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sábado, 4 de junio de 2011

Muerto el Chivo... no se acabó la rabia




Oficiales cargan el sarcófago con el cadáver del tirano.
Reproducida por Rafael Segura

Foto 1 de 2
4 Junio 2011, 9:04 PM

REPORTAJE
Muerto el Chivo... no se acabó la rabia
Escrito por: ÁNGELA PEÑA

“Rafael L. Trujillo muere asesinado. Una mano criminal ha atentado contra la integridad de la Patria al atentar contra la vida del Generalísimo tratando de cortar la marcha de la Republica Dominicana al poner fin a una vida dedicada por entero al progreso, la pacificación, la unificación y la dignificación de esa Patria…”.

Fueron titular y noticia principales del periódico La Nación del 31 de mayo que se anticipó a El Caribe al anunciar el hecho, acaecido el martes 30 pasadas las diez de una noche “en que las estrellas lloraban en el firmamento”, según apreció Tulio H. Pina.

El Caribe destacó la impactante información el 1 de junio: “Vilmente asesinado cae el Benefactor de la Patria”.

La semana del 29 de mayo al 4 de junio fue de estupor, consternación, sorpresa, revelaciones, manifestaciones de dolor, ataques de nervios, muertes y confusión de un pueblo en su mayoría ignorante que no podía explicarse esa “tragedia” ni perdonar a los “asaltantes y criminales” que liquidaron al “Amado Jefe” porque creían que Trujillo era “un dios inmortal”.

Otros, más cultos, estaban en la misma onda de condenación y lamento. La prensa se llenó de dolidos poemas y artículos de exaltación al ahora proclamado “Héroe y mártir”.

Se registró gran agitación en estos siete días. Lo mataron y sepultaron, declararon nueve días de duelo, anularon todas las fiestas, designaron a Ramfis Jefe de Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas de Aire, Mar y Tierra. La Universidad suspendió la docencia, detuvieron al padre Gabriel Maduro, de la parroquia Santo Cura de Ars, porque albergó a Huáscar Tejeda Pimentel, uno de los conjurados al que en la confusión apellidaron “Tejeda Reina”. Implicaron a Juan Tomás Díaz, “presunto cabecilla de la banda”, y a su hermano Modesto así como a los hermanos Antonio y Rafael de la Maza, Amado García Guerrero, Pedro Livio Cedeño, Antonio Imbert Barreras, Luis Amiama Tió, Salvador y César Estrella Sadhalá.

El 1 de junio Zacarías de la Cruz, chofer del “Ilustre Líder” detalló a periodistas cómo fue que “manos alevosas y arteras inmolaron la útil y preciosa existencia” de su “Jefe”.

El secretario de Estado Norteamericano Dean Rusk partió ese día hacia París a informar al Presidente Kennedy lo ocurrido y Henry Dearborn, cónsul de Estados Unidos en “Ciudad Trujillo”, reportó que cinco mil 200 norteamericanos residentes en el país no corrían peligro.

El dos, un comunicado de las Fuerzas Armadas declaraba: “Huáscar Tejeda Pimentel (capturado), Pedro Livio Cedeño (capturado herido), primer teniente Amado García Guerrero (muerto), ingeniero Roberto Pastoriza (a) Fifí (capturado), Antonio de la Maza Vásquez (prófugo), Salvador Estrella (prófugo), Antonio Imbert (prófugo, herido)… ”.

En otro, ofrecía detalles de la “muerte” de García Guerrero acaecida el 1 de junio en la avenida San Martín 59 donde vivía su tía, en un supuesto intercambio de disparos en el que cayó además Bienvenido Rodríguez y fue herido el agente Modesto Emilio Guerrero Brea. “El raso Ciriaco de la Rosa derribó sin vida al teniente”. A éste se involucraría en el asesinato de las hermanas Mirabal.

El tres de junio se ahorcó Ismael Estrella Núñez, hermano de padre de Salvador Estrella Sadhalá, presuntamente avergonzado por la actuación de su pariente. Su hija Altagracia Miledy Estrella declaró que “al conocer la noticia su padre cayó en un abatimiento total, mostrándose deprimido y pensativo. Decía que no podía creer semejante cosa, ya que la familia Estrella Sadhalá había recibido múltiples atenciones y generosa protección del Generalísimo”. Es probable que en momentos de tal peligro, la joven quisiera proteger su vida. El papá quizá se anticipó, pensando que lo buscarían. Era chofer, vivía en la “Hermanos Pinzón 7”.

Ese día fue apresado el ingeniero Manuel Enrique Tavares Espaillat acusado de haber ocultado “a los criminales Huáscar Antonio Tejeda Pimentel y Roberto Pastoriza, a sabiendas de que habían participado en la “muerte del eximio”. Residía en la calle “Plinio Pina Chevalier”.

La capital era un hervidero de corresponsales de prensa extranjera ante los cuales Ramfis y Balaguer eran protagonistas. En San Isidro, el primogénito del dictador dijo que eran 50 los implicados en el trujillicidio, que esperaba capturar muy pronto a Juan Tomás pues el juicio no se iniciaría hasta atraparlos a todos. Manifestó que éste participó en el hecho “por traidor y tal vez resentido por haber sido retirado del servicio activo” y agregó que era “amigo íntimo y protegido” de Trujillo.

Ramfis y su hermano Radhamés habían llegado sin escala de París el uno de junio. Fletaron un “Boeing Intercontinental de Air France” con capacidad para 142 personas pero sólo venían ellos, Porfirio Rubirosa, Leland Rosenberg, que servía de intérprete a Ramfis, y otros tres.

A Balaguer le traducía Otto Vega en una comparecencia en la que garantizó paz, unidad, elecciones pacíficas en mayo de 1962. A diario nombraba nuevos funcionarios.

El 4 de junio finalizaba la semana con un cartel que rezaba: “Criminales prófugos – Los que mataron al jefe. Cuando vea alguno de ellos, avise al puesto militar más cercano”. Al pie de las fotos de los perseguidos se pedía aportar pistas que condujeran a su detención.

Demostraciones de dolor. El 2 de junio fue sepultado el cadáver de Trujillo en la iglesia de San Cristóbal, complaciendo los deseos del “insigne” muerto, quien nació en el solar de enfrente. Primero lo velaron en Palacio y el pueblo se desbordó en llanto porque “amaba a Trujillo como a un dios”. Allí le rindieron la primera guardia de honor Benjamín Uribe Macías, R. Paino Pichardo, Virgilio Álvarez Pina y Ambrosio Álvarez Aybar. Cada 20 minutos les sucedían otros. Antes de retirarse del Palacio besaron el ataúd María Martínez, Casilda Trujillo de Báez y otros familiares, luego de la misa oficiada por los sacerdotes Amalio Fernández, Manuel Antonio Rodríguez Canela, José Henry, Eliseo Pérez Sánchez, Roque Adames, Eduardo Ross, José Octavio Rodríguez, Viriato Cuevas Álvarez y de los responsos, monseñor Octavio Beras y Leopoldo Carpio.

“¡Nuestro tesoro se despide para siempre! ¿Qué será de nosotros los pobres? Si es verdad que existe la gloria, Trujillo debe estar en ella. Dios mío ¿por qué no metiste tu mano, por qué no lo salvaste?”, gritaban histéricas mujeres que llevaban, desmayadas, a las ambulancias.

Mientras enfurecidas turbas trujillistas desmantelaban el local del Movimiento Popular Dominicano, en la “José Trujillo Valdez” (avenida Duarte) y la iglesia Santo Cura de Ars en busca “del traidor padre Maduro”, la prensa publicaba crónicas angustiadas de José Ovidio Sigarán, Rafael César Hoepelman, A. Domínguez de la Rosa, y colaboraciones tristes como la de Laura Vidal diciendo: “Has dejado al pueblo huérfano, desvalido de tu siempre bien querida presencia”. De Tulio H. Pina, Francisco Pratts Ramírez, Ramón Emilio Jiménez, Polibio Díaz, J. Fortunato Canaan, Rafael Vidal Torres, Jesús María Troncoso, Víctor Simone, Ulises Rutinel, Sixto Espinosa Orozco, entre otros. También se expresaban en telegramas.

Pero los mensajes más conmovedores los escribió Balaguer, primero al anunciar oficialmente el hecho “todavía con el ánimo atribulado por el terrible acontecimiento que ha hundido en la tragedia y herido profundamente el corazón del pueblo” y después en la famosa y muy divulgada oración fúnebre que pronunció en San Cristóbal: “He aquí, señores, tronchado por el soplo de una ráfaga aleve, el roble poderoso que durante más de 30 años desafió todos los rayos y salió vencedor de todas las tempestades…”.

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