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jueves, 8 de abril de 2010

La necesaria muerte del miedo

Opinión del Invitado Especial

La necesaria muerte del miedo
El individuo es un animal social, de costumbre; se adapta a lo que existe

Por Luis Scheker Ortiz
• Periodista, Abogado, Profesor y Escritor Dominicano
lunes 5 de abril de 2010



En la comunidad democrática hay un rebaño y ningún pastor. Razón por la que su destino normal es caer en mano de un dictador, capaz y sin escrúpulos. (Nietzsche)
Siendo bastante joven leí "El Poder del Pensamiento Tenaz" del Doctor Vincent Peale. Hubo una frase que me impactó profundamente. Caló en mi espíritu y desde entonces quedó grabada, como un talismán: "Haz las cosas que temes, y la muerte del temor será segura." Me valió para vencer mi miedo a la oscuridad y disfrutar de sus sombras, jugando con los fantasmas.
Más adulto, desde la estantería de la Librería América, auxiliado por Perucho, cayó en mis manos el libro "Cuatro Gigantes del Alma" del doctor Emilio Mira y López: El Miedo, La Ira, El Amor El Deber. Los tres primeros, nos dice el autor, son innatos al hombre natura, mientras el deber, gigante social, no es posible considerarlo en el mismo plano, aunque "cuando no es satisfecho...puede (igualmente) conducir a los máximos sufrimientos y al suicidio."
De esos cuatro sentimientos, el miedo es el más trágico. Se experimenta desde el nonato y no nos abandona. El llamado "gigante negro, se nutre de la carencia."
Su reacción natural es la huida. Huye sin saberlo, porque no huye del miedo sino para liberarse de éste, que le acosa. "Miedo imaginario", no real, contra el cual es poco lo que puede hacerse. "Los fantasmas angustian y torturan a las mentes ingenuas, más que lo de un bandido."
Los sociólogos y administrativistas han estudiado el fenómeno, llamado "resistencia al cambio." El individuo es un animal social, de costumbre. Se adapta a lo que existe y conoce personalmente o por inducción.
Experimenta, casi de manera instintiva o irracional, cierto temor ante cualquier intento de renovación. Los medios ejercen gran influencia Sólo los audaces viven el cambio. Lo animan, lo impulsan y afrontan sus consecuencias. No dejan de sentir el miedo real; pero lo enfrentan, con valor y grandes sacrificios, porque el llamado del deber es más poderoso.
En el plano patriótico - "La Patria es ara, no pedestal"- se manifiesta en Duarte y sus trinitarios, creando "una nación libre e independiente de toda dominación extranjera", pasando por los "Panfleteros de Santiago", jóvenes inmolados que sufrieron muerte y torturas horribles para abrirnos la compuerta de la libertad; los héroes y mártires del 14 de Junio, los expedicionarios contra la tiranía de Trujillo, decapitada por la acción de un grupo de valientes un 30 de mayo, la revuelta de Abril...
Prolegómenos de una historia reciente: el pueblo "indómito y fuerte" dando lecciones de civismo, derrotando en las urnas a la oligarquía nacional, (1962).
El pueblo insurrecto, enfrentando, junto a militares constitucionalistas, a los traidores y vendedores de la Patria. (1965). Dos epopeyas épicas, una pacifista, otra violenta, ambas legítimas.
Las dos avasalladas por fuerzas conocidas que reniegan del cambio, que sienten un miedo atroz a una nueva vida donde impere la igualdad ante la ley, la justicia social, el bienestar y el progreso de la nación, por encima de sus intereses.
Esas fuerzas oscuras persisten y obran de manera taimada. Se asoman a la luz, pero la claridad les encandila. Le asusta. Sabemos, claro está, de buena tinta - o desafortunadamente - que disfrutan la penumbra. Como murciélagos, prefieren la oscuridad. La luminosidad les da pavor. Le hace daño.
Escrito por: LUIS SCHEKER ORTIZ

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