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lunes, 3 de octubre de 2011

Trujillo, el Arco y los desfiles en Santiago


Trujillo, el Arco y los desfiles en Santiago
Giannella Perdomo Pérez


El Generalísimo Rafael Leonidas Trujillo Molina, para los actos conmemorativos a la batalla del 30 de marzo del 1844 o Batalla de Santiago, se recuerda que a principios de la década del 1940 y hasta el 30 de marzo del 1960, ordenó la construcción de un arco de triunfo, en la hoy calle El Sol, próximo a la 30 de Marzo, con sus bases montadas en las aceras del Parque Duarte, las oficinas de la Gobernación Provincial y Policía Nacional. Es prudente subrayar que los expedientes consultados no registran datos respecto al período relacionado con estas estructuras.
A fin de compilar los datos que conciernen a esta edificación, además de su destino final y los festejos que se llevarían a cabo con motivo de las referidas efemérides patrias, la documentación personal que conserva el señor Darío Nicodemo nos facilita los datos siguientes:
“El programa, entre otras actividades, consistía en bailes y fiestas que celebraban los distintos clubes sociales de la ciudad, destacándose los del Centro de Recreo, Club Santiago, Centro Sirio Libanés, "La Protectora de los Pobres”, además de los desfiles que constituían la atracción principal. Con esta finalidad se construía el arco de triunfo. En Azua se hizo erigir otra obra similar que aun se reconoce como el Arco del Triunfo, además de los que se conservan en Villa Vásquez y Dajabón.

”Federico Villamil, ingeniero, propietario de dos talleres de ebanistería y carpintería ubicados en unos terrenos próximos a la base aérea de Santiago y otro pequeño, entre las calles 30 de Marzo casi esquina Independencia, dirigía los trabajos de la obra”.

Contrario a la conservación de estos monumentos, el Dr. Pedro Fernández Salcedo, en plática con el Sr. Nicodemo le refiere: “cada año, una vez finalizado el desfile, el arco se destruía y la madera era donada a familias de escasos recursos económicos para la construcción de sus viviendas. De parte del “Benefactor de la Patria” y como ayuda humanitaria, estas donaciones las entregaban el Secretario del Partido Dominicano o el Gobernador de Santiago.

En sillones perfectamente alineados, colocados en la tarima del arco, el Generalísimo ocupaba la posición central de la primera fila y desde allí disfrutaba el esplendor del desfile. El Dr. Fernández también comenta: “Muy pocos funcionarios podían tomar asientos en el arco acompañando al Perínclito Barón de San Cristóbal. Entre ellos y como invitados especiales, podemos nombrar a los hermanos José Antonio y Pedro M. Hungría, Pedro Jorge y Rafael "Fello" Vidal, personalidades infaltables en el arco; también los Gobernadores y Síndicos de turno. Los funcionarios restantes debían desfilar por debajo de él, como expresión silente de exquisita humillación a sus servidores”.


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Respecto a la conocida desconfianza de Trujillo, también explica: “mientras permanecía en la Ciudad Corazón, permitía ser atendido únicamente por un camarero apellidado Portorreal, quien gozaba de su extrema confianza”.

Discretamente y sin nombres registrados, en determinados círculos de alta clase se comentaba que determinadas personalidades y funcionarios debían estar presentes en la plataforma superior del arco, antes de la llegada de Trujillo y retirarse luego de que él lo hiciera.

Relacionado con los desfiles, Darío recuerda: “mi padre no me dejó desfilar aquel 30 de Marzo de 1959, aunque yo sí había desfilado anteriormente, pero como los muchachos éramos cabezotas, puras vainas, me fui con dos amiguitos a ver el desfile, un poco mas arriba del arco para ver el gran espectáculo. Próximo a nosotros, sin percatarnos, un oficial observó el grupo poco numeroso que se aproximaba al dichoso arco y sin pérdida de tiempo, recriminó a dos policías de guardia en el área. Pestañamos y le escuchamos con voz autoritaria dirigirse a los agentes: "Que hacen estos pendejos nada mas viendo, métanlos al final de las filas". Allí nos "ajustaron" y no tuvimos mas remedio, ¡nos obligaron a pasar por debajo del arco!
Con sentimientos iguales a los del padre de Darío, a Eugenio Perdomo, nuestro progenitor, no parecía agradarle la idea de que sus hijos transitaran debajo de los pies del “Padre de la Patria Nueva”. Recuerdo la tardecita anterior al evento, -precedente al 1960, año de su muerte en “La 40”-, regresó del trabajo y conversó sobre la monstruosidad del arco. Escuché decirle a mi mamá: “Mis hijos no son heces fecales –evito la expresión grosera de llamarlas!- para caminar debajo de la cloaca por donde pasará mucha basura”. Con tono un tanto enérgico casi le ordenó: “enférmalos”. Una simple mirada entre ambos originaba su diálogo mudo.
No entendí ni papa de todo aquello. Nuestros uniformes ya estaban impecablemente planchados y colgados; los zapatos limpios y relucientes, un adorno discreto para mi cabeza, además de la inquietud por la llegada del nuevo día y vivir la experiencia de desfilar junto a mis compañeros de colegio.
Sentados a la mesa nos disponíamos a cenar. Nuestro padre nos miró a mi hermano Virgilio Eugenio y a mi, frunció el entrecejo y comentó a Quisqueya, su fiel esposa y compañera: “estos niños parece que están enfermos, creo que tienen fiebre”. Acto seguido ella nos palpó caras y brazos respondiéndole: “están tibiecitos”.
Llegó la tan esperada mañana, nos despertamos mientras él confirmaba las calenturas de nuestras frentes y estómagos. Casi gritando, exclamó: “tienen mucha fiebre, ven y ponles el termómetro”. De inmediato, mamá se nos acercó colocándonos “su termómetro” rectal. Empezamos a sentir mucho calor, la fiebre subía y debíamos mantenernos en cama. Él día posterior al desfile tampoco asistimos a clases, ¡persistía la fiebre! Así que dieta de sopitas y reposo para curarnos.
Por qué tan de repente nos arropó la fiebre? La aplicación de supositorios de ajo no falla para provocar subidas de temperaturas en los seres humanos. El “termómetro” de nuestra madre resultaba infalible.
Finalizó la “Era”, empezamos a vivir el proceso de democratización del país y entendí la posición de mi papá. Cuanto valoro que nos impidiera transitar debajo del Arco de Triunfo de Rafael Leonidas.
giannellaperdomo@hotmail.com

Supermercado Wimpys. El primero del país


http://www.hoy.com.do/negocios/2010/7/10/333375/Supermercado-WimpysEl-primero-del-pais


Fachada del supermercado Wimpys.
Foto 1 de 4

10 Julio 2010, 8:22 PM
Supermercado Wimpys


Novedad. Primer negocio que se instaló en Santo Domingo con auto-servicio. Acudían diversas clases de personas, muchas de ellas para enterarse de la situación política en la tenebrosa Era de Trujillo

Escrito por: ELADIO PICHARDO (e.pichardo@hoy.com.do)

Casi al final de la férrea tiranía de Rafael Trujillo, cuando los dominicanos estaban acostumbrados a comprar productos en ventorrillos, pulperías y colmados, abrió sus puertas en Santo Domingo el supermercado Wimpys, primer establecimiento en esa modalidad con el objetivo de ofertar mercancía fresca y a buen precio.
Lo que era una atracción y novedad en ese momento por sus características y funcionalidad, hoy se puede ver como un pequeño negocio, comparado con los nuevos supermercados ubicados en gigantescas plazas que ofrecen de todo para el hogar.
El Wimpys, que permaneció 11 años en la avenida Bolívar, al lado del Colegio del Apostolado, en Gascue, tenía a acondicionador de aire central, lo que hacía más atractivo que tanto amas de casa como profesionales, trujillistas y antitrujillistas, visitaran sus instalaciones, pues algunas amistades y familiares por la situación que se vivía en el país pocas veces se podían reunir.
Historia. Ese primer supermercado, al estilo estaounidense, comenzó en 1958. Su propietario, el norteamericano Lorenzo Berry (Wimpy), con la visión de hacer un buen negocio en esa modalidad, lo instaló con una inversión de RD$75,000, aportados también por varios de sus accionistas.

La idea del supermercado comenzó a desarrollarse luego que el señor Berry contrajera nupcias con la dominicana Flérida Yabra. Para esa época él era piloto de la desaparecida Compañía Dominicana de Aviación (CDA), que le contrató.
La casa donde residían, contiguo al igualmente desaparecido Hipódromo Perla Antillana, la utilizaron también para poner una pequeña tienda con un cuarto frío con carnes, vegetales congelados, pan y cake´s holsom americanos, entre otros productos.
Tras el nacimiento de sus dos hijos, Yabra, inquieta por los riesgos que existían, dada la tensa situación política, le pidió a su esposo dejar su carrera. Ella, con su experiencia comercial, habiendo trabajado y ayudado a su padre en una tienda de telas en la avenida Mella, también le sugirió ampliar el negocio para así estar juntos por más tiempo.
La idea se concretó y decidieron abrir el supermercado, un tipo de comercio novedoso y atractivo para el país en ese momento.
Las mercancías. Además de los productos que los dominicanos estaban acostumbrados a comprar, como arroz, habichuelas, café, vegetales, carnes, pescado, el supermercado Wimpys importaba directamente o vía sus representantes en el país otros productos de EE.UU., Europa y Japón.
Tenía en existencia aproximadamente 7,000 artículos, e importaron por primera vez la línea de cereales Kellogg´s, pero asimismo los clientes encontraban cereales Post y General Mills.
Desde EE.UU., gran parte de las mercancías era traída a través de Associated Grocers of Florida, compañía con variedad de artículos que suplía a grandes supermercados de Miami.
También lo hacía la Smith, Richardson & Conroy, empresa especializada en productos congelados de excelente calidad, como carne de res grado Prime y Choice de ganado Angus; aves, jamones y embutidos.

Desde Miami, vía la Prawn Seafood, importaban camarones, cangrejos y pescado congelado, así como otras delicias del mar.
Desde Europa, por la Agencia La Bourdette, adquirían diversos productos, entre ellos, vinos, queso fresco, pescado y jamón tipo parma enlatado, pastas, frutas y vegetales, con una buena aceptación por los dominicanos.
Los panes y cake´s holsum y vegetales congelados, así como otras mercancías llegaban dos veces por semana, por avión.

Entre las personalidades que visitaban el supermercado se encontraba el general Juan Perón, ex presidente de Argentina, quien había expresado a los propietarios que su día no era completo en la República Dominicana si no iba al Wimpys a tomarse un café y a platicar con ellos.

El negocio del señor Berry tenía una gran cantidad de clientes de diferentes clases sociales, entre los que estaban políticos, pintores, músicos, empresarios y peloteros, quienes adquirían los artículos alimenticios a buenos precios.
Contrataron desde Estados Unidos al carnicero Jimmy Gunn, quien entrenó al señor Berry y a los empleados del área de carnicería para que aprendieran los cortes de la carne de vaca, la que Fernando Léon producía en exclusividad para el supermercado.
Para educar al cliente en la preparación de los cortes de la carne, Flérida elaboraba tarjetas de 3 x 5 pulgadas con las recetas e instrucciones de cómo preparar y cocinar.
Fin del negocio. Posterior a la muerte de Rafael Trujillo, el supermercado Wimpys, que tenía como gerente general a Freddy Yabra, tuvo grandes dificultades, entre ellas el bloqueo para obtener los permisos de importación de productos y equipos para el reacondicionamiento del negocio, lo que, eventualmente, disminuyó su dinamismo.
Esas dificultades, unidas a un fuego que destruyó gran parte del supermercado, hicieron que el señor Berry no continuara con el establecimiento y cerrara sus puertas en 1969.
Zoom

Vida de Wimpy
Lorenzo Berry nació en 1919 en Miami. Al estallar la Segunda Guerra Mundial, siendo piloto, se integró al ejército de Estados Unidos. Luego de terminada la guerra regresó a Miami, donde trabajó como piloto instructor. Eventualmente, junto a otros pilotos de EE.UU. con experiencia militar eran traídos a República Dominicana para entrenar a los pilotos de la Fuerza Aérea. Fue contratado por la CDA, donde siguió la carrera de piloto hasta retirarse en 1957 para empezar su nueva vida de empresario, la que continúa a sus 91 años de edad. Procreó con su esposa a Lorenzo y Jeffrey.

Las claves
El primero
De acuerdo con el historiador Bernardo Vega, uno de los grandes cambios que trajo fue el concepto de supermercado en contraste con los colmados tradicionales. “El colmado más grande de la época era la Casa Velázquez, pero además el Wimpys fue el primer establecimiento que se instaló en Santo Domingo en la modalidad de supermercado, a donde acudían personas de clases media y alta”.

domingo, 2 de octubre de 2011

Juicio y asesinato de los héroes del 30 de mayo

Por Ángela Peña
a.pena@hoy.com.do

Luis Salvador Estrella Sadhalá, Antonio Imbert Barrera, Roberto Rafael Pastoriza Neret, Huáscar Antonio Tejeda Pimentel y Pedro Livio Cedeño Herrera, cuyos nombres se habían esfumado de la prensa por el proceso de democratización que vivía la República, volvieron a las primeras páginas en la semana del siete al 13 de agosto cuando se anunció que el Estado se constituiría en parte civil contra “los asesinos del Benefactor”.

Se designó a Hernán Cruz Ayala para constituirse en parte civil “por sus condiciones morales y por ser amigo leal a toda prueba del ilustre conductor desaparecido”.

Le seguirían causa, además, a Modesto Eugenio Díaz Quezada, Miguel Ángel Báez Díaz, Bienvenido Tomás Báez Díaz, Luis Manuel Cáceres Michel (Tunti), Miguel Ángel Bissié, Rafael Franklin Díaz Montaño, Luis Pedro Taveras Liz, Juan Alberto Rincón Jáquez, Nazario Bienvenido García Vásquez, Luis Amiama Tió, Ernesto de la Maza, Manuel Antonio Durán Barrera y Marcelino Bienvenido Díaz Santana, sometidos también ante el tribunal criminal, “acusados de trama y atentado para derrocar el Gobierno”.

Mediante la misma providencia calificativa se acusó a Raudo Saldaña Soto, Américo Silvestre Martínez, Altaveira Saldaña Soto (Monjita), Manuel Enrique Tavares Espaillat, Rafael Arturo Batlle Viñas, Plinio Antonio Jacobo Polanco, Venancio Arzaga Santidrián, Danilo Augusto Díaz Lovelace, Freddy de Jesús Tavarez Liz, Ricardo Antonio Mejía León, Juan Tomás Díaz Astacio e Hilaria Balbuena, “por ocultación de reos”.

El juez de instrucción de la primera circunscripción del Distrito Nacional, Wilfredo Mejía Alvarado, “termino la sumaria del caso y apoderó a la jurisdicción del juicio”.

El Caribe y La Nación se dedicaron a relatar la participación de los inculpados en el ajusticiamiento como una bien hilvanada novela en la que algunos actores figuraban como “fallecidos”, otros, como Amiama, Imbert Barrera, Ernesto de la Maza y Díaz Astacio, eran declarados “prófugos”.

Los familiares de estos inculpados vivían la angustia de su encierro, incomunicados y sufriendo inenarrables torturas por sicarios bajo las órdenes de Ramfis que reservó a los directamente implicados en el tiranicidio como un manjar para saciar su hambre de venganza.

El 20 de agosto se informó que 21 de los mencionados constituyeron abogados para que les asistieran en su defensa. Al lado de los nombres de cada uno figuraban los doctores Antonio García Vásquez, Flavio Darío Espinal, Edmundo Batlle Viñas, Quírico Elpidio Pérez, Eduardo Sánchez Cabral, Freddy Prestol Castillo, Antonio del Rosario, Jottin Khoury (sic), Antonio Rosario, Antonio García, Rafael Rincón hijo, M. Acosta Torres, Wenceslao Troncoso Sánchez, Marco A. Cabral Bermúdez, Luis Manuel Cáceres, Carlino González. Como representante de César Estrella Shadalá y Ricardo Mejía León aparecía Federico Nina hijo pero éste desmintió que fuera apoderado para asumir la defensa de Estrella Sadhalá en comunicación a Abel Fernández, juez presidente de la Primera Cámara Penal del Distrito Nacional, afirmando que sus compromisos políticos y profesionales eran “incompatibles con la defensa de dicho acusado”.

El 20 de noviembre de 1961 se publicó que seis de los procesados se habían fugado el sábado 18 de ese mes cuando la guagua que los conducía desde el sitio donde fue ajusticiado el tirano hasta la cárcel de La Victoria había sido asaltada y muertos el conductor y dos custodios. Tres “rasos de la policía” fueron víctimas de esta farsa: Félix Calderón Castillo, José Fabriciano Cruz Cuaba y Pedro María Romero Alcántara. En la guagua iban, supuestamente, Pastoriza, Pedro Livio, Tunti, Huáscar, Modesto Díaz y Estrella Sadhalá.

La falsa historia afirmaba que el vehículo fue emboscado por desconocidos que le dispararon en un lugar solitario a cinco kilómetros de Villa Mella, y que recibió 16 impactos de proyectiles de diverso calibre. La crónica era ilustrada con la guagua “asaltada”. Para dar credibilidad al invento se dijo que la policía inició una intensa persecución a los fugados y al lugar se trasladaron Fabio Tomás Rodríguez, procurador fiscal del Distrito Nacional, y Julio C. Campillo Porro, médico legista, y otras autoridades que dispusieron el traslado de los cadáveres al hospital “Marión”. El 21 de noviembre Porfirio Basora, procurador general de la República, negó que ordenara el descenso.

Los héroes fueron asesinados en una de las fincas de los Trujillo conocida como “Hacienda María”, ubicada en San Cristóbal. “Allí, medio ebrios, Ramfis y algunos de sus compañeros dispararon a sangre fría contra los reclusos, después de amarrarlos en palmas y cocoteros cercanos a la playa. Los cadáveres de los seis hombres asesinados nunca serían localizados”, escribió Miguel Guerrero en “Los últimos días de la Era de Trujillo” (1991). Se dice que fueron lanzados al mar. Inmediatamente después del asesinato, Ramfis y sus cofrades fueron al muelle de Haina para abordar la fragata en que salieron del país.

Guerrero recoge esta versión sobre el suceso: El mayor de la policía, Américo Dante Minervino, jefe de la penitenciaría de La Victoria, declaró el 13 de abril de 1962 que recibió órdenes del jefe de la policía de trasladar a los seis acusados al lugar donde cayó Trujillo. Después de llevarlos al lugar de la supuesta emboscada, Minervino los condujo a la Hacienda donde les esperaban Ramfis y sus amigos. Una vez perpetrado el asesinato, el oficial trasladó de vuelta a los policías que servían de escolta y en medio del trayecto estos fueron asesinados “para eliminar así testigos comprometedores”.

“No aspiro a nada”. Esta semana fueron disueltos el Partido Laborista Dominicano y el Partido Nacionalista, presididos por Julio César Ballester Hernández y Fabio A. Mota, respectivamente, surgidos para evitar que se fundara en el país una agrupación “de tendencia comunista”. Habían participado en los comicios de 1960 para elegir los gobernadores provinciales, síndicos municipales y regidores del Ayuntamiento.

Balaguer dispuso distribuir más de 350 mil tareas de terrenos cultivados a personas de escasos recursos y anunció que ningún miembro de la familia Trujillo sería candidato a la presidencia en 1962.

Un grupo de damas inauguró un monumento en el lugar donde fue ajusticiado su líder. Josefa Sánchez de González, Cristiana Peynado de Aybar Mella, Carmen Mendoza de Cornielle, María Natalia Reyes estuvieron en el comité organizador que impulsó la construcción en mármol de Carrara, simbolizando una capilla en cuyo centro llevaba incrustada una cruz de bronce. Fue el homenaje de “la mujer” en gratitud por incontables beneficios que recibió de Trujillo, “especialmente la concesión de los derechos civiles y políticos”, significaron.

Petán Trujillo desmintió que aspirara a la presidencia de la República y atribuyó el chisme a políticos “infelices que medran en la intriga y la infamia”. “No aspiro a nada”, aclaró, “soy un soldado de la nación”, escribió alegando que el país marchaba bien con Balaguer. Concluyó con una indescifrable frase: “El que no conozca matemáticas, es hora de que aprenda”.
















Pies de fotos: Rafael Segura


Salvador Estrella Sadhalá
098

Roberto Pastoriza
106

Tunti Cáceres
076

Pedro Livio Cedeño
076


Huáscar Tejeda


Modesto Díaz

Wilfredo Mejía Alvarado
Firma la Providencia Calificativa

Hernán Cruz Ayala
Representaría el Estado


Monumento donde cayó el tirano
152

Federico Nina hijo


Destacar:

El Caribe 8 de agosto

La Nación 7 de agosto

sábado, 1 de octubre de 2011

AMIN ABEL HASBUN: Extraordinario revolucionario.

Septiembre 24, 2011

AMIN ABEL HASBUN: Extraordinario revolucionario.
por Iván Rodríguez


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Amin Abel Hasbun.


Hace 41 años, un 24 de septiembre del año 1970, la dictadura de Joaquín Balaguer, tronchaba la vida de un extraordinario joven revolucionario, que en su corta edad de 28 años, había demostrado las grandes condiciones de líder y de combatiente consecuente por la independencia nacional y el socialismo.


Con una vida revolucionaria intensa, desde que se integró al trabajo clandestino a luchar contra los remanentes de la oprobiosa dictadura trujillista, Amín Abel Hasbun supo desde ese momento destacarse como un abnegado revolucionario por la causa de la libertad y por la revolución, que transformara las terribles condiciones de vida de la mayoría de los dominicanos y dominicanas.


Su grandeza lo hizo mirar siempre mas allá de los sectores de clase de los que provenía y desde su infancia se fue identificando con el pueblo humilde y aunque estudió en el Colegio la Salle donde se graduó en 1958 como bachiller; por su aguda inteligencia lo declararon Alumno Eminente, reconocimiento que no le impide ingresar a la UASD integrase de lleno a la lucha contra la elitización impuesta en esa alta casa de estudio y graduarse con los mayores honores, demostrando que se puede ser un buen dirigente y un excelente estudiante.


No conoció descanso alguno en la lucha revolucionaria, clandestina y pública, enfrentando con valor la dictadura y luego los remanentes de esta y sus personeros. Fue puntal del movimiento estudiantil en el Movimiento Renovador, militante de las luchas estudiantiles, de la calle Espaillat en Octubre de1962 por la autonomía de la UASD, parte importante de la lucha contra el golpe de Estado contra el profesor Juan Bosch, componente de la infraestructura de apoyo a las guerrillas de 1963 comandada por el inmenso Manuel Aurelio Tavárez Justo y soporte de la juventud de su tiempo.


Electo Secretario General de la FED en 1964, reelecto en 1965, dirigió con valentía a los estudiantes universitarios, por la autonomía de la UASD, por los derechos del movimiento estudiantil nacional y del pueblo dominicano, participando en las luchas que se realizaron contra el triunvirato, junto con los obreros de Poasi, Unachosin, del Sindicato Unido del Central Romana, de los Telefónicos, de Fenticom; que levantando la consigna de la vuelta a la constitucionalidad sin elecciones impulsaron el movimiento que desembocó en el estallido del 24 de abril, día en que contraía matrimonio en Puerto Plata y sin vacilar se integró de inmediato a la lucha contra los sectores oligárquicos y reaccionarios que enfrentaban los anhelos de libertad de los dominicanos que se desconocieron el 25 de septiembre de 1963 con el golpe de Estado al profesor Juan Bosch.


Combatiente de Ciudad Nueva, enfrenta con gallardía la grosera invasión Norteamericana que el 28 de Abril de 1965 mancillaba nuestro suelo patrio con más de 42,000 marines.


En esa lucha fue un ejemplo de firmeza que debe ser imitado por todos los revolucionarios del presente y de todos los tiempos.


El extraordinario Amín Abel fue de los fundadores de la Academia Militar en medio de la guerra patriótica. El comprendió perfectamente, igual que otros dirigentes del 1J4 y el MPD, la imperiosa necesidad de elevar el conocimiento militar entre los jóvenes combatientes que llegaban de todos los rincones del país a defender la patria y a combatir el Imperialismo Norteamericano y sus aliados criollos.


La trinchera del honor fue la fragua que forjó durante toda su vida al revolucionario sin tacha que fue Amín. Ese transparente historial de lucha le valió para que en el Congreso del 1J4 realizado en 1966 fuera electo miembro del Comité Central con solo 23 años. En esa organización se desarrollaba una gran lucha interna por definir cual era el Germen del Partido del Proletariado Dominicano y él considerando que el MPD reunía en su seno mejores condiciones para alcanzar este objetivo revolucionario, ingresa en diciembre de 1966 a esa organización marxista leninista con una tradición heroica constante, siendo uno de sus principales dirigentes.


Convencido de la necesidad de la construcción del Partido del Proletariado y que para hacer la revolución, el partido debía ganar las masas, para lo cual era indispensable lograr la alianza obrero- campesino, no dudó un momento para ir a trabajar con esos sectores, integrándose al trabajo, viviendo humildemente con ellos compartiendo penas y alegrías, práctica revolucionaria que le granjeó el respeto y la simpatía de todos los que tuvimos el honor de tratarlo.


Esta práctica revolucionaria de convivir con las masas obreras y campesinas con el objetivo de crearle conciencia, de organizarlas y movilizarlas, de que el pueblo haga conciencia de que es el soberano y puede alcanzar el cielo por asalto, alarmó a la oligarquía criolla, subordinada al imperialismo Norteamericano, que desataron una tenaz persecución contra él.


Por su firmeza y formación revolucionaria Amín no rehuyó nunca ninguna responsabilidad, por ello Balaguer lo liga al secuestro de Donald. J. Crowley, una acción sin precedente en el país, considerado por los órganos del poder como un desafío al gobierno. Desde ese momento lo sentenciaron a muerte, lo detienen cuando visitaba sus esposa y su pequeño hijo y delante de ellos lo asesinan con un tiro de pistola 45 en la cabeza.


El régimen y el imperio creyeron que lo habían matado, pero su ejemplo recorre nuestro país y el mundo, tal como el dijo. “Después de muertos los revolucionarios, quedan sus huesos como bandera para seguir la lucha y hacer la revolución” por eso estamos aquí rindiéndole homenaje y ratificándole que su lucha continua, que continuara siendo un ejemplo de firmeza y resistencia para todos los dominicanos que anhelamos una patria libre, soberana con perspectivas socialista.


Rindamos tributo de admiración y respeto a la vida, la obra y el ejemplo de Amín Abel Hasbun, construyendo la más amplia y portentosa unidad de las fuerzas patrióticas y revolucionarias, para Salvar la Nación.