 14 de Junio reunió una multitud de 40 o 50 mil personas, para conmemorar el aniversario de la expedición de Junio de 1959. Y a esa gigantesca manifestación siguieron otras, una de ellas en Santiago, el 25 de noviembre de 1962. El 14 de Junio tenía centenares de dirigentes en todo el país, y desarrollaba una actividad política y organizativa pública, en todo el territorio nacional. Es así que Manolo fue tomado por la idea de que ese 14 de Junio no podía concebir el eventual movimiento guerrillero a que estaba abocado, como la acción, en su etapa primera, de un pequeño grupo de guerreros, bien entrenados, incluso sin la participación del propio Manolo, que era la concepción con la que Luis regresó al país, contraria a la posición de Hipólito Rodríguez (Polo), el otro hombre destacado, junto con Pipe Faxas, en el grupo que se entrenaba en Cuba. “La primera reunión conjunta (de acuerdo al relato de Luis, F.D.) en un momento en que ya la denominada infraestructura tenía avanzado un trabajo para la estructuración de siete frentes guerrilleros, en lugar de uno”, de que habla Luis en una de sus entrevistas, se realizó a mediados o finales del mes de marzo de 1962, en un refugio secreto, donde el 14 de Junio había instalado una escuela político-militar, en un lugar apartado en el kilómetro 12 de la vieja carretera Sánchez (hoy prolongación Independencia). Su afirmación de que “ya la denominada infraestructura tenía avanzado un trabajo para la estructuración de siete frentes guerrilleros” no obedece a la verdad: primero, porque recién empezábamos a trabajar; segundo, porque Luis sabe que apenas fue a finales del mes de enero cuando se superó la crisis desatada por el golpe del general Rodríguez Echavarría, el asilamiento de Balaguer y la instalación del Consejo de Estado, situación que obligó al 14 de Junio a involucrarse intensamente; y tercero, porque para Manolo y todos los que lo acompañábamos en aquel entonces era fundamental el concurso del contingente que había venido de Cuba en esos planes guerrilleros. Aquella reunión histórica, en la cual, de acuerdo a mis recuerdos, estaban, entre otros, Manolo, Juan Miguel, Fidelio, Polo, Roberto Duvergé, Hugo Toyos, Germán Arias (Chanchano), José Daniel Ariza, y algunos que no logro recordar, empezó con un cuestionamiento por parte de Luis acerca de la propuesta de “las siete regiones estratégicas”, concepción que no se correspondía con lo que habían discutido y acordado en Cuba, pregunta que desató una reacción vehemente, de Hipólito Rodríguez (Polo), que ya arrastraba esa contradicción con Luis, desde los días de entrenamiento en Cuba. Polo se exaltó. Defendió de pie su concepción; es posible que haya empleado palabras descompuestas contra quienes postulaban posiciones contrarias, en especial, Luis. ¡Ese era su temperamento y su personalidad! En un momento de la discusión, fui al baño a descargar la vejiga. Cuando regresé, ya Luis no estaba en el salón. Al preguntar por él, me dijeron que había salido discretamente. Corrí y me acerqué, imprudentemente, al borde del camino, y pude observar que Luis caminaba, solitario, hacia la carretera Sánchez. Pedí las llaves de uno de los carros, y salí presuroso a recogerlo e indagar su anómala conducta. Cuando me acerqué, y le inquirí sobre su comportamiento, me contestó diciéndome que se retiraba. Discutí con él, y finalmente abrí la puerta para llevarlo a donde él quisiera. Se negó y me dijo que quería caminar hasta la capital. No valió mi insistencia. ¡Nunca más volvimos a ver a Luis! Sin anuncio alguno, sin conversar con ninguno de nosotros, Luis se alejó del 14 de Junio, dentro del cual era el “segundo hombre”, y terminó en el PSP, casándose con su novia, Bernarda Jorge, y viajando a la Unión Soviética el 7 de septiembre de 1963, regresando al país “a finales del año 1964” (tercera y décima entrevista). O sea, Luis, el segundo hombre del 14 de Junio, respetado incondicionalmente por todos nosotros; con mucho mayor edad y experiencia de todos los que allí nos encontrábamos (a excepción de Manolo), responsable del grupo que se entrenó en Cuba y portador de la carta personal de Manolo a Fidel, intempestivamente se retiró de la reunión, sin defender sus ideas y sin tratar de persuadir de las mismas, no solo a Manolo, que de seguro lo hubiera escuchado detenidamente, sino a Chanchano, Fidelio, Juan Miguel y otros, que le habíamos demostrado, con creces, reconocimiento a su liderazgo y a su condición de segundo dirigente del 14 de Junio. ¿Hubiera podido concertarse una posición intermedia (quizás la más correcta) reconociendo los argumentos sustentados por el propio Manolo y Polo? ¿Habríamos innovado la visión acerca de los inicios del movimiento guerrillero, en organizaciones sólidamente implantadas como lo era el 14 de Junio? ¿No es acaso impropio de revolucionarios, cuando se defienden ideas, caminos y concepciones en las cuales uno cree, y mucho más si se trata de un alto dirigente, reconocido como tal por los demás, retirarse, sin siquiera aportar sus argumentos? Le he dicho a mi amigo Luis, en reiteradas ocasiones, que el día que él se retiró del 14 de Junio, silencioso y sin defender sus ideas, siendo el segundo hombre dentro de la organización, este cometió un grave error como dirigente, y se perdió una gran oportunidad para discutir los planes militares y buscar un consenso, que enriqueciera la experiencia de lucha en América Latina, en un aspecto tan importante como lo es la línea militar para la lucha por el poder, en esos años de grandes confrontaciones.

¡”A luchar soldados valientes, que empezó la revolución…”!

¡”A luchar soldados valientes, que empezó la revolución…”! ARTÍCULO SIGUIENTE » Areíto sábado 13 de diciembre, 2014 Por ÁNGELA PEÑA a.pena[@]hoy.com.do
soldados "Cuando terminó la guerra Iván García y yo lloramos”. Posiblemente es el que mejor conoció el comportamiento pusilánime de algunas figuras de la guerra de abril que sobresalieron como héroes y estuvieron ocultas mientras duró la contienda. Otros fueron prepotentes formulando necios reclamos amparados en rangos y funciones. La mayoría, sin embargo, demostró valentía y arriesgó con ardor su vida por la causa. Pero Franklin Domínguez Hernández se inclina por dejarlos con sus glorias porque después algunos exhibieron su patriotismo y siguieron firmes en sus principios revolucionarios. Prefiere contar el suplicio que en ocasiones representó para él haber sido director de la emisora oficial pues el Presidente le daba instrucciones que no todos querían acatar. “Que no se difunda nada sin tu firma”, “Que no entre nadie sin tu autorización” pero algunos se molestaban ante estas exigencias pese a que el inquieto director de Información y Prensa de ese convulso periodo hacía lo imposible por cumplir con tantas obligaciones inherentes a su cargo y además, ser obediente a los mandatos de Caamaño. Uno de los más asiduos colaboradores de la estación era José Francisco Peña Gómez, a quien Juan Bosch llamaba para dictarle las alocuciones que él repetía. Protestó por la disposición del coronel pero luego se sometió a ella al igual que otros sobresalientes actores de ese proceso. “Yo escribía también Una charla con el pueblo, un programa en el que hacíamos entrevistas a los soldados norteamericanos presos, recibíamos denuncias de la gente del pueblo, orientábamos e informábamos”, cuenta. Fue él quien en los primeros días de la rebelión recibió los cables anunciando que venía el ejército norteamericano. “Se lo informé a Caamaño y nos preparamos porque ya comenzaríamos a pelear”, manifiesta. “El empeño nuestro era mantener viva la emisora, avisamos cuando venían las tropas entrando por el norte” pero una ocasión de riesgo fue cuando se dañaron los equipos y Franklin tuvo que acudir a la antena de HIZ para transmitir. “De repente fuimos atacados”. La narración es extensa, dramática, la sobrevivencia fue milagrosa. Con “Un día más, dominicanos” anunciado por Luis Acosta Tejeda, la voz de la revolución, se despertaba un país que esperaba tener noticias de las posiciones del líder máximo de esa gloriosa batalla, el coronel Caamaño. “La consigna era que no se callara nunca la emisora y llegamos a transmitir hasta desde una cocina. Dormíamos al lado y nos sacudíamos las balas”, significa. Recuerda a la perfección el día que les rodearon la improvisada caseta donde hacían su trabajo Ercilio Veloz, Plinio Vargas Matos y él. “Estábamos expresando nuestra repulsa a Julio Postigo, y los evangélicos nos enviaban cartas protestando; su hijo estaba del lado nuestro y se sentía abochornado por su papá. En ese momento el CEFA nos cercó y solo se oía: ¡Están tirando! Ercilio y Plinio se metieron entre los transmisores y yo me pegué a la pared. Me quité, salí y cuando estaba afuera se desplomó el muro, Emilio y Plinio rompieron dos ventanas con los puños, nos tiramos, y no habíamos salido cuando el edificio de las antenas salió volando, no quedó block sobre block”. Cuando Franklin se presentó en el edificio Copello Caamaño le observó: “Te ibas a dejar matar”. El hecho ocurrió el 14 de mayo. Una bomba en el Copello. En la emisora Franklin trató de que el protagonista principal fuera el pueblo y no Caamaño que tampoco pedía ni ansiaba ese protagonismo, aclara. “Traté de armonizar y en cada programa exaltaba mucho al pueblo, el pueblo, el pueblo”. Pero también le preocupaba la imagen del coronel de abril. Advirtió en uno de sus discursos que hablaba muy rápido “y yo, como actor y director de teatro le aconsejé que debía ir más despacio. Le dije: le voy a marcar el próximo, y solo tuve que hacerlo la primera vez porque después él sabía. Era muy inteligente”. Franklin tiene en la mente detalles como que a los periodistas y locutores les pagaban diez pesos y que en los primeros días de la contienda no ponían música porque “la idea era que estábamos de duelo. Pero un día se me apareció alguien con un himno, sin música y recordé el de Aníbal de Peña y lo tiré. La gente se enardeció, desapareció la frialdad y a una voz se escuchaba: “¡A luchar soldados valientes, que empezó la revolución…! Civiles y militares constitucionalistas eran una presencia constante en la estación pero los fijos, expresa, eran Héctor Lachapelle y Lora Fernández. Declara que el Caamaño que conoció “era un hombre de trato afable, respetuoso, receptivo, me demostró mucha confianza. Me informaba asuntos confidenciales para que yo pudiera programar la emisión del día”. Agrega: “Recuerdo esa transformación que sufrió de haber sido casco negro a ser un auténtico patriota; su ira cuando llevaron el cadáver de Fernández Domínguez; las respuestas formidables que tenía para los periodistas, era muy equilibrado, admirado, respetado”. Tiene el lamento de “cuando entraron los americanos y les mataron los hijos al abogado Toño Jiménez” y la grata reminiscencia que fue “esa bella confraternidad, ese afán de entrega del pueblo dominicano donde se encuentran los verdaderos héroes anónimos. Barrían, limpiaban, colaban café… Hubo gente que se entregó de lleno, se identificó plenamente. Este pueblo se enfrentó a una fuerza tan poderosa como los norteamericanos y en los comandos no solo había tensión ni expectativa bélica: hacían veladas”. Confiesa que cuando terminó la guerra Iván García y él lloraron porque ese espíritu y ese valor fueron hermosos”. En medio de la tristeza por la despedida de aquella gesta heroica Franklin narra que “el Copello era un peligro permanente en el que casi siempre había que andar en cuatro patas” y refiere lo ocurrido el día que corrió el rumor de que iban a poner una bomba en el edificio y Héctor Aristy, ministro del gobierno caamañista, se le acercó: “Franklin, dé instrucciones precisas para que nadie entre aquí si no es autorizado por usted, salvo Caamaño”. Pero sonriendo agrega que al primero que los celosos guardias se llevaron preso fue al propio ministro Aristy porque intentó entrar sin la debida licencia que solo podía otorgar Franklin.

El Barrio Bajo Abbes

CONVERSANDO CON EL TIEMPO|13 DIC 2014, 12:00 AM|POR JOSÉ DEL CASTILLO El Barrio Bajo Abbes
Johnny Abbes y Lupita. “Tengo a bien dirigirme, muy respetuosamente, a Su Excelencia, el Generalísimo Doctor Rafael Leonidas Trujillo Molina, Benefactor de la Patria y Padre de la Patria Nueva, para informarle que después de cumplidas todas las formalidades legales, el Tribunal Criminal, presidido por el Dr. Joaquín Rodríguez Urtarte, condenó a la pena de 30 (treinta) años de trabajos públicos, a los nombrados Ildefonso Güemez (A) Foncito, Francisco José Pratt Pierret (A) Frank, Víctor Augusto Núñez Keppis, Rafael Leonidas Martínez Espaillat (A) El Chino, Roberto Carlo Gómez, Luis Manuel Soriano Tatis, José del Carmen Vidal Soto (A) Anguito, Melquíades Cabral Jiménez, Braulio Montán, Ramón Rafael Casado Soler (A) Mumú, Máximo Kermes Draiby (A) El Pinto, y Julio Evelio de los Santos Aguasvivas, sujetos que integran una sociedad subversiva-terrorista y antigubernamental que los mismos denominaron ‘La Nueva Trinitaria’, que venía operando dentro del radio urbano de esta Ciudad Trujillo, distinguiéndose en la comisión de actos de sabotajes, preparación y distribución de propaganda de carácter subversivo, así como realizando incendios en edificios públicos tales como: Oficina de la Cámara de Cuentas, Oficina de Suministros del Gobierno, Secretaría de Estado de Obras Públicas, Palacio de Justicia en los terrenos de la Feria de la Paz y como epílogo de sus nefastas actividades, tentativa de incendio del Depósito de Aduanas de la zona de la Feria de la Paz, el pasado domingo 8 del cursante, aproximadamente a la 5 de la tarde, donde precisamente, se ocuparon de uno de los malhechores dos potecitos de cristal conteniendo gasolina y que figuraron en el proceso.” El memorándum del Secretario de Estado de Justicia y Cultos, Lic. Mario Abreu Penzo, continuaba informando que “dicho sujeto fue apresado por el Celador de Aduanas allí destacado, Secundino Vargas Burdier, respondiendo al nombre de Rafael Leonidas Martínez Espaillat (A) El Chino, quien una vez sometido al interrogatorio correspondiente se declaró culpable de los crímenes anteriormente indicados, delatando los planes y programas de acción terrorista llevados a la práctica por los integrantes de la mencionada asociación anti-dominicanista ‘La Nueva Trinitaria’, orientando al mismo tiempo el camino que llevó a la autoridad investigadora para la determinación de los demás integrantes de esa banda de malhechores, en franca violación de los artículos 434 de nuestro Código Penal, Ley 1443, publicada en la Gaceta Oficial No.6641, del 16 de junio de 1947, violando además los artículos 87 y 89 del Código Penal vigente, estableciéndose además, como demostraron las pruebas del proceso, que sustentaban la aspiración de provocar un cambio en la forma de Gobierno establecida por nuestra Constitución Política. “Para la mejor ilustración de Su Excelencia, me permito, muy respetuosamente, remitirle una copia de la providencia calificativa, y del dispositivo de la sentencia que acaba de pronunciarse en este caso”. Fechada la comunicación al “Ilustre Jefe” el 14 de noviembre de 1959, en Ciudad Trujillo, Distrito Nacional, bajo la Era de Trujillo. La providencia calificativa evacuada por el Juez de Instrucción de la Segunda Circunscripción del DN, consignaba “el auto declinatorio del Juez Presidente del Tribunal de Menores, en virtud del cual envía a los procesados Roberto Carlo Gómez y Julio Evelio de los Santos Aguasvivas (a) Velín, por considerar que los mencionados más arriba, habían obrado con discernimiento y en perfecto uso de sus facultades mentales y volitivas”. Ambos tenían 17 años de edad y fueron juzgados como adultos, junto a los demás imputados. La referida Ley 1443, “prohíbe las agrupaciones comunistas, anarquistas y otras contrarias a la Constitución”. Conforme la providencia, “a los acusados les fue encontrada una gran cantidad de folletos o boletas de propaganda subversiva con el título de ‘Pronunciamiento de La Nueva Trinitaria’”. Indicándose “que el acusado Ildefonso Güemez Naut (a) Foncito, confesó que estos folletos eran preparados e impresos en el mimeógrafo del Colegio San Juan Bosco, por el seminarista Máximo Báez Draiby a espalda de los directores de dicho plantel”. En la audiencia, el fiscal actuante lamentó que no existiera la pena de muerte en nuestro Código, para pedirla en el caso de estos criminales. A raíz de este episodio, el teniente coronel John W. Abbes García, jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), se dirigió mediante oficio 09761 del 18 de noviembre del 59 al Secretario de Estado de la Presidencia, recomendando un ascenso al celador de Aduanas, “llegada la ocasión propicia y oportuna”, en consonancia “con las normas de estímulo administrativo, que a diario nos traza con su ejemplar acción Gubernativa el insigne Padre de la Patria Nueva”. Debajo de la fachada de legalidad se ocultaba la práctica siniestra del régimen, elevada al máximo exponencial por la mente maquiavélicamente enfebrecida de Abbes García. Un mofletudo antiguo cronista deportivo y dirigente del Comité Olímpico y la Comisión Hípica, aparentemente inocuo, arrimado a Nene Trujillo, hermano menor del dictador. Habitué de las animadas tertulias en El Conde celebradas en la farmacia del Lic. Humberto Gómez Olivier, Director de Deportes. Metamorfoseado a jefe de inteligencia y represión, de altos quilates internacionales, cerebro de operaciones magnicidas contra el coronel Castillo Armas en Guatemala y el presidente Betancourt en Venezuela. Propulsor de la potente Radio Caribe que ripiaba verbalmente a los antagonistas de Trujillo en la región, a los obispos “virados” a raíz de la Pastoral del 60 y coqueteaba con los países del bloque soviético, cuyas relaciones comerciales y diplomáticas buscó en medio de la cuarentena hemisférica implantada por la OEA. La huída de Batista y el triunfo de Fidel le sorprendieron en La Habana, orquestando suministros de armas dominicanas a la dictadura en desbandada. Capturados por el SIM los primeros 9 integrantes del grupo de los “incendiarios” la noche del 8 de noviembre del 59, faltando los 3 restantes que serían apresados en la Frontera intentando cruzarla, se produjo en La 40 el siguiente diálogo entre Abbes y otros jerarcas, tras el interrogatorio con golpes y pase por silla eléctrica incluidos. Johnny: “Bueno, nosotros no vamos a averiguar mucho con esta gente. Aunque faltan tres, vamos a proceder inmediatamente. Sáquenlos al patio. Yo tengo la orden del Jefe de proceder.” Ante lo cual Cholo Villeta cuestionó: “¿Y vamos a hacerlo sin estar el Jefe debidamente enterado?” Recibiendo por respuesta: “Sí, yo tengo órdenes precisas del Jefe de actuar tan pronto los agarráramos.” Replicando Cholo: “Pero el Jefe no sabía que son unos muchachos”. Un tercer interlocutor, quien permanecía sentado observando la escena, se incorporó para intervenir en este diálogo crucial: “¿Y Ud. se atreve a proceder sin que el Jefe esté enterado?” Entonces Abbes convino, dirigiéndose a Villeta: “Vaya Ud. mismo a informarle al Jefe”. Se trataba del general Fernando Sánchez hijo, conocido familiarmente como Tunti, criado en el barrio en casa de sus padres el general Fernando Sánchez y la respetada diva lírica Julieta Otero, jefe de estado mayor de la Aviación Militar y brazo derecho de Ramfis. Acompañado por el coronel Gilberto Sánchez Rubirosa, Pirulo, un asiduo entusiasta en estos actos extractivos de confesiones y de finiquito de los expedientes opositores. La suerte estuvo ese día del lado de los muchachos, algunos de los cuales ya no lo eran tanto superando los 20, con Casado Soler actuando como arcángel, por encima de los 40. Informado Trujillo por Villeta mientras realizaba su caminata nocturna en el Malecón, al enterarse de que no se trataba de una banda terrorista internacional sino de un grupo de adolescentes de la Francia y San Juan Bosco, ordenó terminante a Cholo: “Dígale a Johnny que cuidado si me mata a esos muchachos, que lo mato yo a él” -tal le contó el coronel Tomás Flores, presente en la caminata, al padre de Víctor Núñez Keppis, su vecino de la Martín Puche. Situados en el paredón del patio de La 40, a la espera de la decisión del Jefe, los complotados se enteraron por boca del sargento Reyes, alias Manota, quien recibía un especialismo por cada expediente “resuelto”. Paseándose ante la fila de los esposados, el célebre personaje exclamó: “Coño, qué lecheros son, qué lecheros. Yo esperaba unos cuartos con esta vaina. ¡Oh, dice el Jefe que ustedes sirven!”. Un temerario Núñez Keppis, quien se la llevó al vuelo, le espetó: “¿Se equivocó?” Mientras Manota se retiraba refunfuñando: “!Oh!, y ustedes me van a joder a mí”. Tras una semana en el infierno, los 12 –catequizados por la prédica salesiana de Enrique Mellano que enfatizaba valores patrios y principios morales solidarios, amén del sentido compromisario de la orden con la juventud obrera- serían trasladados al purgatorio de La Victoria. Allí, el jefe del presidio coronel Horacio Frías, dueño del edificio situado en la Puche con Cachimán, al lado de Núñez Keppis, recibió al contingente, ubicándolo junto al grupo de los “bomberos”, entre ellos Pichi Mella Peña –mi querido vecino de La Trinitaria-, Tony Barreiro y mi primo José Manuel Pacheco Morales, el entrañable Pilón. El coronel Frías reconvino a su antiguo vecino: “Vitico, carajo, te metiste en camisa de once varas. Si no me dicen nada, no hay problema. Pero si me dicen, zuap, te jodiste” –señalaba al tiempo que pasaba su alargado índice por el cuello. Así fueron, hace ya 55 años, las Navidades de 1959 para mis amigos del barrio, que sería ocupado por efectivos del SIM auscultándolo todo, hasta el pensamiento. Yo cumpliría 12 años, con Estrada Malleta en la acera de mi casa. Mientras, en las calles de Ciudad Trujillo, la vida proseguía “su agitado curso”, como remachaba Rodriguito al cierre del esperado Suceso de Hoy de su radiofónico Informador Policíaco. Un despertador inescapable de la acostumbrada siesta meridiana.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Barrio de Rebeldía Incendiaria

CONVERSANDO CON EL TIEMPO| 06 DIC 2014, 12:00 AM|POR DIARIO LIBRE Barrio de Rebeldía Incendiaria Escrito por: Jose del Castillo
Casa Vapor. Fernandito Aznar, mi compañero de barrio, vivía junto a su hermana Montserrat en la avenida Francia 10, en la planta baja de un edificio de cuatro apartamentos. Su padre madrugaba para ir en bicicleta al mercado de La Antena y adquirir frutas y víveres para un quiosco que suplía al vecindario. A las 7:30 debía estar en su taller de carpintería y ebanistería. Este catalán nacido en Gerona llegado al país en 1940 como emigrado de la guerra civil española, tras pasar por un campo de refugiados en Francia, retornaba a su hogar al mediodía para regresar a las 2 en su trabajo. En el camino llevaba al hijo a Bellas Artes, pedaleando bajo la quemante canícula, para que recibiera clases de pintura del maestro Prats Ventós, refugiado catalán. Ocupando el otro apartamento del primer nivel, vivía Gonzalo Güemez, un incansable vasco nacido en Bilbao que operaba en igual ramo industrial, socio de Aznar en el taller, como Pascual Palacios. Tenía una camioneta y era de poco hablar. Negoció frutos y maderas desde San Juan en dos camiones y tuvo un percance con un La Salle de Trujillo al servicio de Ramfis. Cogió cárcel y debió vender sus vehículos para reponerle uno nuevo. Padre de los Güemez Naut, Ildefonso (Fonsito), Gonzalito y Sara Aurora, procreados con la profesora Fior Naut –fundadora de la primera Escuela de Economía Doméstica de San Juan de la Maguana y repostera. El inquieto Fonsito fue la cabeza articuladora del osado grupo de 11 jóvenes Nueva Trinitaria: Víctor Núñez Keppis, Frank Pratt Pierret, José Vidal Soto (Anguito), Rafael Martínez Espaillat (Chino), Roberto Carlos, Melquíades Cabral Jiménez, Julio Santos Aguasvivas (Evelín), Braulio Montán, Luis Manuel Soriano Tatis, Máximo Báez Draiby, asesorados por el profesor Casado Soler. Que retó a una cuadra del Palacio al bestial aparato de terror de Trujillo dirigido por Abbes García. Descubierto hace 55 años, el 8 de noviembre, tras meses de acciones temerarias que mantuvieron en vilo a los servicios de inteligencia. Apresados sus miembros y llevados a La 40. Recluidos en La Victoria por 9 meses. El sector donde se fraguó esta hazaña tenía ciertas características especiales. Era el hábitat de señeros arquitectos e ingenieros del régimen, como Henry Gazón, residente en su Casa Vapor, constructor de obras públicas y del Monumento a la Paz de Trujillo en Santiago, y del famoso Castillo del Cerro que le hizo caer en desgracia. Guido D’Alessandro levantó el Palacio Nacional y otras obras,formó familia con Carmen Tavares, hija de Isabel Mayer, gobernadora y senadora, desde cuya residencia montecristeña se dice salió la orden de Trujillo para iniciar el Corte del 37. Sus hijos fueron como mis hermanos: Aldo, asesinado en 1960 en La 40, Alfredo, Carmen Edda, Leonardo, Niní, Armando y el entrañable Yuyo, concuñado de Ramfis. Asqueado ante la vesania criminal de Ramfis durante los fusilamientos de junio del 59, decidió junto a su tío Manolo Tavares y Minerva, Leandro Guzmán y Ma. Teresa, en un encuentro en su hogar en la Delgado en enero del 60, formar una agrupación clandestina para derrocar a Trujillo. Develado pronto el complot, fue buscado por todos los confines. Salvó escapando en un crucero turístico que tocó puerto aquí. Frente, residía en una agradable mansión Alma Mclaughlin Simó, paciente novia por décadas y luego esposa del presidente Héctor B. Trujillo. Al lado suyo, sus padres, a la cabeza el coronel Charles Mclaughlin, responsable de la Compañía Dominicana de Aviación (CDA), en la que laborarían como pilotos Wimpy –implicado como agente americano en el complot para liquidar a Trujillo-, Gerald Murphy, asesinado por su rol en el traslado de Galíndez en 1956. Como Octavio De la Maza, en una operación de limpieza. Haciendo esquina con la Cachimán, vivía apacible el coronel retirado Luis Beras Fernández, padre de Horacito, quien pasaba la mayor parte del tiempo en su galería. A una cuadra de Alma, habitaba la familia Cambiaso, con Juan Bautista (Molusco) ocupando un alto rango en la jefatura militar. Frente a su casa, el odontólogo José Enrique Aybar, fundador en 1937 de la Guardia Universitaria, catedrático y alto funcionario de la Universidad, donde fue vicerrector y rector, presidente de la Junta Central Directiva del “glorioso” Partido Dominicano. Llamado el Goebbels criollo. Perdió la vida en su casa durante la ocupación americana del 65, de manos de un marine en un confuso incidente. A una residencia de por medio, se hallaba la del general Fernando Sánchez, quien ocupó en los 30 la jefatura del EN, casado con la gran diva Julieta Otero, padre del general Tunti Sánchez, jefe de estado mayor del EN y la AMD, brazo derecho de Ramfis. Hermano del dramaturgo, poeta y productor de TV Freddy Miller Otero, desaparecido al final del régimen. En la esquina San Juan Bosco con Martín Puche la casa de dos plantas del coronel Tomás Flores, hermano del compositor Pedro Flores, oficial de los marines que quedó en el país y mantuvo con orgullo su uniforme con pantalones abombados, botas altas lustrosas, camisa kaki, corbata y sombrero alón de fieltro. Muy querido, patriarca de familia de primerísima calidad profesional y humana. Al lado, familiares del general Fausto Caamaño, figura militar del régimen. A seguidas, Eliseo de Peña Durán, subdirector de la división de televisión de La Voz Dominicana, esposo de Esthervina Tactuk y padre de Macky, Katia y Mirna. La laboriosa familia Mangual. Cerca, Manolín Goico Castro, padre de Píndaro y sus hermanas, director de la Cédula, presidente de la Asociación de Abogados, intelectual frecuente en la tribuna del Trujilloniano y el Partido Dominicano. Como el Dr. José Ángel Saviñón, quien vivía en la Francia, alto funcionario aquí y en el exterior. En los 30 y 40 –tal Marrero e Incháustegui Cabral- tuvo inquietudes socialistas. Otra figura lo era el Lic. Ernesto Suncar Méndez, catedrático de Derecho Constitucional. En la Cachimán, los Alix. La querida Cufeta –descendiente de Billini-, sus hermanas e hijos, con Toñito al frente. La familia Oviedo Landestoy –con el amable don Ernesto como gobernador de Azua-, José Ernesto, Carlos y Aurorina, los hijos de Bethania. Don Pepito Pimentel y Anacaona, almacenero padre de Josefina, nuestra pasada ministro de Educación y Pipito. La familia Bonilla, los Pérez, los Cruz. Ya en la San Francisco, don Luis Tirado y sus hijos Luisito, Gustavo y César. Los Carlo, con nuestro conspirador Robert, sus hermanos Lillian, diva lírica, Tito, piloto de la AMD, en Barahaona cuando el complot fue develado. Nuestro Fernando Casado y su madre. Vivía en la Francia don Pupo Cordero, dueño de la HIG, padre de Mac y Jesús. Los Schotborgh Nadal y Fillo Nadal. La familia Catrain Bonilla, cuyo padre funcionario del IDSS, con Francisco, Pedro y Alfonso. Mariano Defilló, de la Cervecería, su esposa Celeste Ricart y sus hijos Marianito y Damaris. La familia Ortega Peguero. Los Rímoli. Tongo Sánchez, profesor de Filosofía, mantenía una peña con Carlos Sánchez y Sánchez, Cundo Amiama, José Aníbal Sánchez Fernández y Mieses Burgos. El compositor Pancho García y sus hijos Rafelito y Chan. La familia Pumarol, con Moncho y Felipe, casa que luego ocupó Guillo Pérez. Los Saneaux. Familias Martínez Espaillat y Vidal Soto, con hijos implicados en la trama. Los Simó, tíos de Alma. Casado Soler. Encima de Güemez Naut, al lado de Casado, enfrente de Chino Martínez y a dos casas de Anguito Vidal, el mayor Candito Torres Tejeda, jefe de operaciones y subdirector del SIM, quien dirigió el plan para asesinar a las Mirabal, visitado por Cholo Villeta, con hermana en la cuadra. En la Martín Puche iniciaba la Reid & Pellerano de Donald Reid Cabral y los hermanos Pellerano, vinculado el primero al complot que liquidó a Trujillo. Al lado, Lic. Pircilio Pimentel y doña Lola, y sus hijos Bienvenido, Teresa, Marina y Margarita. Los del Castillo Pichardo. La familia Leites Campos, con Abelardito y Berto, sobrinos del cineasta Rafael Campos y del expedicionario de junio Campos Navarro. Más allá, doña Tata Román Fernández, hermana del general Pupo Román Fernández, secretario de las FFAA, asiduo visitante, y las hermanas Gómez Román. Encima, el hogar de Elías Arbaje –administrador de El Caribe-, su señora e hijos Junior y Alicia. José Aníbal Cruz, el hombre de las inyecciones, y Venecia García, con José Anibita, Charina, Venecín, Mayra, Yoyó. Los Stamer, parientes de los Lockward de Puerto Plata. La familia Núñez Keppis, el padre antiguo oficial de la Policía Municipal de Horacio Vásquez y la madre Caridad, Víctor el complotado y su hermano. En la esquina los Olmos, con doña Mercedita, educadora que levantó un familión de calidad. Un barrio así, pegado al Palacio y con la residencia de Alma en su corazón, debía ser ocupado teatralmente por efectivos del SIM, al estilo nazi, como en el sector judío de Varsovia. La intentona conspirativa se fraguó en el edificio donde residía el jefe de operaciones de la inteligencia del régimen. En un barrio habitado por guardias de jerarquía, altos cargos civiles, a un paso del cuartel general del siniestro servicio de espionaje y represión. Con el Laboratorio de Química y el mimeógrafo del Colegio Don Bosco, tan dotado, como toda la orden salesiana, por el dictador y dador. Con un seminarista casi cura, Báez Draiby, multicopiando panfletos que corregía el profesor Casado Soler en las narices de Candito. El castigo por esta “afrenta” implicó a don Gonzalo Güemez -ajeno a los ajetreos conspirativos de su hijo-, quien fue deportado a España. En 1961 Fonsito fue a estudiar a Madrid, donde residió hasta 1968 y cursó tres carreras: Ciencias Políticas en la Complutense, Diplomacia en la Escuela Diplomática, y Sociología en el Instituto Social León XIII de la Pontificia Universidad de Salamanca. Con estos saberes como herramienta ha sido un destacado ejecutivo y profesor universitario en la UASD, así como funcionario de la Cancillería. Todos en el barrio caímos bajo sospecha…

Sobre diez artículos de Luis Gómez

Sobre diez artículos de Luis Gómez Areíto sábado 6 de noviembre, 2014 Por FIDELIO DESPRADEL 06_12_2014 Areito 6 dic Areíto5 Luis Gómez, con quien he mantenido una relación de respeto desde noviembre de 1961, cuando por fin nos conocimos, en ocasión de un viaje clandestino que realicé a Caracas, concedió diez entrevistas al periódico Hoy realizadas por la magnífica reportera Ángela Peña, donde trata algunos temas que me veo obligado a comentar. Muchos de los episodios que trata en sus diez entrevistas son objeto de amplio análisis en el primero de tres tomos de mis Memorias, que se publicarán en breve, pero hay algunos aspectos que es necesario que los comente en este espacio, cedido gentilmente por la dirección de HOY. ADVERTISEMENT Luis hace un recuento de su vida como político revolucionario, lo cual es legítimo y encomiable, pero incursiona en algunos aspectos que requieren clarificación: Salta a la vista que Luis omite una referencia (aunque fuera breve) sobre el 14 de Junio y la dirección elegida en la Asamblea del 29 de julio de 1961. Aquella Asamblea se realizó a contrapelo y con la oposición de la Unión Cívica Nacional (UCN), cuyos planes (que eran los planes de la oligarquía dominicana y del gobierno norteamericano) eran los de capitalizar la lucha contra Trujillo, transformándose luego en un gran partido, y con ese prestigio, ganar las elecciones que tenían programadas para diciembre de 1962, dominando así el ejecutivo, el congreso y los delegados a la constituyente. La Asamblea se celebró, a pesar de que los “cívicos” desplegaron grandes esfuerzos para convencer a los responsables del 14 de Junio de no convertirse en partido político. En dicha Asamblea, algunos de los presentes propusieron que solo se postularan nombres de catorcistas que estuvieran en el país, a sabiendas que, con ello, impedían que Luis Gómez y Pipe Faxas, revolucionarios identificados con Manolo, fueran elegidos en esa dirección. La Asamblea se realizó y la directiva del 14 de Junio quedó integrada por los doctores Fernández Caminero, Asela Morel y Tabaré Álvarez Pereyra; por Manolito Baquero, Rafael Albuquerque Zayas Bazán, Moncho Imbert y Miguel Lama Mitre. Y además, por Manolo Tavárez, Leandro Guzmán, Vinicio Echavarría, Félix Germán, Alfredo Manzano, Josué Erikson y Miguel Vásquez Fernández. Los siete primeros, que estaban identificados con la UCN y sus planes, nunca pisaron el local del 14 de Junio que no fuera para llevar recados o propuestas de UCN a la dirección del 14 de Junio y para persuadir a Manolo para que aceptara una de las vicepresidencias de la UCN. Manolo contaba, entonces, tan sólo con seis miembros leales, y Luis sabe que de estos, Félix Germán fue el mentor y cabeza del llamado “Partido 14 de Junio” (noviembre-diciembre 1962), y que Alfredo Manzano fue expulsado por graves faltas disciplinarias. Manolo, que poseía una alta capacidad de dirección, sabía que con una dirección tan enclenque, con la mitad de sus miembros identificados con los objetivos de la oligarquía dominicana, del gobierno norteamericano y la UCN, era imposible concebir y ejecutar el compromiso político que su generación de revolucionarios había asumido (siguiendo el ejemplo de la Raza Inmortal). Actuando en consecuencia, desde el mes de octubre-noviembre de 1961, Manolo fue cooptando a Juan Miguel Román, Roberto Duvergé, Máximo Bernal, Emilio Cordero, Fidelio Despradel, Tomasina Cabral, Papi Viñas y Baby Mejía, a unos designándolos miembros de aquel enclenque comité, y a otros en lo que Luis denomina “infraestructura”, que se empezó a estructurar desde finales del año 1961 con la participación de Leandro y Vinicio Echavarría (que habían sido elegidos en la Asamblea de julio), y con la mayoría de los hombres que Manolo había ido cooptando. En su amplia exposición, a través de diez entrevistas, Luis se empeña en atribuirle a Fidelio Despradel la idea y formación de la infraestructura, y lo que constituye una evidente manipulación, en dos de esas entrevistas, Luis le atribuye a la infraestructura “sustituir la capacidad política del 14 de Junio y neutralizar a una buena parte de los dirigentes principales (…) era (la infraestructura, F.D.) una institución dentro del 14 de Junio que frustró lo que era la actividad política cotidiana.”(sexta entrevista) Pero ¿a qué dirección se refiere Luis cuando habla de sustituir “la capacidad política de la agrupación y neutralizar una parte de sus principales dirigentes”? Porque resulta que la llamada dirección era la elegida en la Asamblea del 31 de julio, y esa era una dirección que nunca operó como tal, y que siete de sus integrantes (la mitad) nunca asumieron su rol como tales dirigentes. Pero si Luis a los que se refiere era a aquel grupo de revolucionarios que Manolo, con su autoridad, cooptó y colocó en posiciones de responsabilidad, entonces, sencillamente, es un contrasentido hablar de “neutralizar a una buena parte de los dirigentes principales”. Hay un elemento común entre el conjunto de hombres y mujeres que nos han adversado a mí, a Juan Miguel Román, Roberto Duvergé, Hipólito Rodríguez, Sóstenes Peña Jáquez, Baby Mejía, Homero Hernández y al conjunto de esa porción del ala revolucionaria del 14 de Junio, y ese elemento es que terminan presentando a Manolo, que era un gigante, como un ingenuo y como una persona de personalidad débil, ajeno a “los manejos” de “los malos”; como una persona manipulable, sin carácter, capaz de dejarse “empujar” a la epopeya guerrillera y otras aventuras, como la llamada “infraestructura” de Fidelio. Por otra parte, su afirmación de que ello “frustró la actividad cotidiana” de la organización, es un desliz de Luis. La actividad política cotidiana del 14 de Junio siempre fue abrumadora; abarcaba todo el país y tenía a Manolo y a quienes lo acompañábamos, como sus activistas principales, trabajando de “sol a sol”, todos los días, incluyendo los domingos, en actividades públicas y transparentes. Parece que Luis leyó superficialmente la parte del informe de Manolo a la Asamblea del 8 y 9 de diciembre, cuando este se autocriticaba por la reducción del trabajo político, y no se percató Luis, porque leyó esos párrafos con ideas preconcebidas, que Manolo se refería a los últimos meses del año 1962, cuando tuvimos que adoptar un conjunto de actitudes defensivas, para contrarrestar la feroz persecución del Consejo de Estado, y cuando disminuyó la combatividad y circulación de nuestro periódico 1J4, precisamente, porque uno de los mentores del llamado “Partido 14 de Junio” lo era Félix Germán, director del periódico, quien desde mediados del año 1962 se fue apartando de la línea revolucionaria del partido.

El sentir y el sentido de la acción anticorrupción

PANCARTA El sentir y el sentido de la acción anticorrupción
Raúl Pérez Peña (Bacho) lasmanaclas@gmail.com Faltan precisiones, pero la corrupción administrativa aturde al más tranquilo cuando se citan cifras inverosímiles al intentar la aproximación al monto del escarnio con los recursos públicos. Todavía la corrupción estaba en pañales el día que Leonel Fernández la cuantificó en 30 mil millones anualmente. Imagínese, si la mente le alcanza, la multiplicación en estos tiempos en que sigue el control gubernamental en las mismas manos. Alguien dijo que ese monto presente alcanzaba para hacer otro país. Aunque nadie ha refutado ese estimado, lo cierto es que la corrupción es escandalosa y que se siente, se siente... En varios artículos he dicho que RD anda peor que en 1961 y años siguientes, luego de que a Trujillo de dieron su merecido. La corrupción entronizada tras el golpe de Estado que derrocó a Juan Bosch en 1963 era muy inferior a la presente en cuanto al descaro de sus protagonistas. Sin embargo, aquella se tornó irresistible y explosiva ya en 1964, con el desenlace que registró la historia abrileña. Tras cinco décadas se dirá que el país se mueve todavía. Pero es temerario prevenir el futuro, pese a la creciente fábrica de millonarios, faltando 30 años para el vaticinado 2044, cifrado “culminante” del régimen morado. No obstante, en esta cotidianidad dramática la corrupción se siente, se siente. Por las distintas latitudes sienten fuertes vientos de corrupción. Por esos vientos de corrupción, el real futuro del país es de “pronóstico reservado”. Esto explica el sentido, la indignación y la pertinencia de la acción anticorrupción. Más allá de tal o cual corrupto “de marca”. Más allá de las millonadas no explicadas por la OTAN morada, con su impunidad avasallante, algo huele mal y no precisamente en Dinamarca, ni en Duquesa. Basta con evocar a Pedro Mir para recrear este país “oriundo de la noche”. Este país “No alcanza para quedar dormido. Es un país pequeño y agredido. Sencillamente triste, triste y torvo, triste y acre. Ya lo dije: sencillamente triste y oprimido”. Las fortunas mal habidas, sus plataformas y la ostentación a pleno sol del día constituyen una violencia sistematizada por un poder impune, aunque se sucedan sus titulares. Entonces, la acción anticorrupción radica en un pueblo que “no alcanza para quedar dormido”.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

La Nueva Trinitaria en La 40.

CONVERSANDO CON EL TIEMPO|29 NOV 2014, 12:00 AM|1| POR JOSÉ DEL CASTILLO La audacia de los nuevos trinitarios
La Nueva Trinitaria en La 40. “Derrocar por todos los medios a su alcance el régimen de opresión y sangre establecido en la República Dominicana por Rafael Leónidas Trujillo desde el año 1930”. Así iniciaba el programa del Movimiento de Liberación Dominicana (MLD) que organizó desde Cuba las expediciones libertarias del 14 y 20 de junio del 59, que desembarcaron 198 combatientes. De los cuales apenas sobrevivieron seis, diezmados sus contingentes por la metralla y el napalm de una fuerza contraria supernumeraria, las bestiales torturas en La 40 y el 9, los fusilamientos in situ o en el CEFA, en una suerte de Circo Romano montado por Ramfis para disfrute de su ego enfermizo y el de sus conmilitones: “Los fusilo para dar un ejemplo a las Fuerzas Armadas, pero primero los hago torturar para dar un ejemplo a mis amigos de lo que les espera si algún día me traicionan”. Todo comenzó con la entrada triunfal de Fidel Castro a La Habana el 8 de enero del 59, tras la huida vergonzosa el 31 de diciembre del dictador Fulgencio Batista con destino a Ciudad Trujillo. Un año antes en Venezuela el general Pérez Jiménez había sido derrocado refugiándose en nuestro país, asumiendo una junta presidida por el contralmirante Wolfgang Larrazábal, con raíces dominicanas. Inicio de una sucesión de eslabones solidarios impulsados por la Unión Patriótica Dominicana de Venezuela –envío de un avión con armamento a Oriente en apoyo a los “barbudos” a cargo de Enrique Jiménez Moya, compromiso durante su visita a Caracas de Castro y Betancourt para apoyar al exilio dominicano- que culminaría con la formación del MLD y el Ejército de Liberación Dominicana comandado por Jiménez Moya, con grado de capitán alcanzado al incorporarse al Ejército Rebelde. El sacrificio de los hombres de la “Raza Inmortal” abonó el camino de la libertad, al marcar el inicio del fin al régimen de Trujillo, sembrando la semilla de la rebeldía. Así lo entendieron los muchachos de mi barrio Ildefonso Güemez Naut (Fonsito)y Víctor Núñez Keppis, estudiantes entre los 17 y 18 años, cuando se vieron las caras tras culminar las operaciones de contrainsurgencia en la primera quincena de julio. Cuando la ciudad era un solo hervidero de sórdidos rumores que daban cuenta de las atrocidades cometidas contra los “barbudos” o “invasores” en San Isidro, como se les identificaba en los medios oficiales. Antes que Don Paco Escribano escenificara en el teatro Julia su obra “Cero Invasión”, haciendo él de campesina represiva. “Bueno, ¿y ahora qué? Nosotros, ¿qué vamos a hacer?”. Esa fue la pregunta espoleta de la granada reflexiva que los amigos se hicieron. La idea, formar un grupo de activistas que ayudara a derrocar la tiranía, articulado en células de 3 miembros al estilo La Trinitaria, inspirado en el ejemplo patricio de amor a la libertad de Duarte, Sánchez y Mella, estimulado por la hazaña de Fidel, recogiendo el ejemplo de los expedicionarios de junio. Aparte del barrio (comprendido por la San Juan Bosco, Francia, Dr. Delgado y 30 de Marzo, con el corazón en la Martín Puche), el Colegio Don Bosco sería un referente unificador. Florencio Gómez –seminarista salesiano que estudiaba en Cuba- había regresado al país en esos días y fue fuente de experiencias sobre métodos de organización y de lucha en esa isla. Una conversación entre Güemez, Núñez Keppis y el seminarista, sostenida en el Malecón frente al Jaragua, definió un curso de acción. El próximo paso fue reclutar al estudiante de Medicina Frank Pratt Pierret, compañero de bachillerato de Güemez de sensibilidad antitrujillista y asiduo del barrio, hijo del mayor retirado del Ejército Leovigildo Pratt Guzmán y de la puertoplateña Mercedes Pierret Villanueva –hermana de Florencia, ambas ligadas de por vida a la educación musical-, quien residía junto a su familia (José Goudy, Milagros y Bernardo) en la Gaspar Hernández próximo a la Barra Payán, redondeando la primera célula de La Nueva Trinitaria. Un vecino de Güemez en la Francia, el profesor Ramón Rafael Casado Soler –ligado al Colegio Muñoz Rivera y quien operaba en su hogar una escuela de superación personal durante las vacaciones escolares a la que yo asistía-, fue el cuarto a bordo. Consultado para que corrigiera el primer panfleto elaborado por la célula opositora, quedó así comprometido. Frisaba los 41 y doblaba el promedio de edad de los “nuevos trinitarios”, que se moverían entre los 16 y 21 años, predominando los teen. Con temor y reclamando precaución, el señero civilista forjador de conciencias libres que fue Caneiro, quien vivía con su dulce madre, aceptó el reto patriótico. Doblemente riesgoso, ya que al lado de su casa, en la segunda planta del apartamento que ocupaba la familia Güemez Naut –formada por un laborioso republicano español empresario de la ebanistería y una reconocida educadora sureña- residía el mayor Candito Torres Tejada, jefe de operaciones del temible Servicio de Inteligencia Militar (SIM). En la cárcel compuso El Regalo Mejor ( Celebro tu cumpleaños ) en obsequio a uno de los jóvenes complotados cumpleañero. Un quinto contactado fue Manuel Soriano Tatis (el Gordo), estudiante del Colegio Don Bosco de 18 años, quien residía en la Dr. Delgado con San Juan Bosco en casa de su tía Ramona Paniagua. A seguidas, mi profesor de inglés en dicho colegio, el salesiano cubano Nelson Carrillo, quien dirigía el cántico colectivo en las misas diarias en la iglesia. El carismático Carrillo, alegando “soy sacerdote y no puedo meterme en actividad política”, derivó hacia el seminarista casi cura Máximo Báez Draiby, quien asistía al padre Vicente en las clases de Química con las prácticas de laboratorio. Con acceso franco a materiales claves en los planes de los conjurados y al mimeógrafo utilizado para reproducir los panfletos. Pelirrojo a quien llamábamos “Caco de locrio”, ya en solitaria en La Victoria, recibió una madrugada la infausta noticia del asesinato de su padre, el Lic. Báez Kelmer, de boca del tenebroso Johnny Abbes, acompañado de Candito Torres y Clodoveo Ortiz. “¿Cuál es Báez?” –preguntó mientras sacaban de sus celdas a los muchachos. Al identificarse, le espetó: “Ya ustedes no vuelven a quemar más. A tu papá nos lo tiramos esta noche”. Aparte los panfletos, el tipo de acción adoptado que los singularizó –ganándoles el sobrenombre de “incendiarios”, como “bomberos” a los miembros de otro grupo develado que colocaba bombas- fue el de provocar incendios nocturnos en días feriados en oficinas gubernamentales, a fin de impactar políticamente sin ocasionar pérdidas humanas. Así se sucedieron fuegos exitosos durante varios meses que desesperaron a los servicios de seguridad. “Jefe, se trata de una célula terrorista internacional altamente entrenada infiltrada en el país”, habría justificado Abbes su inoperancia. Lo cierto es que resultaron “muchachos” –como diría Trujillo cuando Cholo Villeta le reportó en medio de su paseo nocturno por el Malecón la captura de los “incendiarios”. “Oigan esto señores, qué mierda de seguridad yo tengo. Párese ahí y dígalo duro. Un grupo de muchachos de la Francia, la Puche…, más guapos que todos estos mierdas. Dígale a Johnny que ¡cuidado si mata un muchacho de esos!”. La presencia del coronel Flores, fundador del barrio, quizá pudo ayudar. Los temerarios habían pegado fuego en la Cámara de Cuentas (ubicada entre el Malecón y la Avenida Independencia cerca del futuro Hotel San Gerónimo), la Dirección General de Suministros del Estado (donde funciona Bienes Nacionales), la Secretaría de Obras Públicas (blanco alternativo al desistir del intento en el local del DN del Partido Dominicano en la San Martín, hoy Color Visión), y la Secretaría de Estado de Justicia, en la Feria. Un quinto objetivo se frustró la noche del 8 de noviembre de 1959, cuando cuatro miembros del grupo se propusieron pegar fuego a los depósitos de Aduanas en la Feria, por los lados de la actual O&M. La detención esa noche de Rafael Martínez Espaillat (Chino, nieto de Dilia del Castillo, prima de mi padre) inició la captura en cadena de los 12 miembros de la red. Núñez Keppis, Frank Pratt, Melquíades Cabral Jiménez, Casado Soler, Julio Evelio Santos Aguasvivas (Evelín), Soriano Tatis, Báez Draiby y Braulio Montán, fueron recogidos por los cepillos del SIM (VW escarabajos) y trasladados al centro de interrogatorios y tortura de La 40. Los últimos serían Ildefonso Güemez, Roberto Carlo Gómez y José del Carmen Vidal Soto (Anguito), apresados el 10 de noviembre en Elías Piña tratando de cruzar la frontera, por campesinos con machete que los entregaron a la fortaleza. En La 40, con las rutinarias golpizas y el pase por la silla eléctrica, serían interrogados por Johnny Abbes, Tunti Sánchez, Sánchez Rubirosa, Candito Torres, Cholo Villeta, Clodoveo Ortiz, Flicho Palma, Lavandier, Del Villar, el Sargento Reyes (alias Manota), con la asistencia del escribiente legal, Lic. Faustino Pérez. Tras una semana en este centro de suplicios fueron trasladados a la cárcel de La Victoria. Sentenciados a 30 años de prisión e indemnización de RD$1 millón por daños, los integrantes de La Nueva Trinitaria, pioneros en la resistencia antitrujillista inmediatamente posterior a las expediciones de junio del 59, serían indultados el 14 de julio de 1960. Como parte de la política del régimen, ante reclamos de la Iglesia Católica, cuya famosa Carta Pastoral conmovió a la nación (“no podemos permanecer insensibles ante la honda pena que aflige a buen número de hogares dominicanos...a los sufrimientos que afligen ahora a los corazones de tantos padres de familia, de tantos hijos, de tantas madres y de tantas esposas”). Y bajo presiones de la OEA, interesada en la situación de los derechos humanos. Desde enero del 60, cuando fue develado el movimiento clandestino 14 de Junio, las cárceles se habían llenado de jóvenes. De unos valientes que pagaron caro por adelantado el precio de nuestra libertad.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Bosch 63: Evaluación de la CIA

CONVERSANDO CON EL TIEMPO|11 OCT 2014, 12:00 AM| POR DIARIO LIBRE Bosch 63: Evaluación de la CIA
Un memo de la CIA del 7/6/63 evaluó los 100 primeros días de Bosch en términos de seguridad. Sobre las reformas afirmaba: “El Presidente Bosch acertadamente considera que tiene una obligación popular de procurar una transformación radical de las condiciones políticas, económicas y sociales”, mediante “medidas compatibles con la Alianza para el Progreso, de manera significativa a través del incremento de la inversión extranjera privada (en preferencia a la ayuda oficial de EU) y regulaciones que aseguren una distribución de ingresos más equitativa. Para elementos privilegiados en la sociedad dominicana, el programa de Bosch parece claramente comunista. Con razón éste considera que la amenaza más inmediata al logro de su misión es la posibilidad constante de un golpe reaccionario. En tal circunstancia, ha sido increíblemente tolerante con las actividades de organización y agitación de elementos comunistas –en tanto no se dirijan directamente contra él. Alega que tomar medidas enérgicas provocaría una campaña de terrorismo urbano y resistencia guerrillera como la de Venezuela, obstaculizando el logro de sus fines constructivos”. “Entiende que la seguridad de su régimen depende finalmente del apoyo constante de EU, frenando a los militares dominicanos. Es nacionalista, orgulloso y astutamente consciente de la inconveniencia política de aparecer como un títere de EU. No está dispuesto a aceptar fácilmente consejos de EU en relación a su política respecto a las actividades comunistas. El peligro del comunismo no es inmediato, sino potencial. A pesar, es serio. Dada la actual libertad para organizarse y agitar, los comunistas estarán mejor preparados para explotar oportunidades futuras. Si, por ineptitud administrativa, Bosch no lograra satisfacer las expectativas de las masas dominicanas, o si fuera derrocado por un golpe reaccionario, los comunistas estarían en condiciones de tomar el liderazgo del movimiento revolucionario popular.” “Bosch ha pasado la mayor parte de su vida en el exilio. Es de los primeros contrarios a Trujillo, relacionado con la ‘izquierda democrática’ caribeña -el presidente Betancourt de Venezuela, los ex presidentes Figueres de Costa Rica y Arévalo de Guatemala, y el gobernador Muñoz Marín de Puerto Rico. Profesor y escritor, involucrado activamente en conspiraciones contra las dictaduras caribeñas. Sus actitudes políticas están condicionadas por esta experiencia. Ello lo ha preparado para actuar como un elocuente protagonista, pero no como un administrador eficiente de la cosa pública, o como un versado político en la conciliación de intereses políticos. Es un declarado revolucionario contra el orden tradicional en la sociedad caribeña. También un demócrata confeso –pero, como muchos nuevos gobernantes de países que no han conocido un gobierno representativo, su concepto de la democracia se basa en el apoyo de las masas a su liderazgo personal. A la luz de su experiencia caribeña, es muy suspicaz ante cualquier manifestación de oposición, e inclusive no está dispuesto a compartir el poder con colegas de cierto nivel.” Al triunfar con el 60%, doblando a UCN y controlando el Congreso, “hasta donde el proceso electoral confiere autoridad, Bosch tiene manos libres para lograr su propósito. La debilidad de su posición radica en que no tiene un control personal efectivo sobre las FFAA y la PN”. La CIA estimaba como “su logro principal” la nueva Constitución. “De conformidad con sus objetivos reformistas, el tenor de este documento ha sido muy inquietante para los elementos tradicionales privilegiados de la sociedad dominicana. La Iglesia, por ejemplo, se ha sentido ofendida por omisiones y disposiciones que afectan la separación de la Iglesia y el Estado. Cláusulas del borrador original sobre derechos de propiedad y relaciones obrero-patronales han sido modificadas de tal manera que dejan los detalles a una legislación futura”. Pese a mostrar “hostilidad hacia concesiones especiales a corporaciones extranjeras que considera van en detrimento de la soberanía dominicana, espera lograr el desarrollo económico y el mejoramiento social, atrayendo ante todo inversión extranjera privada”. Considera complementaria la ayuda oficial de EU, “una actitud muy rara en América Latina. Espera atraer la inversión privada equilibrando el presupuesto, pagando obligaciones pendientes en el exterior y por medio de un programa de obras públicas a ser financiadas a través de una línea de crédito recién obtenida con un consorcio” (Overseas). “En esto, lo han ayudado grandemente los actuales altos precios del azúcar”. En alusión al Consejo de Estado y a los cívicos, la CIA señala: “Juan Bosch apareció tarde en el escenario político dominicano. Mientras se encontraba seguro en el exilio, otros hombres, arriesgando su vida, soportaron la tiranía de Trujillo, la derrocaron e hicieron posible las elecciones libres que lo llevaron al poder. Como es natural, estos hombres resienten haber sido desplazados, así como las tendencias autoritarias de Bosch. Más aún, muchos de ellos están sinceramente preocupados por el rumbo político de la República Dominicana. La oposición derechista no representa amenaza política para Bosch. Fue derrotada en las elecciones de 1962. El partido conservador –Unión Cívica Nacional- parece se está desintegrando en una disputa entre sus alas derecha e izquierda. El peligro de la derecha para Bosch es que él no tiene control efectivo sobre las FFAA y la PN. Una movida militar para deponerlo podría estar instigada por civiles desafectos, que ven sus intereses creados amenazados por sus programas reformistas, o por la ambición personal de algún líder militar. El principal impedimento de tal movimiento es la reconocida actitud de apoyo de EU al gobierno constitucional.” “Por el momento, Bosch parece estar en buenos términos con el alto mando militar. Se ha comprometido a respetar su control sobre las FFAA y su ‘propina’, y ellos a su vez, a respetar su rol constitucional. Sin embargo, ninguna de las partes puede confiar totalmente en la otra; la relación es cautelosa e incómoda. El planteamiento tentativo de Bosch para la formación de una milicia campesina debe haber provocado algún resentimiento y sospecha entre los militares. Más aún, no está muy claro si el alto mando militar es capaz de controlar a sus subordinados”. Ese mismo día, 7/6/63, el embajador Martin envió un memo desmintiendo lo de las milicias: eran vigilantes para evitar la quema de caña. La CIA indicaba que la PN la controlaba el general Antonio Imbert, “una figura nacional por derecho propio”, que se había visto tentado a tomar el poder “para sí y ha sido disuadido sólo por extremas representaciones de EU”. Acotando que Bosch temía “a la ambición de Imbert, pero no se atreve a quitarlo”. En realidad, el héroe no tenía mando formal y su rango había sido otorgado por ley, siendo Belisario Peguero el jefe policial. Existía “una campaña de descrédito contra Bosch, acusándolo de cripto-comunista, empeñado en establecer una dictadura comunista, o de que su ineptitud conducirá a una toma del poder por parte de los comunistas”. Para la agencia no había evidencia de que fuera comunista. La acusación se infería de la acusación alternativa (la de ser tolerante), “de la cual Bosch sí es vulnerable”. “Sin embargo, la reciente propagación coordinada de este tema, sugiere un esfuerzo deliberado por ganar la aprobación de EU para un golpe militar contra Bosch. Desde que tomó posesión, ha permitido el regreso de un número considerable de líderes comunistas expulsados de la RD por el régimen anterior, el interino Consejo de Estado. Ha permitido completa libertad a estos hombres, entrenados y peligrosos, para sus actividades de organización y agitación –siempre y cuando sus ataques fuesen dirigidos al anterior régimen y no contra él- y en algunos casos hasta ha facilitado esas actividades”. Entre esos “peligrosos” estaba el poeta Pedro Mir. “Confiando en su propia fuerza popular, Bosch no ve ningún peligro para su régimen en esta actividad comunista. Quizá considere que su tolerancia demuestra esta fuerza y el carácter democrático de su mandato. Probablemente acepte alguna ayuda para desacreditar a la sociedad tradicional y algún respaldo potencial para resistir un posible golpe militar. Su propia explicación a su extraordinaria tolerancia es que aplicar la fuerza ante estas inofensivas actividades comunistas sólo provocaría el terrorismo urbano y la resistencia guerrillera como sucede en Venezuela (‘el error de Betancourt’), lo cual haría gran daño a su programa constructivo, cuyo éxito derrotará a los comunistas. No obstante, cuando algunos comunistas se atrevieron a convocar a una huelga de empleados públicos, la reacción de Bosch fue inmediata y efectiva”. Para CIA la reputada fuerza comunista era reducida, con cuatro grupos: 1) Partido Socialista Popular, “comunista ortodoxo”; 2) Partido Nacionalista Revolucionario, “comunista heterodoxo”; 3) Movimiento Popular Dominicano, “pro-castrista dominado por comunistas”; 4) Agrupación Política 14 de Junio, “pro-castrista infiltrado por comunistas”. Sumando “unos 4 mil miembros. Realizándose esfuerzos para agruparlos en un frente unido, pero hasta ahora, la Agrupación 14 de Junio ha evitado ser identificada con las demás”. La agencia concluía: “el Presidente Bosch comprende que la seguridad de su régimen depende finalmente del apoyo de EU para frenar a los militares dominicanos y que su tolerancia de las actividades comunistas es un tema sensitivo. Aunque puede adaptarse a las exigencias de EU en asuntos incidentales, no es probable que prohíba todas las actividades comunistas a menos que se convenza de que significan una real y directa amenaza para su régimen.” El 25 de septiembre, a las 7:22 AM, la CIA telegrafió escuetamente al Secretario de Estado: “PRESIDENT BOSCH HAD BEEN OVERTHROW BY THE MILITARY”. La ola anticomunista abortó el experimento del 63. JFK fue abatido dos meses después.

jueves, 13 de noviembre de 2014

El árbol de Virgilio

El árbol de Virgilio Por Giannella Perdomo Pérez. 13 de noviembre de 2014 - 12:09 am - 2 Comentarios Virgilio no conocía de hacer paradas en el camino de la lucha revolucionaria. Igualmente me lo confirmó Franklin Rancier, su amigo y compañero del faenar político, quien en una reunión familiar me comentara: “Virgilio estaba muy comprometido”. Siempre entendí que ¡solo los acontecimientos de un mortífero 12 de enero del 1972, cortarían las alas del vuelo irrepetible de este hombre! Giannella Perdomo Pérez Laboré 17 años en la Corporación Dominicana de Electricidad y 8 años en la UASD. Escribo quizás por genética o porque mis excelentes profesores ayudaron a desarrollar esta habilidad. Escribo como un hobbie, además de considerar la importancia en dilucidar temas que puedan beneficiar a la sociedad de nuestro país. No pertenezco a ningún grupo político y creo en Dios. Actualmente disfruto de la tercera edad y el retiro aplicado por mis años de trabajo en instituciones del Estado. La mañana fresca del otoño invitaba a un paseo relajado, sobre todo en lugares donde la posibilidad del asalto callejero no existiera. Pensé en los predios de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), lugares que no recuerdo la última ocasión de haberlos frecuentado, y allí, en las oficinas provisionales de la Junta Central Electoral, situadas en la Biblioteca Pedro Mir, aprovecharía para gestionar mi nueva Cédula de Identidad y Electoral. Me entusiasmó la idea de recorrer los pasillos por donde tantas veces transité como estudiante de la Escuela de Idiomas y secretaria de la Facultad de Ingeniería y Arquitectura; volver a visitar el Decanato, mi otrora área de trabajo, además de contemplar de nuevo el mural dedicado a “Los Palmeros”, – ¡los muchachos!, como habitualmente les nombramos- Amaury Germán Aristy, Ulises Cerón Polanco, Bienvenido Leal Prandy (Chuta) y Virgilio Eugenio Perdomo Pérez, así como también el de Amín Abel Hasbún. La vista exterior de la UASD se me antojaba que entraría a otro país. Penetré al campus por uno de sus accesos y definitivamente, con el enrejado de su contorno, resultaba diferente. El ir y venir de los estudiantes, con sus libros, celulares y demás enseres informáticos en manos, recreaban el paisaje.
El árbol de Virgilio Perdomo Pérez z Además de la ausencia de basuras callejeras – ignoro las condiciones físicas de muchas de sus facultades y dependencias- y el caos vehicular de la ciudad, los jardines lucían vestidos de flores; el sol radiante las bañaba y el medio ambiente resultaba acogedor y agradable, igual a reencontrarme con amigos de larga data. Frente al mural de “Los Muchachos”, me apenó ver las huellas del tiempo y su evidente deterioro. Sus nombres, muy perfilados, permiten identificarles. En la parte superior del mismo, próximo al rostro de Amín, hermoso el escrito de nuestro don Manuel del Cabral: “Hay muertos que van subiendo mientras más su ataúd baja”. ¡Reflexión y sentencia que vemos cumplir en el transcurso del tiempo! La explanada de la Facultad de Ingeniería y Arquitectura me refrescó la memoria. Preferí no recordar los malos ratos allí vividos, debido a las intromisiones policiales y tantos atropellos por ellos cometidos durante las jornadas de lucha “Medio Millón para la Universidad”, (años 1969-1970), con fines de lograr un aumento del presupuesto de la Institución Académica, fundada mediante bula papal en el 1538, y reconocida por la corona española en el 1558. Previo permiso del bedel, subí a la segunda planta en la que busqué las oficinas del antiguo Decanato que una remodelación borró de su sitio anterior. Con la mirada, quise encontrar el lugar de trabajo de Quique – uno de mis compañeros de trabajo – que junto a él, en una de las tantas balaceras, nos refugiamos debajo de su escritorio para evitar que los proyectiles rasantes en las ventanas del ala este del edificio pudieran alcanzarnos. Esos ventanales, aunque no existen, perduran en mis recuerdos. No podía abandonar las áreas universitarias sin visitar el campo deportivo ubicado frente a la referida Facultad. En uno de sus laterales del sur, se encuentra aquel árbol, tan añejo como las luchas por las desigualdades sociales, e impasible a los años, aún desgarrándose poco a poco, se mantiene erguido, desafiando los embates de la madre naturaleza. Ignoro su nombre y a cuál rama botánica pertenece, razón por la que prefiero llamarlo “el árbol de Virgilio”. Virgilio Eugenio se encontraba en los meses difíciles de su persecución y aquel día recibí una nota para que nos reuniéramos “en el árbol frente a la Facultad, próximo a la esquina”. Sin duda alguna, ese sería un lugar idóneo para vernos, sin miedos de que aparecieran los intrusos y apresaran a mi hermano, experiencia desagradable harto conocida. Jamás imaginé que cobijándonos bajo su sombra, este árbol sería el cómplice de nuestro último encuentro. Mural de Los Palmeros Llegamos a la cita casi al unísono. Nos abrazamos y conversamos sobre la familia. El quebranto letal de nuestra madre le preocupaba grandemente lo que aproveché para pedirle hacer un alto en el camino. ¡Cuán ilusa e inconsciente le parecería! Cuando los hombres empeñan su palabra, no existen enfermedades ni situaciones adversas que valgan, solo lograr el objetivo de la palabra comprometida con sus compañeros, ¡y por la patria misma!, se constituyen en estandarte y norte de sus vidas. Virgilio no conocía de hacer paradas en el camino de la lucha revolucionaria. Igualmente me lo confirmó Franklin Rancier, su amigo y compañero del faenar político, quien en una reunión familiar me comentara: “Virgilio estaba muy comprometido”. Siempre entendí que ¡solo los acontecimientos de un mortífero 12 de enero del 1972, cortarían las alas del vuelo irrepetible de este hombre!
Virgilio Eugenio, próximo a tu cumpleaños, solo me resta decirte que tu árbol se mantiene erguido, firme y solitario, tal como llevaste a la tumba tu compromiso y tus palabras. Hermano querido, que importa si faltan unos días para reiterarte que siempre te quiero y desearte ¡Feliz Cumpleaños!

sábado, 13 de septiembre de 2014

LUIS GÓMEZ La unidad de la izquierda sigue siendo su sueño

LUIS GÓMEZ La unidad de la izquierda sigue siendo su sueño Areíto-13/09/2014 Por ÁNGELA PEÑA / A.PENA@.COM.DO / VIAJE POR LA HISTORIA
LUIS GÓMEZ “La formación social era capitalista, atrasada, deformada y dependiente” Luis Gómez Pérez. Pedro Sosa Armado de un fusil G-3 recorrió los comandos del Partido Socialista Popular en la ciudad en guerra. Junto a Norge Botello, y esta vez con una Cristóbal y dos cargadores invertidos, rindió a la policía en el asalto a la fortaleza Ozama. En compañía de Asdrúbal Domínguez, Maximiliano Gómez y Narciso González ofreció conferencias sobre el carácter de la revolución. Con su hermano Pedro ayudó a recoger a los heridos en combate. Tuvo acercamientos con Francisco Alberto Caamaño, Héctor Aristy y otros líderes de la contienda. Para Luis Rafael Gómez Pérez el estallido de abril de 1965 no fue un festín de disparos ni de obsesivo afán por obtener y exhibir un arma. Aunque combatió certeramente al enemigo, el proceso le permitió llevar a la práctica una aspiración que ha sido constante en su vida revolucionaria: unir a la izquierda dominicana. Pese a que entonces luchó al lado de dirigentes de otras agrupaciones, después no ha podido cristalizar ese sueño que aún es un objetivo de su espíritu inquieto. En 1967 retomó con ardor ese trabajo. “La izquierda estaba dividida, como lo está ahora, porque la crítica estaba ausente en la perspectiva de Marx”. Significa que no pocas veces los idearios de estos grupos están conectados a ayudas económicas. Además, cuando más intensa era su labor por la fusión unos eran pro chinos, otros pro soviéticos, pro cubanos, pro albaneses. “Y resulta que la crítica que se desarrollaba no se basaba en liberar las potencialidades de lo existente sino en difundir las ideas de los países o instituciones patrocinadores”. Animado por ese deseo, quizá, se unió a los fundadores del Movimiento de Unidad Socialista, MUS, cuyo ideólogo y líder era Roberto Cassá y en el que además estuvieron Otto Fernández, Carlos Julio Báez, y otros. Luis, sin embargo, no ha abandonado ese propósito. En sus afanes de transformación social aglutinar a los grupos marxistas es su empeño primordial. La rebelión de 1965 fue también para él un inmenso escenario en el que comenzó a poner de manifiesto la vocación magisterial que nunca ha abandonado. Hoy no instruye en las calles ni entrena para batallas bélicas pero ofrece cátedras magistrales por las que no cobra. Es profesor de teoría social en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Ya era miembro del Comité Central del aún PSP cuando planteó que la organización debía prepararse para la posibilidad de un estallido popular. “La huelga de mayo de 1964 fue una huelga insurreccional, tuvo expresiones de lucha violenta”, recuerda. Otro indicio muy creciente que entendía como inminente detonante fue la unificación de las diferentes centrales sindicales y la presencia militante de los sectores profesionales “expresándose unitariamente”. Propuso, además, que el PSP tomara la delantera reclamando el restablecimiento, sin elecciones, del presidente Bosch. “El partido jugó un papel importante” en esa demanda, expresa. Discusión en los comandos. Durante la guerra, Luis Gómez Pérez tenía su base en el comando denominado “Bisonó Mera”, en la calle Leonor de Ovando “y teníamos una avanzada en la casa de los Paniagua”. En el alto mando del PSP, Gómez Pérez proponía la búsqueda de “una revolución democrática que desembocara en una socialista”. Otros propugnaban por “una revolución simplemente democrática”. En el fragor de la conflagración el debate se llevó a los comandos. “Valieron mucho para el partido varias investigaciones sobre la realidad dominicana”. Luis afirmaba que “la formación social era capitalista, atrasada, deformada y dependiente y no semi feudal” como aseguraban otros. “Para mí la fuerza motriz fundamental era el proletariado, para los otros el campesinado, esa era una discusión en todos los comandos”, narra el escritor y abogado. Él y Asdrúbal Domínguez ofrecieron conferencias en plena contienda. Entre los comandos que menciona está el que el Movimiento Popular Dominicano tenía en la escuela Argentina. “Íbamos a discutir el carácter de la revolución”. Le acompañaban Narciso González y Maximiliano Gómez. Sin embargo, dice que las controversias más encendidas fueron “en el comando nuestro que estaba donde está el Miuca”. Tenían otro en la calle Espaillat al frente del que estaban Alfredo Conde Sturla y Justino José del Orbe. El suyo lo compartía con su hermano Pedro, que recogía heridos en una guagua celular de la policía (perrera) de la que luego lo despojaron, y con “el chino González Mera, Braulio Torres, Felipe, un muchacho de Altamira; Rubén Echavarría (Hiroki), Manuel Bueno, un joven apellido Trujillo, el ex piloto Diego Mena”, entre otros. Vivió la explosión de un obús al lado de “la Avanzada” y la experiencia del asalto a la fortaleza Ozama. “Cuando la policía se estaba yendo hacia el río, Norge y yo salimos a combatirla, estuvimos disparando durante cinco o diez minutos hasta el otro lado. Logramos que los policías se rindieran, los trajimos hasta la casa de ladrillos por el parque Eugenio María de Hostos”. Con la refriega no concluyó la vida de Luis en el PSP. Siguió con los jóvenes en el ahora Partido Comunista Dominicano hasta que lo abandonó en 1972. Antes de marcharse enfatizó su trabajo en el plano teórico y puso el acento en la investigación. Ahí dejó su impronta como promotor del acercamiento del movimiento obrero y del pueblo al socialismo científico. Seguramente lo recuerden en Villa Francisca, Villa Juana, Guachupita, Gualey, Ciudad Nueva, Gascue, explicando el socialismo como meta ideal de los explotados y oprimidos. Pero también en Santiago y regiones aledañas donde trabajó con los marginados orientado por Alfredo Conde. La salida del PCD quizá no fue tan dolorosa para él como su retiro del 14 de Junio. Esta ruptura tuvo un significado no solo político, sino espiritual. Estaba ahí desde el trujillato, al que también combatió y con estos camaradas experimentó momentos de angustia y de alegría. Compartió celdas, torturas, entrenamiento, deportación, viajes y de cada uno trajo en su mente las estrategias para la liberación y la implementación de un régimen equilibrado, justo. La historia de su presencia en este movimiento es probablemente la más significativa de su existencia sublevada contra el abuso, el capital, el imperio. No obstante, la formación de siete frentes para la guerrilla que encabezó su entrañable amigo y líder Manolo Tavárez, en 1963, fue el motivo de su alejamiento. “Muy rápidamente quedé convencido de que no había otro camino que dejar el paso a esa estrategia condenada al fracaso…”.

sábado, 30 de agosto de 2014

LUIS RAFAEL GÓMEZ PÉREZ Su larga trayectoria revolucionaria empezó por las enseñanzas de la Iglesia

LUIS RAFAEL GÓMEZ PÉREZ Su larga trayectoria revolucionaria empezó por las enseñanzas de la Iglesia Por ÁNGELA PEÑA a.pena[@]hoy.com.do 23 agosto, 2014 2:00 am Sé el primero en comentar
Luis Gómez Pérez Luis Rafael Gómez Pérez, combatiente de izquierda que militó en el 14 de Junio, el Partido Socialista Popular, el Partido Comunista Dominicano. Está luchando por los explotados y oprimidos desde la adolescencia, cuando reunía a zapateros y a otros obreros de Santiago a orillas del río Yaque para crear conciencia en ellos de lo que era la tiranía de Trujillo. A partir de entonces este líder precoz se vinculó a estudiosos del marxismo que propugnaban por una sociedad equilibrada y justa a través de movimientos armados, expediciones, guerrillas… Esos proyectos continuaron vigentes pese a ser derribada la dictadura porque la clave, para él y sus camaradas, no era solo salir del sátrapa, pensaban que la transformación necesaria era tan grande que solo una revolución armada podía reencauzar al país. Algunos lo consideran un conspirador de toda la vida. No le agrada el término porque le disgusta que lo digan sin entrever en él su condición de revolucionario. Luis Rafael Gómez Pérez, combatiente de izquierda que militó en el 14 de Junio, el Partido Socialista Popular, el Partido Comunista Dominicano, el Movimiento de Unidad Socialista; que se entrenó militarmente en Cuba y en Caracas, estudió en la Unión Soviética y que a sus 81 años se siente con energía y valor para tomar un fusil si el pueblo se aviene a una guerra fue, sin embargo, monaguillo que tuvo vocación de ser cura. Las lecturas de ese tiempo y los religiosos que le deslumbraban son parte de su historia que prácticamente solo él conoce, pero que lo orientaron hacia el ideal de lograr una vida digna para los pobres de su Patria. “Hice contacto muy temprano con la Utopía, de Tomás Moro, se trabajan muy bien las guerras justas e injustas y se hace referencia al tratamiento de Santo Tomás en las guerras justas… Llegué a toparme con ese texto que es una joya a través de Indis, de Francisco de Vitoria”, relata. Es paradójico que fuera el jesuita Luis Posada quien le creara la expectativa de ser filósofo desde el catolicismo. El preceptor de Ramfis fue a dar un cursillo a Santiago y Gómez Pérez quedó maravillado con su elocuencia. “Al segundo día el padre Quevedo consumó la obra”, exclama. Llegaron entonces a sus manos El arte de la guerra, del estratega chino Sun Tzu, y la Summa Teológica, de Santo Tomás, pero ningún autor le ha marcado tanto como los dominicos, asegura. “Me deslumbraron y me deslumbran todavía. El Sermón de Adviento fue un manifiesto humano, no lo vi como algo religioso, sino político”, significa este rebelde que también encontró deleite en Fray Pedro de Córdova, a quien admira “inagotablemente” porque planificó el discurso que leyó Montesinos. “Eso no fue un asunto vaticano o papal, fue una acción casi de guerra”, declara. El estudio constante y el trabajo con dedicación y arrojo le han acompañado desde niño. En insuperable tiempo se graduó de bachiller, mecanógrafo, calígrafo y casi maestro de la ortografía en la academia Santiago, de Antonio Cuello, quien le producía una especie de catarsis cuando dictaba. “Mi consagración era escuchar a ese hombre dictando”. Gracias a estos estudios pudo ser auxiliar de oficina cuando vivió en Buenos Aires, luego de asilarse en la embajada de Argentina después del doloroso e inhumano calvario que experimentó en La 40. Este guerrero de tantas batallas que pasados los años 70 buscaba un líder de arraigo entre todas las clases sociales para acabar con la arbitrariedad balaguerista, trajo en sus genes la sangre levantisca contra el imperio y el despotismo. Desiderio de Jesús Gómez Morel, su padre, se alzó varias veces en la manigua junto a Desiderio Arias, y María Ercilia Pérez viuda Gómez, la madre, hoy de 108 años, no solo fue simpatizante del caudillo sino antitrujillista que inspiró esa actitud en su hijo. La agitada izquierda. El papá quitó de su mente el deseo de ser cura enviándolo a estudiar filosofía en la Universidad de Santo Domingo. Vino y se inscribió también en derecho y de inmediato se alineó con quienes sintonizaban con sus ideas políticas. Pipe Faxas, marxista, y él, fueron entrañables. El vínculo que los unió fue fuerte. Habla de él con admiración y se toma horas relatando sus amargas y gratas vivencias. Darío Solano, Abel Rodríguez del Orbe, Carlos Rizek, Marcio Veloz, Cristóbal Gómez Yangüela, Paco Troncoso, Tirso Mejía Ricart, Tony y Andrés Avelino, Minerva Mirabal, Luis Escobar, Octavio Amiama, Federico Henríquez Gratereaux, atizaron las chispas que habían comenzando a encenderse en Luis desde Santiago, como integrante del Frente Cívico, creador de manifiestos impresionantes para el desarrollo del pueblo encadenado. Después pasó al Frente Interno, luego Movimiento Revolucionario 14 de Junio, el de sus mayores experiencias y hasta de estremecimientos cuando recuerda compañeros caídos. Ahí están sus historias de prisión, exilio, tramas, compra de armas, sedición, localización de arsenales y estructuras de cuarteles, impresión y distribución de libros socialistas, fabricación de bombas, tácticas de asalto, lucha en las montañas, ofensiva… Pero se marchó de la agrupación porque no estuvo de acuerdo con la forma en que se planificó y desarrolló la guerrilla de 1963. No solo conocía con precisión los accesos a la cordillera Central sino que venía de entrenamientos profundos, de prolongadas charlas con Ernesto Che Guevara y Fidel Castro, de ser discípulo de Freddy Fernández Barreiro, director del proceso armado costarricense que llevó a José Figueres a la presidencia. Sabía que concebido como estaba, el plan sería un fracaso. Tenía desacuerdo con esa infraestructura, cuya formación se ha atribuido a Fidelio Despradel, porque entendía que sustituía la capacidad política de la agrupación y neutralizaba a una parte de sus principales dirigentes. Se fue al Partido Socialista Popular, “porque mis lecturas desde Venezuela apuntaban no solo hacia la teoría sino a la praxis marxista” y ya se había relacionado con Asdrúbal Domínguez, José Israel Cuello, Narciso y Antonio Isa, Alfredo Conde Sturla y otros. Revela las causas de la ruptura entre fundadores y jóvenes, errores, el proyecto de guerrilla que se vio abortado por la guerra de abril, los acuerdos y desacuerdos con Bosch y con Caamaño para venir en un desembarco guerrillero, los hombres que el partido enviaría a integrarse a las fuerzas del Che Guevara en Bolivia y también las causas por las que abandonó la organización en 1973. El catedrático, quien está en la UASD desde 1972, encanta con su conversación fluida y voz modulada que atrajo la atención de América Latina cuando junto a Juan Doucudray orientaba al pueblo dominicano desde una estación de La Habana. Lograr que contara sus luchas por la liberación dominicana conllevó un gran trabajo de persuasión. Pero en más de dos semanas narró su vida en la agitada izquierda, y en esos relatos aparecen inmensidad de nombres de dirigentes y militantes de facciones ajenas a las suyas, muchos citados en acciones ejemplares o reprochables. Reitera su disposición a tomar el fusil si es necesario y se le pregunta si la efectividad de su tiro, a los 81 años, es la misma que en sus tiempos juveniles. Reitera que lo haría o habría que amarrarlo. En cuanto a la edad apunta que las historias libertarias son procesos abiertos y que los hombres que despejaron el camino a Fidel Castro en la loma eran ancianos.

jueves, 28 de agosto de 2014

Caamaño en el panteón de la historia

Caamaño en el panteón de la historia ARTÍCULO SIGUIENTE » Por MARÍA ELENA MUÑOZ MARELMUNOZ@HOTMAIL.COM (APORTE) 16 agosto, 2014 2:00 am
Caamaño La caída del Che en Bolivia, en octubre del 1967, desató un intenso debate en las cúpulas dirigenciales revolucionarias a nivel mundial sobre la eficacia o no del “foco guerrillero” como método de lucha, en la concretización de los movimientos de liberación nacional. En la edición del suplemento “Areíto” del 9 de agosto nos ocupamos de este tema. Expusimos las razones por las cuales el Coronel Caamaño se encontraba entre los que le acordaban vigencia para entonces, por lo que continuó con su proyecto, que en este contexto insurgente pensaba implementar en nuestro país. Nadie pudo convencerlo de lo contrario. Ante tal terquedad, decíamos, cayeron rendidas todas las estrategias de seducción y todas las diplomacias de desistimiento. Terquedad que se constituyó a la postre en el andamiaje de perseverancia, integridad y firmeza. Esa que hizo de Francis ese paradigma de decisión, arrojo y entrega a la causa del pueblo. Lo demostró la renuncia de los privilegios e intereses de clase y a los que le otorgaba su alto rango castrense, mundo de sombras que desestimó para asumir la más difícil y asombrosa coyuntura política de nuestra historia contemporánea y del continente. Porque del Coronel que andaba con las botas puestas del Gobierno de facto del Triunvirato al Coronel de Abril, hay toda una epopeya. Porque dependió de un instante único, legítimo e irrepetible, en el que en la dualidad de un debate interior propio de la condición humana se decidía el destino de un hombre y de un pueblo. Como en aquel tiempo “en que los dioses no estaban ya y Cristo no había llegado todavía; cuando de Cicerón a Marco Aurelio, hubo un momento en que el hombre estuvo solo”. (Margarita Yourcenar, “Memorias de Adriano”, contraportada.) Siglos después, en un momento similar, en que el pueblo dominicano se quedó solo, fue que Caamaño dio el salto dialéctico, el que mantuvo, tanto cuando el sueño fue semilla y cuando fue fruto. Ese que le ha abierto las puertas de todos los monumentos… Porque aunque navegamos en un océano de mártires, aunque hemos vivido caminando entre los cipreses que dan sombra a ese interminable cementerio de la resistencia, el mérito de Caamaño fue estar ahí y llenar el vacío, en el momento preciso que nuestro pueblo sintió que se quedaba solo. Fue el día cuando la huida y la claudicación llenaron el espacio que antes cubrían el vigor insurgente de la esperanza. Porque aquella revuelta que en principio solo aspiraba al simple regreso de la constitucionalidad perdida, de repente, como en una espiral de fuego, entró en una dinámica inesperada de movilidad constante, cambiando cualitativamente en cuestión de horas el traje conceptual que vistió en sus orígenes, a la que Caamaño fue dando respuesta paso a paso, sin vacilaciones. Fue ahí donde nació su liderazgo, cuando esa lucha ya no respondía ni a las expectativas políticas, ni a la capacidad de respuesta de muchos de sus gestores y dirigentes iniciales. Porque cuando La Embajada llamó a estos últimos a buscar una solución negociada a raíz del estallido de la crisis, exacerbada por la agresividad reaccionaria instalada en San Isidro, que amenazaba con transformar la insurrección en una guerra civil, en lugar de aceptar la conciliación como hicieron otros, Caamaño interpuso de nuevo y sin titubeos su terquedad, aquella que responde, ya lo vimos, a la noción de deidad: “El que quiera morir con honor que me acompañe al puente”. La batalla decisiva de la guerra que apenas comenzaba. La que definió y consolidó el triunfo de la constitucionalidad, sobre la ilegitimidad. Aquella ganada por un pueblo sorprendido e indefenso, que solo contaba con una vanguardia emergente, surgida en el fragor de las hostilidades, esa que a pesar de todo eso, lo condujo a la victoria. La primera utopía que se nos concretizaba. Efímera en el tiempo, 48 horas. Trascendente en sus proyecciones: más de 48 años. Incisiva en el espacio, como la aguja gótica de una catedral medieval. Así se mantiene en la cosmovisión dominicana. Estructurada en la sutil arquitectura del símbolo, como la de David y Goliat. Como la que comenzó cuando en el Puente donde aún ondeaban las banderas empujadas por los vientos del triunfo, fueron arriadas por otras visiblemente tenebrosas, para saludar el arribo imperial de 42 mil bayonetas. Fue que el relámpago atrajo el trueno. Ese que hizo que la guerra civil se transformara en guerra patria, en las trincheras inexpugnables del honor, donde se defendía la soberanía vulnerada. La resistencia heroica de un pueblo pequeño, cercado por el aparato militar más grande y moderno de la época, en el angosto, accesible y expuesto casco urbano, peleando con las rústicas armas de la espontaneidad, constituyó una hazaña tal que al parecer solo cabía en el universo mágico garciamarquiano. Pero el arquitecto de una de las más grandes experiencias revolucionarias de los últimos tiempos supo definirla: “Con 12 hombres como los Constitucionalistas de Santo Domingo, yo tomo a New York”, exclamó Fidel en las Naciones Unidas. Lo dijo, porque la intensidad de los combates ponían en entredicho el carácter avasallante de la Intervención. Por tanto, era menos humillante decidir el alto al fuego cuando todavía la dinámica de la guerra no daba señales de determinar si había vencidos o vencedores. Tal confusión era más rentable al orgullo imperial. En especial, cuando la voz del Comandante en el foro mundial, en su metáfora insurgente le recordó el bochorno de Bahía de Cochinos. Sentar por primera vez en la mesa de negociaciones a la potencia hegemónica del Norte constituyó, sin duda, una gran victoria, no solo para nuestro pueblo, sino también para los del Tercer Mundo involucrados en desafíos desiguales similares, colocada dicha acción en la perspectiva de una tregua, hasta que se creen las condiciones para el combate final. Convicción que subió al avión junto a Caamaño y a los demás dirigentes constitucionalistas, cuando fruto de dicha negociación debieron tomar el camino del exilio. Fue así como saltando de las trincheras al pie del Ozama a las del Támesis y el Sena, llegaron a las aguas turbulentas del Caribe, donde los caracoles desalojados por ellas del hábitat movedizo de las arenas, se ven constreñidos a ascender el consistente, pero sedicioso, territorio que le mostró Manolo: “las escarpadas montañas de Quisqueya”. Para entonces el único, donde se creía que se podía resituarse el sueño. Escenario que le iba a permitir cumplir su juramento, incluso más allá de lo prometido, porque allí caería reproduciéndose su inmolación a la manera del Che; solo que ninguno de los dos necesitaba morir para que la memoria histórica registrara con letras refulgentes su entrega a la causa. Bastaba con haber protagonizado las gestas que hemos exaltado aquí, para que las puertas de todos los mausoleos del mundo estuvieran abiertas para recibir sus restos. Pero la barbarie entronizada en el poder a la hora de perpetrar su fusilamiento había tomado sus previsiones para evitarlo. Tal percepción se fortalece frente al hecho de que sus huesos no han podido ser llevados al Panteón Nacional, como oficialmente fue establecido el pasado 2013, desaparecidos como están por esos paisajes de la injusticia, por donde aún se pasea impune el oscurantismo, quizás para que no recibieran el reconocimiento y el fervor eterno de su pueblo, metiéndolo en el oscuro túnel del olvido. Es posible que ese mismo despropósito buscan los que hoy, en una acción inusitada, totalmente descontextualizada y por ende sospechosa, intentan en un acto de cobardía inenarrable, hacer denuncias y acusaciones contra quien ya no está físicamente aquí abajo para responderlas. Comentarios que entran en aquella categoría infructuosa e irresponsable a la que se refería tajantemente T.S. Elliot, el célebre bardo anglosajón en Tierra Baldía: “No hay argumento que resista un hecho que lo desafía”. Peor aun cuando en la trayectoria luminosa de un héroe de la estatura de Caamaño, estos superabundan, convirtiéndolo en uno de los grandes paradigmas de la resistencia. Por lo cual aunque sus huesos puedan andar dispersos en nichos virtuales de mármol, quizás de tierra o guarecidos en cabelleras coralinas en el mar; hace ya mucho tiempo que el pueblo los reunió, colocándolo en el Panteón inmutable de la historia.