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domingo, 29 de mayo de 2011

El fin de la Era y loas a “excelsa” matrona




Josefa Sánchez de González y María Natalia de Reyes junto a Julia Molina y su hija Japonesa Trujillo de Ruiz Monteagudo

REPORTAJE
28 Mayo 2011, 8:30 PM
El fin de la Era y loas a “excelsa” matrona
Escrito por: ÁNGELA PEÑA
En la semana del 22 al 28 de mayo la “Era de Trujillo” agonizaba pero no lo sospechaban los trujillistas que rendían a Julia Molina, progenitora del tirano, el más grande tributo por el Día de las Madres, ni los diputados que escenificaron en la Cámara lo que fue su comedia final debatiendo lo que era el trujillismo. Tampoco lo presentía el grupo de 14 senadores que propuso una reforma a la Constitución para anular la resolución que aprobaba el Concordato.

El representante por Puerto Plata, Manuel A. Jiménez Rodríguez, ignoraba también la cercanía del fin cuando el 24 presentó una moción también pidiendo dejar sin efecto el Concordato suscrito entre el Vaticano y la República Dominicana. Ya antes había pedido desconocer la personalidad jurídica de la Iglesia, pasar al Estado los templos católicos y suspender subvenciones a colegios, seminarios, parroquias, nacionalizar las escuelas operadas por religiosos y declarar obligatoria en todo el país la enseñanza laica.

Ajeno a estas farsas en las que jóvenes y viejos legisladores apostaban a cual sentía más amor y lealtad por el Generalísimo, el teniente general Petán Trujillo, hermano del tirano y fundador de La Voz Dominicana, anunciaba la conmemoración de la XIX Semana Aniversario de esa emisora, que celebró el 29 de julio a pesar de la reciente muerte del “eximio líder”. Dos aviones traerían a la “multicolor caravana” que integraban José Luis Martínez, Cortijo y su Combo con Ismael Rivera, Magda Franco, Emilio Gálvez, Pompín y Nacho, Roberto Cantoral, Chico Gordillo, Artemisa Aguirre, Los tres Diamantes, Irma Carión, Los Polivoces, Lina Madrigal, Juana Gallo, Lucha Villa, Régulo y Amparito, Sergio Cansino y otros que sumaban 61 figuras del “cartel internacional”.

Polémicos diputados. Embarcados en aclarar la forma en que los dominicanos manifestaban sus sentimientos hacia Trujillo, los diputados montaron un teatro el 25 de mayo que algunos se tomarían en serio por los insultos, posiblemente ensayados, que intercambiaron. Antonio Armenteros, Porfirio Dantes Castillo, José Castellanos fueron los primeros en hablar y le siguió Manuel E. Rodríguez Jiménez revelando que a los jóvenes legisladores, entre los que estaba él, se les acusaba de tener “ideas tendenciosas” y se les tildaba de mala forma porque no se referían al “Jefe” en primera persona. Definió dos clases de trujillismo: “el trujillismo por Trujillo y el trujillismo por cuanto ha hecho”. “Trujillo es un símbolo nacional cuya labor ha sido calificada dentro y fuera como una dictadura, es una dictadura del pueblo porque Trujillo ha ocupado el poder durante el tiempo que lo ha hecho, por la voluntad popular”, significó.

Criticó a Federico Fiallo y definió a Carlos Rafael Goico Morales como irreflexivo, “una terquedad montañosa”. Agregó que el 95 por ciento de sus colegas no eran oradores y afirmó que él no practicaba en su casa antes de ir a la Cámara.

Manuel de Jesús Estrada Medina, Joaquín Cocco, Marino Vinicio Castillo, Gregorio García Castro respondieron a favor o en contra. Castillo “se explayó en conceptos y frases sobre la persona y obra de Trujillo” y fue interrumpido “por aplausos y vítores al líder dominicano” pero el presidente de la Cámara, José Ramón Rodríguez, no aplaudió. Tampoco García Castro ni Jiménez porque entendieron que esos aplausos no eran para el “Benefactor” sino para “la ponzoña lanzada por Castillo”, al decir de García Castro.

Rafael Vidal Torres pidió parar los debates porque él estaba “cayendo en una intranquilidad del Espíritu”. Añadió que la generalidad de los diputados se había ofendido. García Castro llamó a Trujillo “nuestro moderno prócer” y lo consideró “un arsenal de juridicidad”. Señaló que Goico exhibía una terquedad de jumento con temeridad aragonesa.

Estrada Medina declaró ser trujillista leal, y que si estaba en la Cámara se lo debía a Trujillo, para quien tenía una deuda de gratitud, tanto como su familia.

El diputado Eurípides Herasme Peña pidió no ubicarse en ese callejón sin salida de que se diga siempre “yo soy amigo de Trujillo” y señalo que él no diría “yo soy amigo de Trujillo, sino yo mato a cualquiera por Trujillo”. Para él, lo que se debía hacer era “trabajar dentro de la norma del trujillismo sin tanto cacarearse el trujillismo”. Y apuntó: “que ese ardor para proclamar el trujillismo sea para trabajar por el trujillismo”.

También estuvieron en las polémicas José Israel Sánchez Troncoso y otros. Goico Morales propuso suspender el debate. “Si venimos a laborar, hagámoslo, porque no estamos haciendo nada”, propuso.

El 23 de mayo, ya García Castro había dado un avance de lo que sería este espectáculo al declarar que no discutiría asuntos de fondo con Porfirio Dantes Castillo hasta que no se presentara un documento firmado por un psiquiatra que certificara que “ya Dantes Castillo está debidamente curado de las lesiones mentales que le han venido aquejando”.

El otro circo. El otro gran circo tenía lugar en la residencia de la “Excelsa Matrona”, como llamaban a Julia Molina viuda Trujillo, en los editoriales periodísticos, en suplementos e infinidad de telegramas felicitando ese “manantial de caritativos sentimientos”. La “madre amantísima del Ilustre Jefe” recibió cestos de gladiolos rojos y lirios cala. Kirshie María Fernández Domínguez le recitó “Madre privilegiada”, original de Leovilda de Sánchez quien fue de las primeras en felicitarla junto a Carmen Bonaparte de Barreiro, Lidia Calderón viuda Guzmán, Inés de Hodge, Alba María Ramírez Duval y los niños Wilvin Medina Leal, Luis Aníbal Beauchamp Trujillo. María Natalia de la Rocha de Reyes y Josefa Sánchez de González, de la Rama Femenina del Partido Dominicano, fueron las segundas de un desfile interminable.

Se entregó el “Premio Julia Molina de la Maternidad” a Alejandrina Francisco, de 49 años, de Jobo Claro, madre de 24 hijos. Consistió en una medalla de oro con la efigie de la “Ilustre progenitora del más grande de los dominicanos”, un diploma y un cheque por 350 pesos.

La Nación editorializó: “Madre excelsa es, entre nosotros, Doña Julia Molina viuda Trujillo, que preparó, sin saberlo, como la Madre de Dios, a su hijo Rafael Leónidas para la gran misión de salvar a un pueblo del caos y la anarquía y que heredó de ella, de la Madre predestinada, todas las virtudes sublimadas…”.

Fueron las últimas lisonjas a la viuda y el final de las comedias en el Congreso.

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