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sábado, 13 de diciembre de 2014

El Barrio Bajo Abbes

CONVERSANDO CON EL TIEMPO|13 DIC 2014, 12:00 AM|POR JOSÉ DEL CASTILLO El Barrio Bajo Abbes
Johnny Abbes y Lupita. “Tengo a bien dirigirme, muy respetuosamente, a Su Excelencia, el Generalísimo Doctor Rafael Leonidas Trujillo Molina, Benefactor de la Patria y Padre de la Patria Nueva, para informarle que después de cumplidas todas las formalidades legales, el Tribunal Criminal, presidido por el Dr. Joaquín Rodríguez Urtarte, condenó a la pena de 30 (treinta) años de trabajos públicos, a los nombrados Ildefonso Güemez (A) Foncito, Francisco José Pratt Pierret (A) Frank, Víctor Augusto Núñez Keppis, Rafael Leonidas Martínez Espaillat (A) El Chino, Roberto Carlo Gómez, Luis Manuel Soriano Tatis, José del Carmen Vidal Soto (A) Anguito, Melquíades Cabral Jiménez, Braulio Montán, Ramón Rafael Casado Soler (A) Mumú, Máximo Kermes Draiby (A) El Pinto, y Julio Evelio de los Santos Aguasvivas, sujetos que integran una sociedad subversiva-terrorista y antigubernamental que los mismos denominaron ‘La Nueva Trinitaria’, que venía operando dentro del radio urbano de esta Ciudad Trujillo, distinguiéndose en la comisión de actos de sabotajes, preparación y distribución de propaganda de carácter subversivo, así como realizando incendios en edificios públicos tales como: Oficina de la Cámara de Cuentas, Oficina de Suministros del Gobierno, Secretaría de Estado de Obras Públicas, Palacio de Justicia en los terrenos de la Feria de la Paz y como epílogo de sus nefastas actividades, tentativa de incendio del Depósito de Aduanas de la zona de la Feria de la Paz, el pasado domingo 8 del cursante, aproximadamente a la 5 de la tarde, donde precisamente, se ocuparon de uno de los malhechores dos potecitos de cristal conteniendo gasolina y que figuraron en el proceso.” El memorándum del Secretario de Estado de Justicia y Cultos, Lic. Mario Abreu Penzo, continuaba informando que “dicho sujeto fue apresado por el Celador de Aduanas allí destacado, Secundino Vargas Burdier, respondiendo al nombre de Rafael Leonidas Martínez Espaillat (A) El Chino, quien una vez sometido al interrogatorio correspondiente se declaró culpable de los crímenes anteriormente indicados, delatando los planes y programas de acción terrorista llevados a la práctica por los integrantes de la mencionada asociación anti-dominicanista ‘La Nueva Trinitaria’, orientando al mismo tiempo el camino que llevó a la autoridad investigadora para la determinación de los demás integrantes de esa banda de malhechores, en franca violación de los artículos 434 de nuestro Código Penal, Ley 1443, publicada en la Gaceta Oficial No.6641, del 16 de junio de 1947, violando además los artículos 87 y 89 del Código Penal vigente, estableciéndose además, como demostraron las pruebas del proceso, que sustentaban la aspiración de provocar un cambio en la forma de Gobierno establecida por nuestra Constitución Política. “Para la mejor ilustración de Su Excelencia, me permito, muy respetuosamente, remitirle una copia de la providencia calificativa, y del dispositivo de la sentencia que acaba de pronunciarse en este caso”. Fechada la comunicación al “Ilustre Jefe” el 14 de noviembre de 1959, en Ciudad Trujillo, Distrito Nacional, bajo la Era de Trujillo. La providencia calificativa evacuada por el Juez de Instrucción de la Segunda Circunscripción del DN, consignaba “el auto declinatorio del Juez Presidente del Tribunal de Menores, en virtud del cual envía a los procesados Roberto Carlo Gómez y Julio Evelio de los Santos Aguasvivas (a) Velín, por considerar que los mencionados más arriba, habían obrado con discernimiento y en perfecto uso de sus facultades mentales y volitivas”. Ambos tenían 17 años de edad y fueron juzgados como adultos, junto a los demás imputados. La referida Ley 1443, “prohíbe las agrupaciones comunistas, anarquistas y otras contrarias a la Constitución”. Conforme la providencia, “a los acusados les fue encontrada una gran cantidad de folletos o boletas de propaganda subversiva con el título de ‘Pronunciamiento de La Nueva Trinitaria’”. Indicándose “que el acusado Ildefonso Güemez Naut (a) Foncito, confesó que estos folletos eran preparados e impresos en el mimeógrafo del Colegio San Juan Bosco, por el seminarista Máximo Báez Draiby a espalda de los directores de dicho plantel”. En la audiencia, el fiscal actuante lamentó que no existiera la pena de muerte en nuestro Código, para pedirla en el caso de estos criminales. A raíz de este episodio, el teniente coronel John W. Abbes García, jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), se dirigió mediante oficio 09761 del 18 de noviembre del 59 al Secretario de Estado de la Presidencia, recomendando un ascenso al celador de Aduanas, “llegada la ocasión propicia y oportuna”, en consonancia “con las normas de estímulo administrativo, que a diario nos traza con su ejemplar acción Gubernativa el insigne Padre de la Patria Nueva”. Debajo de la fachada de legalidad se ocultaba la práctica siniestra del régimen, elevada al máximo exponencial por la mente maquiavélicamente enfebrecida de Abbes García. Un mofletudo antiguo cronista deportivo y dirigente del Comité Olímpico y la Comisión Hípica, aparentemente inocuo, arrimado a Nene Trujillo, hermano menor del dictador. Habitué de las animadas tertulias en El Conde celebradas en la farmacia del Lic. Humberto Gómez Olivier, Director de Deportes. Metamorfoseado a jefe de inteligencia y represión, de altos quilates internacionales, cerebro de operaciones magnicidas contra el coronel Castillo Armas en Guatemala y el presidente Betancourt en Venezuela. Propulsor de la potente Radio Caribe que ripiaba verbalmente a los antagonistas de Trujillo en la región, a los obispos “virados” a raíz de la Pastoral del 60 y coqueteaba con los países del bloque soviético, cuyas relaciones comerciales y diplomáticas buscó en medio de la cuarentena hemisférica implantada por la OEA. La huída de Batista y el triunfo de Fidel le sorprendieron en La Habana, orquestando suministros de armas dominicanas a la dictadura en desbandada. Capturados por el SIM los primeros 9 integrantes del grupo de los “incendiarios” la noche del 8 de noviembre del 59, faltando los 3 restantes que serían apresados en la Frontera intentando cruzarla, se produjo en La 40 el siguiente diálogo entre Abbes y otros jerarcas, tras el interrogatorio con golpes y pase por silla eléctrica incluidos. Johnny: “Bueno, nosotros no vamos a averiguar mucho con esta gente. Aunque faltan tres, vamos a proceder inmediatamente. Sáquenlos al patio. Yo tengo la orden del Jefe de proceder.” Ante lo cual Cholo Villeta cuestionó: “¿Y vamos a hacerlo sin estar el Jefe debidamente enterado?” Recibiendo por respuesta: “Sí, yo tengo órdenes precisas del Jefe de actuar tan pronto los agarráramos.” Replicando Cholo: “Pero el Jefe no sabía que son unos muchachos”. Un tercer interlocutor, quien permanecía sentado observando la escena, se incorporó para intervenir en este diálogo crucial: “¿Y Ud. se atreve a proceder sin que el Jefe esté enterado?” Entonces Abbes convino, dirigiéndose a Villeta: “Vaya Ud. mismo a informarle al Jefe”. Se trataba del general Fernando Sánchez hijo, conocido familiarmente como Tunti, criado en el barrio en casa de sus padres el general Fernando Sánchez y la respetada diva lírica Julieta Otero, jefe de estado mayor de la Aviación Militar y brazo derecho de Ramfis. Acompañado por el coronel Gilberto Sánchez Rubirosa, Pirulo, un asiduo entusiasta en estos actos extractivos de confesiones y de finiquito de los expedientes opositores. La suerte estuvo ese día del lado de los muchachos, algunos de los cuales ya no lo eran tanto superando los 20, con Casado Soler actuando como arcángel, por encima de los 40. Informado Trujillo por Villeta mientras realizaba su caminata nocturna en el Malecón, al enterarse de que no se trataba de una banda terrorista internacional sino de un grupo de adolescentes de la Francia y San Juan Bosco, ordenó terminante a Cholo: “Dígale a Johnny que cuidado si me mata a esos muchachos, que lo mato yo a él” -tal le contó el coronel Tomás Flores, presente en la caminata, al padre de Víctor Núñez Keppis, su vecino de la Martín Puche. Situados en el paredón del patio de La 40, a la espera de la decisión del Jefe, los complotados se enteraron por boca del sargento Reyes, alias Manota, quien recibía un especialismo por cada expediente “resuelto”. Paseándose ante la fila de los esposados, el célebre personaje exclamó: “Coño, qué lecheros son, qué lecheros. Yo esperaba unos cuartos con esta vaina. ¡Oh, dice el Jefe que ustedes sirven!”. Un temerario Núñez Keppis, quien se la llevó al vuelo, le espetó: “¿Se equivocó?” Mientras Manota se retiraba refunfuñando: “!Oh!, y ustedes me van a joder a mí”. Tras una semana en el infierno, los 12 –catequizados por la prédica salesiana de Enrique Mellano que enfatizaba valores patrios y principios morales solidarios, amén del sentido compromisario de la orden con la juventud obrera- serían trasladados al purgatorio de La Victoria. Allí, el jefe del presidio coronel Horacio Frías, dueño del edificio situado en la Puche con Cachimán, al lado de Núñez Keppis, recibió al contingente, ubicándolo junto al grupo de los “bomberos”, entre ellos Pichi Mella Peña –mi querido vecino de La Trinitaria-, Tony Barreiro y mi primo José Manuel Pacheco Morales, el entrañable Pilón. El coronel Frías reconvino a su antiguo vecino: “Vitico, carajo, te metiste en camisa de once varas. Si no me dicen nada, no hay problema. Pero si me dicen, zuap, te jodiste” –señalaba al tiempo que pasaba su alargado índice por el cuello. Así fueron, hace ya 55 años, las Navidades de 1959 para mis amigos del barrio, que sería ocupado por efectivos del SIM auscultándolo todo, hasta el pensamiento. Yo cumpliría 12 años, con Estrada Malleta en la acera de mi casa. Mientras, en las calles de Ciudad Trujillo, la vida proseguía “su agitado curso”, como remachaba Rodriguito al cierre del esperado Suceso de Hoy de su radiofónico Informador Policíaco. Un despertador inescapable de la acostumbrada siesta meridiana.

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