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lunes, 26 de julio de 2010

La hora de la ruptura




TESTIMONIO DE YUYO
La hora de la ruptura
GUIDO D'ALESSANDRO ERA AMIGO PERSONAL DE RAMFIS TRUJILLO HASTA QUE ÉSTE LO INVITÓ A LA BASE AÉREA DE SAN ISIDRO A PRESENCIAR EL PRIMER FUSILAMIENTO DE OPOSITORES AL RÉGIMEN


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Recuerdo familiar. Guido D'Alessandro, mejor conocido como Yuyo D'Alessandro, aparece en esta foto junto a su tío Manolo Tavárez Justo y otros miembros de su árbol genealógico, el cual compartió con este diario.
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Wendy Santana
Santo Domingo

Cuando se vio frente a un paredón en la Base Aérea de San Isidro, donde había sido convocado por su amigo Ramfis Trujillo junto a otros compañeros de camaradería, para presenciar el fusilamiento de un hombre que se había revelado contra su padre, Guido D’Alessandro (Yuyo) decidió que había llegado la hora de romper sus nexos con el régimen.

Su tío Manolo Tavárez Justo le había pedido en varias ocasiones que formara parte del Movimiento 14 de Junio para acabar con la existencia del dictador, pero Yuyo no había aceptado porque se sentía comprometido con su cuñado y amigo personal.

Le había prometido a Ramfis cuidar a Josefina Ricart, hermana de la primera mujer de Ramfis, Octavia Ricart (Tantana), con quien estaba casado. Palabra de hombre.

En ese momento de suspenso en la Base Aérea, la promesa y la hombría se olvidaron para reflexionar sobre lo que estaba pasando en el país y tomar de una vez la decisión de unirse al bando de los “rebeldes”, aunque le costara la vida.

Impresionado
Cuando Yuyo narra la escena no puede concluirla. Al mencionar la palabra “fusilamiento” deja pasar unos segundos, mira a todos lados de la sala donde concedió la entrevista, respira y se toma un sorbo de vino, y entonces concluye su testimonio. “Yo no estaba en el Movimiento, pero cuando vi el primer fusilamiento ….., yo le dije a Manolo: ¡Cuenta conmigo!.

Relata que a quien iban a fusilar era el primer hombre que agarraron en Constanza.

No recuerda el nombre, pero sí la angustia que sintió cuando se vio obligado a acudir a la cita y vio la formación de las tropas de un pelotón de fusilamiento, y el momento en que su amigo Ramfis dio la orden de fuego.

“Yo no volví más nunca”, “eran sádicos”, dice.

Yuyo recuerda que Manolo Tavárez y Minerva Mirabal le hablaban de sus planes conspirativos delante de su esposa Josefina Ricart (cuñada de Ramfis), y lo hacían con frecuencia cuando lo visitaban en su casa. Las dos hermanas (Josefina y Octavia) se comunicaban a menudo y comentaban las intimidades familiares.

“Mi mamá (Carmen Tavárez Mayer) y Manolo Tavárez Justo eran hermanos; el papá de Manolo (Manuel Tavárez Ramos) era el papá de mi mamá, mi abuelo, pero en mi familia siempre se mantuvo absoluta discreción.

No había forma de que el Gobierno se enterara de que nosotros éramos familiares de personas conspirativas”.

“Ramfis iba a mi casa y Manolo también, pero nunca se juntaron. Incluso, Ramfis me bautizó el hijo mayor, que se llama igual que yo. Él era su padrino y lo iba a buscar para jugar”, continúa Yuyo para ilustrar cómo tuvo que navegar entre dos mares.

Fin de la amistad
Esta amistad llegó a su fin cuando Yuyo se armó de coraje la segunda vez que Ramfis lo invitó a presenciar la matanza de “rebeldes”, y le hizo saber que no estaba de acuerdo con ese sistema.

“Mira, ustedes son militares y nosotros somos civiles; ustedes están en guerra y tienen sus códigos militares y sus escoltas; yo no. ¿Quién me defi ende a mí? Yo le sirvo a tu papá en el sector económico, sólo eso. Yo era funcionario del Banco Central, técnico de estudios económicos, y además le dije que era católico”, recuerda Yuyo que le comentó a su amigo.

Para completar la escena, agrega que la reacción del hijo de Trujillo fue la siguiente: “¡Llévenselo!, ¡Tránquenlo!.

De inmediato cumplieron las órdenes; lo pelaron a coco y lo llevaron a la cárcel para ofi ciales de San Isidro, donde permaneció durante cuatro días atento a agua y a los pastelitos que le llevaban algunos militares violando la orden de no darle nada.

Esos mismos ofi ciales de la entonces llamada Aviación Militar Dominicana lo despidieron con un abrazo al ser liberado al cuarto día De igual modo, Ramfis mandó a trancar a los otros amigos que estaban ahí ese día, tras presumir que pudieran estar pensando igual, pero los liberó al día siguiente.

“Yo me salvé porque Tunti Sánchez, que era muy amigo mío, le dijo a Ramfis que yo era un pendejo y que no iba a hacer nada. Tunti me protegió y advirtió: No hables, yo te conozco, si tú hablas te vas a joder; ¡nadie te va a salvar!. Y por él estoy vivo”.

Fernando Sánchez hijo (Tunti Sánchez) era, en esa etapa del 1959, el Jefe de la Aviación y Ramfis era el jefe de Estado Mayor conjunto de todas las armas nacionales (Marina, Ejército y Aviación).

LA OBLIGACIÓN DE LOS AMIGOS DE RAMFIS

Relato que hace Guido D’Alessandro al LISTÍN
Ramfis Trujillo se hacía acompañar de sus amigos para realizar los fusilamientos y en esa segunda ocasión en que me invitó – yo no podía decir que no, porque me mataba- estaba el pizarrón lleno de nombres: muertos prisioneros y faltantes; nombres y apellidos, ¡mucha gente!. Había muchos prisioneros, yo fui invitado junto a Enrique Font Faxas y Ramfis nos dijo: “Miren en el pizarrón lo que hay, acérquense para que vean”.

“Yo no dije nada; Enriquito tampoco. Yo sabía a lo que venía. Yo no era trujillista, pero si me desvinculaba de esa familia me pescaban.

Dejamos de ir a la aviación y nos llamaron por eso. Nos dijeron escojan a los hombres, los próximos.... Y dijo Ramfis, ¡Llévenlos al hospital a ver el cadáver de Jiménez Moya (Enrique Augusto Jiménez Moya) y a los demás prisioneros.

-¡Mierda!, expresa Yuyo al rememorar lo duro que fue ese momento- y sigue el relato: “Subimos, vimos cuatro prisioneros; habían dos amarrados, como que lo iban a fusilar. Era un periodista de apellido Mejía y el otro un puertorriqueño ciudadano americano, César Francisco Larancuent. Habían otros en la cárcel, entre ellos el moreno que sale en la foto de la silla eléctrica (José Mesón) y él le dice a Tunti Sánchez, suéltame que no tengo fuerzas para escaparme, ¡me duele mucho! También llegó a decirle a Trujillo, jefe, jefe, nos han engañado, y no quiso perdonarlo!. Esto último me lo contó Tunti después, muchos años después.

El pensamiento de Ramfis en ese momento era que había que fusilar a todos los traidores.

“Hay que fusilar a todos estos hijos de la gran puta, ¡traidores!, si no, yo me quito esta barra”, habría expresado delante de su padre como una forma de demostrarle su hombría.

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