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miércoles, 12 de mayo de 2010

Dedé Mirabal: Trujillo sí fue el culpable

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Viernes 7 de Mayo del 2010, actualizado 5:10 PM


LAS MARIPOSAS
Dedé Mirabal: Trujillo sí fue el culpable

Fernando Quiroz - 5/5/2010




REACCIÓN. DEDÉ MIRABAL DIJO QUE EL INTERÉS DE ANGELITA ES VENDER UN LIBRO QUE NO ESCRIBIÓ

Recuerdo. Las tumbas de las Hermanas Mirabal están en el Museo que lleva su apellido en Conuco, Salcedo. También están sepultados allí los restos del líder revolucionario Manolo Tavárez Justo, esposo de Minerva Mirabal.

Narración. Doña Dedé Mirabal recibe en su casa de Ojo de Agua al director de LISTÍN DIARIO, Miguel Franjul, y a los editores de la sección la República, Wendy Santana y Fernando Quiroz.
Ojo de Agua, Salcedo.-

Dedé Mirabal está absolutamente segura de que el dictador Rafael Leonidas Trujillo fue quien ordenó el asesinato de sus tres hermanas, Patria, Minerva y María Teresa.
Como “vagabunda” calificó a Angelita Trujillo por publicar un libro en el que afirma que no fue su padre quien mandó a matar sus hermanas, sino un héroe nacional y vinculados al complot contra el tirano.
También rechazó que Minerva visitara varias veces a Ramfis Trujillo a una casa en Boca Chica y que llorando le pidiera que gestionara la libertad de su esposo Manolo Tavárez, preso en Puerto Plata. “Su interés es solo vender un libro que no escribió”, dijo.
En su obra “Trujillo, mi padre: En mis memorias”, Angelita relata que el general José –Pupo- Román Fernández, y no su padre, ordenó el asesinato de las hermanas Mirabal por instrucciones de Luis Amiama Tió, uno de los conjurados en la muerte de su progenitor.
Ella le atribuye a Segundo Imbert Barrera la responsabilidad de supervisar y constatar la ejecución del crimen. Segundo es hermano del héroe Antonio Imbert Barrera, quien también participó en la muerte de Trujillo la noche del 30 de mayo de 1961.
“Esas son fábulas”, manifestó, tras insistir en que Víctor Alicinio Peña Rivera era quien estaba en un carro Mercedes Benz esperando que se ejecutara lo que denominó como una macabra acción.
En un extenso diálogo con el LISTÍN DIARIO, desde la quietud de la casa en el campo, rodeada de flores y mariposas, doña Dedé desmonta uno por uno los argumentos de Angelita.
Para sustentar que realmente Trujillo perseguía y ordenó asesinar a las Mirabal por sus ideas, recordó que Trujillo llegó a decir en Santiago que solo tenía dos problemas: la Iglesia Católica y las hermanas Mirabal.
Hasta el día de su muerte, contó, Trujillo se expresaba convencido de que Minerva era la ideóloga del movimiento 14 de Junio que procuraba derrocar su régimen con ideas revolucionarias. Su chofer, Zacarías de la Cruz, llegó a decir que Trujillo gritaba en cualquier calle, en sus últimos días “¡mira a Minerva, mira Minerva!, como si viera un fantasma.
Para curarse de esas “visiones” Trujillo ameritó ser llevado a la casa de las Mirabal.
Con relación al libro de Angelita, doña Dedé cree que ha procurado hacer un “boom” de venta con los latinos de Miami que están deseosos de leer temas sobre la tiranía trujillista.
Otra versión que repudia doña Dedé es que Trujillo era caballero con las damas.
“Mmmm... ¡Qué caballero ni caballero!, sería cuando le gustaba una mujer, cuando él veía una mujer bonita se ponía como palomita en zinc caliente”.
Cinco hombres cometieron el crimen. Dos mataron al chofer Rufino de la Cruz, y tres a las hermanas Mirabal. Candito Torres llevó la orden de la muerte a Santiago.
Reunión en Mao
El 9 de enero de 1960 se organizó una reunión en Mao en la finca de Charles Bogaert, que fue donde bautizaron el movimiento con el nombre de 14 de Junio. Asistieron personas de todas las provincias.
La casa de las Mirabal, aquí en Ojo de Agua, era un frecuente punto de encuentro de ellos.
En la cárcel
Como parte del asedio y persecución, doña Dedé narró que el 20 de enero de 1960 fueron arrestadas sus hermanas. Las mezclaron con prostitutas y fueron objeto de todo tipo de abusos y groserías. Minerva era sacada a la 1:00 de la madrugada para interrogarla y torturarla psicológicamente.
Junto a su hermana María Teresa la llevaban para que vieran golpeados en sus celdas a sus esposos Manolo Tavárez y Leandro Guzmán, respectivamente.
Apoyo del pueblo
Las hermanas Mirabal fueron sepultadas la tarde del sábado 26 de noviembre. Cuando llevaban los tres ataudes se preguntaban a quien correspondía cada uno. “Destapen uno”, le gritó doña Dedé. Era el cuerpo de Minerva, y ella dijo entre lágrimas “Ay, tú, la más decidida, siempre”.
Pero para ella lo más triste fue cuando regresaron a su casa y le dijo a su madre “ya todo está consumado”.
“Yo he perdonado a los verdugos de mis hijas, para que ellas sean perdonadas”, le respondió su madre.
EL DÍA QUE MATARON A LAS MIRABAL
Era viernes. A las hermanas Mirabal las atraparon saliendo de Puerto Plata, frente a Playa Dorada.
Pasaba un camión del Seguro Social. Sus ocupantes ven que halaban violentamente a tres mujeres.
Patria, corre y se abraza del camión, y grita: “Avisen a la familia Mirabal, que los calieses nos van a matar”.
Ellos no sabían quiénes eran, pero sintieron que le seguía un carro. Tomaron la carretera internacional y llegaron muy asustados hasta un hotel acostumbrado a San José de las Matas.
Cuando el lunes vieron el periódico, se llevaron la mano a la cabeza de la sorpresa. Tres hermanas muertas.
“Ay, eso es lo que a mí me duele. Casi no hablo de eso, cuando me preguntan - los estudiantes- les digo pregúntenle a la maestra”, expresó con palabras entrecortadas.
En su casa, la noche del crimen, se quedan esperando el regreso de las hermanas. Amaneció y, por supuesto, que no retornaron donde su madre.
“Yo no dormí esa noche, me levanté antes de amanecer y al encontrarme en casa de mamá con la noticia de que mis hermanas no llegaron salí gritando por el patio que la mataron, la mataron”, expresó doña Dedé, quien tenía 34 años de edad.
Al poco tiempo el alcalde pedáneo le comunicó a la familia que pasaran por la Policía, “que las muchachas habían tenido un accidente”.
Los momentos más dramáticos los cuenta cuando tuvo que ir al hospital Cabral y Baéz de Santiago a buscar los tres cadáveres ensangrentados de sus hermanas.
“Ay Dios, cuando yo vi aquello, dos en camillas y otra como en el suelo”.
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