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domingo, 20 de febrero de 2011

Trujillo “presidente” de todos los bancos


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Banco de Reservas
Trujillo fue juramentado por el presidente “gomígrafo” de entonces: Balaguer.
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5 Febrero 2011, 9:31 PM
REPORTAJE
Trujillo “presidente” de todos los bancos
Escrito por: ÁNGELA PEÑA
En una medida que estuvo precedida por la intriga contra funcionarios del área económica, el 24 de enero de 1961 el país fue sorprendido con la designación de Trujillo como “Presidente de los Bancos del Estado”, creación que confería al dictador toda la autoridad para negociar la política monetaria y bancaria y regular las actividades en general de los bancos.
El decreto 6380 emitido por Joaquín Balaguer estipulaba que el gobernador del Banco Central y los administradores del de Reservas y de Crédito Agrícola e Industrial deberían obtener previa autorización del “preclaro líder” para efectuar cuantas operaciones requirieran dirección o consulta.
Ponía bajo dependencia del tirano, además, la Comisión de Defensa del Azúcar y Fomento de la Caña, Corporación Dominicana de Electricidad, Superintendencia de Bancos, Servicios Tecnológicos de las Fuerzas Armadas, Junta Coordinadora de Importaciones y Exportaciones, Comisión para el Comercio Exterior de Productos Básicos y otras.
Consideró Balaguer que la negligencia con que se habían conducido los gobernadores del Banco Central, era lesiva a la economía y que de no ser por las oportunas y eficaces providencias dictadas por el Generalísimo hubieran podido perjudicar sensiblemente el sistema bancario nacional y comprometer el crédito del Gobierno. Esperaba que la incuria e indolencia de funcionarios indiferentes no lograran en lo sucesivo, “como estuvo a punto de ocurrir”, atentar contra “ese magnífico fruto de la Era de Trujillo que es nuestro sistema bancario”.
El singular nombramiento tomaba en cuenta los “eminentes servicios a la Patria” prestados por el déspota, lo que lo hacía el más calificado “para ejercer ese importante cargo, tanto por su vasta experiencia como estadista y propulsor de la política a la cual debe el país su estabilidad económica como por la excepcional autoridad con que lo inviste su condición de creador de la Banca Nacional y de prócer de nuestra Independencia Financiera”.
Trujillo prometió “trabajar mucho a favor de la economía". Como había sido designado Gobernador de Santiago a solicitud de los habitantes de “aquella noble provincia”, dijo a Balaguer que pusiera otro, pero se permitió recomendar a José Antonio Hungría.
La comedia. La bien montada y abundantemente aplaudida nueva investidura se había preparado con alarmantes declaraciones ofrecidas el 12 de enero por José Benjamín Uribe Macías, secretario de la Presidencia, quien la emprendió contra todos los gobernadores del Banco Central, desde que se fundó en 1947, quienes según él, “trabajaban como si se tratara de negocios particulares”. Hizo excepción de Virgilio Álvarez Sánchez, hijo de Virgilio Álvarez Pina (don Cucho), uno de los hombres de mayor confianza del “Jefe”.
Tras detallar un rosario de irregularidades en que supuestamente incurrieron los gobernadores, Uribe Macías atacó a los administradores de los otros bancos calificándolos de ineptos por sus informes tan confusos que ni ellos mismos entendían y acusándolos de querer “perjudicar al Gobierno”. Anunció la formación de una comisión de contadores públicos que revisarían los sistemas de contabilidad de los bancos.
Otra noticia vinculada al área era la que agregaba un párrafo al artículo 68 del Reglamento Interno del Banco Central, mediante el decreto numero 3854 expedido por Balaguer el 11 de enero, considerando que los gobernadores habían “dado una interpretación acomodaticia, abusiva y arbitraria” al texto.
A la designación de Trujillo como Presidente de los Bancos del Estado siguieron otros decretos dándole más poderes, y supuestas investigaciones y denuncias que dejaban la impresión de que los titulares de esas instituciones ciertamente habían incurrido en negligencias cuando la realidad era que los gastos del Gobierno en las celebraciones de la “Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre”, en 1955, la compra de armamentos militares después de la expediciones de Junio de 1959, las consecuencias de las sanciones de la OEA, entre otras, habían dejado frágil la economía.
Bernardo Vega explica hoy que el dictador estaba preocupado porque las reservas monetarias del Banco Central estaban bajando debido a la fuga de capitales de la propia familia Trujillo, “ya que no estaban entregando las divisas de sus exportaciones de los ingenios que les pertenecían, así como de la Chocolatera Sánchez”.
Pero Trujillo no podía auto delatarse y sus acólitos le siguieron el juego en esta comedia en que era actor principal. Le entrevistaban a diario, ahora como experto en economía. El Caribe y La Nación celebraron sus nuevas funciones en editoriales elogiosos al “paladín de nuestra soberanía financiera que culminó con el Tratado Trujillo-Hull” que dio “solidez al crédito y estabilizó la moneda”. Insistían en la desidia de funcionarios incapaces.
El gobernador del Banco Central, Manuel V. Ramos, y el Superintendente de Bancos, Jaime Manuel Fernández G., recibieron como merecida y atinada la designación de Trujillo.
Un busto del Generalísimo sería erigido en los jardines del Banco Central en demostración de gratitud y lealtad, iniciativa de Efrain Darío Arias Melo, a la que se unieron Ramos y Fernández, Amado Hernández Martínez, Luis María Guerrero, Anselmo Brache Viñas, Esteban Martínez, Augusto Riera, Diógenes Fernández P., Miguel A. Casado, Rubén Nicolás, Lidia Pichardo Lapeiretta, José E. García Aybar, empleados del organismo.
Trujillo, por su lado, contestaba supuestas preguntas de periodistas que se publicaban sin firmas, denunciando irregularidades en la formulación de créditos hipotecarios por el Banco Agrícola, así como otras “deficiencias y desórdenes”.

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