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domingo, 4 de julio de 2010

Las hermanas mirabal :Trujillo arma la trama para el asesinato


http://www.ahora.com.do/Edicion1281/DEPORTADA/tema1.html
Las hermanas mirabal
Trujillo arma la trama para el asesinato

(



Por Etzel Báez

El tirano Rafael Leonidas Trujillo Molina ordena matar a las luchadoras opositoras Minerva Mirabal de Tavárez y a su hermana María Teresa Mirabal de Guzmán, en octubre del 1960. El 25 de noviembre del 1960 son asesinadas por esbirros de la tiranía, junto a su hermana Patria Mirabal de González y Rufino de la Cruz Disla, luego de una visita que hicieran a los esposos de las condenadas, José Alejandro Guzmán Rodríguez y Manuel Aurelio Tavárez Justo, presos políticos y líderes de un movimiento antitrujillista conocido como 14 de Junio.

FORTALEZA DE SALCEDO

Noviembre del 1960

En el interior de una celda Manolo Tavárez Justo y Leandro Guzmán están presos. La puerta es abierta violentamente por varios militares dirigidos por un oficial.

Oficial:

–Prepárense que se van de aquí.

Manolo:

–¿Cómo que nos vamos de aquí? ¿Para dónde?

Oficial:

–Cállese la boca y no pregunte.

Acto seguido los prisioneros son esposados, sacados de la fortaleza militar y entregados a agentes del Servicio de Inteligencia Militar –SIM– de la tiranía, quienes los introducen a un carro de los denominados “cepillo” (VW) y al salir por una de las calles de Salcedo se topan con Jaime Enrique, sobrino de Manolo y Leandro, quien al verlos intenta hablar con ellos pero el vehículo no se detiene y el muchacho de 12 años corre hacia la casa donde su mama Dedé Mirabal a quien le relata el fugaz encuentro con sus tíos.

OJO DE AGUA. CASA DE LAS MIRABAL

Jaime Enrique:

–Sí, sí, tío Manolo y a tío Leandro, que se los llevaban en un carro.

Dedé:

–Minerva, ven acá rápido.

Minerva:

–Dime Dedé, qué fue…

Dedé:

–Jaime Enrique, cuéntale a tu tía lo que viste.

El niño relata la historia. Minerva se pone en acción, llama a María Teresa y las tres se presentan ante el despacho del comandante de la fortaleza de Salcedo.

Oficial:

–No hay que preocuparse por nada, señoras, sus maridos fueron trasladados a la fortaleza San Felipe de Puerto Plata, un traslado rutinario…

María Teresa:

–¿Y por qué para allá, tan lejos de sus familias?

Oficial:

–Eso es una orden de arriba.

EN LA CARRETERA HACIA PUERTO PLATA

El “cepillo” transita con Manolo, Leandro y tres agentes del SIM. Los presos van en el asiento trasero junto a uno de los esbirros, cuando se origina una conversación debido a la incomodidad que le producen los grilletes a Leandro, quien está esposado con las manos atrás.

Agente del SIM:

–¿Qué le pasa?

Leandro:

–Es que estas esposas me están rompiendo las muñecas…

Agente del SIM:

–¡Ah! Echate pa’lante.

Chofer del SIM:

–Mira, déjate de estar de pendejo. Qué tiene tú que ver, coño, si le tá jodiendo la muñeca, coño, que se joda.

Aún asi el agente continua acomodando a Leandro.

CASA DE LAS MIRABAL

Minerva:

–No, no, no… tenemos que ir ahora mismo para allá. Dedé, quédate con los muchachos y le dices a mamá lo que está pasando.

Dedé:

–Vayan con cuidado, ¡que esa carretera es muy peligrosa!

FORTALEZA DE SAN FELIPE

El comandante de la Fortaleza de San Felipe recibe al capitán del Ejército, Víctor Alicinio Peña Rivera, jefe del SIM en la región Norte.

Capitán Peña Rivera:

–¡Coronel Saladín! ¿Dónde están los pendejos esos…?

Coronel Saladín:

–Están por ahí, ya se los mandé a buscar, capitán. Mire, aquí hay que partirles el pescuezo a to’eso conspiradores comunistas, sobre todo a la engreída esa, la Minerva Mirabal…

Capitán Peña Rivera:

–Coronel Saladín, hay que ser discreto. El jefe no quiere que esta vaina se sepa mucho…

En ese momento entran Manolo y Leandro con las manos esposadas atrás.

Coronel Saladín:

–¡Ah, capitán, aquí están los comunistas!

Capitán Peña Rivera:

–¿Ustedes saben por qué están aquí? Ustedes están aquí porque tenemos informes de que se va a producir un desembarco de armas, por aquí, por esta área. Yuyo D’Alessandro se puso a hablar por Radio Swan y sabemos con lujo de detalles que ellos vendrán por aquí; así que ustedes dos están aquí para tenerlos a todos juntos cuando los atrapemos.

Coronel Saladín:

–Mire, capitán, déjese de hablarles así a estos muchachitos. ¡Coño! Pero que dos buenos pendejos. Y estos son los carajitos que quieren tumbar al generalísimo Trujillo. Ustedes no son más que una partía de vagabundos. Conspiradores comunistas. Al Diablo van ustedes a tumbar. Sólo a un comemierda se le ocurre conspirar contra el Benefactor de la Patria. ¡Malagradecidos!

Capitán Peña Rivera:

–¡Eso es lo que ustedes se ganan muchachones! Coronel, nos mantendremos en comunicación. Ah, y dígale a las esposas de esta gente que pueden visitarlos sólo los viernes en la tarde.

El capitán Alicinio Peña Rivera se retira de la Fortaleza San Felipe. El coronel Saladín envía a Manolo y a Leandro a las celdas.

Coronel Saladín:

–Raso, llévese a estos pendejos, encuérenlos y métanlos en la última, en la de allá atrás.

Ese mismo día, horas después de retirarse el jefe del SIM, capitán Alicinio Peña Rivera, llegan Minerva y María Teresa a la Fortaleza San Felipe de Puerto Plata y se entrevistan con el coronel Saladín, quien les concede un encuentro fugaz con sus maridos presos.

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