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domingo, 13 de noviembre de 2011

“Cada quien cargó su cruz”


MEMORIAS DE VINCHO
“Cada quien cargó su cruz”
VINCHO SE VIO OBLIGADO A ACEPTAR EL CARGO DE DIPUTADO QUE LE OFRECIÓ EL DICTADOR


Diálogo. En la parte superior, Vincho Castillo conversa con la periodista Wendy Santana. En la inferior, el director del Listín junto a doña Sogela de Castillo, Vincho, su hijo Vinicio Castillo y Wendy Santana.

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Wendy Santana
wendy.santana@listindiario.com
Santo Domingo

No imaginaban que era tan grande el morir bajo una paliza del sistema de tortura de las cárceles de Trujillo los que se inmolaron por un país mejor, pero Vincho Castillo, siendo un adolescente, sí lo sabía porque su hermano se había quedado de un ataque al corazón cuando lo golpearon severamente.

Su madre no le dejó presenciar el sepelio de Pelegrín Hostos Castillo, quien había caído preso en la fortaleza Ozama por haber dicho en Cabrera, hoy provincia Duarte, que: “en este país lo que hace falta es un 26 de Julio (Día de la muerte de Lilís) y un Pelegrín Castillo”.

El dato que tiene la familia es que no lo quisieron matar, sino que le dieron una golpiza que él no resistió y entonces simularon su ahorcamiento. Un coronel que tenía 27 años siendo corbeta, de apellido María, les dio la noticia y les dijo también que fueron dos guardias, uno de apellido Fortunato, de Puerto Plata, los que le propinaron los golpes mortales.
“Yo le advierto a mi país que habrá de llorar lágrimas de sangre si consiente una dictadura".”
Pelegrín Castillo Agramonte, padre de Marino Vinicio Castillo.

La madre de Vincho, Narcisa Rodríguez, tampoco quiso que él se ligara a actividades conspirativas contra el régimen, como lo hiciera el hermano de padre de Vincho, Narciso Castillo, quien venía en el “Vapor Aurora”, junto con Juan Bosch en Cayo Confites.

Democracia pura
Narciso era un agrónomo importante que se había formado en Bruselas y Fidel Castro fue quien lo entrenó para disparar. También era de los fundadores del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) cuando su principal ideal era la democracia pura y participativa, en 1939.

En el momento en que asesinaron a Pelegrín Hostos, Narciso estaba en Europa y su otro hermano, Américo Castillo, quien era gobernador de la provincia Duarte, estaba participando en un congreso de gobernadores en Puerto Rico. Vincho tenía 15 años. Pero sin darse cuenta, doña Narcisa le inculcó el espíritu revolucionario de su esposo, don Pelegrín Castillo Agramonte, quien murió en el año 1931 a pocos meses de haber dicho aquella famosa frase en el último mitin contra Trujillo y que se publicó en los diarios: “Yo le advierto a mi país que habrá de llorar lágrimas de sangre si consiente que aquí se instaure una dictadura como la que se ve en el horizonte”.

Don Pelegrín Castillo Agramonte, quien había sido senador, diputado y ministro de justicia, hijo del héroe restaurador, general Manuel María Castillo Medrano, lo sacaron del mitin que se celebraba en el parque Colón de forma gloriosa. Ya estaban en pie las elecciones en las que Trujillo se iba a imponer y los concurrentes lo envolvieron en una bandera y lo trasladaron desde el parque hasta la Logia. Esa bandera tiene ya 80 años y aún conserva la nitidez de sus colores.

Vida pública
Vincho, que tenía tres meses de nacido cuando su padre falleció en Francia, el 14 de septiembre de 1931, durante toda su niñez le relataron la valentía y la trascendencia que tuvo su progenitor en la vida pública.

Después de la muerte de su hermano Pelegrín Hostos aprende la lección de cómo combatir una dictadura. A sus casi 79 años que cumple el 18 de julio próximo, Vincho lamenta todavía la muerte a destiempo de su padre, a los 56 años, producto de un cáncer de colón, luego de haberle advertido a su país el peligro que le acechaba con la instauración del régimen de Trujillo.

También sufre el asesinato de su hermano Hostos Pelegrín, lo que lo llenó de pavor, por lo que su madre se opuso a que siguiera sus pasos. “Pelegrincito era extremadamente inteligente y rebelde y hahía caído preso hacía 15 días cuando lo tomaron nueva vez. El que nos salvó fue nuestro hermano mayor, Américo, queaceptó ser funcionario de Trujillo para proteger a la familia”.

“Yo oigo ataques de que él se sirvió en el régimen de Trujillo. Señores, cada quien llevó su cruz por dentro. Hay que reconocer a los héroes, que desafiaban el régimen ofrendando sus vidas, pero la gente común, buena, que no fueron héroes, tenían sus problemas adentro, tenían un hermanito o un primo abajo”, precisó Vincho Castillo.

LA OBRA DE VINCHO RECOGE SUS VIVENCIAS
“Estoy escribiendo un libro: ‘Lo que pude vivir’. Todo lo que viví en esa época lo escribo y el año que viene lo podría publicar. Voy por el 1963. Es un relato de mi infancia, cómo yo me crié, cuál era mi hábitat, mi pueblo, la universidad, la profesión, después la política… lo que pude vivir de mi vida”, relata.

Vincho Castillo abrió las puertas de su casa al equipo de investigación de LISTÍN DIARIO, encabezado por su director Miguel Franjul, para hablar de lo que no había comentado públicamente, a sabiendas de que lo tildan de trujillista por haber aceptado el cargo de diputado cuando desde muy joven se había destacado como uno de los abogados más prominentes.

El jurista, con una historia marcada por abusos contra su familia, cuenta que en su obra describe hechos que ocurrieron en su pueblo, espectaculares y horrorosos, como el asesinato de José Luis Perozo el 14 de junio del 1945, quien era como su hermano y compañero de escuela desde la primaria hasta primero de bachillerato.

Por su familia materna, Vincho Castillo era pariente de Juancito Rodríguez, el principal enemigo de Trujillo en los años 30 y a quien terminó destruyendo su patrimonio, conjuntamente con una gran parte de su familia inmediata. Sobre su padre, recuerda con añoranza que en el año 20 fue muy cortés con Trujillo siendo un teniente del Ejército, cuando se le acercó en el hotel Colón, donde estaba desayunando y le pidió que lo defendiera, en su calidad de abogado, porque lo estaban acusando de que había violado a una muchacha. Pero igual fue de valiente cuando años más tarde tuvo que decir lo que dijo contra Trujillo en el parque Colón.

Esta fue la conversación:
Trujillo: - Hola, yo soy el teniente Rafael Trujillo
Pelegrín: ¿Qué le pasa joven?
T.- Me están armando un expediente y me quieren procesar y retirarme de la fuerza. Me han armado un expediente de violación a una muchacha en Los Llanos.
P.- Vamos a desayunar.
T.- Yo sólo quiero que usted me ayude a salir de esto
P.- ¿Por qué cree usted que le quieren armar un expediente?
T.- Porque yo enhesté la bandera el 27 de febrero en la Fortaleza de El Seibo y en el fondo me quieren sacar porque ese gesto no está aprobado (en ese tiempo ondeaba la bandera de la intervención americana).
P.- Si alguien puede dar testimonio de eso, cuente conmigo.

Esa disposición del abogado, que ya tenía su oficina instalada en 1901, lo salvaría de la muerte a pesar de sus frases funestas contra el régimen, antes y después de ser instaurado.

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