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jueves, 15 de abril de 2010

La perversidad sin límites del trujillismo

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Alejandro Paulino inventarió los folletos. Juan Bosch.
Hoy/Rafael Segura.
Foto 1 de 2
REPORTAJE
10 Abril 2010, 9:21 PM
La perversidad sin límites del trujillismo
Escrito por: ÁNGELA PEÑA

Son el mejor ejemplo de la perversidad y el descrédito. Servidores de la dictadura, y el propio Trujillo, pusieron de manifiesto una excepcional capacidad para el invento mórbido, la mentira sarcástica contra hombres y mujeres dignos que tuvieron el valor de oponerse al ignominioso régimen.

Mentes preclaras pusieron pluma y cerebro para desprestigiarlos y calumniarlos en todos los idiomas, distribuyendo el contenido insultante e infundioso por el mundo, especialmente por países donde los patriotas denunciaban con valentía los atropellos de la satrapía.

Nunca antes se había publicado tal cantidad de folletos cargados de veneno y falsedad.

Los exiliados, según estas páginas infames, eran homosexuales, pederastas, cobardes, degenerados, bohemios, vagos, repugnantes, terroristas, criminales, locos, enfermos sexuales, fracasados, ignorantes, vacíos, analfabetos, aventureros, traidores, comunistas… Todos los bajos epítetos ofensivos contra la integridad y la decencia quedaron impresos en cientos de cuadernillos que sobrevivieron a la tiranía de Trujillo como demostración del grado de alcahuetería de sus autores y de la intolerancia de un gobierno que no perdonaba a quien se le opusiera o denunciara sus crímenes.

No sirven para conocer la historia porque su esencia es falaz. Tal vez sólo son útiles para apreciar hasta qué grado de difamación y calumnia pudieron llegar los que tan magistralmente crearon esos textos despreciables.

Publicados o auspiciados por el Partido Dominicano, se conservaron en un depósito del Archivo General de la Nación. “Se hizo un inventario y llegaron a la cantidad de 69 mil ejemplares. Es posible que de cada título haya alrededor de 200”, significó Alejandro Paulino, encargado de la Biblioteca, bajo cuyo control están las obras.

En pasadas direcciones se vendieron a bajo precio y en poco tiempo se suspendió el negocio. Otras gestiones fueron regalándolas. Ésta no va a obsequiarlas, anunció Rafael Darío Herrera, Asistente Ejecutivo. “No promoveremos la información contra luchadores antitrujillistas”.

Antes, agregó, el Archivo General de la Nación era usado como elemento de coerción, ahora su función es “democratizar la información, no difundirla sabiendo que está llena de odio. No divulgaremos documentos que lesionen la integridad y la moral de las personas y menos de luchadores por la democracia”. Manifestó Herrera que la folletería trujillista permanecerá en el organismo.

Títulos. “Mis relaciones con el Presidente Trujillo” contiene cartas y artículos de prensa que Carmita Landestoy escribió al “ilustre y querido Jefe” antes de declararse desafecta. Aparte de la correspondencia personal, le enrostraron trabajos elogiosos que la dama escribió en la revista “Hogar” y en “Prédica y acción”, de su propiedad. Después, ella publicó “Yo también acuso”.

Figuran, además, “Juan Isidro Jiménez Grullón, El terrorista cobarde”, por Tomás Hernández Franco; “Rómulo Betancourt, Amenaza Roja en América (Estudio sobre la penetración comunista en Venezuela)”; “La biografía vergonzosa de Juan Isidro Jiménez Grullón”.

Se escribieron varios contra Germán Emilio Ornes en diferentes idiomas; contra Bosch: “Juan Bosch, El cuentista del cuento”; otro dedicado a Pericles B. Franco Ornes; un Discurso de Trujillo revelando planes de “invasión” basado en informes desde Venezuela, Cuba y Guatemala, en 1949.

También “Algunas verdades sobre Castro”, por J. B. Mattheus; “Las acusaciones contra Trujillo, Campaña de odio contra la República Dominicana”, por J. Penzini Hernández que expresa: “Los dos tifones políticos más violentos de los últimos tiempos han partido de las costas de New York y Cuba hacia el Caribe contra el gobierno de la República Dominicana. El blanco de las acusaciones es la persona del Doctor Rafael Leonidas Trujillo Molina, el hombre-defensa del sistema insular del Norte de América”. Es de 1956.

Otro es “La traición de Sebastián Rodríguez Lora y Oscar de Moya Hernández”, con introducción de Telésforo Calderón, Secretario de Estado de la Presidencia. De A. Domínguez Navas es “Encrucijada”, contra Rómulo Betancourt, y de Pompilio Lugo es “Alfredo Victoria, Chacal de Jacagua”. Virgilio Díaz Ordóñez escribió en 1955 “In praise of an Era” y Gastón Baquero uno en contra de Galíndez. Hay también otros escritos por Germán Emilio Ornes.

Hay un “Mensaje de los estudiantes universitarios de la República Dominicana a los estudiantes universitarios de América”, laudatorio al Generalísimo, que firman los que cursaban las carreras de filosofía, derecho, medicina, farmacia, ciencias químicas, cirugía dental y ciencias exactas.

Francisco Prats Ramírez dio a la luz “Sigue su vieja aventura el viejo aventurero Ángel Morales”, con calificativos denigrantes y manifiesta insensibilidad para con el activo combatiente.

En “Dos procesos de nuestros anales criminales”, tres tomos publicados por Manuel González Rodríguez, ex juez de instrucción, están los interrogatorios, condenas, fotos, de Juan de la Cruz Alfonseca, Ramón de Lara, Rafael Ramón Ellis Sánchez, Eduardo Vicioso, Oscar Michelena Pou, Buenaventura Báez Ledesma, Ulises Pichardo Pimentel, José Selig Hernández, Abigail del Monte, Manuel Joaquín Santana, Mario Emilio Andújar, Dionisio Frías Guerra, Wilfredo Santiago, Víctor Campusano, Federico Cordero Díaz, Juan José y Dionisio Caballero, Severino Peña, Eulogio Victoria Medina, Ramón María Lora Báez, Manuel Lugo, implicados en una trama para “cambiar el gobierno, excitar a los ciudadanos a armarse contra la autoridad legalmente constituida y provocar la guerra civil”. Muchos fueron “indultados por la magnanimidad del Jefe del Estado”.

Uno de los que aparece como autor de más folletos es “J. A. Osorio Lizarazo”.

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