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sábado, 20 de diciembre de 2014

Héctor García Godoy “Todos los momentos que vivió fueron de crisis” ARTÍCULO SIGUIENTE » Por ÁNGELA PEÑA a.pena[@]hoy.com.do 2:00 am 20_12_2014 Areito 20 dic Areíto5 “García Godoy llegó al cargo por recomendación del Grupo de Santiago”. Pedro Sosa/Napoleón Marte Uno de los periodos más difíciles de la historia política dominicana reciente le tocó dirigir a Héctor García Godoy. Dicen que fue conciliador pero a veces debió ser enérgico y tenaz aunque se mostrara flexible, según se deduce de las experiencias que compartió con él Franklin Domínguez, su jefe de información y prensa. Tuvo que calmar bandos que seguían enfrentados, los constitucionalistas y los llamados genocidas de San Isidro, y a civiles y militares que aún concluida la contienda se desafiaban. Franklin confiesa que en esos 10 meses el mandatario “sufrió mucho” por los ataques y daños a los revolucionarios. García Godoy llegó al cargo por la recomendación que hizo a los norteamericanos el llamado Grupo de Santiago, manifiesta, y agrega que “su gran empeño fue pacificar, unificar, pero su primer discurso no fue comprendido porque era equilibrado, llamando a la paz, la unión, la armonía”. Muchos querían que continuara la guerra. El Palacio Nacional era un hervidero de rumores, noticias negativas, amenazas de golpe de Estado, avisos de trifulcas. El ambiente era tenso: “las tropas brasileñas en las puertas, el gobierno de reconstrucción disgustado porque se sentía traicionado por los gringos debido a que negociaron con el bando constitucionalista, la población estaba muy dividida”, enfatiza Franklin, que también fue confidente de García Godoy en cuya casa cenaba y almorzaba con frecuencia. Recuerda a Wessin subiendo las escaleras palaciegas destilando resentimiento porque “no estaba dispuesto a irse”, expresa Domínguez y cuenta que el jefe del CEFA vociferaba: “¡Aquí va a correr la sangre!”. Refiere que debido a la negativa de Wessin ante los planteamientos apaciguados de García Godoy este reunió a los militares “y se escuchaba a oficiales diciendo que no iban a permitir que Wessin se fuera”. El Presidente, agrega, “se mantuvo en silencio, simplemente salió y Wessin se fue del país”. García Godoy comentó después: “Ellos tenían que hacer esa bulla en defensa de su general pero no iban a hacer nada”. Sin embargo, “cuando fue a enviar al exilio a Caamaño, Lachapelle, Núñez Noguera y otros, conversó con ellos para que comprendieran la situación, y aceptaron”. “Se angustiaba porque a los constitucionalistas los mataban, los sacaban de los empleos. Existía una gran inquina de parte de los militares. La situación era caótica”, reitera. El consultor jurídico era Freddy Prestol Castillo y relata Franklin que el funcionario se preguntaba: “¿Es que no se dan cuenta de la necesidad que hay de calmar el país?”. Muchos afirmaban que “no había salida”, recuerda. En una ocasión, estando Franklin almorzando con el mandatario y su esposa María Matilde Pastoriza en su residencia de Arroyo Hondo, le avisaron que los militares iban a tomar el Palacio, que no fuera. Al oficial que llamó a García Godoy para advertirle del plan lo hicieron preso. Narra que hasta se había anunciado que dentro de algunos momentos el cabecilla de la trama se dirigiría al país. “No habló nunca, se quedó con los equipos preparados. Todo se tranquilizó porque teníamos el apoyo de la Fuerza Interamericana de Paz (FIP)”. Hubo también “un levantamiento en Santiago dirigido por Espinosa, pero fue fallido”, añade. Otro día “lo visitó Francisco Rivera Caminero y se colocó el fusil en las piernas y el coronel que estaba a cargo del Presidente le solicitó: “Por favor, el arma”. “Pero García Godoy siempre estuvo muy consciente de que era el Jefe de Estado y los militares le debían obediencia”, comenta. Su asistente personal era Alfredo Ricart que siempre le acompañaba junto a Prestol y Jaime Manuel Fernández, secretario de la Presidencia. “Todos los momentos que vivió fueron de crisis”. En otra oportunidad los militares anunciaron que harían uso de la emisora para lanzar una proclama llamando a la rebelión y García ordenó a Franklin que telefoneara a Lulio Moscoso, director técnico del canal. Le contestó: “Dile al Presidente que no se preocupe, ya guardé una pieza clave”. Fue tan agresiva la actitud de los militares “que los guardias que nos cuidaban eran nuestros enemigos y repetían: “¡Hay que acabar con estos comunistas!”. No lo envenenaron. Quizá el acercamiento que tuvo García Godoy con Caamaño en los días previos a su mandato provocó la animadversión de los militares. Franklin confiesa que “se comentaba que era el candidato provisional que escogería la OEA”. También pudo haber contribuido el que en su juramentación no se tocó el Himno Nacional sino el de la Revolución cuando un músico llamado José Reyes introdujo una banda que la seguridad creía era parte de la actividad. El Presidente interrumpió su oratoria cuando el grupo comenzó a tocar. “¿Puedes imaginarte cómo se sentía todo aquel que estaba en contra de la revolución cuando se tocó ese himno”?, exclama Franklin. Otro gran dilema del jefe de prensa fue buscar un locutor neutral para la ceremonia. “Se habló de Lilín Díaz pero lo descartaron alegando que había pasado la guerra en Santiago y que ponerlo sería un premio a la indiferencia”. Dice que en el salón de Las Cariátides dos facciones de locutores se encontraban en los extremos y él se preguntaba: “¿Qué va a pasar aquí con tanta tensión?”. Finalmente escogió a un actor: Iván García. Vivió otra situación preocupante cuando se abrió la estación oficial y Zaida Ginebra lo cuestionó: “¿Dónde están las voces nuestras?” porque solo se escuchaba a los del Gobierno de Reconstrucción. El canal estaba rodeado por militares. “Encargué a Juan José Ayuso de redactar el programa de los revolucionarios y a él se le ocurrió escribir un editorial contra el CEFA. Eso creó la primera crisis del gobierno de García Godoy”. Franklin siguió con el expresidente. Prestol Castillo y él le prepararon la candidatura para las elecciones y Franklin y César Suárez dirigieron la campaña. Pero Balaguer, quien le había animado a lanzarse con su apoyo, proyectó su aspiración. García Godoy murió en medio del proceso, en abril de 1970. Se publicó que lo habían envenenado, Franklin no está de acuerdo, aunque quizá no lo duda. El último día que lo vio lo encontró muy cansado y además, “tenía un hipo que no se le quitaba. En Santiago pronunció un discurso con mucha dificultad. En una entrevista habló de una vena en la nuca y estuvo chequeándose en Washington, es decir, padecía síntomas anormales”. Sin embargo, “la esposa de Jaime Manuel Fernández, laboratorista, pidió el cadáver para examinarle el hígado y se quejó porque se lo entregaron después de un mes y dijo que encontraba sospechoso que tardaran tanto”. La señora de García Godoy manifestaba “que era un hombre muy sano y de repente apareció muerto después de la cena. La conjetura quedó en el aire… Además todo apuntaba a que él iba a ser el próximo presidente. El entierro fue monumental, toda la capital se tiró a la calle”.

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