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lunes, 2 de septiembre de 2013

Norma, su cumpleaños, historias y leyendas

Norma, su cumpleaños, historias y leyendas Escrito por Giannella Perdomo Pérez. Viernes 30 de Agosto de 2013 20:04 La modernidad que vivimos nos impulsa a llevar una vida de infinitos ajetreos, y por tal razón, muy pocas veces se logra reunir a un grupo de familiares y amigos, para celebrar la significativa llegada de un año más en la vida de una mujer, de quien necesitaríamos múltiples legajos para relatar su historia y comentar sobre su valentía, sin obviar el apoyo indesmayable que brindó a las innúmeras personas que de ella lo requirieron. Â El Museo de las Casas Reales nos albergó para celebrar el 80 cumpleaños de Norma, que a muchos, esta combinación de vocales y consonantes no les significa nada, de lo que me responsabilizo en explicar. El escenario nos ofreció la majestuosidad de sus muros, permitiendo que fluyera la magia, en una noche llena de alegrías, bailes, canciones y gratas remembranzas. Al unísono que Víctor Víctor -Vitico-, perfumaba el entorno con su melodía, recordé momentos inauditos, y hasta jocosos, en los que sorpresivamente Norma participó. En ellos no estuve presente y sí Quisqueya, mi progenitora, quien se encontraba visitando la familia luego de compartir unas horas con su hijo Virgilio Eugenio Perdomo Pérez, integrado a los comandos de la guerra de abril del 1965. Al igual que el resto de quienes estaban en la casa, Norma y Quisqueya, -dos mujeres hermanadas con una hermosa amistad e igualdad de sus ideales- vivieron horas en las que pudieron perder sus vidas. Norma Vasquez Cabrera. En aquella ocasión, al atardecer de un día cualquiera, minutos antes de que mi mamá se dispusiera salir para regresar a nuestro domicilio, uniformados de las “Fuerzas Interamericanas de Paz”, -intrusos que vinieron a entorpecer las soluciones a nuestros problemas de nación- decidieron organizar una fiesta militar por todo lo alto. Sin mayores recursos que sus armas de combate, el hogar de Norma se les antojó el salón perfecto para su festejo. Dejando perplejos e interrogantes a quienes se hallaban en el interior de la vivienda, los disparos empezaron a sonar y deteriorar todo el frente, las ventanas, las proximidades del techo, los laterales y todo espacio que mereciera un tiroteo. En fin, imitando el formato de una vieja película del oeste americano, una balacera interminable. Para protegerse de las ráfagas, todos corrieron hacia los dormitorios situados en la parte posterior de la residencia y poder resguardarse debajo de las camas. Cuando el sonido de las balas parecía inacabable, mi mamá se percató de los temblores de alguien que buscaba amparo y protección a su lado. Creyó que Veri estaba muy asustada y sin titubeos, para calmarla, continuamente acariciaba su cabeza susurrándole muy bajo: “tranquila Veri, quietecita, shhhhhhh, quietecita”……..Amanecieron tal cual se cobijaron, ¡debajo de las camas! Con los claros del alba las refriegas habían cesado. Inesperadamente, bajo aquel inquietante silencio, brotaron risas y carcajadas; unos a otros se miraban y reían. ¡Quisqueya estuvo toda la noche pasando su mano sobre la cabeza de quien creyó pertenecía a Veri!, -Veri Candelario, hoy destacada periodista de nuestra buena prensa-, pero no, estuvo mimando la cabecita de Bobita, mascota canina muy amada por todos. Muchas veces, cuando nos reencontramos con Norma, -MOMA, así re-bautizada por sus nietos- recordamos este episodio, que gracias a Dios terminó con lágrimas de júbilo y sonrisas. A partir de esos incidentes, y por aquello de “más vale precaver”, jamás les visité sin que previamente guardara en mi bolso un juego de prendas interiores, cepillo y pasta dental, además de los cachivaches para el maquillaje. Disfrutando del evento, el ballet folklórico irrumpe en la improvisada pista y nos regala un acompasado baile típico con muy lucida coreografía. Sus trajes, alegres y libres, aportan colorido a la rígida tonalidad en las columnas de la vetusta construcción. Claudio Cohen nos baña el alma con sus notas tiernas que nos invitan al ensueño. Pero como en la vida de Norma no todo ha discurrido entre bailes, sonrisas y rosas sin espinas, retomando los días de la guerra de abril, la injerencia de los militares norteamericanos y miembros de la intrusa y mal llamada Fuerza Interamericana de Paz (FIP), violentaron la privacidad de su casa, escudriñando minuciosamente su perímetro. Tenían sospechas o habían recibido denuncias sobre sus vecinos del frente y su complicidad con los combatientes. Portando detector de metales, zigzagueando los límites, los FIP rastrearon dentro y fuera de la vivienda, tratando de localizar armas de fuego. Con sus sofisticados equipos, “peinaban” toda la propiedad, a fin de incautar lo que jamás encontraron, debido a su cuidado y minucioso almacenamiento. Los artefactos en cuestión, “enterrados” en el patio trasero, se cubrieron con restos de materiales de construcción, entre otros: pequeños trozos de cables, varillas y grandes tablas de madera. El asedio de la búsqueda y molestias cesó, increíblemente - conforme a testimonios de los allí presentes-, debido a la fiereza con que les enfrentó “Bobita”. Por los acordes de una hermosa melodía, invitando a danzar, a la palabra ingenua del amor adolescente, al recuerdo del enamoramiento a hurtadillas, a evocar mejores tiempos, retorné a la fiesta. Pero el calendario, pertinaz en su caminar, no se detiene y las historias de Norma y mi responsabilidad de describir algunas de ellas se imponen. Definitivamente, los militares de la FIP se empecinaron en hostigar a los Vázquez Cabrera, residentes en la avenida Pasteur, próxima a la esquina Santiago. El relato de Rafaelito, hijo de Norma, luego de tantos años transcurridos, confirma mis conjeturas. Increíble escuchar cuanto narraba: “llegaron a extremos tales, de emplazar frente a nuestra casa una ametralladora 30, ligera, además de un lanza granadas”. La “paz” que debían aportarnos estas fuerzas interamericanas, -todavía me cuestiono ¿a qué vinieron?- quebrantaron el normal desenvolvimiento de la vida cotidiana de Luz Cabrera, sus hijos, y la de todos aquellos amigos e integrantes del “14 de Junio”, que por múltiples razones -algunos en apremiantes circunstancias- debieron allí pernoctar. Al igual que su familia, Norma también sufrió los embates de la dictadura trujillista. Régimen fiero y despiadado, orientó sus garras mortales contra Bolívar, su hermano, vilmente asesinado. La tragedia cubrió de luto y dolor a su madre Luz, y sus hermanos Hernán, César, Janet y Pura Adela. Cabe referir que este hecho no acobardó a doña Luz -como solíamos nombrarla- y tal vez la motivó a continuar la lucha emprendida por su hijo. Doña Luz nació vestida de valentía y arrojo, transitó siempre adelante; transformó su hogar en amparo y apoyo para hombres y mujeres defensores del más caro patrimonio nacional. Quienes allí se albergaron, comieron o salvaguardaron, ¡eran catorcistas y/o combatientes de la guerra de abril! Responsable en cuanto a las tareas que le fueran encomendadas, Norma, máquina a mano, durante horas incontables confeccionó tantos uniformes militares como pudieran necesitar aquellos hombres que integrarían los frentes guerrilleros, -a partir del 28 de noviembre de 1963- en “las escarpadas montañas de Quisqueya”, tal y como declarara Manuel Aurelio Tavárez Justo-Manolo-, líder de la Agrupación Política 14 de Junio (1J4). Militante del 1J4, en sus viajes al interior del país, Norma transportaba y escondía armas de fuego y demás pertrechos de guerra. A fin de distraer la atención de las tropas uniformadas, situadas en los puestos de control de las carreteras, y proyectar la imagen de una familia normal, con gran astucia le acompañaban su hijo Rafaelito, además de sus sobrinas Very y Angela. El armamento en cuestión sería utilizado por la guerrilla (1963). Ante circunstancias que así lo exigieron, también proporcionó escondites a muchos perseguidos; gestionó médico, medicamentos, ropas y calzados a los necesitados. Poseedora de buen carácter, de ejecutorias sin desmayo, se desenvolvió siempre con entusiasmo, bajo la más estricta integridad y discreción. La noche se vistió de gala para dar paso a Norma, - elegante en su traje negro -, verla bailar erguida y feliz, festejando sus 80 cumpleaños. Nuestra historia cuenta con mujeres sin las cuales hubiera resultado imposible lograr las libertades democráticas que hoy nos damos el lujo de disfrutar. Mencionar, entre otras, a: María Trinidad Sánchez, Camila Henríquez, Ercilia Pepín, Carmen Josefina Lora Iglesias –Piky-; María Teresa, Minerva y Patria Mirabal, Salomé Ureña de Henríquez, Aniana Vargas, y Tomasina Cabral, porque la lista resultaría muy extensa, amén del error imperdonable de omitir involuntariamente alguna de ellas. Al lado de estas mujeres, merecedora de nuestro respeto y reconocimiento, anónima como tantas otras, amorosa y desinteresada como la que más, declarada por sus padres como Norma Vásquez Cabrera, mientras disfruta de sus horas de vida, por su entrega en las luchas demócratas de nuestra nación, y como mi regalo de cumpleaños, me permito acudir a la osadía para inscribir su nombre en el libro dorado de nuestra historia. Aunque haya pasado la fecha, el amor no reconoce tiempos ni distancias para desearte por los años a vivir ¡Feliz Cumpleaños Moma! Giannella Perdomo giannellaperdomo@hotmail.com

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