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lunes, 22 de noviembre de 2010

Minerva en la lucha por la libertad


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La doctora Minerva Mirabal, “Mariposa”, fundadora e ideóloga del Movimiento 14 de Junio.

20 Noviembre 2010, 7:15 PM
CRÍTICA
Minerva en la lucha por la libertad
Escrito por: DIÓGENES CÉSPEDES
Dediqué, entre el 13 de noviembre de 1996 y el 4 de junio de 1997 en la revista Rumbo, ocho artículos a examinar y situar, sin sacralización posible, la acción heroica de las hermanas Mirabal y me detuve en dos de esos ensayos al examen de la estrategia política de Minerva frente a la dictadura, así como al ligamen de su tesis doctoral y el estilo de esta con lo social. A ellos me atengo.
El motivo de aquellos artículos fue diverso. Me encontraba en Nueva York en ese período. Disponía del tiempo y la distancia para pasarle revista a aquella grandeza y atrevimiento sin parangón masculino en el frente interno antitrujillista. En el momento de mayor debilidad de Trujillo (1959-60, invasión del 14 de Junio, fundación y debelamiento del movimiento clandestino 14 de Junio, Pastoral de la Iglesia, atentado a Betancourt, condena en la OEA, abandono del apoyo norteamericano a aquella dictadura durante 30 años y conformación del grupo que finalmente mató a Trujillo), quise analizar por qué fracasó la estrategia trazada por la mente brillante de Minerva y de su esposo Manolo Tavárez.
Quise analizar todo eso porque ingresé a los 21 años en la entonces Agrupación Patriótica 14 de Junio tan pronto abrió sus puertas en la calle el Conde, y permanecí en ella hasta el momento en que el partido y el líder que representaba para mí la ética de una nueva forma de hacer política en el país cometieron, a mi juicio, el error descomunal de levantarse en armas contra todos los pronósticos históricos del pasado y contraviniendo todavía más el apoyo masivo interno y externo del régimen recién instalado en septiembre de 1963, luego del golpe de Estado a Juan Bosch, el cual dejó paralizado, congelado y desmovilizado al propio PRD, casi enterrado por Bosch, así como a las fuerzas de izquierdas que apenas pudieron realizar unos cuantos micromítines en una que otra bocacalle.
Ese partido y sus líderes, comenzando por Manolo, me movilizaron tanto histórica como intelectual y emocionalmente y por eso me dispuse a trabajar, en el área estudiantil en la Unión de Estudiantes Revolucionarios y en la organización de comités del partido en Bayaguana, Monte Plata y Sabana Grande de Boyá, zona que yo conocía, y donde fui en compañía de Leandro Guzmán y mi gran amigo Arismendi Amaral, quien me introdujo, en otra ocasión a la oficina de Manolo Tavárez para hablar de nuestro trabajo en el frente estudiantil y para que yo conociera al líder a quien profesaba admiración y respeto.
Para marcar mi distancia de aquel error, renuncié al partido en ese mismo año, y lo he contado en mis Memorias en varias páginas, y abandoné para siempre el partidismo, no así la política, hasta encontrar en la escritura la forma de poner a circular teorías, ideas, discursos y opiniones contrarios a las creencias establecidas y aceptadas por la sociedad y su “establishment”. Esa ha sido mi forma de servir a la sociedad, pero sobre todo alertarla de los mecanismos de las dictaduras de partido único, sean de derechas o de izquierdas, pues ambas tienen por objetivo político central aplastar a los sujetos. Pero esta convicción no se formó en cinco ni en diez años. Fue un aprendizaje que me tomó desde 1963 a 1978, incluso si accedí a las obras de intelectuales como Octavio Paz, Joseph Brodsky, Pasternak y otros que condenaron en sus libros y ensayos el estalinismo o los regímenes de izquierda.
Tales condenas no me convencían del todo, pues yo buscaba una teoría que criticara al mismo tiempo a las dictaduras de derechas y su capitalismo de democracia representativa como a las de izquierda, por ser ambas totalitarias, de partido único y enemigas acérrimas del sujeto, el cual es único, múltiple y contradictorio.
Esa teoría la encontré en 1978 cuando leí un largo ensayo de Henri Meschonnic titulado “El marxismo excluido del lenguaje”, el que luego publiqué en la revista Cuadernos de Poética 7 y 8. En esa teoría sí encontré la crítica a ambos sistemas y descubrí que lo que le faltaba a Paz, Brodsky, Garaudy y compartes era algo de lo que no podían darse cuenta: que semejante crítica, para que fuera estratégica y eficaz, tenía que pasar a través de una crítica a la teoría política del signo, pues en esta descansa la base de los sistemas sociales, sean de derechas o de izquierdas, capitalistas o no.
Esta teoría metafísica del signo es el fundamento del armazón discursivo que sustenta la existencia de Occidente, desde los presocráticos hasta la descomunal obra de Hegel. Todas las doctrinas políticas y sociales, con variantes más o variantes menos descansan en este “andamiaje” del signo y por esa razón no puede teorizarse la política, la historia, la literatura que tanto gustaba a Minerva Mirabal, la sociedad, el Estado, sin una teoría del lenguaje, del sujeto, de la traducción, del poema y del signo. Estos discursos y prácticas son dialécticamente indisociables.
Ahora la teoría estaba completa. Era asunto de ponerla a circular en Santo Domingo y, poco a poco, en América. No importa que su conocimiento se tome 500 años en fructificar. Lo importante es que si un solo sujeto la asume, significa ya un acto revolucionario irrecuperable en su lengua-cultura-sociedad por parte del Poder y sus instancias.
De esto se colige que una lengua y una sociedad no pueden ser cambiadas o transformadas por un sujeto individual. Debe participar en este logro todo el pueblo en su totalidad geográfica. De ahí la dificultad en construir la nación en América hispánica o la inexistencia de la nación misma en muchos países, incluyendo Haití y mi propio país. De ahí que hasta ahora lo que ha habido son golpes de Estado, revueltas civiles, pobladas, invasiones desde el exterior, complots, conspiraciones que dejan siempre intactas las bases del sistema político hegeliano: el cual descansa en la teoría del signo.
Por eso, desde Sánchez por El Cercado hasta las dos gestas del 14 de Junio hasta los que planificaron el ajusticiamiento de Trujillo, o más recientemente la guerrilla de Caracoles, son acciones que fracasaron desde el punto de vista estratégico: la toma del poder. Pero estos movimientos políticos son reivindicados luego de acuerdo a otra de las herejías de la teoría política del signo: la ideología racionalista del progreso, uno de los mitos de Occidente más duros de matar.
Cada movimiento fracasado en su objetivo estratégico es visto como un paso de avance en la historia, como un progreso. Esta es la conocida ideología del sentido de la historia, donde tantos espíritus valerosos y brillantes se han desgastado. La historia como sujeto. Ese eterno retorno de la historia como sujeto, en cada siglo, rige como mito la vida y la creencia de las colectividades y sus intelectuales más preclaros. Sin conciencia de que la historia, como el sol, no es gente ni se mueve. Lo que nunca ha importado que los políticos muevan millones de sujetos para llevarles a la muerte en nombre del sentido de la historia.
En este quincuagésimo aniversario de la muerte de esta gran mujer, líder, ideóloga de la lucha antitrujillista, te rindo este homenaje, Minerva Mirabal, asesinada por la dictadura más perfecta que ha conocido América hispánica donde hasta el soliloquio era vigilado por su propio sujeto.
Porfirio Díaz, Juan Vicente Gómez, Somoza, Stroessner, Pérez Jiménez, Batista, Fidel Castro y otros de menor catadura fueron pigmeos comparados con la “máquina” de matar, vigilar y castigar el pensamiento crítico en la República Dominicana y el extranjero.

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