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jueves, 1 de diciembre de 2011

Los héroes asesinados en la Hacienda María


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Hoy/Wilson Morfe
25 Noviembre 2011, 10:04 PM
Los héroes asesinados en la Hacienda María

Héroes mayo de 1961 se mantienen vivos en nuestra memoria
Escrito por: José Antonio Martínez Rojas (bi2jh2o@tricom.net)

Hace cincuenta años fueron alevosamente asesinados los héroes que el 30 de mayo de 1961 liberaron al pueblo dominicano del tirano opresor que durante 31 años subyugó al país. En efecto, cayó abatido en medio de un tiroteo el dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina. Parte de los involucrados en el complot, el general Juan Tomás Díaz y Antonio de la Maza, fueron interceptados y muertos frente a la antigua Ferretería Read en la avenida Bolívar esquina Julio Verne.

Los otros, habían sido apresados y enviados a la cárcel pública de La Victoria, desde donde el hijo de Trujillo, Ramfis, que era a la sazón jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, solicitó de manera artera que los seis conjurados, a saber: Modesto Díaz, Pedro Livio Cedeño, Roberto Pastoriza Neret, Huáscar Tejeda, Salvador Estrella Sadhalá y Luis Manuel Cáceres Michel (a) Tunti, fuesen llevados para un descenso al lugar donde había sido ajusticiado “El Jefe” en la autopista hacia San Cristóbal. Sin embargo, por una estratagema del Servicio Secreto, fueron desviados hacia la Hacienda María, en donde, Ramfis y sus adláteres, en estado de ebriedad, procedieron a una orgía de sangre masacrando a los indefensos patriotas y luego dispusieron de sus cadáveres ocultándolos en un lugar desconocido hasta ahora.

Los familiares y los representantes de los movimientos patrióticos que se dieron cita en la Hacienda María el día 18 del mes que discurre, han pedido a las autoridades que se castigue a los asesinos y también que se indague el paradero de los despojos para rendirle homenaje y darles sepultura como héroes de la Patria. Se quejaba el hijo de Huáscar Tejeda: “que la culpa de que estos crímenes estén impunes recae sobre toda la sociedad, debido a que los asesinos de los ajusticiadores en algún momento salieron del país y regresaron a vivir como si nada hubiera pasado”. Entonces nos preguntamos ¿Y dónde estaban estos parientes que no hicieron nada para su detención o apresamiento? Es más fácil culpar a la sociedad que hacerse el mea culpa y dejar, por ejemplo, que Luis José León Estévez (a) Pechito, antiguo esposo de Angelita, la hermana de Ramfis, quién participó en la masacre de los héroes, se suicidara después que el remordimiento lo llevara a tomar esa fatal decisión. Ese señor, volvió y se casó con su antigua novia; además sirvió de diácono en la iglesia de Arroyo Hondo con el padre Marcial Silva y ninguno de los dolientes le cuestionó para saber en dónde fueron enterrados los restos de los mártires.

¿Quiénes a ciencia cierta se saben que participaron o sabían quienes accionaron? Dante Minervino, quien era el comandante de La Victoria. José Alfonso León Estévez, hermano de Pechito. El sargento Pedro Julio Vizcaíno, del servicio secreto y uno de los custodios que llevó a los prisioneros a la Hacienda María. El coronel Juan Disla Abreu y Gilberto Sánchez Rubirosa, hermano del general Tunti Sánchez Rubirosa, a quien los hermanos D’Alessandro, no obstante el régimen haberle matado al hermano menor Aldo, introdujeron al país desde España. Otro testigo de primera mano que murió en su cama fue Alicinio Peña Rivera, quien para limpiar a los otros participantes declaró que sólo Ramfis había matado a los seis detenidos.

Creemos que es muy tarde y que ha transcurrido medio siglo, para que ahora, la Federación de Fundaciones Patrióticas; la Fundación Héroes del 30 de Mayo; la Comisión Permanente de Efemérides Patrias (CPEP); el Museo Memorial de la Resistencia y los familiares de los caídos, pidan el castigo de los asesinos. Estas acciones se debieron llevar a cabo cuando la mayoría de los participantes estaban vivos, hoy, ni siquiera se sabe cuántos testigos oculares quedan y si acaso alguno vive esté dispuesto a testimoniar. Estos héroes, al parecer, quedarán insepultos para siempre, pero vivos en nuestra memoria.

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