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lunes, 17 de mayo de 2010

ORLANDO MAZARA: Los Huesos de la Guerra

ORLANDO MAZARA:
Los Huesos de la Guerra


José Antinoe Fiallo Billini


Recuerdo la tarde en que se supo de la muerte, de la ejecución de Orlando Mazara, allá, en lo alto, en La Horma. Era una tarde en la Facultad de Derecho de la UASD, y recuerdo también, después, aquellas lágrimas de la compañera Conchita, y aquel luto negro, aquellos lentes también negros, grandes, para ocultar esas ojeras que sólo el llanto largo provoca.

Orlando Mazara era parte del selecto grupo de combatientes revolucionarios del Catorcismo, núcleo comprometido con la estrategia de la guerra revolucionaria que se fue constituyendo a lo largo de un proceso de decantación del catorcismo.

Raíces y Naturaleza del Catorcismo

En efecto, el Movimiento “Catorce de Junio” es una expresión orgánica de las luchas de la pequeña burguesía dominicana, a partir de la coyuntura final de la crisis histórica de la dictadura burguesa trujillista. Surge en la sociedad civil como organización clandestina de acción directa, a partir de un sistema celular que integraba fundamentalmente capas medias, elementos de la burguesía urbana y sectores populares.

El hecho de ser una organización celular para la acción directa, influenciada por el contexto de ascenso de la revolución cubana y las luchas antidictatoriales venezolanas, le imprimen a la organización una cierta radicalidad en su naturaleza democrático-burguesa. En ese sentido, la problemática fundamental del catorcismo, como esos dos polos (naturaleza democrático burguesa y radicalidad de la acción directa), se conjugan, se expresan en la táctica, la estrategia y las formas organizativas.

Inicialmente, la pluralidad catorcista en términos clasistas genera una cierta cohesión en la medida en que se inscribe como frente antitrujillista, dándose una cierta relación de legitimidad universal entre la acción directa o violencia opositora y la naturaleza tiránica y monopólica de la fracción burguesa trujillista.

Por esa razón, en la coyuntura final del trujillismo, el catorcismo sirvió de expresión global a la oposición burguesa antitrujillista, lo mismo que a la de naturaleza pequeño -burguesa y popular. Fue una expresión legítima del contrapoder de la sociedad civil, enraizado en las tradiciones de combate de las fuerzas sociales antitrujillistas, sobre todo en sus elementos democrático-burgueses avanzados, entre ellos, la gesta expedicionaria de Junio de 1959.

La Redefinición de la Tareas

Democrático-Burguesas

Cuando en 1961 confluyen en el país los militantes internos del catorcismo y los provenientes del exilio, se comienza a operar una necesidad de racionalizar e ideologizar de manera más acabada la estrategia original de la acción directa, de la violencia política.

En tal sentido se plantea la necesidad progresiva de, a corto plazo, darle un nuevo contenido organizativo a la plataforma del catorcismo, fundamentalmente en la formación de cuadros con capacidad política y militar. De hecho, desde septiembre de 1961 la cuestión del armamento de la política antibalaguerista, era una cuestión que estaba planteada a una cantidad importante de dirigentes catorcistas.

Por ello, la organización comenzaba a moverse, de hecho, en dos planos, en su relación con la “simpatía” de las masas, es decir, de la cantidad, y por el otro lado, en la necesidad de armar la política de un aparato de cuadros.

En ese orden, entre septiembre de 1961 y febrero y marzo de 1962, se plantea la cuestión de la doble estructura partidaria en el propio Catorce de Junio, sobre todo también por la influencia de las concepciones organizativas de la revolución cubana. Allí está en el 1J4 el germen de lo que se conoce en la historia político-militar dominicana como “la infraestructura“, es decir, el aparato clandestino de cuadros que dentro de la organización, en su división del trabajo, debe elaborar, implementar y ejecutar un plan de guerra para la toma del poder. La doble estructura catorcista significaba una redefinición de las tareas democrático-burguesas implícitas en la naturaleza social y en el programa de la organización.

Al incorporar el método de la política armada al corazón de la organización, la radicalidad original, referida a la acción directa del sabotaje, la propaganda de explosivos, el atentado y el hostigamiento, y en general, a la clandestinidad antitrujillista, se desplaza a la confrontación generalizada contra el orden político de la dictadura.


Hegemonía y Contrahegemonía en el Catorcismo


En su primera fase de desarrollo, el catorcismo se movía con elementos hegemónicos de significación, en la medida en que la lucha antitrujillista encubría los elementos de radicalidad que estaban más allá de la plataforma puramente burguesa de otros núcleos opositores.

En tal sentido, la cobertura de masas del catorcismo nutría a su política de acción directa de elementos potenciales de hegemonía en el movimiento popular. Ahora bien, cuando los elementos de radicalidad se redefinen en el contexto de lucha interburguesa entre el boschismo y la burguesía tradicional, la potencialidad contrahegemónica del catorcismo se reduce substancialmente.

A pesar de que a finales de 1962 Manuel Aurelio Tavarez Justo reconoce implícitamente esa dificultad, la situación no logra superarse. En efecto, se reconoce que la atención dedicada a la formación exclusiva de cuadros, en desmedro de la política de masas, ha contribuido a institucionalizar concepciones y estilos organizativos y de dirección que afectan el desarrollo de la organización.

Fundamentalmente, es importante precisarlo, afirmamos nosotros, los elementos de carácter militarista que relevaban ya las viejas concepciones de la acción directa antitrujillista. En este orden es bueno señalar que la heroicidad y la combatividad eran una problemática fundamental en el discurso, la ideología y la operatividad histórica del 1J4. La organización se nutría de esos códigos selectos de la “Raza Inmortal”, de la cual ellos eran continuadores.

En razón de ello, la doble estructura era la necesidad de cubrir el aparato de la guerra revolucionaria, y en la medida en que se avanzaba en su construcción, la contradicción entre contrahegemonía y aislamiento político se acentuaba para el catorcismo.

Pero de todas formas, lo que nos interesa recalcar, para los fines del objetivo de este trabajo, es que la infraestructura era la continuación histórica de la política armada de la Raza Inmortal y su existencia, un Plan de Guerra.


La Guerra y la Política en el Catorcismo

En la medida en que la problemática avanzaba, había una articulación más estrecha entre la política y las armas para el núcleo revolucionario verde y negro del 1J4. La política sólo tenía sentido en “puestos de combate”, armada. La elección del perredeísmo en 1963 turbó momentáneamente la voluntad de aplicar el plan de guerra, por cuanto la plataforma de legitimidad del boschismo a nivel popular, implicaba un alto riesgo de aventurerismo en la aplicación del plan de guerra.

Sin embargo, una vez se produce la quiebra de la forma burguesa de dominio en la dictadura de clase, que significó el boschismo, el plan guerra se reactivó y llevó al grueso de dirigentes y cuadros político-militares a la acción de los frentes guerrilleros encabezados por Manacías, de acuerdo a la división territorial de la política armada del catorcismo.

Partiendo de las demandas democrático-burguesas contenidas en la Constitución de 1963, el plan de guerra da un paso adelante a dichas demandas, y les agrega la política armada, como elemento diferenciador de la plataforma perredeísta y del maniobrerismo burgués, aunque sin poder responder, en ningún momento, a un plan global contrahegemónico, único contexto en el cual un plan de guerra puede ser históricamente viable.

En tal sentido, Manaclas es el antecedente inmediato a los Comandos Constitucionalistas, en la medida en que la izquierda, a las demandas democráticos-burguesas le agrega la política armada, que es su radicalidad superior y de tránsito a las formas del poder popular. Ello explica la participación destacada del catorcismo en la Insurrección de Abril, en la medida en que los cuadros político-militares que quedaron de la derrota militar de Manaclas, rápidamente se integran al proceso de la lucha armada, y le dan, en gran medida, el aporte de cuadros civiles a la alianza político-militar que fue el gobierno de armas del Coronel Caamaño.

Si se puede afirmar que en gran medida el catorcismo fue la base del poder militar en la sociedad civil constitucionalista, ello se debe a la relación estrecha que hay entre el catorcismo y la política como una lógica de guerra, como un plan de guerra, fundamentalmente para el aparato político militar, de donde surgió Orlando Mazara.

En tal sentido, nadie, ni siquiera sus familiares más cercanos, tiene derecho a usar sus huesos como banderas electorales, aunque sean antibalagueristas, porque, y ellos lo saben, Orlando Mazara creía en otras cosas y luchaba en otras formas. Y hay que respetar esos huesos de la guerra que sólo pueden levantarse como banderas de guerra.

El Nuevo Diario
18 de Febrero 1986.
Pág. 6.
Santo Domingo

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