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sábado, 6 de diciembre de 2014

Barrio de Rebeldía Incendiaria

CONVERSANDO CON EL TIEMPO| 06 DIC 2014, 12:00 AM|POR DIARIO LIBRE Barrio de Rebeldía Incendiaria Escrito por: Jose del Castillo
Casa Vapor. Fernandito Aznar, mi compañero de barrio, vivía junto a su hermana Montserrat en la avenida Francia 10, en la planta baja de un edificio de cuatro apartamentos. Su padre madrugaba para ir en bicicleta al mercado de La Antena y adquirir frutas y víveres para un quiosco que suplía al vecindario. A las 7:30 debía estar en su taller de carpintería y ebanistería. Este catalán nacido en Gerona llegado al país en 1940 como emigrado de la guerra civil española, tras pasar por un campo de refugiados en Francia, retornaba a su hogar al mediodía para regresar a las 2 en su trabajo. En el camino llevaba al hijo a Bellas Artes, pedaleando bajo la quemante canícula, para que recibiera clases de pintura del maestro Prats Ventós, refugiado catalán. Ocupando el otro apartamento del primer nivel, vivía Gonzalo Güemez, un incansable vasco nacido en Bilbao que operaba en igual ramo industrial, socio de Aznar en el taller, como Pascual Palacios. Tenía una camioneta y era de poco hablar. Negoció frutos y maderas desde San Juan en dos camiones y tuvo un percance con un La Salle de Trujillo al servicio de Ramfis. Cogió cárcel y debió vender sus vehículos para reponerle uno nuevo. Padre de los Güemez Naut, Ildefonso (Fonsito), Gonzalito y Sara Aurora, procreados con la profesora Fior Naut –fundadora de la primera Escuela de Economía Doméstica de San Juan de la Maguana y repostera. El inquieto Fonsito fue la cabeza articuladora del osado grupo de 11 jóvenes Nueva Trinitaria: Víctor Núñez Keppis, Frank Pratt Pierret, José Vidal Soto (Anguito), Rafael Martínez Espaillat (Chino), Roberto Carlos, Melquíades Cabral Jiménez, Julio Santos Aguasvivas (Evelín), Braulio Montán, Luis Manuel Soriano Tatis, Máximo Báez Draiby, asesorados por el profesor Casado Soler. Que retó a una cuadra del Palacio al bestial aparato de terror de Trujillo dirigido por Abbes García. Descubierto hace 55 años, el 8 de noviembre, tras meses de acciones temerarias que mantuvieron en vilo a los servicios de inteligencia. Apresados sus miembros y llevados a La 40. Recluidos en La Victoria por 9 meses. El sector donde se fraguó esta hazaña tenía ciertas características especiales. Era el hábitat de señeros arquitectos e ingenieros del régimen, como Henry Gazón, residente en su Casa Vapor, constructor de obras públicas y del Monumento a la Paz de Trujillo en Santiago, y del famoso Castillo del Cerro que le hizo caer en desgracia. Guido D’Alessandro levantó el Palacio Nacional y otras obras,formó familia con Carmen Tavares, hija de Isabel Mayer, gobernadora y senadora, desde cuya residencia montecristeña se dice salió la orden de Trujillo para iniciar el Corte del 37. Sus hijos fueron como mis hermanos: Aldo, asesinado en 1960 en La 40, Alfredo, Carmen Edda, Leonardo, Niní, Armando y el entrañable Yuyo, concuñado de Ramfis. Asqueado ante la vesania criminal de Ramfis durante los fusilamientos de junio del 59, decidió junto a su tío Manolo Tavares y Minerva, Leandro Guzmán y Ma. Teresa, en un encuentro en su hogar en la Delgado en enero del 60, formar una agrupación clandestina para derrocar a Trujillo. Develado pronto el complot, fue buscado por todos los confines. Salvó escapando en un crucero turístico que tocó puerto aquí. Frente, residía en una agradable mansión Alma Mclaughlin Simó, paciente novia por décadas y luego esposa del presidente Héctor B. Trujillo. Al lado suyo, sus padres, a la cabeza el coronel Charles Mclaughlin, responsable de la Compañía Dominicana de Aviación (CDA), en la que laborarían como pilotos Wimpy –implicado como agente americano en el complot para liquidar a Trujillo-, Gerald Murphy, asesinado por su rol en el traslado de Galíndez en 1956. Como Octavio De la Maza, en una operación de limpieza. Haciendo esquina con la Cachimán, vivía apacible el coronel retirado Luis Beras Fernández, padre de Horacito, quien pasaba la mayor parte del tiempo en su galería. A una cuadra de Alma, habitaba la familia Cambiaso, con Juan Bautista (Molusco) ocupando un alto rango en la jefatura militar. Frente a su casa, el odontólogo José Enrique Aybar, fundador en 1937 de la Guardia Universitaria, catedrático y alto funcionario de la Universidad, donde fue vicerrector y rector, presidente de la Junta Central Directiva del “glorioso” Partido Dominicano. Llamado el Goebbels criollo. Perdió la vida en su casa durante la ocupación americana del 65, de manos de un marine en un confuso incidente. A una residencia de por medio, se hallaba la del general Fernando Sánchez, quien ocupó en los 30 la jefatura del EN, casado con la gran diva Julieta Otero, padre del general Tunti Sánchez, jefe de estado mayor del EN y la AMD, brazo derecho de Ramfis. Hermano del dramaturgo, poeta y productor de TV Freddy Miller Otero, desaparecido al final del régimen. En la esquina San Juan Bosco con Martín Puche la casa de dos plantas del coronel Tomás Flores, hermano del compositor Pedro Flores, oficial de los marines que quedó en el país y mantuvo con orgullo su uniforme con pantalones abombados, botas altas lustrosas, camisa kaki, corbata y sombrero alón de fieltro. Muy querido, patriarca de familia de primerísima calidad profesional y humana. Al lado, familiares del general Fausto Caamaño, figura militar del régimen. A seguidas, Eliseo de Peña Durán, subdirector de la división de televisión de La Voz Dominicana, esposo de Esthervina Tactuk y padre de Macky, Katia y Mirna. La laboriosa familia Mangual. Cerca, Manolín Goico Castro, padre de Píndaro y sus hermanas, director de la Cédula, presidente de la Asociación de Abogados, intelectual frecuente en la tribuna del Trujilloniano y el Partido Dominicano. Como el Dr. José Ángel Saviñón, quien vivía en la Francia, alto funcionario aquí y en el exterior. En los 30 y 40 –tal Marrero e Incháustegui Cabral- tuvo inquietudes socialistas. Otra figura lo era el Lic. Ernesto Suncar Méndez, catedrático de Derecho Constitucional. En la Cachimán, los Alix. La querida Cufeta –descendiente de Billini-, sus hermanas e hijos, con Toñito al frente. La familia Oviedo Landestoy –con el amable don Ernesto como gobernador de Azua-, José Ernesto, Carlos y Aurorina, los hijos de Bethania. Don Pepito Pimentel y Anacaona, almacenero padre de Josefina, nuestra pasada ministro de Educación y Pipito. La familia Bonilla, los Pérez, los Cruz. Ya en la San Francisco, don Luis Tirado y sus hijos Luisito, Gustavo y César. Los Carlo, con nuestro conspirador Robert, sus hermanos Lillian, diva lírica, Tito, piloto de la AMD, en Barahaona cuando el complot fue develado. Nuestro Fernando Casado y su madre. Vivía en la Francia don Pupo Cordero, dueño de la HIG, padre de Mac y Jesús. Los Schotborgh Nadal y Fillo Nadal. La familia Catrain Bonilla, cuyo padre funcionario del IDSS, con Francisco, Pedro y Alfonso. Mariano Defilló, de la Cervecería, su esposa Celeste Ricart y sus hijos Marianito y Damaris. La familia Ortega Peguero. Los Rímoli. Tongo Sánchez, profesor de Filosofía, mantenía una peña con Carlos Sánchez y Sánchez, Cundo Amiama, José Aníbal Sánchez Fernández y Mieses Burgos. El compositor Pancho García y sus hijos Rafelito y Chan. La familia Pumarol, con Moncho y Felipe, casa que luego ocupó Guillo Pérez. Los Saneaux. Familias Martínez Espaillat y Vidal Soto, con hijos implicados en la trama. Los Simó, tíos de Alma. Casado Soler. Encima de Güemez Naut, al lado de Casado, enfrente de Chino Martínez y a dos casas de Anguito Vidal, el mayor Candito Torres Tejeda, jefe de operaciones y subdirector del SIM, quien dirigió el plan para asesinar a las Mirabal, visitado por Cholo Villeta, con hermana en la cuadra. En la Martín Puche iniciaba la Reid & Pellerano de Donald Reid Cabral y los hermanos Pellerano, vinculado el primero al complot que liquidó a Trujillo. Al lado, Lic. Pircilio Pimentel y doña Lola, y sus hijos Bienvenido, Teresa, Marina y Margarita. Los del Castillo Pichardo. La familia Leites Campos, con Abelardito y Berto, sobrinos del cineasta Rafael Campos y del expedicionario de junio Campos Navarro. Más allá, doña Tata Román Fernández, hermana del general Pupo Román Fernández, secretario de las FFAA, asiduo visitante, y las hermanas Gómez Román. Encima, el hogar de Elías Arbaje –administrador de El Caribe-, su señora e hijos Junior y Alicia. José Aníbal Cruz, el hombre de las inyecciones, y Venecia García, con José Anibita, Charina, Venecín, Mayra, Yoyó. Los Stamer, parientes de los Lockward de Puerto Plata. La familia Núñez Keppis, el padre antiguo oficial de la Policía Municipal de Horacio Vásquez y la madre Caridad, Víctor el complotado y su hermano. En la esquina los Olmos, con doña Mercedita, educadora que levantó un familión de calidad. Un barrio así, pegado al Palacio y con la residencia de Alma en su corazón, debía ser ocupado teatralmente por efectivos del SIM, al estilo nazi, como en el sector judío de Varsovia. La intentona conspirativa se fraguó en el edificio donde residía el jefe de operaciones de la inteligencia del régimen. En un barrio habitado por guardias de jerarquía, altos cargos civiles, a un paso del cuartel general del siniestro servicio de espionaje y represión. Con el Laboratorio de Química y el mimeógrafo del Colegio Don Bosco, tan dotado, como toda la orden salesiana, por el dictador y dador. Con un seminarista casi cura, Báez Draiby, multicopiando panfletos que corregía el profesor Casado Soler en las narices de Candito. El castigo por esta “afrenta” implicó a don Gonzalo Güemez -ajeno a los ajetreos conspirativos de su hijo-, quien fue deportado a España. En 1961 Fonsito fue a estudiar a Madrid, donde residió hasta 1968 y cursó tres carreras: Ciencias Políticas en la Complutense, Diplomacia en la Escuela Diplomática, y Sociología en el Instituto Social León XIII de la Pontificia Universidad de Salamanca. Con estos saberes como herramienta ha sido un destacado ejecutivo y profesor universitario en la UASD, así como funcionario de la Cancillería. Todos en el barrio caímos bajo sospecha…

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