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sábado, 5 de septiembre de 2009

¿Cómo surge en Puerto Plata el Movimiento 14 de Junio?

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Cuaderno de apuntes
Dedicada a la cultura dominicana
-¿Cómo surge en Puerto Plata el Movimiento 14 de Junio?
Pedro Camilo

-Antes del desembarco del 59, quizás siete meses antes, nosotros nos estábamos organizando, tal vez por el entusiasmo del triunfo de la revolución cubana. Ya teníamos varios grupos organizados, con la finalidad de darle apoyo a lo que nosotros entendíamos que iba a ocurrir aquí. No poseíamos ningún contacto directo; sin embargo, más tarde, vino a Puerto Plata el doctor Mon Jerez y se entrevistó con un amigo de él, que resultó ser amigo de un compañero nuestro, que era Guancho Escaño, quien luego murió en El Limón, siendo el brazo militar de la guerrilla… Guancho Escaño vino donde mí, a decirme que Mon Jerez era un enviado del movimiento de liberación, y que había venido a hacer contactos con los grupos en el país para organizarnos… Le dije a Guancho que yo no conocía a Mon Jerez y que a la persona donde él fue, yo no le tenía ninguna confianza…

El bautizo del movimiento 14 de Junio
Recuerdo que burlándose de mí, nos dijo:
-Mira, una mujer le puso el nombre al movimiento-.
Y agregó: -Se llamará “14 de Junio”-.
Esa mujer fue Minerva Mirabal.
Fernando Cueto

-¿Cómo surge en Puerto Plata el Movimiento 14 de Junio?
-Antes del desembarco del 59, quizás siete meses antes, nosotros nos estábamos organizando, tal vez por el entusiasmo del triunfo de la revolución cubana. Ya teníamos varios grupos organizados, con la finalidad de darle apoyo a lo que nosotros entendíamos que iba a ocurrir aquí. No poseíamos ningún contacto directo; sin embargo, más tarde, vino a Puerto Plata el doctor Mon Jerez y se entrevistó con un amigo de él, que resultó ser amigo de un compañero nuestro, que era Guancho Escaño, quien luego murió en El Limón, siendo el brazo militar de la guerrilla… Guancho Escaño vino donde mí, a decirme que Mon Jerez era un enviado del movimiento de liberación, y que había venido a hacer contactos con los grupos en el país para organizarnos… Le dije a Guancho que yo no conocía a Mon Jerez y que a la persona donde él fue, yo no le tenía ninguna confianza…
Por tal motivo, me negué a entrevistarme con Mon Jerez. Sin embargo, luego supe por Amiro Pérez, que las intenciones de Mon eran honestas. Bueno, nosotros seguimos organizándonos en los barrios y en los municipios, y después que se produce el desembarco del año 59, el grupo de El Pie del Fuerte tenía planificado varios sabotajes. Ese grupo lo comandaba Odalís Cepeda… A ese grupo pertenecían Guancho Escaño, Nolis Musa, Omar Morales, Luís Joubert, Ramón Mejía, mi hermano Juan… Era un grupo más o menos de diez compañeros… Manejaban todo lo que fuera el frente de la fortaleza que estaba por ahí, en ese barrio. Ese grupo cuando se produjo el desembarco, incendió el Seguro Social; también trató de incendiar el asilo viejo, pero por suerte no fructificó ese sabotaje, porque se iba a ir la mitad de Puerto Plata. Hubo un fallo en su preparación… Guancho Escaño y Melecia Victoria, que eran los responsables de esa acción, luego del fracaso del sabotaje, iban en retirada cuando en una esquina frente a la casa de Yoyo Morales, venía la policía –descubrimos entonces que la policía estaba haciendo patrulla con unos tenis que les decían calzapollos, para que no se oyeran sus pasos-, y Guancho y Melecia se abrazaron como si estuvieran en una jugada amorosa, y la policía los saludó, y ellos saludaron a la policía…
Más tarde, otros compañeros, como Félix La Hoz y Camao Morales, hermano de Juan Carlos, tenían otro grupo y hacían sabotajes en los cañaverales. Ese mismo grupo era el que hacía el sabotaje de las grampas… Ellos preparaban las grampas, las repartían a los compañeros, y cada vez que había una manifestación, o un acto oficial, ellos llenaban de grampas las carreteras.
Después que pasaron esos días terribles del desembarco del 59, vino a Puerto Plata Juanchi Moliné, y nos informó que en Santo Domingo había un grupo que se estaba reuniendo con la finalidad de organizar un movimiento contra Trujillo. Y es en ese momento cuando se empieza a producir la unión de los grupos puertoplateños con el grupo de la capital. Entonces, Germán Silverio, Juan Carlos Morales y yo preparamos una cita para recibir a Juanchi Moliné, y a esa cita, que se hizo un domingo –yo trabajaba en el correo-, no pude asistir. Desde Santo Domingo, vino una comisión compuesta por Cayeyo Crisanty, Manolo Tavárez y Leandro Guzmán. Luego de ese contacto, se acordó formar un núcleo para que eligiera un representante nuestro ante la capital… La persona que consideramos ideal para eso, fue Germán Silverio, porque éste estaba estudiando en la universidad, y le era fácil participar en cualquier actividad en Santo Domingo.
Posteriormente, nosotros fuimos invitados a una reunión que se hizo en Gurabo, donde se determinó realizar la primera asamblea nacional, la que se celebró en Mao, en la finca de Charles Bogaert, el 10 de enero de 1960. El día anterior, Juan Carlos Morales, Germán Silverio y yo nos reunimos aquí, en Puerto Plata, para acordar cuáles eran los puntos que nosotros íbamos a plantear en esa asamblea. Se escogió a Germán Silverio para que nos representara. Como era un movimiento que aún no tenía nombre, yo propuse que se le pusiera “20 de Junio”… Pero antes, les había sugerido que se llamara “Gregorio Luperón”; sin embargo, ellos no estuvieron de acuerdo con eso… Luego hice la propuesta del “20 de Junio”, y entonces la aceptaron, pero yo les dije: -Ahora soy yo quien no estoy de acuerdo-. Porque a mi papá lo mataron el 20 de junio, y se iba a ver medio interesado de que fuera yo quien propusiera esa fecha…
Al regreso de la asamblea, Germán se juntó de nuevo con nosotros, para darnos a conocer los detalles de la reunión. Recuerdo que burlándose de mí, nos dijo: -Mira, una mujer le puso el nombre al movimiento-. Y agregó: -Se llamará “14 de Junio”-. Esa mujer fue Minerva Mirabal. En la asamblea, Germán planteó nuestra inquietud sobre el asunto de las armas –resultaba un riesgo estar haciendo sabotajes sin tener armas-, y Minerva dijo que las armas de Puerto Plata andaban caminando por las calles… Que las cogiéramos ahí… De ese asunto no hablamos más nada…
También se decidió que Juanchi Moliné, que era un técnico en meteorología, nos enseñara cómo buscar los sitios estratégicos para que un avión dejara armas, o para que se recibiera cualquier cosa por el aire… Para tales fines, nos trajo un folleto elaborado por el general Bayo, un español de la guerra civil… Y nosotros aprendimos… Y salíamos a buscar los lugares apropiados… Por ejemplo, yo fui con Guancho Escaño a la finca de Don Nene Kunhardt en Yásica… Cuando llegamos allá, vimos que realmente era un sitio estratégico, porque había un llano entre dos colinas, bastante grande; una avioneta podía aterrizar sin ningún problema…
Por su parte, Juan Carlos tenía otro lugar en Guzmancito. Yo nunca fui ahí… Bueno, ya teníamos dos sitios… Supuestamente, Leandro era el responsable del contacto para el destino de las armas… En fin, el movimiento, que había empezado como la trinitaria, se hallaba en una etapa en que existían comandos, con mochilas, y ya había como diez grupos… Teníamos a Carmen James Bogaert, a doña Ana Leroux, a Elena Abreu, un grupo de mujeres haciendo mochilas, buscando medicina, porque desde que llegaran las armas, nosotros empezaríamos…
-¿Cómo estaba conformado el Movimiento en los municipios de Puerto Plata?
-El movimiento estaba constituido aquí, por grupos que a la vez estaban dirigidos por Juan Carlos Morales, por Germán Silverio, y por mí. Después de la reunión de Mao, se acordó que se hiciera un comité provincial. En tal sentido, yo propuse y se aceptó, al pintor y músico Rafael Arzeno Tavárez, como tesorero; Germán Silverio, por su parte, propuso la inclusión del doctor Antonio Vásquez Paredes; y Juan Carlos Morales propuso incluir, a Leonardo del Valle. Esto ocurrió, más o menos, el 12 de enero de 1960.
Nosotros nos proponíamos organizar los municipios… Ya yo tenía contactos con el doctor Alejo Martínez, en Sosúa; ya le había hablado a César de los Santos para que me sirviera de contacto; ya teníamos localizado al señor Vargas, de Luperón; en Altamira estábamos barajando los nombres del doctor Vicky Mendoza y de Samuel Arias; en Yásica nos comunicarnos con Bollón Álvarez, para organizar el movimiento allá; y en Imbert, teníamos al doctor Virgilito Reyes, que era dentista…
Años después, en el movimiento guerrillero, a mí me tocaría la organización política de toda la parte norte de la cordillera septentrional; y a Sóstenes Peña Jáquez, la parte sur de la cordillera… Nosotros la teníamos dividida en Yásica con Bollón Álvarez; en Altamira teníamos a Cuqui Meléndez; en Guananico teníamos en Rincón Caliente, a un compañero de apellido Vargas; en el Mamey teníamos primeramente a un profesor de escuela llamado Armandito Acevedo, y después a los hermanos Pérez.
En la etapa guerrillera, la infraesctrutura del 14 de Junio en la cordillera septentrional, contaba con varias pulperías totalmente surtidas, y esos compañeros de las pulperías tenían sus contactos directos con el almacén de comestibles de Germán Silverio, mientras que Baldemiro Frías era la persona que se encargaba de surtirlas… De esta manera, nosotros estábamos con todos los contactos hechos y con las provisiones necesarias… Lamentablemente en El Limón perdimos al compañero Minaya, que era banquero, pero que físicamente no estaba apto para una guerrilla; y murió también Juan Jerónimo Escaño, alias Guancho, quien era el brazo militar de la guerrilla, y un compañero al que más estimación yo le tenía aquí en Puerto Plata. En esta guerrilla sólo murieron ellos dos… Los demás pudieron salir gracias a la cooperación de muchos campesinos.
Pero, ¿cómo llega Guancho Escaño a ser brazo militar? Cuando estábamos organizando las guerrilleras, se creó la infraestructura del 14 de Junio, la cual tenía cuatro organismos fundamentales: el buró militar, el buró obrero, el buró político y el buró campesino… Eso fue en pleno gobierno de Juan Bosch… Entonces Manolo me manda a buscar con Juan Miguel Román, porque él necesitaba una persona de su entera confianza, para ir a Cuba… Manolo conocía la historia de mi padre, Fernando Suárez, y él sabía que un hombre con ese antecedente de lucha no podía traicionarlo… De inmediato, yo fui a al apartamento de la Rosa Duarte, en Santo Domingo, donde vivía Manolo… Recuerdo que eran como las siete y media de la noche –él estaba cenando-, y cuando me senté a la mesa, me dijo: -Yo necesito que hagas una misión sumamente secreta: tienes que salir del país; ya yo poseo todos los contactos donde debes ir.
Después que él me dice eso, yo me quedo pensando, y luego le comunico: -Pero ven acá, Manolo, yo no soy la persona para realizar esa tarea-. Y él me responde: -¿Cómo?-. Y yo le digo: -¿Tú te imaginas que me vaya de Puerto Plata, siendo yo el secretario general del 14 de Junio?-. Todos los días, mi casa y el partido se encontraban llenos de gente... Ahí mismo le digo: -Yo tengo la persona indicada-. -¿Quién? –me pregunta él-. Y yo le digo: -Guancho Escaño-. Le informé que Guancho podía ausentarse tres meses de Puerto Plata, y nadie se daba cuenta, porque él salía para la universidad y pasaba mucho tiempo sin regresar… Le expresé, además, que Guancho era un hombre serio, firme y muy valiente… Entonces, Manolo aceptó.
Enseguida, yo vine y le dije a Guancho: -Mira, Manolo necesita hablar contigo urgentemente; no vayas al partido; debes ir a la segunda planta de la Rosa Duarte-. Cuando él regresó, me confió: -Coño, el hombre me ha puesto una misión sumamente delicada-. Sin embargo, Guancho asumió esa responsabilidad… De esta forma, se convirtió en el Miguel Strogoff de Manolo… Él era la persona que Manolo mandaba a cualquier parte… El contacto de Guancho era un empleado de la embajada de Cuba en Jamaica… Y éste le facilitaba los viajes a Cuba, donde Guancho se entrenó militarmente… Por eso, Guancho fue aquí, en Puerto Plata, el responsable del buró militar, mientras que yo era el encargado del buró político.
-¿Cómo se descubre el movimiento?
-Todo sucedió en un tiempo muy corto… Eso fue en los mismos días de la asamblea… Ya el día 11, o el 12 de enero, Marquito Pérez Collado estaba preso o lo estaban persiguiendo, por la indiscreción que cometió –él fue compañero mío de celda, junto con Cayeyo Crisanty, y nos explicó todo lo relacionado con el fracaso del Movimiento, y admitió que fue una indiscreción suya, no un acto de mala fe-. Y ahí empezó la debacle… Juanchi cayó preso más o menos como el 16 de enero; Juan Carlos estaba grave con una úlcera; antes había caído Manolo, como el día 13; luego Leandro, Pipe Faxas… El 17 cayó Germán; el 19 cayó Juan Carlos, y el 20 caí yo, y cuando me llevaron a la celda, allá estaba el doctor Antonio Vásquez…
Yo había estado preso en el año 57, acusado de que me iba a unir a Fidel Castro… Germán, Fellito Silverio y un grupo, hicimos un bote para pescar, no para unirnos a Fidel, porque entonces no sabíamos quién era él… Pero las sospechas surgieron porque yo estaba ahí, que era hijo de Fernando Suárez, a quien habían matado en Luperón; también estaba Piro Beauchamp, que era un ex militar que sabía de navegación; y estaba Germán Silverio –le decían Germán el Guardia-, que también había sido militar... Eso trajo un escándalo internacional, ya que la familia de uno se movilizó… Si no, nos hubieran matado… Por la experiencia de esa prisión, yo sabía cómo manejar la situación en la cárcel…
Sin embargo, la realidad que encontramos en La 40 fue terrible… Aquel patio lleno de hombres desnudos y golpeados… Gritos por dondequiera… Y aquellos torturadores nerviosos… Porque ellos se sorprendieron de la magnitud del movimiento… Ellos creían que era un grupo que se podía manejar con facilidad… Nosotros ignorábamos cuál era la situación, y cuando llegamos allá, sin preguntar nada, nos cayeron a golpes mientras estábamos amarrados; y de una vez nos metieron al coliseo, y continuaron golpe y golpe con nosotros… A mí me dieron un chuchazo con un güevo de toro aquí (Fernando se señala un punto en la cabeza), y se me paró una vena que parecía como si tú estuvieras rociando un gallo; esa vaina se me puso como un monstruo, llena de sangre; pero ésa fue mi dicha, porque luego me veían y me dejaban, pues tal vez pensarían que yo me estaba muriendo…
Ahí nos encontrábamos Toño Vásquez, Abelardo y yo… Cuando nos sacaron, pidieron a Toño Vásquez. “Doctor Antonio Vásquez Paredes… Doctor Antonio Vásquez Paredes…” Entonces nos quitaron las esposas… Yo aproveché y me puse a buscar, entre aquella multitud, a ver si encontraba alguien de aquí, hasta que hallé a Juan Carlos… Estaba tirado en el suelo… Estaba muriéndose, evacuando sangre… Yo no sé cómo él está vivo… Ahí yo conocí a Federico Cabrera, que fue el doctor que estuvo en la guerrilla con Manolo… Todavía él no se había graduado de médico, pero ya estaba haciendo su tesis… Federico y otro médico que estaba ahí, buscaban en el suelo pedacitos de carbón para molerlos con una piedra y dárselos a Juan Carlos… Ellos decían que eso podría cicatrizarle la úlcera…
Ahí mismo, Juan Carlos me dice a mí, que tuvo que mencionar a Guancho Escaño, a Fellito Silverio, y a Miriam Morales, su prima… Miriam tenía una notificación de que poseía unas armas en La Escalereta, cerca de Luperón. Entonces yo le dije a Juan Carlos: -¿Para qué mencionaste a esa gente?-. Y él me respondió: -Yo no podía aguantar más golpes-. Y era razonable, porque él tenía una gran deshidratación y estaba evacuando sangre… También, Juan Carlos me comunicó que Pipe Faxas había dado una idea: “Si metemos muchas gentes aquí, nos podríamos salvar…”. Yo no estaba de acuerdo con esa teoría… ¿Tú imaginas a Papusa Loinaz presa, una señora de 80 años?
Recuerdo que esa misma noche llamaron a Toño Vásquez para interrogarlo… Y yo me quedé tratando de hacer contactos con las personas que Juan Carlos había mencionado… Por fin, alcancé a ver a Guancho Escaño y a Fellito Silverio, parados en un extremo del pasillo, cerca de la cámara de torturas… Yo me pude colar y llegué hasta ellos… Entonces les dije: -Ustedes tienen que mencionarnos a nosotros, pero a nadie más-. Y efectivamente así lo hicieron… Fellito declaró que él fue como chofer nada más; pero Guancho señaló que él sí estaba en el Movimiento, y que éste se hallaba encabezado por Fernando Cueto y Juan Carlos Morales… A Guancho le dieron muchos golpes… Él había sido militar y en ese momento tenía el cuarto año de medicina... Ahí se pararon las detenciones…
Pero ¿qué pasa? Ahí mismo oigo que están llamando a César de los Santos Almonte… A esa persona la busqué yo para que nos sirviera de contacto con Sosúa… Todos los muchachos de mi generación me conocían como Fernando Suárez., aunque legalmente yo era Fernando Cueto… César me mencionó, pero como Fernando Suárez… Entonces iban a las celdas: -Fernando Suárez, Fernando Suárez…-. Y yo le decía a Toño Vásquez: -Fernando Suárez no está aquí-. En una, Toño me dice: -Nos van a matar a todos…-. Hasta que un día nos sacaron para un interrogatorio… Y ahí yo me encuentro con César de los Santos… De una vez él me dice: -Coño, a mí me han dado más golpes que al diablo, porque yo pensaba que eras tú-. Y yo le dije: No, no…-. Y César me dice: -Ah, pues eso fue Cocuyo… Cocuyo Báez -. De los Santos sabía que yo estaba preso, pero no sabía que el ingeniero Cocuyo Báez lo estaba… Luego, cuando lo volvieron a interrogar, él dijo que había tenido un lapsus y que su contacto era Rafael Báez, alias Cocuyo… Entonces eso se paró ahí… Me salvé de casualidad… Fíjate: los calieses habían venido a mi casa, buscando a Fernando Suárez, y mi abuela les dijo: -¡Ustedes lo mataron! ¡Búsquenlo en el cementerio!
El 21 de enero, día de La Altagracia, fue un día macabro… Ese día estábamos Toño y yo en una celda –a Abelardo lo pusieron en otro lado-; era una celdita en La 40, de dos metros por uno y medio, más o menos, y ahí habíamos nueve personas, apiñadas; esa celdita tenía media pared y un sanitario, y nosotros poníamos un pie en el sanitario y subíamos a la media pared, para respirar… ¡Nos estábamos asfixiando! Ahí yo sólo conocía a Toño Vásquez… Pero hubo uno, que mientras estaba respirando –lo hacíamos por turno-, perdió como la razón y empezó a vocear: “Asesinos, bandidos, ladrones…”. Bueno, todos los improperios del mundo… Y me dice Toño: -¡Bájalo!-. Y yo le respondo: -¿Pero cómo lo voy a bajar si él está aferrado ahí?-. Por fin, el hombre accedió a bajar… Entonces, Toño le dice: -Nos van a matar a todos…-. Él ni siquiera contestó… Se sentó en el inodoro, y yo me paré a su lado, porque pensaba que había perdido la razón. –Compañero, ¿de dónde es usted? –le digo. De inmediato, él me responde: -Yo soy de Montecristi-. Y yo le digo: -Eso nos puede perjudicar a todos, porque uno todavía tiene la esperanza de salir…-. Yo entendí que él me dijo: -Es que he visto matar a mi hijo-. De una vez a mí me dio como un frío… ¡Increíble! Toño y yo nos quedamos en silencio… Bueno, pasaron como dos horas, y vinieron, le dieron a la puerta, y lo sacaron a él… Más nunca volvió… Esa persona se llamaba Rafael Noble, como el pelotero de Cienfuegos… Era muy amigo de Manolo…
En realidad, durante mucho tiempo yo pensé que lo que él estaba viendo era matar a su hijo… Después de muchos años, un día yo me encuentro con Abelito Rodríguez Del Orbe, que era Procurador de la República, y él me presenta al Jefe del Ejército y a un grupo de oficiales, en una actividad del CIMPA… Luego de la reunión, me dice Abelito: -Como tú tuviste en muchas celdas en La Cuarenta y en La Victoria, tal vez podrías darle noticias al General Noble Espejo, sobre la suerte que corrió su padre, quien fue llevado a La Cuarenta y de ahí desapareció…-. Entonces yo le pregunto: -¿Quién era su papá?-. Y él me dice: -Rafael Noble-. Y yo pensé: “Estoy frente al hijo de Rafael Noble”. Enseguida, Abelito, él y yo nos fuimos debajo de una mata, y le conté toda la historia… El general me aclaró que no había sido a un hijo a quien habían matado, sino a un íntimo amigo que cayó preso con él… Después, el Mayor General José Noble Espejo le hizo un monumento a Manolo en la montaña…
Bueno, te había dicho que el 21 de enero, día de La Altagracia, fue un día macabro… Porque además de ocurrir la historia de Rafael Noble, recuerdo que entonces nos dieron golpes que eso no tuvo madre… Ya ese día empezaron a llevarnos a La Victoria, desnudos y en guagua… En la Victoria, nos metían en una celda hasta dieciocho y veinte personas… Eran unas celdas que tenían como cuatro metros de largo por dos de ancho… De ahí, porque no cabíamos, se llevaron un grupo para la isla Beata… Pero nosotros seguimos en La Victoria…
Recuerdo que la misma noche que llegué –ya yo había estado siete meses preso ahí-, después que oí que cerraron las puertas y los guardias se habían ido –aquello era un silencio sepulcral-, me agaché y por la rendija de la puerta mandé un ¡Atención! ¡Atención a todos los presos que están aquí! Entonces yo les dije: -Aquí, un ex prisionero; si hay alguno que tenga más de dos años en prisión, yo quiero que se identifique, porque el que les está hablando, es El Canario-. Este seudónimo me lo puso Ramón Jorge Rivas... De inmediato, suena una voz de ultratumba, que dice: -¡Coño! ¡El hijo bueno a su casa vuelve!-. Ése era Guillermo Valerio, un hombre fuera de serie, guapo como nadie, inteligente; él era mecánico, pero capaz de hacerte una ametralladora… También, ahí estaban Los Cabrera, Los Estévez, Poncio Pou, Amiro Pérez, Medardo Germán, Mayobanex Vargas, Papito Sánchez Sanlley, entre otros. Poco a poco, yo les informé sobre lo que estaba pasando…
-¿Cómo se produce tu salida de esa cárcel?
-Empezaron a soltar por la presión internacional… Yo recuerdo que a nosotros nos juzgaron… Nos sacaron como a un grupo de sesenta, entre ellos a Manolo; a mí me tocó en una cámara –nos repartían de quince a veinte en cada cámara-, junto con José Ramón González, alias Papilín, que era cura, y él me dijo: -Yo creo que a mí me van a matar…-. Efectivamente, se lo llevaron de ahí, y más nunca apareció… Con esa experiencia de Papilín, cuando me dieron libertad –soltaron, por la presión de la OEA, a uno por cada provincia, y a mí me tocó por Puerto Plata-, sentí mucho temor; entonces me quedé dos días en la capital, donde una familia mía…
Luego vine a Puerto Plata, pero yo no salía de la casa… Esto era una finca, y todas mis actividades las hacía aquí… Después, cuando mataron a Trujillo, el Movimiento empezó a coger fuerza, y volvimos a caer presos otra vez… Cuando salimos de la cárcel, nos pusimos en contacto con los demás compañeros, y formamos la Unión Cívica, porque como habíamos sido acusados de comunistas, no debíamos salir con el nombre de 14 de Junio… Ahora pienso que esa teoría fue una estrategia de los que realmente sabían de política, como Antinoe Fiallo, Severo Cabral y Rafael Bonnelly, quienes eran los que estaban manejando el movimiento…
Es que los cívicos fueron sumamente hábiles… Aquí, por ejemplo, José Augusto Puig cogió un papel, cuando hicimos la primera reunión que fue en la casa de Juan Carlos, y entonces puso: Juan Carlos Morales, vicepresidente; Amiro Pérez, secretario; y el resto de los cargos los completó con los nombres de todos nosotros (Toño, Abelardo, Guancho y yo), pero se reservó para él la presidencia... La directiva era totalmente del 14 de Junio, menos la presidencia…
Más tarde, los cívicos dijeron que había que escoger un presidente del partido, a nivel nacional, y nosotros propusimos a Manolo Tavárez, a pesar de estar preso. Sin embargo, ellos respondieron que una persona presa no podía tomar decisiones urgentes; por eso nos convencieron y accedimos a que pusieran a Viriato Fiallo. Después, cuando ese movimiento coge una fuerza tremenda, nosotros no pudimos desbancarlo… En ese tiempo, vinieron aquí Manolo y Alfredo Manzano, y nos reunimos donde Toño Vásquez, y Manzano nos dijo claramente: -Esta gente nos ha cogido de instrumento.
Para mí eso fue una bofetada, porque yo pensaba que había existido buena fe… Y un día, en una reunión, José Augusto Puig dijo: -El comité central de la Unión Cívica Nacional ha decidido convertirse en partido político-. Y nosotros nos sentimos engañados, ultrajados… Enseguida nos separamos de la Unión Cívica, y nos dedicamos solamente al 14 de Junio. De esta manera, en el comité provincial, Toño resultó ser el presidente; yo era el secretario general; y Argentina Capobianco era la vicepresidenta, en lugar de Juan Carlos Morales, quien se quedó con Unión Cívica.

Puerto Plata, lunes, 1 de mayo de 2006.

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