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domingo, 21 de julio de 2013

“Entre cartas y desapariciones”

“Entre cartas y desapariciones” Por Giannella Perdomo Pérez 08/25/2011 Víctor Alicinio Peña Rivera “¡Inconsecuencias de la vida! Debemos registrar en nuestra memoria histórica, el documento que nos facilita Víctor Alicinio Peña Rivera, Jefe del SIM en el Cibao Central, bajo cuya responsabilidad enmarcamos la muerte de Rufino de la Cruz, María Teresa, Patria y Minerva Mirabal.” Santo Domingo. (Atanay.Com).-Doña Carmela Pardi de González, madre de Víctor González, hecho prisionero y desaparecido en las mazmorras trujillistas durante el nefasto período del extermino de enero 1960, a quien conocí en Santiago como parte del grupo de mujeres que semanalmente se desplazaban a La Victoria para visitar a sus familiares detenidos, - del cual mi madre Quisqueya Pérez formaba parte- falleció años pasados sin conocer el destino final del cuerpo de su amado hijo. De doña Carmela, además de su grato recuerdo, conservo unas líneas que escribió a Vitico, como familiarmente le llamaba, en las que nos transmite sus sentimientos maternales de la época. Con reverencia, reproduzco cuanto nos dice en su “Angustia….” “Ha llegado el mes de Enero, y con su llegada, se han agudizado mis dolores y mis profundas penas. Y los dolores y las profundas penas de cientos y cientos de madres, esposas, hijos, hermanos que en el fatídico mes de enero de 1960, vieron salir de sus casas a sus seres queridos para no volver nunca más. “Cómo sufre y se desgarra el corazón por la falta de nuestros hijos. Cómo sentimos desagarrarse nuestras entrañas, al pensar que jamás volveremos a tener a nuestros seres queridos junto a nosotros en la mesa, que su adorada cabeza ya no volverá nunca más a descansar en la almohada que con tanto amor ahuecábamos y que todavía la vemos ahí, en su cama, que continúa y continuará vacía….. “¿Dónde estás, Vitico querido? ¿Dónde están tus restos venerados, triste incógnita que hace enloquecer mi mente? “Inútil afán de pensar y pensar, y luego volver al punto de partida, que es lo único cierto… La triste noche del 19 de Enero de 1960, cuando te fuiste para siempre de tu hogar querido, tú, que tanto lo querías…. “Tu alma si sé donde está: junto a Dios, allá en lo Eterno, pues el martirio que sufriste, tiene que haber purificado tu alma de tal modo, que al desprenderse de la materia, ha tenido que ir a gozar de los placeres inigualables de la gloria celestial. “Perdóname hijo mío, si con esto te ofendo, pues tú eras tan humilde, y estas palabras pueden parecerte vanidosas, pero no, no es vanidad lo que me mueve, es que he querido hacerte un homenaje póstumo por lo buen muchacho que yo sé que tú eras. “Fue breve tu paso por la tierra, hijo mío querido, apenas 23 años, y ya te fuiste, pero fueron hondas las raíces que dejaste de bondad, de seriedad y patriotismo. “Sólo 23 años tenías, casi un niño, y te quitaron la vida, pletórica de sueños e ideales de libertad que no conociste ni llegaste a conocer o gozar, pero que anhelaste con todas las fuerzas de tu espíritu. Recuerdo que un día, hablando tú y yo de la situación política del país te pedí que no entraras en nada que pudiera llevarte a la cárcel por segunda vez, y tú me contestaste, nunca lo olvidaré: “No me sentiré nunca un hombre digno, si por sentimentalismo o cobardía, me arrincono, dejando luchar a los demás para luego gozar una vida y una libertad que yo no contribuí a alcanzar.” “A muchachos como tú los asesinaron, los masacraron los asesinos a sueldo de la tiranía, y hoy los vemos pasearse por las calles de todas las ciudades, satisfechos de su innoble tarea, con su pistola al cinto, recibiendo jugosos sueldos, todo ello en pago de tantas lágrimas que hicieron derramar, de tanto dolor sin nombre, de tantos huérfanos y de tantas madres solas… “Yo, en nombre de todos mis compañeros de dolor, emplazo al Consejo de Estado para que, cuanto antes, haga que se cumpla la justicia y nos quite el espectáculo ingrato a nuestros ojos, de los caliés, asesinos y torturadores de la pasada tiranía. “Pedimos, no venganza, sino justicia en honor y en recuerdo de todos los que perdieron la vida en su lucha por la Libertad; verdaderos héroes, puesto que a ellos no los movió un mezquino deseo de venganza personal, sino simplemente: La Libertad de la Patria. Carmela Pardi de González Enero de 1962” OTRO CASO Acontecimientos idénticos a los de doña Carmela, vivió durante años, Víctor Díaz, hijo del desaparecido José Manuel Núñez y Núñez, teniente del Ejército Nacional, quien se encontraba prestando servicios al Teniente General José René Román Fernández - involucrado en la acción del 30 de mayo del 1961, que determinó el fin de la dictadura-, responsable de la Jefatura de Estado Mayor de Guerra y Marina, además de sus hermanos Wenceslao y Jorge Núñez T, ambos sargentos E.N., fueron cobardemente asesinados y sus cuerpos jamás localizados. Bajo la voz militar de Ramfis Trujillo Martínez, en respuesta primitiva a la muerte de su padre Rafael Leónidas Trujillo Molina y como grito de poder desmedido, ordenó la muerte del Teniente Núñez y los Sargentos Núñez T., E. N., cuyos cuerpos no fueron entregados ni jamás pudieron ser rescatados por sus familiares. Víctor Martínez, tenaz perseguidor de la verdad y en búsqueda incesante de los cadáveres de su padre y hermanos, originó trámites indagatorios a fin de poder determinar el lugar de las posibles tumbas. Mil y una vueltas buscando, investigando, tocando Despachos, escribiendo cartas a las autoridades competentes, de cuyas gestiones solo “coleccionó” las más disímiles, absurdas, insustanciales y evasivas respuestas. Tozudo como doña Carmela, preguntándose incansablemente ¿dónde están los desaparecidos o ya muertos? ¡Solo la muerte podría detener el empeño de su búsqueda! Y es así como aquel día, sin mayores preámbulos, decide escribir a Víctor Alicinio Peña Rivera, maestro artífice de muertes, tristemente recordado por sus actividades en el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), en la región del Cibao. Pasados los días, su cartero entrega las encomiendas. ¡Tiene carta enviada desde Puerto Rico, nunca mejor llamada Isla del Encanto! La procedencia de la epístola le hace titubear; trémulo de emoción rasga el sobre y empieza a leer, cuidadosa y lealmente: “San Juan, Puerto Rico. Febrero 5 de 1980 Señor Victor Diaz 124 Gordon St. Providence, Rhode Island 02905 Estimado Señor Díaz: “Al llegar a mi oficina hoy me encontré con su carta. Créame que me conmovió, y procedo a contestarla sin dilación. “El drama del pueblo dominicano es triste e interminable; a nadie le interesa lo que pueda sufrir el hombre común, el hijo del pueblo, porque su caso no interesa a nadie. Solo la clase dominante tiene el privilegio de erigir sus propios héroes y en constituirlos en símbolos a los que hay que reverenciar y seguir dócilmente aunque sea dudoso el origen de tal enaltecimiento. “Nadie te ha hecho caso en tu justa y desesperada búsqueda porque tu drama ya no puede servir para sacar ninguna ventaja o provecho político. Nuestro país está lleno de hipócritas y fariseos. Ni las autoridades ni el mismo Presidente contestarán tus cartas. ¿No te das cuenta que es el mismo sistema que aún predomina? ¿No son acaso los mismos instrumentos que usó Trujillo los que han sido usados sucesivamente por Donald Reid, Balaguer, etc.? ¿Quién va a meterle mano con una investigación que saque a la luz tantos crímenes? ¿No fueron el General Rodríguez Echavarría y Beauchamps los esbirros jefes de casas de torturas donde se asesinaba en cantidades industriales quienes después fueron utilizados y enaltecidos hasta el Comando Supremo de nuestras Fuerzas Armadas? “El sistema necesita esa gente y tiene que protegerlos, porque esos son los que estarán dispuestos siempre a atropellar para sostener la corrupción. “Yo he luchado contra todo eso y he luchado solo, porque a mi se me usó para entretener a nuestro pueblo ignorante mientras ellos se fortalecían y aseguraban su permanencia en el dominio de aquella sociedad, aunque yo fui parte del sistema, terminé siendo víctima del propio sistema. “Por lo que he oído, tu padre, el teniente Núñez, a quien yo conocía muy bien y tus hermanos, fueron asesinados por el Ejército ya que a esa rama ellos pertenecían, y tengo razones para creer que así fue. No sé qué disposición harían de los cuerpos, pero era la costumbre de que los tiraban al mar para no dejar pistas que pudiesen generar investigaciones futuras que siempre podrían mover la opinión pública, de manera que es muy lógico pensar que eso de cementerios secretos es un mito, obra de la mente de personas que desconocen cuan terrible y frío es el sistema”. Atentamente, Víctor A. Peña Rivera” Al concluir la lectura de este aluvión de datos, la incesante búsqueda termina. La descarga de adrenalina nubla los sentidos, se confirman las pesquisas y percepciones de quienes participaron en el proceso de las luchas ideológico-políticas para la consecución de las libertades nacionales, con relación a la desaparición de los compañeros que jamás retornaron a las celdas. ¡Inconsecuencias de la vida! Debemos registrar en nuestra memoria histórica, el documento que nos facilita Víctor Alicinio Peña Rivera, Jefe del SIM en el Cibao Central, bajo cuya responsabilidad enmarcamos la muerte de Rufino de la Cruz, María Teresa, Patria y Minerva Mirabal. Para todos aquellos luchadores asesinados, mártires y héroes anónimos, muertos inmisericordemente, sin apellidos sonoros, carentes del abolengo y la casta hidalga de la clase adinerada, o quizás como enseñara el Prof. Juan Bosch, simples “Hijos de Machepa”, es tiempo de reconocer su entrega; tiempo quizás de construirles una tumba común, donde se inscriban sus nombres para la conservación de nuestra valiosa memoria histórica porque definitivamente ellos necesitan de nuestro reconocimiento y descansar, aunque simbólicamente, bajo las tradiciones culturales de nuestras costumbres cristianas. giannellaperdomo@hotmail.com