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miércoles, 7 de septiembre de 2011

¡Queremos tanto al Bacho!

El Nacional 5 Sept. 2011
¡Queremos tanto al Bacho!
Escrito por: Chiqui Vicioso (luisavicioso@hotmail.com)

Hace unos años vi una película sobre la vida de Don Quijote de la Mancha que me sorprendió por el enfoque, ya que el film solo lo trataba de manera tangencial y se centraba en sus dos ayudantes: Sancho Panza y Dulcinea.
Sofía Loren hacía de Dulcinea y el film narra sus esfuerzos, y los de Sancho, por proteger a Don Quijote, por apoyar sus sueños. Esa película más que narrar una vida conocida de todos por la literatura, era un homenaje a la ternura.
Y ternura es lo que nos inspira el periodista Raúl Pérez Peña, cariñosamente el Bacho, con su lucha por mantener viva, a través de la campaña Misión para la Memoria, la imagen revolucionaria de Manuel Aurelio Tavárez Justo, en un tiempo en que muchos pasan factura por su pequeña, o grande, cuota de heroísmo, como si el Estado tuviese que financiar el costo de sus sueños.
Dirigente del Catorce de Junio, líder estudiantil de Fragua, ex-guerrillero en el alzamiento de 1963, y electo por todas las delegaciones provinciales como presidente de la Fundación Testimonio, el Bacho también se ha hecho famoso por su incursión en la televisión y sus campañas para hacer del Salcocho y el Son expresiones nacionales de la cultura popular.
Inmune a la riqueza, el Bacho recorre el país en su carrito destartalado, tratando de mantener viva la memoria de la llamada Generación de la Luz, una generación amenazada con el gran apagón de lo que se denomina fracaso. Si triunfar es la prueba de una estrategia exitosa en política, como decía Maquiavelo, Manolo y los héroes del 1J4 fueron una generación de alucinados ilusos, de revolucionarios que no entendieron que después que la Revolución Cubana sorprendió al gobierno USA, éste determinó que esa palabra estaba proscrita para el resto del Caribe y América latina. La secuencia de golpes de Estado y gobiernos militares, asi como la asesoría en tortura a nuestras fuerzas armadas (caso Mitrioni), son terribles episodios de una guerra sucia que recién comienza a conocerse.
Para quienes participaron en esas luchas sólo había dos caminos: acomodarse, o ser considerados como alucinados. Los que se acomodaron, algunos de los cuales fueron acusados por Manolo de ser traidores y expulsados del 1J4; y los que desertaron a tiempo a opciones menos arriesgadas, ondean hoy su sentido común como una demostración de cordura y se aprestan a asaltar un bastión más de la memoria: la Fundación Testimonio.
Los alucinados, entre ellos Bacho, siempre citan a José Martí, ese poeta, alucinado total, que se apersonó a la casa de un cansado y retirado Máximo Gómez, comandante de la Guerra de los Diez Años por la independencia de Cuba y pudo conmover su corazón con una frase: “Sólo puedo ofrecerle la probable ingratitud de los hombres”.
Por eso, como Dulcinea, preparamos vendajes y decimos: ¡Queremos tanto a Bacho!

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