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viernes, 14 de mayo de 2010

La Corrupción que antecedió a la Revolución de 1965,


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Donald Reid, a la izquierda, y Ramón Cáceres Troncoso, al centro, reunidos con periodistas en el Palacio nacional.
24 Abril 2010, 6:38
Historia

La Corrupción que antecedió a la Revolución de 1965
Escrito por: JESÚS DE LA ROSA

Fue un período interminable, con dificultades de toda suerte, el que les tocó vivir a los dominicanos a raíz del golpe militar que depuso al presidente Juan Bosch, la madrugada del 25 de septiembre de 1963. Una vez consumado el hecho, los coroneles y generales golpistas procedieron a convocar a los dirigentes de los partidos políticos de extrema derecha para proponerles la integración de un gobierno de facto llamado el Triunvirato e integrado por tres miembros: Emilio de los Santos, Manuel Enrique Tavares Espaillat, y Ramón Tapia Espinal.

En noviembre de 1963, los militantes más aguerridos del Partido 14 de Junio (1J4) se levantaron en armas contra los impostores uniformados. La rebelión fue aplastada en cuestión de días por las bien entrenadas tropas anti guerrillas de San Isidro. Manuel Aurelio Tavárez Justo, líder del 1J4, fue fusilado junto a otros de sus camaradas después de rendirse, acogiéndose a unas garantías de respetarle la vida que le fue ofertada por el gobierno.

En protesta por esas ejecuciones, el triunviro Emilio de los Santos renunció, siendo sustituido por Donald Reid Cabral. Días después, también renunció Ramón Tapia Espinal por desavenencias con un altyo jefe militar, siendo nombrado en su lugar Ramón Cáceres Troncoso. Finalmente dimitió el triunviro Manuel Enrique Tavares, y ya no fue nombrado ningún sustituto. Sin embargo, a esa congregación de dos continuó llamándosele ¨ El Triunvirato ¨

Después del golpe septembrino y la derrota de los guerrilleros catorcistas un desaliento soterrado, silencioso se apoderó de la población y un gran número de militantes de la izquierda revolucionaria optaron por inmovilizarse.

La falta de previsión y pericia en el manejo de asuntos de Estado de parte de los “triunviros”tuvo mucho que ver con la crisis económica que afectó al país meses después del derrocamiento del Gobierno del presidente Bosch. Los precios del azúcar se derrumbaron en los mercados internacionales.

El café redujo su contribución al PBI del 13 al 11 por ciento. Una prolongada sequía redujo a niveles considerables la producción agrícola. Se acrecentaron los niveles de importación, llegando a finales de 1963, a un valor que sobrepasaba los 150 millones, el 7% más que el año anterior.

El Gobierno de facto centralizó la economía, lo que motivó un aumento espectacular y costosísimo del aparato burocrático. Aviones de la Fuerza Aérea y naves de la Marina de Guerra eran utilizadas en labores de contrabando de todo tipo de mercancías. Cantinas surtidas con mercancías introducidas en el país sin pagar los impuestos de ley funcionaban en los recintos militares a título de compañías por acciones. Escaseaban las divisas con que se atendían las demandas de compras de repuestos y maquinarias para las industrias. Cientos de empleados y trabajadores eran despedidos.

Las movilizaciones, las huelgas y los paros se sucedían unos tras otros.

Fue en ese ambiente de corrupción, de ilegalidades y de reiteradas violaciones a los derechos de gentes y a las normas de convivencia civilizada que emergió el grupo de militares de carrera liderados por un joven oficial de ideales democráticos y constitucionalistas de nombre Rafael Tomás Fernández Domínguez. Esos nobles soldados de la patria, orientados a la distancia por el depuesto presidente Bosch, dieron al traste con el gobierno de facto, y, a no ser por la grosera intervención militar de los Estados Unidos, en cuestión de días hubiesen restablecido el orden constitucional.

A principios de la primavera de 1965, el coronel constitucionalista Miguel Hernando Ramírez entendió que ya había llegado la hora de deshacerse de una vez y para siempre del Triunvirato. Fijó para el martes 27 de abril de 1965 el inicio de un levantamiento militar contra el gobierno de facto. La asonada habría de comenzar en el Campamento 16 de Agosto, sede de la Cuarta Brigada del Ejército Nacional, a las cinco horas de la madrugada de ese día.

El sábado 24 de abril de 1965 parecía un día como otro cualquiera de los vividos en esos años. Los periódicos ¨ El Listín Diario ¨ y ¨ El Caribe ¨ publicaron en sus primeras planas y en grandes titulares la noticia de que el Consejo Universitario de la UASD responsabilizaba al gobierno de facto del Triunvirato del posible fracaso de la reforma universitaria. También esos dos grandes matutinos de la época se hacían eco de noticias que aludían a unos incendios forestales causados por la sequía que estaba azotando el país. Ese día en el Campamento Militar 16 de Agosto ocurrió un hecho inesperado: el entonces Jefe de Estado Mayor del Ejército Nacional, general de brigadas Marcos Rivera Cuesta, dándole cumplimiento a una orden del gobierno de facto, ordenó el arresto de un grupo de oficiales acusados de conspirar para derrocar al desgobierno de entonces. La reacción de los demás oficiales comprometidos con la sublevación no se hizo esperar.

Por orden expresa del coronel Miguel Hernando Ramírez, el capitán Mario Peña Tavera, al mando de unos cuantos soldados, arrestó a toda la plana mayor del Ejército, incluyendo al general Rivera Cuesta. Minutos después, la voz del José Francisco Peña Gómez tronaba en el programa radial Tribuna Democrática que se trasmitía todos los días a las 1.30 de la tarde por la emisora Radio Comercial para transmitir la noticia del inicio de una revuelta militar para deponer el gobierno de facto del Triunvirato.

El espectáculo de esa tarde del 24 abril era impresionante. Camiones transportando militares sublevados y guaguas del trasporte público abarrotadas de gentes recorrían las principales arterias de la ciudad de Santo Domingo vitoreando la Constitución del 63 y demandando la vuelta al poder sin elecciones del depuesto presidente Juan Bosch. Aquel optimismo desenfrenado se volvió contagioso. Todos esperaban su pronto regreso al país. Antes de caer la tarde, se escenificaron por los alrededores de la televisora estatal los primeros combates entre tropas sublevadas y leales al gobierno de facto. A las 7 de la noche de ese día, Donald Reid, en nombre del gobierno , anunció por una cadena de radio y televisión que el país se encontraba en calma, y que las Fuerzas Armadas seguían leales al Triunvirato por lo que, en interés de evitar innecesarios derramamientos de sangres intimaba a los militares sublevados a deponer su actitud antes de las 5 horas de la mañana. A pesar de ese llamado, cerca de la medianoche del 24 de abril, los militares constitucionalistas volvieron a la acción. Tropas comandadas por el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó asaltaron la Intendencia del Ejército Nacional, a tiempos que otras agrupaciones de militares insurrectos ocupaban los barrios de la zona norte y del centro de la ciudad de Santo Domingo.

La madrugada del 25 de abril de 1965, el triunviro Donald Reid tuvo un amargo despertar. El jefe de la Fuerza Aérea, general de brigadas Juan de los Santos Céspedes, le llamó por teléfono para comunicarle que no estaba dispuesto a bombardear cuarteles militares. Otras llamadas telefónicas le revelaban el nerviosismo reinante en los altos mandos militares de San Isidro. Los políticos comprometidos con el golpe de estado septembrino o se encontraban oculto o ya habían buscado refugio en embajadas extranjeras. Los locales de los partidos políticos de derecha estaban siendo saqueados por turbas armadas que recorrían las calles de Santo Domingo. Alrededor de las 10 de la mañana, unidades blindadas y tropas de infantería penetraron en el Palacio Nacional, en momentos en que los triunviros abandonaban sin rumbo conocido la sede del gobierno. ¡El Triunvirato había sido derrocado!

A las dos de la tarde del 25 de abril de 1965, el doctor Rafael Molina Ureña, en su condición de presidente de la restituida Cámara de Diputados, tomó posesión como Presidente Provisional de la República , en tanto regresara del exilio el depuesto presidente Juan Bosch. Ahí debió terminar todo. Pero, no fue así. Los estrategas militares constitucionalistas no habían previsto que su sublevación iba a convertirse en una guerra civil primero y en una guerra patriótica después. Sus planes contemplaban un rápido alzamiento seguido de la vuelta al poder sin elecciones del depuesto presidente Juan Bosch. No contaban con que una intervención militar de los Estados Unidos llegara a producirse.

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