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domingo, 22 de junio de 2014

! Derrotemos el ejercito estadounidense: 15 y 16 de junio 1965 !

FUERZA DE LA REVOLUCION ¡ Derrotamos el ejército estadounidense: 15 y 16 de junio 1965 ¡ ​No es secreto que el levantamiento civil y militar que irrumpió en los cuarteles y se extendió por Santo Domingo el día 24 de abril de 1965 no culminó su hazaña extraordinaria de derrotar al Ejército Nacional, la Marina de Guerra, las Fuerzas Aéreas y la Policía Nacional, debido al desembarco, que en misión salvadora, produjeron los EE,UU para impedir el triunfo popular, bajo la comandancia de Francisco Alberto Caamaño por las fuerzas constitucionalistas. ​La llegada de las tropas estadounidenses el día 28 de abril cerró la posibilidad de concluir en un triunfo político y militar popular, ya que todos los cuarteles policiales habían caído en manos del pueblo, se había repelido el ataque de San Isidro, se asaltaba exitosamente la Fortaleza Ozama y se combatía ferozmente las guarniciones militares ubicadas en los alrededores del Hipódromo Perla Antillana. ​Las tropas yankis salvaron al ejército criollo, y tras extender con su inmenso poderío militar un cerco que obligó a concentrar al Coronel Caamaño y los Constitucionalistas en Ciudad Nueva y zonas cercanas, facilitaron a las criminales tropas del Centro de Enseñanza de las Fuerzas Armadas (CEFA), la criminal denominada Operación Limpieza, la que se concentró en cazar combatientes y civiles en la zona norte del Distrito Nacional, no sin dejar de tener la resistencia de Comandos que quedaron rezagados en la retaguardia o que cumplían misiones específicas de combate. ​Establecida la jefatura de la revolución en Ciudad Nueva, organizados los Comandos de los militares constitucionalistas, del 14 de Junio, del MPD, del PSP, y otros independientes; los días 14 y 15 de junio la jefatura de las tropas yankis se propusieron poner fin a la zona libre y rebelde, y para ello ordenaron un masivo ataque militar con infantería, el uso intensivo de morteros, bazukas y tanques. ​El valor estoico de los ya entrenados y organizados grupos de Comandos, unidos y bajo una misma dirección, enfrentaron a los gringos y durante dos días, bajo intenso fuego y metralla, repelieron su ataque, no sin antes causar varias bajas a la soldadesca gringa, apresar varios y en algunos lugares avanzar las vanguardias de trincheras. ​En este ataque murieron niños, mujeres y hombres no combatientes. Víctimas de los disparos indiscriminados contra la población, hecho que lleno de mayor coraje la resistencia revolucionaria y despertó con agudeza el ingenio y la audacia de nuestros combatientes. ​En 1916 los patriotas dominicanos le habían asestado importantes golpes al ejército gringo que nos invadió, y de nuevo, el 15 y 16 de junio del 65, hubo el pueblo dominicano de demostrarle que es un pueblo lleno de coraje, de hombres y mujeres valientes, de civiles y soldados dispuestos a morir por la Constitución del 63, vale decir, por el retorno a la vida democrática cercenada por el golpe del 25 de septiembre de 1963 contra el gobierno de Juan Bosch. ​Nunca supusieron que el nivel de lucha, cara a cara, cuadra a cuadra, iba a tener tal nivel de capacidad combativa y tanta determinación como para obligar al prepotente y abusivo ejército invasor a tener que tragar sus propias palabras de que en 24 horas despejarían a Ciudad Nueva de las tropas allí acantonadas. ​Esta demostración de coraje, harto repetida en nuestra historia anticolonialista, le demostró que con la dignidad no se juega, y así como en Vietnam recibían para aquellos años contundentes derrotas, tampoco escaparían de la derrota en la Patria de Jiménez Moya, Manolo, Luperón y Gilbert. ​Este episodio también forma parte de nuestra mejor memoria. No permitamos que se difumine en el tiempo ni que se le esconda a las generaciones presentes, capaces de superarlo con creces en la realidad de hoy. Comisión Política

169 hombres contra la maquinaria de Trujillo

169 hombres contra la maquinaria de Trujillo Por FABIO HERRERA MINIÑO EL AUTOR es escritor. Reside en Santo Domingo Expedicionarios de 1959 contra Trujillo Cincuenta y cinco (55) años han transcurrido desde que desembarcaron por Maimón y Estero Hondo 169 héroes continentales, que vinieron a sacrificarse al enfrentar la poderosa maquinaria de guerra del dictador Trujillo, el cual ya estaba advertido de la llegada de ellos como saga del grupo que una semana antes había tomado tierra en Constanza, transportados por un avión C-46, el cual retornó a Cuba minutos después del aterrizaje al caer la tarde del 14 de junio. La lancha Carmen Elsa vino con una sobrecarga de 121 guerrilleros, que apretujados pasaron muchos inconvenientes para desembarcar en la playa de Maimón, previamente, a unos 26 invasores hubo que reembarcarlos en una de las fragatas cubanas de guerra que escoltaban en alta mar a las lanchas expedicionarias; en poco tiempo se vieron sometidas al fuego intenso de la aviación militar y de una de las naves de la marina que llenaron de metralla la playa y destruyeron la lancha. La Timina tocó tierra en Estero Hondo y sus 48 héroes fueron sometidos a un intenso fuego, que aun cuando no destruyeron por completo la embarcación de desembarco, los obligó a refugiarse y desplazarse hacia el terreno alto, ya que esa zona era bastante llana y los blindados de Trujillo pudieron maniobrar y abonaron la tierra con metralla hasta que lograron exterminar a los héroes que ingresaron a la inmortalidad ante una epopeya desigual. Los expedicionarios heridos eran rematados en el mismo lugar que eran hallados por los soldados de Trujillo, y los ilesos se transportaron hasta la base militar y aérea de San Isidro en donde se les sometió a horrendas torturas para luego fusilarlos en presencia de los cadetes de la academia militar, y de la oficialidad de la base, para que sirvieran de escarmiento y a nadie se le ocurriera sublevarse en armas en contra del dictador. La gloria de las hazañas de junio eterno se han concentrado en los héroes de Constanza y sus nombres son más conocidos. Hubo siete sobrevivientes que quedaron como testigos de una epopeya, condenada al fracaso desde el mismo instante que pisaron tierra dominicana, donde las condiciones sociales no estaban listas para respaldar una acción heroica de jóvenes idealistas, que por testimonios recogidos en diarios y por boca de los sobrevivientes, sabían que venían a inmolarse, pero el objetivo se logró al sembrar las semillas del patriotismo y la libertad. Esa semilla sembrada en las montañas de Constanza, y en las playas de Maimón y Estero Hondo, germinaría meses más tarde con la oleada de jóvenes, que sin medios para combatir la tiranía, se fueron uniendo para formar el núcleo de la conciencia dominicana y centenares de jóvenes se involucraron militantemente para combatir a la dictadura, aun cuando muchos fueron a parar a las cárceles de tortura de la 40 y del 9, donde fueron sometidos a feroces agresiones a su integridad física. Los malogrados héroes de Constanza, Maimón y Estero Hondo forman parte de una raza inmortal, que todavía los dominicanos no la merecemos por la forma de cómo hemos mancillado su memoria, con una clase política formada en el despojo de los recursos públicos con la comisión de los actos de corrupción más escandalosos, en donde esa clase ha formado un valladar para que sus miembros nunca puedan ser tocados, y si algún día alguno de ellos cayera en las manos de una justicia seria y responsable, le buscan la forma de evadirla. Los héroes del junio inmortal de 1959 permanecen postergados en los sentimientos del ciudadano, atropellado hoy en día por todos los males de una sociedad ahogada por la violencia, la inmunidad de los antisociales y la vergüenza ante un enriquecimiento ilícito y están acosados de tal manera que sobrevivir es la máxima aspiración, dejando de lado aquellos sentimientos que por última vez fueron sacudidos con el levantamiento socio político de abril de 1965. Y esta fecha aniversario del desembarco de Maimón y Estero Hondo coincidió con la celebración más emblemática de la Iglesia Católica, que reconoce la presencia del cuerpo de Cristo en la eucaristía, adoptándose desde el siglo XIII (1268) como dogma de fe, proclamado por el papa Urbano IV. Fue la primera fiesta de la Iglesia establecida por un dogma papal.

Trujillo: el antihItiano.

REPORTAJE- Trujillo: el antihaitiano Por VICTOR MARMOL Los presidentes Stenio Vincent, de Haití, y Rafael L. Trujillo, de República Dominicana Aunque la diplomacia del gobierno de Rafael L. Trujillo Molina atribuyó a “incidentes fronterizos entre civiles” la matanza de haitianos del año 1937, el dictador se vanagloriaba siempre de ser el único responsable del exterminio masivo de esos ciudadanos ilegales. La orden fue dada por Trujillo, según lo revelan el doctor Joaquín Balaguer en su obra Memorias de un Cortesano en la Era de Trujillo, y el licenciado Luis Julián Pérez, en su libro Santo Domingo Frente al Destino. De acuerdo a Balaguer, Trujillo impartió la orden mientras disfrutaba en la noche del 2 de octubre de 1937 en una fiesta “rodeado de hermosas mujeres e ingiriendo grandes dosis de Carlos l, su coñac preferido”. Un alto oficial del Ejército Nacional se le acercó al jefe y le susurró que un grupo de vagabundos haitianos habían penetrado al territorio nacional para robar ganados y asaltar propiedades. El dictador se irritó de tal manera, que le ordenó al militar para que “se proceda desde esta misma noche a exterminar sin contemplaciones a toda persona de nacionalidad haitiana que se halle ilegalmente en territorio dominicano”. El genocidio de alrededor de17,000 haitianos se prolongó durante varios días “sin perturbar en lo más mínimo el ánimo del hombre que ordenó esa matanza y que jamás se arrepintió de ella”, según lo narra el doctor Balaguer, quien para esa época era el canciller interino. Luis Julián Pérez, quien fue uno de los fundadores del Banco Central y de Reservas en el gobierno de Trujillo, aseguró en su obra que “Trujillo, y sólo Trujillo, fue el único responsable de los sucesos ocurridos en 1937, y siempre lo reconoció principalmente en los meses que precedieron a su muerte, cuando salió a divulgarlo por todo el país como si presintiera que realizaba una visita de despedida”. CON LOS JOVENES El eminente jurista fallecido señala que el dictador procuraba reunirse con los jóvenes de diferentes pueblos y ciudades, “para explicar las causas del conflicto domínico-haitiano, la preocupación que su generación y la de sus jóvenes interlocutores debían mantener acerca de este asunto de tanto interés nacional, los motivos que tuvo para actuar, a fin de tratar de resolver definitivamente una situación de la cual dependía la suerte de la República, pero asumiendo él la responsabilidad de todo”. Para Julián Pérez, Trujillo “fue atrapado por las circunstancias y compulsado por los acontecimientos”, debido a que el problema venía desarrollándose durante siglos en forma alarmante, y que “nadie fue capaz de hallarle solución”. En el año 1936, Trujillo firmó un convenio mediante el cual se ratificó la delimitación física y geográfica de la frontera. Sin embargo, en el año 1937 los haitianos continuaban entrando en forma ilegal al país. EL PROBLEMA “La penetración clandestina, constante y sistemática en el territorio nacional de merodeadores haitianos continuó. Los ladrones nocturnos amenazaban desorganizar nuestra economía fronteriza. Dramáticas hileras de hombres descalzos, semidesnudos y hambrientos, cruzaban la frontera para robar el ganado y destruir nuestra agricultura”, señala Manuel Arturo Machado Báez, reputado historiador fallecido, en su obra La Dominicanización de la Frontera, publicada con motivo del 25 aniversario de la llamada Era de Trujillo, y que formó parte de una serie de obras a cargo de los mejores intelectuales de la época. Machado me obsequió un ejemplar de su obra cuando laborábamos en el diario El Caribe. La delincuencia haitiana en territorio dominicano alcanzó del año 1910 al primer trimestre de 1937 la cantidad de 2,445, de los cuales 634 fueron de robo, apunta Machado. Como caso curioso, se destaca que en el año 1937 había en el país 435 haitianos inútiles, entre ciegos, sordomudos, paralíticos, locos, mancos, idiotas, de los 52,627 inmigrantes haitianos analfabetos y hambrientos. El conflicto surgido tras los sangrientos hechos se solucionó por un acuerdo celebrado en Washington el 31 de enero de 1938, mediante el cual Trujillo aceptó indemnizar a las víctimas en el pago de US$750,000, el cual incluía el desembolso inmediato de US$250,000. Tres años después de la firma de ese acuerdo, en el año 1941, “nuevas incursiones se registraron. Los merodeadores, como en otro tiempo, caían en las sabanas donde pastaba el ganado. Asaltaban a los campesinos. Destruían las propiedades”. El 30 de agosto de 1941, llegó Trujillo de nuevo a Dajabón “para escuchar el relato de los agricultores víctimas de los ladrones. A esa reunión asistió Gérard Lescot, secretario de la Presidencia de Haití, enviado por su padre el presidente Elie Lescot. El gobierno haitiano comprobó “las actividades nefastas de estos vagabundos” e impartió instrucciones para que “todo el peso de las leyes penales sea empleado por las autoridades militares haitianas en perfecto acuerdo con las autoridades militares dominicanas”. A partir de ese momento, Trujillo inició lo que se llamó “dominicanización de la frontera”, creando nuevas provincias y realizando una serie de obras, principalmente educativas y de salud que, a juicio de Machado, “preservaría las poblaciones que iban perdiendo la conciencia de la nacionalidad y estaban expuestas a las influencias de esa invasión moral. Varios lustros más y el país se hubiera haitianizado. Con razón escribió Danna G. Munron: ‘He ahí una ola de color que avanza y que se tragará sin remedio a la República Dominicana’”. RECUERDOS En el año 1960, veintitrés años después de la matanza, Trujillo visitó por última vez la ciudad de Dajabón para recibir un homenaje “de las fuerzas vivas de la región fronteriza”, en un lugar denominado La Gorra, donde miles de campesinos desfilando a caballo con machetes y letreros alusivos al nacionalismo de Trujillo frente a los haitianos, saludaban al dictador, quien estaba en una tarima levantada en el centro de una enorme sabana bajo un ardiente sol y polvo levantado por el trote de las monturas. La noche anterior, el dictador participó en una recepción que se le ofreció en el antiguo Club Libertador. Yo (Víctor Mármol) estuve presente en los dos actos como corresponsal del diario vespertino La Nación. Tenía 17 años de edad. Recuerdo, que cuando viajábamos desde Santiago, acompañado del fotógrafo Víctor Gómez y del licenciado Juan Santos Romero, encargado de la oficina del periódico en Santiago, nos detuvimos en el Samoa Bar, de Mao, y allí supimos la trágica muerte del general Juancito Rodríguez García, acérrimo opositor a Trujillo, quien residía en Venezuela. Santos Romero opinó que Trujillo iba a estar contento por la muerte del líder antitrujillista. Y así fue. Cuando llegamos al Club Libertador, “el jefe” estaba sentado en el medio de la mesa presidencial acompañado de altos funcionarios y detrás oficiales militares. Lucía alegre mientras disfrutaba de su coñac Carlos 1 y de un merengue alusivo a su persona, interpretado por la banda de música del Ejército Nacional. En momentos en que se tocaba el merengue Salve San Cristóbal, Trujillo inesperadamente se paró de su silla y abandonando la mesa se dirigió a donde estaba una joven y la sacó a bailar ante el asombro de los que estábamos allí. Como cosa curiosa, la joven era coja. Santos Romero me dijo al oído “parece que Trujillo está borracho”. SUELTA PRESO En el mismo año 1960, el dictador visitó también la ciudad de Santiago de los Caballeros para apadrinar en esta ocasión un grupo de militares e hijos de estos que serían bautizados por la Iglesia Católica, en la antigua fortaleza San Luis. Cuando Trujillo se disponía abandonar el recinto, se oyó la voz de un hombre que lo llamaba “jefe, jefe”. Trujillo se detuvo furioso y ordenó que le llevaran a ese “pendejo que está voceando”. Cuando el hombre, que era un recluso, estuvo frente a Trujillo, éste le preguntó en forma airada qué le pasaba. El reo le contestó que tenía más de un año preso y no le pasaban causa. El dictador le preguntó por qué estaba preso, y el recluso le contestó que había matado un haitiano en defensa propia. Trujillo con una sonrisa cínica le dijo al comandante: “Que lo suelten, y que siga matando haitianos”, ante el asombro de sus acompañantes. Después de la caída de la dictadura, el general Almanzor Dujaric me confirmó que el preso fue puesto en libertad al día siguiente de Trujillo dar la orden. (Víctor Mármol, el autor, es periodista retirado y reside en Constanza)

viernes, 13 de junio de 2014

El 14 de junio de 1959

El 14 de junio de 1959 Política criminal desenfocada Por DANILO ARZENO d.arzeno[@]gmail.com “Llegaron llenos de patriotismo / enamorados de un puro ideal / y con su sangre noble prendieron / la llama augusta de la libertad”. Un domingo 14 de junio de 1959 llegaron por Constanza y luego por Maimón y Estero Hondo, 196 expedicionarios, entre ellos, profesionales de prestigio y de reconocidas familias con estable posición económica, que olvidaron el peligro que representaba venir a combatir a la más poderosa y sanguinaria dictadura del Caribe encabezada por Rafael L. Trujillo Molina. Acompañaron a los dominicanos muchos extranjeros que también entregaron su sangre y su vida por la libertad del pueblo dominicano. “Su sacrificio, que Dios bendijo / la Patria entera glorificará / como homenaje a los valientes / que allí cayeron por la libertad /. Este sábado debemos recordar y rendir honores a los hombres de La Raza Inmortal, porque gracias a ellos el pueblo despertó de su letargo, perdió el miedo y emprendió una lucha titánica y decidida para tumbar o eliminar físicamente al temido dictador. “Catorce de junio / gloriosa gesta nacional / Sus mártires están / en el alma popular/”. No eran aventureros, eran patriotas, hombres conscientes de que desaparecida la dictadura había que empezar inmediatamente una transformación política y social que permitiera a los dominicanos gozar y disfrutar de libertad y mejores condiciones de vida, en lo educativo, la salud, lo económico y trabajo estable para todos. “Hermanas Mirabal / heroínas sin igual / su grito vibrante / es el grito de la Patria Inmortal /”. ¡Vivan los héroes y mártires del 14 de junio! ¡Viva la República Dominicana libre y soberana! Las letras del himno del Catorce de Junio fueron escritas por el ingeniero Vinicio Echavarría, destacado revolucionario amigo personal del doctor Aurelio Tavárez Justo (Manolo). Falleció en Santo Domingo. La música es del maestro Héctor Jiménez. La palabra “Dios” fue incluida en dicha composición por sugerencia del doctor Ángel Concepción, nativo de San Francisco de Macorís, donde falleció hace algunos años. Héctor nació en la antigua calle Pantalón de Santiago el 18 de diciembre de 1921. Murió en Puerto Plata el 21 de diciembre de 1985, a los 64 años de edad. De los héroes y mártires del 14 de junio de 1959 sólo salvaron la vida milagrosamente los dominicanos Mayobanex Vargas y Vargas, Medardo Germán, Poncio Pou Saleta y Gonzalo Almonte Pacheco, que posteriormente fue re-apresado en Restauración su pueblo natal, llevado a La 40 y asesinado. También los cubanos, comandante Delio Gómez Ochoa y Pablito Mirabal Guerra, que tan sólo tenía catorce años de edad. Murió fulminado por un rayo en La Habana el 21 de junio 1969. En la actualidad sólo sobreviven los héroes Delio Gómez Ochoa y Mayobanex Vargas y Vargas.

domingo, 8 de junio de 2014

El martirio de Miguel Ángel Baez Diaz

La República 24 Mayo 2010 EL TRUJILLATO El martirio de Miguel Ángel Báez Díaz Miguel A. Báez Díaz. Fue torturado con crueldad por la tiranía. Compartir este artículo Sergio F. German Medrano A la memoria de doña Aida Perelló Vda. Báez, acrisolada esposa y ejemplar madre. El 30 de mayo de 1961 se concretó el hecho fundamental del proceso político que culminó con la etapa de libertad y democracia que hemos vivido los dominicanos durante los últimos cuarenta y nueve años. Un grupo de valientes patriotas organizó y ejecutó la noche de ese día la acción gloriosa del ajusticiamiento del tirano Rafael Trujillo. El heroísmo y sacrificio de todos los involucrados en ese inesperado acontecimiento, reivindicó el orgullo y la dignidad de nuestro pueblo, hasta entonces pisoteado por el diabólico poder del déspota. Por eso cada año en esa fecha debemos tributar homenaje de gratitud y admiración a quienes nos liberaron del régimen de opresión y muerte instaurado por Trujillo. Especialmente ahora que ha surgido una patología neotrujillista que está tratando de penetrar en nuestra sociedad, mediante una labor de zapa realizada por servidores de una hija del sátrapa. Con motivo de este 30 de mayo resaltaré aspectos de la vida del héroe nacional Miguel Ángel Báez Díaz, cuyo conocimiento público contribuirá a aquilatar el verdadero valor de su participación en la gesta liberadora de 1961. El 30 de mayo del próximo año exaltaré al también héroe nacional Huáscar Tejeda Pimentel, banilejo como Don Miguel Ángel y el autor de este escrito. Un poco de historia familiar Las familias Báez y Díaz son originarias de Baní y Yaguate. Don Miguel Báez Ortiz, padre de Don Miguel Ángel, fue uno de los ciudadanos más prestantes y respetados en la vida política y social de Baní. Luchó contra la dictadura de Ulises Heureaux y luego de su ajusticiamiento en Moca, figuró entre los integrantes de la fuerza revolucionaria que bajo el mando de Horacio Vásquez entró a Santo Domingo y organizó las elecciones del 15 de noviembre del 1899, de las cuales surgieron como Presidente Juan Isidro Jiménez y Vicepresidente Horacio Vásquez. Su esposa Doña Sallo Díaz descendía de los generales Modesto y Lucas Díaz, héroes de las guerras contra Haití que consolidaron la independencia nacional y el primero también héroe de la guerra por la independencia de Cuba. El prestigio de la familia Báez Díaz condujo a que Trujillo se acercara a Don Miguel Báez Ortiz y a su hijo Miguel Ángel, igual como se acercó en todo el país a las familias y personas de mayor importancia social y política para buscar su apoyo. Ninguna se atrevió a negárselo. Equivalía a declararse enemiga del dictador y correr el riesgo de prisión o muerte. Es así que algunos miembros de la familia Báez Díaz ingresan a cargos burocráticos civiles en el Gobierno. Pero, a diferencia de otras personas y familias, ninguno de ellos puede ser señalado por crímenes o enriquecimiento ilícito. Los relatos testimoniales que expondremos a continuación, algunos de ellos muy impresionantes, permitirán conocer a Don Miguel Ángel Báez Díaz en todo su valor y grandeza patrióticos. Demuestran fehacientemente su calidad humana, su solidaridad con quienes luchaban contra la dictadura y su indeclinable decisión de luchar él también para ponerle fin. Solidaridad con el 1J4 Enero del 1960. El servicio de espionaje de la dictadura descubre el Movimiento Revolucionario 14 de Junio. Varios banilejos somos detenidos. Luego de los suplicios de la “Cárcel de la Cuarenta”, adviene el confinamiento por tiempo indefinido en la prisión de “La Victoria”. Estando todavía presos en el llamado “pasillo de la muerte”, recibimos de parte de nuestros familiares la información de que en el transcurso de un desfile político en San Juan de La Maguana, Don Miguel Ángel le había solicitado a Trujillo que pusiera en libertad a los banilejos presos por participar en el 1J4. El Dictador no se inmutó ni tampoco contestó el pedimento. Con posterioridad a mi salida de la prisión en julio de 1960, en una de sus frecuentes visitas a Baní Don Miguel Ángel se entrevistó con mi padre y le pidió que me dijera que me mantuviera tranquilo porque el Gobierno de Trujillo duraría poco tiempo. Estas actuaciones de solidaridad con banilejos públicamente declarados conspiradores contra la Tiranía, corroboradas por otros testimonios que veremos a continuación, demuestran patentemente una posición política definidamente antitrujillista por parte de Don Miguel Ángel Báez Díaz. ¿A partir de qué época la asumió? Importantes testimonios En su bien documentada obra “Trujillo El Tiranicidio De 1961”, el historiador Juan Daniel Barcácel expresa que “hay evidencias de que, desde 1958, los hermanos Juan Tomás y Modesto Díaz habían iniciado conversaciones con algunos amigos acerca de la necesidad de buscar la manera más conveniente para deshacerse del tirano”. Por su lado el también historiador Don Tomás Báez Díaz, hermano de Don Miguel Ángel, en una “Carta Pública” en el “Listín Diario”, afirma que en el año 1958 condujo al Lic. Homero Hernández Almánzar a la finca de su primo Modesto Díaz “para que se entrevistara con él y con el Gral. Juan Tomás Díaz y allí se habló de la liberación de la patria esclavizada”. Estos datos históricos conducen a la siguiente interrogante: ¿Estaba Don Miguel Ángel Báez Díaz al margen de estas conversaciones en que participaban su hermano y primos? Los que conocimos las excelentes e íntimas relaciones familiares existentes entre Juan Tomás y Modesto Díaz y Miguel Ángel y Tomás Báez Díaz, no abrigamos la más mínima duda sobre el conocimiento y la participación que tuvo Don Miguel Ángel Báez Díaz en estas conversaciones. Es una deducción lógica. Por otra parte, un testimonio del Dr. Mario Read Vittini en su obra “Trujillo de Cerca” nos ofrece otro dato importante para contestar la interrogante destinada a determinar la época en que Don Miguel Ángel decidió enfrentar a Trujillo. Refiriéndose a un encuentro fortuito que sostuvo con Don Miguel Ángel en el Malecón de la ciudad de Santo Domingo, expresa que éste le dijo lo siguiente: “¡Si yo encontrara otro decidido como yo, yo matara a ese hijo de la gran puta ahí, en Güibia, cuando nos sentamos en la rotonda! Pero sé que yo solo, sin apoyo de otro, desde que intente sacar la pistola me van a matar sin tiempo de que yo lo elimine a ese desgraciadoÖÖ.¡Pero esto no se aguanta yaÖ..! ¡Hay que salir de él a cualquier precioÖÖ! Estoy harto de tantos abusos” Yo asentí y le dije que yo creía lo mismo. Pocos días más tarde, murió de parto su hija Pilar”. Los testimonios que hemos expuesto dejan claramente establecido que desde antes del asesinato de su hija Pilarcita, Don Miguel Ángel Báez Díaz respondiendo a su integridad, entereza personal y patriotismo, había abominado el régimen de terror implantado por Trujillo. No fue este asesinato la causa impulsiva y determinante de su patriotismo, sino su íntima convicción de que había que ponerle fin a la perversidad trujillista imperante. Obviamente el convencimiento de que su hija había sido victimada por la familia Trujillo, aumentó tal vez hasta el frenesí su deseo de ponerle fin a la vida del déspota. Posteriormente el destacado luchador antitrujillista Lic. Homero Hernández Almánzar se exilió. Don Miguel Ángel aprovechó un viaje que realizó a New York en noviembre del 1960 y por mediación del Lic. Chepito Rodríguez se entrevistó con él. También aprovechó este viaje para enviar a Venezuela una carta a su exiliado primo Manuel de Jesús Santana (Lico), en la cual se refirió a la esclavitud que imponía la Dictadura al pueblo dominicano. El 30 de mayo del 1961 La indeclinable determinación de Don Miguel Ángel para que la tiranía de Trujillo llegara a su fin, prosiguió hasta que el Tirano fue ajusticiado el día 30 de mayo de 1961. Según explica el historiador Barcácel, a las cinco y treinta de la tarde de ese día “Miguel Ángel Báez Díaz se comunica por teléfono con Antonio de la Maza y le participa que Trujillo se propone viajar esa noche a San Cristóbal. Báez Díaz también telefonea a su primo Modesto Díaz Quezada”. Estos fueron los avisos o campanadas gloriosas que pusieron en marcha las actividades de ese día del grupo de acción formado por los patriotas que horas más tarde pusieron fin a la vida criminal de Trujillo y a una de las dictaduras más crueles y despiadadas de América. ¿Se hubiera concretado ese día el ajusticiamiento de Trujillo sin el aviso de Don Miguel Ángel? Indudablemente la respuesta es no. Pero no fue este aviso su única participación en los heroicos acontecimientos del día 30 de mayo. Como Don Miguel Ángel era parte del núcleo dirigente formado por los patriotas, al notar a las nueve y treinta de la noche de ese día que Trujillo se retardaba en partir hacia San Cristóbal y, según expone el historiador Balcácer, hacia esta hora algunos de los conspiradores parecían impacientarse por su demora en aparecer en la avenida George Washington, entonces “Miguel Ángel Báez Díaz, consciente de que tal situación puede intranquilizar al grupo, acude personalmente al lugar en donde están De la Maza, Imbert, Estrella Sadhalá y García Guerrero, y les asegura que Trujillo pasará por allí dentro de poco”. Ante esta información los ajusticiadores siguen a la espera hasta que finalmente Trujillo aparece y es consumado el Tiranicidio. De nuevo surgen estas interrogantes: ¿Qué hubiera ocurrido si Don Miguel Ángel no transmite la información asegurando que ciertamente Trujillo pasaría al poco rato por el lugar donde lo esperaban los héroes? ¿Se hubiera pospuesto la acción libertadora? Nadie puede responder tratándose de un hecho que no llegó a ocurrir. Contrariamente al producirse esa noche el ajusticiamiento de Trujillo existe una certeza: Gracias al valiente y decisivo aviso de Don Miguel Ángel Báez Díaz, los patriotas se mantuvieron firmes a la espera de Trujillo hasta lograr ajusticiarlo y ponerle fin a su sangrienta dictadura. El martirio Dejemos que sea la autorizada pluma de Don Luís Amiama Tió, su compañero de heroísmo, quien nos relate los días finales del gran patriota Miguel Ángel Báez Díaz, reproduciendo a continuación parte de lo que escribió con motivo de cumplirse en el año 1965 cincuenta y tres años de su nacimiento. “El drama de su vida se inicia con el calvario de su prisión causada por su gesto de decencia y de desinterés que no puede confundirse con ambición, cuando vuelve sus espaldas al baño de oro que le ofrecía la dictadura y exponiendo su vida se enfrasca en infatigable lucha por la libertad de su pueblo. En su martirologio Miguel Ángel sufrió horrendas torturas desconocidas en nuestro medio, capaces de erizar a los peores criminales de los tiempos de la inquisición. Un día, en tremenda prueba, uno de los familiares predilectos del dictador, personalmente y usando para ello la culata de una carabina Cristóbal, le sacó al mártir que ellos forjaban, todas las piezas dentales para irlo preparando para el segundo y más horrible cuadro de su drama, en el cual tuvo que presenciar consternado ñ y lo hizo con la frente en alto como soñaba ver a su bandera ñ el fusilamiento del primer fruto de su amor, de su hijo del alma, el teniente Miguel Báez Perelló, totalmente ajeno a los movimientos conspirativos que dieron al traste con la maléfica existencia del tirano. Ante ese cuadro aterrador en que un padre cariñoso ve rodar por tierra el cuerpo flagelado del inocente hijo victimado, aquel coloso del estoicismo no derramó una sola lágrima, y hasta las bases de los edificios de los centros de tortura se estremecieron reverentes en merecido tributo al coraje indomitable de aquella mezcla de león y de hombre. Aquí se produjo una repetición del episodio que vivió Máximo Gómez. Miguel Ángel no pudo llorar, como no pudo llorar Gómez ante sus aguerridos mambises cuando perdió a su hijo panchito en las luchas por la libertad de Cuba. “Llora por mí” escribió Gómez al apóstol Martí, “que los rigores de la guerra no me permiten sentarme a llorar la pérdida de un hijo”. Miguel Ángel también tuvo a su Martí en la persona de su valiente esposa, pero ella tuvo que llorar dos veces, primero al hijo de sus entrañas y luego al inseparable compañero. Pero el drama no concluía y aunque los tramoyistas estaban agobiados por el bacanal de sangre y de dolor que ayudaban a montar, clamaban íntimamente para que el apuntador diera la señal de bajar el telón, faltando la escena final, que se produce cuando fusilan a Miguel ángel, atacado de neumonía, ya exánime, una masa inerte que en lugar de metralla debió de recibir la extremaunción para que el sol de la piedad iluminara siquiera con un rayo de luz a aquel valiente moribundo que convertido en un harapo humano le sobraba aliento para cuando por los pasillos del 9 se escuchaba el taconeo nazi de la banda de forajidos y torturadores que a diario le proporcionaban su dosis de dolor, dejar oír su voz que exclamaba “aquí está Miguel Ángel siempre listo.” La familia Báez Perelló La familia formada por Don Miguel Ángel Báez Díaz y su esposa Doña Aida Perelló, soportó el dolor inmenso originado por las muertes de Don Miguel Ángel, Miguelín, Pilarcita y su esposo Jean Awad, todas ocasionadas por Trujillo, sus familiares y sus sicarios. Sus angustias y padecimientos son indescriptibles. Particularmente los de Doña Aida, dama de inmaculada vida, símbolo del amor de madre y esposa ejemplar. Las vivencias íntimas de estos luctuosos acontecimientos son narrados conmovedoramente por Mayra Báez de Jiménez, hija del matrimonio Báez-Perello, en su obra “Si la mar fuera de tinta ..... Vivencias de una niña tras la caída de la dictadura Trujillista”. Debe ser resaltado y admirado el hecho de que con posterioridad al ajusticiamiento de Trujillo los supervivientes de la familia Báez-Díaz (Nelson, Tania y Mayra), jamás han buscado beneficios personales o empresariales de parte del Gobierno dominicano, ni tampoco sus cónyuges y descendientes, aprovechando la categoría histórica de héroe de su padre, el martirio de su hermano Miguelín y la victimización de su hermana Pilarcita y su esposo Jean Awad. Don Miguel Ángel ejerció sus funciones públicas con absoluta honestidad. No acumuló riqueza agrícola, ganadera, comercial o industrial que heredaran sus hijos. Pero les legó lo más importante: Moralidad y dedicación al trabajo honesto. Miguel Ángel Báez Díaz despreció los favores y privilegios del poder político, para inmolarse en la lucha por la libertad de nuestro pueblo. A diferencia de aquellos que se mantuvieron en estado de callada sumisión ante el crimen y los atropellos, desarrolló una rebeldía que encabritó su conciencia empujándolo a la acción heroica. Su recompensa fue el sufrimiento y el sacrificio, purificados en el altar sagrado de la patria donde sólo llegan los que mueren como él, ofrendando sus vidas en noble y generoso holocausto por la libertad, la democracia y la justicia.