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sábado, 17 de septiembre de 2011

Eugenio Perdomo Ramírez


Eugenio Perdomo Ramírez
Por Giannella Perdomo Pérez
12/29/2010

Giannella Perdomo Pérez
“Mi hermano Virgilio Eugenio, fallecido en combate en la autopista Las Américas, perteneciente al grupo “Los Palmeros”; mi padre, Eugenio Perdomo Ramírez, miembro del Movimiento Clandestino 14 de Junio, estrangulado en “La 40”, el 29 de enero del 1960...Santo Domingo. (Atanay.Com).-
¡Al fin! se nos aproxima enero, repleto de ilusiones y nuevas expectativas. También con la resaca de los desórdenes gastronómicos y del bolsillo. Nos arropa su “curva” implacable y, con ella, tratar de arreglar la casa, para seguir adelante. ¡Nada de esto importa, porque al final, enero nos llega de nuevo!

Para mí, en cambio, enero significa más que eso. Vuelve cargado de listones de nostalgias, de tristezas, de lutos inmedibles; de muertes y desapariciones de seres muy queridos. Mi hermano Virgilio Eugenio, fallecido en combate en la autopista Las Américas, perteneciente al grupo “Los Palmeros”; mi padre, Eugenio Perdomo Ramírez, miembro del Movimiento Clandestino 14 de Junio, estrangulado en “La 40”, el 29 de enero del 1960.

El periódico “Hoy”, en su edición del 24 de enero del 1996, nos publicó la declaración oficial de su muerte, en el artículo “Entre noviembre y enero”. Al finalizar el 2010 y cumplirse 50 años de tu fallecimiento, Eugenio continúa sin recibir la acostumbrada y cristiana sepultura. Por ello, quiero desempolvar tu memoria, desenterrarte del olvido, recoger tus cenizas de aquella odiosa incineradora donde tal vez depositaron tu cadáver o arrancarte del tiburón que pudo arrebatarnos tu cuerpo.

Quiero rescatarte y asistir a tu funeral, ataviada con las galas adecuadas, impecables! Decirte adiós, sin importar el tiempo! Y poder desearte que descanses en paz! Enterrar tu cuerpo, al igual que a otros tantos valientes luchadores de quienes resultó imposible localizar sus restos.

Por tu conducta en la cárcel, ejemplo de hombre vertical, silente, íntegro y valiente en toda vivencia, obliga el ritual y la ceremonia de tu entierro. No hacerlo en una tumba cualquiera, ¡NO! Para ti, un lugar especial, junto a tus compañeros de iguales circunstancias, con lápidas marmóreas, cirios que alumbren las estrellas, cánticos de paz que cubran el entorno, que resplandezca el firmamento y suenen trompetas de júbilo por tu muerte, y la de aquellos, que al igual que tú, supieron enfrentar la lucha desigual en las prisiones.

Eugenio: de pié, frente a tu féretro, ¡lanzo la flor de mi amor, para que descanses en paz, junto a tus héroes compañeros!


giannellaperdomo@hotmail.com

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