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domingo, 22 de agosto de 2010

El Che arengó a los que iban a Las Manaclas

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HISTORIA
El Che arengó a los que iban a Las Manaclas

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“Manolo insiste en que había que entrenarse militarmente y envía a un grupo de hombres a Cuba (1961). Le manda un carta a Fidel Castro pidiéndole que entrene a 25 de sus hombres y entre ellos estaba yo.

El jefe del grupo era Luis Gómez Pérez; también estaba Pipe Faxas e Hipólito Rodríguez, dos grandes intelectuales.

Yo llegué a finales de 1961 y permanecí allá un año; el entrenamiento sólo duró tres meses.

Nos entrenamos en las provincias Pinar del Río y en La Habana, recibiendo instrucciones directas del Che Guevara de cómo debíamos actuar. Un día conversamos con Guevara la noche entera.

Llegamos a las 11:00 p.m. y la conversación comenzó a las 12:00 porque Salvador Allende estaba con él.

Guevara se pasó todo el tiempo diciéndonos cómo era la guerrilla y cómo actuar cuando se nos presentara algún percance. Uno le preguntó: “Comandante, ¿Cómo podemos superar el miedo?” y él le dijo: “Todos los hombres sentimos miedo y hay que vencerlo”.

Guevara nos confesó que la primera vez que llegó a Cuba se quedó frisado, pero que lo superó.

Nos dijo también que la medicina de los guerrilleros era la hierba del campo, y que el campesino no es un enemigo. Nos comentó que la clave para ganarse su apoyo es vencer a los guardias porque los hombres del campo son duros con los guerrilleros porque los militares son duros con ellos y que si nosotros lográbamos vencer a los guardias, entonces nos seguirían.

Otras cosas que expresó fue que no se extrañaría de que al día siguiente se publicara en un periódico la conversación que sosteníamos y uno de los jóvenes le dijo: aquí todos somos guerrilleros y él le contestó: “En todo grupo siempre hay un traidor”. Y así fue. Había uno, Luis Genao.

Recuerdo con nostalgia que el Che Guevara pedía permiso para irse detrás de una mata a echarse aire con un aparatito, porque era asmático y se cansaba cuando hablaba mucho.

¡Qué gran hombre! El Che decía que a Manolo había que protegerlo y no ponerlo al frente de los combates, pero Manolo decía que él no era gente de estar arrinconado después de que había organizado todo esto”.

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