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lunes, 31 de mayo de 2010

¿Mataba o no mujeres Trujillo?



¿Mataba o no mujeres Trujillo?


Las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, heroínas de la libertad que cayeron víctimas del trujillato.


Por Aquiles Julián
12 de May 2010 12:00 AM
Las personas se incriminan por lo que dicen, por lo que no dicen y por cómo dicen lo que dicen. Toda expresión puede y debe evaluarse en sus mensajes literal, implícito e inferencial, para tener una comprensión integral de lo comunicado.




Dicho lo anterior, veamos cómo queda explícito el carácter criminal de Trujillo y su régimen por la anécdota que relata el señor Luis José Domínguez.

Al exponer que el “general Echavarría” (infiero que se refiere al general Pedro Rafael Ramón Rodríguez Echavarría, mismo que autorizó el ataque a la Base Aérea de San Isidro que forzó la salida apresurada de la familia Trujillo y algunos de sus cercanos colaboradores del país en noviembre del 1961), al enterarse de la muerte de las hermanas Mirabal exclamó: “¡Eso no fue el Jefe…! ¡El Jefe no mata mujeres!”

¿Por qué tendría el general Rodríguez Echavarría que decir esa expresión? ¡Porque sabía el carácter criminal del régimen al que servía!: Era un régimen que mataba, era un régimen criminal, que asesinaba a los ciudadanos que se oponían al mismo o, en ocasiones, como el para aquella época alto funcionario de la tiranía y posteriormente presidente constitucional de la República, doctor Joaquín Balaguer expresó en La palabra encadenada, simplemente para infundir terror.

Así que al señor Domínguez, que ha intentado una desquiciada cruzada en defensa de la tiranía, amplificando la fábula difamatoria que su esposa, la hija favorita del tirano escribió en su libelo Trujillo, mi padre le pasa como a Chacumbele: él mismo se mató argumentalmente. Admite implícitamente que el régimen de su suegro era una dictadura criminal, sólo que “no mataba mujeres”. Ahora bien, ¿era eso verdad?

Pensar con eficiencia es una disciplina que se aprende, no una facultad humana innata; tenemos el potencial de pensar, pero el pensar hay que estudiarlo, al igual que tenemos el potencial de aprender un idioma, pero hay que tomarse el tiempo y el esfuerzo de estudiarlo y practicarlo hasta dominarlo.

Si no aprendemos a pensar, entonces desarrollaremos un pensamiento espontáneo, silvestre, ineficiente, empírico y, por ende, defectuoso. Establezco lo anterior porque toda expresión, incluyendo el silencio que es una manera de comunicación, si la pensamos, nos aportará una riqueza de información de gran valor.

Dicho lo anterior, pensemos. ¿Por qué el general Rodríguez Echavarría haría una exclamación semejante? ¡Y pública, es decir expresamente para que otros, sus subalternos, la escucharan y la informaran! ¿Qué motivos tendría para aquel aparente exabrupto? Veamos el contexto: La Era de Trujillo fueron 31 años en que el chisme predominaba (todavía es así en nuestro país: carreras militares se echan a perder por chismes; de ahí que a los agentes de seguridad se les denomine en la jerga militar dominicana “picochatos”, una manera de llamarles “chismosos”), y se vivía en un intento de degradar, comprometer, rebajar, incriminar, inculpar, levantar sospechas al otro para buscar, mediante su destutanamiento, la oportunidad de ascender, de brillar, de sustituir; todo lo cual era la expresión conductual de la degradación y el rastrerismo al que la dictadura nos condujo: vidas sin decoro, sin honor, sin decencia alguna, de sometimiento, de sumisión, de complicidad, de cobardía; un mundo en que todos estaban obligados, por preservar una existencia rastrera. a enaltecer al criminal, a lisonjear al patán, a honrar al violador, a competir en niveles de abyección con los demás.

Esa es la sociedad que el señor Luis José Domínguez nos pinta como “la más fecunda”. Una sociedad en que los padres llevaban a sus hijas con la esperanza de que el sátiro infame se encaprichara con una de ellas por las ventajas que la familia iba a derivar de que una de sus hijas fuese una “querida” de Trujillo; en que la delación era una obligación y todos se espiaban unos a otros; en que prosternarse, aplaudir, lisonjear y empuercarse de mil y una maneras eran prerrequisitos para subsistir, pues el secuestrador de San Cristóbal era el mandamás, el que ponía y quitaba, el amo y señor de haciendas, vidas y honras.

Como en una sociedad tal, parafascista (el modelo fascista fue introducido por aquel infeliz pico de oro, ambicioso sin escrúpulos y corresponsable de la Era de Trujillo y sus funestas consecuencias: el licenciado Rafael Estrella Ureña, un engreído que se creía predestinado a gobernar el país, borracho de su propia baba, y que en su delirio facilitó la conspiración que terminó por entronizar a Trujillo en el poder), las expresiones se piensan y repiensan, pues un resbalón se paga con la vida, y más en las Fuerzas Armadas de Trujillo, es obvio que el aparente exabrupto del general Rodríguez Echavarría respondió a un interés personal del mismo en hacer oír y dejar saber que él se sumaba al esfuerzo de ocultar el origen y la mecánica del crimen. Una manera de no resultar sospechoso de silencio, de declarar estentóreamente su anuencia y respaldo, de evitar que por descuido otro cualquiera le gane la carrera de prosternación y ponga en peligro su posición jerárquica. Rodríguez Echavarría sabía bien que por menos un funcionario caía en desgracia.

Es un interés egoísta, si se quiere, por poner a buen recaudo el propio cuello, mandando un mensaje de obsecuencia y sumisión al capo di tutti capi tropical que ejercía su latrocinio indisputado. ¿A quién cabía suponer que el general Rodríguez Echavarría podría decir otra cosa? ¿Usted se lo imaginaría diciendo algo como : “Sospecho que el Jefe tiene que ver con este crimen”?

Es claro que la expresión del general Rodríguez Echavarría en nada tiene que ver con el crimen de las Mirabal y sí tiene mucho que ver con él, con mandar un mensaje frente a sus subalternos de encubrimiento, complicidad y obsecuencia, de lealtad en el crimen, en una sociedad que daba signos claros de descomposición.

Ahora bien, ¿mataba o no Trujillo mujeres? ¡Claro que sí! De hecho, la Era de Trujillo comenzó asesinando cruelmente a una embarazada. ¿O no sabía eso el consorte de la hija del Jefe? Claro que lo sabe, claro que el señor José Luis Domínguez es 100% consciente del origen espúreo de aquel malhadado régimen. Supongo que hace fantasías sobre qué hubiese ocurrido si hubiese sido marido de Angelita sin que aquel régimen criminal se hubiese desmantelado. La perspectiva tiene que emocionarlo.

El príncipe consorte de Angelita I. Gracias a los héroes del 30 de Mayo esa perspectiva se inhabilitó para siempre y los dominicanos, con las precariedades, insuficiencias, deficiencias, debilidades e inconsecuencias de nuestra democracia, avanzamos hacia niveles superiores de convivencia pacífica, de madurez democrática, de institucionalidad, pese a que los malos políticos criollos, torpes imitadores muchos de ellos del tirano, han torpeado esa legítima aspiración nacional.

La Era de Trujillo comenzó con un crimen horrendo: el asesinato de una mujer embarazada y su esposo, el escritor Virgilio Martínez Reyna. ¿Mataba o no Trujillo mujeres? ¡Mataba incluso fetos, como el de Altagracia Almánzar de Martínez! Un crimen vicioso, porque Martínez Reyna padecía una enfermedad pulmonar crónica.

Como recomiendo soportar en documentos cualquier afirmación, transcribo un párrafo del elocuente libro de Luis F. Mejía De Lilís a Trujillo, Pág. 315: “Silverio era el jefe de la Fortaleza San Luis en mayo y junio del 1930. Cuando José Estrella solicitó presidiarios expertos para la expedición a San José de las Matas contra los Martínez Reyna, él se negó a entregarlos sin consultar a Trujillo, quien le dijo por el teléfono: “obedezca las órdenes del general Estrella”. Ante lo horrible del crimen, le asaltaron después remordimientos”.

Poeta y líder del horacismo santiaguero, Virgilio Martínez Reyna fue sorprendido por los matones dirigidos por aquel sicópata analfabeto y cerril que fue José Estrella (¿no le tendrán una calle dedicada, como a otros? Es muy posible. Total, ¿no hay dedicadas a Panchito Prats, Osvaldo Bazil, Virgilio Díaz Ordóñez y otros esbirros intelectuales de la Era infame?); lo sorprendieron en su cama y lo mataron a tiros y machetazos. Doña Altagracia Almánzar de Martínez, la esposa, embarazada “quiso escudarlo con su propio cuerpo de las balas de los asesinos; pero ellos no tuvieron compasión ni de su juventud, ni de sus gracias, ni de su heroísmo, ni de la criatura que llevaba en sus entrañas. Quedó tendida con heridas graves junto al cadáver del esposo. Murió al día siguiente después de abortar” (De Lilís a Trujillo, Pág. 246).

Como puede constatar el señor Luis José Domínguez, Trujillo sí mataba mujeres, lo hizo desde el comienzo mismo de sus sangrientos 31 años de crímenes.

¿Sabe su hija, la fiscal federal y abogado, que con ese crimen nefando se inauguró la tiranía de su abuelo? ¿Que esa es la impura sangre que le corre por las venas? ¿Lo saben todos sus hijos, señor Domínguez?

Y para que tenga una idea cabal de qué tipo de régimen fue aquel que usted idealiza y promueve, le cito al ex-funcionario y ex-presidente títere de aquella tiranía nefanda, el doctor Joaquín Balaguer, más autorizado que el señor Domínguez para hablar del régimen porque fue uno de sus parteros, redactó el Manifiesto del “Movimiento Cívico”, estuvo con un mosquetón en la Fortaleza San Luis y desde 1930 fue funcionario ininterrumpido de aquella gravosa tiranía hasta facilitar su desmantelamiento, según el plan de los complotados, en 1961. En la página 92 de sus Memorias de un cortesano de la “Era de Trujillo”, Balaguer, ducho en el uso de las palabras, fue lapidario al referir el crimen de los esposos Martínez Reyna: “Con ese acto inicuo se iniciaba el terrorismo político en la “era de Trujillo”.

Demos otro ejemplo. Pantolín de Castro Beras fue militar, asignado al Cuerpo de Ayudantes Militares del tirano. En sus memorias, Trujillo y mis vivencias, narra en la Pág. 65 el siguiente caso: “…la profesora Graciosa Bobadilla Beras fue espectadora en la Universidad de Columbia del secuestro y anestesiamiento del profesor Galíndez y llena de pánico expresó: ¡Ay! ¿Y qué es lo que le están haciendo a ese pobre hombre?

No podía quedar ningún testigo de este caso y de ello se encargó una prominente Embajadora también oriunda de El Seibo, la que hizo una cordial invitación a una recepción en la sede de las Naciones Unidas, de la que formaba parte, y así con una copa de veneno terminó la existencia de mi infortunada profesora”.

El señor Domínguez podría alegar que las acciones de José Estrella o de Minerva Bernardino no son acciones directamente atribuibles a Trujillo. Pero ¿quién las ordenaba? ¿A quién servían? En Derecho, el empleador es el responsable legal de las conductas de sus empleados durante su tiempo de trabajo. Los que mandan tienen la mayor responsabilidad.

Veamos ahora un testimonio del ex-funcionario y testigo privilegiado de la Era de Trujillo: el ex-presidente Joaquín Balaguer que nos informa que sí, que Trujillo mataba mujeres.

En su libro La palabra encadenada, Pág. 414, narrando la espiral de crímenes desatada por el intento de Trujillo de ocultar la autoría del secuestro de Jesús de Galíndez, hecho real que marcó el inicio de la caída del régimen, informa: “Francisco Martínez Jara, alias El Cojo, quien participó materialmente en el secuestro de Galíndez, fue eliminado junto con éste. Le siguió su amanta Gloria Viera, joven puertorriqueña a quien se le señaló como víctima de un accidente en la carretera entre Santiago y Puerto Plata, en agosto de 1956”.

Nótese la predilección que tenía el trujillismo por los accidentes de tránsito, una manera clara de enviar un mensaje implícito a la sociedad de cuál sería la consecuencia de disentir del régimen. Y nótese igualmente que el asesinato de Gloria Viera, mujer, se efectúa según publicaron en el tramo Santiago-Puerto Plata, mismo en que cuatro años más tarde volverían a matar mujeres, esta vez a las Mirabal, lo que muestra un hábito, una conducta repetitiva. Y es que perro huevero, aunque le quemen el hocico, señor Domínguez.

Estos tres no son los únicos casos, hay otros. No quiero hacer una enumeración exhaustiva porque no es el propósito de este artículo. Lo que buscamos es desmontar otra mentira más del conjunto de embustes puestos a rodar por los trujillistas y, en particular, por el esposo de Angelita Trujillo.

La tiranía sanguinaria de Rafael L. Trujillo, al que sus servidores y cómplices han querido vender como “estadista” y otros falsos méritos (¿cómo puede ser estadista un individuo que nombra a sus hijos siendo niños coroneles y generales, los pone a fusilar prisioneros en San Isidro y obliga a los oficiales de su ejército a rendirles homenaje, y que hacía cambiar las leyes ad-hoc según su propia conveniencia, rasgo que han seguido copiando los presidentes dominicanos que improvisan constituciones según sus necesidades?) , simplemente para encubrir su cobardía, servilismo y obsecuencia frente al déspota; esa tiranía infame inició chorreando sangre de mujer, sangre de enfermo, sangre de nonato, con el asesinato de Virgilio Martínez Reyna, su esposa Altagracia Almánzar de Martínez y el bebé de su embarazo.

Y terminó asesinando mujeres como las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal y el chofer que las transportaba, muertos todos a palos, con máxima crueldad.

Evelio Hernández, militar por entonces, en una carta a Diario Libre “explica que fue testigo de excepción de la orden de ejecutar a las Mirabal por ser parte de la XII Compañía del Ejército Nacional, ubicada en San Cristóbal y donde existía un sistema de radio para la comunicación que recibía las instrucciones y órdenes confidenciales que daban los altos mandos de las Fuerzas Armadas.

Hernández narra que el 25 de noviembre de 1960 se encontraba en la unidad de radio junto al sargento mayor Darío Piña cuando "entre las doce y doce y media (del día) llamaban insistentemente al capitán Alicinio Peña Rivera, quien estaba de puesto en Santiago, y se le preguntó: "Cuántos cocos tiene hoy la mata de cocos de Puerto Plata, y éste contestó: cuatro.

Y la orden que siguió a la respuesta fue un tajante: túmbelos los cuatro”.( http://www.diariolibre.com/noticias_det.php?id=236603)

Sí mataba mujeres, señor Domínguez. Y hombres. Y ancianos. Y familias enteras. Y fetos incluso. Como el mismo Balaguer escribió de Trujillo: “Sus simulaciones eran muchas veces cínicas. Cuando las hermanas Mirabal fueron asesinadas y se hizo pública la especie de que habían perecido en un accidente en la carretera Luperón, Trujillo llamó a su residencia de Fundación al mayor Cándido Torres, encargado en esos momentos de los Servicios de Seguridad. “¿Qué hay de nuevo?”, le preguntó con aire despreocupado.

Cuando el interpelado empezaba a informarle sobre las últimas novedades del departamento a su cargo, Trujillo lo interrumpió para decirle: “¿Y no sabe usted que las hermanas Mirabal han sufrido un accidente y que es posible que ese crimen se achaque al Servicio de Inteligencia, como ocurre cada vez que muere alguien señalado por el rumor público como enemigo del Gobierno? Váyase seguido y adopte las medidas que sean de lugar para que ese acontecimiento casual no se tome como pretexto para un escándalo”.

El Mayor Torres salió de allí confundido. La muerte de las hermanas Mirabal había sido largamente elaborada.” (La palabra encadenada, Págs. 316-317).

Usted puede sentirse ufano y orgulloso de haber servido a aquella dictadura terrorista. Pero no puede torcer, ocultar o cambiar la historia.

Ni suplantarla con una fantasía feérica, inventada por su esposa que ni antes, ni ahora ni nunca ha tenido un contacto en lo más mínimo con la realidad.

Vive en un mundo ilusorio, en una mentira acomodaticia para no asumir la dura verdad de tener que aceptar que fue la hija de un monstruo de indecible maldad, un aberrado, un sicópata de egolatría y carencia de escrúpulos excesivos, que con la complicidad de lacayos, serviles, matones y arribistas se enseñoreó como amo de vidas, haciendas y honras por 31 años en este infausto país nuestro, hasta que en un acto de valor supremo un puñado de sus propios colaboradores nos libró de él la noche del 30 de mayo del 1961.

Usted elige seguir defendiendo lo indefendible. Bien, no espere que los que sentimos náuseas por aquel régimen de abyección y crimen, callemos ante sus mentiras. ¿Reproducirá mis artículos en su website de la Fundación Trujillo? Se lo autorizo.

El autor es escritor. Actualmente edita y dirige cinco colecciones de libros digitales que regala sin costo por la Internet. Para recibirlas, escríbale a librosderegalo@gmail.com

El martirio de Miguel Ángel Báez Díaz

EL TRUJILLATO
El martirio de Miguel Ángel Báez Díaz



Sergio F. German Medrano

A la memoria de doña Aida Perelló Vda. Báez,
acrisolada esposa y ejemplar madre.

El 30 de mayo de 1961 se concretó el hecho fundamental del proceso político que culminó con la etapa de libertad y democracia que hemos vivido los dominicanos durante los últimos cuarenta y nueve años. Un grupo de valientes patriotas organizó y ejecutó la noche de ese día la acción gloriosa del ajusticiamiento del tirano Rafael Trujillo. El heroísmo y sacrificio de todos los involucrados en ese inesperado acontecimiento, reivindicó el orgullo y la dignidad de nuestro pueblo, hasta entonces pisoteado por el diabólico poder del déspota. Por eso cada año en esa fecha debemos tributar homenaje de gratitud y admiración a quienes nos liberaron del régimen de opresión y muerte instaurado por Trujillo. Especialmente ahora que ha surgido una patología neotrujillista que está tratando de penetrar en nuestra sociedad, mediante una labor de zapa realizada por servidores de una hija del sátrapa. Con motivo de este 30 de mayo resaltaré aspectos de la vida del héroe nacional Miguel Ángel Báez Díaz, cuyo conocimiento público contribuirá a aquilatar el verdadero valor de su participación en la gesta liberadora de 1961. El 30 de mayo del próximo año exaltaré al también héroe nacional Huáscar Tejeda Pimentel, banilejo como Don Miguel Ángel y el autor de este escrito.

Un poco de historia familiar
Las familias Báez y Díaz son originarias de Baní y Yaguate. Don Miguel Báez Ortiz, padre de Don Miguel Ángel, fue uno de los ciudadanos más prestantes y respetados en la vida política y social de Baní. Luchó contra la dictadura de Ulises Heureaux y luego de su ajusticiamiento en Moca, figuró entre los integrantes de la fuerza revolucionaria que bajo el mando de Horacio Vásquez entró a Santo Domingo y organizó las elecciones del 15 de noviembre del 1899, de las cuales surgieron como Presidente Juan Isidro Jiménez y Vicepresidente Horacio Vásquez. Su esposa Doña Sallo Díaz descendía de los generales Modesto y Lucas Díaz, héroes de las guerras contra Haití que consolidaron la independencia nacional y el primero también héroe de la guerra por la independencia de Cuba.

El prestigio de la familia Báez Díaz condujo a que Trujillo se acercara a Don Miguel Báez Ortiz y a su hijo Miguel Ángel, igual como se acercó en todo el país a las familias y personas de mayor importancia social y política para buscar su apoyo. Ninguna se atrevió a negárselo. Equivalía a declararse enemiga del dictador y correr el riesgo de prisión o muerte. Es así que algunos miembros de la familia Báez Díaz ingresan a cargos burocráticos civiles en el Gobierno. Pero, a diferencia de otras personas y familias, ninguno de ellos puede ser señalado por crímenes o enriquecimiento ilícito.

Los relatos testimoniales que expondremos a continuación, algunos de ellos muy impresionantes, permitirán conocer a Don Miguel Ángel Báez Díaz en todo su valor y grandeza patrióticos. Demuestran fehacientemente su calidad humana, su solidaridad con quienes luchaban contra la dictadura y su indeclinable decisión de luchar él también para ponerle fin.

Solidaridad con el 1J4
Enero del 1960. El servicio de espionaje de la dictadura descubre el Movimiento Revolucionario 14 de Junio. Varios banilejos somos detenidos. Luego de los suplicios de la “Cárcel de la Cuarenta”, adviene el confinamiento por tiempo indefinido en la prisión de “La Victoria”. Estando todavía presos en el llamado “pasillo de la muerte”, recibimos de parte de nuestros familiares la información de que en el transcurso de un desfile político en San Juan de La Maguana, Don Miguel Ángel le había solicitado a Trujillo que pusiera en libertad a los banilejos presos por participar en el 1J4. El Dictador no se inmutó ni tampoco contestó el pedimento. Con posterioridad a mi salida de la prisión en julio de 1960, en una de sus frecuentes visitas a Baní Don Miguel Ángel se entrevistó con mi padre y le pidió que me dijera que me mantuviera tranquilo porque el Gobierno de Trujillo duraría poco tiempo.

Estas actuaciones de solidaridad con banilejos públicamente declarados conspiradores contra la Tiranía, corroboradas por otros testimonios que veremos a continuación, demuestran patentemente una posición política definidamente antitrujillista por parte de Don Miguel Ángel Báez Díaz. ¿A partir de qué época la asumió?

Importantes testimonios
En su bien documentada obra “Trujillo El Tiranicidio De 1961”, el historiador Juan Daniel Barcácel expresa que “hay evidencias de que, desde 1958, los hermanos Juan Tomás y Modesto Díaz habían iniciado conversaciones con algunos amigos acerca de la necesidad de buscar la manera más conveniente para deshacerse del tirano”. Por su lado el también historiador Don Tomás Báez Díaz, hermano de Don Miguel Ángel, en una “Carta Pública” en el “Listín Diario”, afirma que en el año 1958 condujo al Lic. Homero Hernández Almánzar a la finca de su primo Modesto Díaz “para que se entrevistara con él y con el Gral. Juan Tomás Díaz y allí se habló de la liberación de la patria esclavizada”.

Estos datos históricos conducen a la siguiente interrogante: ¿Estaba Don Miguel Ángel Báez Díaz al margen de estas conversaciones en que participaban su hermano y primos? Los que conocimos las excelentes e íntimas relaciones familiares existentes entre Juan Tomás y Modesto Díaz y Miguel Ángel y Tomás Báez Díaz, no abrigamos la más mínima duda sobre el conocimiento y la participación que tuvo Don Miguel Ángel Báez Díaz en estas conversaciones. Es una deducción lógica.

Por otra parte, un testimonio del Dr. Mario Read Vittini en su obra “Trujillo de Cerca” nos ofrece otro dato importante para contestar la interrogante destinada a determinar la época en que Don Miguel Ángel decidió enfrentar a Trujillo. Refiriéndose a un encuentro fortuito que sostuvo con Don Miguel Ángel en el Malecón de la ciudad de Santo Domingo, expresa que éste le dijo lo siguiente: “¡Si yo encontrara otro decidido como yo, yo matara a ese hijo de la gran puta ahí, en Güibia, cuando nos sentamos en la rotonda! Pero sé que yo solo, sin apoyo de otro, desde que intente sacar la pistola me van a matar sin tiempo de que yo lo elimine a ese desgraciadoÖÖ.¡Pero esto no se aguanta yaÖ..! ¡Hay que salir de él a cualquier precioÖÖ! Estoy harto de tantos abusos” Yo asentí y le dije que yo creía lo mismo. Pocos días más tarde, murió de parto su hija Pilar”.

Los testimonios que hemos expuesto dejan claramente establecido que desde antes del asesinato de su hija Pilarcita, Don Miguel Ángel Báez Díaz respondiendo a su integridad, entereza personal y patriotismo, había abominado el régimen de terror implantado por Trujillo. No fue este asesinato la causa impulsiva y determinante de su patriotismo, sino su íntima convicción de que había que ponerle fin a la perversidad trujillista imperante. Obviamente el convencimiento de que su hija había sido victimada por la familia Trujillo, aumentó tal vez hasta el frenesí su deseo de ponerle fin a la vida del déspota.

Posteriormente el destacado luchador antitrujillista Lic. Homero Hernández Almánzar se exilió. Don Miguel Ángel aprovechó un viaje que realizó a New York en noviembre del 1960 y por mediación del Lic. Chepito Rodríguez se entrevistó con él. También aprovechó este viaje para enviar a Venezuela una carta a su exiliado primo Manuel de Jesús Santana (Lico), en la cual se refirió a la esclavitud que imponía la Dictadura al pueblo dominicano.

El 30 de mayo del 1961
La indeclinable determinación de Don Miguel Ángel para que la tiranía de Trujillo llegara a su fin, prosiguió hasta que el Tirano fue ajusticiado el día 30 de mayo de 1961. Según explica el historiador Barcácel, a las cinco y treinta de la tarde de ese día “Miguel Ángel Báez Díaz se comunica por teléfono con Antonio de la Maza y le participa que Trujillo se propone viajar esa noche a San Cristóbal. Báez Díaz también telefonea a su primo Modesto Díaz Quezada”. Estos fueron los avisos o campanadas gloriosas que pusieron en marcha las actividades de ese día del grupo de acción formado por los patriotas que horas más tarde pusieron fin a la vida criminal de Trujillo y a una de las dictaduras más crueles y despiadadas de América. ¿Se hubiera concretado ese día el ajusticiamiento de Trujillo sin el aviso de Don Miguel Ángel? Indudablemente la respuesta es no. Pero no fue este aviso su única participación en los heroicos acontecimientos del día 30 de mayo. Como Don Miguel Ángel era parte del núcleo dirigente formado por los patriotas, al notar a las nueve y treinta de la noche de ese día que Trujillo se retardaba en partir hacia San Cristóbal y, según expone el historiador Balcácer, hacia esta hora algunos de los conspiradores parecían impacientarse por su demora en aparecer en la avenida George Washington, entonces “Miguel Ángel Báez Díaz, consciente de que tal situación puede intranquilizar al grupo, acude personalmente al lugar en donde están De la Maza, Imbert, Estrella Sadhalá y García Guerrero, y les asegura que Trujillo pasará por allí dentro de poco”. Ante esta información los ajusticiadores siguen a la espera hasta que finalmente Trujillo aparece y es consumado el Tiranicidio.

De nuevo surgen estas interrogantes: ¿Qué hubiera ocurrido si Don Miguel Ángel no transmite la información asegurando que ciertamente Trujillo pasaría al poco rato por el lugar donde lo esperaban los héroes? ¿Se hubiera pospuesto la acción libertadora? Nadie puede responder tratándose de un hecho que no llegó a ocurrir. Contrariamente al producirse esa noche el ajusticiamiento de Trujillo existe una certeza: Gracias al valiente y decisivo aviso de Don Miguel Ángel Báez Díaz, los patriotas se mantuvieron firmes a la espera de Trujillo hasta lograr ajusticiarlo y ponerle fin a su sangrienta dictadura.

El martirio
Dejemos que sea la autorizada pluma de Don Luís Amiama Tió, su compañero de heroísmo, quien nos relate los días finales del gran patriota Miguel Ángel Báez Díaz, reproduciendo a continuación parte de lo que escribió con motivo de cumplirse en el año 1965 cincuenta y tres años de su nacimiento.

“El drama de su vida se inicia con el calvario de su prisión causada por su gesto de decencia y de desinterés que no puede confundirse con ambición, cuando vuelve sus espaldas al baño de oro que le ofrecía la dictadura y exponiendo su vida se enfrasca en infatigable lucha por la libertad de su pueblo. En su martirologio Miguel Ángel sufrió horrendas torturas desconocidas en nuestro medio, capaces de erizar a los peores criminales de los tiempos de la inquisición. Un día, en tremenda prueba, uno de los familiares predilectos del dictador, personalmente y usando para ello la culata de una carabina Cristóbal, le sacó al mártir que ellos forjaban, todas las piezas dentales para irlo preparando para el segundo y más horrible cuadro de su drama, en el cual tuvo que presenciar consternado ñ y lo hizo con la frente en alto como soñaba ver a su bandera ñ el fusilamiento del primer fruto de su amor, de su hijo del alma, el teniente Miguel Báez Perelló, totalmente ajeno a los movimientos conspirativos que dieron al traste con la maléfica existencia del tirano.

Ante ese cuadro aterrador en que un padre cariñoso ve rodar por tierra el cuerpo flagelado del inocente hijo victimado, aquel coloso del estoicismo no derramó una sola lágrima, y hasta las bases de los edificios de los centros de tortura se estremecieron reverentes en merecido tributo al coraje indomitable de aquella mezcla de león y de hombre. Aquí se produjo una repetición del episodio que vivió Máximo Gómez. Miguel Ángel no pudo llorar, como no pudo llorar Gómez ante sus aguerridos mambises cuando perdió a su hijo panchito en las luchas por la libertad de Cuba. “Llora por mí” escribió Gómez al apóstol Martí, “que los rigores de la guerra no me permiten sentarme a llorar la pérdida de un hijo”. Miguel Ángel también tuvo a su Martí en la persona de su valiente esposa, pero ella tuvo que llorar dos veces, primero al hijo de sus entrañas y luego al inseparable compañero. Pero el drama no concluía y aunque los tramoyistas estaban agobiados por el bacanal de sangre y de dolor que ayudaban a montar, clamaban íntimamente para que el apuntador diera la señal de bajar el telón, faltando la escena final, que se produce cuando fusilan a Miguel ángel, atacado de neumonía, ya exánime, una masa inerte que en lugar de metralla debió de recibir la extremaunción para que el sol de la piedad iluminara siquiera con un rayo de luz a aquel valiente moribundo que convertido en un harapo humano le sobraba aliento para cuando por los pasillos del 9 se escuchaba el taconeo nazi de la banda de forajidos y torturadores que a diario le proporcionaban su dosis de dolor, dejar oír su voz que exclamaba “aquí está Miguel Ángel siempre listo.”

La familia Báez Perelló
La familia formada por Don Miguel Ángel Báez Díaz y su esposa Doña Aida Perelló, soportó el dolor inmenso originado por las muertes de Don Miguel Ángel, Miguelín, Pilarcita y su esposo Jean Awad, todas ocasionadas por Trujillo, sus familiares y sus sicarios. Sus angustias y padecimientos son indescriptibles. Particularmente los de Doña Aida, dama de inmaculada vida, símbolo del amor de madre y esposa ejemplar. Las vivencias íntimas de estos luctuosos acontecimientos son narrados conmovedoramente por Mayra Báez de Jiménez, hija del matrimonio Báez-Perello, en su obra “Si la mar fuera de tinta ..... Vivencias de una niña tras la caída de la dictadura Trujillista”.

Debe ser resaltado y admirado el hecho de que con posterioridad al ajusticiamiento de Trujillo los supervivientes de la familia Báez-Díaz (Nelson, Tania y Mayra), jamás han buscado beneficios personales o empresariales de parte del Gobierno dominicano, ni tampoco sus cónyuges y descendientes, aprovechando la categoría histórica de héroe de su padre, el martirio de su hermano Miguelín y la victimización de su hermana Pilarcita y su esposo Jean Awad. Don Miguel Ángel ejerció sus funciones públicas con absoluta honestidad. No acumuló riqueza agrícola, ganadera, comercial o industrial que heredaran sus hijos. Pero les legó lo más importante: Moralidad y dedicación al trabajo honesto.

Miguel Ángel Báez Díaz despreció los favores y privilegios del poder político, para inmolarse en la lucha por la libertad de nuestro pueblo. A diferencia de aquellos que se mantuvieron en estado de callada sumisión ante el crimen y los atropellos, desarrolló una rebeldía que encabritó su conciencia empujándolo a la acción heroica. Su recompensa fue el sufrimiento y el sacrificio, purificados en el altar sagrado de la patria donde sólo llegan los que mueren como él, ofrendando sus vidas en noble y generoso holocausto por la libertad, la democracia y la justicia.

UNA PROPUESTA PARA INICIAR CAMBIO EN NUESTRA SOCIEDAD...por Hugo Quezada

UNA PROPUESTA PARA INICIAR CAMBIO EN NUESTRA SOCIEDAD...






De las recién pasadas elecciones congresionales-municipales se desprendió que aproximadamente el 50% se abstuvo de votar.
Las razones de esa abstención lo fueron :

- la no confianza en ninguno de los actores pretendían representar al pueblo vía de esas dos posibilidades.
- la absoluta certeza de que los partidos tenemos son todos la misma cosa : pudredumbre, incapacidad, latrocinio, oscurantismo, etc., etc.
- la realidad de que todos esos partidos están ligados al narcotráfico i al lavado de dinero.
- el convencimiento de que todos los partidos i políticos tenemos roban al Erario.
- la deducción de que al ocupar la nación los últimos lugares en el mundo en materia de educación, salud, mejoramiento humano, empleo, etc., i los primeros en corrupción, tráfico de drogas, lavado de dineros, etc., es una muestra fehaciente de que debemos salir de todos i cada uno de los políticos accionan en la actualidad en nuestro país.

Propongo que como resultado de los abstencionistas logrados en estas elecciones recién pasada hagamos lo siguiente :

Convocar en cada provincia a esos abstencionistas para analizar lo que debemos hacer para encauzar nuestro país por la vía de una real democracia donde el respeto a las leyes i el cumplimiento de las mismas nos encaminen por los senderos del bienestar general para la población i nuestra ubicación en los lugares mas dignos en el concierto internacional, en materia de educación, salud, empleo, bienestar humano i desarrollo.

Cuando esos abstencionistas de las 32 provincias se pongan totalmente de acuerdo, entonces se propenderá la reunión de representantes de esos abstencionistas de las 32 provincias, en un lugar del país para tomar las decisiones finales para desarraigar de una vez i por todas, este grupo de políticos sin moral i sin país.

Sólo debemos cuidarnos ante estas convocatorias de que no surjan para encabezar las mismas, los °Predestinados o Mesías°, ya que estamos cansados de éstos. Sólo los abstencionistas puros deben decidir su futuro.

Que no suceda jamás que un sinvergüenza como el señor Félix Bautista, enjuiciado i preso por el desfalco al Erario de una suma multimillonaria de dinero, nos represente ante el Congreso Nacional.

Abrazos
Hugo Quezada

Décima de la "Madre Agradecida", por Felipe Lora.































Salud y una larga vida

Le deseo presidente

Pues con ésta$ diez de a veinte

Podré comprar la comida.

Del rebú salí herida

Pero me atrevo a volver

Pues usted, desde el poder,

Alivió to’ mis pesares

Celebrando el día de Madres

Igualito a Balaguer.



Hubo gritos y empujones,

pela e’ lengua y bofetá

Aruñazos y trompá

Y rugidos de leones.

Llovieron las donaciones,

Pasaron de diez en diez;

Y fue tal la insensatez

Que a Balaguer invocaron

Mientras otras exclamaron,
¡Vuelve y vuelve otra vez!

Felipe Lora

30 de mayo, del 2010

Día de Las Madres

"Pechito iba todas las noches a torturar a los presos a La 40"

"Pechito iba todas las noches a torturar a los presos a La 40"



Por Sandra Guzmán
10 de May 2010 09:10 PM

“La mentira solamente se destruye con la verdad, la verdad la tenemos los sobrevivientes que sufrimos este holocausto, no es pasando factura, ni por estar privando en guapo, pero la verdad tiene que decirse”, es el clamor de Julio Escoto, quien afirma que fue torturado en la cárcel de La 40 por el ex esposo de Angelita Trujillo, coronel Luis José León Estévez –Pechito-, quien se suicidó de un tiro el viernes en la noche.

Explica que fue objeto de torturas de parte de “Pechito” y de otros hombres del tirano en más de una ocasión cuando estuvo preso durante ocho meses en la referida cárcel. Explicó que lo apresaron el 18 de enero del 1960 por pertenecer el movimiento 14 de Junio -1J4-.

“Esa noche fui recibido por una comitiva integrada por el general Quilito García Trujillo diciendo que habían capturado al Fidel Castro del Este, de ahí fui conducido a trompadas y patadas a presencia de Jhonny Abbes, de Candito Torres y de Luis José León Estévez, y ese equipo me cayó encima, porque decían que yo había declarado que yo sabía donde estaban unas armas que habían entrado por La Romana

Señala que cada vez que “ese tipo me veía era con una “picana”– instrumentos de tortura que proporciona a la persona una descarga eléctrica- o un “guevo de toro” en la mano, el caso es que no me dejó tranquilo nunca”.

Manifestó que ese instrumento le era aplicado a él y a los demás torturados principalmente en los órganos genitales y en el ano. Su aplicación, añade, quema la piel. “Él se deleitaba, él presenciaba los golpes junto con los otros de San Isidro”

Tunti Sánchez, El Molusco, Tavito Balcacer, Pirulo Sánchez y el hermano de “Pechito” Alfonso, fueron los nombres de las personas que se dedicaban dijo a la macabra tarea.

“Ellos se ponían detrás del coliseo a pegarle cigarrillo a uno en la espalda mientras lo estaban torturando, ellos nos llamaban “Los ceniceros humanos”.

“Esos eran los que iban toda la noche, porque Luis José iba todas las noches a torturar a los presos “catorcitas”, incluso fue uno de los estuvo presente cuando trajeron a los “panfleteros” y el personalmente con Jhonny Abbes él los interrogó y les dio golpes, porque ellos habían lanzado unos panfletos en Santiago diciendo que Trujillo era una mierda”, recordó.

“Entonces el dándoles golpes les decía: repitan, repitan que los mierdas son ustedes, el Jefe es un hombre muy grande, coño, fresco, hasta dejarlos casi muertos”, explicó al ser entrevistado por la vía telefónica en el programa de Huchi Lora, de CDN.

César Rodríguez Villeta, quien fue gobernador de Monte Plata en la época del extinto ex presidente Joaquín Balaguer, fue señalado también por Escoto como uno de los hombres que participaba en las torturas que se daban en La 40.

Agrega que luego que León Estévez fue descargado por la justicia dominicana, el presentó una querella ante el procurador Bolívar Sánchez Veloz el 14 de junio de 2007. Dice que éste le contestó que si el se atrevía a decirle eso en la cara a León Estévez.

“Bueno, yo me atrevo a eso y más y hasta a darle una galleta, si me lo pone frente a frente, pero si usted me lo desarma, porque él anda armado, armado con una 45 y ocho viejos de esos que estaban en el 9 con ametralladoras Cristóbal”, fue la respuesta que afirma le dio al funcionario.

LA MUERTE DE TRUJILLO


http://portal.reddominicana.com/foros/la-muerte-de-trujillo

La Muerte de Trujillo.

By HSG - Posted on 31 May 2007

LA MUERTE DE TRUJILLO

Zacarías de la Cruz, el chófer militar de Trujillo la noche del 30 de mayo, narró su versión de lo acontecido ese día al Procurador Fiscal y a un Juez de Instrucción. Ese documento nunca antes había sido publicado y El Caribe lo ha obtenido en exclusiva.
Su declaración fue dada casi al morir Trujillo, el 21 de julio de 1961, es decir hace exactamente 40 años al día de hoy, cuando todavía su hijo Ramfis controlaba el país y no se había iniciado el proceso de apertura del régimen, por lo que se podría pensar que su versión de los hechos reflejó la necesidad de mostrar una actitud valiente por parte del dictador en el momento de su muerte. Sin embargo, lo dicho por Zacarías coincide en muchos aspectos, mas no en todos, con las versiones dadas por algunos de los ajusticiadores que sobrevivieron al hecho.

Los aspectos más importantes de su declaración son:
1. El primer disparo contra Trujillo, que fue de escopeta, fue hecho cuando el carro que conducía Antonio Imbert y en el cual se encontraban Antonio de la Maza, Salvador Estrella Sadhalá y el Teniente Amado García Guerrero, todavía estaba detrás del de Trujillo y no, como según las versiones de tres de los participantes (Antonio Imbert, Huáscar Tejeda y Salvador Estrella Sadhalá), cuando éste estuvo al lado del de Trujillo. Ese primer disparo hirió al dictador. Por otras versiones se sabe que quien lo hizo fue Antonio de la Maza, quien estaba en el asiento delantero derecho del vehículo.
2. Zacarías le sugirió a Trujillo que se fueran del lugar, pero el dictador insistió en que se parasen a pelear. Salvador Estrella Sadhalá, ya preso, dijo que Trujillo ordenó: "Párate a pelear".
3. Desde el vehículo con los cuatro héroes y mientras rebasaban el carro del dictador, se efectuaron disparos con un fusil M-1. Algunos pudieron haber impactado en Trujillo. Por otra versión se sabe que quien le disparó fue Amado García Guerrero, que estaba en el asiento trasero derecho.
4. Al ordenar Trujillo que se detuvieran, el vehículo conducido por Imbert les rebasó y éste luego tuvo que frenar y volverse. Entonces el vehículo de los héroes dobló y bloqueó el lado derecho de la autopista. Zacarías trató de volver su auto hacia Ciudad Trujillo, pero no lo hizo pues Trujillo, mal herido, optó por desmontarse del carro y pelear en la intemperie, sin la protección del interior del vehículo. Eso cuadra con la declaración que en la cárcel dio Huáscar Tejeda.
5. La única arma que utilizó Trujillo fue un pequeño revólver 38 de bolsillo.
6. Zacarías le advirtió a Trujillo que él también había sido herido. Como su carro ya se había detenido, pudo disparar con un rifle M-1. El dictador, ya fuera del carro, también disparó con su revolver, avanzando 3 ó 4 metros desde el frente de su automóvil, moviéndose al descubierto hacia los vehículos que le atacaban. De pronto cayó de bruces, inerte, presumiblemente ya muerto.
7. Zacarías, ya solo, siguió disparando con su M-1 y luego con una ametralladora Luger. Vio cuando uno de los héroes avanzó hacia el cuerpo de Trujillo, lo que aprovechó para tirarle y herirle. De los integrantes del automóvil de los cuatro héroes, tres recibieron heridas leves: Amado García Guerrero, Salvador Estrella Sadhalá y Antonio Imbert.
8. Al acabársele los tiros a Zacarías, salió del carro para buscar una ametralladora que estaba en el asiento de atrás del mismo y entonces fue alcanzado por un tiro en la cabeza y se desmayó. En total recibió 9 impactos. De creerse su versión, los héroes no lo vieron ni lo remataron cuando se acercaron al vehículo. Eso es improbable, luce más bien que Zacarías se ocultó en la finca que en ese entonces bordeaba la autopista.
9. Zacarías no cita la llegada del segundo vehículo, manejado por Huáscar Tejeda y donde estaban Pedro Livio Cedeño y Fifí Pastoriza. Debió haberse desmayado antes, por lo que la grave herida que sufrió Pedro Livio entonces fue hecha por uno de sus compañeros. Luis Salvador Estrella, en su libro, probablemente en base a lo narrado por Salvador Estrella la misma noche del 30 de mayo antes de esconderse, coincide en que el segundo vehículo llegó después de muerto Trujillo y que fue Salvador quien, por error, hirió a Pedro Livio, quien en efecto obtuvo heridas de una pistola 38. El único que usó ese arma esa noche fue Salvador.
Esta versión de los hechos difiere en detalles importantes de lo declarado por Antonio Imbert a la prensa y también de lo dicho por Huáscar Tejeda, Pedro Livio Cedeño, Roberto Pastoriza y Salvador Estrella Sadhalá bajo interrogatorio cuando fueron detenidos y de lo que luego contaron a sus amigos en la cárcel, antes de ser asesinados en noviembre de 1961.
Bernardo Vega

La segunda versión del chofer

En un libro publicado en España en 1965 por el ecuatoriano Gerardo Gallegos, aparece una segunda declaración jurada de Zacarías, efectuada en Madrid en 1964.
Allí exagera un poco su declaración de 1961. Pone a Trujillo a decir: "Zacarías, párate que estoy herido". Y luego: "Para Zacarías, coge la ametralladora, vamos a pelear, que estoy herido". Allí se cita la llegada del segundo vehículo y agrega que fue Trujillo quien, con su revólver, hirió a Pedro Livio Cedeño, que había llegado en ese segundo vehículo y que el dictador disparó los seis proyectiles de su revólver y que murió cuando ya no contaba con balas. Esta segunda versión, reproducida en la prensa dominicana en 1999, es la que ha sido citada por algunos dominicanos que se han especializado en el tema y que tienden a defender el trujillismo.

La suerte de Zacarías

El chofer de Trujillo fue condecorado por el Presidente Balaguer en junio de 1961. Al caer los remanentes de la dictadura, Zacarías junto a Ramfis Trujillo y otros, se fue a vivir a España, regresando al país en 1966, al asumir el gobierno Joaquín Balaguer, siendo entonces nombrado en un alto cargo en el Consejo Estatal del Azúcar (CEA), en el departamento encargado de reclutar haitianos para el corte de la caña.
Nunca más hizo declaraciones a la prensa. Murió el 3 de junio de 1999 a los 93 años de edad. El presidente Leonel Fernández ordenó que fuese sepultado con honores militares. Última Hora editorializó: "Con la muerte de Zacarías de la Cruz se esfuma la posibilidad de conocer, de primera mano y a través de un testigo de excepción, más detalles reveladores sobre el ajusticiamiento de Rafael Trujillo en 1961 y otros aspectos sobre la vida privada del dictador que dominó toda una época de la vida contemporánea. Por una suerte de invariable convicción que algunos nunca entendieron cabalmente pero que todos debieron respetar por su firmeza de carácter, Zacarías fue siempre una tumba en la que nadie pudo penetrar para que hablara sobre lo que conocía como chofer preferido de Trujillo".

Antonio que Trujillo no podía estar herido cuando se inició la balacera. Antonio Imbert es el único otro testigo de los hechos que pudo hacer una declaración formal sin cohersión sobre lo que ocurrió. En su más amplia declaración a la prensa sobre el asunto, en 1964, explicó que el primer tiro, el de Antonio de la Maza, lo trató de dar cuando los dos vehículos estaban paralelos y que apuntó a Zacarías, pero la escopeta le falló. También erró el segundo, porque coincidió con el frenazo que dio Zacarías. A unos 500 metros Antonio Imbert dio la vuelta en redondo y el vehículo se detuvo en el carril derecho de la pista, como a 15 metros del de Trujillo, el cual estaba estacionado a la derecha y del cual tiraban con una ametralladora. Los cuatro héroes salieron del vehículo y tuvo lugar un intercambio de disparos que duró unos cuatro minutos. Considera que Trujillo no pudo haber estado herido al iniciarse la balacera, pues los dos escopetazos de De la Maza habían fallado. No cree que Trujillo disparó con un revólver, tal vez con una ametralladora.
Imbert y De la Maza entonces avanzaron hacia el carro de Trujillo, recibiendo Imbert una ligera herida en el pecho. De la Maza fue por detrás del carro de Trujillo, quien se encontraba parado fuera del mismo. Imbert oyó un disparo de la escopeta de De la Maza, el cual a quemarropa le dio en el hombro a Trujillo quien se quejó por el dolor. Este caminó y se puso frente a las luces de su propio carro, y, en ese momento Imbert le disparó. Trujillo cayó sentado y luego boca arriba, muerto, con la cabeza hacia Haina.
Fue tan sólo en ese momento que llegó el segundo carro, manejado por Huáscar Tejeda y con Fifí Pastoriza y Pedro Livio Cedeño. Este último en ese momento fue herido por un disparo en el vientre, proveniente ya sea de Zacarías, Amado García Guerrero o Salvador Estrella Sadhalá. Imbert fue al carro de Trujillo y tomó un revólver 38 que encontró en el asiento de atrás, y que todavía estaba con su cinturón, por lo que no cree que Trujillo lo usara.

La declaración del chofer de Trujillo
Juzgado de Instrucción de la Primera Circunscripción del Distrito Nacional (21/7/1961)

P. ¿Qué podría usted informarnos en relación al atentado criminal perpetrado la noche del 30 de mayo del año en curso, contra la ilustre persona del Generalísimo doctor Rafael L. Trujillo Molina, y con el cual usted fue herido?
R. Yo era encargado de los vehículos privados del Jefe y era la persona que el Jefe utilizaba como chofer para sus viajes personales tanto en la ciudad como en el interior. Alrededor de las 8 p.m., del día 30 de mayo del año en curso, cuando él se preparaba a dar su acostumbrado paseo por la avenida George Washington, me dijo que me preparara para ir a la Hacienda Fundación.
Yo le pregunté entonces: "Jefe, ¿sigo detrás o lo espero aquí?". Él me contestó entonces: "Espere aquí". Luego, como a eso de la 9:40 p.m., el Jefe regresó del paseo, subió a su casa de la Estancia Radhamés, donde yo lo esperaba y más tarde volvió a bajar, a las 9:45 p.m. Momentos antes, el Teniente Pedro de la M.G.D., y quien servía como camarero del Jefe había preparado el maletín que acostumbraba a llevar el Jefe y que, según me expresó éste, dicho maletín contenía una gran cantidad de dinero por lo pesado que estaba. Partimos de la Estancia Radhamés a la residencia de doña Angelita Trujillo, ubicada en la avenida Máximo Gómez, donde el Jefe permaneció como diez minutos. El Jefe salió de la casa y se montó en la parte trasera del carro marca Chevrolet, modelo 1957, color azul, BelAir. De ahí, conduje el carro por la derecha en la George Washington, avanzando hacia la autopista, marchando a una velocidad estable de 90 kilómetros por hora.
Momentos antes de llegar al Bar Restaurante El Pony, rebasamos un automóvil Mercedes Benz. Proseguimos marcha por la autopista en dirección a San Cristóbal, y aproximadamente después de haber avanzado un kilómetro después del último poste del alumbrado eléctrico, repentinamente sentí un disparo desde un carro que iba detrás con las luces apagadas. Al mismo tiempo que sentí el disparo, que supongo fue de escopeta por la enorme detonación, pude darme cuenta de que el mismo vehículo que creo que nos perseguía, encendió las luces y volvió y las encendió. Segundos después, el Jefe me expresó: "Estoy herido, coge la ametralladora y párate a pelear". Entonces, yo le contesté: "Jefe, son muchos, vamos a ver si nos vamos, quiero salvarlo". Él volvió a repetirme: "Coge la ametralladora y vamos a pelear, que estoy herido". Mientras tanto, el carro que nos perseguía nos había rebasado por la derecha, tirándose un poco al paseo y desde el carro que lo rebasaba se hicieron disparos, que por su rapidez, presumo eran de fusiles ametralladoras; todas esas balas se pegaron en el carro y entiendo que algunas de ellas le dieron al Jefe. El carro que nos rebasó se tiró aun más a la derecha en el paseo, a consecuencia de yo haberle tirado encima el carro que conducía con el propósito de hacerlo salirse de la autopista. Pero al ser un carro tan veloz, de más potencia que el mío, pudo rebasarme y se cruzó hacia la izquierda, atravesándonos y debiendo yo frenar para no chocar con el carro que se me cruzó.
En esos momentos en que frenaba, traté de virar el carro nuestro hacia Ciudad Trujillo, desviándome hacia la izquierda y quedando nuestro vehículo ubicado con el frente izquierdo ligeramente introducido en la grama central de la autopista. Al detenerme y volver la cara hacia detrás para mirar al Jefe, había abierto la puerta y se apresuraba a desmontarse, teniendo ya un pie en tierra. Lo vi bajar deslizando su cuerpo hacia el estribo, dándome la impresión de que estaba mal herido. Mientras bajaba hacia el estribo, pude ver que con sus manos buscaba en los bolsillos traseros un revólver pequeño calibre 38 corto, que acostumbraba portar y que fue la única arma que utilizó. Mientras tanto, desde el automóvil enemigo que nos había rebasado y el cual se había ubicado en la pista contraria a la nuestra, es decir, dirección oeste-este, se había detenido a unos 13 metros de distancia del nuestro, con el frente delantero derecho saliendo de la autopista y penetrando en el paseo derecho de ellos. Los ocupantes de este automóvil ya se habían desmontado y nos disparaban con nutrido fuego hacia nosotros.
En esos momentos, le dije al Jefe: "A mí me hirieron también". El fuego que se nos hacían era cada vez más intenso. El Jefe se desmontó del vehículo y avanzó hacia la parte delantera derecha, y pude ver que disparaba con su revólver hacia los enemigos, con su pequeño revólver. Mientras tanto, yo tomé un fusil automático M1 (semi) y comencé a disparar sobre ellos. Cuando yo comencé a disparar, fue cuando vi al Jefe que avanzaba tres o cuatro metros delante del bómper del carro y cayó de bruces con el frente hacia el pavimento, dando media vuelta al caer, cayendo inerte. Presumo que el Jefe cayó muerto ya que no lo vi moverse más durante el tiempo que duró el combate que yo sostuve con los asaltantes. Descargué el fusil M-1 semi-automático con el cual disparaba y tomé una ametralladora Luger corta, disparando hacia el enemigo de manera intermitente, ya que debía racionar mis cápsulas para el combate que yo entendí se prolongaría. Vi cuando uno de los asaltantes avanzó hacia el cuerpo inerte del Jefe y al llegarle cerca le disparé algunas cápsulas que lo hirieron, dejando caer el asaltante su pistola o dando gritos de que se sentía herido.
Luego, después me salió otro asaltante delante del carro disparando hacia mí; yo entonces le contesté con disparos, habiéndome dado cuenta que había caído y su pistola había caído en el pavimento, pero prontamente se levantó y volvió hacia su carro. Luego, cuando se acabaron los tiros de la ametralladora que yo portaba adelante, abrí la puerta del lado derecho del carro y me desmonté para coger la ametralladora del Jefe que estaba detrás del carro. Logré alcanzarla, y cuando me disponía a sobarla para disparar, fui alcanzado una vez más en la cabeza, por un disparo que me derribó, dejándome sin sentido. Es lo último que recuerdo en relación al asalto y al combate, en el cual recibí heridas en las dos piernas, en el muslo izquierdo y dos heridas en el vientre, dos heridas en el hombro derecho, una herida en el tobillo derecho y una herida en la cabeza que me fracturó o astilló la parte superior del frontal. Cuando recobré el conocimiento, un tiempo después que no puedo precisar, encontré la ametralladora Thompson a unos pasos de mí, así como algunas distancias de la ametralladora, en el lugar donde vi caer al Jefe, el kepis que éste usaba esa noche.
Recogí ambas cosas y me senté en una verja situada a la derecha de donde me encontraba y esperé unos cinco minutos para ver si me traía a Ciudad Trujillo, ya que el vehículo en que nosotros andábamos no estaba en el lugar del hecho y los asaltantes tampoco se encontraban ya en ese lugar, suponiendo yo que se habían llevado el cuerpo del Jefe. Momentos después, aparecieron algunos campesinos, quienes fueron los que me condujeron hacia la antigua carretera Sánchez, donde fui trasladado al Hospital Marión donde quedé internado, habiendo sido dado de alta el día 17 de junio de este año.
P. ¿Tiene usted algo más que declarar?
R. No señor.
Con lo cual dimos por terminado el presente interrogatorio que después de leído al declarante y expresar su conformidad, lo firma junto con nosotros y el secretario que certifica.

· Zacarías de la Cruz
Mayor, A.M. Declarante
· Dr. Wilfredo Mejía Alvarado
Juez de Instrucción
· Ricardo Fco. Gaspar Thevenin
Secretario
· Dr. Teodoro Tejeda Díaz
Procurador

Trujillo el fiao y los bonos.

Trujillo el fiao y los bonos.



Revisando nuestra historia de endeudamiento es fácil notar que casi todos los representantes del Estado Dominicano cedieron o firmaron onerosos contratos dañinos al patrimonio quisqueyano”.

Todos usaron, y aun usan, “el fiao” o “los bonos” para costear “sus programas de gobierno”. Muchos indicaron que “el fiao” era necesario para cumplir con las responsabilidades del estado o para resolver los principales problemas que afectaban la nación al momento de solicitar dichos fiaos.

Algunos, fueron tan descarados que, se atrevieron a manifestar que “el fiao” abriría las puertas del progreso al país y las del bienestar económico a los dominicanos.

Hoy, 55 años después del enjuiciamiento del tirano Trujillo; hoy después de 63 años de tener US$0.00 como balance (la deuda externa se pagó en julio del 1947), nuestro país ha llegado a endeudarse por más de 7,000 millones de dólares. ¡Un promedio de 142 millones de dólares por año!

¡Cada dominicano debe mas de 25,000 pesos! (contando que somos 10 millones)

¡Y eso es sin contar la deuda privada!

Y ¿Dónde están los resultados de esas inversiones?

¿Donde se usaron esos recursos?

¿En la erradicación del analfabetismo o en las mansiones de los políticos corruptos?
¿En la erradicación de la pobreza o en cuentas personales de las ratas que nos gobernaron?
¿En el adecentamiento del sistema de salud o en las casa de veraneos de los depredadores de la nación?
¿En la solución del problema energético o en bancos extranjeros?
¿En el mejoramiento de los servicios públicos o en yates y jets privados o en relojes de lujo?
¿En la eliminación de la corrupción o en el mantenimiento de miles de botellas o parásitos de la sociedad.
¿En el afianzamiento de la democracia o en la legalización de la cuasi-esclavitud?
¿En la modernización del estado o en modernas formas de estafar al dominicano?

Felipe Lora

domingo, 30 de mayo de 2010

Mensaje de Antonio Batista desde Venezuela

deantonio batista
paraunojotacuatro@gmail.com
fecha30 de mayo de 2010 11:19
asuntoLas investigaciones tienen que seguir....
firmado poryahoo.es



Ustedes estàn enriqueciendo el acervo històrico de Dominicana. Hay que seguir en ese trabajo ahora màs que nunca.
Tanto los hèroes como los asesinos y esbirros estàn desapareciendo por razones cronològicas.
Es urgente el seguir sacando de las memorias y del silencio lo que nos ha pasado, sobre todo, en la dictadura de Trujillo.

Propongo que los sabuesos de la historia se acerquen con urgencia a todos los sobrevivientes, sean familiares o patriotas y por otra parte, a los "cercanos" de los serviles de la dictadura para que alguna vez cuenten las verdades que ocultan hasta hoy.

Hay muchas lagunas que los exmilitares trujillistas pueden contarnos....pero hay que hacerse "amigos" de esos fulanos a ver si sueltan las lenguas.

En las bitàcoras de este momento hay grandes contradicciones por ejemplo, entre el historiador Mario Bonetti y Pilar Awad Baez acerca de la importancia de la muerte de sus padres. Por lo que deduzco, Bonetti no habia leido los comentarios de Pilar y de sus fuentes.

Creo necesario que Fredy Cabreja escriba todo lo necesario y lo que conociò durante su cautiverio. Eso es muy necesario para que los demàs no olvidemos lo que somos hoy.
Aqui en Venezuela, esa memoria està siendo muy util.
Grandes centros azucareros y centros sociales tienen hoy el nombre de los caidos desde los años 60.
Los aprecia AB

La Iglesia le dio fuerzas a la población

http://www3.listindiario.net/la-republica/2010/5/30/144069/La-Iglesia-le-dio-fuerzas-a-la-poblacion


UNA MIRADA A LA TIRANÍA
La Iglesia le dio fuerzas a la población
LOS CURAS NO PERMITÍAN QUE TRUJILLO DIERA DISCURSOS EN TEMPLOS



Santo Domingo

La Iglesia Católica fue el otro pulso que Rafael Leonidas Trujillo no pudo tumbar. Al pueblo siempre lo mantuvo abajo, en la sumisión de sus órdenes, y a todo aquél que se atrevía a pensar en derrocarlo lo mandaba a una solitaria a encontrarse con el dolor de la carne torturada o con la desesperación de la muerte.

Aquella frase famosa que habría dicho a principios de noviembre de 1960 de que solo le quedaba por vencer la Iglesia y las hermanas Mirabal, lo comprometieron ante un pueblo que aunque callado, juzgaba sus actuaciones y hoy, igual que los familiares de “Las Mariposas”, no acepta la versión de que “no fue el tirano quien las mandó a matar, sino la gente que lo quería matar a él”.

La Iglesia jugó un papel preponderante en la época de Trujillo, pues agarrada de Dios y de la fe en que algún día las cosas cambiarían, muchos sacerdotes se atrevieron a repudiar sus actuaciones sangrientas, prohibiéndole que pronunciara discursos en los templos sagrados, a donde la gente acudía en busca de la paz que no tenía.

La Iglesia hizo oficial su posición a través de la Carta Pastoral del 25 de enero de 1960, donde le dijo claramente la verdad a Trujillo
Nicolás de Js.. López Rodríguez, Arzobispo Metropolitano de Sto. Dgo.

El Cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, quien para aquella época era seminarista y formaba parte de una familia sacudida por el régimen –era sobrino nieto de Juancito Rodríguez- recuerda que desde el mismo inicio de los años 30, cuando Trujillo asciende al poder, la Iglesia veía mal sus actuaciones porque violaban los derechos humanos.

También cita a los seminaristas que eran compañeros suyos en el Seminario Santo Tomás de Aquino, que igual que todos los jóvenes de su generación evaluaban como abusos las obligaciones que el gobernante imponía bajo el terror y sin más explicación que la propia glorificación de un presidente.

Dentro de la violación a los derechos humanos estaba la prohibición de pensar o actuar en contra del “Jefe”, así como entender que tenía derecho a espiar todas las conversaciones, disparando espías o calieses, como eran conocidos los chivatos, para que les dijeran quiénes no simpatizaban con su régimen dictatorial.

“En los años 30 y 40 ¡fue fuerte!. Hay que ver lo que él pretendía de la Iglesia y la firme oposición de las autoridades católicas de entonces de servir a la complicidad y resignación de los dominicanos”, comentó al equipo de LISTÍN DIARIO que realiza esta serie sobre la Era de Trujillo y los testimonios de los sobrevivientes.

De acuerdo con lo que su memoria le permite recordar, el padre Rafael Castellanos Martínez, puertoplateño, fue uno de los hombres más fieles a la Iglesia, a pesar de los escarceos, principalmente en la Catedral, cuando se produjo en la capilla de Los Inmortales la inhumación de los restos de Francisco Peynado, y este sacerdote no permitió que aplaudieran a Trujillo. Era el 23 de febrero de 1933.

El aplauso a Trujillo
Peynado había sido el autor del plan de desocupación de las fuerzas de Estados Unidos y en el acto, presidido por el administrador apostólico, Trujillo quiso decir unas palabras y se paró y la gente al terminar aplaudió y Castellanos, vicario foráneo de Puerto Plata desde 1907, los mandó a callar diciendo: “Aquí no se aplaude a ningún hombre”.

También está monseñor Eliseo Pérez Sánchez –“que me perdonen otros que no cite porque fueron muchos los que aportaron”- que fue vicario general de la Arquidiócesis y que fue una figura eminente frente a Trujillo.

Igual mérito –dice- tiene Lino Zanini, el Nuncio de su Santidad que venía y venía desde la Santa Sede con una posición sobre cómo manejar la situación aquí.

Otro hecho coincidente con la llegada del Nuncio fue el nombramiento del padre jesuita Miguel Larrucea, como superior de los Jesuitas de las Antillas.

En ese momento prohibió a los alumnos del politécnico Loyola de San Cristóbal, asistir a un desfile en honor a Trujillo y eso lógicamente molestó a Trujillo, lo que se sumó a la tardanza del Nuncio, que llegó después del 24 de octubre, día en que se celebraría la fi esta San Rafael y Trujillo lo esperaba para su cumpleaños.

Punto crítico
La relación con la Iglesia fue armoniosa desde la fi rma del Concordato con la Santa Sede en el año 1954.

El relato del Cardenal da cuenta de que Trujillo tenía interés en que el país tuviera este acuerdo apostólico, ya que Haití lo tenía, fue el primer país de América en suscribirlo, siglo XIX, y en ese momento habían 40 naciones que lo habían fi rmado también.

Trujillo quería que la República Dominicana suscribiera en el Concordato para tener el aval de “hombre de la Iglesia Católica”, pero su forma de gobernar era totalmente contraria a los principios de este acuerdo, que entre otras cosas procuraba: “La Santa Sede Apostólica y la República Dominicana, animadas del deseo de asegurar una fecunda colaboración para el mayor bien de la vida religiosa y civil de la Nación Dominicana, han determinado estipular un Concordato que constituya la norma que ha de regular las recíprocas relaciones de las Altas Partes contratantes, en conformidad con la Ley de Dios y la tradición católica de la República Dominicana”, dice el Concordato.

Pero no fue sino cinco años después, ya en el 1959, cuando viene la invasión de Constanza, Maimón y Estero Hondo que las relaciones se comienzan a complicar.

Varios sacerdotes fueron perseguidos y molestados, otros encarcelados, como el padre Daniel Cruz, en Moca, que fue sacado del país y mandado a estudiar fuera y aquí lo tenían en la cárcel por defender la dignidad del hombre.

Pérdida de un seminarista
Hubo otros sacerdotes que tuvieron posición muy digna, menciona el Cardenal López Rodríguez, como un seminarista de La Romana, llamado Papilín, que fue muerto en la cárcel de La Vega, posiblemente asfixiado, ya que según le cuenta su papá, quien estuvo preso en una ocasión, lo pusieron en una solitaria y Papilín sacaba la cabeza desesperado, para tomar un poco de aire por una pequeña rendija que había dejado.

Dos obispos que cita el Cardenal como fi rmes opositores al régimen dictatorial fueron monseñor Francisco Panal, en La Vega, y Thomas O’Reilly, en San Juan de la Maguana. Panal era seminarista capuchino y cuando lo nombraron obispo le mandó a decir a su familia, en Andalucía, sur de España, que ellos no tenían a nadie ni nada aquí.

La primera misa
“Monseñor Panal fue siempre un hombre franciscano radical, de pobreza extrema, que vivió en el arzobispado de La Vega en un cuarto modesto porque su estilo de vida era levantarse a las 2:00 de la mañana a orar y a las 4:30 ofi ciar la primera misa de la mañana, la que siempre estaba concurrida.

Cuando Trujillo empezó a visitar las catedrales y llegó a la de La Vega, Monseñor Panal le advirtió que en esa casa religiosa no se puede hablar ni tomar y hasta lo hizo arrodillarse ante el altar, como a todos los demás.

Lo que molestó sobremanera a Trujillo fue cuando el obispo, como un auténtico pastor, dijo en la homilía que en los barrios de La Vega había mucha gente sin comer; o sea que había una situación muy dura y eso encolerizó al “Jefe”, que no permitía que la organización internacional Cáritas trajera al país alimentos paran los pobres.

El padre Luis Federico Henríquez, azuano, tuvo también un confl icto con Trujillo en los años 30 porque cuando propusieron cambiarle el nombre a la ciudad de Santo Domingo por la de la Ciudad Trujillo, él que era diputado en el Congreso Nacional, se opuso tajantemente, tras considerarlo un atropello más a la población.

Por esas palabras Trujillo mandó a quemar su casa, la que no llegaron a quemar, pero le lanzaron piedras a las ventanas y rompieron los cristales. Solo quemaron parte de la escalera de madera.

El padre Henríquez, que fue quien casó a los padres del Cardenal, dijo cuando el Gobierno le mandó un grupo de prostitutas a bailar dentro de la Iglesia: “que siga a misa y el que suba aquí lo mando al cementerio”.

(+)
VALENTÍA DE CURAS ATROPELLADOS EN LA ERA

Sobre el padre O’ Reilly, que era de Boston, comenta el Cardenal que los guardias le dieron un culatazo porque era muy amigo de los dominicanos que se quejaban de la era de Trujillo, y las monjas, que lo querían mucho, sacaron unos perros que tenían para defenderlo de la agresión militar.

Otra postura digna en nombre de la Iglesia la tuvo monseñor Juan Féliz Pepén Solimán, obispo de la Diócesis de Nuestra Sra. señora de la Altagracia y obispo emérito de Santo Domingo, quien en el 1959 era sicario y mantuvo firmes sus convicciones, igual que monseñor Octavio Beras.

“Mi familia fue maltratada, pero más lo fue el pueblo”


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La República 30 Mayo 2010, 2:11 AM





CARDENAL LÓPEZ RODRÍGUEZ
“Mi familia fue maltratada, pero más lo fue el pueblo”
SUFRIÓ MUCHO EL ARRESTO DE SU PADRE RAMÓN PERFECTO LÓPEZ


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El Cardenal dice que la tiranía fue una pesadilla para la historia. | Jorge Cruz
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La Iglesia le dio fuerzas a la población
Wendy Santana
wendy.santana@listindiario.com
Santo Domingo

Ser familia de Juancito Rodríguez, el enemigo número uno de Trujillo a cielo abierto, era prácticamente una sentencia de muerte en la época del dictador.

En la casa del Cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez fue que se guardaron todos los documentos de propiedad del hacendado Juancito, el hombre más rico de entonces y a quien el gobernante le quitó sus bienes y les arrebató la vida a hijos, sobrinos, hermanos, empleados y allegados de él.

“Yo era seminarista y estaba sufriendo mucho con mi familia, pero manejé la situación con mucha cautela y algunos jesuitas me apoyaron diciéndome que entendían mi situación y que yo tenía que estar del lado de mi familia; otros más temerosos trataban de convencerme de que no emitiera ningún juicio negativo sobre Trujillo si quería salvar mi vida y dedicársela a Dios”.

Sin bien nunca molestaron al hoy Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo, su familia pasó muchos momentos difíciles para defender su dignidad y la de la Iglesia.

Su mamá, Delia Rodríguez, sobrina muy querida de Juancito Rodríguez, no quería colgar en la pared el retrato obligado de Trujillo ni colocar la placa o el busto del gobernante con la clásica frase: “en esta casa el jefe es Trujillo”.

Doña Delia tuvo el coraje de decirles a los familiares que le aconsejaban que no desobedeciera las órdenes del “Jefe” que en su casa la jefa era ella. También tuvo la valentía de guardar los títulos de propiedad de su tío hacendado, quien huyó hacia Puerto Rico en 1946 en busca de fuerzas para frenar la dictadura.

“Yo, aunque era muy joven, tenia informaciones de que realmente había mucha gente disgustada en el país. Y de manera muy particular me dolió mucho el apresamiento injustificado de mi padre, Ramón Perfecto López. A mi papá lo metieron preso junto a un grupo de 10 personas porque alegadamente habían ido a una misa de Monseñor Panal, quien había enfrentado el régimen dictatorial, pero era mentira, porque ellos estaban en sus propias capillas en Barranca y lo que Trujillo quería era presionarlo para que le pidieran mediante una carta que expulsara del país a Panal”.

“También tengo una tía que aún vive, Altagracia López, hermana de mi papá, que tenía al esposo preso y fueron donde ella para que escribiera la carta en nombre de los 10 presos, y les prometieron liberar a su esposo, pero ella le contestó: “Yo prefiero ser la viuda de un mártir y no la esposa de un apóstol”.

Esta frase de su tía y la valentía de su madre Delia, llenan de orgullo al Cardenal, quien, aunque es partidario de la prudencia, siempre se ha mostrado en contra de los atropellos a los seres humanos y siempre ha salido al frente de las debilidades institucionales, en procura de que se les garantice mejor vida a los ciudadanos.

“De mamá recuerdo que nunca quiso que sus hijos se metieran con Trujillo por la cercanía familiar con Juancito Rodríguez, porque estábamos en la mira y cualquier paso en falso seríamos hombres muertos”.

El papa de Delia Rodríguez, don Alcedo Rodríguez, era hermano de Juancito Rodríguez. Otros hermanos del opositor al régimen número uno, eran Doroteo, Domingo, Julio, José Antonio y doña Luisa.

El Cardenal López Rodríguez es justo al resaltar que Trujillo construyó muchas escuelas y hospitales para que sean administrados por los miembros de a Iglesia, pero a su juicio, esos aportes no revierten todo el daño que hizo al país porque las obras sociales eran parte de su deber, pero no tenía derecho a quitarle la vida a tanta gente, dice con lamento irremediable este hombre que ha dignificado su sotana con obras de bien desde la Iglesia Católica.

A su entender, todos los dictadores han asumido conductas similares, por un lado aportando las obras que tienen que aportar, como todo gobernante y por el otro tomando lo que no es suyo: la vida de los demás, como ha sido el caso de todos los dictadores de América.

Defensa del pueblo
Respecto al papel que tuvo la iglesia en defensa del pueblo dominicano durante la época trujillista, destaca que si bien los sacerdotes no solían usar el discurso bíblico para atacar al gobierno déspota, sí asumieron con valentía una posición fi rme en contra del régimen imperante a través de la carta pastoral que fi rmaron seis obispos el 25 de enero de 1960.

El 20 de ese mismo enero se había producido unan cacería de jóvenes miembros y allegados del Movimiento 14 de Junio, entre ellos siete mujeres, quienes fueron desnudados y torturados psicológica y físicamente.

Los menos afortunados murieron porque no soportaron los golpes y vejámenes.

Cree infamia resaltar “lo bueno de Trujillo”
AHORA QUE SE CUMPLEN 49 AÑOS DE LA MUERTE DE TRUJILLO, ¿CUÁL ES SU VALORACIÓN DE ESA ÉPOCA?
Lo que padeció el pueblo dominicano, creo sinceramente que es un capítulo cerrado, aunque de vez en cuando aparecen personas opinando sino a favor, diciendo los aspectos positivos que aportó al país.

Pero lo que vivimos fue una pesadilla. No podemos pensar así. Nosotros tuvimos en la familia a Juancito Rodríguez, que estaban en la política desde Horacio Vásquez, eran mocanos como Ramón Cáceres.

Indiscutiblemente a estas alturas, yo creo que sería una infamia contra el pueblo dominicano y contra todos los que fueron asesinados resaltar las cosas buenas que hizo Trujillo, cuando era su obligación hacerlas.

Trujillo es una pesadilla para la historia. Yo no puedo pensar…. y lamento mucho ver gente defendiendo lo que no puede defender.

Mi familia fue muy maltratada, pero más maltratado fue el pueblo dominicano y todas estas mujeres admirables y heroínas que uno se inclina ante todas ellas, todas de gran dignidad, mujeres que les mataron a sus novios, sus esposos, sus hijos, y otras que sufrieron en carne propia la tortura por ser opuestas al régimen.

Yo quiero mucho al pueblo dominicano. Nací en un campo en Barranca, La Vega, y he conocido a muchos campesinos sufridos.

Mamá crió a muchas muchachas que vivían en la casa y ella misma las casó bien; era una mujer de gran corazón.

Tengo una sensibilidad especial por el mundo de los pobres y siempre estuve en contra de la ignorancia, que es la peor enemiga de los pobres, principalmente en épocas dictatoriales, que en que hay conocer sus derechos para poder defenderse.

Cuando emito alguna opinión sobre lo que pasa en nuestro país lo hago por convicciones personales, fruto de muchos estudios; de años en el seminario y 49 años en el sacerdocio y nunca he dejado de estudiar.

“Cuando una cosa no está bien hecha no está bien hecha”.