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viernes, 4 de junio de 2010

La mujer que se enfrentó estoicamente a la tiranía

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HEROÍNA DE LA DICTADURA
La mujer que se enfrentó estoicamente a la tiranía
TESTIMONIO: “TRUJILLO ME DIJO QUE SI VOLVÍA A COMPLOTAR ME CORTARÍA LA CABEZA”







Compartiendo. Norín García Hatton, directora ejecutiva de la estación 97.7; la doctora Asela Morel, Digna Matos, hija de crianza de doña Asela; Miguel Franjul, director de LISTÍN DIARIO, y la periodista Wendy Santana, al término de la entrevista concedida por la heroína.




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Miguel Franjul y Wendy Santana


Santo Domingo.- La doctora Asela Morel tenía 42 años cuando supo en carne propia lo que era la cárcel de torturas de La 40. Su piel blanca y delicada no percibió el sonido despiadado del foete anunciando que va a lacerar un cuerpo hasta hacerlo sangrar, ni se estremeció en la silla eléctrica aplicada a todo el que conjuraba contra el gobierno de Rafael Leónidas Trujillo. Ella sintió algo más que eso.

Esta distinguida doctora de la alta sociedad, reconocida en ese entonces por ser una de las escasas mujeres que habían dejado de lado la familia para entregarse por entero a la medicina, se retorció de dolor al ver las condiciones en que quedaron sus amigos complotados cuando se los llevaron a poco rato de haberles dado una “pela a látigos”.

Su tortura consistió en ver a su primo Rafael Francisco Bonnelly como el más infeliz de los esclavos del siglo XVI, totalmente desnudo, morado, con la espalda marcada por la flagelaciones del capitán Cándido (Candito) Torres Tejeda, quien cumplía órdenes de hacer pagar con lágrimas de sangre a todo aquél que enfrentara al jefe.

También vio al doctor Manuel Tejada Florentino, destacado cardiólogo, quien la había invitado a formar parte del movimiento 14 de Junio en busca de la liberalización del país del yugo de un tirano; a Pipe Faxas, José Fernández Caminero, Gilberto Sánchez, Leandro Guzmán y Rubén Díaz Morel.

Junto a Torres Tejeda estaba el coronel Johnny Abbes García, temido jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM); César Báez, catalogado un criminal de primera; el doctor Cándido Faustino Pérez, que estaba de abogado del servicio de inteligencia militar, y el coronel Luis José León Estévez, esposo de Angelita Trujillo, hija menor del tirano.

A todos sus compañeros vio desmayados, rendidos ante la debilidad de la piel que ya no soporta más fuego proveniente del poder. Este es el único momento en que ella flaquea dejando “aguar” sus ojos durante una entrevista de dos horas contando una historia que ya no quiere recordar.

Doña Asela quería demostrar que a sus 92 años todavía le queda la suficiente valentía como para aguantar una y otra pregunta, aunque le llegaran a lo más profundo de su amargo pasado, como soportó aquella vez, ver el maltrato que habían recibido sus compañeros, todos profesionales y gente entregada a su país.

Mujeres con valentía
Patria, Minerva y Teresa Mirabal, Tomasina Cabral y Dulce Tejada compartieron con doña Asela la cárcel de La 40. Esta sobreviviente de la “Era de Trujillo” cuenta que cuando llegó al penal encontró a Dulce Tejada y que al otro día llevaron a las hermanas Mirabal, las cuales permanecieron dos meses presas, siendo interrogadas día tras día.

“A mí sólo me interrogaron una vez, el primer día, me pasearon por todas las oficinas del Estado y justo a los 15 días me soltaron bajo la advertencia de muerte: si vuelven a complotar ñpalabras textuales del dictador Trujillo- les voy a cortar el cocote”, me dijo Trujillo.

Pero lo más denigrante para una doctora que había prestado sus servicios a algunos familiares del déspota fue el olor a defecación con que fue recibida en la cárcel.

“Las paredes estaban llenas de eso, se habían limpiado las manos y nos traían la comida en una lata y el agua en otra lata, así, y teníamos que tomarla con las manos y asearnos como pudiéramos. La comida era como un salcochito y yo le decía a mis compañeras, coman, que no podemos salir de aquí más flacas, tenemos que salir de aquí más gordas”.

Este era el aliento que se daba a sí misma y les daba a las hermanas Mirabal y a Dulce Tejada esta mujer que si bien pensó que la iban a matar el día que la fueron a buscar presa a su casa, alrededor de las 12:00 de la noche, siempre mantuvo su frente en alto y astutamente trataba de defender su vida para seguir luchando contra lo que consideraba “injusto”, esquivando las preguntas de quienes la interrogaban.

“Yo les decía que sí, que yo estuve en el movimiento, pero que yo no sabía para qué era. Yo me le iba por la tangente y ellos me llegaron a decir: pero uno nunca sabe lo que usted está pensando. Yo era una persona respetable, había sido médico de todos ellos y uno hasta aprovechó la ocasión para decirme que no me pagaría un parto que me debía”.

A los complotados les hicieron varios juicios, los procesaron y los condenaron y los condenaron a 30 años, después los soltaron, excepto a los esposos de las hermanas Mirabal

RELATO
LA NOCHE DEL APRESAMIENTO
Yo le llevé el periódico como a las 5:00 o a las 6:00 y sus papás dijeron: ¡mira lo que le pusieron!. Yo recuerdo que fue como un 21 de enero. Entonces, por la madrugá, como a la una de la mañana, la mamá me llama, que se llevaron a Asela presa, ¡ay Dios mío!, tres personas aquí dando grito, y entonces la mamá de la doctora me dijo que si yo podía ir donde Aída Bonnelly, que vivía en la misma manzana de Trujillo, entonces cogí yo para allá.

Ya estaban acostados y no querían abrir porque tenían a Rafael Francisco preso, y yo toca y toca y me tiraba en el piso para que no me vieran los calieses. Tenía miedo. Cuando por fin abrió, ella preguntó qué pasó y le dije que se llevaron a la doctora presa. ¡Ay Juana!”, decía. Y entonces cogí yo para la casa y en un rato vinieron. Estaban ahí doña Melita, don Viterbo, dona Ana Delia y doña Aida, estaban ahí rezando y cosa. Pero sufrimos mucho. Yo me puse en oración y a los 15 días la soltaron.
SUS COMPAÑERAS DE SIEMPRE
Juana Cerda (parada) trabaja para la familia Morel Pérez desde el 1953. Junto a su hija Digna Matos (sentada), se encarga del cuidado de esta líder mujer del movimiento 14 de Junio y brinda las mejores atenciones por encargo de la madre de ésta doña Ana Delia Pérez, y de su padre, Viterbo Morel Espaillat, para quienes también trabajaba.


SU AMIGA NORÍN GARCÍA HATTON
Para mí, la doctora Asela Morel es un símbolo nacional, una heroína. Es la continuación de mi madre Ella Hatton. La doctora me trataba desde que tenía 11 años. Siento amor, respeto y admiración porque es un ser extraordinario, ya que sobrevivió heroicamente al martirio del trujillismo.

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