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lunes, 3 de mayo de 2010

La anomia de la política dominicana. Silvio Herasme Peña

Domingo 2 de Mayo del 2010, actualizado 5:20 PM

La anomia de la política dominicana
Silvio Herasme Peña - 5/2/2010



Durante años el doctor Juan Isidro Jimenes Grullón insistía en que la sociedad dominicana padecía de una especie de anomia, y en otras ocasiones los males del país lo señalaba como “arritmia historica”.

Los juicios del doctor Jimenes Grullón han quedado un poco en el olvido porque su apoyo al golpe de Estado que derrocó el gobierno constitucional de Juan Bosch en septiembre de 1963.

Lo divorció del sentimiento de las masas del país.

Pero recordando un poco a aquel coloso de la política dominicana que se dejó enceguecer por su pasión anti-bosch como para no ver los verdaderos males de la sociedad, debe ser recordado en sus aportes a la historiografía dominicana a pesar de sus resabios sobre la figura gloriosa de Juan Pablo Duarte.

Y traigo estos viejos recuerdos a la actualidad por lo que estoy leyendo de algunos articulistas y politólogos criollos que no parecen entender todavía la matriz del recorrer ideológico, táctico y politico de la sociedad dominicana y se le quiere atribuir a esos hechos una ideología que nunca tuvieron.

La conspiración de 1960, matriz del 1j4, fue una compleja unión de elementos anti-trujillista en donde no estaba singularmente señalada la ideología del movimiento, por la sencilla razón de que había entre ellos personajes variopintos que ostentaban creencias muy diferentes. Desde católicos ortodoxos hasta marxista pro-Mao y pro-URSS.

Por ejemplo, alguien puede decir que Minerva Tavárez Justo era socialista? o que el Movimiento Revolucionario 14 de Junio de 1960 buscaba una revolución socialista (otra Cuba) en República Dominicana? Luego del derribamiento del gobierno de Bosch cada quien tomó el camino que cosideró más a tono con sus sentimientos y el 1j4 se radicalizó en la figura de Manolo Tavárez Justo, quien en una entrevista en el 1962 se definió solamente como “un nacionalista”. No habló de marxismo.

La consigna de la guerrilla del 14 de Junio de 1963 fue para reponer el gobierno constitucional derrocado el 25 de septiembre anterior.

No se habló de socialismo.

En la revolución de Abril de 1965 no se enarboló la ideología de izquierda, sino el “retorno a la constitucionalidad sin elecciones”.

Quien dijo que el moviminto de abril era comunista fue el gobierno de Lyndon B. Johnson para justificar su intervención militar.

Entonces, si vemos claro que todas las consignas de los movimientos políticos al final de Trujillo y posterior a la tiranía, han enarbolado como consignas el “orden constitucional”.

Y nadie puede refutar que desde el 1965 se ha observado en la forma, y en el fondo, el principio de elecciones cada cuatro años.

Entonces: quién quiere robarle la memoria histórica a quién? La sola excepción de la guerrilla de Caamaño de 1973 podría calificarse como un esfuerzo de izquierda en toda su extensión, pero nunca se formó en el país un movimiento político que continuara los principios de Caamaño por lo que su sacrificio se quedó solo en un esfuerzo glorioso de aportar lo mejor de su vida a la nación.

Ahora lo que vemos es que Claudio es coronel, aunque retirado.

Me temo que ahí reside la anomia de la política dominicana que decía Juan Isidro Jimenes Grullón.

Es decir nuestra enfermedad que responde “a un conjunto de situaciones que derivan de las normas sociales o de su degradación”.

Nadie -al menos que yo conozcaha hecho el esfuerzo intelectual de intentar sugerir qué habría pasado en el país si el golpe a Bosch no se da o si se frustraba. Sabiendo que Bosch no se iba a reelegir…¿quién o qué vendría atrás?.

Es cierto que es necio hablar de lo que pudo haber sido y no fue, pero es bueno idealizar lo que habría ocurrido si la voluntad del pueblo se hubiese cristalizado. Pensar, por ejemplo, ¿adónde íbamos?.

Y de esa frustración fue que vino la lucha; fue que vino la resistencia al gobierno autocrata y conservador de Joaquín Balaguer y por lo que muchos pagaron con su vida, con el exilio o con la cárcel.

Esa experiencia horrible y dolorosa galvanizó nuestro espíritu y se le dio el frente a los males que se abatían sobre el país. Es por eso -quiérase que no- que hoy sí vivimos un gobierno constitucional –con sus altas y sus bajas- pero existe el contexto en que todos podemos coincidir o disentir.

Y eso, creo yo, es el resultado de una lucha que comenzó durante el trujillismo y terminó en el gobierno de don Antonio Guzmán, forjador sin duda, de un proceso político que se ha estado perfeccionando, si bien aún queden muchas aristas por limar.

La anomia no nos debe acabar por siempre. Creo que ese es el reto de hoy.

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