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miércoles, 30 de junio de 2010

El último abrazo a Manolo Tavárez al pie de la loma




28 Noviembre 2007
El último abrazo a Manolo Tavárez al pie de la loma

El doctor Rubén Lulo, ex síndico de Moca, narra su participación en los preparativos de la guerrilla de Las Manaclas, el 28 de noviembre de 1963
Manolo Tavárez Justo, líder del 1J4.

SD. Fui el último en abrazar a Manolo Tavárez Justo. No recuerdo el día exacto, pero fue en el mes de noviembre de 1963. Había pasado algún tiempo del fatídico golpe septembrino que cortó de un solo tajo las ansias de libertad y democracia del pueblo dominicano, sojuzgado por la más larga tiranía de la historia nacional.

El Partido Revolucionario Dominicano (PRD) me había encomendado la colaboración del Movimiento 14 de Junio en una acción que pretendía devolverle al país el Gobierno Constitucional elegido en el año anterior de 1962. A través de mi hermano Manuel (quien era el presidente del 14 de Junio en la provincia Espaillat) conversé con Manolo y me comprometí solemnemente a ayudar en tan noble proyecto. Una semana antes del día escogido para la acción guerrillera le solicite a un gran amigo (cuyo nombre me reservo) una camioneta para hacer una diligencia personal. Salí solo hacia Santiago a eso de las 11:00 am y en la casa No. ¿?, de la calle frente al liceo Ulises Fco. Espaillat, toqué a la puerta y pregunté con la contraseña convenida y salió un joven que se montó junto a mí y fuimos a un negocio de provisiones, frente al Palacio de Justicia de Santiago (parte atrás) y montamos con la ayuda de otro compañero, tres o cuatro cajas que contenían las armas que serían utilizadas en el Frente de Manaclas que comandaba personalmente el gran Manuel Aurelio.

Partí solo, tomé la calle San Luis y luego la calle Del Sol, pasando frente al Palacio de la Policía que estaba frente al parque Duarte. Al llegar a la Máximo Gómez doblé a la izquierda y crucé el puente Hermanos Patiño. Poco tiempo después llegué a una casa del compañero Marcelo Bermúdez, donde me ayudaron a desmontar el valioso cargamento; eran aproximadamente las 12:45 pm, pues se había calculado la recogida de las armas a las 12:00 en punto del mediodía.

Luego regresé a Moca, entregué la camioneta y una semana después volví a tomarla prestada, llena de combustible para realizar la segunda fase de mi aporte a tan osada expedición. El día antes me reuní con mi gran amigo y compueblano Tito Serrata, valiente a toda prueba, a quien le regalé un suéter de cuero y mi reloj como una real demostración de amistad y apoyo a su espartana decisión (Tito participó en el Frente del Limón en la cordillera septentrional y Manuel Lulo en el de los Quemados de Bonao). Llegué a Santiago a eso de las 6:30 o 7:00 pm, crucé el puente y un poco más adelante procuramos a un grupo de los conjurados y llegamos a la casa de campo donde estaban todos los miembros del Frente de las Manaclas, encabezados por Manolo y entre los que se encontraba José Daniel Ariza, Leonte Schott Michel, Emilio Cordero, El Guajiro, el ingeniero Chanchano Arias y otros cuyos nombres nos recordamos. Estaban reunidos alrededor de una mesa con un gran mapa sobre la misma, ultimando los detalles y la estrategia. Escuché a José Daniel Ariza, que era el único que se puso el uniforme verde olivo (militar), y dijo: "Yo soy un soldado de la Patria y no sólo estoy dispuesto a morir por ella, sino a matar"; el primer campesino que vea con actitud de traidor me lo llevo por delante. A lo que Manolo contestó: "No compañero, las órdenes son las mismas, tratar de ganarnos a los campesinos para nuestra causa, evitar el enfrentamiento con el Ejército para poder adentrarnos en las montañas y esperar el desarrollo de los acontecimientos". Manolo esperaba que se fueran a producir muchas cosas que le habían prometido y no sucedieron.

Confieso que estaba nervioso, al extremo que me fumé una caja de cigarrillos completa en las dos horas más o menos transcurridas esperando el término de un juego de pelota que se escenificaba en el estadio Cibao entre los campeones de Venezuela (Tiburones de la Guaira) y los campeones del país las Águilas Cibaeñas, esto era parte de la estrategia: esperar el término del partido para regresar del juego de pelota y se confundiera la salida de los vehículos con los expedicionarios hasta el final de la loma sin despertar sospechas. Emilio Cordero se acercó y me insinuó que porqué no me quedaba; conversé con Manolo y me dijo: "Rubén, no hay armas para ti, además tienes que regresar porque de lo contrario el vehículo delataría nuestra presencia".

Salimos como a las 10:30 hacia el firme de la loma, íbamos tres vehículos, dos carros y yo en la camioneta jeep. Manolo ordenó que en la camioneta jeep fueran dos hombres con las armas listas y que cualquier inconveniente en el camino abrieran fuego. En el jeep iban como ocho a nueve hombres, entre ellos uno llamado "El Guajiro", que en dos oportunidades el Ing. Chanchano, que iba conmigo en el jeep, me detuvo para que "El Guajiro" ágilmente se gateara en los postes y cortara los alambres del telégrafo y dejar el lugar incomunicado con la ciudad. En dos carros iban como diez más, por lo que creo que el grupo era como de 18 a 20. Pasamos cerca de San José de las Matas "El Rubio", y llegamos al alto de la Diferencia al mismo pie de la inmensa Cordillera Central; en este punto los vehículos no podían seguir.

Eran las 12:00 de la medianoche; se desmontaron, se pusieron sus chamacos; recuerdo que Manolo y los demás nos dieron sus ropas para que luego de regresar las tiráramos a los grandes precipicios que bordeaban la carretera. Nos despedimos, los abrazamos y les deseamos éxito en su misión. Al abrazarme, Manolo me dijo: "Rubén nos veremos pronto, el triunfo será nuestro".

Regresé a Moca a eso de las 6:00 am donde mi esposa, al llegar me recibió algo enojada pensando que andaba en malos pasos; le pedí que me diera algo de desayuno y le conté mi participación en los acontecimientos, por lo que aunque preocupada, me besó y me felicitó. Salí a dar una vuelta por el pueblo y como a las 7:30 am me encontré con un compañero del 14 de Junio que trabajaba en telecomunicaciones y me enseñó un telegrama donde se le daba ordenes al Ejército de detener a todo el que tuviera que ver con la camioneta jeep oficial placa No. ¿? Y me dijo: "Te doy una hora para que desaparezcas".

Partí hacia Santo Domingo a la casa de don José Espaillat, gran luchador antitrujillista, y estuvimos allí esperanzados en que realizarían algunas actividades de apoyo a los valientes guerrilleros de Manaclas; esto no sucedió, en cambio, al cabo de unos días nos enteramos de la triste noticia de que Manolo y la mayor parte de los compañeros que lo acompañaron en el Frente de las Manaclas fueron fusilados en el corazón de las verdes y escarpadas montañas de Quisqueya, donde Manolo había jurado irse a luchar por la libertad del pueblo dominicano si las circunstancias así lo requerían.

Después de la muerte de Manolo y habiéndose ahogado en sangre un intento más de la juventud dominicana, decidí junto con mi esposa y mis padres salir fuera del país, lo que pude lograr gracias a algunos amigos y compañeros del Partido que trabajaban en inmigración, y con su ayuda pude salir hacia la hermana isla de Puerto Rico.

Después de algunos meses en la "Isla del Encanto" y de participar en algunas actividades políticas, regresé al país a integrarme a la acción en procura del derrocamiento del Triunvirato que gobernaba el país, lo cual sería material para otra gran historia en la que participé activamente: la conspiración que parió la gloriosa Revolución de Abril del 1965.

Despedida

Eran las 12:00 de la medianoche; se desmontaron, se pusieron sus chamacos. Recuerdo que Manolo y los demás nos dieron sus ropas para que luego de regresar las tiráramos a los grandes precipicios que bordeaban la carretera. Nos despedimos, los abrazamos y les deseamos éxitos en su misión. Al abrazarme, Manolo me dijo: "Rubén nos veremos pronto, el triunfo será nuestro".
De DR. Rubén Lulo Gitte

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