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lunes, 5 de septiembre de 2011

Final vegetal de una fundación patriótica

PANCARTA
Final vegetal de una fundación patriótica

BACHO
RAÚL PÉREZ PEÑA

En la longevidad, la juventud, en la tercera o la cuarta edad, los seres humanos están expuestos a situaciones traumáticas y dolorosas que los transforman en un “vegetal” paralítico que no habla, ni oye.

Una fundación patriótica se expone a similares riegos. Si no se moviliza por sus ideales, esa fundación cae en un letargo.

Mientras los ideales sigan como objetivo histórico, la fundación patriótica estará comprometida con su origen.

El pasado reciente comprende la década iniciada en 1959 con las expediciones de junio por Constanza, Maimón y Estero Hondo.

Fueron años dramáticos de sangre y sacrifi cio, sellados por fi guras históricas.

Cada fundación patriótica reivindica un tramo de ese período o un personaje emblemático: Lora Fernández, Caamaño, Fernández Domínguez, Manolo Tavárez, el 12 de Enero, los Héroes de Constanza, Maimón y Estero Hondo y otras glorias.

Sumado a las “efemérides”, el patriotismo asume la modalidad social y ciudadana bajo los mismos ideales que motivaron la lucha patriótica 4 ó 5 décadas atrás.

Una constituyente, la educación y la salud del pueblo, etc. fi guran en el programa de la Raza Inmortal.

Manolo Tavárez y el 1J4 asumieron ese programa y extendieron sus horizontes.

No se explica que una Fundación con el nombre del líder del 1J4 guarde un silencio cómplice ante el prolongado desastre social que acogota al pueblo dominicano.

El colapso de una escuela o de un hospital es un grave síntoma de deterioro. Se vuelve una seria denuncia contra un régimen.

Aquí hay una calamidad generalizada en la salud y la educación, ocupando lugares sotaneros internacionalmente.

A esto se suma la bancarrota moral en ambas esferas y la burla sistematizada de nombrar funcionaros corruptos.

Si una fundación con el nombre de un líder que despertó esperanzas de cambios estructurales no se pronuncia con bien fundamentadas críticas ante un sistema de salud y educación que hicieron fondo bajo agua, se puede afi rmar que esa fundación colapsó y se volvió un vegetal.

Un vegetal sin futuro, mientras las mayorías atraviesan el infi erno de las injusticias sociales. Ante el lúgubre panorama del país, esa fundación se comporta sorda, ciega y muda.

Pero no desperdicia ocasiones para ponerle la gorra verdinegra a quien le queda grande.

Pese a su gran nombre, es una fundación irrelevante: un vegetal muerto en vida.

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