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sábado, 4 de agosto de 2012

Obra inmortaliza al histórico Juan José Cruz Segura

 
 
 
Manolo Tavárez Justo.
Foto 1 de 2

REPORTAJE

3 Agosto 2012, 7:55 PM

Obra inmortaliza al histórico Juan José Cruz Segura

Escrito por: RAÚL PÉREZ PEÑA

Juan José Cruz Segura es una figura con prolongado historial en las más justas causas del pueblo dominicano desde los años 40. Decir Juan José Cruz Segura entraña hablar de familiares directos y del entorno en que creció políticamente y afrontó mil y una vicisitudes. Sus apellidos son de hermanos luchadores, pero, además, Juan José hizo familia con Dignorah Echavarría, hermana de Ligia, Mairení, Rubén y Vinicio.
Desde nacida y crecida, la Juventud Democrática fue bastión de la resistencia tesonera contra la tiranía trujillista desde la mitad de tres décadas.
Hará unos 15 años, Cruz Segura se decidió a escribir el “Testimonio de un protagonista”, como dice el pie de la portada de su libro “Bajo la Barbarie: La juventud democrática clandestina (1947-1959)”.
La obra no defrauda a quienes gustan textos respetuosos de lo plural en lo ideológico y político. Juan José describe el rosario de ambientes que debió sufrir nuestro pueblo bajo el terror trujillista y sus falsos amagos “democráticos”. La obra de Cruz Segura se crece con los créditos a los actores de cada episodio. Se abre a recibir datos y revelaciones, igual que observaciones esclarecedoras.
Convencido de que ningún escrito sustituye testimonios, prefiero un breve fragmento de lo que dijo Gustavo Adolfo Patiño (Niñí) al improvisar palabras en un “mitin” político en el parque Colón de Santiago:
“Quiero renovar mi afirmación en la bella causa y en el noble gesto en que estamos empeñados en esta hora de la dominicanidad anhelosa de conquistar uno de los más grandes atributos del hombre: la libertad. A conquistarla por medio de la decencia y de la razón que da el derecho y de derecho que da la razón. Nos esforzamos en la conquista de la tranquilidad, de la paz, de la seguridad, para el establecimiento de todos los derechos civiles y humanos, libres de miseria, libres de hambre, libres de miedo, libres de temores. Que exista la libertad: libertad de trabajo y sin paga de bestias y sin el esfuerzo de esclavos. Libertad de vivir, libertad de morir.” (Periódico Juventud Democrática, diciembre 21, pág 2, 1946).
Luego de relatar el auge político logrado por la Juventud Democrática en provincias y la capital, Cruz Segura narra las reacciones de soberbia de Trujillo que vigorizan el título “Bajo la Barbarie”:
“El gobierno alarmado ilegalizó las actividades opositoras iniciando una despiadada persecución que abarcó, como antes, todo el abanico de presiones económicas, amenazas verbales, intimidantes misivas, palizas callejeras, anónimos por correos y a través de la prensa, mediante el ‘Foro Público’, así como prisiones y asesinatos, para neutralizar todo intento de que se siguieran propagando las consignas diseminadas por el trabajo del Partido Socialista Popular y en la juventud en general, por las gallardas actuaciones de los cuadros directivos de la Juventud Democrática”.
El autor se inclina reverente ante el trabajo de los promotores de las ideas e iniciativas plasmadas por la Juventud Democrática. Pero sin omitir los nombres de Rafael (Cocuyo) Mieses Peguero, Vinicio Echavarría, Carlos Lizardo, Silva y Josefina Padilla, Rafael Valera Benítez, “y otros compañeros universitarios o normalistas, catalizados generalmente por Carmen Natalia Martínez Bonilla”, heroína calificada de “inmensa”. Fue “asesora y activista a tiempo completo”.
Recuerda Juan José la sede de la Juventud Democrática en la Arzobispo Nouel No. 33, hogar de la familia Martínez Bonilla, donde también estuvo la librería Vidamar, de Carmen Natalia. “Esta familia se ofreció entera en la lucha contra el régimen trujillista imperante”. Son estampas que matizan el libro al recoger dramáticos episodios con un pormenorizado recuento que en cada momento asumía la emblemática organización.
“La angustia diaria del ciudadano activo era endémica, pues su suerte y la de sus familiares y asociados dependían en determinado momento de un capricho, del chisme de un pusilánime, de una interpretación antojadiza, o de una visita o de un saludo de personas venidas en desgracia política, de acuerdo a la estrujada escala moral de una sociedad macerada por la extorsión, la denuncia o el crimen, aneada por el terror sin límites de las asechanzas”.
Revertir ese espectro social y político descrito por Cruz Segura trascendía sentimientos patrióticos y escalaba en el compromiso moral de no cruzar los brazos. Trujillo terminaba cada ofensiva para preparar la siguiente. Esa dinámica condicionaba la acción opositora, que tras el despliegue público tolerado en 1946/47, fue sumergida en acentuadas limitaciones.
“Las cárceles llenas de presos políticos, los exiliados forzosos y los perseguidos ocultos que se protegen de la violencia, la prisión y la muerte, obligan necesariamente a una recesión de actividades, seguidas con posterioridad por un reagrupamiento lento, paulatino”. Emigran unos al exterior y recibimos el refuerzo de los que huyeron de la proscripción en las provincias hacia la capital, entre otros, Víctor Tavares (Vituco) y Antonio Mencía (La Abeja).
“Los dirigentes de la Juventud Democrática que incidieron de manera destacada en el orden ideológico y organizativo fueron principalmente José Manuel Peña González (Cuco), José Ramón Martínez Burgos, Manuel Mena Blonda y Virgilio Díaz Grullón, con mención especial de Josefina Padilla, la representación femenina en el Comité Central y pionera, por tanto, entre las que asumieron la responsabilidad de enfrentar la maquinaria trujillista cara a cara”. El cúmulo de citas importantes sería reproducir la obra “Bajo la Barbarie”. Pero hay que señalar que, sumados a los ya citados, Juan José Cruz destaca el trabajo de activistas, dirigentes y patriotas como Heriberto Núñez, maestro de generaciones, Manolo Tavárez Justo y Luis José Soto Martínez, que operaron en Santo Domingo tras emigrar de Montecristi y San José de Ocoa, respectivamente. Asimismo, el cineasta Oscar Torres de Soto, Lisandro Macarrulla, Pericles Franco Ornes, Chito Henríquez, Ramón Grullón, Juan y Félix Servio Ducoudray, Julio Raúl Durán, Fredy Valdez, Marino y Mario Sánchez Córdoba, entre otros.
Pasadas seis décadas de su fructífera existencia, a la Juventud Democrática y sus centenares de miembros les ha caído un manto de olvido sobre su digna historia por un destino todavía trunco para el pueblo dominicano.
De ahí el homenaje a la organización que le rendirá la Fundación Testimonio, Inc. al inaugurar la plazoleta Manolo Tavárez, mañana 5 de agosto a las 4:00 de la tarde en la J.F. Kennedy esq. Erik Leonard Ekman, entre la Abraham Lincoln y la Winston Churchill, de esta capital. (Más información: 1-809-501- 6236).
Acentuado mérito de la obra de Juan José Cruz Segura es recrear la estructura, flujos y reflujos de la Juventud Democrática.

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